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Full text of "Selección de Conferencias"

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SELECCIÓN 
DE CONFERENCIAS 





Del mismo autor: 

INVESTIGACIONES 

AGRONÓMICAS 

ESTE TRATADO CONSTITUYE UN VERDADERO 
MONUMENTO DE LAS CIENCIAS DE LA PRODUC¬ 
CION VEGETAL. 

EN EL, POR PRIMERA VEZ, SE EXPONE EN FORMA 
INTEGRAL EL VASTO CAMPO DE LA CIENCIA 
AGRONOMICA EN SUS SEIS ASPECTOS: 

FILOSOFICO - BIOLOGICO - AGROTECNICO 
FITOTECNICO - SOCIOLOGICO - ECONOMICO 


3 tomos, 2 2 5 0 páginas. — Encuadernados en tela 


AGRONOMÍA 

CONSEJOS 

METODOLÓGICOS 

EN ESTA MAGNIFICA OBRA, EL AUTOR, EN GESTO 
AMPLIO Y GENEROSO, PONE AL SERVICIO DE LA 
JUVENTUD ESTUDIOSA, TODO EL CAUDAL DE 
SU VALIOSA EXPERIENCIA. 

ES UN LIBRO, CUYA TRASCENDENCIA HA REBA¬ 
SADO YA, LOS LIMITES DE NUESTRO CONTINENTE. 

1 tomo, 540 páginas con ilustraciones. Encuadernado en tela 



Filosofía - Biología - Agronomía 


Selección 
de Conferencias 

por 

Alberto Boerger 


Profesor en Agronomía; Doctor en Filosofía y Ciencias; Doctor honoris causa de las 
Universidades de Montevideo y Buenos Aires; Prof. h. c. de la Universidad de Porto 
Alegre y de la Escola de Agronomía «Eliseu Maciel» de Pelotas; Prof. ad honorem 
de la Fac. de Agronomía de Montevideo; Miembro del Consejo Científico 
del ex Instituto Internacional de Agricultura de Roma, de la Academia 
Leopoldina de Naturalistas de Halle, de la Academia Nacional de 
Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires, del Instituto Ecuatoriano 
de Ciencias Naturales, etc. 

Director del Instituto Fitotécnico y Semillero Nacional 
LA ESTANZUELA 

(Depto. de Colonia - R. O. del Uruguay) 


Homenaje a la memoria del Presbítero 
Don Dámaso Antonio Lar rañaga , 
Procer Naturalista del Uruguay , con 
motivo del primer centenario de su 
fallecimiento en 1848. 


BARREIRO Y RAMOS 

SOCIEDAD ANÓNIMA 


MONTEVIDEO 

1949 




PREAMBULO 

Tener ideas y saber ordenarlas, para luego comunicarlas a través 
de la palabra dicha o escrita y finalmente llevarlas al terreno de las 
realizaciones prácticas en el engranaje de la organización social y 
del trabajo colectivo, constituye invariablemente la línea de actua¬ 
ción de cualquier persona consciente de su posición responsable como 
integrante de una sociedad bien constituida. En los comienzos de la 
civilización, la trasmisión del saber se produjo verbalmente. Y aun 
con el advenimiento de la escritura se registran casos, en que un 
ideario cultural importante, como por ejemplo el de, Sócrates, 
llegó a perdurar fielmente sólo a raíz de los apuntes de sus discípulos, 
preferentemente los de Platón. De suerte que los conocimientos 
expresados sólo a través de su enunciado oral, sin dejarlos fijados en 
el papel o también en discos fonéticos y otras conquistas de la técnica 
moderna, corren el peligro de perderse. Se asemejan a «lo que el 
viento se llevó». Con todo, las ideas realmente importantes y fecun¬ 
das, aun sin necesidad de recurrir a su radiotrasmisión, son espar¬ 
cidas con rapidez asombrosa por todos los ambientes civilizados de 
nuestro globo. Mas, de esta manera se diluyen paulatinamente 
en el acervo general de la cultura humana corriendo el riesgo de su 
desfiguración. 

Con limitación a mi modesto ideario científico-técnico, mi posi¬ 
ción personal respecto a pensamientos expresados en el correr de los 
años a viva voz, es bien definida. Llegan a cifras centenarias mis 
comunicaciones orales: conferencias y disertaciones, discursos, char¬ 
las técnicas, breves alocuciones e improvisaciones de oportunidad. 
Invariablemente una expresión verbal de tópicos diversos. Aun sin 
dar por perdidas en absoluto todas estas ideas sin publicar, ya que 
nada en el Cosmos se pierde, perdurando hasta los pensamientos 
íntimos, aunque transformados en parte integrante del patrimonio 
cultural de las naciones civilizadas, tengo bien presente lo enunciado 
líneas arriba. 

Queda explicada así mi decisión en principio, de presentar en 
forma de un libro, esta colección de conferencias. Varias de ellas 
están sin publicar; otras se encuentran sepultadas en revistas de 
especialización o en la prensa diaria, siendo por lo tanto difícilmente 
accesibles. Sin embargo, las disertaciones reunidas en el presente 
volumen no carecen de interés para estos países. Los temas de filo¬ 
sofía natural, han de resultar atractivos de por sí. En los de índole 



PREÁMBULO 


6 


biológica, se refleja la evolución paulatina de la obra fitogenética 
a mi cargo, desde sus comienzos modestos en 1912, hasta su estado 
pletórico de hoy. Encuentran éstos su culminación en discursos 
recientes sobre la organización del trabajo científico en materias 
agronómicas. 

Como género literario los libros integrados por conferencias y 
disertaciones son discutidos. Con todo, el solo hecho de su frecuencia 
atestigua la acogida benévola y hasta preferente, que el público lector 
les dispensa. A guisa de ejemplo consigno las colecciones de los temas 
filosóficos desarrollados por el Dr. Vaz Ferreira, Maestro de 
Conferencias de la Universidad de Montevideo, los «Escritos y Dis¬ 
cursos» del gran sabio argentino Dr. Bernardo A. Houssay, por¬ 
tador del Premio Nobel, y finalmente los «Discursos Universitarios 
y Escritos Culturales» del Dr. Juan Pou Orfila, ilustre catedrᬠ
tico de la Universidad de Montevideo, fallecido en 1947. En el mismo 
orden de ideas merece ser señalada la práctica cada vez más corriente 
en todas partes del mundo, de reunir el temario de cursos universi¬ 
tarios, en sendos textos de las respectivas materias. En todos estos 
casos tenemos invariablemente colecciones de conferencias. 

Dadas estas circunstancias no titubeo en exteriorizar la compla¬ 
cencia con que atendí la sugestión de varios amigos, surgida a raíz 
de mi disertación del 10 de julio de 1948 sobre: «El ideario de Larra- 
ñaga naturalista, desde el punto de vista de la Biología moderna», en 
el sentido de reunir en un libro una selección de mis conferencias 
sustentadas en el correr de los años sobre asuntos diversos. He aquí 
pues, la exposición de motivos respecto a mi decisión en definitivo 
de publicar este libro. Lleva el tomo también la elevada misión de 
ofrendar mi modesto homenaje postumo a la memoria del insigne 
«Procer Naturalista» uruguayo, Pbro. don Dámaso Antonio Larra- 
ña g a, con motivo del primer centenario de su fallecimiento. Por lo 
tanto, coloqué la mencionada conferencia en el primer plano, dándole 
así ubicación preferencial. Las restantes figuran en orden cronológico. 

Como primera de éstas se encuentra la dictada en 1923 en la 
Asociación Rural del Uruguay sobre la obra fitogené¬ 
tica a cargo de «La Estanzuela». Fué motivada, la misma, por 
una Exposición de Productos de Granja, organizada por la nombrada 
entidad rural en su local de «El Prado» de Montevideo. Una charla 
improvisada frente al «stand», exhibido por nuestro Instituto en 
dicho certamen, había sido escuchada con gran beneplácito de la 
concurrencia. En virtud de ello, el Directorio de la Asociación 
Rural me solicitó su repetición en la sede central. El mismo año 
me tocó desarrollar tópicos afines ante auditorios distinguidos de 
Río de Janeiro y Sao Paulo, improvisaciones de las cuales no con¬ 
servo copia. 

La conferencia de Buenos Aires, en cambio, pronunciada en 1924, 




PREAMBULO 


7 


sobre un tema análogo, constituye un complemento de la de Monte¬ 
video ampliándola y documentando la exposición verbal a través de 
la proyección de vistas luminosas que han de acompañar el texto 
impreso como ilustraciones. La circunstancia de no haber sido pre¬ 
parada ninguna de ellas, sobre la base de un manuscrito previo, me 
obliga a recurrir a la versión taquigráfica tomada durante el desarro¬ 
llo de los temas. Examinando, al efecto del caso, las ideas vertidas 
en esta forma sobre el papel, su presentación no me satisface. A fin 
de lograr mayor claridad y fluidez de estilo, juzgué oportuno abreviar 
la disertación de Montevideo y pulir el texto de la de Buenos Aires. 
Estas modificaciones, que no dejan de representar una ganancia para 
el lector, no afectan para nada el contenido substancial y la ordena¬ 
ción de los temas tratados. Ambas conferencias tuvieron la virtud 
de atraer la atención de los rurales y universitarios en general hacia 
la Genética Vegetal Aplicada, apenas iniciada en aquella fecha, en 
estos países. Por lo mismo, desde el punto de vista retrospectivo, 
estos discursos de índole biológica no carecen de cierto valor histó¬ 
rico respecto al desarrollo paulatino de la Fitotecnia rioplatense, uno 
de los motivos de su publicación. 

Sigue luego un lapso aparentemente sin disertación alguna. En 
realidad, según se desprende de la lista de las «Publicaciones Técni¬ 
cas de La Estanzuela», anexada al tercer tomo de mis «Investigacio¬ 
nes Agronómicas» (1943), la cadena de mis conferencias no sufrió 
interrupciones. En 1927/28 me encontré en Europa, actuando tam¬ 
bién en el Viejo Mundo de conferenciante, según las circunstancias. 
Ascienden a 17 los temas expuestos en centros universitarios y cor¬ 
poraciones rurales, inclusive el Instituto Internacional 
de Agricultura de Roma. En el informe sobre este viaje, 
publicado en 1928 como folleto del Ministerio de Indus¬ 
trias de Montevideo, hago referencia a ellos. 

Al último período pertenecen, entre otros, varios discursos 
sobre problemas de la organización del trabajo científico en materias 
agronómicas. Es el corolario lógico del camino recorrido. En efecto, 
desde el punto de vista retrospectivo se percibe claramente la cre¬ 
ciente importancia de las actividades de organización. Son éstas tan 
o tal vez más importantes, que las de la tarea investigadora del 
científico individual. Sin embargo, organizador de la ciencia y por 
añadidura, de actividades técnicas derivadas de ella, puede ser sólo 
quien antes ha sido investigador. De otra manera faltaría la medida 
requerida para tales actividades organizadoras. Sobre la posición de 
éstas, en relación con las del investigador en sí, el célebre químico 
W. Óstwald, en su autobiografía: «Lebenslinien», de 1927, se 
expresa en forma bien categórica. 

«En principio, y bajo las condiciones del presente» — consigna 
— «debo considerar al organizador como más importante que al des¬ 
cubridor. La historia de la cultura abunda en ejemplos respecto al 



8 


PREAMBULO 


hecho de que descubrimientos científicos de importancia fundamen¬ 
tal, no dieron, durante años, otro resultado que el de traerle al pobre 
descubridor, desdén, odio y persecuciones de toda índole; empero 
quedaron ellos inaccesibles al resto de la Humanidad. Sólo recién 
después de su redescubrimiento o de varios repetidos, se encontró 
un hombre capaz de convencerse, no sólo a sí mismo, sino también 
a sus contemporáneos, de la importancia del asunto y organizar su 
aplicación. De suerte que el descubrimiento de un hecho científico 
constituye respecto al progreso de la cultura sólo la mitad del trabajo. 
Es necesario, además, que se llegue a la divulgación, haciéndolo 
familiar al cerebro perezoso de las masas. Esta labor naturalmente 
resulta tanto más difícil, cuanto más acentuado es el progreso; pues, 
con su amplitud crece también la resistencia en proporción al cua¬ 
drado de la distancia. En consecuencia y considerando el asunto en 
su conjunto, debo calificar al campo del organizador, en virtud de 
ser más difícil y complicado, como más importante que el del inves¬ 
tigador como tal.» 

El significado y alcance de tales manifestaciones provenientes 
de un sabio de la talla de Ostwald, saltan a la vista en nuestros 
tiempos, en los cuales todo lo relacionado con la organización del 
saber y la ordenación metódica de las actividades humanas, viene 
adquiriendo importancia múltiple. Por lo tanto, justamente du¬ 
rante los últimos años insistí sobre este tema de tanta actualidad. 
Tratándolo bajo diferentes aspectos, cumplí, pues, con el mandato 
involucrado en la gran verdad del refrán romano: «Gutta cavat 
lapidem, non vi, sed saepe cadendo». (La gota es blanda y la piedra 
es dura, pero cayendo hace cavadura.) 

Termino estas palabras preambulares testimoniando a la Casa 
Editora mi reconocimiento por la prestancia que también esta vez 
caracteriza la labor impresora. El Sr. J. Román Pérez-Sénac, 
se ha acreditado mi sincera gratitud por su colaboración prolija y 
asidua en tareas de Secretaría y lectura de pruebas, con el consi¬ 
guiente alivio en mis actividades diarias, doblemente sentido en un 
período recargado de trabajo, debido a circunstancias fortuitas. 

Al agregar, pues, este volumen a la serie de mis libros anteriores, 
formulo sinceros votos para que su lectura les resulte beneficiosa a 
quienes busquen orientaciones sobre los tópicos abordados, contri¬ 
buyendo de esta manera al ininterrumpido progreso de estos países, 
a los cuales el destino visiblemente depara un futuro cada vez más 
halagador en el nuevo mundo que viene surgiendo después de suce¬ 
sos históricos sin precedentes en toda la agitada evolución de la 
Humanidad. 

La Estanzuela, 29 de setiembre de 1949. 


ALBERTO BOERGER. 



Índice 

Pág. 

Preámbulo 5 

I. El ideario de Larrañaga naturalista, desde el punto de vista de 
la Biología Moderna. Con motivo de la Exposición de Home¬ 
naje al Sabio Uruguayo, Pbro. Dámaso Antonio Larrañaga, 
en ocasión del primer centenario de su muerte. Montevi¬ 
deo, 1948 13 

II. La obra fitogenética de «La Estanzuela» y su significación eco¬ 
nómica. Asociación Rural del Uruguay, Montevideo, 1923 .. 35 

III. Los trabajos fitotécnicos realizados en el Uruguay y su influen¬ 

cia en el desenvolvimiento económico del Río de la Plata. 

(Con proyecciones luminosas.) Sociedad Rural Argentina, 
Buenos Aires, 1924 45 

IV. Ganadería versus Agricultura. Contribución al estudio de las 

fuerzas productoras del país, emprendido por la Comisión 
Agronómica de Economía Nacional. Universidad de Monte¬ 
video, 1931 101 

V. La cultura latina de Goethe en la formación de su personalidad. 

Con motivo del acto de Homenaje a Goethe, realizado en 
ocasión del primer centenario de su fallecimiento, en el 
Servicio Oficial de Difusión Radioeléctrica (SODRE). Mon¬ 
tevideo, 1932 121 

VI. La Rotación. Problema fundamental de una agricultura estable 
considerada a través de veinticinco años de experimentación 
en «La Estanzuela». (Con proyecciones luminosas.) Facultad 
de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires, 1939 .. .. 131 

VII. La energía de las plantas. La vida de las hormigas. Con motivo 
de la exhibición de películas biológicas en la Asociación Cul¬ 
tural Uruguayo-Germana. Montevideo, 1939 155 

VIII. Las perspectivas del cultivo triguero en el Brasil. Con motivo 
del Segundo Congreso Riograndense de Agronomía en Porto 
Alegre, 1940 163 

IX. Aspectos contemporáneos de problemas fundamentales de la Bio¬ 
logía: Origen de la vida, Herencia y Evolución. Universidad 
de Porto Alegre, 1947 191 






10 


I N D I C F. 


X. 

XI. 

XII. 

XIII. 

XIV. 

XV. 

XVI. 


Organización de la labor científica y cooperación internacional 
en materias agronómicas. Escola Superior de Agronomía 
«Eliseu Maciel», Pelotas (Rio Grande do Sul), 1947 .. .. 211 

El Ingeniero Agrónomo y su formación profesional. Con motivo 
de la entrega del título de Profesor «honoris causa», en 
diciembre de 1947. Escola de Agronomía «Eliseu Maciel», 
Pelotas (Rio Grande do Sul) .231 

Práctica general y especialización en la carrera agronómica. 
Instituto Agrario Argentino. Buenos Aires, 1948 . 245 

La desmineralización de los continentes, creciente desequilibrio 
productivo y nutritivo. Sociedad Científica Argentina, Bue¬ 
nos Aires, 1948 . 265 

El enlace entre la investigación agronómica y el ambiente 
productivo rural. Centro Argentino de Ingenieros Agróno¬ 
mos. Buenos Aires, 1948 . 289 


Reseña metodológica de la Economía Rural. Ciclo de conferen¬ 
cias de cultura económica, organizado por la Facultad de 
Agronomía de Montevideo, 1948 . 313 

La universalidad de Goethe en relación con América Latina. 

Con motivo del bicentenario de su nacimiento (28 de agosto 
de 1749), en la Asociación Cultural Uruguayo-Germana. 
Montevideo, 1949 . 335 








ALGUNOS PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA BIOLOGIA 
Y CUESTIONES DE LA GENETICA VEGETAL 


Cursillo de ocho conferencias, dictado en 
agosto - setiembre de 1948 en la Facultad 
de Humanidades y Ciencias de Montevideo. 

Temario: 

Pág. 

1. Origen y conservación de la vida .. .. 351 

Concepto e importancia de la Biología 351 

Definición y origen de la vida 353 

Regeneración de la vida. 360 

Procesos anabióticos. 363 

La vida en la simiente . 365 

2. Interpretación contemporánea de la teoría de la evolución .. 369 

El Darwinismo . 369 

La macroevolución 374 

La microevolución . 378 

El dilema entre la constancia de las especies y la variación 382 

3. Bases teóricas de la Genética 385 

Definiciones . 385 

El Mendelismo . 386 

El Supermendelismo . 391 

Caracteres adquiridos y mutacicnes 398 

4. Métodos de trabajo fundamentales en la Genética Vegetal Aplicada 403 

Estudios de adaptación .404 

La separación de formas.409 

Las hibridaciones .412 

5. Trabajos refinados de la Fitotecnia moderna 417 

Experimentación e interpretación estadística 418 

Genética de la Inmunidad . 420 

Genética y Química 423 

Ecología y Fisiología. 428 

6. Cuestiones de organización en Fitotecnia 433 

Reseña retrospectiva . 434 

Aspectos de principio . 435 

El valer biológico de la semilla . . 436 

La certificación de la simiente 437 











12 


TEMARIO 


Pág. 

Multiplicación de semilla original de pedigree. 438 

Redes de experimentación . 438 

Establecimientos que se dedican a la selección vegetal .. 440 

Visión panorámica de la organización fitotécnica . 440 

La Fitotecnia en la Argentina . 443 

La Fitotecnia en Rio Grande do Sul. 445 

La Fitotecnia en el Uruguay . 447 

Referencia bibliográfica a los otros países iberoamericanos 448 

7. Resultados de la Genética Vegetal Aplicada .451 

Exitos fitotécnicos notables en otros continentes .453 

El aumento productivo . .. 455 

El mejoramiento cualitativo .457 

El avance de algunas plantas agrícolas hacia nuevos ambientes 

de cultivo .459 

La incorporación de nuevas especies en la agricultura general 

de diversos países .463 

Los triunfos iniciales registrados en América del Sur.465 

La posición del Uruguay en esta clase de trabajos .467 

8. Investigaciones y realizaciones complementarias de la Fitotecnia 471 

Factores climáticos .473 

Factores agrológicos .474 

Labranza y técnica cultural .474 

Los fertilizantes .478 

Recuperación de tierras degradadas .479 

La lucha contra la erosión.480 

Enlace entre la agricultura y la ganadería.481 


Con 49 ilustraciones, una lámina en colores y 7 cuadros. 





















CONFERENCIA I 

EL IDEARIO DE LARRAÑAGA NATURALISTA. 
DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA BIOLOGIA 

MODERNA 




(Conferencia pronunciada el 10 de julio 
de 1948, en la exposición organizada por 
la Comisión Universitaria de Homenaje a 
Larrafiaga con motivo del primer 
centenario de su muerte, acontecida el 
16 de febrero de 1848.) 

Los homenajes postumos, por cierto bien justificados, que en 
este año se tributan al gran sabio uruguayo y eximio prelado ecle¬ 
siástico, don Dámaso Antonio Larrañaga con motivo del primer 
centenario de su fallecimiento, lógicamente dirigen nuestra mirada 
retrospectiva hacia el ambiente científico del país durante aquel 
período lejano de su actuación. Larrañaga, que vió la luz en 1771, 
fué casi 30 años posterior al Presbítero Dr. José Manuel Pérez 
Castellano, nacido en 1743. Pese a esta diferencia apreciable en 
años, ambos fueron amigos personales. Así lo atestigua el hecho de 
haber muerto Pérez Castellano en brazos de Larrañaga, 
según éste lo manifestó con palabra emotiva en el discurso, pronun¬ 
ciado en 1816 al inaugurarse la primera biblioteca pública de Mon¬ 
tevideo, formada con los libros de Pérez Castellano, desapare¬ 
cido el año anterior, legados a tal objeto por el extinto. 

Ambos sacerdotes se habrán sentido unidos a través de su bien 
marcada inclinación hacia las ciencias naturales. Pese a la circuns¬ 
tancia de haber tenido que dedicarse, durante sus cursos universi¬ 
tarios, preferentemente a las materias de su carrera eclesiástica, se 
destacaron luego con relieves propios en el campo de las ciencias 
naturales. Fueron naturalistas predestinados. Esto se refleja con toda 
claridad en el hecho de haber vivido, cada uno de ellos, durante la 
madurez de su vida, en contacto directo con la Naturaleza, residiendo 
en sus respectivas «chácaras» situadas sobre el Miguelete, en aquella 
época el gran emporio de la producción agrícola para el cercano 
centro urbano de Montevideo, a la sazón una pequeña aldea de algu¬ 
nos miles de habitantes. Una vocación tan acentuada hacia el estudio 
de la Naturaleza explica inmediatamente el hecho de sus triunfos 
indiscutidos en la dilucidación de los problemas que se les presenta¬ 
ron en el inmenso campo inexplorado de las ciencias naturales. Por 
lo mismo llegaron a transformarse, después de su deceso, en algo 
así como los Dióscuros estelares genuinamente uruguayos, brillando 
para siempre, cual estrellas de primera magnitud, en el sector sud¬ 
americano del vasto firmamento de las ciencias naturales. 

Con todo, analizando en detalle la obra cumplida por cada uno 
de ellos, especialmente a través del examen comparativo de sus escri- 



16 


CONFERENCIA I 


tos, se comprueba también cierta diferencia en el referido interés 
común por el estudio de la Naturaleza. El Presbítero Dr. Pérez 
Castellano, en las páginas de su «legado más precioso», como 
Larrañaga calificara solemnemente en su ya aludido discurso, a 
las «Observaciones sobre Agricultura», escritas por el «primer Presbí¬ 
tero y Doctor» durante los años 1813 y 14 en su «chácara» del Migue- 
lete, se sindica claramente como tratadista sobresaliente en materias 
agronómicas. Por lo mismo consideré oportuno y ampliamente jus¬ 
tificado, al publicar en 1928 mis «Observaciones sobre Agricultura», 
o sea un libro que lleva el mismo título de la obra inmortal de 
Pérez Castellano, ofrecerle a éste un modesto homenaje pos¬ 
tumo dedicándolo a la memoria del «Procer agrónomo» de la Repú¬ 
blica. Larrañaga en cambio, por la índole de sus realizaciones 
científicas y el contenido de sus escritos, debe ser calificado con el 
título de honor de «Procer naturalista». 

Las investigaciones y determinaciones de Larrañaga en el 
amplio marco de las ciencias naturales, se dirigieron tanto al reino 
inorgánico (Mineralogía, Geología, etc.), como al reino orgánico, 
donde supo realizar indagaciones disciplinadas en Zoología y Botánica. 
En este su carácter de insigne naturalista multilateral, reconocido 
como tal y apreciado por sabios extranjeros de la época, inclusive 
la Academia de Ciencias de París, a la cual quedó incorporado como 
miembro, la eximia figura de Larrañaga ostenta facetas que jus¬ 
tamente en nuestra época con la intensificación de las investigacio¬ 
nes en Biología, resultan de gran actualidad. Su criterio respecto a 
problemas fundamentales de la Biología, ajustado al saber y a las 
opiniones predominantes de entonces, puesto en relación con la inter¬ 
pretación contemporánea de las teorías en torno de algunas cuestio¬ 
nes y el progreso del saber exacto en otras, ha de ofrecer seguramente 
especial interés para mi ilustre auditorio. 

En homenaje al gran naturalista uruguayo desaparecido hace un 
siglo, me propongo señalar la concordancia de la Biología moderna 
con algunos puntos de su ideario. No menos atractivas han de resul¬ 
tar referencias concisas a hechos nuevos, desconocidos en aquella 
fecha, índice del progreso habido en la dilucidación de varios proble¬ 
mas. Al lado de éstos figuran otros — por cierto no menos importan¬ 
tes — que siguen resistiendo al esfuerzo concentrado de toda una 
pléyade de biólogos especialistas para esclarecerlos. 

El ideario de Larrañaga, en cuanto a su posición frente al 
reino orgánico, está bien definido. Fué nuestro procer naturalista, 
linneano de puro cuño. Más aún, como autodidacta en ciencias natu¬ 
rales, él mismo se considera discípulo del gran sistemático y clasi¬ 
ficador L i n n e o. Así lo declara expresamente diciendo en una carta: 
«Linneo ha sido mi único maestro y ciego admirador de sus prin- 



IDEARIO DE LARRANAGA 


17 


cipios los he seguido en un todo». El hecho de haberse amoldado en 
años posteriores, a «nuevos métodos» de clasificación, introduciendo 
hasta algunas innovaciones suyas, no cambia para nada el aspecto 
fundamental de su modo de encarar el reino orgánico. 

Queda inalterado su concepto del Mundo también después de 
haber entrado en contacto personal con varios de los grandes 
naturalistas que al principio del siglo XIX visitaron el Río de la 
Plata, como Saint Hilaire, Bonpland, de Freycinet, Se- 
llowyKing, manteniendo correspondencia con ellos y otros, inclu¬ 
sive Lamarck. En cuanto a éste, no dejo de agregar que respecto 
a ciertas ideas relacionadas con la evolución, el sabio francés fué pre¬ 
cursor de D a r w i n. Los otros, en consonancia con la convicción gene¬ 
ral de la época, no habrán puesto en duda la constancia de las especies 
como idea directriz de la interpretación del reino orgánico que 
aquí interesa precisamente como parte integrante del ideario de 
Larrañaga. 

Recién después de la aparición, en 1859, de la obra básica de 
Darwin: «El origen de las especies», comienzan a cambiar las opi¬ 
niones en torno a este punto. Las controversias surgidas respecto a 
la teoría de la evolución, diametralmente opuesta a la interpretación 
anterior del reino orgánico en consonancia con las doctrinas de 
Linneo sobre la constancia de las especies, no hicieron sino afir¬ 
mar cada vez más el ideario de Darwin y sus partidarios. No es 
exagerado declarar, que a fines del siglo XIX, la gran mayoría de los 
naturalistas, aunque con diferencia de grado respecto a detalles de 
interpretación, había aceptado al darwinismo como explicación plau¬ 
sible de las cosas en cuanto a este punto fundamental de la Biología. 

Sin reparar en la circunstancia de que Da r w i n mismo 
dejara sentado con toda claridad, que sólo el 1 % de su argumenta¬ 
ción estaba respaldada por hechos comprobados, perteneciendo pues, 
todo el resto al terreno especulativo de las cuestiones hipotéticas, la 
teoría de la evolución se había impuesto. Los hechos indiscutibles 
de la variación, la lucha por la vida entre la superabundancia de 
formas y la eliminación de los débiles por los más vigorosos, consti¬ 
tuyen una premisa demasiado sugestiva como para que no se acepten 
también, conjuntamente con ellas, las cuestiones aún dudosas del 
raciocinio. Pero no por eso quedaron eliminadas. Persistió por lo 
tanto la oposición al darwinismo aun entre los mismos naturalistas, 
ni que hablar de los adversarios que por sus convicciones religiosas 
y filosóficas se le opusieron en el terreno ideológico. Cuestión ésta 
que no entra en la órbita de estas consideraciones del tema desde el 
punto de vista de la Biología. 

Surge así el siglo XX, en cuyos comienzos se registran en el 
amplio sector de las ciencias biológicas, publicaciones de gran inte¬ 
rés respecto al asunto planteado. Me refiero a la aparición, en 1900, 



18 


CONFERENCIA 1 


de los trabajos de Correns, von Tschermak y de Vries, como 
redescubridores de las leyes de la herencia desarrolladas por pri¬ 
mera vez en 1864 por Gregorio Men del. Al año 1906 corresponde 
la primera publicación de la obra de W. Johannsen: «Elementos 
de la herencia exacta», complemento valioso del mendelismo primi¬ 
tivo, debido a la claridad de las ideas desarrolladas por su autor 
sobre los conceptos de la línea pura, del genotipo y fenotipo, etc. 

Estas manifestaciones y la argumentación de Johannsen, 
bien pronto se revelaron como singularmente fecundas respecto a la 
reconsideración de la teoría de la evolución. Avivando primeramente 
las discusiones ya algo adormecidas sobre este tema tan debatido en 
decenios anteriores, surgieron finalmente, a raíz de los nuevos cono¬ 
cimientos en materia de herencia, las primeras tentativas de llegar a 
la dilucidación de los puntos dudosos. La Genética como ciencia de 
la herencia, extendiendo sus investigaciones también al campo de la 
Citología, ofreció la posibilidad de someter las ideas sobre la macro- 
evolución a la rigurosa prueba de observaciones metódicas en el 
terreno de la microevolución. 

Sin extenderme en detalles de las realizaciones pertinentes, me 
limito a destacar, como cuestión vinculada con nuestro tema, el hecho 
de un abandono de las ideas del darwinismo primitivo. La hipótesis 
de una evolución paulatina, desde la «célula matriz» de toda la vida 
en el globo terráqueo hacia la inconmensurable cantidad de especies 
y subespecies de hoy, con el género del Homo sapiens como punto 
culminante, cedió terreno a nuevas tentativas explicativas. Si bien 
sería prematuro dar el problema por definitivamente esclarecido, 
consigno este cambio de frente con su nuevo acercamiento al con¬ 
cepto linneano sobre la constancia de las especies, como cuestión 
interesante en su vinculación con el ideario de Larrañaga que 
coincidía precisamente con el de Linneo. 

En efecto, la constancia de las especies como conclusión involu¬ 
crada tácitamente en la definición del concepto de la «línea pura», 
carente de variación hereditaria, no tardó en agitar los ambientes 
biológicos y de ahí al público en general, cuyo interés en una cues¬ 
tión tan importante como ésta respecto al origen del género humano, 
es harto comprensible. 

El botánico holandés L o t s y, al enunciar por primera vez de 
nuevo la constancia de las especies en el Congreso de Fitogenetistas 
realizado en junio de 1913 en Bonn, termina la animada discusión 
surgida en torno a su conferencia sobre el origen de las especies 
y las causas de la variabilidad, con estas palabras altamente signifi¬ 
cativas: «Les agradezco a mis oyentes la atención con que acogieron la 
idea de la constancia de la especie. Si uno hubiese tenido la osadía 
de pronunciar esto hace diez años, habría sido crucificado. Así cam¬ 
bian las opiniones». 



IDEARIO DE LARRANAGA 


19 


Mucho mayor, sin embargo, fué la repercusión que encontrara 
la afirmación de la constancia de las especies por parte de Heribert 
N i 1 s s o n, Presidente de la Sociedad Real Fisiocrática de la antigua 
ciudad universitaria de Lund (Suecia), sostenida en una conferencia 
pronunciada en diciembre de 1937. Señala expresamente la validez 
del concepto de la constancia de las especies en el sentido primitivo 
de Linneo en oposición a la teoría de la evolución de Darwin. 
Por la importancia de sus afirmaciones y su difusión en años poste¬ 
riores, incitando desde luego a nuevas controversias en torno al 
darwinismo, considero oportuno y hasta necesario reproducir tex¬ 
tualmente los párrafos substanciales de la aludida disertación. 

«Es evidente» — dijo — «que los resultados obtenidos a través 
de la genética y de la paleobotánica de este siglo, no pueden ser abar¬ 
cados como elementos constructivos por la teoría de la evolución. 
Las especies contemporáneas parecen ser más variables de lo que 
anteriormente era creencia general, por ser muy elevado su conte¬ 
nido en biotipos de recombinación. Pero son ellas a la vez también 
más constantes de lo que se suponía a raíz de las ideas de la evolu¬ 
ción, ya que no quedan modificadas ni por factores externos, ni por 
una mutabilidad sin efecto seleccionador. Por lo tanto, son constantes 
ellas como esferas de variación. Exactamente lo mismo enseña la flora 
de los Angiospermas. Familias y géneros, al hacer la flora angios- 
pérmica su primera aparición en la tierra, no aparecen entrelazados 
entre sí ni en forma inconsistente ni tampoco estrechamente ligados. 
También estos grupos sistemáticamente superiores parecen represen¬ 
tar esferas de variación de circunscripción constante. El concepto de 
Linneo sobre la constancia de las especies no parece ser, por consi¬ 
guiente, un simple dogma, sino un hecho». Entiéndase bien, la cons¬ 
tancia de las especies constituye, según este gran investigador sueco, 
un hecho «inapelable». 

«Men del»—continúa—«nos dió conceptos totalmente nuevos 
sobre la formación de las especies y variación. Se trata de una síntesis 
y del análisis de elementos básicos, que son tan constantes como los 
átomos de la química. Con ellos el biólogo puede experimentar con 
la misma exactitud que el químico y el físico con átomos y cuantos 
respectivamente. Por lo mismo podemos proceder con exactitud, sin 
necesidad de pensar ni en conceptos teológicos ni tampoco en evolu¬ 
cionados. .. No aceptamos una «creatio divina ex nihilo», por desco¬ 
nocer una síntesis de la nada. Pero tampoco admitimos una «creatio 
darwiniana ex una cellula», en virtud de encontrarse ya en los más 
antiguos períodos geológicos organismos de una diferenciación máxima 
y muy avanzada. No sabemos cual puede haber sido el proceso sin¬ 
tético que dejara constituidos los elementos biológicos básicos. Pero 
disponemos de pruebas concluyentes respecto al hecho de haber sido 
formada «de golpe», para expresarme así, a través de una grandiosa 



20 


CONFERENCIA I 


síntesis, la totalidad de la flora de cada uno de los grandes períodos 
geológicos, tanto las formas primitivas como las más diferenciadas. 
Estas ideas están en concordancia también con las experiencias de 
las ciencias naturales exactas. Es decir, con tal de existir los com¬ 
ponentes de reacción, se originan con la misma facilidad los compli¬ 
cados productos finales como los iniciales más sencillos. En este pro¬ 
ceso el tiempo no significa nada. Este concepto está en concordancia 
también con lo que palpamos como línea horizontal de la investiga¬ 
ción en ciencias naturales. Todos los sucesos, tanto en el mundo bio¬ 
lógico como en el atómico, obedecen a un solo principio imponente: 
la ley de las cifras inmensas». 

No pudo ser más categórico el Presidente de la Sociedad Fisio- 
gráfica de Lund en sus declaraciones respecto a la constancia linneana 
de las especies en oposición a la teoría de la evolución sostenida por 
Darwin. Y más aún, las palabras de Nilsson acerca de las prue¬ 
bas concluyentes respecto al hecho de la formación «de golpe», a 
través de una grandiosa síntesis, de la totalidad de la flora de cada 
uno de los grandes períodos geológicos, representa algo así como una 
resurrección de la teoría de los cataclismos, establecida por Cuvier 
a principios del siglo próximo pasado. 

Hago expresa referencia a esta cuestión de la teoría de los cata¬ 
clismos en virtud de haber sostenido Larrañaga correspondencia 
con su autor, el nombrado gran sabio francés Cuvier. Se registra 
pues, un retorno al ideario de Larrañaga también en este terreno 
de las ciencias naturales, ya que sus ideas sobre el particular habrán 
sido similares a las de Cuvier. Recurriendo a la teoría de los suce¬ 
sivos cataclismos, seguidos por otras tantas creaciones siempre reno¬ 
vadas del globo terráqueo, Cuvier trató de explicar científicamente 
la historia bíblica de la creación y del diluvio, seguido por una nueva 
evolución «ab ovo», como podríamos calificar el relato sobre el Arca 
de Noé. La idea de una sola línea ascendente desde formas sencillas 
hacia las organizaciones cada vez más diversificadas y consideradas 
superiores y «más perfectas», tanto en el reino vegetal como animal, 
quedaría reemplazada, pues, por la imaginación de repetidos perío¬ 
dos iniciales de «la evolución en esferas» correspondientes a sendos 
períodos geológicos. En vez de la continuidad evolutiva implicada 
en el ideario de D a r w i n sobre el origen de las especies, tendríamos 
discontinuidad. La aludida teoría de los cataclismos de Cuvier im¬ 
plica esta misma «discontinuidad», también para todo el reino orgánico. 

Volviendo al tema central de nuestra disertación, corresponde 
agregar todavía, que las ya aludidas investigaciones genéticas en 
torno a la roicroevolución, no hicieron sino confirmar las ideas de 
Nilsson respecto a la macroevolución. Autores sobresalientes en la 
materia como Dobzhansky y Goldschmidt, en sendas obras 
sobre el problema de la evolución, expresan con toda claridad su 



IDEARIO DE LARRANAGA 


21 


discrepancia con el darwinismo corriente. El primero de ellos ter¬ 
mina sus explicaciones de la microevolución afirmando, que las sub¬ 
especies no son en realidad ni especies incipientes ni modelos repre¬ 
sentativos del origen de las especies. Las califica como «callejones 
sin salida», diversificados dentro de la especie. Deja sentado, que 
el primer paso hacia la macroevolución como punto decisivo de las 
transformaciones que llevan de una especie a otra, requiere un mé¬ 
todo evolucionario diferente al de la simple acumulación de micro- 
mutaciones. Califica la evolución como un proceso de preadaptación 
sosteniendo que, de acuerdo con los hechos aportados por la embrio¬ 
logía experimental, la mecánica del desarrollo puede determinar 
grandes cambios en una sola etapa. Es fácil comprobar cierta afini¬ 
dad de estas ideas con las de N i 1 s s o n, quien ubica el comienzo de 
la por él llamada «evolución en esferas» en el lapso inicial de cada 
uno de los grandes períodos geológicos. 

Goldschmidt a su vez, en la obra «La base material de la 
evolución», vierte juicios análogos sobre la posición del darwinismo 
primitivo respecto a la realidad habida en torno de la evolución. 
Enuncia que los hechos de la genética fisiológica y su explicación en 
términos de velocidades de procesos de diferenciación coordinada, 
permiten entrever las posibilidades de la macroevolución que se efec¬ 
túa mediante grandes etapas y que de aquí en adelante no será posible 
sostener la teoría neodarwiniana de los genetistas. 

Encontramos claramente desarrollada la idea de que los princi¬ 
pales adelantos evolucionarios de la macroevolución, deben haber 
tenido lugar mediante grandes etapas, que afectaron más bien a las 
fases tempranas embrionarias de los organismos correspondientes a 
las sucesivas etapas geológicas. La flora y fauna surgidas «de golpe» 
al principio de cada nuevo período geológico como consecuencia del 
cataclismo habido, quedarían en todo caso capacitadas para desen¬ 
volver su potencial evolutivo a través de la combinación y recombi¬ 
nación de las unidades biológicas, los llamados «genes», comparables 
a los átomos de lo química. Estas unidades básicas resultarían pues, 
inmutables. Desde este punto de vista se encuentra una solución 
satisfactoria para conciliar las opiniones divergentes, especialmente 
al recurrir al hecho de la frecuencia de las «mutaciones» o sea modi¬ 
ficaciones hereditarias provocadas en la misma substancia cromosó- 
mica de los respectivos organismos. 

A las aludidas incongruencias entre la teoría de la evolución y la 
investigación clásica en herencia se refirió Wettstein en su tra¬ 
bajo presentado al V Congreso Internacional de Genética de Berlín, 
realizado en 1927. La constancia inmutable de la materia hereditaria 
del genotipo, excluiría cualquier posibilidad de mejoramiento, o, en 
un plano superior, de la evolución. Esta, sin embargo, existe como 



22 


CONFERENCIA I 


hecho innegable al reducirse el problema a los límites de una simple 
superación de las formas sencillas por biotipos de organización más 
perfecta, el caso justamente de la formación de nuevas variedades 
del reino vegetal y razas de los animales domésticos en Zootecnia. 

La contradicción entre el concepto de la constancia de las espe¬ 
cies como idea directriz del sistema linneano y de ahí del ideario de 
Larrañaga, idea confirmada luego por la genética como estabili¬ 
dad de los genes, por una parte y las exigencias de variabilidad y por 
ende la aparición de nuevas formas como principio de la evolución, 
por la otra, encuentra una solución satisfactoria precisamente a tra¬ 
vés de los hechos comprobados en la investigación genética moderna 
en torno de la microevolución. 

La constancia inmutable del genotipo, según lo dejé expresado 
ya, excluiría cualquier variación hereditaria. La diversificación de for¬ 
mas en unión con la superabundancia de gérmenes y por ende indivi¬ 
duos, como factor causante de la lucha por la vida, conduce, sin 
embargo, aún bajo el imperio de la selección natural, a formas nuevas. 
No obstante, para que esta variación sea hereditaria y no una simple 
modificación ambiental, ella debe tener lugar en el genotipo de los 
organismos. 

La investigación metódica sobre el problema de las «mutaciones» 
como variaciones hereditarias de los cromosomas, dió por resul¬ 
tado la comprobación de su frecuencia relativamente elevada. Baur 
fué el primero en documentarlo así en sus trabajos clásicos sobre 
Antirrhinum majus, la flor conocida aquí vulgarmente bajo la deno¬ 
minación de «conejito». A raíz de sus estudios metódicos durante 
un período superior a 20 años, pudo comprobar que, sobre el total 
de las descendencias de individuos homozigotas de esta especie, o sea 
plantas de una constitución hereditaria genotípicamente uniforme y 
por ende constantes, hay 10 % de mutaciones. La investigación per¬ 
tinente en el reino vegetal se extendió luego a otras especies, entre 
las cuales señalo como cuestión de actualidad las amplias determi¬ 
naciones realizadas en el género «crepis» publicadas a fines de 1947 
por E. Brown Babcock en una enjundiosa obra de dos tomos. 

En cuanto a la frecuencia de las mutaciones en el reino animal, 
me limito a señalar los datos recogidos en los estudios metódicos 
de la mosca del vinagre, Drosophila melanogaster, objeto usado 
corrientemente durante los últimos decenios para investigaciones en 
genética teórica. Se comprobó una mutación sobre cada 6.000 indivi¬ 
duos. Este dato, sin embargo, merece el complemento de una indica¬ 
ción no menos sugestiva respecto a la estabilidad de los genes en la 
misma especie. En efecto, se registraron hasta más de 300 generacio¬ 
nes sucesivas de esta pequeña mosca, sin que se haya observado cam¬ 
bio alguno en su constitución genotípica. Al relacionar estas cifras 




IDEARIO DE LARRAÑAGA 23 

sobre las generaciones sucesivas de Drosophila melanogaster con otras 
tantas del género humano, llegaríamos a un período de tiempo equi¬ 
valente a seis mil años solares. Estamos, pues, frente a una constancia 
biológica difícilmente imaginable en el período de Lamarck y 
Darwin. 

En un polo opuesto registramos el ya referido hecho de frecuen¬ 
tes mutaciones, aunque lógicamente su número oscila según las 
especies, figurando los precitados casos de Drosophila melanogaster 
y Antirrhinum majus entre los de frecuencia elevada. De cualquier 
manera se llega así a conciliar satisfactoriamente dos situaciones 
diametralmente opuestas, como la de una constancia de las especies 
tan marcada por una parte y el hecho de la variación por otra. Sobre 
esta base resulta posible no sólo la referida «evolución en esferas» 
de cada período geológico, sino también las conquistas de la Genética, 
aplicada en Zootecnia y Fitotecnia, cuestiones éstas que ya rebasan el 
marco reducido de nuestra exposición. 

Me había propuesto señalar la afinidad del ideario de Larra- 
ñaga con el de la Biología moderna en este punto tan importante. 
Si bien sería exagerado hablar de una constancia de las especies en 
el sentido estricto del concepto linneano y por ende el de Larra- 
ñaga, ella existe, según hemos visto, en forma de la estabilidad de 
los genes como unidades hereditarias. Nos encontramos, pues, res¬ 
pecto a este problema tan importante de la Biología, ante el hecho, 
por cierto bien sugestivo, de un retorno de la investigación biológica 
de este siglo, al ideario de Larrañaga, desde luego con ajuste al 
saber más amplio y más seguro en estas cuestiones. Aun admitiendo 
la modificación del aserto en uno u otro aspecto, según los resultados 
que surjan de la investigación metódica emprendida en varios países, 
por el momento «la constancia de las especies» figura nuevamente 
como tal en la orden del día de las discusiones contemporáneas. Ante 
la aludida importancia y el vasto alcance de este problema cardinal 
de la Biología, no dejo de señalar que a partir de julio de 1947, apa¬ 
rece en Chicago (EE. UU.), bajo el título «Evolution», una revista 
destinada a recoger la copiosa información que en las distintas partes 
del mundo viene surgiendo en torno al tópico. 

No menos sugestiva resulta la comparación de las ideas de 
Larrañaga sobre la reproducción de los seres vivos, o sea la reno¬ 
vación de la vida. Respecto a este punto, disponemos de una fijación 
concreta de sus ideas, reflejo a su vez de las opiniones reinantes 
sobre el particular en aquellos tiempos. Por la importancia del tema 
y con el objeto de establecer las aludidas palabras de Larrañaga 
en el punto de partida de nuestras consideraciones comparativas, 
juzgo oportuno reproducir textualmente los párrafos esenciales de la 
exposición correspondiente. Me refiero al capítulo sobre los órganos 



24 


CONFERENCIA I 


de la generación que se encuentran en su tratado de Zoología, infor¬ 
mación accesible en página 336 del segundo tomo de sus «Escritos», 
publicados en 1923 por el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay. 

«La naturaleza de la generación» — dice Larrañaga — «que 
es el más grande misterio de la economía de los cuerpos vivos, 
está hasta ahora envuelta en una obscuridad impenetrable. La crea¬ 
ción de un cuerpo vivo por la repentina unión de las partículas, aun 
no está demostrada y la cristalización de las sales no es un exemplo 
bien adequado, pues los cristales se forman de partículas similares 
en superficies angulosas, y se forma por adición y no por desenvol¬ 
vimiento de partes». 

«La circunstancia única común a toda generación, y por consi¬ 
guiente la única parte esencial de este procedimiento es que todo 
cuerpo vivo está al principio aderido a otro más grande de su misma 
especie, constituye una parte de él y se desenvuelve y nutre con sus 
xugos, del cual se separa en cierto período; y así todos los órganos 
que cooperaran a la generación y desarrollo no son sino accesorios a 
su primera formación en ciertas clases. El estado más simple en ellas 
es el que constituye los gemmiparos o la generación por botones o 
gemmas, como los árboles, pólipos (hydra), anémonas marinas (acti- 
nia), este modo no requiere distinción de sexos, copulación y ni órgano 
alguno particular.» 

«Otros modos de generación requieren órganos propios para su 
desarrollo y entre éllos la fecundación y partes sexuales, separadas o 
unidas en un mismo individuo.» 

«El macho obra la fecundación sin saber aún el modo cómo con¬ 
tribuye al desarrollo del gérmen. Algunos atendiendo que el hombre 
y mammíferas tienen sus gérmenes imperceptibles antes de la fecun¬ 
dación, creen que se forman por la commixtión de ambos fluidos 
espermáticos, o que preexisten en el del macho. Otros considerando 
las semillas de los árboles y los huevos de ciertos animales, quieren 
que estos gérmenes preexistan en todas las hembras. Pero todos estos 
puntos que han sido por mucho tiempo controvertidos por los Phisio- 
logistas han sido ya abandonados por común consentimiento; y es 
imposible decidirlos.» 

Sin extenderme en referencias a las especulaciones teóricas desa¬ 
rrolladas en la segunda mitad del siglo XIX en torno a este asunto 
conceptuado por Larrañaga como «el más grande misterio de la 
economía de los cuerpos vivos», he de limitarme a presentar ante mi 
distinguido auditorio una reseña de los hechos verificados desde el 
período de nuestro procer naturalista, respecto a la renovación y 
continuación de la vida. 

Ya en 1845, o sea antes de haberse producido la muerte de 
Larrañaga, quedó dilucidado el problema de la partenogénesis, 
desde luego sin que haya llegado a conocimiento de nuestro ilustre 



IDEARIO DE LARRANAGA 


25 


sabio, noticia alguna sobre el particular. Corresponde a Juan D z i e r- 
zon, sacerdote también y al mismo tiempo apicultor inteligente de 
Silesia, el mérito de haber explicado el referido fenómeno. Su obser¬ 
vación asidua y escrupulosa de la vida de las abejas en unión con 
una reflexión crítica sobre la distinta coloración del receptáculo de la 
reina, según se tratara de reinas fecundadas por zánganos o reinas vír¬ 
genes, le permitió a Dzierzon establecer el hecho, de que los hue¬ 
vos sin fecundar producen zánganos. Desde aquella fecha la inves¬ 
tigación metódica relativa a esta forma de reproducción tomó un 
incremento extraordinario, conociéndose hasta el presente centena¬ 
res de especies que se caracterizan por una regeneración partenogé- 
nica. Con relativa frecuencia se registra el mencionado fenómeno bio¬ 
lógico en la familia de los insectos, la más numerosa en especies y la 
más nutrida en variedad de formas del reino animal. Como caso inte¬ 
resante, señalo la partenogénesis en el pulgón verde (Toxoptera gra- 
minum Rond), plaga temible para los cereales forrajeros como la 
avena, el trigo, el centeno, la cebada y otras gramíneas cultivadas en 
el país en superficies muy vastas al efecto de la previsión forrajera 
durante la estación fría. 

El proceso de la fecundación quedó dilucidado luego también en 
los detalles correspondientes a los sucesos en el núcleo celular, acce¬ 
sibles sólo a través del microscopio. Dzierzon, careciendo de este 
recurso, realizó sus investigaciones a simple vista, siendo por lo mismo 
doblemente meritorio el resultado de sus atisbos. Corresponde a Oscar 
Hertwig el mérito de haber descubierto y esclarecido en todos sus 
detalles, los fenómenos microscópicos de la fecundación en el núcleo 
celular, descubrimiento realmente sensacional en ciencias biológicas 
que pertenece al año 1875. Por primera vez quedó establecido, que la 
fecundación consiste en la fusión de dos células nucleares, sexual- 
mente diferenciadas. La penetración del espermatozoide, o sea la célula 
sexual masculina destinada a la fecundación en el óvulo nuclear, dando 
comienzo así a un nuevo ser, como realidad accesible al ojo humano 
munido del microscopio, a partir de la fecha indicada figura como 
piedra angular de los conocimientos en Biología. Lo que para el gran 
sabio Larrañaga fué motivo de profunda inquietud en sus aspec¬ 
tos de misterio «envuelto en una obscuridad impenetrable», actual¬ 
mente resulta familiar a cualquier persona de una cultura sólo me¬ 
diana en ciencias naturales. Un cambio fundamental respecto a una 
cuestión tan importante de nuestros conocimientos en problemas bási¬ 
cos de la Biología. 

En el mismo orden de ideas corresponde señalar los progresos 
derivados de este descubrimiento, tanto en embriología como también 
en biología floral, ésta de tanta importancia en la genética vegetal. 
En virtud de tratarse de uno de los sectores de mi actuación profe¬ 
sional, consigno como hecho también ignorado en el período de 



26 


CONFERENCIA I 


Larrañaga, la dilucidación de aspectos cardinales de la biología 
floral, o sea la diferencia entre plantas alógamas (las que se repro¬ 
ducen por fecundación cruzada) y autógamas (las que se reproducen 
por autofecundación). Varias de las plantas agrícolas más cultivadas 
en el país, como el trigo, la avena, el lino y otras se reproducen nor¬ 
malmente por autofecundación sexual, sin que esta forma de repro¬ 
ducción «incestuosa» conduzca a una degeneración. 

No dejo de agregar, que la autofecundación artificial constituye 
actualmente una práctica frecuentemente usada en los trabajos mo¬ 
dernos de Genética Vegetal. Tanto en el maíz como en el centeno, 
especies exigentes respecto a la alogamia como forma de su fecun¬ 
dación corriente, se suele recurrir a plantas autofecundadas a fin 
de lograr un mejoramiento productivo involucrado en la llamada 
«heterosis». El caso interesa en relación con las ideas de Larra¬ 
ñaga, en virtud de interpretarse la referida «heterosis», palabra 
abreviada de heterocigosis, lo que significa unión o mezcla de subs¬ 
tancias hereditarias diferentes, como el resultado de un estímulo fisio¬ 
lógico, provocado por esta unión de elementos heterogéneos. Fácil¬ 
mente se comprueba cierta afinidad con el ideario de Larrañaga, 
al hablar éste de la «commixtion de ambos flúidos espermáticos». 

Tanto la reproducción incestuosa como procedimiento regenera¬ 
tivo corriente para muchas plantas agrícolas, como también la parteno- 
génesis, tan frecuente en el reino animal, según lo señalé en párrafos 
anteriores, constituyen procedimientos reproductivos en franca opo¬ 
sición con la «commixtion» de Larrañaga. Esta discrepancia gana 
en interés al tener presente que también el gran naturalista W e i s- 
m a n n, a quien debemos la elaboración del ideario moderno sobre 
los cromosomas en su aspecto de portadores de la herencia, sostuvo 
la por él llamada «amfimixis» como postulado del proceso reproduc¬ 
tivo a fin de evitar la degeneración de las respectivas especies o 
variedades. 

En cambio, no hay novedad respecto a la renovación de la vida 
después de períodos más o menos prolongados de un estado letárgico, 

aparentemente sin vida alguna, que se registra en determinadas espe¬ 
cies de la fauna anabiótica, o sea animales dotados de algo así como 
una auto-resurrección. Este fenómeno biológico, conocido en países 
fríos como letargo invernal (murciélago, lirón y oso) y en países cáli¬ 
dos como letargo estival (caimanes y culebras en ciénagas desecadas), 
llega a situaciones extremas más bien en el grupo de los protozoarios: 
infusorios y rizópodos. Al constructor de los primeros microscopios, 
por cierto bien sencillos, a fines del siglo XVII, el holandés van 
Leeuwenhoek, corresponde el mérito de haber observado el refe¬ 
rido fenómeno en los infusorios que suelen encontrarse en las cana¬ 
letas de los techos. Los aludidos protozoarios, que debido a su dese 



IDEARIO DE LARRANAGA 


27 


camiento se presentan como granitos arrugados, sin vida aparente 
a veces durante varios años, vuelven a reanudar sus funciones vita¬ 
les, al ser mojados. Algo así, pues, como una reviviscencia y hasta 
una verdadera resurrección. Sin embargo, ni en estos y menos aún 
en los casos más sencillos aludidos líneas arriba, tenemos una muerte 
verdadera. En consecuencia no se puede tampoco hablar de una 
«resurrección» en el sentido estricto del concepto, tratándose más 
bien de la reanimación del metabolismo. 

Durante los últimos decenios se han venido dedicando minuciosos 
estudios a tales cuestiones intrincadas, colocadas en los límites entre 
la vida y la muerte. Pese a estas nuevas tentativas destinadas a dilu¬ 
cidar el problema, no se registra novedad en el aspecto cardinal del 
mismo, o sea la renovación virtual de la vida después de su cesación 
definitiva. En los casos aludidos se trata sólo de una interrupción más 
o menos prolongada del metabolismo, originada por factores ambien¬ 
tales, a los cuales los respectivos animales se adaptan reduciendo al 
mínimo sus funciones vitales. Esta paralización funcional significa, 
por lo tanto, una muerte aparente. 

Como acontecimiento de relieves extraordinarios y consecuencias 
no sospechadas en el período de Larrañaga, consigno finalmente 
el surgimiento, en este siglo, de nuestro saber exacto sobre la herencia. 
Su importancia se refleja en el hecho de contarse actualmente con 
toda una nueva ciencia en la materia, la Genética, sea teórica o apli¬ 
cada en el reino vegetal y animal, inclusive el hombre. Si bien las 
leyes de la herencia fueron establecidas por primera vez en 1864 por 
Gregorio M en del a raíz de sus experimentos clásicos realizados 
en pocos metros cuadrados de canteros plantados con arvejas en la 
Abadía de Brünn, es sabido, que recién a partir de 1900, con su ya 
mencionado redescubrimiento simultáneo por parte de C o r r e n s, de 
Vries y von Tschermak, ellas se constituyeron en la piedra angu¬ 
lar de nuestros conocimientos en ese importante sector de la Biolo¬ 
gía. Las ideas fundamentales del mendelismo representan actualmente 
un objeto de enseñanza en Historia Natural de nuestros liceos, en 
virtud de lo cual se trata de cuestiones familiares a cualquier persona 
culta. Desistiendo, por lo mismo, de referencias al mendelismo ini¬ 
cial, me propongo destacar, en pocas palabras, el desarrollo impre¬ 
sionante que esta ciencia ha venido tomando durante los últimos dece¬ 
nios, a raíz del descubrimiento de hechos nuevos en el vasto terreno 
de la herencia, todo esto, desde luego, completamente ignorado por 
los naturalistas anteriores y más aún los contemporáneos de nuestro 
gran sabio Larrañaga. 

Descansando sobre los experimentos clásicos de Mendel y las 
ideas ya aludidas de Weismann acerca de los cromosomas, le fué 
posible a Morgan y su escuela, dilucidar a través de minuciosas 
indagaciones citológicas, respecto al proceso de la separación y recom- 



28 


CONFERENCIA I 


binación cromosómica, sucesos intrincados en la misma substancia he¬ 
reditaria del núcleo celular. Debemos a Morgan los dibujos de ma¬ 
pas cromosómicos, en los cuales se encuentran ubicados, debidamente 
agrupados, los «genes», como portadores materiales de determinados 
caracteres hereditarios. Apareció de esta manera el Morganismo como 
rama importante del Supermendelismo, cuestiones todas éstas que 
resultan familiares a quienes se ocupan de la Genética Teórica moderna. 

Estas investigaciones iniciadas al principio por Morgan y cola¬ 
boradores, desde 1909, en la mosca de la fruta o del vinagre (Droso- 
phila melanogaster), con el consiguiente esclarecimiento de las bases 
físicas de la herencia, se extendieron luego también al reino vegetal. 
Consigno pues, a título de ejemplo, la vasta labor cumplida en la 
dilucidación citológica de la estructura cromosómica de Antirrhinum 
majus, del maíz y del género «crepis», mencionado en párrafos 
anteriores. 

No menos importantes resultan las investigaciones de H. J. M u 1- 
ler tendientes a modificar, por la aplicación de agentes exter¬ 
nos, la materia hereditaria del genotipo, provocando de esta manera 
mutaciones, cuestión abordada ya en la primera parte de mi diserta¬ 
ción. Esto equivale a una intervención directa en el proceso hereditario. 
Si bien en principio resulta factible esta clase de mutaciones geno- 
típicas, falta mucho todavía para llegar a la dilucidación satisfactoria 
de un problema tan complejo. De cualquier manera, tanto por la 
aplicación de los rayos X como por la variación de la temperatura, 
los estímulos mecánicos del centrifugado, el uso de rayos ultravioletas 
y de algunas substancias químicas, se logró provocar mutaciones y 
aumentar su frecuencia. En cambio, no fué posible todavía llegar a 
resultados «repetibles» y por ende originar metódicamente mutacio¬ 
nes hereditarias de determinada clase y amplitud. 

Señores: Aun sin haber podido extenderme, por razones obvias, 
en detalles del saber contemporáneo sobre la herencia, considero 
suficiente lo brevemente enunciado acerca del progreso de las cien¬ 
cias biológicas en el sector de la Genética, para que mi ilustre audito¬ 
rio esté en condiciones de apreciar la diferencia realmente profunda 
entre el ideario de Larrañaga respecto a estas cuestiones,^ para 
él envueltas «en una obscuridad impenetrable» y la claridad diáfana, 
alcanzada hasta la fecha en muchos de los problemas intrincados de 
la reproducción. Sin embargo, queda por dilucidar el problema de 
la renovación de la vida en su punto cardinal, o sea la cuestión de su 
engendro, la animación de la materia inerte. Me propongo pues, ter¬ 
minar mi disertación con referencias concisas a este «misterio de los 
misterios». 

En lo que atañe al aspecto de la renovación continua de la vida 
a través de los distintos procesos de la reproducción señalados ante- 



IDEARIO DE LARRANAGA 


29 


riormente, esto es, animar las células portadoras de la herencia tan 
sútilmente estudiadas por los investigadores en Citología, consigno 
las tentativas de explicar la aparición de la vida como el resultado 
de sucesos físico químicos en el mundo de lo infinitamente pequeño. 
El concepto contemporáneo sobre el átomo considerado como un sis¬ 
tema solar en miniatura, sostenido en equilibrio a través del mo¬ 
vimiento incesante de electrones positivos y negativos, nos lleva pre¬ 
cisamente al aludido campo limítrofe entre la Física y la Química, 
cuyas fronteras se vienen borrando de una manera no sospechada 
anteriormente. Hay quienes creen factible algo así como una gene¬ 
ración espontánea de la vida en el mundo ultramicroscópico de la inci¬ 
piente organización de la materia orgánica. La vida se presentaría, 
pues, como el efecto inicial del aludido proceso de organización «in 
statu nascendi». 

Fácilmente se comprueba lo confuso de estas tentativas de ten¬ 
der un puente sobre el abismo que media entre el reino natural y el 
mundo anímico. Entiéndase bien, por el momento sólo se trata de 
tentativas de una explicación eventualmente viable, tentativas que 
no han salido todavía del terreno de las especulaciones hipotéticas. 
Faltando la verificación de las suposiciones aludidas, por uno u otro 
conducto, desde luego con la aplicación de los recursos de prueba y 
contraprueba que constituyen el requisito corriente de la investiga¬ 
ción en ciencias naturales, semejantes tentativas deben ser califica¬ 
das con el único término que corresponde en tales casos: palabras. 
Palabras, puramente palabras, carentes del respaldo de la aludida 
prueba inapelable del hecho real comprobado. 

A título de ejemplo consigno a continuación el contenido subs¬ 
tancial de un pequeño trabajo del biólogo norteamericano G. N. 
Gray sobre las relaciones entre genes, virus y enzimas, ensayo que 
lleva el título sugestivo «Donde empieza la vida». Dice así el nom¬ 
brado autor: «Quizá lo más que podemos aproximarnos a una defini¬ 
ción, está en decir que la vida es un estado de organización de la 
materia. La marcha ascendente de la vida, desde el azotobacter hasta 
el hombre, es una jerarquía de organizaciones que se vuelven con¬ 
tinuamente más complejas, y más versátiles. Y así con la marcha 
ascendente de la materia, desde el simple electrón hasta la colonia 
enorme de partículas eléctricas que constituyen la más simple célula 
viviente, aquí también tenemos una jerarquía de complejidad y orga¬ 
nización, que aumenta continuamente. 

Electrones, protones, neutrones, se unen para formar átomos, pero 
su organización es por demás primitiva para permitir un compor¬ 
tamiento cualquiera que se pueda reconocer como vida. Los átomos 
se unen para formar moléculas de compuestos simples, agua, sales, 
óxidos de carbono; pero otra vez el agrupamiento es demasiado limi¬ 
tado para funcionar de manera que se clasifique como animada. De 



30 


CONFERENCIA 


estas moléculas simples se sintetizan en el crisol incansable de la 
Naturaleza, otras más complicadas, azúcares, hidratos de carbono, gra¬ 
sas y otros hidrocarburos más complicados. Y de algún modo en la 
refriega, se yuxtaponen los átomos de la manera especial conocida 
como catalizadores, de los cuales las enzimas constituyen una catego¬ 
ría especial. Los catalizadores primitivos podrán fabricar los primeros 
aminoácidos. Con estos ácidos esenciales se constituyen las prime¬ 
ras proteínas inicialmente simples. Proteínas se asocian con proteí¬ 
nas, eventualmente se unen como subgrupos de moléculas mayores 
para formar lo que imaginamos como los primeros genes; cadenas 
de las gigantescas moléculas se enlazan como cromosomas, se desarro¬ 
lla la especialización, la propiedad de duplicar, de dividir, de multi¬ 
plicar, de entrar en un equilibrio dinámico de substancia y de fuerza 
en continuo movimiento: vida! 

Exactamente en qué punto de esta recorrida comienza la vida, 
no es posible fijarlo en el mapa. Pero quizá no estemos muy errados 
si pensamos que el punto de inflexión se ha alcanzado con el cata¬ 
lizador que forma la proteína. El gene podrá ser la unidad viviente 
más primitiva, el virus el más primitivo destructor de* la vida. Pero 
hay una fuerte presunción de que ninguna de estas organizaciones 
es anterior a la presencia selectiva, constructiva y organizadora de la 
enzima. La enzima no será la vida, pero es la precursora de la vida. 
Y en cualquier punto en que inicie su actividad, podrá ser el lugar 
en que empieza la vida.» 

Como se ve, se trata tan sólo de una tentativa de explicación, 
palabras hipotéticas que dejan sin contestar la pregunta cardinal, «el 
punto donde empieza la vida», y la causa de su surgimiento. Entiendo, 
que esta tentativa de hacernos comprender el comienzo de la vida, 
no satisface a los representantes de las ciencias naturales que pudie¬ 
ran escucharme, y menos aún a quienes pertenezcan al sector de las 
ciencias puras como la Filosofía, Teología, etc. 

Queda pendiente aún la cuestión no menos intrincada de la pri¬ 
mera aparición de la vida en períodos geológicos remotos de nuestra 
tierra. Los geólogos suelen apreciar la edad del globo terráqueo en 
aproximadamente dos mil millones de años solares. De este inmenso 
espacio de tiempo, más de la mitad correspondería a la época abió- 
tica o sea períodos geológicos sin vida alguna. Luego habría surgido, 
según la opinión predominante de los investigadores en este sector 
de las ciencias naturales, un período inconmensurable del precám¬ 
brico en que vivirían algunas bacterias, hongos, algas primitivas y 
protozoarios, todos ellos organismos unicelulares. A períodos geológi¬ 
cos posteriores corresponderían los liqúenes y heléchos, inclusive helé¬ 
chos gigantes como predecesores de las coniferas, éstas a su vez pre¬ 
cursores de las espermatofitas. El carbonífero constituye un período 



IDEARIO DE LARRANAGA 


31 


de gran fecundidad y abundancia de formas, también respecto a los 
representantes del reino animal, como lo documenta la elevada 
cantidad de fósiles que se encuentran en las capas geológicas corres¬ 
pondientes. En el terciario se consolidan las especies integrantes de 
la flora y fauna terrestres, apareciendo las aves como descendien¬ 
tes de los reptiles y desarrollándose luego los mamíferos. Desde la 
misma época geológica se perfilan los síntomas iniciales de la vida 
actual, surgiendo finalmente en el cuaternario primitivo, la especie 
Homo sapiens. 

Según se desprende de este bosquejo conciso de la historia geo¬ 
lógica de nuestro globo terráqueo, aceptada ampliamente como resul¬ 
tado de las investigaciones correspondientes, han transcurrido espa¬ 
cios de tiempo de centenares de millones de años, sin que haya 
existido vida alguna en la tierra. Surge, pues, la pregunta bien 
justificada de cómo pudo, de repente, engendrarse la vida, según la 
teoría de la evolución, en la forma de una sola célula viva, como 
punto de partida de todas las especies posteriores del reino vegetal 
y animal. Desde el punto de vista del naturalista existe al respecto 
una única alternativa: o la vida ha venido de afuera por el transporte 
de materia viva desde algún otro planeta de nuestro sistema solar, 
o se originó en el globo mismo. 

La posibilidad del engendro primitivo de la vida por el transporte 
de esporos o gérmenes microscópicos a través de los espacios inter¬ 
estelares, fué una hipótesis expresada por varios científicos del siglo 
pasado, entre ellos el gran químico sueco Svante Arrhenius. Se 
trata, sin embargo, de un raciocinio utópico, insostenible ante refle¬ 
xiones sobre las distancias enormes que en tal caso debieran haber 
sido vencidas por la materia viva. 

Según cálculos efectuados por hombres competentes, gérmenes 
oriundos de Marte, el planeta más cercano a la tierra, necesitarían 
20 días y los de Neptuno 14 meses para llegar a la superficie terrestre. 
Para vencer las distancias que separan la tierra de los planetas más 
lejanos, se requieren espacios de tiempo de miles y miles de años. 
Teniendo presente, que toda la historia de nuestra civilización cons¬ 
tituye sólo una fracción de tan enormes períodos, ningún hombre 
familiarizado con las ciencias naturales puede atreverse a afirmar, 
sobre base sólida, que los aludidos gérmenes, compuestos de materia 
orgánica, después de tanto tiempo, llegarían con vida a su destino. 
Hay que reconocer pues, que tales especulaciones teóricas resultan 
incompatibles con la realidad de los hechos. 

El otro punto de esta alternativa, o sea la aparición en nuestro 
globo mismo del primer organismo unicelular con vida, es igual¬ 
mente insostenible en nuestros tiempos con sus exigencias severas 
respecto a la ley de la causalidad. Las ideas de Aristóteles sobre 
la «fauna sponte nascens», se conservaron vivas durante milenios en 



32 


CONFERENCIA I 


Occidente bajo el concepto «generatio aequivoca». Justamente a tra¬ 
vés de las anteriormente mencionadas primitivas investigaciones 
microscópicas de van Leeuwenhoek sobre los «infusorios», reci¬ 
bieron nuevos impulsos todavía a fines del siglo XVII. Basta, sin 
embargo, citar el nombre del gran Pasteur, a fin de dejar des¬ 
truidas para siempre estas cuestiones del origen de la vida. Sólo 
vida engendra vida. «Cellula ex cellula». La ley de la causalidad, 
aceptada como principio dominante en todos los procesos y manifes¬ 
taciones físico-químicas de la Naturaleza, excluye también esta ten¬ 
tativa de explicación, tan persistente en períodos anteriores. 

Ante esta situación de hecho, no queda otro recurso que recono¬ 
cer y declarar con toda sinceridad, que desde los puntos de vista del 
naturalista nada se sabe sobre el origen de la vida. Nos encontramos 
pues, respecto a este «misterio de los misterios», en la misma «obscu¬ 
ridad impenetrable» que rodeara a Larrañaga. 

En resumen, pese al progreso realmente asombroso que registra¬ 
mos en la dilucidación paulatina de muchos problemas del campo 
inconmensurable de las ciencias naturales, con el consiguiente cam¬ 
bio fundamental del ideario general de los naturalistas contemporᬠ
neos en comparación con el de Larrañaga como reflejo del saber 
de su tiempo, seguimos rodeados de muchas incógnitas. A medida que 
se haga la luz en torno de una u otra de las cuestiones ignoradas, sur¬ 
gen en seguida, cual cabezas de hidra, nuevas interrogantes. Sólo 
con gran lentitud se corre el velo que separa el océano de lo ignorado 
del bien modesto pedazo de terreno firme conquistado poco a poco 
por una pléyade de investigadores en su camino penoso hacia la luz. 
Aún así, resulta alentador y confortante, comprobar, que todos estos 
esfuerzos dirigidos en armoniosa unión hacia la misma finalidad, no 
fueron infructuosos. El avance de la ciencia en conjunto constituye 
un hecho innegable. 

Con todo, pese a estos progresos persiste, respeto a la pregunta 
por el origen de la vida, la palabra de Du Bois Reymond: «Igno- 
ramus et ignorabimus». Exclamación que refleja un estado de ánimo 
desesperado ante el resultado negativo de su empeño de llegar a 
esclarecer, con los recursos del instrumental técnico e intelectual de 
su época, esta eterna cuestión abordada aquí como punto culminante 
de nuestro tema. 

El intelecto se halla, pues, en un callejón sin salida. En su afán de 
esclarecer los secretos de la Naturaleza, guarecidos misteriosamente 
en los recónditos difícilmente accesibles de lo arcano laberíntico, 
el hombre se encuentra de repente ante una de esas mamparas que 
cubren, ayer como hoy, la imagen de la Diosa del Saber, según con 
profundo simbolismo lo enuncia Goethe en un poema que trata 
este tópico con referencia a la imagen enmantada de Sai s, centro 
de la antigua sabiduría egipcia, donde también Solón y otros filó- 



IDEARIO DE LARRANAGA 


33 


sofos han venido a instruirse en los conocimientos esotéricos de 
entonces. Es la eterna cuestión faústica del hombre buscador de la 
verdad, a quien se le quema el alma por no poder llegar a saber 
nada acerca de lo que le es vedado como «esencia» de las cosas y 
de la vida que le rodean, inclusive las cuestiones del más allá. 

Para poder seguir adelante traspasando límites aparentemente 
infranqueables, el intelecto tendrá que recurrir a la ciencia que con¬ 
duce al «más allá», la Teología, en sus aspectos prácticos de la Reli¬ 
gión y de la Fe. La ciencia debe ceder terreno a las cosas sublimes 
del alma. Sólo de esta manera es factible franquear los aludidos 
límites, llegando más lejos aún, penetrando en los dominios del más 
allá. Fué éste el «más allá» de los antiguos filósofos, los cuales, por 
conocer sólo la Física, lo llamaron «Metafísica». Para nosotros surge 
este mismo «más allá» en el campo de la Biología, o sea la «Meta- 
biología», comparable con aquélla. 

Desde tales puntos de vista considero oportuno dirigir la aten¬ 
ción de mi ilustre auditorio hacia el hecho, por cierto sugestivo, de 
registrarse justamente en nuestros días de un avance tan acentuado 
de la mecanización de la vida como resultado de la aplicación prác¬ 
tica de los descubrimientos en el campo de las ciencias naturales, 
un creciente retorno hacia los problemas del alma, atendidos por la 
Filosofía y la Religión. 

Este retorno a la Religión, constituye un postulado categórico 
de muchos de los más encumbrados sabios modernos. Entre otros 
consigno al recientemente fallecido gran científico contemporáneo, 
portador del Premio Nobel, Max Planck, quien como descubridor 
de los cuantos, representa la figura cumbre del siglo XX de la 
Física, ciencia exacta por excelencia. No deja de ser altamente sig¬ 
nificativo al respecto, la aparición, en fecha reciente, de numerosas 
publicaciones sobre el problema de la vinculación entre la Ciencia 
y la Religión. Tan es así, que no bastante con los aludidos libros y 
tratados sobre el tema, acaba de iniciarse, en Londres, precisamente 
bajo el título «Ciencia y Religión», la edición de una revista cientí¬ 
fica, llamada a recoger todas las informaciones que sobre este tema 
tan fascinante aparezcan en los emporios científicos del Mundo. 

Por parte mía interpreto este suceso como síntoma palpable del 
hecho, que todas las conquistas materiales de nuestra época conjun¬ 
tamente con el constante aumento del «confort» como exponente de 
la elevación del nivel de vida en general, por cierto bien justificado, 
en el terreno de los valores espirituales no han tenido otro efecto 
que el de incrementar la inquietud del alma. Las posibilidades de 
llegar al dominio soberano de las fuerzas antagónicas que agitan 
y conmueven al hombre moderno en lo más íntimo de su esencia 
como Homo sapiens, parecen alejarse cada vez más. Nunca tal vez, 
como hoy. estamos en condiciones de palpar e interpretar en su ver- 



34 


CONFERENCIA I 


dadero alcance la palabra de aquel gran pensador de Occidente, que 
fué San Agustín, sobre la inquietud de nuestro corazón que sólo 
a través del contacto con Dios, o sea, con las cosas del Más Allá, llega 
a encontrar la armonía con lo infinito, paz y tranquilidad. 

Se presenta así con toda nitidez la senda hacia la búsqueda de la 
verdad también desde los puntos de vista de la Metafísica y de la 
Metabiología. En las alturas serenas del Más Allá, muy por encima de 
la inquietud enervante y exasperante de la vida agitada de las colec¬ 
tividades aglomeradas en los centros urbanos de hoy, con su activi¬ 
dad febril, sigue conservándose vivo el espíritu de los grandes pensa¬ 
dores y buscadores de la verdad, en su contacto con lo Eterno. A esta 
falange de los insignes conductores de la Humanidad que desde los 
períodos remotos de la incipiente civilización del género humano, 
viene jalonando las etapas del progreso, perteneció también, cual el 
que más, nuestro gran Larrañaga en su doble aspecto de sacer¬ 
dote y naturalista. 

Al rendir homenaje a su memoria, con motivo de su centena¬ 
rio, nos inclinamos al mismo tiempo, como lo exigió reiterada¬ 
mente el gran pagano Goethe, «ante lo incomprensible», que sólo 
debe ser venerado en profundo silencio. Es lo Absoluto incognoscible 
de los filósofos, el Supremo Hacedor — Dios de los creyentes — a 
quien, a través de este homenaje a Larrañaga, tácitamente tri¬ 
butamos nuestra reverencia, como fuente eterna de aquella sabidu¬ 
ría sublime ignorada por el mundo. 



CONFERENCIA II 

LA OBRA FITOGENETICA DE «LA ESTANZUELA» 
Y SU SIGNIFICACION ECONOMICA 




En la Asociación Rural del Uruguay, 
Montevideo, 1923. (*) 


Las explicaciones precedentes del Ing. Agr. Gustavo J. Fischer 
nos han permitido conocer muchos detalles de la obra de «La Están- 
zuela». Me propongo resumir esas informaciones, refiriéndome prin¬ 
cipalmente a su significación económica. 

Prescindiendo de las cuestiones teóricas expuestas con tanta cla¬ 
ridad por mi predecesor en el uso de la palabra, trataré de comple¬ 
tarlas, señalando algunos puntos interesantes respecto a la aplicación 
de todo este vasto bagaje de la ciencia genética moderna, en la prác¬ 
tica productiva de nuestras principales plantas del gran cultivo. 

Al arribar, en 1912, a tierra uruguaya, con el fin de comenzar 
una obra completamente nueva en un ambiente desconocido, me 
topé con diferentes problemas que requerían una solución inmediata 
y acertada. Así por ejemplo, tenía que formularme a mí mismo la 
siguiente pregunta: ¿cuáles son las variedades de trigo o de cualquier 
planta agrícola, que hay que someter al riguroso trabajo de selección 
metódica? En forma semejante se me presentaron a cada instante 
nuevas interrogantes, con las consiguientes dificultades para un 
hombre no familiarizado con las sorpresas, que año tras año suele 
damos aquí la naturaleza, especialmente debido a los caprichos del 
clima. Entre tanto hemos ganado terreno firme en varios aspectos 
de la obra. 

La contestación a la pregunta: ¿cuáles serían las variedades cerea- 
leras a emplearse como base del trabajo de selección?, la obtuvimos 
por intermedio de los «estudios de adaptación». Para poder llevarlos 
a buen término, fué menester implantar una experimentación orien¬ 
tada metódicamente a larga vista, la cual tuvo que ajustarse a los 
medios de trabajo disponibles, más bien modestos. 

Según las necesidades especiales, o el carácter científico o no, 
de determinadas cuestiones de esta índole, hemos tenido que con¬ 
formamos por lo tanto con simples «observaciones» en las parcelitas 
que no pudieron ser destinadas al proceso completo de trilla, etc. 
Asimismo no descuidamos el problema fundamental, o sea buscar 
luz respecto al origen o la procedencia aconsejable de nuestro mate¬ 
rial de estudio. Sabemos hoy, que en primer término debemos basar¬ 
nos respecto a la selección metódica de plantas agrícolas, en las razas 
locales, o sea variedades o mezclas de ellas, originadas en el correr 

Extracto de la versión taquigráfica del tema, desarrollado como improvisación. 



38 


CONFERENCIA II 


de los años por el proceso de Ja selección natural en el país. La dilu¬ 
cidación de este problema representa la primera etapa de nues¬ 
tra obra. 

Luego tuvimos que abocarnos a la formación de los pedigrees. 
El pedigree, en ese sentido, como lo explicó con claridad el Ing. 
Fischer, constituye la separación de líneas genéticas de acuerdo 
con lo que al respecto señalara Johannsen en sus «Elementos de 
la herencia exacta». En el transcurso de los años, con los correspon¬ 
dientes reveses que nunca faltan, hemos llegado a establecer con toda 
escrupulosidad, cuál de las tantas plantas madres que forman la base 
de un pedigree, llegó a imponerse a través del comportamiento de sus 
descendencias. De esta manera hemos formado los afamados trigos 
de pedigree «Pelón 33c» y «Americano 44d», linos, maíces, cebadas, y 
también una avena de pedigree «64s». Será para siempre un valioso 
acervo de la genética vegetal uruguaya. 

Una vez obtenidas, por estos métodos, nuevas variedades cerea- 
leras y establecida su superioridad cultural, tuvimos que dar un 
nuevo paso hacia adelante. Hubo que ir a la aplicación práctica del 
«Mendelismo». Con el recurso del Mendelismo, inclusive del Super- 
Mendelismo en formación, estamos atendiendo pues, la tercera etapa 
de nuestra obra en plena evolución. Desde ya puedo ofrecer algunos 
datos sobre los resultados registrados. 

En base a los estudios de adaptación comprobamos, que las 
variedades exóticas, si bien una que otra de ellas evidenció un com¬ 
portamiento satisfactorio cuando las condiciones eran favorables, a 
la larga no podían competir con las criollas que les llevaban la ven¬ 
taja de haber pasado por un proceso más o menos prolongado de 
la selección natural. En el correr de los años todas las formas no aptas 
al ambiente productivo del país, desaparecieron bajo la fuerza eli¬ 
minadora de la misma naturaleza, quedando finalmente sólo lo real¬ 
mente resistente. Numéricamente el resultado de nuestras compara¬ 
ciones se refleja en el hecho de ser superadas, las variedades traí¬ 
das del extranjero, en aproximadamente un 30 % por las del país. 
Este resultado se registró con singular nitidez en los llamados trigos 
blandos, o sea los de panificación, que pertenecen a la especie de 
Triticum vulgare Vill. Pero también respecto al trigo duro (Triticum 
durum Desf.), especie botánica preferida para la fabricación de fideos, 
luego las avenas y finalmente el lino registramos un comportamiento 
análogo. Sólo la cebada mostró, también en nuestro caso, su conocido 
comportamiento de cereal cosmopolita, adaptándose fácilmente las 
variedades extranjeras. 

Los trigos de pedigree, una vez purificados los resultados inicia¬ 
les a través de la repetición de ensayos comparativos conducidos 
durante varios años, revelaron una considerable superioridad produc¬ 
tiva sobre los anteriores trigos comunes. Estos fueron aventajados 



OBRA FITOGENÉTICA DE “LA ESTANZUELA” 


39 


en un 30 a 40 %, en el promedio de muchos ensayos comparativos y, 
desde luego, bajo las condiciones climáticas de los sucesivos años, 
siempre variantes. 

Los nuevos híbridos a su vez, actualmente en formación, en los 
primeros ensayos comparativos revelan una superioridad de otros 30 % 
sobre los primeros trigos de pedigree. Tales cifras globales no dejarán 
de convencer al lego menos versado en las referidas cuestiones teóri¬ 
cas, acerca de la importancia de las realizaciones de Genética Vegetal 
y su eficacia en la práctica productiva. 

He querido sintetizar en esta forma concisa las tres etapas prin¬ 
cipales de la obra, en vista de que en la vecina República Argentina, 
recibieron, a fines de 1922, la visita del Profesor N. Strampelli. 
Este eminente especialista italiano propuso al Gobierno un plan de 
acción basado sobre sus experiencias recogidas en Rieti (Italia). No 
dejará de ser grato para mi distinguido auditorio, el hacerle saber, que 
el aludido plan de acción concuerda, a grandes rasgos, con lo que en 
nuestro país ya fué realizado. Resulta pues, que llevamos a la Repú¬ 
blica Argentina una ventaja considerable respecto a la ejecución de 
una obra como esta, iniciada allí por el especialista W. Backhouse, 
pero interrumpida hace algunos años, motivo precisamente para 
recurrir al referido asesoramiento por N. Strampelli. 

La significación económica de estas realizaciones se verifica por 
cálculos y deducciones respecto a su repercusión sobre la producción 
general. Cabe destacar, que en la práctica productiva, el rendimiento 
de nuestros primeros trigos de pedigree superó en mucho a las cifras 
señaladas líneas arriba. Esto se explica, al tener presente que los agri¬ 
cultores acostumbraban reservar para el surco lo que el mercado 
rechazaba, según sobre este punto se expresó el entonces Ministro de 
Industrias, Dr. Eduardo Ace ved o, en un Mensaje elevado a la 
Asamblea General en 1912. Es comprensible pues, que a raíz de una 
encuesta sobre el resultado de los primeros trigos de pedigree nos 
hayan llegado datos, según los cuales las cosechas por unidad de 
superficie fueron duplicadas y triplicadas. Sin embargo, en nuestras 
deducciones económicas tomamos como punto de partida, la cifra de 
un aumento de 30 %, obtenida a través de la comparación rigurosa 
entre los trigos de pedigree y los comunes anteriores, en nuestros 
ensayos, disponiendo, de esta manera, de datos inapelables. 

El Ing. Agr. Fischer ya estableció el significado de este hecho 
en su aspecto básico. Agregaré pues, sólo algunos datos comple¬ 
mentarios. En el transcurso de los primeros decenios de este siglo 
la producción promediada de trigo del país fué de 632 kgs. por hec¬ 
tárea. Hay que admitir en principio, que sobre esta cifra el agricul¬ 
tor haya obtenido también alguna ganancia neta. De no ser así, el 
cultivo triguero ya habría desaparecido. Aun en los casos, en que los 



CONFERENCIA II 


40 


rendimientos reales fueran más bajos todavía que la referida cifra 
promediada, una pequeña parte de la cosecha habrá constituido «ga¬ 
nancia neta». 

Representa ella el remanente, disponible para el agricultor, des¬ 
pués de atender con el producido de su cosecha los desembolsos habi¬ 
dos: renta del campo, gastos para la mantención de animales y ali¬ 
mentación de la familia, cuotas de amortización de la maquinaria, 
costos de cosecha y trilla, adquisición de semillas, inclusive la recom¬ 
pensa del trabajo del labrador. 

Al efecto de nuestro caso supongamos, que una vez atendidas 
todas estas erogaciones, le reste al agricultor individual como ganan¬ 
cia neta de la cifra promediada de 632 kgs. por hectárea, el equiva¬ 
lente de un quintal de trigo. ¿Cómo influye la siembra de la semilla 
de pedigree respecto a este sobrante o sea la ganancia neta? En vez 
de obtener los 632 kgs. de granos por hectárea, cosechará 821. En 
virtud de haber sido los demás gastos prácticamente iguales en ambos 
casos, este aumento constituye íntegramente «ganancia neta». Es 
decir, las entradas en efectivo del respectivo agricultor se ven dupli¬ 
cadas. Es éste el significado económico del empleo de la semilla de 
pedigree en casos poco favorables. 

Sembrando la semilla de pedigree en tierras más fértiles, pre¬ 
paradas y cultivadas en forma esmerada, el rendimiento de granos 
por hectárea llegará a 1.000, 1.500 kilogramos y más, según el caso. 
Económicamente este aumento significa pues, no sólo duplicar, sino 
triplicar y, en casos extremos, que hemos establecido en base a 
cálculos sobre hechos reales registrados en el país, septuplicar la 
ganancia neta. 

Este «milagro económico», como podríamos denominar un au¬ 
mento tan pronunciado de las entradas del labrador prolijo con el 
solo empleo de la semilla de pedigree, en las condiciones ambientales 
del país, resulta perfectamente explicable. En efecto, la siembra de 
simiente de pedigree constituye el único factor que origina el aludido 
aumento productivo, sin necesidad de otros desembolsos, salvo la 
pequeña diferencia que pudiera haber respecto a la adquisición de 
semilla de pedigree en comparación con la vulgar, desembolso 
que no gravita mayormente sobre el costo de producción. En las 
condiciones de la explotación extensiva que aquí predominan, se trata 
de una «quantité negligeable»; todo lo contrario de lo que se registra 
al respecto en las naciones con una agricultura intensiva, donde la 
elevación de los rendimientos requiere desembolsos de consideración. 

En los países europeos, figura el factor «abono», como recurso 
primordial para elevar el rendimiento unitario. Este aumento de 
cosecha está en función pues, con inversiones abultadas de dinero 
y de trabajo como índice del método de explotación intensiva. A tra¬ 
vés de estudios metódicos sobre el particular, se comprobó, que el 



OBRA FITOGENÉTICA DE “l.A ESTANZUELA” 


41 


factor «semilla» se encuentra en segundo término. Sigue luego lo 
atinente al engranaje funcional de las explotaciones rurales y final¬ 
mente las medidas costosas de mejoras y defensas del suelo 
(bonificas). Contrariamente a lo consignado respecto a tales casos de 
la agricultura intensiva de Europa, el aumento bruto de las cosechas 
en estos países nuevos, se opera en primer término a raíz del empleo 
de la semilla de pedigree. Sus condiciones biológicas intrínsecas ori¬ 
ginan una «máquina-planta» más perfecta, capaz de trabajar con ma¬ 
yor eficiencia, al transformar la energía solar en el producto agrícola 
anhelado. 

El aludido significado económico del empleo de la simiente de 
pedigree que señalé el domingo próximo pasado en una charla impro¬ 
visada ante nuestro «stand» de la Exposición del Prado, no dejó de 
impresionar profundamente a mi auditorio. Proyectando las referi¬ 
das indicaciones hacia el panorama de la economía nacional en con¬ 
junto, llegamos a una comprobación más halagadora aún. Sobre la 
cifra global de 10 millones de pesos, como valor de la cosecha tri¬ 
guera del país, la generalización del uso de la semilla de pedigree 
aportaría valores millonarios. 

Este aumento no se limita al trigo solamente, sino se extiende, 
aunque en forma menos pronunciada, también a las otras plantas del 
gran cultivo. La obra a cargo de «La Estanzuela» ofrece, por lo tanto, 
perspectivas halagadoras para la economía nacional. Con todo fun¬ 
damento, pues, me expreso con optimismo respecto al futuro de este 
renglón productivo, aun descontando reveses que, por una u otra 
causa, en las empresas humanas no suelen faltar. 

Nuestra obra de selección encuentra su complemento a través de 
la experimentación metódica destinada a dilucidar problemas fun¬ 
damentales de la agricultura nacional. Desde este punto de vista con¬ 
signo, a título de ejemplo, el significado de la experimentación sobre 
el problema de las épocas de siembra, para la práctica productiva. 
Los resultados registrados al respecto en «La Estanzuela», me ofre¬ 
cieron elementos de juicio inapelables para tomar la palabra, durante 
el período crítico del invierno pasado con sus lluvias incesantes, 
aconsejando a nuestros infatigables labradores las siembras tardías. 

Este «consejo» ha tenido el efecto de inyectar ánimo a la cam¬ 
paña productora. Conozco casos, en que las siembras fueron efectua¬ 
das recién en setiembre, lográndose asimismo cosechas «satisfactorias» 
dentro de las circunstancias del año. Si no les hubiéramos podido 
ofrecer a nuestros labradores cifras alentadoras sobre el punto, se 
habrían quedado con su semilla sin sembrar. La experimentación 
metódica me colocó en las condiciones requeridas para tomar la pala¬ 
bra, alentando a los diversos núcleos de productores en aquel mo¬ 
mento crítico, cuando el desaliento cundiera por la campaña. 

En cuanto a la cebada cervecera, otro renglón atendido por núes- 



42 


CONFERENCIA II 


tro Instituto, no dejo de manifestar, que las empresas cerveceras del 
país, animadas por los resultados de nuestros estudios experimenta¬ 
les, están decididas a iniciar la siembra en gran escala, para luego 
dar comienzo, sobre la base de cebada cosechada en el país, a la fabri¬ 
cación de malta. A raíz de nuestros ensayos comparativos, ejecu¬ 
tados durante varios años con resultados alentadores, me fuá posible 
demostrar la posibilidad en principio del cultivo de la cebada cerve¬ 
cera en el país, animando de esta manera a los dirigentes de la refe¬ 
rida industria a que, sacando las consecuencias de tales datos de 
orientación, organicen la siembra de este cereal sobre una base am¬ 
plia, al punto de disponerse de cantidades suficientes para la implan¬ 
tación de la industria de la malta. 

Palabras similares corresponde pronunciar respecto a la utiliza¬ 
ción eventual de la paja de lino, actualmente quemada como «estorbo», 
una vez recogida la semilla. En Europa se ha progresado considera¬ 
blemente en la utilización de linos de fibra de calidad inferior, inclu¬ 
sive los desechos de las de alta calidad. El proceso industrial de su 
«cotonización», permite obtener una fibra de calidad mediocre si, 
pero perfectamente utilizable para determinadas finalidades de la 
industria textil. Sin perderme en detalles, consigno el dato, agre¬ 
gando que continuamos dedicando creciente atención al problema. 

Considero oportuno referirme brevemente también a cuestiones 
del mejoramiento de la producción forrajera, problema de importan¬ 
cia singular para un país ganadero por excelencia, como califiqué a 
la República en oportunidades anteriores. Esta orientación unilateral 
de las actividades rurales a través de la explotación pastoril de las 
tierras naturalmente empastadas, debe encontrar su complemento 
por el estudio metódico del problema forrajero en general. La intro¬ 
ducción de nuevas especies aptas para la agricultura forrajera y el 
mejoramiento de las más apropiadas, por métodos fitotécnicos, consti¬ 
tuyen tareas impostergables. El avenal de pastoreo, actualmente la 
pradera artificial destinada a resolver el problema de la escasez de 
forraje verde durante la estación fría, no constituye, de manera alguna, 
la última palabra en este punto. 

En la disertación que en 1916 pronuncié en esta misma casa de 
los rurales, desarrollé un tema sobre plantas forrajeras. Su importan¬ 
cia acrecienta, por acercarse el momento que obliga imperiosamente 
a perfeccionar los sistemas de explotación primitivos, basados sobre 
el simple pastoreo de las pasturas naturales. Se impone la explota¬ 
ción mixta, siempre que las tierras se presten para esta finalidad. 
La misma evolución de los métodos de la explotación rural que lógi¬ 
camente tiene que producirse en consonancia con el progreso general 
del país, enseñará detalles al respecto. 

Esta estrecha colaboración y hasta penetración benéfica de am¬ 
bas ramas principales de las industrias rurales, comparables a una 



OBRA FITOGENÉTICA DE “LA ESTANZUELA” 


43 


«simbiosis» en Biología, sustituirá paulatinamente lo que hasta ayer 
conocimos en estos países rioplatenses como «rivalidad» mutua de 
ellas, con preferencia de la una o de la otra, según las circunstancias. 
En cuanto a la colaboración técnica de «La Estanzuela» en este 
problema del futuro, le incumbe la tarea de estudiar cuestiones de la 
agricultura forrajera sobre una base más amplia. Lamentablemente 
debo consignar, que la obra cumplida hasta la fecha consistió en una 
mera etapa preliminar, ya que ante la necesidad de dar preferencia a 
otras tareas fitogenéticas inmediatas, hubo que aplazar este problema 
hasta mejor oportunidad. 

Hacia tres puntos de vista habría que orientar pues, el futuro 
plan de acción de «La Estanzuela». En primer término debemos seguir 
ocupándonos de los cereales, base de la agricultura propiamente 
dicha, intensificando las investigaciones concernientes, a medida que 
se presentan nuevos problemas de detalle. Luego habría que estu¬ 
diar con atención y método el problema forrajero, por el cual mi 
ilustre auditorio tendrá preferente interés. Finalmente se hacen im¬ 
prescindibles también realizaciones experimentales y trabajos de gené¬ 
tica aplicada en las plantas industriales, inclusive estudios acerca de 
la posibilidad de utilizar materia prima de origen vegetal, para la 
industrialización, procedimiento éste que en otras partes del mundo 
está adquiriendo creciente importancia. 

Un desenvolvimiento metódico de los servicios técnicos a cargo 
de «La Estanzuela» reclamaría pues la instalación, en fecha cercana, 
de por lo menos tres secciones: Cereales, Plantas Forrajeras y Plan¬ 
tas Industriales. En ese sentido fué orientado un proyecto de amplia¬ 
ción que se debe a la iniciativa del entonces Ministro de Industrias 
Dr. Luis C. Caviglia. Con todo, se trataría sólo del primer paso 
hacia planificaciones ulteriores más amplias. La sanción del aludido 
proyecto de ley y las realizaciones que así quedarían encaminadas, 
significarían, en todo caso, un aporte a la lucha contra la actual 
depresión económica de la post-guerra, crisis que con creciente inten¬ 
sidad se hace sentir también en el país. 




CONFERENCIA III 

LOS TRABAJOS FITOTECNICOS REALIZADOS 
EN EL URUGUAY Y SU INFLUENCIA EN EL 
DESENVOLVIMIENTO ECONOMICO DEL RIO 

DE LA PLATA 


(Con proyecciones luminosas) 




(Sociedad Rural Argentina. 
Buenos Aires, 1924.) 


Al agradecer la amable presentación hecha por el señor Presi¬ 
dente de la Sociedad Rural Argentina, Ing. Agr. don Pedro 
T. Pagés, ( x ) debo, a mi vez, agregar palabras de gratitud para 
la Comisión Directiva de esta prestigiosa corporación, por haberme 
brindado la oportunidad de dirigir la palabra a tan distinguido cual 
numeroso auditorio. 

El interés despertado por el anuncio de nuestro tema, es muy 
fácil de explicar. En primer término, la obra que hemos realizado en 
el Uruguay, referente a la selección biológica de semillas, para tra¬ 
tar de elevar la producción cerealera, por la Genética Aplicada, es la 
que están efectuando todos los países que marchan a la cabeza 
de la civilización. Después de haber ensayado otros métodos, como el 
del abonado, el perfeccionamiento del tecnicismo de los cultivos, etc., 
se llegó a la conclusión, que la Genética, aplicada a la producción 
cerealera, constituye la última palabra de la ciencia en esta materia. 
Es esta indudablemente una de las razones de vuestro interés por la 
conferencia de hoy. 

En segundo término, nuestra obra uruguaya resulta doblemente 
atractiva, por tratarse de una empresa genuinamente sudamericana. 
Todo este trabajo lo hemos realizado en tierra rioplatense. Si bien el 
Instituto a mi cargo tiene su sede en el Uruguay, los resultados 
alcanzan, en mayor o menor grado, también a vuestra gran patria 
sobre este lado del Río de la Plata. 

Asimismo no dejo de expresar mis deseos, por cierto bien justi¬ 
ficados, de que todos los orientales aquí presentes experimenten la 
sensación de un bien fundado orgullo nacional, al ser presentada, 
ante un distinguido auditorio argentino, una obra uruguaya de tan 
vastas proyecciones económicas en el Río de la Plata. Quisiera sub¬ 
rayar la circunstancia de que estos estudios fueron efectuados en un 
país relativamente pequeño, donde no faltaron, sin embargo, perso¬ 
nas decididas cuya perspicacia se vinculó, en forma consecuente, a la 
iniciativa bien modesta en sus principios. Sólo así logramos vencer 
los obstáculos que en el transcurso de los años se levantaron ante el 
triunfo definitivo de la obra. Son explicables las dificultades técnicas 

(') Tanto en este caso como en los otros, en que personas autorizadas hicieron, 
con palabras por demás benévolas, mi presentación ante los respectivos auditorios, 
prescindo, por razones obvias, de su reproducción. 



CONFERENCIA 


48 


I I I 


surgidas en un ambiente nuevo, máxime por haber sido el Uruguay 
hasta la fecha, un país casi exclusivamente ganadero. 

Las complicaciones y dificultades adicionales debidas a la crisis 
de la post-guerra, explican inmediatamente la escasez de recursos para 
una mayor extensión de los trabajos. Siendo el Uruguay un país rela¬ 
tivamente pequeño, su capacidad económica no admite parangón con 
la de muchas otras naciones, verbigracia los Estados Unidos de 
Norteamérica, donde los medios para investigaciones de esta índole 
suelen ser concedidos con gran liberalidad. Es, por lo tanto, mayor 
aún el mérito del Uruguay y de sus gobernantes, que en el transcurso 
de los años han tenido intervención en la organización paulatina del 
Instituto Fitotécnico y Semillero Nacional «La Estanzuela». Lleguen 
pues, hasta ellos, estas palabras de satisfacción y felicitación por la 
obra genuinamente uruguaya y por ende sudamericana, que supieron 
implantar con espíritu progresista en un ambiente, hasta ayer gana¬ 
dero por excelencia, cimentando un porvenir agrícola ya seguro y 
cada vez más promisorio. 

En tercer término, la importancia de esta conferencia estriba 
en el significado económico de la obra. A raíz de la selección bioló¬ 
gica de plantas agrícolas, las cosechas aumentaron considerablemente, 
al punto de hablarse al respecto, de un «milagro» económico. No es 
para menos, en virtud de ser nítidamente palpable el efecto posi¬ 
tivo de las semillas de pedigree sobre los ingresos del agricultor y 
por ende la prosperidad general. Es admisible extender esta referen¬ 
cia a vuestra tierra, por reflejarse el hecho apuntado en las cifras 
de las cosechas, recibiendo su consagración en las manifestaciones 
del Sr. Presidente de la Sociedad Rural, al referirse a su visita al 
establecimiento del Ing. Agr. Enrique Klein. 

Es objeto de esta disertación, el dar a conocer, de manera con¬ 
cisa, la labor cumplida y los métodos de conducirla. A tal objeto, me 
propongo dividir el tema en tres partes principales. Primeramente 
ofreceré algunas referencias a la Genética. Luego expondré la parte 
descriptiva de la obra práctica y finalmente me abocaré a la infor¬ 
mación respecto a su influencia económica en ambos países rio- 
platenses. 

Lógicamente, mi exposición ha de ser resumida. Si quisiera diser¬ 
tar extensamente tan sólo sobre Genética Aplicada, tendría que dictar 
cursos, o por lo menos «cursillos». He de limitarme, pues, a exponer, 
en apretada síntesis, los puntos que acabo de señalar. 


I. INTRODUCCION 

Al abordar el tópico de la Genética, menciono en primer término 
el nombre de un sabio, cuyo ideario predominara en el saber bioló¬ 
gico del siglo pasado: D a r w i n, vinculado al Río de la Plata por 



FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMIA RIOPLATENSE 49 

sus viajes de naturalista durante los años 1831/36. Cuando murió, en 
1882, el saber acerca de la «herencia» propiamente dicha, es decir, 
el punto medular del problema, era poco, para no decir nulo en 
absoluto. Si bien Gregorio Mendel había publicado, en 1864, sus 
«Experimentos sobre híbridos en plantas» estableciendo en este mo¬ 
desto trabajo las leyes de la herencia y cimentando de esta manera 
la ciencia moderna de la Genética, faltó el redescubrimiento de ellas, 
que pertenece al año 1900. Corresponde a Corren s, de Vries y 
von Tschermak el mérito de haber sido, cada cual independien¬ 
temente, redescubridores de las leyes de la herencia. Al empezar su 
divulgación, apareció, en 1906, la primera edición de los «Elementos de 
la herencia exacta» de W. Johannsen, obra de gran importancia 
para esclarecer conceptos básicos de la herencia. Debemos a 
Johannsen la definición de la «línea pura», la explicación de 
las diferencias entre la herencia interna del genotipo (constitución 
hereditaria) y el fenotipo (manifestación externa de los caracteres 
heredados). Esclareció también cuestiones importantes respecto a la 
cigota (óvulo fecundado) enseñando a distinguir entre homocigotas y 
heterocigotas, etc. 

En nuestro caso es de interés inmediato la aplicación de la Gené¬ 
tica a los vegetales, entre ellos preferentemente las plantas del gran 
cultivo de la agricultura rioplatense. Tanto la Fitotecnia (técnica de 
las plantas), como la Zootecnia (técnica de los animales), recurren a 
la Genética Teórica, ciencia nueva que a raíz de los precitados des¬ 
cubrimientos de Mendel y la publicación de Johannsen se viene 
desarrollando a paso de gigante. En un trabajo sobre el problema 
agrícola de la R. O. del Uruguay, publicado en 1922, en colaboración 
con el Ing. Agr. G. J. F i s c h e r, nos expresamos al respecto en estos 
términos: «Fueron los últimos 20 años los que vieron surgir al 
Mendelismo y tomar un vuelo comparable al de la Bacteriología, y 
cuando Johannsen, empleando los métodos rigurosos de la labo¬ 
riosa escuela biométrica, sienta su teoría de las líneas puras, se pre¬ 
cisan aún más los rumbos y se esclarecen los caminos que llevan 
al éxito en la aplicación de los principios científicos»... «Y es sen¬ 
sible, que mientras la cría de plantas marchaba de triunfo en triunfo, 
alcanzando éxitos excepcionales en el norte del viejo Continente, 
sobre todo en los reinos escandinavos, en muchos países de habla 
latina, así en la península ibérica y en las repúblicas sudamericanas, 
no encontraron eco inmediato aquellas iniciativas». 

En cuanto al origen de las especies y por ende también la for¬ 
mación de nuevas variedades, los referidos trabajos de Mendel ori¬ 
ginaron un cambio de frente respecto a lo expresado sobre el par¬ 
ticular por Darwin. El botánico holandés Lotsy, expresó ya 
en 1913, o sea pocos años después de la aparición de la precitada obra 
de Johannsen, el postulado de tener que abandonarse la teoría 



50 


CONFERENCIA III 


de la evolución darwiniana para retornar a las ideas de Linneo 
sobre la «constancia de las especies». 

Según Darwin, la evolución del reino orgánico sería algo así 
como la aglomeración sucesiva de pequeños elementos biológicos en 
un solo continuado proceso de evolución hacia un plano superior. 
La abundancia de formas, originando la lucha por la vida con la 
consiguiente eliminación de los más débiles, y la acumulación pau¬ 
latina de variaciones que pudieran favorecer al más fuerte, consti¬ 
tuyen argumentos plausibles del raciocinio aludido. Actualmente, sin 
embargo, el referido proceso es imaginado como algo análogo a lo 
que se conoce en Química respecto a la combinación y recombina¬ 
ción de los elementos. La relativamente reducida cantidad de éstos 
permite lograr esta enorme abundancia de substancias y productos de 
la Química inorgánica, y la más copiosa aún de la orgánica. En forma 
semejante, los elementos biológicos, llamados «genes», por el proceso 
de su combinación y recombinación darían origen a una inconmen¬ 
surable multitud de especies y subespecies de la fauna y flora. La 
fecundación del óvulo femenino por el polen vegetal o el esperma 
animal, originan la variación de la substancia hereditaria del geno¬ 
tipo. Esta, en cuanto a su exteriorización fenotípica, seguiría las 
leyes mendelianas. Si bien el estudio metódico de estas leyes, actual¬ 
mente en la orden del día en los grandes centros científicos del 
mundo, hacen vislumbrar novedades, el aspecto cardinal del problema 
abordado que aquí interesa, no resulta afectado. 

He querido referirme brevemente a estas cuestiones teóricas, 
surgidas a raíz del descubrimiento de Mendel y de las investiga¬ 
ciones de Johannsen, para señalar las bases científicas de nues¬ 
tra obra fitotécnica, cumplida en «La Estanzuela». Los resultados 
positivos, registrados hasta la fecha a raíz de largos años de trabajos 
experimentales, están respaldados, pues, por la nueva ciencia. Las 
proyecciones luminosas, destinadas a explicar las realizaciones y las 
deducciones económicas de la parte final, ganan, por lo mismo, en 
interés para profanos y profesionales. 

Antes de entrar en la parte descriptiva de la obra, documentada 
por un buen número de proyecciones luminosas, indico la subdivi¬ 
sión de la ruta cumplida en 3 etapas: 

a) Los estudios de adaptación. 

b) La formación de los pedigrees a base de líneas genéticas puras. 

c) Los cruzamientos artificiales o hibridaciones. 

Los estudios de adaptación se ejecutaron para obtener luz en la 
pregunta fundamental y bien concreta: «¿Cuáles deben ser las va¬ 
riedades de plantas agrícolas a emplearse como base de toda la obra 



Fig. 1. 



Fig. 5. 




FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 


51 


de selección ulterior?» Las observaciones experimentales se exten¬ 
dieron a variedades de cereales y otras plantas agrícolas, proceden¬ 
tes de todos los continentes, con preferencia de países que por sus 
condiciones climáticas y agrológicas se asemejan al Río de la Plata. 
Estos estudios, continuados durante años, no hicieron sino confirmar 
el resultado definido ya en el período inicial de los trabajos. En la 
obra de selección debemos valernos, en primer término, del material 
ya adaptado a las condiciones ambientales del Río de la Plata. Haré 
ver en forma sintética, recurriendo a diagramas convenientemente 
dibujados, el resultado final de los estudios de adaptación obtenidos 
con numerosas variedades de trigo blando e igualmente de trigo duro. 

La segunda etapa de marcha se caracteriza por la formación de 
los pedigrees. El pedigree no es otra cosa que la separación de líneas 
genéticas puras de acuerdo con lo que al respecto enseñara Johann- 
s e n. En el correr de los años — no faltando tampoco reveses — se 
llegó a establecer con toda claridad, cuál de las plantas madres con 
su correspondiente descendencia, agrupadas en un cuadro genealógico, 
era la mejor. De esta manera fueron formados nuestros trigos de 
pedigree «Pelón 33c» y «Americano 44d», idénticos a los argentinos 
«Favorito» y «Universal», difundidos por el Ing. Agr. Enrique 
Klein, meritorio ex-colaborador en la obra de «La Estanzuela», 
durante el período inicial. La formación paulatina de estos trigos, 
será exhibida en la pantalla, siendo factible de esta manera apreciar 
el proceso desde el principio hasta el fin. 

Además de trigos de pedigree fueron creados en «La Estan¬ 
zuela», linos, maíces, cebadas (cervecera y forrajera) y avenas, encon¬ 
trando igualmente rápida difusión. Al final de las vistas luminosas 
concernientes a la segunda etapa de nuestra obra ha de figurar un 
cuadro que documenta un aumento productivo de 30 % de los tri¬ 
gos de pedigree sobre los anteriormente comunes. 

Formadas así nuevas variedades cerealeras y de otras plantas 
agrícolas, se procedió en forma conveniente a la hibridación arti¬ 
ficial, a fin de «combinar» sistemáticamente elementos hereditarios, 
conocidos por largos años de observación continua. Fueron cruzados 
dos trigos de pedigree bien definidos, cuya descendencia recién 
ahora, después de nueve años de un consecutivo análisis biológico, 
encontró difusión en la agricultura uruguaya bajo la denominación 
«Artigas». El Ing. Agr. Klein, continuando, luego de su traslado 
a la Argentina los trabajos iniciados en «La Estanzuela», con este 
trigo híbrido, llegó a resultados semejantes a los que obtuvimos en 
el Uruguay. De manera que, desde ya queda incorporada también a 
la agricultura argentina una derivación del cruzamiento referido, 
bajo el nombre «Record». Sobre esta fase del trabajo, he de exhibir 
un copioso material ilustrativo. Al final presentaré una gráfica anᬠ
loga a la ya aludida respecto a los trigos de pedigree. Los primeros 



CONFERENCIA III 


52 


trigos híbridos superan a los «de pedigree» en la misma proporción 
con que éstos se impusieron a los trigos «comunes». 

Dada a conocer a grandes rasgos la subdivisión de la parte des¬ 
criptiva de la obra, ruego a los señores tengan la bondad de prestar 
atención a la pantalla, donde aparecerán las reproducciones anun¬ 
ciadas, a las que acompañaré con breves explicaciones relativas a 
cada una de ellas. (Véanse fotograbados y gráficos.) 

II. PARTE DESCRIPTIVA 

(Véase fig. 1 en la lámina de colores que precede.) Nos encontra¬ 
mos aquí ante una reproducción gráfica de la siembra individual de 
semillas de trigo. Sembramos semilla por semilla, grano por grano, 



Fig. 2. 

en los canteritos preparados convenientemente. Es un trabajo escru¬ 
puloso. Son sembradas, en forma idéntica, tanto las parcelitas desti¬ 
nadas a efectuar estudios de adaptación, como también las que llevan 
la finalidad de separar líneas genéticas (pedigrees) y lo mismo las 
que han de proporcionar el substrato para el análisis biológico de una 
hibridación. En la fotografía, tomada en 1914, aparezco personal¬ 
mente dirigiendo la ejecución práctica de estos trabajos delicados, 
desconocidos absolutamente en aquel entonces por los trabajadores 
del ambiente rural uruguayo. 








FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 53 


(Véase fig. 2.) La misma operación en 1919. Se observa nítida¬ 
mente la mayor extensión de la superficie plantada con semillas 
sembradas individualmente («planteles fitotécnicos»), El número de 
obreros familiarizados con la ejecución de esta clase de tareas ascen¬ 
dió. Los trabajos son ejecutados bajo la dirección inmediata del 
Ing. Agr. Gustavo J. F i s c h e r. 


(Véase fig. 3.) La ejecución práctica de la siembra en 1922. Debido 
a las dificultades adicionales originadas por lluvias incesantes, hubo 
que activar los trabajos. Estuvimos simultáneamente arando, pre¬ 
parando y luego marcando, colocando inmediatamente en tierra 
fresca las semillas. Será un año memorable para la historia retros¬ 
pectiva de nuestra obra. 



Fig. 3. 

(Véase fig. 4.) Tenemos a la vista los trabajos, destinados a la 
formación de planteles de maíz. Me permito recalcar la prolijidad y 
minuciosidad con que invariablemente deben ejecutarse tales acti¬ 
vidades. Sólo sobre esta base los datos numéricos de la cosecha 
merecen confianza. No tendría ningún mérito el hecho de que una 
planta individual se destacase por su rendimiento, si esto fuera obra 
de la casualidad. Para aclarar mejor el punto, voy a poner el siguiente 
ejemplo: Supongamos que tenemos diez caballos de carrera, de la 
misma sangre y condiciones físicas, etc., que a cinco los alimentamos 
bien y a los otros cinco no. Ningún mérito tendrá, si los cinco caballos 
bien alimentados se destacaran con relación a los otros. Todas las plan¬ 
tas destinadas a la selección individual deben disponer de igualdad 
de condiciones de vida: alimentación, sol, luz, aire. En fin, de todo 




54 


CONFERENCIA III 


el «sitio ambiente» de cultivo. Solamente en esta forma, se llegará a 
conocer su valor intrínseco. En otras palabras, su constitución here¬ 
ditaria se nos revelará bajo las condiciones de cultivo indicadas. 
Llegaremos a comprobar, si se trata de una planta capacitada por 
sí sola para transformar la energía solar con mayor resultado eco¬ 
nómico, en materia orgánica, almidón, azúcar, grasa vegetal, etc. 
Lo que estoy explicando en una plantación individual de maíz, 
tiene atinencia también con otros cultivos (trigo, lino, etc.). Debe¬ 
mos partir de plantaciones individuales, al efecto del estudio com¬ 
parativo de las descendencias. 



Fig. 4. 

(Véase fig. 5 en la lámina de colores que precede.) Encaja per¬ 
fectamente esta fotografía, para entender mejor lo que acabo de 
explicar. Vemos aquí el estado juvenil de una plantación individual 
de trigo. Si por cualquier causa, una sola de estas plantas llegara a 
faltar en la cosecha por la no germinación de la semilla, o por un 
accidente ulterior cualquiera, las plantas vecinas, por no haberse 
desarrollado en condiciones normales, quedarán eliminadas del exa¬ 
men individual que es la condición primordial para poder llegar a 
«selectas». Además de esto, la ilustración exhibida nos suministra 
una idea acabada del aspecto de una planta individual de trigo en el. 
comienzo del ciclo vegetativo. Según el caso, el seleccionista a veces, 
ha de valerse de diferencias morfológicas insignificantes para sus, 
observaciones y estudios fenotípicos. 


(Véase fig. 6.) Efectivamente, lo que acabo de exponer sobre el 
estudio del fenotipo durante el primer desarrollo de una plantación, 






FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMIA RIOPL ATENSE 


55 


será comprensible con mayor claridad en esta fotografía, en la cual 
aparece el Ing. Agr. Fischer efectuando las observaciones corres¬ 
pondientes a esta fase del ciclo vegetativo. 


(Véase fig. 7.) La obtención de datos exactos sobre la germina¬ 
ción resulta muy importante. Tratándose de tantas parcelitas como 
las que actualmente instalamos en «La Estanzuela», la ejecución de 



Fig. 6. 


estas determinaciones exige la labor de varias personas durante 
semanas enteras. 


(Véase fig. 8.) Poco antes de espigar los trigales, llega el mo¬ 
mento de defender las parcelitas plantadas con variedades cerea- 
leras expuestas a ser atacadas por los pájaros, colocando una jaula 
protectora. Ante todo si se trata de plantas muy valiosas para un 
análisis biológico ulterior, como a veces las hay entre las descen¬ 
dencias de una hibridación, tales medidas de precaución resultan 
convenientes y hasta necesarias. 


(Véase fig. 9.) Aquí puede observarse toda la jaula protectora 
armada y los planteles fitotécnicos en plena vegetación con los tri- 






CONFERENCIA III 


56 



Fig. 7. 



Fig. 8. 











FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 57 



Fig. 9. 



Fig. 10. 











58 


CONFERENCIA III 


gos recién espigados. Es la época de observaciones y estudios minu¬ 
ciosos de los caracteres morfológicos «fenotípicos». Todo lo que pu¬ 
diera interesar al seleccionista, como manifestación de las descen¬ 
dencias en estudio durante el ciclo vegetativo, queda anotado en las 
libretas de observación. 


(Véase fig. 10.) No tarda en llegar el momento de la siega. 
Recordando lo expresado anteriormente sobre la uniformidad del 
sitio ambiente que se exige para cada planta individual, antes de 
poder llegar a ser «selecta», esta fotografía resulta doblemente ins- 



Fig. n. 


tructiva. Al arrancar con la raíz las plantas apropiadas para ir a 
la mesa clasificadora, se apartan en el acto las que no se encuentran 
en tales condiciones. 


(Véase fig. 11.) Las plantas «aptas» en cuanto a las condiciones 
del «sitio ambiente» habidas durante su vegetación, pasan a la mesa 
clasificadora, donde se las separa en «selectas» y «no selectas». Inte¬ 
resan, desde luego, las del primer grupo. Son guardadas con todo 
cuidado en ataditos envueltos en papel, a fin de quedar sometidas, 
en el momento oportuno, al estudio completo de cada una de las plan¬ 
tas individuales en el laboratorio. 
















FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 


59 


(Véase fig. 12.) Las «no selectas», conjuntamente con las demás 
plantas eliminadas en la mesa clasificadora, forman ataditos para 
cada una de las descendencias o variedades estudiadas. Estas se guar¬ 
dan bajo lonas hasta que llegue el momento de pesarlas y trillarlas. 


(Véase fig. 13.) La pesada de las gavillas procedentes de los plan¬ 
teles fitotécnicos, aunque sea al aire libre, se efectúa con toda pre¬ 
caución, ya que los valores numéricos del rendimiento, deciden por 
lo general la suerte posterior de una descendencia. 


(Véase fig. 14.) A continuación se presenta lo referente a la trilla 
de las gavillas en cuestión, con una pequeña trilladora especial. En 



Fig. 12. 


cuanto a «La Estanzuela», nos fué posible trabajar sobre una base 
tan amplia como la requerida para ver claro respecto a las descen¬ 
dencias. Puedo asegurar, que una organización adecuada de la trilla, 
permitió abarcar y elaborar un material de estudio realmente copioso. 
Los datos básicos acerca del valor de las líneas genéticas y otros 
detalles, reunidos así, ofrecen una buena orientación para el estudio 
de plantas «selectas». Los especialistas en materia experimental que 
me escuchan, sabrán apreciar este detalle con las consiguientes ven¬ 
tajas de poder simplificar y por ende extender la experimentación 
en su totalidad. 


(Véase fig. 15.) Al aparecer en la pantalla esta vista fotográfica, 
juzgo oportuno recordar lo expresado en las palabras de introduc- 








60 


C O N F E R K N C I A III 



Fig. 13. 


ción. sobre la subdivisión y agrupación del material demostrativo 
en 3 series, relacionadas con los estudios de adaptación, la formación 
de los pedigrees y las hibridaciones respectivamente. Todo lo que 
vimos hasta ahora, puede considerarse como documentación común 



Fig. 14. 










FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 61 


para los 3 grupos mencionados, vistas todas ellas destinadas a sumi¬ 
nistrarnos una idea general acerca de los trabajos prácticos de la 
selección biológica. 

Nos encontramos pues, ante la primera fotografía de especiali- 
zación, llamada a informar sobre el problema de adaptación de 
plantas agrícolas. Observamos parcelitas de avena arruinadas total¬ 
mente por el hongo Puccinia coronifera, cuya obra destructora regis¬ 
tramos en forma intensa, en nuestros cultivos de avena sin adaptar. 



Fig. 15. 


El problema de la adaptación de plantas agrícolas es un asunto que 
prosigo estudiando metódicamente desde 1910. De esta manera me 
fuá dable reunir una documentación amplia sobre el particular, en 
parte ya publicada. Siendo difícil y prácticamente no viable, en una 
conferencia como la nuestra, insistir en detalles, me permito citar 
como dato final de muchos años de observaciones experimentales al 
respecto, lo siguiente. 

Por lo general, las variedades de plantas cultivadas, adaptadas a 
un ambiente dado, por la «selección natural», proporcionarán el ma¬ 
terial inicial para los trabajos ulteriores de selección biológica. En la 
historia agrícola rioplatense, se registran fracasos más o menos pro- 



















62 


CONFERENCIA III 


nunciados a raíz del empleo de semillas sin adaptar, llegando las pér¬ 
didas en algunos casos a tomar contornos de una catástrofe. Efecti¬ 
vamente, ante la vista luminosa exhibida no es difícil imaginarse la 
magnitud de las mermas que se le pueden originar al agricultor en 
situaciones extremas al sembrar semillas no aclimatadas. En años 
críticos, las pérdidas individuales pueden llegar a sumar millones 
de pesos para una zona agrícola de mayor extensión. Sin ir más lejos 



Fig. 16. 


y admitiendo ciertas exageraciones que no me juzgo competente 
analizar, consigno la publicación «Compra de Semilla Oficial, etc.», 
folleto escrito en 1916 por Pedro Quiroga. Indica el nombrado 
autor la cifra global de 30 millones de pesos, como índice de per¬ 
didas originadas por la siembra de semillas sin adaptar en el ano 
agrícola 1914/15. 





FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMIA RIOPLATENSE 


63 


(Véase fig. 16.) La pérdida casi completa de la cosecha que puede 
originarse debido a la falta de «adaptación» de la simiente, se refleja 
aun con mayor claridad en esta fotografía. Se trata de la cosecha 
obtenida con semilla de avena criolla adaptada y extranjera sin 
adaptar, naturalmente de parcelas iguales en tamaño, condiciones 
de cultivo, cuidados culturales y otros factores de vegetación. 


(Véase fig. 17.) Esta reproducción gráfica ofrece, indudablemente, 
interés especial, por tratarse del aspecto de algunos de los famosos 
trigos formados por el Profesor N. Strampelli, de Rieti, Italia. 
Observamos pequeñas parcelitas, plantadas con las siguientes varie¬ 
dades: «Carlotta Strampelli», «Cologna Todaro», «Cologna Veneta». 
Después de haberse desarrollado satisfactoriamente durante el primer 
año de su siembra, o sea en 1921, las mencionadas variedades fracasa- 



Fig. 17. 


ron, como aquí se ve, en el año subsiguiente, no llegando ni siquiera a 
espigar, mientras que las variedades adaptadas al ambiente platense, 
cultivadas directamente a su lado, dieron una cosecha normal. 


(Véase fig. 18.) No menos instructiva resulta la vista fotográfica 
que se exhibe ahora. Se trata del mismo fenómeno, o sea la dismi¬ 
nución de la producción, debido a la falta de adaptación, en cultivos 
de alfalfa. Ante este auditorio argentino, cabe destacar el hecho de 
que las variedades, o mejor dicho, las «procedencias» argentinas, 
superaron, en nuestros cultivos experimentales, a las «exóticas». 
Por ser adaptadas al ambiente rioplatense, las alfalfas argentinas 
se comportaron mejor que las traídas desde países europeos, afama- 





64 


CONFERENCIA III 


dos por su buena semilla: Francia, Italia y España. Por notarse en 
esta reproducción luminosa, únicamente la superioridad de una sola 
parcela de alfalfa en comparación con sus vecinas, agrego que se 
trata de una experimentación amplia, que fué preparada y ejecutada 
con toda la prolijidad del caso. 36 distintas «procedencias» de alfalfa 
argentina, reunidas en 1917, expresamente, en su sitio de producción 
por nuestro colaborador Ing. Agr. Horacio Montero Núñez, du¬ 
rante un cultivo experimental continuo compitieron con 12 varie¬ 
dades europeas. Los resultados finales evidenciaron en forma con¬ 
cluyente una notable superioridad de las alfalfas argentinas sobre 



Fig. 18. 

las europeas sin aclimatar. Los interesados en conocer cifras de ren¬ 
dimiento y otros detalles de este interesante experimento, encuentran 
acceso a ellos en un trabajo sobre este tópico, publicado en mayo de 
1921 en la Revista de la Asociación Rural del Uruguay. 


(Véase fig. 19.) No sólo cereales y forrajeras, como lo vimos en 
algunos de sus representantes típicos, requieren atención en cuanto 
al grado de adaptación de la simiente a sembrarse, sino también e 
lino, oleaginosa de singular importancia en la Argentina. En nues- 
tros estudios de adaptación se reveló claramente la inferioridad de 
semillas no aclimatadas. La documentación gráfica exhibida sena a 






FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 


65 


una parcelita plantada con lino traído de China, el cual, después de 
haberse sostenido en forma más o menos satisfactoria durante 2 años, 
mostró estos síntomas de degeneración en el año agrícola 1922/23. 


(Figuras 20 y 21.) El resultado final de largos años de estudios 
experimentales de adaptación se refleja en estos 2 diagramas exhi¬ 
bidos a título de ejemplo. No los califico de «definitivos», por con¬ 
tinuarse las observaciones sobre una base cada vez más amplia. Los 



Fig. 19. 


resultados fundamentales aquí presentados, fueron confirmados, sin 
embargo, a través de las aludidas realizaciones posteriores y amplia¬ 
dos en detalles. Algunos de éstos se ponen de manifiesto, al comparar 
los 2 diagramos entre sí. Fácilmente se comprueba, que los trigos 
blandos (Triticum sativum vulg. L. [vulgare Vill.]) de procedencia 
exótica, no se adaptan con tanta facilidad a las condiciones riopla- 
tenses como trigos duros (Triticum durum Desf.) del mismo origen. 
De cualquier modo, ya que por razones obvias no puedo extenderme 
en consideraciones de detalle, destaco una vez más el resultado bien 
claro y concluyente, con estas palabras: Las variedades adaptadas a 
cierto ambiente determinado, por intermedio de la «selección natu¬ 
ral» darwiniana, generalmente han de darnos el punto de partida 




66 


CONFERENCIA III 


para los trabajos ulteriores de la selección biológica, realizaciones 
que serán explicadas en el subsiguiente grupo de vistas luminosas. 


(Véase fig. 22.) Resuelto el problema de la adaptación, a través 
de la labor experimental señalada en fotografías y diagramas ante¬ 
riores, se presenta la tarea de formar los pedigrees, aislando y 


folgos-fíe&noy. y. 




49/17-41 <V 



estudiando «líneas genéticas». Al observarse detenidamente un trigal 
formado por «variedades», es dable comprobar la presencia de una 
mezcla abigarrada de tipos y formas que se diferencian por carac¬ 
teres morfológicos más o menos pronunciados. Aunque el seleccio- 
nista suele dedicar la debida atención al estudio de las diferencias 
concernientes, durante el ciclo vegetativo de los cultivos, estas obser¬ 
vaciones a campo encuentran su complemento por el examen de las 
selectas en el laboratorio fitotécnico. En base a todos los antece¬ 
dentes acumulados al respecto, cae finalmente la decisión definitiva 

































FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 


67 


sobre distintas líneas genéticas en formación. Nuestra vista fotogrᬠ
fica presenta una parte del personal dedicado a las tareas de labora¬ 
torio correspondientes, bajo la dirección técnica del Ing. Agr. Juan 
Gualberto Dellazoppa (sentado al fondo). 


(Véase fig. 23.) Las anotaciones «decisivas» sobre la suerte de 
una planta madre la cual, después de haber pasado felizmente todas 



las anteriores estaciones de prueba, llegó a ser analizada en el labo¬ 
ratorio, quedan sentadas en los llamados «libros de pedigree». Los 
datos exhibidos no requieren comentarios. Corresponden a algunas 
de las plantas individuales de la época inicial de la obra fitotécnica 
uruguaya. Han sido bien pocas las descendencias triunfantes entre 
un material de selección copioso al comienzo. Ha de interesar espe¬ 
cialmente la circunstancia, de que los datos numéricos insertados en 
las líneas horizontales encabezadas por «1912/13 Americano 44d y 
Pelón 33c» respectivamente, representan el punto de partida de los 








68 


CONFERENCIA III 


trigos «Universal» y «Favorito», que encontraron, bajo esta denomi¬ 
nación, una gran difusión en la Argentina. 


(Véase fig. 24.) Este cuadro representa el pedigree o sea la genea¬ 
logía completa del trigo «Americano 44d» (Universal), desde su origen 
en 1912/13. No requiere comentarios, por ser bien comprensible su 



Fig. 22. 


historia en base al texto insertado en la columna vertical denomi¬ 
nada «Anotaciones». 


(Véase fig. 25.) Al efecto de una interpretación más acertada del 
cuadro «Ensayos 1916/19» debo llamar la atención de mi ilustre audi¬ 
torio sobre el significado del concepto «Americanos premiados 1916». 
Se trata de algunos trigos del tipo «Americano» uruguayo. En la 
presentación morfológica de la planta, este tipo se asemeja al 
«Barletta» argentino. Estos trigos llegaron a conquistar cierta 
fama en la historia fitotécnica uruguaya. En su carácter de «stan- 






FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 


69 



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Fig. 23. 


























































































































N2 

Designación de los trigos 

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1 

Americanos premiados en 1916. 

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2 

Húngaro t argentino). 

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3 

Hurón t norteamericano). 

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4 

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136 

5 

Am. de pedigree 44d 

144 

6 

Pelón de pedigree 33 c 

1 49 


Fig. 25. 



























72 


CONFERENCIA III 


dard», o sea tipo de comparación, suministraron el dato básico para 
poder medir el progreso registrado en nuestra obra de selección. 
Sería exagerado afirmar, que se trata de un índice absolutamente 
«riguroso», ya que la oscilación de los rendimientos medios expresada 
a base de los cálculos de probabilidad, hace ver la presencia de fluc¬ 
tuaciones. Sin perderme en referencias a los cálculos estadísticos, de 
creciente importancia también para los trabajos de selección bioló¬ 
gica y la experimentación agrícola en general, puedo sostener que, a 
pesar de las «oscilaciones» señaladas, nuestros trigos de pedigree 
superaron por lo menos en 30 % a los anteriormente «mejores» trigos 
comunes del Uruguay. Este dato importante, señores, ruégoles retén¬ 
ganlo en la memoria. Ha de servirnos luego como punto de partida 
en la parte culminante de esta conferencia. Me refiero al significado 
económico, que los trabajos fitotécnicos efectuados en el Uruguay 
tuvieron, tanto para ese país como para toda la cuenca triguera rio- 
platense. Considero suficientes las vistas luminosas dedicadas a la 
formación de los pedigrees, para suministrar a mis oyentes una idea 
general acerca de los métodos de trabajo y dar a conocer el resultado 
positivo obtenido en esta etapa de marcha de la obra. 


(Véase fig. 26.) Con esta ilustración abordamos la tercera fase 
de la obra de selección: «cruzamientos artificiales o hibridación». La 
reproducción fotográfica presenta la ejecución práctica de las mani¬ 
pulaciones concernientes a la fecundación artificial de una planta de 
trigo, convenientemente preparada, con el polen de otra. Omito la 
descripción de detalles, ya que en principio son suficientes los cono¬ 
cimientos corrientes de fisiología botánica para que se entienda lo 
esencial del proceso, que no es otra cosa que la unión del elemento 
femenino de un tipo de trigo con el masculino de otro. La ejecución 
práctica de las manipulaciones aquí presentadas, es la tarea que 
menos preparación científica requiere. Con tal que se conozca lo 
necesario de la morfología y biología floral de las fanerógamas, en 
este caso del trigo, la ejecución de la fecundación artificial es más 
bien una cuestión de habilidad del operador. El estudio ulterior de 
las disgregaciones originadas por una hibridación, representa inva¬ 
riablemente lo decisivo. Es tarea delicada, que requiere amplios cono¬ 
cimientos teóricos. Se trata del llamado «análisis biológico», en cuya 
ejecución se invierte un lapso más o menos prolongado de observa¬ 
ciones y estudios hasta que, por fin, se haya logrado la fijación de 
uno a varios tipos nuevos, derivados de la primera generación filial 
del híbrido. 



FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 


73 


(Véase fig. 27.) El aspecto de una «primera generación filial» de 
trigo que acaba de ser mencionada, no presenta ninguna diferencia 
del correspondiente a una planta de trigo vulgar. Sin embargo, ella 
conserva, en su constitución hereditaria, los componentes de ambos 
linajes paternos que llegarán a desplegarse en forma de «disgrega¬ 
ciones» en las subsiguientes generaciones filiales. Tales plantas, trans- 



Fig. 26. 


misoras de cualidades paternas aun sin desplegar, son objeto de cui¬ 
dados especiales, como esta vista fotográfica lo documenta. 


(Véase fig. 28.) Aparecen en esta ilustración plantas de trigo per¬ 
tenecientes a la segunda generación filial de un cruzamiento. Fácil¬ 
mente se comprueban las diferencias morfológicas, cuya clasificación 
ulterior se efectúa en el laboratorio, en forma análoga a lo que ya 
hemos visto referente a la formación del pedigree. Tendremos opor¬ 
tunidad de conocer un ejemplo típico de disgregaciones de la segunda 
generación filial que significa la confirmación (dentro de los límites 






74 


CONFERENCIA III 


de oscilación admitidos por la casualidad) de lo que según las leyes 
mendelianas debiéramos esperar. 


(Véase fig. 29.) En las generaciones filiales subsiguientes el selec- 
cionista trata de «fijar» el tipo buscado por intermedio de un cru- 



Fig. 27. 


zamiento artificial. La fotografía muestra dos parcelitas de trigo de 
distinta altura. Esta diferencia en la altura de las plantas, en la 
segunda generación filial ya no afecta una planta «individual» den¬ 
tro de una parcelita — según lo vimos antes respecto a la primera 
generación filial — sino un conjunto de ellas. Hay pues, una par¬ 
celita de plantas altas y otra de plantas bajas. Estas no llegaron a 
espigar en aquel año, en virtud de «disgregar» así, el «fenotipo» de 
la combinación hereditaria, reunida en el «genotipo» de la corres¬ 
pondiente planta madre. 























FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMIA RIOPL ATENSE 


75 


(Véase fig. 30.) Esta fotografía de espigas con un cuadro numé¬ 
rico explicativo, representa el precitado «ejemplo típico» del total 
de disgregaciones habidas en la segunda generación filial del cru¬ 
zamiento entre el trigo 33c y IV1. Aparecen en una de las líneas 
horizontales los guarismos teóricos correspondientes a la leiy clásica 
de Mendel y en la otra las cifras halladas prácticamente en el 



Fig. 28. 


análisis biológico de las descendencias. No pudo ser más satisfactoria 
la concordancia entre teoría y práctica. 


(Véase fig. 31.) Para interpretar mejor el contenido de este cua¬ 
dro, me permito recordar lo explicado al mostrar gráficamente el 
resultado obtenido por la formación de los pedigrees. Aparecen en 
esta proyección luminosa como tipo de comparación («standard») el 
mismo trigo americano «Campeón» de 1916, que sirvió para medir 
el grado de mejoramiento alcanzado por los trigos de pedigree. Ca¬ 
sualmente en ambas series de estos ensayos comparativos fué casi 
idéntico el rendimiento absoluto de este trigo de comparación, osci- 





76 


CONFERENCIA III 



Fig. 29. 



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Fig. 30. 
























FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 


77 


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Rendimientos promedios ±: 2m . 



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2 

Am. de pedigree 44 d. 

120 

3 

Pelón de pedigree 33 c 

137 

4 

ARTIGAS. 

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5 

ARTIGAS 1. 

176 

6 

ARTIGAS 2. 

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Fig. 31. 











78 


CONFERENCIA III 


lando alrededor de 13 quintales métricos por hectárea. De modo que 
se puede medir inmediatamente el respectivo progreso registrado en 
ambos casos presentados sobre la base del rendimiento absoluto del 
«standard», equiparado a 100. Resulta evidente la superioridad de 
3 líneas derivadas del cruzamiento III 9 , denominado «Artigas» en el 
Uruguay y «Record» en la Argentina, donde nuestro ex-colaborador 
Enrique Klein continúa los trabajos concernientes. En vista de los 
datos numéricos aquí exhibidos no es exagerada, pues, la afirmación 
de que estos nuevos trigos híbridos superan a los primeros trigos de 
pedigree, tanto como éstos a su vez a los anteriores trigos comunes 
del Uruguay. 



Fig. 32. 


La significación económica de este hecho será objeto de con¬ 
sideraciones especiales al final de la disertación. Antes de abordar 
este punto, he de distraer la atención del auditorio con algunas vis¬ 
tas complementarias de esta descripción sintética de la labor cumplida. 
Las explicaciones subsiguientes llevan la finalidad de familiarizarnos 
con todo lo que atañe a la experimentación ulterior con las pequeñas 
cantidades de semillas formadas en los «planteles» fitotécnicos y a su 
multiplicación, primeramente en pequeña y luego en mayor escala. 
También mencionaré uno que otro detalle relacionado con la prepa¬ 
ración adecuada del producto definitivo, antes de ser entregado en 
manos del agricultor. Me refiero a la clasificación mecánica de las 
simientes mejoradas biológicamente y su defensa contra enfermedades 




FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMIA RIOPLATENSE 


79 


criptogámicas, sobre todo las distintas clases de carbón (Tilletia y 
Ustilago). 


(Véase fig. 32.) La siembra de las parcelitas destinadas para la 
experimentación como también para «multiplicaciones» de 1er. y 
2 9 grado, se lleva a cabo con una maquinita sembradora especial, 
la cual se ve en marcha. Es importante saber, que esta clase de siem¬ 
bra no requiere otra preparación previa del terreno que la común en 
la labranza de un agricultor más o menos prolijo. Tampoco aplicamos 



Fig. 33. 


abonos ni otras enmiendas prácticas, por demás desconocidas en la 
agricultura extensiva de estos países. Sólo en esta forma se puede 
comprobar el valor intrínseco de las nuevas variedades o líneas 
genéticas en formación. No conviene ofrecerles condiciones agroló- 
gicas especiales, si luego deben ser plantadas en un ambiente medio¬ 
cre. Prescindiendo de tales y otros detalles concernientes a la téc¬ 
nica experimental, destaco la circunstancia de que el mecanismo de 
la pequeña sembradora debe permitir una rápida y perfecta lim¬ 
pieza del contenido, para evitar mezclas de distintas clases de simiente. 
Ha de responder también a exigencias especiales en cuanto a la exac¬ 
titud de ía cantidad de semillas a esparcirse y una regularidad satis¬ 
factoria de su distribución. Sólo después de muchas modificaciones 






80 


CONFERENCIA III 


llegamos a tener en esta máquina un requisito de trabajo más o menos 
satisfactorio. 


(Véase fig. 33.) Aspecto juvenil de parcelitas de trigo sembradas 
con la máquina precitada. 


(Véase fig. 34.) La exactitud del trabajo que debe reinar en un 



Fig. 34. 


campo experimental moderno, fácilmente se aprecia en esta fotogra¬ 
fía de percelitas de lino en plena vegetación. 


(Véase fig. 35.) Una «multiplicación» de segundo grado del trigo 
de pedigree «Pelón 33c», o sea el «Favorito» del Criadero Argentino 
de Plantas Agrícolas en Plá (Prov. de Buenos Aires). Fácilmente se 
nota la uniformidad del trigal, integrado por plantas descendientes 
de una sola planta madre homocigota. 









FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 


81 


(Véase fig. 36.) La misma uniformidad salta a la vista en esta 
fotografía de una multiplicación de segundo grado de cebada forra¬ 
jera de pedigree. 



Fig. 35. 



Fig. 36. 

(Véase fig. 37.) La siega en el Campo Experimental se efectúa 
con una guadañadora, acondicionada expresamente a esta finalidad. 
Pero no es esto lo esencial a explicarse, al aparecer en la pantalla 
la fotografía. Más bien debo llamar la atención del auditorio sobre el 






82 


CONFERENCIA III 


número de personas que se ven atendiendo el trigo segado. Cuatro 
hombres levantan y atan todo lo que pertenece a cada tiro entero 
de la máquina. A cada uno de ellos corresponde una sección del tiro 
total, o sea una sola parcelita. En virtud de tratarse de variedades 
diferentes, el operador debe proceder con toda atención. Cada ope¬ 
rario se limita a atender «su» sección, separada de la otra por cami- 
nitos de 2 metros. Responde este modo de siega al método de expe¬ 
rimentación que se caracteriza por cuádruple repetición de las res¬ 
pectivas parcelas comparativas. Las actividades en un Campo Expe¬ 
rimental moderno con tantas y aun más repeticiones, son compara¬ 
bles pues, en este punto, con las de un laboratorio químico. En ambos 



Fig. 37. 


casos se trata de consolidar el resultado de un «experimento» por una 
repetición de las determinaciones aisladas, formándose luego un «tér¬ 
mino medio» y aplicándose cálculos de probabilidad, procedimientos 
de creciente importancia para la experimentación agrícola contempo¬ 
ránea. En virtud de la aplicación rigurosa de estas técnicas, los resul¬ 
tados obtenidos en el Campo Experimental de «La Estanzuela» tie¬ 
nen un valor comprobativo poco común en estos países. También las 
deducciones ulteriores de carácter económico, descansando sobre esta 
experimentación rigurosa, representan, por lo mismo, conclusiones 
inapelables. 


(Véase fig. 38.) El cuidado especial del experimentador se extiende 
también hacia estas parcelitas ya algo mayores que las plantadas a 
mano, que vimos precedentemente. Cuando se trate de un cultivo 
delicado, como verbigracia el lino, defendemos los ataditos con lonas. 








FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMIA RIOPLATENSE 


83 


Las gavillas son colocadas en hileras más o menos largas, en el orden 
en que serán trilladas. En nuestro Campo Experimental, cada gavi¬ 
lla es munida de su etiqueta correspondiente, haciendo difícil y casi 
imposible las confusiones. Aunque todo lo que a la pesada de los 
ataditos y a la trilla se refiere, en estos ensayos toma mayores propor¬ 
ciones que en los «planteles fitotécnicos» propiamente dichos, en 
principio se trata de operaciones análogas. En cuanto a la exactitud 
y el esmero del trabajo, imperan invariablemente exigencias rigurosas. 

Conforme tomen mayores proporciones las parcelas de multipli¬ 
cación, son sembradas en el «Semillero» como tal, bajo la dirección 
técnica de nuestro meritorio colaborador Antonio G 61 z, actual- 



Fig. 38. 


mente el más antiguo de ellos. Se ocupa, esta sección, de la siembra 
en mayor escala de las semillas formadas biológicamente, defendién¬ 
dolas de enfermedades y malezas, para que por fin llegue a manos 
del agricultor un producto intachable que ha pasado por todo el com¬ 
plicado proceso moderno de la selección biológica y de la clasificación 
mecánica de la simiente. Se sobreentiende, que también en esta sec¬ 
ción se trabaja escrupulosamente con todo esmero y prolijidad, como 
se desprende de unas pocas vistas escogidas que me propongo pre¬ 
sentar a título de ejemplo. 


(Véase fig. 39.) La sembradora, usada en la chacra, es de discos, 
del tipo familiar a los labradores progresistas del Río de la Plata. 
Ha de llamar la atención a los señores agricultores aquí presentes, 
el avantrén guiado, durante la marcha de la máquina, por un hombre 
práctico en este trabajo. Es el procedimiento usual para lograr una 








84 


CONFERENCIA III 


siembra en hileras bien rectas, práctica corriente en establecimientos 
agrícolas modernos de Europa, y muy importante cuando se pretende 
aplicar carpidas a máquina. Si bien bajo las condiciones actuales de 
la «agricultura extensiva», en el Río de la Plata no se suelen carpir 
los trigales, el uso de la sembradora con avantrén resulta de gran 
utilidad en el Semillero. La formación de las parcelas de «multipli¬ 
cación» de semillas mejoradas biológicamente, exige máxima proli¬ 
jidad y nitidez de trabajo, lo que se logra con mayor facilidad con 
una sembradora de esta clase. 



Fig. 39. 


(Véase fig. 40.) Tampoco este aspecto del conjunto de los traba¬ 
jos de la trilla muestra novedad alguna para la mayoría de mis 
oyentes. Si he creído conveniente su reproducción, es para señalar 
de paso un problema agrícola industrial de importancia cada vez más 
acentuado en el Río de la Plata. Me refiero a la eventual utilización 
industrial de la paja del lino, quemada hasta la fecha como algo 
inútil y hasta como un «estorbo», a pesar de que se trata de una 
valiosa materia prima para la industria de tejidos y del papel. El 
estudio de lo que atañe a la industrialización ulterior de productos 
agrícolas es una tarea complementaria del Instituto Fitotécnico «La 
Estanzuela», revistiendo, como fácilmente se comprende, creciente 
importancia económica. Justamente este problema de la industria¬ 
lización de la paja del lino se presta para ejemplificar mi aserto. 







FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 


85 


He aquí el motivo para exhibir las 2 reproducciones luminosas 
subsiguientes. 


(Véase fig. 41.) La gráfica informa inmediatamente sobre la im¬ 
portancia extraordinaria, que al Río de la Plata le corresponde en la 
producción y exportación del lino (semilla). Más de la mitad del 
total de la producción mundial en el período señalado de la post¬ 
guerra corresponde a la Argentina, elevándose a 72,2 % la cuota de 
exportación mundial relativa al Río de la Plata. Casi toda la paja de 
este lino, hasta la fecha fué quemada inútilmente, asumiendo la des¬ 
trucción de una materia prima aprovechable «en principio», propor- 



Fig. 40. 


ciones que en el viejo continente, con su «hambre» por cualquier 
materia textil, causan asombro. Y no es para menos, si uno piensa 
en que año a año se destruyen así, sin utilidad ninguna, más de 2 mi¬ 
llones de toneladas de paja de lino. Ha de interesar, pues, la noticia, 
de que el estudio de este problema, bajo varios aspectos figura en la 
orden del día. Tengo aquí (lo muestra) fibras de lino que fueron pre¬ 
paradas a base de una paja vulgar, estropeada por la trilladora. Pero 
también ya hay tejidos, fabricados de este producto, todo lo cual 
prueba la factibilidad de la solución. Considero oportuno pues, men¬ 
cionar las perspectivas favorables que se presentan en este asunto, 
en base a nuevos progresos técnicos y químicos. Todo lo concerniente 
al problema abordado daría abundante material para una conferencia. 
He de limitarme, sin embargo, a mencionar tan sólo lo inmediatamente 
inherente a los trabajos de Genética que estoy tratando, pasando a 
explicar pues, la fotografía que sigue. 






86 


CONFERENCIA III 


(Véase fig. 42.) Efectivamente, esta fotografía nos enseña la 
vinculación inmediata de la Fitotecnia con el problema industrial 
enunciado. Observamos unos cuantos tipos de lino con bien pronun¬ 
ciadas diferencias morfológicas. Los ataditos Nros. 1 y 2 representan 
linos de fibra y los demás se sindican como representantes del tipo 
«oleaginoso». En cuanto a los tipos «de fibra», le incumbe al gene¬ 
tista la tarea de formar nuevas «variedades» de la especie «Linum 
usitatissimum», apropiadas para su utilización como materia prima 
de la industria textil. Respecto al lino oleaginoso, consigno los traba- 




. £.100,000 o . 

1 353,958 





^&q,&xjxozfa¿>uyv:--. 


Fig. 41. 


jos tendientes a aumentar el contenido en aceite. Algunas de las líneas 
genéticas formadas en «La Estanzuela» se destacan en este aspecto 
productivo. El día en que se llegara a «standardizar» la producción rio- 
platense de la referida oleaginosa desde este punto de vista, el mer¬ 
cado mundial tendría que tomarlo en cuenta, pagando mejores pre¬ 
cios, siempre que se pueda responder por la identidad de la respec¬ 
tiva partida. De lo dicho se desprende la vinculación inmediata de 




































FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPLATENSE 


37 


la selección biológica con tales problemas industriales en beneficio 
del progreso económico. Me referí al lino también, a fin de enterar 
a mi distinguido auditorio, que el trigo no constituye la única planta 



Fig. 42. 



Fig. 43. 


agrícola estudiada y mejorada en «La Estanzuela». Como cultivo 
principal de la R. O. del Uruguay naturalmente le dedicamos aten¬ 
ción preferente, pero sin olvidarnos de los estudios y trabajos de 
selección concernientes a otras plantas del gran cultivo: maíz, lino, 










88 


CONFERENCIA 


I 1 I 


avena, cebada y leguminosas, todo esto con ajuste a los relativa¬ 
mente reducidos medios de trabajo disponibles. 


(Véase fig. 43.) A pesar de la aludida escasez de recursos, harto 
comprensible en este período de crisis, no falta en «La Estanzuela» 
lo más esencial tanto en edificios como en instalaciones. Existen 
aproximadamente 30 construcciones entre habitaciones, oficinas, labo- 



Fig. 44. 


ratorios, galpones, talleres, depósitos, etc., con la consiguiente maqui¬ 
naria múltiple. Entre ésta destaco expresamente las instalaciones 
para la clasificación mecánica de las semillas y el tratamiento del 
trigo contra el carbón volador (Ustilago tritici). Las subsiguien¬ 
tes proyecciones luminosas muestran uno que otro edificio de 
interés general. Es ésta la casa de la dirección que antes servía de 
sede a una antigua estancia inglesa, cuya historia está vinculada con 
la del Río de la Plata, en virtud de haber sido propietario de estas 
tierras, el almirante Brown, Desde lueeo, la casa no existía en la 
referida época. Contiene oficinas y la habitación del conferenciante. 











FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMÍA RIOPL ATENSE 


89 


(Véase fig. 44.) Una construcción indudablemente interesante. 
Se trata de un troje depósito de espigas de maíz, construido a pro¬ 
pósito, para proporcionar al maíz destinado para semilla, la mejor 
conservación posible. Tiene 30 metros de largo y 5 de altura, a 
partir desde los pilares de soporte, dando cabida a unos 70.000 kgs. de 
maíz en espiga. 


(Véase fig. 45.) La fotografía exhibida nos pone en contacto con 
lo que atañe a la lucha contra el carbón volador del trigo (Ustilago 


% 



Fig. 45. 


tritici). En primer término figuran marcos de alambre tejido, colo¬ 
cados en tirantes sostenidos por cajones y caballetes. Sirve esta ins¬ 
talación, para secar rápidamente a sol y viento el trigo curado por el 
tratamiento al agua caliente. La capacidad de trabajo de nuestra 
instalación, es relativamente reducida, alcanzando por el momento 
sólo para curar la simiente destinada para la siembra en el propio 
establecimiento. Teniendo presente, que en algunos años se perdieron 
11 y más % de la cosecha de trigo debido a este hongo, no hay por 
qué insistir en la importancia de una lucha eficaz contra esta enfer¬ 
medad. Dada la relativamente reducida extensión de la superficie 
cultivada con trigo en el Uruguay (actualmente unas 400.000 hectᬠ
reas), no será imposible que en el correr de los años se pueda llegar 







90 


CONFERENCIA III 


al «desiderátum» de eliminar casi por completo la enfermedad alu¬ 
dida. El tiempo no da para extenderme en detalles de éste como de 
otros problemas fitopatológicos estudiados en «La Estanzuela». La 
lucha terapéutica contra el carbón hediondo (Tilletia tritici) y el 
estudio de distintas clases de la roya (Puccinia) figuran en la orden 
del día. En el fondo de la fotografía exhibida se ve, agregada al 
gran galpón depósito de, semillas, una cámara secadora del trigo 
curado por medio de los mencionados baños calientes. Por no haber 
respondido a nuestras exigencias, preferimos el secado al aire libre, 
al cual me referí anteriormente. La locomotora en el plano medio 
sirve para producir el vapor destinado a calentar el agua usada en 
los distintos tanques de cura, no visibles en esta foto. 


(Véase fig. 46.) Este diagrama con el cual doy por terminado 
lo referente a la sección ilustrativa de la disertación, nos lleva a su 
parte final, destinada a documentar la significación económica de 
tales trabajos de selección biológica. 

Muestra el diagrama, en dos ejemplos, dibujados por G. J. 
F i s c h e r, la influencia del empleo de semillas más rendidoras sobre 
el aumento de la ganancia neta. Los casos II y III se basan sobre la 
suposición N 9 I, donde aparecen equilibrados las entradas y los gas¬ 
tos para distintos grados de rendimiento por hectárea. Ahora bien, 
al relativamente pequeño aumento de gastos que exige el acrecen¬ 
tamiento de los rendimientos brutos en el 25 %, le corresponde un 
múltiplo de elevación de la ganancia neta. Esta ganancia neta asciende 
en mayor proporción aún, si suponemos el 50 % de aumento bruto 
debido al empleo de semillas mejoradas, «desiderátum» plenamente 
alcanzado y sobrepasado con la formación de los nuevos trigos híbri¬ 
dos de «La Estanzuela». La gráfica suministra una idea clara respecto 
a la diferencia entre «rendimiento bruto» y «ganancia neta», dife¬ 
rencia digna de ser tenida presente para comprender mejor la parte 
final de la disertación. 


III. CONCLUSIONES 

Señores: 

He creído conveniente exhibir en forma descriptiva, ilustrándola 
con proyecciones luminosas, la obra técnica de «La Estanzuela», para 
que así se comprenda mejor esta parte final, apreciando debida¬ 
mente el significado y alcance de las subsiguientes explicaciones de 
carácter económico. La creciente infiltración de la labor científica ya 
realizada en «La Estanzuela», en la producción agrícola, tanto del 
Uruguay como de los países vecinos, fué precisamente la circunstan¬ 
cia que ha hecho conocer por sí sola a esta obra uruguaya, la cual, 



EL PERFECCIONAMIENTO DE LAS PLANTAS AGRÍCOLAS 
AUMENTA LA RENTABILIDAD DE LOS CULTIVOS Y PERMITE EXTENDERLOS. 


X Límite económico del cultivo 
de trigo para diversos grados 
de intensidad. 

1 

25% 

de aumento de 
los rendimientos. 


K 

50 °/o 

de aumento de 
Los rendimientos . 


Ganancia neta = O 
para rendimientos de 
4 5 6 7 8 9 10 

Quintales por hectárea . 


Entradas y gastos equilibrados. 



Sr 


Flg. 46. 









































































92 


CONFERENCIA III 


en la fecha de hoy, es presentada por primera vez ante un distinguido 
auditorio argentino. 

Según lo enuncié en el título, me propongo señalar la influencia 
de los trabajos fitotécnicos descriptos, en el desenvolvimiento eco¬ 
nómico del Río de la Plata. Varias circunstancias se complementaron 
para que el éxito obtenido haya sido tan impresionante en el Uruguay. 
Traspasando fronteras, la influencia de la obra se hace sentir en todo 
el Río de la Plata, inclusive la región lindera de Rio Grande do Sul, 
abarcando así el concepto «cuenca platense» en sentido lato. 

Al efecto del caso, me permito dirigir la atención del auditorio 
hacia la posición geográfica de «La Estanzuela». Descontando la cir¬ 
cunstancia de faltar al sur de la R. O. del Uruguay una extensión 
terrestre como la que en la Argentina se extiende hacia Bahía Blanca, 
se nota, al considerar la zona triguera en su conjunto, que «La Estan¬ 
zuela» está situada sobre el paralelo bisector de todo este vasto terri¬ 
torio que se considera como «zona triguera» platense, sin contar, 
naturalmente, pequeños cultivos esporádicos de regiones apartadas. 

Los trigos de «La Estanzuela», que fueron llevados a la Argen¬ 
tina y al sur del Brasil, han evidenciado un alto grado de adaptabi¬ 
lidad en muchísimos puntos, bastante distantes del de su origen 
primitivo. Los trabajos de selección, que en la Argentina vienen rea¬ 
lizando, mi ex-colaborador Ing. Agr. Enrique Klein desde 1919, 
y la Sociedad Agrícola Freudenberg, Lange y Cía. desde 
1920, representan la continuación directa de lo iniciado en el Uruguay. 
En Rio Grande do Sul, el Sr. Manoel Gongalvez Freitas es 
eficaz cultivador y propagandista de simiente originaria de «La 
Estanzuela», habiendo recogido en su estancia Sta. Martha, Estacón 
Pedras Altas, con semillas de «La Estanzuela», cosechas superiores 
a 2000 kgs. de trigo por hectárea. En cuanto a los resultados obtenidos 
con los trigos «Favorito» y «Universal» (los de pedigree «Pelón 33c» 
y «Americano 44d», respectivamente, de «La Estanzuela») en la 
Argentina, basta referirme a las cifras de rendimiento señaladas en 
las publicaciones del Criadero Argentino de Plantas Agrícolas en 
Plá (C.G.B.A.). La prueba concluyente del alto concepto que a estas 
semillas se le tiene entre los agricultores argentinos, es el rápido 
avance porcentual de su uso sobre el cultivo triguero total, según se 
desprende del movimiento en el mercado de cereales. 

Antes de abordar, en base a todos estos antecedentes, las afirma¬ 
ciones concluyentes del final, me cabe desvirtuar la exagerada des¬ 
calificación que a uno de los mencionados trigos, el «Favorito», se 
le ha hecho por su relativamente reducido porcentaje y mala calidad 
de gluten. Reconociendo en principio, que la calidad del mencionado 
trigo es inferior en comparación con los trigos óptimos que pueden 
encontrarse en el Río de la Plata, ante todo si el año resulta favo¬ 
rable, no hubo y no hay tampoco motivo para alarmarse. El pro¬ 
blema de la calidad triguera es más complicado de lo que a primera 





FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMIA RIOPLATENSE 


93 


vista parece. De manera alguna es aconsejable encarar el asunto 
con precipitación, sin reparar mayormente en los resultados ana¬ 
líticos, favorables al «Favorito». Los intereses en juego son tan 
variados y múltiples, que no debiera acentuarse en forma exce¬ 
siva solamente este punto de vista cualitativo en favor de los 
círculos interesados comercialmente, desatendiendo intereses no menos 
importantes de los productores y consumidores de nuestro cereal 
más noble, el trigo. Coincide con la mencionada discusión periodística 
rioplatense la circunstancia, de que recién ahora en los países más 
avanzados en Genética Aplicada, empiezan a intensificarse las inves¬ 
tigaciones sobre la calidad del trigo. Publicaciones técnicas del viejo 
Continente y de Norteamérica ofrecen trabajos de mucho interés, 
con la consiguiente repercusión en la prensa de estos países. Como 
resultado de mis estudios al respecto publiqué hace pocos meses un 
artículo de divulgación, en el cual sinteticé la aludida complejidad 
de los intereses en juego como sigue: 

l 9 Al agricultor productor, en primer término le interesan ren¬ 
dimiento y vigor del trigo. 

2 9 El comerciante busca lo que es la «base comercial», peso de 
hectolitro, pureza, sanidad y otras cuestiones cualitativas. 

3 9 Para el molinero moderno es importante que disponga de 
un trigo, que no le cause trastornos en la molienda, sobreen¬ 
tendido que debe dar mucha y blanda harina de fácil salida. 

4 9 El panadero comercial busca trigos con mucho gluten de 
alta calidad, aunque actualmente se tiene por errónea la 
opinión de que el gluten muy estirable represente un indi¬ 
cio seguro de una buena calidad panadera del trigo. 

5 9 Al consumidor, por fin, le conviene obtener por unidad de 
precio el más alto porcentaje de materia nutritiva (calorías). 

Presentándose, pues, el conjunto de intereses en juego, tan com¬ 
plejo y casi tan inextricable, considero que, sin desmedro de los 
bien justificados intereses comerciales e industriales, en el período 
inicial de una obra como ésta, las aspiraciones del productor y del 
consumidor son dignas de especial atención. El factor «rendimiento» 
constituye, por lo tanto, un aspecto de importancia primordial. Desde 
luego, la alta capacidad productora debe ir mancomunada con buena 
y hasta óptima calidad, problema que ha de quedar resuelto a medida 
que se desenvuelvan los trabajos fitogenéticos, en años venideros. 

Volviendo a la idea directriz de la disertación, paso a documen¬ 
tar la significación económica de nuestra obra de selección bajo dos 
aspectos: 1) su influencia sobre la ganancia neta del agricultor indi¬ 
vidual y 2) su importancia para la riqueza colectiva, tanto del Uru¬ 
guay como de los países vecinos. 



94 


CONFERENCIA III 


Al efecto del caso, me permito traer a la memoria de los distin¬ 
guidos oyentes, indicaciones anteriores sobre el rendimiento de nues¬ 
tros trigos de pedigree, los cuales superan a los comunes de tiempo 
atrás en un 30 %. Este porcentaje, que se basa en resultados de la 
experimentación, ejecutada rigurosamente con ajuste al tecnicismo 
moderno, fué superado en la práctica agrícola del Uruguay. En mi 
trabajo de 1920: «El Instituto Fitotécnico y Semillero Nacional La 
Estanzuela», figuran 2 cuadros, conteniendo los resultados obtenidos 
en unos 30 establecimientos agrícolas del país. Como datos finales 
de los números insertados, aparecen 85,6 % de aumento para el trigo 
de pedigree «Americano 44d» (Universal) y 105,0 % para el «Pelón 
33c» (Favorito), en comparación con los rendimientos que dieron las 
semillas comunes en las mismas condiciones de cultivo. Este resultado 
que corresponde al año 1918/19, quedó confirmado por datos análogos 
en los años subsiguientes, es decir, mientras existían todavía las anti¬ 
guas semillas de calidad inferior como material de comparación. El 
aumento del 30 % en el rendimiento de los trigos de pedigree sobre 
los comunes de antes, punto de partida para las deducciones subsi¬ 
guientes, representa, pues, una base comparativa bien sólida. 

Ahora bien: según la estadística, en el término medio de 20 años, 
la cosecha de trigo en el Uruguay arrojó la cifra de 632 kgs. por 
hectárea. El agricultor que planta semilla de pedigree, obtendrá por 
lo menos el 30 % más, llegando a 821 kgs. ¿En qué relación se encuen¬ 
tra este aumento bruto con la ganancia neta del productor? Prácti¬ 
camente resultará muy variable la entrada neta obtenida por unidad 
de tierra. Operando con el valor promediado de la estadística, no 
resulta exagerado suponer, que a un agricultor, una vez pagado el 
costo de producción, de los precitados 632 kgs. le quede a lo menos 
un quintal métrico de trigo como entrada neta. Al cosechar 821, la 
ganancia neta queda triplicada, puesto que los mayores gastos de 
producción son insignificantes. 

Y más que esto, según se deduce de los pocos casos citados en 
un folleto sobre ensayos comparativos y la significación económica 
de los resultados obtenidos, escrito en 1919, en colaboración con 
E. Klein, suele haber condiciones en que la ganancia neta asciende 
a un múltiplo de lo indicado. Esto se ve confirmado prácticamente 
en los casos extremos entresacados de la lista de labradores que plan¬ 
taron trigo de pedigree, en 1918/19, habiendo obtenido algunos de 
ellos más que el doble del rendimiento bruto, lo que se transforma 
en una ganancia neta cuadru y septuplicada. Combinando, por otra 
parte, el empleo de las semillas de pedigree con una labor más intensa 
y esmerada, es factible aumentar notablemente la rentabilidad del 
cultivo de trigo en los casos de una agricultura que ya dejó de ser 
tan rutinaria como la que hubo en los casos precitados. 

Con razón, pues, se habla de un «milagro económico», al ver rea- 



FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMIA RIOPLATENSE 


95 


lizado este aumento de las entradas, sin ningún ascenso de los gas¬ 
tos que esté en comparación con la elevación de las ganancias, según 
lo he demostrado en un gráfico exhibido en la pantalla. Es por eso 
también, que el Ing. Agr. Enrique Klein recibió cartas de sus clien¬ 
tes, donde se le dice que sus semillas debían ser llamadas «salvado¬ 
res del chacarero». Mencioné ya precedentemente los altos ren¬ 
dimientos obtenidos con semilla de pedigree de «La Estanzuela» en 
Rio Grande do Sul (Pedras Altas). 

Las ventajas señaladas no se reducen solamente al trigo, exten¬ 
diéndose más bien — aunque sea en forma menos pronunciada — a 
las demás plantas agrícolas en cuyo mejoramiento hemos podido tra¬ 
bajar, a saber: maíz, lino, avena y cebada. En el Uruguay se atribuye, 
con toda razón, a estos trabajos de selección una gran importancia 
para la vida económica del país. Marcan rumbos nuevos a la agri¬ 
cultura, haciéndola más remuneradora con el consiguiente impulso 
de extenderla cada vez más, aun en un país ganadero «por excelen¬ 
cia», como he calificado al país en distintas oportunidades. 

La influencia de la siembra de semillas de pedigree sobre la eco¬ 
nomía del Uruguay, se refleja en los cálculos que van a continuación. 
A los fines concernientes, hay que partir de la premisa, que dentro 
de poco ya no se planten mayores extensiones de trigo sin mejo¬ 
ramiento biológico alguno, ya sean semillas de pedigree y sus descen¬ 
dientes de varios grados o también los nuevos trigos híbridos con 
sus derivados futuros. A esta suposición, técnicamente no se opone 
dificultad alguna, ya que por una multiplicación continuada de un 
solo grano de trigo durante 11 años se consiguen aproximadamente 
20 millones de toneladas de trigo, o sea más simiente de la que se 
necesita para plantar toda la superficie que en el globo se dedica a 
este cultivo. Prácticamente no ha de encontrarse muy lejos el Uru¬ 
guay del momento en que sus cultivos de trigo sean efectuados casi 
totalmente con semillas biológicamente mejoradas en grado variable. 

Para mayor seguridad me valgo de los ya aludidos cálculos efectua¬ 
dos en 1920, los cuales en la realidad de los hechos se vieron superados, 
con excepción del año completamente anormal de 1922/23. Calculé 
en aquel entonces la producción media anual en la suma global de 
250.000 toneladas, que al precio de cincuenta pesos por tonelada, 
representan un valor de 12 millones y medio de pesos. El aumento 
del 30 % sobre este total, significa un beneficio anual de casi 4 millo¬ 
nes de pesos, que se incorpora al movimiento financiero de la nación. 
A esta entrada neta, la cual, salvo en un año completamente anor¬ 
mal, viene a reforzar año por año a la economía uruguaya, debe ser 
agregado también el aumento que trae consigo la mayor extensión de 
los cultivos, motivada en parte por la confianza de los rurales en el 
éxito de sus afanes agrícolas que les inspira la semilla mejorada. Para 
complementar la suma total de estos ingresos colectivos, hay que 
agregar todavía las cuotas correspondientes a los demás cultivos, las 



96 


CONFERENCIA III 


cuales, aunque sean menos importantes cada una, en conjunto no 
dejan de constituir un aporte digno de ser tenido en cuenta. Luego 
me permito recordar, que el progreso ganadero está íntimamente 
vinculado con este problema en cuanto se relaciona con la producción 
de las plantas forrajeras. No se conciben ganados mejorados sin ali¬ 
mentación mejorada. Entre Fitotecnia y Zootecnia va trazándose el 
círculo, en cuyo centro encontramos lo anhelado, la prosperidad eco¬ 
nómica de estos países agropecuarios del Río de la Plata. 

Si todo lo relacionado con el mejoramiento biológico de las plan¬ 
tas agrícolas es considerado también en otras naciones como un me¬ 
dio aficaz para aumentar la producción agrícola, no cabe duda que 
para países como los del Río de la Plata, cuya riqueza descansa sobre 
las industrias rurales, la importancia de la Genética Vegetal resulta 
más acentuada aún. No ha de extrañar, pues, que el Ing. Agr. Arturo 
A b e 11 a, competente en el asunto como catedrático de Economía 
Rural de nuestra Facultad de Agronomía, en un comentario cien¬ 
tífico sobre la aplicación de un gran empréstito nacional para obras 
de carácter productivo (30 millones de pesos oro, proyecto del Minis¬ 
tro S. Calcagno), haya consignado los beneficios nacionales que 
se derivan del empleo de las semillas mejoradas como principal 
factor para demostrar las posibilidades de la realización de la ope¬ 
ración aludida. 

Todo lo que precedentemente expliqué respecto a la significa¬ 
ción económica del mejoramiento biológico de las semillas, se basa 
en el tantas veces mencionado aumento del 30 % que los trigos de 
pedigree arrojaron sobre los comunes anteriores. Entre tanto hemos 
ido progresando. Mi colaborador Gustavo J. F i s c h e r, en una 
conferencia que en mayo de 1923 dictó en Montevideo en los salones 
de la Asociación Rural del Uruguay, expuso las perspectivas que en 
base a nuevos progresos de selección se presentan a la economía 
uruguaya. Dijo textualmente lo siguiente: «Es así que podemos afir¬ 
mar que el ‘desiderátum’ que mencioné antes, de alcanzar con segu¬ 
ridad un 50 % de aumento sobre los mejores trigos que se cultivan 
en el país, está plenamente alcanzado y también sobrepasado. Los 
trigos nuevos marcan sobre los trigos de pedigree más antiguos un 
aumento tan considerable, como los viejos trigos de pedigree lo mar¬ 
caban antaño sobre los trigos del país, y así se pueden deducir de 
esos datos, cálculos económicos sumamente halagüeños». 

Esta afirmación, en aquel momento se basaba en datos numéri¬ 
cos obtenidos en nuestro campo experimental. Encontraron ellos su 
confirmación, en el año agrícola 1923/24, en ensayos de cultivo, ins¬ 
talados en diversos puntos del Uruguay. A pesar de haberle sido poco 
favorables las condiciones agrícolas de 1923/24 al trigo «Artigas» 
— así se denomina el nuevo trigo —, para demostrar en todos los 
casos su alta «potencialidad» productora, el resultado en conjunto no 
deja nada que desear. Los rendimientos registrados en distintos pun- 



FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMIA RIOPLATENSE 


97 


tos del país, constituyen la confirmación más lisonjera de resultados 
anteriores. Efectivamente, el aumento de producción obtenido en 
1923/24 con el trigo «Artigas» representa por casualidad exacta¬ 
mente el 50 %, tal cual lo había indicado el Ing. Agr. Fischer como 
aspiración en su precitada conferencia. No dejo de mencionar expre¬ 
samente un detalle interesante al respecto. La superioridad men¬ 
cionada fué alcanzada en varios casos justamente sobre nuestros 
trigos de pedigree «Americano 44d» y «Pelón 33c» (Universal y 
Favorito), circunstancia que corrobora aun más el dato consignado 
respecto al trigo «Artigas». A este nuevo aumento de rendimiento 
triguero y por ende de riqueza para el Uruguay, corresponden ingre¬ 
sos más importantes aún para la Argentina, debido a la difusión de 
las últimas creaciones del Ing. Agr. E. Klein. 

Podría asombramos, señores, el hecho de que justamente en el 
Uruguay se haya obtenido un ascenso tan considerable de las cose¬ 
chas, teniendo presente que en otros países agrícolas es menos mar¬ 
cado el progreso, que en el aumento de los rendimientos se le atri¬ 
buye al factor «buena semilla» como tal. Pero no cabe la menor 
duda al respecto, como lo expliqué detalladamente en la parte final 
del ya varias veces mencionado folleto «El Problema Agrícola de la 
R. O. del Uruguay», llegando a la conclusión de que dentro de las 
condiciones del país, todos los demás factores son de importancia 
más o menos secundaria en comparación con el efecto que sobre la 
producción agrícola ejerce el solo empleo de la semilla mejorada 
biológicamente. 

Asimismo, se reconoce también en otros países, que el método 
más fácil y práctico para aumentar la producción agrícola es el mejo¬ 
ramiento biológico de las plantas, colocando en cada ambiente dado, 
las «máquinas plantas», capaces de trabajar con mayor resultado eco¬ 
nómico, al transformar la energía solar en las doradas espigas de 
trigo, según lo decía en las palabras finales del precitado folleto. Para 
ilustrar a lo menos con pocos datos concretos, lo que atañe a la posi¬ 
ción que en otros países ocupa el factor «semilla» dentro del engra¬ 
naje complejo de las fuerzas tendientes a elevar la producción, cito 
el ejemplo que mejor conozco, el de Alemania. En el adelanto de la 
producción agrícola alemana antes de la guerra, el primer puesto 
correspondía al factor de la nutrición racional de las plantas agríco¬ 
las por medio de los abonos. En segundo término, sin embargo, figura 
el factor que aquí nos interesa, el del empleo cada vez más genera¬ 
lizado de semillas mejoradas, adaptadas a los distintos ambientes de 
cultivo a base de una vasta organización de la experimentación agrí¬ 
cola. Sigue como tercer factor el de las reformas en el engranaje fun¬ 
cional de las explotaciones rurales, pudiéndose nombrar en cuarto 
lugar el perfeccionamiento de los métodos de labranza y diversas 
mejoras del suelo. 

Ahora bien, según minuciosos cálculos comparativos, efectuados 



98 


CONFERENCIA III 


por Lehn, el solo factor «semilla», aumentó en Alemania las cose¬ 
chas de cereales en un 19 %. Casualmente tengo presentes algunos 
casos de Norteamérica que últimamente fueron citados en la prensa 
como algo extraordinario. Se trata de un aumento del 12' % que se 
le atribuye al total de la cosecha de trigo en Kansas (Estados Uni¬ 
dos) como consecuencia de la formación del trigo «Kanred». En 
Canadá se la da al conocido trigo «Marquís», importancia excepcio¬ 
nal para el aumento de la producción triguera canadiense. Al Prof. 
Schribaux, autoridad notoria de Francia, pertenece la opinión, 
que por la generalización sobre el conjunto del territorio francés, 
del empleo de variedades seleccionadas, la producción aumentaría 
alrededor de un 15 %. En virtud de no conocerse exactamente la 
cifra que interesa, habría que rebajar tal vez convenientemente 
este dato, en el cual se refleja numéricamente la influencia de los 
importantes trabajos de selección cumplidos por varias generaciones 
Vilmorin y otros seleccionistas. Lamento carecer de datos sobre 
el porcentaje que en el aumento total de las cosechas del trigo en 
Italia podría atribuirse a la difusión de las variedades formadas por 
el Prof. Strampelli en Hieti. Tampoco dispongo en la actualidad 
de cifras fidedignas sobre la influencia de las numerosísimas crea¬ 
ciones de Svalóf, en el aumento de la producción general de Suecia. 

En vista de mi afirmación sobre la rapidez con que se llegaron 
a formar y difundir los primeros trigos de pedigree de «La Estan- 
zuela» en el Uruguay y los países limítrofes, ha de despertar interés 
la opinión del actual Director del Instituto Fitotécnico de Svalóf, Prof. 
Hjalmar N i 1 s s o n, vertida en una reciente comunicación al Go¬ 
bierno del Brasil sobre este tópico. Recalca el distinguido especialista 
el detalle, que «mismo aquí en Svalóf necesitamos 10 a 12 años para 
la producción de una nueva variedad, a pesar de disponer de materia 
prima en abundancia, colaboradores expertos e instalaciones de pri¬ 
mer orden». Para mejor aclaración del asunto agrego, que estas expli¬ 
caciones se relacionan con la formación de nuevas variedades por 
intermedio de la hibridación, algo que también en «La Estanzuela» 
llevó más tiempo (recién llega a la distribución el primer híbrido 
«Artigas») mientras que mis palabras respectivas se refieren a los 
pedigrees formados por separación de líneas genéticas. 

Señalé, en párrafos anteriores, la vinculación íntima entre Fito- 
tecnia y Zootecnia — base de las riquezas nacionales, tanto uruguaya 
como argentina. Sería extraño, pues, que en un país progresista como 
la Argentina no se hubiese pensado todavía en fomentar todo lo ati¬ 
nente al problema de la «buena semilla». Mis distinguidos oyentes 
conocerán mejor que vuestro conferenciante, las iniciativas del Go¬ 
bierno de la Nación, especialmente en lo que atañe a la contrata¬ 
ción de técnicos especialistas por el Ministerio de Agricultura.^ Por 
ser de actualidad el tema, pude casualmente informarme a través de 



FITOTECNIA URUGUAYA EN LA ECONOMIA RIOPLATENSE 


99 


la prensa, que en los últimos meses fueron contratados por el 
Gobierno Argentino 15 especialistas extranjeros, para dirigir la ense¬ 
ñanza y perfeccionar la producción de diversas ramas de la industria 
rural. Un índice expresivo de la inquietud con que aquí se propende 
a la organización de las actividades científicas relacionadas con la 
producción agropecuaria. 

Mas no se trata de un interés oficial solamente. La Genética 
Vegetal empieza a interesar desde el punto de vista de la práctica 
productiva. Tuve la satisfacción de recibir en «La Estanzuela» la visita 
de algunos de los ilustres técnicos que figuran entre los contratados 
por vuestro Gobierno, W. Backhouse, especialista en genética 
triguera, T. Bregger, especialista en selección biológica de maíz, 
y otros del extranjero. No menos significativo y honroso fué para «La 
Estanzuela», la visita de técnicos nacionales, vinculados desde sus 
respectivos puestos oficiales directamente con los trabajos en cues¬ 
tión. Me resulta, pues, muy grato, citar a los Ings. Agrs. J. A. D e- 
voto, M. Dermidio Matus, L. Parodi, Silvio Spangen- 
berg, Santiago B o a g 1 i o, Marcel Royer e Isidoro E. Pastor, 
distinguidos técnicos cuya inquietud por estas cuestiones les hizo 
traspasar el río a fin de conocer «de visu» a «La Estanzuela». Es un 
síntoma bien sugestivo respecto a la importancia, que en la Argentina 
se atribuye a los trabajos, objeto de mi disertación. 

El propio Sr. Presidente de la Nación, Dr. Marcelo A1 v e a r, 
con la perspicacia de un estadista clarividente, supo recalcar la im¬ 
portancia de estos trabajos, con motivo de la inauguración del 62 9 
período legislativo del Congreso Nacional en mayo de 1923. En el 
programa agrícola del Gobierno figura en primer término lo relacio¬ 
nado con nuestro tópico, estableciéndose la necesidad imperiosa de 
extender la zona cultivada y de aumentar los rendimientos por uni¬ 
dad de tierra, tarea esta última, justamente a cargo de la Fitotecnia. 

En forma más clara aún fueron expresadas las mismas finali¬ 
dades por el Ing. Pedro T. P a g é s, distinguido Presidente de la 
Sociedad Rural Argentina, a cuya gentileza debo la oportunidad de 
dirigirme aquí a tan ilustre y numeroso auditorio. Con motivo de la 
inauguración de la 2^ Exposición de Granja en Palermo, el Ing. Pa- 
gés hizo una especial referencia a la sección de semillas selecciona¬ 
das, calificando con todo acierto la selección biológica como la única 
solución definitiva del problema de la semilla en el país, exactamente 
lo que fluye de esta conferencia. 

Antes de terminar, señores, quiero expresar unas palabras de 
reconocimiento hacia mis colaboradores en la larga y paciente obra 
realizada. En este fausto momento, en que tengo el honor de pre¬ 
sentar a «La Estanzuela» ante un auditorio competente en la gran 
metrópoli argentina, siento el deber ineludible de dejar constancia 
pública de mi gratitud hacia todos los compañeros de tareas, que 
han sido consecuentes conmigo, algunos desde los principios bien 



100 


CONFERENCIA III 


modestos hasta la hora del triunfo. Cito en primer término 
al Ing. Agr. Enrique Klein quien me acompañó desde fines de 
1912, cuando todavía trabajáramos en Toledo cerca de Montevideo, 
hasta su traslado a la Argentina en 1920, continuando su obra en el 
«Criadero Argentino de Plantas Agrícolas» en Plá (Prov. de Bue¬ 
nos Aires). Actualmente me rodean cuatro técnicos, algunos ya 
nombrados en la parte descriptiva. Los Ings. Agrs. Gustavo 
J. Fischer y Juan Gualberto Dellazoppa, trabajan en Gené¬ 
tica Aplicada. Los Ings. Agrs. Antonio Gótz y Juan Belmonte 
Freixa, en cambio, tienen a su cargo las tareas del «Semi¬ 
llero» propiamente dicho. Si quisiera citar a todos los demás 
compañeros de tarea que sin excepción alguna, son para mí ver¬ 
daderos «colaboradores», desde que toda cabeza dirigente nece¬ 
sita del brazo que ejecuta, tendría que extenderme demasiado, para 
no pecar por omisión. He tenido oportunidad de mencionar a varios 
de ellos en otras oportunidades. Esta vez me concreto, pues, a expre¬ 
sar sobre todo una palabra de gratitud general a los Poderes Públi¬ 
cos del Uruguay. A los sucesivos Sres. Titulares y demás funciona¬ 
rios del Ministerio de Industrias, como lo mismo al Poder Legisla¬ 
tivo en ambas Cámaras corresponde mi reconocimiento público, por 
habérseme prestado invariablemente, con singular buena voluntad, 
la ayuda oficial, imprescindible para llevar a feliz término una obra 
de esta magnitud. 

Termino señores, expresando mis fervientes deseos para que 
también en la República Argentina pronto se llegue a palpar, con 
igual y tal vez aun mayor intensidad, que en el cercano Uruguay, 
los grandes beneficios económicos derivados de una aplicación bien 
ordenada de la Genética Teórica, llevándola a la práctica agrícola, 
bajo sus diversos aspectos. Son mis aspiraciones sinceras, que la con¬ 
ferencia de hoy sea el principio de un gran movimiento en favor 
de esta gran obra. Formulo votos por la grandeza de la República 
Argentina. 

Sr. Presidente (P a g é s). — Para terminar, quiero decir dos 
palabras de gratitud hacia el doctor Boerger y también para 
dejar constancia de la obra realizada por el gobierno de la República 
Oriental del Uruguay, en todo lo que se refiere a la selección bioló¬ 
gica de la semilla en Sudamérica. 

Será siempre un timbre de honor para la República Oriental del 
Uruguay el haber sido la iniciadora de estos trabajos en Sudamérica. 



CONFERENCIA IV 

GANADERIA VERSUS AGRICULTURA 




Universidad de Montevideo, 1931. — Con¬ 
tribución al estudio de las fuerzas produc¬ 
toras del país, emprendido por la Comisión 
Agronómica de Economía Nacional. ( J ) 


Cuando apenas había pisado tierra uruguaya — de lo cual dentro 
de pocos meses hará 20 años — y conforme me iba orientando en el 
ambiente rural del país, comprobé, con cierta sorpresa, algo así como 
una rivalidad entre la ganadería y la agricultura, industrias madres 
y bases de la riqueza nacional. Digo «con sorpresa», por no existir, 
en los países de la vieja Europa, un antagonismo de esta índole, aun¬ 
que no falten vastas regiones donde prevalecen sistemas de explota¬ 
ción preferentemente ganaderos y viceversa. No obstante, la solidari¬ 
dad de los intereses mutuos no deja de constituir un hecho, estable¬ 
ciendo lazos de unión entre las distintas formas de las actividades 
rurales. En vez de un antagonismo, se registra allí más bien una 
«simbiosis», o sea el complemento mutuo de diferentes ramas y moda¬ 
lidades de explotación. La rivalidad entre ellas debe ser pacífica, y 
por ende provechosa para ambas, sin llegar en ningún momento a 
romper el círculo dentro del cual actúa el aludido juego de fuerzas 
antagónicas que preside la producción rural. Sin desmedro de bien 
justificados intereses individuales, por encima de éstos figura inva¬ 
riablemente la causa común de la colectividad. 

Si bien la conveniencia de desenvolver las diferentes ramas de la 
explotación rural en beneficio de la respectiva empresa y al mismo 
tiempo de la sociedad, constituye un tópico familiar también a nues¬ 
tros progresistas hombres de campo, éstos lógicamente han tenido 
que amoldar sus actividades a las condiciones ambientales. El factor 
«naturaleza» (suelo y clima) favorece la explotación ganadera, siendo 
a la inversa, menos propicio para la agricultura, especialmente debido 


(’) Esta conferencia fué pronunciada en el período culminante de la crisis mundial 
de aquellos años. Entre los rurales del Uruguay, se notaba un gran desconcierto res¬ 
pecto a la modalidad de explotación más conveniente de la tierra, agravada por la primera 
aparición, en 1929, y luego la difusión rápida de la roya amarilla del trigo (Puccinia 
glumarum) que tomó de sorpresa al país respecto a los ataques inusitados del entonces 
muy cultivado trigo «Artigas». En consecuencia, consideré oportuno tomar la palabra 
bajo el título del epígrafe, bregando por una paulatina fusión entre la ganadería y la 
agricultura, en beneficio de ambos, evolución que felizmente en el presente se perfila 
con creciente claridad. 

Estas referencias previas interesan, al efecto de una mejor interpretación tanto 
del título, como también del contenido de la conferencia en algunos aspectos, que 
en el presente carecen de la actualidad candente de entonces. La evolución hacia 
la explotación mixta, debido a factores diversos, en los últimos años se viene acentuando 
rápidamente. Respecto a este punto medular del tema, señalé, pues, con anticipación 
un «desiderátum», que bajo las circunstancias de la actual post-guerra constituye la nota 
característica de las actividades agropecuarias del país. De ahí cierto interés especial 
de la conferencia desde el punto de vista restrospectivo. 



104 


CONFERENCIA IV 


a las anormalidades caprichosas de los meteoros. En consecuencia, en 
varias oportunidades anteriores he calificado al Uruguay como país 
ganadero por excelencia. La ganadería se presenta, en su aspecto 
predominante, como una actividad unilateral del trabajo campesino, 
una de las tantas monoculturas que caracterizan la explotación agro¬ 
pecuaria de las tierras sudamericanas. 

La ganadería unilateral se vió favorecida al mismo tiempo por la 
integración étnica de la población rural del país. Entre los hombres 
de campo dedicados a la explotación ganadera, se registra un porcen¬ 
taje relativamente elevado de la noble raza vasca, criadores y pasto¬ 
res por vocación, predestinados a esta modalidad del trabajo rural por 
herencia de aptitudes e inclinación durante siglos y hasta milenios. 
La fuerza del hábito y de la costumbre trasmitida de esta manera, a 
través de muchas generaciones, les habrá inculcado una preferencia 
bien marcada por la ganadería pastoril. Incorporados a la población 
campesina del Uruguay, tanto ellos como sus descendientes consagra¬ 
ron todos sus entusiasmos y energías a la cría de ganados, contribu¬ 
yendo de esta manera al progreso nacional. 

A la inversa no faltan tampoco regiones, preferentemente en las 
zonas más próximas a los mercados consumidores, en las cuales se 
palpa nítidamente la influencia de una inmigración de agricultores 
por vocación. Contingentes más o menos numerosos de progresistas 
labradores oriundos de España, Italia, Francia y otros países agrícolas 
de la vieja Europa, dedicaron sus afanes a esta rama del trabajo rural, 
conservando igualmente sus descendientes una preferencia bien mar¬ 
cada por actividades de la horticultura, fruti y viticultura y, final¬ 
mente, la labranza cerealera. Sería sin duda interesante encarar el 
problema de la rivalidad entre la ganadería y agricultura también 
desde el punto de vista de la aludida composición étnica de los pobla¬ 
dores del campo, con la consiguiente inclinación vocacional de regio¬ 
nes enteras hacia uno u otro sistema de la explotación agropecuaria, 
objeto digno de investigación futura por parte de cultores de la Socio¬ 
logía Rural. 

Esta rivalidad entre la ganadería y agricultura que se comprueba 
con frecuencia en los países rioplatenses, en su aspecto de modalidad 
unilateral de la explotación agropecuaria de la tierra, constituye de 
por sí un tópico de la Economía Rural. Teóricamente representa un 
objeto de estudio atractivo, tanto en los detalles regionales como tam¬ 
bién en aspectos más vastos de interés nacional y hasta internacional, 
al proyectarse esta modalidad hacia otros ambientes productivos. En 
su faz práctica, la cuestión planteada resulta de gran importancia, al 
tener presente la influencia que la decisión individual de cada uno 
y de todos los campesinos, lógicamente ha de tener sobre la produc¬ 
ción en conjunto de determinada comarca o país entero, como en el 
caso del Uruguay. Justamente desde este punto de vista, nuestro tema 




GANADERÍA VERSUS AGRICULTURA 


105 


resulta de gran actualidad en estos momentos de profunda crisis. 

Hace poco, en marzo del corriente año, me tocó desarrollar en el 
XV Congreso de la Federación Rural reunido en San Carlos (Maído- 
nado), ante una reunión selecta de rurales progresistas, un tema sobre 
orientaciones agrícolas para el ganadero contemporáneo. Tales confe¬ 
rencias, destinadas en primer término para instruir al auditorio, no 
dejan de brindar enseñanzas también al mismo conferenciante, 
con tal de saber captarse, del flúido de las ideas ambientes despertadas 
por su exposición, el reflejo que llega desde el auditorio. Debo confe¬ 
sar con toda franqueza, que en el referido Congreso de San Carlos 
me fué retribuido con creces, lo poco que había podido ofrecer en mi 
disertación por enseñanzas prácticas del comentario posterior. Figu¬ 
raban entre mis oyentes, veteranos de la causa rural que habían 
aprendido en el libro de la vida misma, pagando su tributo a la ense¬ 
ñanza, a veces dura y cruel, en forma de las experiencias prácticas de 
una larga vida de trabajo asiduo en el campo. Escuché por consi¬ 
guiente con respeto, las lecciones que a raíz de mi disertación, espon¬ 
táneamente me brindaban los referidos maestros formados por su 
propia experiencia empírica, exponiendo su parecer respecto a la cues¬ 
tión en debate. 

Pude convencerme así, que muchos de aquellos hacendados pro¬ 
gresistas poco quieren saber de la agricultura. Para ellos la riqueza 
del país descansa sobre la explotación ganadera. Si bien el estanciero 
contemporáneo, a medida que los campos y haciendas se valorizan, 
percibe la necesidad de tener que efectuar agricultura forrajera, 
no resulta tan fácil vencer resistencias arraigadas. La antipatía a la 
agricultura cerealera sigue en pie casi lo mismo que hace veinte 
años, cuando lo comprobé por primera vez a través de mi contacto 
directo con la campaña productora. 

Poco después de la aludida enseñanza recogida en el ambiente de 
Maldonado, un artículo de «La Mañana» de abril 15 del año corriente, 
plantea el problema en debate con toda nitidez, calificando de «uto¬ 
pía» la idea de querer transformar nuestro país en zona de predomi¬ 
nante cultivo cerealero. El articulista, haciendo expresa referencia a 
los trabajos de selección biológica de plantas agrícolas realizados en 
«La Estanzuela», censura la preferencia que por orden gubernamental 
se dispensó a los cereales. Reclama, en cambio, la preparación de las 
semillas forrajeras, por ser — así se expresa textualmente — «ellas 
en realidad las que más utilidad están destinadas a dar dentro de 
nuestro país, cuya economía descansa sobre la industria ganadera». 
Califica finalmente de «novelería» los trabajos tendientes a la evo¬ 
lución agrícola propiamente dicha. En forma análoga, un artículo 
sobre cuestiones económicas aparecido en «Imparcial» de Montevideo, 
de julio 2 próximo pasado, sustenta que las energías invertidas por 
el Instituto Fitotécnico de «La Estanzuela» en la producción cerea- 



106 


CONFERENCIA IV 


lera «hubiesen dado otro provecho para nuestra economía, si esa 
Estación hubiese destinado sus medios sólo a la resolución del pro¬ 
blema forrajero.» 

Tales opiniones revelan nuevamente preferencia por las acti¬ 
vidades ganaderas, por cierto bien comprensible en las condicio¬ 
nes ambientales del Uruguay. La rivalidad entre la ganadería y la 
agricultura no ha cesado. En esta hora crítica de horizontes lúgu¬ 
bres conviene, por lo tanto, esclarecer puntos dudosos, determinar 
posiciones y deslindar rutas futuras. Sobre todo en vista del trabajo 
que la Comisión Agronómica de Economía Nacional, señalada en el 
epígrafe, está realizando con el objeto de intensificar y diversificar 
la agricultura, no he querido permanecer en silencio. 

Ante el espíritu conservador que se empeña en defender ínte¬ 
gramente las posiciones predominantes de la industria ganadera, en 
desmedro de la agricultura contemporánea y poniendo en duda posi¬ 
bilidades futuras de ésta, surge la pregunta de siempre, si somos escla¬ 
vos del pasado o forjadores del porvenir; un porvenir con horizontes 
más amplios para la economía nacional en base a la explotación más 
conveniente del patrio suelo. Respecto a su uso no deben descuidarse 
intereses colectivos que afectan también a las generaciones futuras. 
Sin pretender que se abandonen métodos de trabajo consagrados a 
través de la explotación pastoril de grandes propiedades, el progreso 
del país reclama al mismo tiempo la extensión de las actividades agrí¬ 
colas. Es el eterno problema que desde comienzos remotos acompaña 
la historia del progreso paulatino y penoso de la Humanidad, pro¬ 
blema involucrado en la verdad consagrada, de que lo «mejor» es 
enemigo de lo «bueno». 

En el preámbulo de mi libro «Observaciones sobre Agricultura» 
expresé mi modo de pensar respecto al problema planteado, en la 
forma siguiente: «Sin contemplar el futuro, es un hecho desde ya pal¬ 
pable, que la explotación unilateral del patrio suelo por el primitivo 
sistema pastoril no basta para soportar los presupuestos millonarios 
del Estado y de las Comunas, erogaciones que a su vez constituyen 
un exponente bien significativo del progreso alcanzado por el país en 
los más diversos aspectos de la civilización. Basándose la riqueza nacio¬ 
nal en la utilización ganadero-agrícola de la tierra, substrato inmu¬ 
table en extensión, hay que ir al perfeccionamiento de los métodos 
de su explotación para obtener mayor utilidad por unidad de super¬ 
ficie». El Presidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos, Ing. 
Agr. Arturo González Vidart, comentando este concepto, en un 
discurso pronunciado hace poco, confirma la verdad incontrovertible 
de su contenido, agregando «que no es necesario pensar en el futuro 
para ver la incapacidad en que se encuentra la explotación unilateral 
del suelo, de producir las riquezas que la actividad nacional requiere 
para seguir la marcha ascendente del perfeccionamiento social». Des- 



GANADERÍA VERSUS AGRICULTURA 


107 


graciadamente, los hechos se encargaron de ratificar prácticamente el 
vasto alcance de la precitada afirmación. En momentos críticos, los 
inconvenientes y peligros de la explotación unilateral se ponen de 
manifiesto con mayor claridad, acentuándose aun más en una crisis 
de la gravedad y extensión como la que estamos atravesando. 

Diversificar e intensificar la producción, es la orden del día, no 
sólo para disponer de sobrantes exportables, sino también para res¬ 
tringir la importación de lo que con un trabajo más intensivo de la 
tierra es obtenible dentro de fronteras. En virtud de basarse prácti¬ 
camente toda la riqueza nacional en la explotación agropecuaria del 
suelo, «substrato inmutable en extensión», hay que recurrir al perfec¬ 
cionamiento de los métodos de trabajo, a la intensificación de la explo¬ 
tación para obtener mayor utilidad por unidad de superficie. Es esta 
una verdad axiomática, cuyo mandato afecta tanto a la industria gana¬ 
dera como a la agrícola. 

El problema de las plantas más eficaces existe, por consiguiente, 
no sólo para la agricultura, sino igualmente para la ganadería, ya 
que no se conciben ganados mejorados sin alimentación mejorada. 
El precitado clamor de los ganaderos por la realización de trabajos 
fitotécnicos tendientes a resolver el problema forrajero con el objeto 
de asegurar la mejor alimentación del ganado, confirma mis reite¬ 
radas manifestaciones acerca del círculo que se viene trazando entre 
Fitotecnia y Zootecnia. Todo esto es una prueba evidente, de la estre¬ 
cha vinculación que existe entre los intereses de los ganaderos y agri¬ 
cultores. Ya palpamos prácticamente la urgente e inaplazable necesi¬ 
dad de ir preparando, con todos los medios posibles, la era futura, en la 
cual a la agricultura le incumbirá un papel creciente en importancia 
dentro de este juego de las fuerzas empeñadas en acrecentar la riqueza 
nacional y el bienestar de una población cada vez más densa del 
territorio uruguayo. 

Contemplando desde tan amplios horizontes la solidaridad de los 
intereses fundamentales de la ganadería y los de la agricultura, des¬ 
aparecerán automáticamente rivalidades como las que señalé en pᬠ
rrafos anteriores. Surgirá, pues, el problema único, fundamental y 
decisivo, de marchar tenazmente adelante, en armoniosa unión de 
todas las fuerzas vivas y valiéndose de todos los medios de la ciencia 
y de la organización, para llegar cuanto antes a la meta anhelada: 
intensificación y diversificación de la producción. 

Limitándome estrictamente a la faz técnica del problema plan¬ 
teado, no es exagerado afirmar, que mi libro «Observaciones sobre 
Agricultura» contiene indicaciones múltiples sobre el asunto en 
debate. Su finalidad consiste precisamente en poner al alcance de los 
interesados los resultados finales de largos años de investigación me¬ 
tódica acerca del problema de las plantas más eficaces para el am¬ 
biente productivo del país. No cabe duda, que a la experimentación 



108 


CONFERENCIA IV 


agrícola le cabe una importancia fundamental al respecto, ya que ella 
tiene por objeto encontrar, por la observación sistemática, o formar, 
por la selección biológica, las aludidas «plantas más eficaces» que son 
reclamadas tanto por la ganadería como por la agricultura. 

Abordamos así la parte medular de nuestro tema, parte desti¬ 
nada a dilucidar la situación actual y, respaldados por lo realizado 
hasta la fecha, despertar fe y confianza en posibilidades futuras. 
Lógicamente debo constituirme en defensor de la causa agrícola, ya 
sea la cerealera o la forrajera, sin por eso desconocer la enorme 
importancia de la industria ganadera. 

La formación de los trigos de pedigree y su incorporación paula¬ 
tina en la cerealicultura del país, representa un acontecimiento tan 
importante en la historia agrícola contemporánea, que no hay por qué 
insistir sobre este punto. En cambio, respecto a las discusiones acerca de 
la calidad industrial de estos trigos, tengo la satisfacción de dar a cono¬ 
cer una opinión reciente de técnicos competentes de los Estados Unidos 
de Norteamérica, donde se llevaron a cabo minuciosos estudios compa¬ 
rativos sobre el particular, en trigos del mundo entero. Fueron analiza¬ 
das 412 variedades comerciales procedentes de 38 países, además 431 
muestras de trigos de exportación. En «Experiment Station Record» de 
febrero de 1931, boletín recién llegado a mi vista, figura un resumen 
de los aludidos estudios analíticos, en el cual, previa referencia a los 
demás trigos de la categoría pertinente, procedentes de varios conti¬ 
nentes, figuran los trigos del Uruguay como los únicos citados expre¬ 
samente «por su alto valor panadero». Recurriendo a la publicación 
original del mencionado resumen de «Calidad Molinera y Panadera de 
los Trigos del Mundo», voluminoso boletín técnico de 223 páginas del 
United States Department of Agriculture, aparecido en octubre de 
1930, pude verificar que se trata exclusivamente de trigos de «La 
Estanzuela»: «Artigas», «Larrañaga» y «Pelón». Tenemos así una con¬ 
firmación, por cierto halagadora, de estudios análogos efectuados 
tanto en Buenos Aires como aquí, inclusive los resultados a que arri¬ 
bara la Comisión pro Estudio del trigo «Artigas» formada en 1926 
por el Ministerio de Industrias. 

Apenas establecida, en 1928, esta aprobación oficial con el con¬ 
siguiente impulso para extender aún más las siembras de la mencio¬ 
nada variedad, aparece, en 1929, un enemigo parásito antes descono¬ 
cido en el Río de la Plata, la roya amarilla, Puccinia glumarum. Ante 
los ataques de esta nueva peste, el trigo «Artigas» reveló poseer tan 
débil resistencia, que sus rendimientos, anteriormente siempre eleva¬ 
dos, descendieron, registrándose fracasos más o menos acentuados 
de las cosechas. En un trabajo sobre orientaciones agrícolas para la 
siembra actual, publicado en los diarios de mediados de mayo pró¬ 
ximo pasado, enuncié los detalles pertinentes. Ante la duda, que 
este revés podría originar respecto a la eficiencia de la Genética Vege- 



GANADERÍA VERSUS AGRICULTURA 


109 


tal como factor decisivo para el progreso agrícola, insisto sobre este 
punto. 

Es un error suponer, como a veces sucede entre personas no fami¬ 
liarizadas con estas cuestiones, que el triunfo de la Genética Vegetal 
aplicada a la agricultura del país, consiste principalmente en la for¬ 
mación del trigo «Artigas», variedad ésta que constituye sólo una de 
las tantas conquistas fitotécnicas de «La Estanzuela». Sus bajos ren¬ 
dimientos de los últimos años, encuentran, contemplando la obra en 
conjunto, su compensación amplia en las cosechas altamente satis¬ 
factorias con que figuran otros trigos de pedigree, cultivados en igua¬ 
les condiciones del «Artigas», fracasado. Justamente al hablarse de 
«fracasos», no debe faltar, en el polo opuesto, una referencia también, 
a las otras variedades, las cuales, no sólo resistieron al ataque de un 
enemigo nuevo, sino que respondieron ampliamente, con rendimien¬ 
tos elevados, en esta hora de prueba. Son de dominio público las altas 
cosechas, sobrepasando más de una vez 2.000 kgs. por hectárea en tie¬ 
rras debidamente preparadas, que dieron los nuevos trigos pelones de 
pedigree «IVx» y «IVy» de «La Estanzuela». También nuestra variedad 
«Larrañaga» respondió a su fama de trigo rendidor, conquistada en 
competencia seria con el «Artigas», registrándose en el Litoral del 
país, casos de rendimientos superiores a 1.500 kgs. por hectárea en 
vastas extensiones, lo que representa una cosecha ampliamente satis¬ 
factoria para un año agrícola adverso como el de 1930/31. 

Más halagadoras aún se presentan las perspectivas para el cul¬ 
tivo triguero, en vista de los altos rendimientos que las nuevas crea¬ 
ciones de «La Estanzuela» vienen proporcionando en los ensayos com¬ 
parativos ejecutados con todo el rigor de la técnica moderna. Abor¬ 
damos así el punto culminante de mis breves indicaciones referentes 
a la actual situación del problema triguero. Su alcance para el futuro 
se palpa fácilmente al estudiar el cuadro N 9 1, que informa sintéti¬ 
camente acerca de los resultados obtenidos en cuatro ensayos del 
último año agrícola. 

En las mismas condiciones de cultivo en que el trigo «Artigas» 
fracasó, otras variedades de «La Estanzuela» documentaron, en forma 
concluyente, su alta capacidad productora. Los resultados obtenidos 
en nuestros Campos Experimentales son confirmados por los datos 
pertenecientes al Instituto Fitotécnico «Santa Catalina» de la Univer¬ 
sidad de La Plata (Argentina), datos extractados del informe que sobre 
estos ensayos me suministrara su Director, el Dr. Rudorf. Estos 
resultados son doblemente significativos, en virtud de no existir ma¬ 
yormente diferencias climáticas entre ambos puntos. La distancia de 
70 kilómetros que en línea recta separa «La Estanzuela» de «Santa Ca¬ 
talina», resulta insignificante al efecto del caso. El detalle no carece 
de interés, precisamente para el año de 1930/31, en que las condicio- 



o 


CUADRO 1 

Trigos de «La Estanzuela», comparados con el 38 M. A. (Argentino) 1930/31 


Instituto Fitot. «La Estanzuela» Inst. Fit. «Sta. Catalina» (Argentina) 


O 

Ensayo N9 1 


Ensayo N9 

2 


Ensayo N9 1 


Ensayo N9 2 

O 

* 

Siembra 26. VI 

Ren¬ 

dimientos 

Siembra 5. VII 

Ren¬ 

dimientos 

Siembra 9.VIII 

Ren¬ 

dimientos 

Siembra 2.VIII 

Ren - * 

dimientos 73 

M 

Variedades 

q/ha. 

% 

Variedades 

q/ha. 

% 

Variedades 

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% 

Variedades 

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2 

% O 

HH 

38 M. A. (Argén- 











> 

tino) . 

17.4 

100 

— 

— 

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38 M. A. 

14.4 

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38 M. A. 

. 15.2 

100 ~ 
< 

Acd 11 . 

20.2 

116 

Americano 25c 

31.2 

— 

Larrañaga .... 

15.5 

108 

Acd 11 . 

. 19.5 

128 

Centenario .... 

26.4 

152 

Felón IVcl .... 

27.2 

— 

Americano 44d . 

18.1 

126 

Centenario 

16.5 

109 

Americano 25c . 

25.1 

144 

Pelón IVy .... 

22.9 

— 

Pelón IVy .... 

16.8 

117 

1079 b 

17.9 

118 

1078 . 

21.4 

123 

1078 b . 

20.7 

_ 

_ 

— 

— 

1078 

16.8 

111 








GANADERÍA VERSUS AGRICULTURA 


111 


nes climáticas contribuyeron a la generalización de los ataques del 
referido hongo parasitario también en la Argentina. 

La circunstancia de figurar, en el cuadro 1, cifras extractadas de 
la experimentación del país vecino, justifica la comparación de nues¬ 
tros trigos, con la variedad argentina «38 M. A.», incluida igualmente 
en los ensayos de «La Estanzuela». De esta manera tenemos inmediata* 
mente una medida básica de comparación respecto a los rendimientos 
relativos, con aumentos porcentuales que en el caso óptimo alcanzan 
al 52 %. Llaman la atención también los altos rendimientos absolutos 
del ensayo N 9 2 de «La Estanzuela», cuyos valores, en el caso más favo¬ 
rable, llegan a 3120 kgs. por hectárea. En virtud de haberse obtenido 
tan abundantes cosechas en las mismas condiciones de cultivo, en que 
el trigo «Artigas» fracasara, tales cifras son por cfierto, significativas 
y alentadoras. 

Esta elevada capacidad productora del trigo en condiciones favo¬ 
rables de suelo y época de siembra, es superada aún por la del maíz. 

CUADRO 2 


Capacidad productora del maíz de pedigree en distintas épocas de siembra 


1929 

-30 


1930 

-31 


Fecha 

de la siembra 

Rendimientos q/ha. 

Amarillo Cuarentón 

Fecha 

de la siembra 

Rendimientos q/ha. 

Amarillo Cuarentón 

Octubre 5 . 

26.3 

23.7 

Octubre 6 . 

43.6 

38.2 

Noviembre 8 .. .. 

26.7 

20.9 

Noviembre 1 .... 

33.4 

27.8 

Diciembre 5 .... 

32.4 

24.3 

Diciembre 2 .. . . 

50.0 

40.4 


El cuadro 2 arroja las cifras respecto a los rendimientos absolutos 
obtenidos en distintas épocas de siembra de los años agrícolas 1929/30 
y 1930/31. En todos los casos expuestos figuran datos promediados de 
muchas parcelas de contralor. Salta a la vista la superioridad rendi- 
dora del maíz «Amarillo» de pedigree al lado del «Cuarentón», varie¬ 
dad ésta, que a su vez se destaca por una mejor calidad. La siembra 
de diciembre superó las de octubre y noviembre. Esto se explica por 
las condiciones de vegetación especialmente favorables a la siembra 
tardía en los años indicados. Durante los meses de verano se registra¬ 
ron lluvias abundantes, factor decisivo para la producción maicera. 
Naturalmente, rendimientos tan elevados son obtenidos solamente, 
en base a trabajos culturales esmerados, consistiendo en repetidas 
carpidas, tal cual lo documenté numéricamente en «Observaciones 
sobre Agricultura». Se sobreentiende, que nunca será posible lograr 
altas cosechas en chacras sucias y agotadas, las cuales desgraciada- 





112 


CONFERENCIA IV 


mente abundan en algunas regiones del país, donde el maizal es 
comido por el abrojo y donde los trigales son invadidos por la man¬ 
zanilla, los rábanos y otras malezas. 

Lo que va dicho respecto a la limpieza de los precitados cultivos 
cerealeros, cobra mayor alcance e importancia para el lino oleaginoso, 
que ocupa el tercer lugar entre nuestros cultivos de la gran cultura. 
«Chacras invadidas por yuyos y malezas, nunca darán cosechas satis¬ 
factorias», así me expresé sintéticamente sobre este punto en las 
«Instrucciones para la siembra actual del lino», que por encargo de 
la Comisión Nacional pro Siembra del lino, preparé en estos días. 
Tanto estas instrucciones como la exhortación anterior: «A sembrar 
lino», manifiesto que por su misma índole tenía que ser redactado en 
términos bien concisos, han dado motivo a interpretaciones erróneas 
en algunos aspectos. Insisto, pues, acerca de tales puntos «dudosos». 

CUADRO 3 

Rendimientos de linos de pedigree en distintas épocas de siembra 1930/31 

(Las fechas de siembra siempre al principio del mes) 


Junio 

Variedades - 

q/ha. % 


9 b (Testigo) . 11.5 100 

Cruzamiento Ar . 13.8 120 

» Ar 210 12.7 110 

» Am . 12.8 111 

Variedad repetible. 12.3 107 

Línea 12 c 12 13.6 118 

* 8 c 1 14.1 123 


Julio Agosto Setiembre 


q/ha. 

% 

q/ha. 

% 

q/ha. 

% 

13.6 

100 

13.6 

100 

14.6 

100 

16.7 

123 

17.4 

128 

16.8 

115 

16.4 

121 

17.0 

125 

16.5 

113 

16.6 

122 

14.8 

109 

15.1 

103 

16.3 

120 

13.5 

99 

14.8 

101 

16.0 

118 

14.2 

104 

14.5 

99 

15.8 

116 

14.5 

107 

14.5 

99 


Ante la duda respecto a la mejor época de siembra, «Observacio¬ 
nes sobre Agricultura» contiene indicaciones claras sobre la época de 
siembra «normal» que para el lino corresponde al mes de julio. 
Una inspección del resumen general del capítulo sobre épocas de 
siembra bastaría para diferenciar entre la regla y su excepción. No 
obstante ello, con el objeto de robustecer aún más los fundamentos 
de la referida indicación, presento, en el cuadro 3, cifras sobre ren¬ 
dimientos de linos de pedigree registrados en distintas épocas de 
siembra de 1930/31. Se trata de datos extractados de un amplio ensayo 
instalado expresamente con el objeto de dilucidar detalles de carácter 
agronómico cultural del lino, método y densidad de la siembra, canti¬ 
dad de semillas a sembrarse, etc., siempre en combinación con el factor 
«época de siembra». Los datos del cuadro 3 representan, por lo tanto, 
valores promediados de muchas parcelas de contralor. Es evidente, que 
también en 1930/31 las siembras de julio y agosto superaron amplia¬ 
mente tanto a la de junio como la de setiembre. 










GANADERÍA VERSUS AGRICULTURA 


113 


Cabe destacar expresamente los rendimientos elevados que die¬ 
ron los nuevos linos de «La Estanzuela», entre los cuales el cruzamiento 
«Ar» se sindica como la variedad más productora en todas las épocas. 
Este dato está en consonancia a su vez con los resultados de los ensa¬ 
yos comparativos del ya mencionado Instituto Fitotécnico «Santa Cata¬ 
lina». Nuestro lino «Ar» superó allí al testigo («Malabrigo» Santa Cata¬ 
lina), en 22 %, sindicándose campeón de rendimiento sobre un con¬ 
junto de 15 variedades ensayadas. Rendimientos de 1.500 kgs. por hec¬ 
tárea en tierras de fertilidad mediocre, sometidas durante más de 20 
años al cultivo agrícola, justifican a la vez mis indicaciones acerca de 
las posibilidades del cultivo del lino en «terrenos apropiados de cha¬ 
cras viejas». 

En cuanto a la siembra de la variedad «repetible», objeto de 
prolongados estudios metódicos por parte de vuestro conferenciante, 
me propongo publicar en una de las próximas revistas de la Asocia¬ 
ción Rural, los resultados posteriores a «Observaciones sobre Agri¬ 
cultura». Con decir, que el cultivo «repetido» en principio resulta 
factible, siempre que se disponga de semilla «repetible», o sea com¬ 
patible consigo misma, el procedimiento es calificado de antemano 
como un caso de excepción. A las «excepciones» empero se debe 
recurrir sólo cuando circunstancias especiales lo justifiquen. 

De acuerdo a lo expresado en párrafos anteriores, me concretaré, 
en esta exposición sintética sobre las plantas del gran cultivo, más 
bien a la faz técnica del asunto. Van asimismo algunas palabras com¬ 
plementarias, motivadas por la amenaza de una posible superpro¬ 
ducción agrícola que podría dar motivo a precios no remuneradores. 
Si el tiempo acompaña a los cultivos, no sería extraño que la actual¬ 
mente tan mentada «superproducción» sea un hecho, tanto para el 
trigo como para el maíz y el lino. En cuanto a éste, se trataría de un 
sobrante fácilmente exportable, salvo que la situación sufra cambios 
fundamentales no previsibles actualmente. 

En lo que atañe al trigo, los precios de exportación probablemente 
serían más bajos que el costo de producción en las chacras de cose¬ 
chas pobres. Su transformación en harina, con la ayuda de las pri¬ 
mas, constituye de cualquier manera un factor favorable en este as¬ 
pecto del problema. Pese a la superproducción que se vislumbra, 
informaciones periodísticas recientes señalan la conveniencia de 
sostener el área total, reservada al cultivo del trigo en el país. 
Respecto al maíz, consigno la tendencia cada vez más acentuada de 
establecer industrias basadas sobre materia prima de origen nacional. 
Ha de llegar, pues, también al maíz su turno, tanto respecto a su uso 
para la fabricación del alcohol, como glucosa y otros productos. 
Sobre este punto importante la Cámara Mercantil de Productos del 
País, viene insistiendo desde hace años. Lo substancial del asunto 
queda condensado en este párrafo extractado de una editorial de su 



114 


CONFERENCIA IV 


Revista Semanal del 6 de marzo de 1931: «Nos parece imposible que dán¬ 
dose cuenta de la importancia de este asunto, nuestros Poderes Públi¬ 
cos no acierten con la forma de una solución. En nombre de los inte¬ 
reses de los productores, la reclamamos de ellos; no importa a nuestros 
fines, completamente impersonales, la forma, lo que importa es que 
accione ese elemento de transformación del maíz y de valorización de 
su precio, ayudando al productor a colocar su cosecha». Es de esperar 
igualmente, que la amplia propaganda que tanto el Frigorífico Nacio¬ 
nal como la Comisión Agronómica de Economía Nacional vienen 
haciendo en pro de la intensificación de la producción avícola y por¬ 
cina, contribuya a elevar el consumo del maíz en el mercado interno, 
en forma análoga a lo que se registra al respecto en los Estados Uni¬ 
dos de Norteamérica y en el Brasil. 

Abordamos así un punto, donde convergen intereses ganaderos 
y agrícolas en su evolución mutua hacia la granja. Sin extenderme 
en detalles, entre los cuales, por su importancia y alcance, figura 
en primer término lo relacionado con el desenvolvimiento de la indus¬ 
tria lechera, esta evolución no tardará en transformarse en realidad 
lisonjera. A medida que ideas como las que actualmente reinan en 
el ambiente, se condensen en realizaciones prácticas, la aludida ten¬ 
dencia evolutiva será palpable en las cifras de la producción. 

Me propongo pues, exponer a continuación mis puntos de vista 
respecto a las posibilidades agrícolas de la agricultura intensiva. A 
ellas debieran dedicarse ante todo los predios sometidos durante mu¬ 
cho tiempo a la explotación unilateral, diversificando e intensificando 
la producción de artículos colocables en el mercado interno. 

Cito en primer término el postulado de tener que llegarse en los 
próximos años, a producir papas suficientes como para poder satis¬ 
facer las necesidades del consumo total del país. Los boniatos se plan¬ 
tarían no sólo para el consumo, sino también para la industrialización 
(fécula, alcohol, etc.). El cultivo de porotos y otras leguminosas ya 
adaptadas, será fácil extenderlo considerablemente, elevando a la 
vez los rendimientos por unidad de superficie. Con tal que se atiendan 
debidamente estos cultivos, aplicando cuidados culturales esmerados, 
hay más seguridad de éxito que en muchos otros países donde enfer¬ 
medades criptogámicas y otras plagas, causan pérdidas de consi¬ 
deración, al extremo de hacer imposible el cultivo. En cuanto a las 
hortalizas, habría que tratar de extender e intensificar la plantación 
de especies adaptadas y fácilmente cultivables, señalando expresa¬ 
mente la cebolla y el tomate, cuyos cultivos se vienen extendiendo en 
proporciones relativamente considerables. 

Debe irse también a la implantación y extensión de cultivos 
apropiados para la industria alimenticia en el sentido moderno de 
este vocablo. Consigno al respecto en primer término el poroto de 
Manchuria, o sea distintas clases de Soja híspida, que brindan a los 



GANADERÍA VERSUS AGRICULTURA 


115 


habitantes de la lejana Asia un sinnúmero de variados alimentos 
vegetales, desde el aceite hasta las pastas y mantecas de soja, etc. 
No está demás mencionar, que nuestro Instituto Fitotécnico de «La 
Estanzuela» en los últimos años está dedicando preferente atención 
a los trabajos metódicos de adaptación, de este precioso cultivo, al 
ambiente productivo del país. La avena de calidad que ha de sumi¬ 
nistrar materia prima apropiada para la industria de las avenas lami¬ 
nadas (Quaker Oats), la cebada cervecera en su aplicación para la fabri¬ 
cación del llamado «café de malta», levaduras, etc., aun prescindiendo 
de su destino primordial como cultivo de interés para la industria cer¬ 
vecera, representan otras plantas agrícolas dignas de ser tenidas en 
cuenta por labradores prolijos de la vieja zona agrícola del país, a 
fin de diversificar la producción. No carecen de importancia, en este 
grupo de cultivos, el maní, productor de aceite comestible, y lo 
mismo el girasol. Para completar esta lista de cultivos anuales acon¬ 
sejables para la labranza intensiva, indico por fin, de acuerdo con la 
estadística, el tabaco, la remolacha azucarera y el arroz, cuyo cul¬ 
tivo se ha iniciado recientemente con excelentes resultados en algu¬ 
nos puntos. 

Todas estas especies anuales, sin perjuicio de su futura explota¬ 
ción en mayor escala, actualmente ofrecen interés más bien para la 
pequeña y mediana cultura, teniendo la ventaja de un mercado 
interno asegurado. Desde los mismos puntos de vista agrego la viti¬ 
cultura y fruticultura, como también la agricultura forrajera, ante 
todo en relación con la producción lechera y finalmente de nuevo el 
maíz, que en su faz de planta alimenticia juega un papel preponde¬ 
rante en las aludidas regiones de tierras «cansadas» y agobiadas por 
el cultivo triguero continuado. La intensificación de estas siembras 
con la intención de diversificar las siembras, de conservar y hasta reno¬ 
var la fertilidad de tierras sometidas durante mucho tiempo a la explo¬ 
tación esquilmante y finalmente, de contribuir a la solución del pro¬ 
blema agrario y demográfico del país, evitando la despoblación de la 
campaña y mejorando la situación del pequeño labrador, representa 
indudablemente un programa de política agraria digno de estudiarse 
a fondo, para llevarlo luego al terreno de la práctica en bien del 
progreso general del país. 

Antes de poner punto final, juzgo conveniente entrar en algunas 
consideraciones de oportunidad referentes al problema de la dege¬ 
neración o el decaimiento de las razas o variedades vegetales. Su 
alta potencialidad productora constituye una de las columnas sobre 
las cuales se basa la fe en el futuro agrícola. La posibilidad de la 
degeneración representa, por consiguiente, una amenaza constante 
para la producción basada sobre razas de alta selección biológica. 
¿Cómo es posible evitar este decaimiento? El remedio consiste pre¬ 
cisamente en los trabajos de selección, ya que a ellos les incumbe 



116 


CONFERENCIA IV 


no sólo la tarea de crear nuevas variedades, sino también, lo que es 
de igual importancia, la de conservar los progresos alcanzados, vigi¬ 
lando constantemente las modificaciones que se presentan y corri¬ 
giendo fallas. Ni así, sin embargo, será posible evitar por completo, 
en ciertos casos, reveses, especialmente cuando ellos son originados 
por fuerzas contrarias inherentes al ambiente. 

La tendencia a degenerar, de determinada raza o variedad, tanto 
animal como vegetal, el decaimiento de su vigor juvenil, constituye 
un hecho tan corriente que no hay por qué citar ejemplos. La conocida 
sentencia del filósofo Heráclito: «todo fluye», tiene validez tam¬ 
bién para los problemas de la Biología. Respecto al nacimiento, flo¬ 
recimiento y decaimiento de pueblos y razas enteras de la especie 
«Homo sapiens», Oswald Spengler lo documentó en su «Ocaso 
de Occidente». En «Observaciones sobre Agricultura» cité algunos 
versos de Virgilio, acerca de este fenómeno, que no podía esca¬ 
par a la observación inteligente y reflexión aguda del autor de 
«Geórgica». A base de sus largas experiencias había llegado a la 
conclusión resignada, de que todos los desvelos no bastan para evitar 
el empeoramiento de una raza, o sea su decaimiento. 

El peligro del decaimiento o de la «degeneración» de las razas 
vegetales — aplicando el término en su sentido lato — siempre per¬ 
sistirá. Si bien la «línea pura» constituye el máximo de rigidez o 
estabilidad respectivamente para plantas de autofecundación rigu¬ 
rosa, no por eso se trata de algo inmutable en absoluto. Aun supo¬ 
niendo una constancia prolongada de la línea pura, en cuanto a la 
substancia hereditaria de los genes, desconocemos la reacción de éstos 
ante factores cambiantes del ambiente: suelo, clima y otros, inclu¬ 
sive la aparición de nuevos agentes patógenos. Este ambiente vivo, 
con sus micro y macro-organismos del edafón y de la fitosfera, la 
fauna y flora general de los respectivos «habitats», con el agra¬ 
vante de su traslado a largas distancias, aun venciendo océanos, de¬ 
bido al desarrollo tan rápido del transporte aéreo, constituye una 
amenaza latente para la aludida estabilidad genética y el equilibrio 
general de los factores biológicos ambientales. 

El caso del trigo «Artigas» constituye contundente ejemplo prác¬ 
tico al respecto. Ciertas interpretaciones aparecidas recientemente 
en la prensa atribuyen su fracaso a una «grave desordenación here¬ 
ditaria», término que merece ser analizado a los efectos de aclarar 
el concepto. La constitución genotípica del mencionado trigo, si el 
término enunciado alude a ella, se basa sobre el cruzamiento entre 
dos líneas puras, obtenidas durante el período inicial de mis trabajos 
fitogenéticos en el país. Recordando discusiones anteriores sobre este 
punto, insisto en el detalle, de pertenecer ambos padres, en cuanto 
al sistema botánico, al grupo de los trigos blandos (Trigo vulgare 
Vill.). No hay base, pues, para hablar de una «desordenación heredi- 




GANADERÍA VERSUS AGRICULTURA 


117 


taria». La «homogeneidad» genotípica, en aspectos generales, resulta 
inapelable. 

Fenotípicamente el trigo «Artigas» se reveló como gran conquista 
para la cerealicultura nacional. Son muchos los agricultores que deben 
su bienestar económico a su alta capacidad productora. Además de 
su elevada producción, se destacó también por su buena calidad indus¬ 
trial. Su actual fracaso no se debe a un «desordenamiento heredita¬ 
rio», ya que en el correr de tantas generaciones como las que corres¬ 
ponden a las formas del trigo «Artigas» de hoy, se ha vuelto homo- 
cigota. La variedad fracasó, por ser susceptible a una enfermedad 
desconocida hasta ahora en nuestro ambiente, la mencionada «Puc- 
cinia glumarum», registrada en el Río de la Plata por primera vez 
en 1929. 

Haciendo referencia a mis explicaciones sobre la influencia mu¬ 
tua de factores múltiples que sostienen a este juego de fuerzas bioló¬ 
gicas en equilibrio, debe considerarse, pues, a la nueva raza de la 
especie patógena, como una de las fuerzas ambientales que actuó en 
sentido adverso. A título de ejemplo pongo el caso de un caballo de 
carrera de alta calidad, que por el solo hecho de no desempeñarse 
bien en el barro, fracasa su campaña, si el año se presenta lluvioso, 
sin que por eso pueda dudarse de las altas cualidades hereditarias 
en él acumuladas. Resumiendo, puede decirse, que en el caso del 
trigo «Artigas», no se trata de una «desordenación hereditaria», sino 
de un caso extremo de desequilibrio ecológico, cuya causal apareció 
mucho después de terminada la formación del mencionado trigo. 

Lo brevemente expresado bastará para comprender, que el pro¬ 
blema de la degeneración, decadencia o decaimiento, es más com¬ 
plejo de lo que sería posible tratar dentro del margen reducido de 
esta conferencia. Apenas he podido abordarlo con el solo objeto de 
robustecer nuestra fe en el futuro agropecuario y disipar dudas res¬ 
pecto a la eficacia de las realizaciones fitotécnicas, pese a reveses 
como el que motivara esta excursión hacia los dominios de la Biolo¬ 
gía. Corresponden al Dr. H. Morstatt, autoridad en Fitopatología, 
varias monografías sobre el problema de la degeneración, el de¬ 
caimiento o el envejecimiento de las plantas cultivadas. En la más 
reciente, examina la degeneración de Agave sisalana, productora de 
la fibra sisal, el henequén de los mejicanos. Más importante, sin 
embargo, será la que se refiere a la degeneración de la papa, asunto 
de gran actualidad en su relación con las investigaciones sobre 
los virus. 

El conde von Arnim-Schlagenthin, a la sazón uno de los 
más reputados fitogenetistas en papas, ante el fracaso de la exce¬ 
lente variedad de papas «Magnum Bonum», lanzó en 1908 un grito 
de alarma en un artículo de divulgación que bajo el título «Está 
peligrando el cultivo de la papa en Europa», sembró el pánico entre 



118 


CONFERENCIA IV 


los labradores afectados directamente por las pérdidas catastróficas 
de 1907. Tan importante problema, en su aspecto práctico, quedó 
solucionado luego con la creación de variedades capaces de reempla¬ 
zar ventajosamente a la aludida «Magnum Bonum». No tan fácil 
resultó la tranquilización del ambiente científico, ya que las discu¬ 
siones e investigaciones acerca de la cuestión planteada por aquel 
suceso, han continuado hasta nuestra época. Basta traer a la memo¬ 
ria de los técnicos que me escuchan, la controversia sobre los virus, 
considerados actualmente como los agentes patógenos más temibles 
de la modalidad de degeneración conocida como «encrespamiento». 

Existen, en la historia agrícola, muchos casos análogos de fraca¬ 
sos generales de ciertos cultivos o plantaciones, provocados por la 
aparición de un nuevo enemigo como verbigracia, la filoxera en la 
viticultura, el míldiu falso del lúpulo (Pseudoperonospera humuli) 
y otros, en ambientes anteriormente libres de ellos y por ende caren¬ 
tes también del «enemigo del enemigo» que en un ambiente ecológico 
«equilibrado» no suele faltar. Al precitado caso de la «Magnum 
Bonum», se puede agregar el de la «Daber», papa almidonera que 
desapareció del ambiente productivo de Europa durante el lapso 
corto abarcado por mi actuación personal en estas cuestiones. Se trata 
de la confirmación práctica de mi enunciado sobre la necesidad del tra¬ 
bajo ininterrumpido y la vigilancia siempre alerta del seleccionista 
que tiene entre sus manos una obra de Biología aplicada, de gran 
alcance económico. No está demás, ante el caso concreto del reciente 
fracaso del trigo «Artigas», preguntar: «¿Qué sería del progreso 
agrícola del país, si no existiese un Instituto capaz de subsanar tales 
inconvenientes, reponiendo no sólo variedades fracasadas o no apro¬ 
piadas por cualquier motivo, mediante otras, y superándose en su 
tarea con la creación de nuevas que aventajan a las anteriores en 
uno o varios aspectos importantes para la producción?» 

El resultado del proceso productivo de la agricultura siempre 
quedará supeditado a las influencias decisivas del ambiente ecológico, 
en función estrecha de los sucesos climatológicos, inaccesibles a la 
intervención del hombre. Es esta la explicación de la irregularidad 
caprichosa del balance final de los sucesivos años agrícolas que arro¬ 
jan las estadísticas respectivas. Merecen admiración y aplauso los 
denodados esfuerzos que se registran en la Italia de hoy, tendientes a 
elevar la producción agrícola por unidad de superficie. Me refiero a 
las batallas del trigo libradas con bríos siempre renovados para obte¬ 
ner nuevas conquistas en esta ardua tarea. Sin embargo, la cosecha 
deficitaria de trigo en 1930, significa un revés en la ejecución del 
plan, concebido a larga vista, sin que por ello haya decaído la con¬ 
fianza en el triunfo definitivo. 

La piedra en el camino que para el pusilánime significa un obs¬ 
táculo, es utilizada por el hombre perspicaz y decidido como elemento 



GANADERÍA VERSUS AGRICULTURA 


119 


auxiliar a fin de alcanzar planos superiores. Es este el espíritu que lle¬ 
vará a la meta anhelada, la cual, para el país, consiste en la unión 
armoniosa de todas las fuerzas rurales que deben buscar métodos más 
perfectos y eficientes respecto a la explotación del patrio suelo, subs¬ 
trato inmutable en extensión, sobre el cual descansa toda la riqueza 
nacional. La rivalidad entre ganadería y agricultura que constituye 
el punto de partida de esta exposición, no debe tener el carácter de 
una hostilidad mutua, sino más bien, por el contrario, el de la ayuda 
complementaria que ambas pueden prestarse. «Es un error» — anota 
Manuel Bernárdez en su reciente obra «El Uruguay entre dos 
Siglos» — «pensar que el progreso agrícola implica el retroceso del 
rodeo. Al contrario: implica su aumento y su mejoramiento bajo 
formas más útiles. La Flandes belga es intensamente agrícola y tiene 
diez cabezas bovinas por hectárea. Para allá vamos, a través del 
trigal mejorado». 

Comienzos de esta evolución hacia un futuro económico cada 
vez más holgado del país, prosperidad basada sobre la explotación 
intensiva y diversificada del agro, no faltan. En diversas oportuni¬ 
dades conversamos acerca de estas cuestiones con el extinto padre 
espiritual de la gran familia valdense, el patriarca Daniel A r m a n d 
U g ó n. Haciendo referencia al estado floreciente de las Colonias Val- 
dense y Suiza, con sus distintos núcleos de colonización diseminados 
por el Litoral y otras partes del país, el nombrado Pastor valdense 
me expresó, más de una vez, su íntima satisfacción sobre la evolu¬ 
ción habida al respecto. La riqueza ganadera, expresada en números 
de cabezas, en vez de disminuir, ascendió conjuntamente con las 
actividades agrícolas en determinada superficie de tierra sometida 
a la explotación mixta. Además de ello, se recogen los productos de 
plantaciones frutales cada vez más extensas, asegurando el pan y 
bienestar a una población rural día a día más numerosa; campesinos 
éstos que representan la conquista más noble de esta evolución en pos 
de la granja, el «desiderátum» para el futuro. La evolución natural del 
país inevitablemente va dirigida hacia la granja industrializada. Con¬ 
cluyo, pues, afirmando una vez más: ¡Cuanto más estrecha sea la 
unión entre las industrias madres del país, la ganadería y la agricul¬ 
tura, vinculación comparable a una de estas «simbiosis» fecundas de 
la Biología, tanto más pletórica y vigorosa resultará la economía 
nacional! 




CONFERENCIA V 

LA CULTURA LATINA DE GOETHE EN LA FORMACION 

DE SU PERSONALIDAD 




(Estudio Auditorio del Servicio Oficial 
de Difusión Radioeléctrica de Montevideo, 
el 27 de agosto de 1932, con motivo del 
Homenaje a Goethe en el primer cen¬ 
tenario de su fallecimiento.) 

Poco antes de iniciarse este año del primer centenario de la 
muerte de Goethe con los innumerables homenajes a una de las 
personificaciones más sublimes del genio humano, tuve oportunidad 
de conocer distintas opiniones sobre la mejor forma de su realización. 

Una revista literaria alemana compiló interesantes manifes¬ 
taciones acerca de la más digna manera de conmemorar al más grande 
valor intelectual del ambiente cultural germano, valor encarnado en 
la personalidad de Johann Wolfgang von Goethe, nacido el 28 de 
agosto de 1749 y fallecido el 22 de marzo de 1832. La profunda admi¬ 
ración y veneración del pueblo alemán hacia el Olímpico inmortal 
de Weimar se refleja en el hecho de que descollantes representantes 
del actual mundo literario de Alemania, propusieran un solemne silen¬ 
cio como el más adecuado homenaje para quien ha vivido práctica¬ 
mente el ejemplo de «superhombre», mucho antes de aparecer en la 
literatura este concepto de Nietzsche. 

Sin embargo, ante lo imperfecto y reducido de nuestro saber, 
aun acerca de la vida de los pocos verdaderos «grandes hombres» 
de la Humanidad, la ejecución práctica del aludido propósito habría 
sido un error. A las muchedumbres inquietas de nuestra época, domi¬ 
nadas por un ritmo cada vez más acelerado de la vida, les falta la 
tranquilidad y fuerza de concentración espiritual para tales contem¬ 
placiones retrospectivas de veneración silenciosa hacia algo desco¬ 
nocido y por ende no comprensible. Corresponde más bien tratar de 
difundir el conocimiento de los grandes ejemplos vividos, tarea que 
me propongo cumplir, dentro del margen reducidísimo de esta diser¬ 
tación sobre Goethe, hombre multifaceta por excelencia, compara¬ 
ble a una de las más resplandecientes piedras preciosas talladas. 

Digo «multifaceta por excelencia» en vista del criterio concor¬ 
dante de autores competentes acerca del hecho de no haber existido 
hasta la fecha en el mundo, hombre de una constitución hereditaria 
tan compleja y universal como Goethe. Representa, por lo tanto, 
un individuo singular en el más estricto sentido del vocablo. 

La singularidad de Goethe se eleva a la potencia precisamente 
en virtud de su constante trabajo metódico tendiente hacia el des¬ 
pliegue cada vez más amplio y más perfecto de su patrimonio intelec¬ 
tual. las aludidas condiciones anímicas heredadas. Es el arquetipo de 



CONFERENCIA V 


124 

Proteo, a quien José Enrique Rodó, en sus «Motivos de Proteo» 
dedica todo un capítulo sobre el cual he de insistir al final de mi 
exposición. 

«Siempre inasible, siempre nuevo, recorría la infinidad de las 
apariencias sin fijar su esencia sutilísima en ninguna». Esta frase de 
Rodó determina con toda nitidez la esencia espiritual de Goethe, 
en consonancia con sus propias palabras pronunciadas en los últimos 
años de su vida como sigue: «¡Ah! ¿he llegado tan sólo por eso a 
cumplir los 80 años para pensar siempre lo mismo? Más bien me 
esmero, a fin de pensar diariamente algo distinto, nuevo. Es menes¬ 
ter modificarse continuamente, renovarse, rejuvenecerse para no 
petrificar». He aquí el arquetipo de Proteo, siendo fácil citar otras 
manifestaciones similares de Goethe acerca de su proteico modo 
de ser. 

Lo más importante de esta su idiosincrasia moral consiste, sin 
embargo, en el hecho de no haberse conformado con el papel de 
heredero privilegiado de un gran feudo intelectual, interpretando más 
bien su enfiteusis espiritual como imperativo categórico de ir a su 
utilización más racional por intermedio de un esmerado trabajo de 
perfeccionamiento continuo de sí mismo. De ahí el hombre multifa- 
ceta, transformando, cual artista soberano, sus condiciones naturales 
en valores culturales, hasta la fecha alcanzados por muy pocos, para 
no decir «ninguno», de los mortales. Cual gran artista, plasmando y 
cincelando «el material de la naturaleza con sujeción a un modelo 
que resplandece mientras tanto en su mente», Goethe ha llegado al 
grado sumo de perfección dentro de la imperfección humana en su 
relación con lo perfecto absoluto de la Metafísica. 

Con toda razón, Rodó compara la vida de Goethe a una esta¬ 
tua; «una estatua donde el tenaz y rítmico esfuerzo de la voluntad, 
firme como cincel con punta de diamante, esculpe un ideal de per¬ 
fección serena, noble y armoniosa». Aparece así la figura multifaceta 
de nuestro héroe espiritual, evidenciando tantas aristas impecables 
que el hablar sobre la personalidad de Goethe en pocas palabras 
resulta muy difícil, casi imposible. Es mi propósito exhibir a conti¬ 
nuación uno solo de los aspectos del genio integral, su cultura latina, 
tema que considero especialmente atrayente para mi auditorio. 

En cuanto al aludido contacto de Goethe con el ambiente cul¬ 
tural de Roma y Grecia, establecido desde su infancia, tampoco se 
conformó con la simple herencia de este acervo intelectual. Ha ido 
aplicando prácticamente, también en este aspecto de la evolución 
sucesiva de su personalidad, su propio mandato de Fausto: «Lo que 
heredaste de tus antepasados, adquiérelo para poseerlo». Cumpliendo 
el precepto, llegó a transformar, en el correr de los años, su cultura 
latina en un instrumento eficaz para cincelar su gran personalidad. 
Logró de esta manera, realizar una síntesis complementaria entre su 



LA CULTURA LATINA DE GOETHE 


125 


germanidad fáustica, heredada de sus ascendientes como substrato 
inmanente de su esencia intelectual y los elementos culturales lati¬ 
nos adquiridos poco a poco a través del «cultivo» de la latinidad, es 
decir un trabajo asiduo para dominarla. 

Fausto, el hombre del ambiente cultural de los Nibelungen del 
Norte, llega así a satisfacer sus ansias hacia las francas y serenas 
alegrías del ambiente homérico del Mediodía. Las nupcias entre 
Fausto y Helena que representan un pasaje de la segunda parte de 
la obra maestra de Goethe, significan la expresión simbólica del 
cumplimiento de los anhelos eternos del hombre nórdico ensimis¬ 
mado y reflexivo, dirigidos hacia el sereno cielo azul del Sur. 

Goethe lo alcanzó mejor que nadie, sin perder por eso ni un 
ápice esencial de su germanidad, perfeccionándola con la asimilación 
perfecta de los elementos culturales de otros ambientes, para formar 
así sistemáticamente su personalidad inmortal, cada vez más admi¬ 
rada y venerada. 

El contacto con la cultura latina, la latinidad de Goethe, tiene 
su comienzo y arraigo en su infancia. Más que esto, fué para él algo 
así como un patrimonio espiritual puesto en sus manos al nacer como 
hijo de padres intelectuales de la Alemania del siglo XVIII. Para 
interpretar en debida forma todo el alcance de este hecho, hago 
resaltar algunas peculiaridades del ambiente intelectual de Occi¬ 
dente en los siglos anteriores. Toda la vida pública, en cuanto a la 
intervención de los titulados universitarios, llevaba el sello de una 
esmerada educación latina. En este idioma se enseñaban las materias 
de Teología, Filosofía, Derecho y Medicina, las cuatro Facultades 
tradicionales de la Universidad medioeval, pintadas magistralmente 
por G o e t h e en los respectivos versos de la primera parte de Fausto. 
De manera que, el latín en la época de Goethe representaba aún el 
lazo de unión entre todos los universitarios de Occidente, permi¬ 
tiendo, lo que en la Edad Media era práctica corriente, cursar estu¬ 
dios académicos indistintamente en cualquier país europeo. 

Los universitarios se trasladaban desde Coimbra en Portugal o 
Salamanca en España, hasta Upsala en Suecia, pasando temporadas 
en Bologna o Nápoles, París o Praga, Lovaina o Colonia y hasta 
allende el Canal en Oxford o Cambridge, según las preferencias del 
respectivo escolar andante, por determinado ambiente o alguna figura 
sobresaliente de sus materias. Hablándose por todas partes el latín, 
no hubo dificultades idiomáticas. Su prototipo fué Bombast von 
Hohenheim, inmortalizado bajo su nombre literario de Para- 
celso, personificación del viajero libador del saber y ciencia 
del mundo, «estudioso cuya biblioteca está a lo largo del camino», al 
decir de Rodó en sus «Motivos de Proteo». La necesidad de expre¬ 
sarse correctamente en latín, exigía como condición previa una esme- 



126 


CONFERENCIA V 


rada preparación en el mencionado idioma, tal cual se le fué pro¬ 
porcionada a Goethe. 

La enseñanza preparatoria por intermedio de la literatura clᬠ
sica de la Roma eterna, implicaba a la vez el estudio de la historia 
antigua con la consiguiente adquisición de conocimientos generales 
de las eras de oro de Roma y Grecia. Fácilmente se comprende, que 
un joven de las condiciones intelectuales de Goethe, bien pronto 
se había familiarizado con todo el ambiente cultural de la Antigüedad, 
adquiriendo así un perfecto conocimiento tanto de la cultura helénica 
como romana. Bien sugestivo respecto al uso corriente y generalizado 
del latín entre los intelectuales de aquella época es el hecho de estar 
escrita en ese idioma la contribución recordatoria de Goethe al 
álbum de un amigo, tratándose de una de sus primeras piezas lite¬ 
rarias conocidas, que corresponde al año 1764, cuando su autor no 
había cumplido aún los 15 años. 

Con la posesión perfecta del latín quedó puesta en manos de 
Goethe la llave para abrir todos los arcanos cofres que guardaban 
los maravillosos tesoros de la cultura antigua, no tardando en des¬ 
pertarse su interés en ello por los impulsos que en este sentido 
le diera su casa paterna en Francfort. 

Las colecciones de grabados traídas por su padre desde Italia y 
que diariamente estaban a la vista del joven estudiante, rodeados 
de la aureola de los relatos y explicaciones paternales, para Goethe 
se han transformado en la más poderosa fuerza impulsora hacia la 
latinidad. Tan decisivas han sido las impresiones recibidas durante 
su infancia, que todas sus ansias de conocer personalmente aquella 
tierra de promisión cultural, tienen su origen en el aludido ambiente 
latino de la casa paterna. 

Las otras manifestaciones de la cultura latina y griega, con las 
cuales durante su juventud llegara a ponerse en contacto y relatadas 
por Goethe en su autobiografía «Dichtung und Wahrheit» (Ficción 
y Verdad), no dejaron huellas tan marcadas en su espíritu. Desde 
este punto de vista consigno el hecho también, que sus años de estu¬ 
dio en la Universidad de Estrasburgo, previstos por su padre como 
oportunidad para poner al joven estudiante en contacto directo con 
el matiz francés de la cultura latina, en vez de acercarle, lo alejan 
de ella, probablemente bajo la influencia de Herder, el desperta¬ 
dor de las «voces de las naciones». 

Generalmente se considera el primer viaje de Goethe a Italia 
— 1786 - 88 — como acontecimiento decisivo en su evolución hacia 
el clasicismo romano y griego, con el cual su mentalidad quedara 
impregnada en forma tan marcada, que no se concibe al Olímpico 
de Weimar sin toda la influencia de la Antigüedad del Mediterráneo. 
Sin embargo, biógrafos competentes hablan de la predestinación de 



LA CULTURA LATINA DE GOETHE 


127 


Goethe para el clasicismo, por tratarse de una aspiración innata 
de su esencia espiritual, su idiosincrasia anímica puesta de mani¬ 
fiesto en sus ya mencionadas mudas de alma, con la tendencia cons¬ 
tante de superarse a sí mismo. Es el «alma fáustica» de Oswald 
Spengler. Fué tan enorme el patrimonio espiritual de Goethe, 
que durante toda su vida no hizo más que desenvolver las ideas de 
su juventud. 

Desde este punto de vista el viaje a Italia es más bien el cum¬ 
plimiento de sus ensueños clarividentes, inspirados en una fuerza 
intuitiva tan pronunciada y potente, que la famosa canción de 
Wilhelm Meister en la cual M i g n ó n suspira por Italia, fué conce¬ 
bida y escrita ya antes del viaje a Italia. En efecto, no pudo ser más 
acertada y clara la visión anticipada del Sur, ya que la aludida canción: 
«¿Kennst du das Land?» (¿Conoces el país donde florecen los aza¬ 
hares?), constituye algo así como el retrato clásico de la realidad, 
confirmado toda vez por el hombre nórdico al viajar por Italia. 

En cuanto a esta gran fuerza intuitiva de Goethe para ima¬ 
ginarse correctamente la cultura latina aun antes de verla, la mejor 
prueba de su latinidad espontánea, considero oportuno reproducir la 
palabra de Rodó como sigue: «Cuando Goethe, frente a las reli¬ 
quias de la sagrada antigüedad y abierta el alma a la luz del Medio¬ 
día, reconoce, por contemplación real y directa, lo que, por intuitiva 
y amorosa prefiguración había vislumbrado ya de aquel mundo que 
concordaba con lo que en él había de más íntimo, es la honda reali¬ 
dad de su propio ser la que descubre y la que, desde entonces, pre¬ 
valece en su vida, gobernada de lejos por la serenidad y perfección 
de los mármoles, limpia de vanas nieblas y de flaquezas de pasión. 
Efectivamente, cuanto más cerca al ambiente clásico del Sur, más 
‘en su casa’ se sintió Goethe.» Es la afinidad de su alma con el cla¬ 
sicismo antiguo que le hace exclamar: ¡Por fin en casa propia y no 
como inquilino o hasta exilado en este mundo! Y cuando él, conoce¬ 
dor profundo por sus estudios y por intuición, de la cultura clásica 
del Mediterráneo se encontrara en el Sur de Italia y Sicilia ante las 
sublimes obras de arte de los templos griegos, sus ensueños y anhelos 
eternos por el clasicismo antiguo se habían transformado en la más 
bella y fúlgida realidad. Los impulsos artísticos así recibidos y los 
elementos culturales absorbidos por el viajante, más tarde quedaron 
reflejados en Iphigenia, Tasso y también en las Elegías Romanas, en 
las cuales el poeta vertió las sensaciones íntimas de su amor hacia 
Christiane V u 1 p i u s, al vaso simbólico traído del Mediodía. 

A la intususcepción y asimilación completa de los elementos cul¬ 
turales romano-italianos, a su entusiasmo por el arte clásico griego, 
se unen las influencias latinas que Goethe recibiera de su frecuente 
estudio de los poemas de don Pedro Calderón de la Barca, los 



128 


CONFERENCIA V 


cuales leyó con fervor y creciente admiración hacia el autor. La lec¬ 
tura del drama trágico de Calderón «El Príncipe constante», pro¬ 
vocó una emoción tan fuerte del alma sensible de Goethe, que se 
vió obligado a interrumpirla, tirando el libro con vehemencia sobre 
la mesa. En su correspondencia con Schiller deja sentado su Ne¬ 
vadísimo juicio sobre esta obra española como sigue: «Si la poesía 
desapareciese totalmente del mundo, sería factible volver a recons¬ 
truirla a raíz de esta sola pieza». 

A través de los años de su madurez llegó a la asimilación per¬ 
fecta de los muchos elementos culturales recogidos del ambiente 
latino, utilizándolos en la segunda parte de Fausto a los efectos de 
una verdadera síntesis orgánica entre los elementos culturales ger¬ 
manos y latinos. Las ya mencionadas nupcias entre Fausto y Helena 
significan la expresión simbólica del cumplimiento de sus ansias, 
simbolismo evidenciado desde los más variados aspectos en la poesía 
armoniosa y sonora de su obra maestra, la segunda parte de Fausto, 
que dejara terminada en 1831, un año antes de su muerte. Ante el 
resultado máximo de su titánico esfuerzo para llegar al más alto 
grado de perfección espiritual, el maestro pronunció su «Consuma- 
tum est» en estas bien significativas palabras: «Ahora puedo con¬ 
siderar lo que me resta de vida, como un generoso donativo y poco 
importa que haga algo más o que no haga ya nada». 

A la formación sucesiva de su personalidad han contribuido, 
desde luego, también otros ambientes culturales, mencionando de 
paso la influencia oriental — ante todo árabe y persa — reflejada 
en las sublimes poesías del Diván occidento-oriental. En consonan¬ 
cia con la multiformidad de sus sucesivos estudios y ocupaciones inte¬ 
lectuales, el pensador-esteta, el naturalista-investigador, el estadista- 
gobernador, el filósofo-educacionista y digamos resumiendo, el sabio 
por excelencia, todos ellos personificados en la figura de Goethe 
fueron contribuyendo al acervo cultural de la Humanidad con las 
más variadas producciones de su cerebro formidable. Asimismo, la 
obra poética de Goethe y la francamente inmensurable abundan¬ 
cia de sus demás producciones literarias, representan tan sólo un 
pálido reflejo de su verdadero valor como hombre singular que con¬ 
siste más que nada en su personalidad como tal. 

Para juzgar y apreciar a Goethe en todas las manifestaciones 
e irradiaciones del genio hacia sus contemporáneos y desde luego su 
repercusión en las generaciones posteriores, hay que contemplar 
el efecto irresistible de su personalidad. «Toda la influencia que el 
hombre puede poseer sobre el otro, la ejerce por su personalidad». 
Así se expresa el mismo Goethe en su ya mencionada autobio¬ 
grafía «Dichtung und Wahrheit». (Ficción y Verdad). 

De manera que, su trabajo constante en la sucesiva estructuración 
cada vez más perfecta de su propio yo, su personalidad, constituye, 




LA CULTURA LATINA DE GOETHE 


129 


según la firme convicción del maestro, un mérito mucho mayor que 
todos sus escritos y obras poéticas. En la formación de su persona¬ 
lidad ha sabido valerse de todas las sugestiones e impulsos que reci¬ 
biera de su contacto con el mundo latino. La asimilación completa 
de los valores culturales del Mediterráneo, uniéndolos íntimamente 
con la estructura básica de su esencia germana, su espíritu fáustico, 
cual amalgama de preciosos metales, dió a Goethe, en la madurez 
de su vida, aquel aire clásico que elevara su ya grande personalidad 
hasta las majestuosas alturas del Olímpico de Weimar, tal cual pasó 
a la inmortalidad. Todo lo que se diga sobre esta personalidad gigan¬ 
tesca, cuyo carácter proteico se conserva hasta el final, resulta poco 
e insuficiente. También en este caso nos encontramos frente a los 
límites infranqueables para expresar, por intermedio de la palabra, 
lo más sublime y lo más hondo, como lo comprobara frecuentemente 
Goethe mismo, el maestro del verbo. 

Terminando nuestra breve excursión por los elevados y serenos 
dominios espirituales en torno al genio cuyo centenario conmemo¬ 
ramos, he de citar, como lo anunciara al principio de esta conferen¬ 
cia, la palabra del hijo inmortal de la gran patria uruguaya, José 
Enrique Rodó, sobre la personalidad singular de Goethe. Todo 
el capítulo LXXXII de «Motivos de Proteo» constituye una apoteo¬ 
sis insuperable dedicada a Goethe, «el ejemplo típico de renova¬ 
ción», ejemplo establecido como tal por Rodó y único modo para 
llegar a la formación perfecta de la personalidad ideal. Extracto, 
pues, algunos de los párrafos más expresivos del aludido capítulo, 
usándolos cual broche de oro macizo para cerrar de esta manera, 
dignamente, este modesto homenaje al héroe espiritual de Weimar. 

«El más alto, perfecto y típico ejemplo de vida progresiva», — 
dice Rodó — «gobernada por un principio de constante renovación 
y de aprendizaje infatigable, que nos ofrezca, en lo moderno, la 
historia natural de los espíritus, es, sin duda, el de Goethe. Nin¬ 
guna alma más cambiante que aquélla, vasta como el mar y como 
él libérrima e incoercible; ninguna más rica en formas múltiples; 
pero esta perpetua inquietud y diversidad, lejos de ser movimiento 
vano, dispersión estéril, son el hercúleo trabajo de engrandecimiento 
y perfección, de una naturaleza dotada, en mayor grado que otra 
alguna, de la amplitud del cultivo propio; son obra viva en la em¬ 
presa de erigir lo que él llamaba, con majestuosa imagen, la pirᬠ
mide de su existencia». 

«Retocar los lincamientos de su personalidad» — continúa — 
«a la manera del descontentadizo pintor que nunca logra estar en 
paz con su tela; ganar, a cada paso del tiempo, en extensión, en 
intensidad, en fuerza, en armonía; y para esto, vencer cotidiana¬ 
mente un límite más: verificar una nueva aleccionadora experiencia; 



130 


CONFERENCIA V 


participar, ya por directa impresión, ya por simpatía humana, de un 
sentimiento ignorado; penetrar una idea desconocida o enigmática, 
comprender un carácter divergente del propio: tal es la norma de 
esta vida, que sube, en espiral gigantesca, hasta circunscribir el más 
amplio y espléndido horizonte que hayan dominado jamás ojos huma¬ 
nos» ... «Llega así al pináculo de su ancianidad gloriosa, aun más 
capaz y abierta que sus verdes años, y expira pidiendo más luz, y 
este anhelo sublime es como el sello estampado en su existencia y su 
genio, porque traduce, a la vez, el ansia de saber en que perseveró 
su espíritu insaciable y la necesidad de expansión que acicateó su 
vitalidad inmensa...» 

Pongo punto final con el eterno verbo de Goethe dirigido por 
el maestro a Suleika, enseñando, que la felicidad humana consiste 
precisamente en lo que acabamos de exponer, la personalidad: 

«Hochstes Glück der Erdenkinder 
Sei nur die Persónlichkeit». 

La dicha más grande del hombre 
Es la personalidad. 



CONFERENCIA VI 

LA ROTACION 

PROBLEMA FUNDAMENTAL DE UNA AGRICULTURA ESTABLE 
CONSIDERADA A TRAVES DE VEINTICINCO AÑOS DE 
EXPERIMENTACION EN «LA ESTANZUELA» 




(Facultad de Agronomía y Veterinaria 
de la Universidad de Buenos Aires, el 
3 de agosto de 1939, como contribución 
al ciclo de intercambio cultural con el 
Uruguay.) 


Cuando el señor Decano de esta casa de estudios, en nombre del 
H. Consejo Directivo, me hiciera llegar la honrosa invitación de 
desarrollar algún tema de mi especialidad, lógicamente pensé en 
primer término referirme a uno de los muchos problemas de la Gené¬ 
tica Aplicada, de tanta actualidad en el ambiente platense. Reflexio¬ 
nando luego sobre el punto, llegué a la convicción de ser preferible 
el tema de hoy. Abordar cuestiones generales de la Genética Teórica o 
analizar ciertos aspectos de la Genética Aplicada, podría haber sido tal 
vez muy interesante para determinado grupo de especialistas. Sin em¬ 
bargo, tengo bien presente que se trata de la cátedra máxima de la 
Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos 
Aires e interpretando el significado de la noción «Universitas» en 
el sentido de los humanistas clásicos, opté por un tema de interés 
general y hasta «universal», ya que interesa y afecta prácticamente 
a la humanidad de todos los tiempos y de todas las latitudes. Una 
labor ininterrumpida de ya más de 25 años al servicio de la causa 
agronómica del Uruguay me ofrece la posibilidad de orientar mis 
comunicaciones, cada vez más, en forma deductiva; dando a conocer 
la síntesis de observaciones prolongadas en vez de tener que elegir 
temas aislados relacionados con el estudio analítico de los detalles 
que indudablemente tienen su importancia y podrían resultar tal vez 
especialmente interesantes para determinado grupo de investigadores. 

El tema de hoy, la rotación, como problema fundamental de una 
agricultura estable, está llamado a dirigir la atención de la ciencia 
agronómica rioplatense hacia la importancia fundamental de esta 
clase de investigaciones especialmente en estos países nuevos. Empí¬ 
ricamente la rotación es conocida desde los comienzos de la agricul¬ 
tura o sea desde los períodos remotos cuando el hombre nómade 
encontrara en la agricultura el medio eficaz para poder reemplazar 
sus hábitos migratorios por una vida más segura a través del cultivo 
de la tierra. Pero bien pronto aquel hombre primitivo tuvo que con¬ 
vencerse, que la siembra continuada de determinado cultivo en el 
mismo pedazo de tierra, por más fértil que al principio pudiera 
haberle parecido, no le ofrecía la estabilidad anhelada para el sus¬ 
tento seguro de una población creciente. La tierra sometida al cultivo 
exigía un «descanso» periódico, originándose así, aun dentro de una 



CONFERENCIA V 


134 


abundancia de tierra apta para la agricultura, las formas primitivas 
de la rotación. Tan sólo en intervalos más o menos largos, alguna 
parte de los terrenos utilizados normalmente para el pastoreo fué 
destinada a la siembra de las plantas alimenticias, con preferencia 
cereales como el trigo y la cebada. No expreso novedad al significar 
que ningún acontecimiento de la historia humana modificó en forma 
más radical las condiciones de existencia del hombre primitivo como 
la práctica de plantar cereales capaces de producir abundantes fru¬ 
tos apropiados para la alimentación. Fácilmente se comprende, por 
lo tanto, la importancia que el hombre de aquellas épocas prehistó¬ 
ricas tuviera que otorgar también a la rotación como sistema de 
explotación capaz de conservar la capacidad productora del suelo a 
través de los tiempos, sin obligarle a la emigración a fin de buscar 
nuevamente una base de sustento. 

En ciencias naturales es corriente hablar de polos y polos opues¬ 
tos como fuerzas antagónicas, que tienden al equilibrio en los más 
variados campos energéticos que se vienen formando a través de una 
constante renovación en el juego eterno de las energías cósmicas y 
biológicas. Desde el mundo de lo infinitamente grande de la Astrono¬ 
mía hasta las organizaciones microscópicas en Biología, como por 
ejemplo el proceso de la combinación factorial de la Genética, mate¬ 
rializado en el juego de la separación y unión de los cromosomas, 
encontramos campos energéticos bipolares, fuerzas de repulsión y de 
atracción que mueven la materia viva del macro y microcosmos, 
buscando una estabilidad más o menos equilibrada. No deja de ser 
interesante que, también en el mundo de las ciencias filosóficas, el 
hombre supo deducir leyes análogas respecto al eterno juego de las 
oposiciones espirituales, la enantiodromía que trata los antagonismos 
como el bien y el mal, par e impar, etc. Desde este punto de vista cito 
a Heráclito, filósofo de la antigua Grecia quien desarrolló el sis¬ 
tema de la enantiodromía, que trata del efecto benéfico de un cambio 
sucesivo de los aludidos antagonismos espirituales, ritmo necesario 
— según Heráclito — para conservar vivo el campo energético 
del espíritu. Esta misma «enantiodromía», aplicando la terminología 
filosófica de Heráclito al campo de las ciencias agronómicas, o 
sea el cambio sucesivo de cultivos antagónicos, representa la llave 
para conservar viva la capacidad productora del suelo, evitando su 
agotamiento unilateral, que destruye el equilibrio necesario para una 
agricultura estable. 

La madre Naturaleza nos da también sus sabias enseñanzas sobre 
el equilibrio biológico bajo el aspecto de las asociaciones de vegetales 
que encontramos en la virginidad prístina de la flora silvestre de las 
selvas y los campos empastados como estas inmensas llanuras de la 
pampa rioplatense. La «monocultura» no existe en la vegetación espon- 



LA ROTACIÓN 


135 


tánea de la tierra. Sin reparar mayormente en la composición hetero¬ 
génea de las pasturas naturales de las feraces praderas rioplatenses, 
llama la atención el hecho de encontrarse siempre diseminadas en 
forma más o menos rala o tupida las distintas especies forestales 
de la selva virgen. La yerba mate del norte de la Argentina, las arau¬ 
carias del sur del Brasil, y las palmas y las heveas más al norte 
— por citar al azar unas pocas — son ejemplos significativos para 
informarnos acerca del proceder de la Naturaleza a fin de lograr un 
equilibrio productivo basado sobre el principio de la alternación. 

La «monocultura», invento del hombre utilitario, tendrá sus razo¬ 
nes para ser implantada en muchos casos de la producción vegetal 
al servicio de la humanidad. Con todo, a fin de conservar la poten¬ 
cialidad productora de la tierra como substrato de la producción, inmu¬ 
table en extensión y amenazado constantemente de perder su fertili¬ 
dad, requiere una asidua vigilancia. Los errores cometidos desde 
este punto de vista en períodos anteriores, visibles y prácticamente 
palpables en casi todos los países del mundo, arrojan enseñanzas 
dignas de ser tenidas en cuenta. En materia forestal se viene aban¬ 
donando decididamente el sistema de las vastas monoculturas de 
determinadas especies que son reemplazadas por las plantaciones 
mixtas. 

En agricultura, materia de nuestro tema, tenemos la rotación 
como el instrumento corrector de errores cometidos ante todo a tra¬ 
vés de la agricultura inconsulta con sus monoculturas enormes de 
cereales y otras plantas cultivadas, en los países nuevos. En este 
orden de ideas cabe citar la reacción enérgica de las autoridades com¬ 
petentes de los Estados Unidos de Norteamérica ante la devastación del 
suelo por el cultivo esquilmante, con la consiguiente destrucción de sus 
energías productivas. Entre los aludidos métodos de explotación contra¬ 
producentes corresponde citar especialmente el sistema de las mono¬ 
culturas cerealeras instaladas en vastas extensiones de tierras desti¬ 
nadas al cultivo extensivo después de la destrucción de una vegeta¬ 
ción protectora formada en milenios de adaptación. Los efectos de 
este proceso destructivo se ponen de manifiesto en forma de un rápido 
avance de la erosión, la difusión alarmante de las malezas, la ame¬ 
naza de afecciones parasitarias, disminución de la fertilidad y otros 
aspectos negativos de la producción, factores todos éstos que actúan 
invariablemente en detrimento de la seguridad de las cosechas. Desde 
este punto de vista considero conveniente llamar la atención a mi 
ilustre auditorio sobre el grito de alarma que el propio señor Minis¬ 
tro de Agricultura de los Estados Unidos de Norteamérica, Dr. Henry 
A. Wallace (1938), dirigiera a todo el país en el prólogo que enca¬ 
beza el Yearbook of Agriculture de 1938, tomo voluminoso de 1232 
páginas, titulado «Soils and Men» (El Suelo y los hombres), dedi- 



136 


CONFERENCIA VI 


cado exclusivamente a los problemas del suelo, su destrucción por el 
hombre y las medidas destinadas a encontrarle remedio a esta seria 
amenaza para la prosperidad futura de aquel vasto territorio. 

«La Naturaleza» — leemos en el mencionado preámbulo — «trata 
la tierra benignamente. El hombre la trata brutalmente, excedién¬ 
dose en las aradas de los terrenos de cultivo, excediéndose en el 
pastoreo de las tierras empastadas y excediéndose en el desmonte de 
las selvas, destruyendo así totalmente millones de acres. Vierte la 
fertilidad año tras año sobre las ciudades, las cuales, en recompensa 
de lo que dejan de aprovechar, mandan los residuos a los ríos y al 
océano. El problema de las inundaciones, en cuanto tenga atinencia 
con la intervención del hombre, es ante todo el resultado del abuso 
del arado y del pastoreo como también de los desmontes excesivos 
en las selvas». 

«Este terrible proceso destructivo podrá ser disculpable en una 
civilización joven, pero ya no admite disculpas en los Estados Uni¬ 
dos de Norteamérica del año 1938». 

«Sabemos lo que se puede hacer y estamos empezando su ejecu¬ 
ción. Individualmente estamos dando comienzo a las obras más nece¬ 
sarias y como nación estamos iniciando lo mismo. El público está 
despertando justamente a último momento. Dentro de otros 30 años 
podría haber sido demasiado tarde». 

«La acción social del despilfarro del suelo consiste en saber, que 
el hombre no tiene derecho a destruirlo como si se tratase de una 
propiedad individual e incondicional de él. El suelo exige al hombre 
el cumplimiento de un deber que hemos tardado demasiado en reco¬ 
nocerlo como tal». 

«En este libro nos empeñamos en señalar la obligación y el deber 
del hombre para con el suelo. Los hombres de ciencia estudian el 
problema del suelo desde todos los puntos de vista posibles. Este 
libro debe ser tenido en cuenta por todos los hombres que pretenden 
construir una base sólida para el futuro de los Estados Unidos de 
Norteamérica». 

«Por parte mía opino que este libro no representa la última pala¬ 
bra. Pero de cualquier manera es un principio y un principio real¬ 
mente valioso para ayudar a todos que, queriendo de corazón al suelo, 
están verdaderamente dispuestos a luchar en buena lid». 

Si bien la erosión del suelo, el gran problema de este siglo, al cual 
el señor Ministro de Agricultura de los Estados Unidos de Norteamé¬ 
rica se refiere preferentemente en los párrafos transcriptos, no será 
resuelto simplemente por intermedio de la aplicación de una rotación 
adecuada, resulta sin duda interesante comprobar, que la rotación 
figura como factor coadyuvante en la lucha contra la erosión. Tan es 
así que el mismo Dr. H. A. Wallace (1936) al referirse en un trabajo 
anterior: «La investigación como fermento de la agricultura», a la 



LA ROTACIÓN 


137 


investigación y conservación del suelo, se expresa respecto al problema 
de las rotaciones en los siguientes términos: «Se halló que la superficie 
del suelo bajo cultivos limpios, decaía, de tal modo que éstos se per¬ 
dían completamente en menos de una generación. Las rotaciones 
usuales de cultivos, reducían esta clase de pérdidas del suelo, pero no 
eran adecuadas para salvaguardar los suelos sobre terrenos inclina¬ 
dos durante continuas labranzas. Se hizo evidente que hay un grado 
máximo de inclinación que varía con el tipo del suelo, y que cual¬ 
quier cultivo sobre una pendiente mayor es peligroso. La máxima 
protección contra la erosión la dan los cultivos de crecimiento denso 
y las forrajeras». (Extractado de la versión castellana, preparada por 
el Ing. Agr. Juan F. B r u m a n a, 1938.) 

En cuanto a las forrajeras, me propongo hablar brevemente de 
su importancia para la rotación, al final de nuestro tema, concre¬ 
tándome primeramente a la presentación de los resultados obtenidos 
en las investigaciones sobre rotaciones netamente agrícolas, efectua¬ 
das en «La Estanzuela». 

Teniendo presente la importancia del problema de las rotaciones 
para estos países nuevos, he venido dedicando especial atención a su 
esclarecimiento por intermedio de una experimentación metódica inin¬ 
terrumpida durante ya 25 años. No bien me hiciera cargo, en 1914, 
de la dirección de «La Estanzuela», instalé el primer ensayo de rota¬ 
ciones en la fracción 5 de la referida propiedad del Estado uruguayo. 
Una desuniformidad muy pronunciada del terreno elegido para la 
ejecución de este ensayo extensivo, heterogeneidad que se puso de 
manifiesto con toda nitidez en el transcurso de los primeros 3 años, 
motivó su traslado, en 1917/18, a la fracción 1 y l 9 de la chacra, punto 
donde se encuentra instalado desde aquella fecha. (’) 

Por tratarse de un ensayo extensivo con parcelas experimenta¬ 
les sin repetición, fué necesario el cambio de su ubicación, a fin 
de eliminar la inseguridad de los resultados hasta el punto de obte¬ 
ner, a través de la observación de la uniformidad vegetativa una 
seguridad suficiente respecto al alcance y valor comprobativo de las 
cifras de rendimiento. Efectuado el traslado en 1917/18 y descon¬ 
tando la cosecha del primer año como no apropiada para la documen¬ 
tación de los efectos de cultivos predecesores, tenemos así, a partir del 
año 1918/19, un total de 21 años consecutivos de observación para 18 
parcelas de 250 X 20 m. o sea media hectárea cada una. A este grupo 
básico de parcelas se agregaron, en 1933, dos parcelas adyacentes de 
igual tamaño, cuyas cosechas se tienen en cuenta recién desde 1934/35 
y que sirven para comparar el comportamiento del lino y de la cebada 
como monoculturas. 


f 1 ) Véase el plano agregado a mi obra de 1928: «Observaciones sobre Agricultura». 



138 


C O N 1' lí R E N C I A VI 


En las referidas 20 parcelas se estudian 5 sistemas de rotación en 
la siguiente forma: 

I.—Sistema septenal: lino, trigo, avena, maíz, trigo, cebada y trigo. 

II.—Monoculturas: trigo, lino, maíz, avena, cebada. 

III. —Sistema bienal: maíz y trigo alternados. 

IV. —Sistema trienal: maíz, barbecho, trigo. 

V.—Sistema trienal: maíz, ¥¡ lino - V<± avena, trigo. 

En cuanto al sistema V cabe agregar, que la mitad de la parcela 
cultivada con lino en el primer turno de 3 años, es sembrada con 
avena en el segundo, resultando de esta manera un turno de 6 años 
para cada uno de estos cultivos. La distribución de las parcelas y la 
agrupación de los sistemas de rotación son inmediatamente accesi¬ 
bles en el «Plano del Ensayo de Rotaciones» reproducido en el texto. 
(Véase fig. 1.) 

Antes de presentar los resultados obtenidos desde la instalación 
definitiva de nuestro ensayo de rotaciones hasta la reciente cosecha 
de 1938/39, considero oportuno informar a mi distinguido auditorio 
acerca de publicaciones anteriores de «La Estanzuela» sobre este im¬ 
portante instrumento experimental. Los interesados en familiarizarse 
con los detalles concernientes, se encuentran así en condiciones 
de recurrir a las comunicaciones aludidas cuya reproducción, aunque 
parcial, significaría una repetición superflua de datos fácilmente 
accesibles. 

Menciono, pues, en primer término el capítulo «Rotaciones» de 
mi obra de 1928: «Observaciones sobre Agricultura», por contener la 
información básica referente al tópico. Posteriormente volví a tomar 
la palabra sobre el mismo problema en las publicaciones: «Cultivo 
esquilmante y rotaciones en el Río de la Plata» (1933) y «La monocul¬ 
tura en el Río de la Plata» (1933 a ). A fecha reciente pertenece un 
trabajo relacionado indirectamente con el problema de las rotaciones 
o sea: «El ensayo permanente de abonos de La Estanzuela» (1938), 
publicación que considero oportuno mencionar, por establecer en ella 
comparaciones interesantes entre el efecto del abono y la rotación 
como factores para aumentar las cosechas trigueras en las condicio¬ 
nes extensivas del Río de la Plata con sus frecuentes monoculturas 
de mayor o menor extensión. 

Bonjour (1935), en su trabajo sobre las malezas en el ensayo 
de rotaciones de «La Estanzuela», estudia el proceso del decaimiento 
de la fertilidad natural de las tierras como consecuencia de una 
labranza continuada y ejecutada en forma inconsulta en su relación 
con la invasión de las malezas. Llega a conclusiones interesantes 
sobre el avance o el retroceso de la propagación de distintas formas 
adventicias, según la clase del cultivo y los sistemas de rotación 




ROTACION 


«o L = lino repetible (»ar. 117) 

— T = trigo (Rieti) 

l** C = cebada (forrajera 702 a) 

«*» T = trigo (R¡et¡) 


. = lino repetible (var. 11 7 ) 

= trigo (Ríeti) 


°* A = avena (var. b i d) 

- M = maíz (híbrido) 


= maíz (híbrido) 


= trigo (R¡et¡) 


= maíz (híbrido) 


= trigo (Rietí) 


f = trigo (Ríeti) 



» —* T _ 

cr ien " I- 


‘o= Sí'M- 


maíZ (híbrido) 
barbecho 


trigo- (Ríeti)-.. 

"maíz-"(híbrido). 


. L inp. . re B ©tib |e _ _(yar _ 1 1_7) 
avena (var. b 1 d) 


avena (var. bid) 


Cebada (forrajera 702 a) 


g. 1. — Plano del ensayo de rotaciones de «La Estanzuela» 





































140 


CONFERENCIA VI 


empleados, abordando finalmente el problema de la defensa preven¬ 
tiva contra la desvalorización de las tierras provocada por la erosión 
y la invasión de las malezas. 

Cito finalmente la publicación de Gótz (1937) «Enseñanzas eco¬ 
nómicas derivadas del ensayo de rotaciones de La Estanzuela» tra¬ 
bajo en el cual fueron reunidos todos los valores promediados de la 
producción (expresados en moneda nacional uruguaya) por cada 
cultivo con la finalidad de calcular los ingresos pecuniarios corres¬ 
pondientes a los distintos sistemas de rotación. No dejo de agregar, 
que a Gótz le corresponde también el mérito especial de haber 
tenido a su cargo la ejecución práctica de este interesante ensayo, 
desde su instalación hasta la fecha. Por lo tanto se ha hecho acreedor 
a una palabra especial de reconocimiento por la asiduidad y minu¬ 
ciosidad con que atendiera, durante tan largo período, un instrumento 
experimental, cuyo valor científico sigue creciendo cada vez más, 
reflejándose a través de los resultados singularmente interesantes 
que vienen surgiendo de este «ensayo permanente» de «La Estanzuela». 
Estas palabras de reconocimiento alcanzan también al Ing. Agr. Ar¬ 
mando A. Bonjour a quien le tocara una colaboración activa en 
las realizaciones pertinentes, durante los últimos años, en su carácter 
de ayudante técnico adscripto a la Sección «Semillero». 

Estas referencias a publicaciones anteriores sobre nuestro ensayo 
de rotaciones suministran a la vez una idea acerca de la índole de las 
observaciones e investigaciones a las cuales quedaron sometidas en 
el transcurso de los años las parcelas de este ensayo, observaciones 
que abarcan también estudios analíticos de distinta índole, todavía 
sin publicar. Agronómicamente, sin embargo, sigue interesando ante 
todo la capacidad productora de las distintas parcelas sometidas a 
diversos métodos de rotación, problema especialmente importante 
para la agricultura extensiva del Río de la Plata, donde la aplica¬ 
ción generalizada de los abonos como medida de estabilizar y aún 
aumentar las cosechas todavía no existe y no existirá, mientras no 
se produzcan cambios fundamentales en la estructura económica del 
ambiente que justifiquen una intensificación de la explotación cerea- 
lera. En tales circunstancias interesa en primer término el rendimiento 
en grano de las diferentes parcelas como exponente de su capacidad 
productora después de un período tan dilatado de observación. Ante 
todo las cosechas producidas en las parcelas sometidas a una rigu¬ 
rosa monocultura durante un lapso más o menos prolongado, en su 
comparación con los rendimientos del mismo cultivo en los sistemas 
de rotación estudiados, merecen especial atención. 

Desde esie punto de vista fueron confeccionados los cuadros 
numéricos 1 y 2. Informan ellos acerca del efecto reparador de la 
rotación en comparación con una monocultura más o menos extensa. 
Desde luego, la influencia desfavorable del cultivo repetido de algu- 



LA ROTACION 


141 


ñas plantas agrícolas no representa novedad. Pero resulta realmente 
interesante para el ambiente rioplatense, encontrar expresada en 
cifras la merma de cosechas originada por la monocultura, ante todo 
en lo referente al trigo, en circunstancias en que por una acumula¬ 
ción de los gérmenes patógenos en el suelo sometido a una siembra 
continuada, surge el peligro de pérdidas considerables para vastas 
regiones. Me refiero al año de 1938/39, favorable a la difusión del 
pietín (Ophiobolus graminis Sacc.). 


CUADRO 1 

Influencia de la «rotación» sobre el rendimiento 


Cultivo y año de 
observación 


Cosechas 

prome¬ 

diadas 


Repetición 


Sistema Rotación 


Rendimientos 
en grano 


Absolutos Relativos 
kg/ha. % 



19 

II 

permanente 


543 

100 


19 

I 

a los 2 

años, sobre cebada 

775 

143 


19 

III 

p » 2 

» p 

maíz 

944 

174 

TRIGO (') 

19 

I 

P P 2 

p p 

lino 

956 

176 

1918/19 - 1938/39 

19 

V 

p p 3 

p p 

lino/avena 

1042 

192 


19 

I 

» p 3 

p » 

maíz 

1054 

194 


19 

IV 

p p 3 

p p 

barbecho 

lili 

205 


AVENA 
1918/19 - 1938/39 


21 

21 

21 


II 

permanente 

762 

100 

V 

a los 6 años, sobre maíz 

1087 

143 

I 

p p 7 p p trigo 

939 

123 


CEBADA 5 II permanente 1114 100 

1934/35 - 1938/39 5 I a los 7 años, sobre trigo 1547 139 


LINO 

1934/35 - 1938/39 


II permanente 

IV a los 6 años, sobre maíz 

I p p 7 » » trigo 


487 100 
608 125 
675 139 


MAIZ (-) 
1918/19 - 1938/39 


18 

II 

permanente 

1101 

100 

18 

III 

a los 2 años, sobre trigo 

1281 

116 

18 

IV 

p p 3 p p trigo 

1348 

122 

18 

V 

p p 3 p p trigo 

1443 

131 

18 

I 

p p 7 p p avena 

1393 

127 


í 1 ) Faltan las cosechas 1922/23 y 1932/33 fracasadas por fuerza mayor. 

(-) Faltan las cosechas 1928/29, 1932/33 y 1937/38 fracasadas por fuerza mayor. 


La disminución de las cosechas trigueras debido a los ataques de 
este parásito, algunas veces llegó a cifras realmente elevadas. 
Noli {1939) cita las pérdidas sufridas por esta enfermedad en distintas 
partes del Uruguay en la cosecha 1938/39 registrándose en repetidos 
casos, observados en los Departamentos de Colonia, Soriano, Río 
Negro y Canelones, mermas de un 20 a 30 % y en ocasiones aisladas 
hasta el 70 y 80 % del rendimiento normal. El referido autor, comen¬ 
tando el caso de la Colonia Concordia (Dpto. Soriano), señalaba 
expresamente la importancia de la rotación para evitar la difusión 
de esta enfermedad. Los agricultores de la precitada Colonia, ante 



142 


CONFERENCIA VI 


la amenaza de las invasiones continuas de la langosta durante los 
últimos años y contrariando reglas empíricas perfectamente conoci¬ 
das por ellos, se decidieron a sembrar trigo sobre trigo durante mu¬ 
chos años, ya que el maíz y, en menor grado, también el lino, corrían 
el peligro de ser destruidos por la langosta. Sembrando, en tales cir¬ 
cunstancias, nuevamente trigo, en algunos casos durante 8 y 9 años 
consecutivos, les sucedió a los referidos labradores como a Ulises 
en la Odisea de Homero: «Incidit in Scyllam, qui vult vitare 
Charybdin». 

Concretándonos a las observaciones realizadas desde 1917/18 en 
«La Estanzuela», tenemos en el cuadro 1 una documentación numérica 
bien elocuente respecto a la influencia de la «rotación» sobre el ren¬ 
dimiento de los principales cultivos agrícolas del Uruguay. Conside¬ 
rando el referido cuadro en conjunto, verificamos inmediatamente, 
que en todos los casos estudiados: trigo, avena, cebada, lino y maíz, 
la monocultura se revela, a través de las cifras de rendimiento, como 
un procedimiento técnico de resultados contraproducentes. Contra¬ 
riamente al efecto negativo de la monocultura, el factor «rotación» 
por sí sólo provocó un aumento de producción más o menos conside¬ 
rable en las rotaciones estudiadas, todas ellas prácticamente viables 
sin mayores complicaciones aun dentro de la explotación extensiva 
característica para el Río de la Plata. 

Este aumento resulta especialmente acentuado para el cultivo 
triguero. (Véase figura 2.) En el caso más favorable, o sea en un sis¬ 
tema de rotación trienal sembrando trigo sobre barbecho, se llegó a 
duplicar la cosecha. Pero también los otros casos del sistema trienal, 
en los cuales figuran una vez el maíz y la otra vez «mitad lino y mitad 
avena» como cultivos predecesores del trigo, se revelan como proce¬ 
dimientos aconsejables para conservar la potencialidad del suelo 
durante un período prudencial. En las 22 siembras con 19 cosechas tri¬ 
gueras tomadas en consideración para la formación de los promedios, 
tanto el maíz como el lino se portaron como buenos cultivos 
predecesores. 

Teniendo presente, que todos estos cultivos fueron efectuados sin 
la aplicación de abonos, tales resultados constituyen a la vez la 
confirmación de conclusiones obtenidas a través de otra clase de 
observaciones que permitieron dejar sentado, contrariamente a opinio¬ 
nes generalizadas en el ambiente del Uruguay, que el lino no es cul¬ 
tivo esquilmante. Desde luego, si bien no es esquilmante, siempre es 
exigente en cuanto a la preparación de la tierra y la disponibilidad 
de cierta cantidad de substancia nutritiva fácilmente accesible. Un 
suelo pobre o totalmente exhausto, debe considerarse de antemano 
inapropiado para la siembra de este oleaginoso. Nuevamente se observa 
también la característica de la cebada como mal predecesor para el 



= INFLUENCIA DE LA ••ROTACION” SOBRE EL RENDIMIENTO 
DEL TRI60 EN EL PROMEDIO DE 22 SIEMBRAS. 

= EFECTO DE LA "ROTACION” SOBRE EL TRI60 DESPUES DE 
22 SIEMBRAS DE LA PARCELA “MONOCULTURA” EN 1938/39. 
AÑO FAVORABLE A LA DIFUSION DEL PIETIN (OPHIOBOLUS GRAMINIS) 



TRI60 TWG0 

PERMANENTE A LOsVaNOS CEBADA MAIZ 

100 SOBRE: 


SISTEMA DE 
ROTACION: 11 




TRIGO 

REPETIDO AVENA/ 

A LOS 3 AÑOS /L|| 

SOBRE: 


MAIZ BARBECHO 



Influencia de la rotación» sobre el rendimiento del trigo en el promedio de 

22 siembras. 






















144 


CONFERENCIA VI 


cultivo triguero, detalle singularmente importante en años críticos 
respecto a los efectos de la rotación como en 1938/39, favorable a la 
difusión del pietín (Ophiobolus graminis Sacc.), caso que en párrafos 
posteriores merecerá una mención aparte. 

Como detalle digno de ser expresamente mencionado se observa 
de nuevo el efecto relativamente reducido que el factor «rotación» 
ejerció sobre el maíz. En 5 casos de rotación estudiados durante 18 
cosechas, el aumento de rendimiento atribuíble al factor «rotación» 
oscila entre 16 a 31 % solamente. El maíz, además de ser un verda¬ 
dero cultivo «reparador» de la fertilidad después de las siembras 
de cereales de invierno y lino, se revela, a través de estas cifras, como 
el menos susceptible al cultivo repetido. Por otra parte figura el lino 
como el cultivo más exigente respecto a la rotación. Salvo el empleo 
de las variedades «repetibles», derivadas de las razas locales «resis¬ 
tentes», oriundas de las regiones argentinas Malabrigo, Recon¬ 
quista y San Martín, el lino requiere por lo general un período de 
descanso de 6 a 7 años. Esta susceptibilidad del lino a los efectos del 
cultivo repetido en el mismo terreno, habrá sido probablemente la 
causa de que en estos países se le considerara como cultivo «es¬ 
quilmante» . 

La reacción del lino sobre la siembra repetida, para un auditorio 
técnico representa un tópico tan familiar que resulta obvio insistir 
sobre el punto. En cuanto a la investigación dedicada en «La Están - 
zuela» a la dilucidación de algunos aspectos de interés especial, con¬ 
signo mi trabajo de 1931: «Linos rioplatenses aptos para el cultivo 
repetido». 

No menos interesante se presenta el problema de la monocultura 
para el trigo, el cultivo cerealero más importante del Río de la Plata. 
Precisamente en los años críticos para el cultivo triguero, favorables 
a la difusión de las afecciones parasitarias cuya regeneración y difu¬ 
sión está en función con el suelo (ya sea por una acumulación de hon¬ 
gos parasitarios o por las mismas condiciones bioquímicas del terreno, 
favorables o desfavorables a una vegetación lozana del trigo), la 
monocultura triguera puede aparejar consecuencias desastrosas para 
la cosecha. Un ejemplo interesante al respecto, mencionado ya en 
párrafos anteriores, ofrece el año 1938/39, favorable a la difusión del 
pietín (Ophiobolus graminis Sacc.). El efecto perjudicial de esta afec¬ 
ción parasitaria sobre la producción triguera del Uruguay ha sido 
muy pronunciado y hasta catastrófico en todos los casos en que se 
trataba de una repetición más o menos frecuente del trigo en la 
misma tierra. Los perjuicios causados por el pietín en nuestro ensayo 
de rotaciones, perjuicios que deben atribuirse a una rotación deficiente, 
se reflejan en las cifras de rendimiento insertadas en el cuadro 2. 

En este cuadro es dable aquilatar una documentación numérica 
bien instructiva. Primeramente me permito llamar la atención 



LA ROTACION 


145 


de mis distinguidos oyentes sobre la merma absoluta de la parcela 
cultivada permanentemente con trigo. El rendimiento obtenido de 
sólo 380 kilogramos por hectárea representa el 70 % del rendimiento, 
ya bajo, que se obtuvo como promedio de las 19 cosechas consideradas 
en el cuadro 1. Una cosecha tan baja en un año favorable al cultivo 
triguero, como lo fué para el Uruguay 1938/39, merece el calificativo 

CUADRO 2 

Efecto perjudicial de la monocultura continuada (22 siembras sucesivas) sobre el 


rendimiento del trigo 

en 1938/39, año favorable 

(Ophiobolus graminis) 

a la difusión del 

pietín 



R o t 

a c 

i ó n 

Rendimientos 

en grano 

Sistema 



Repetición 

Absolutos 

kg./ha. 

Relativos 

% 

ii 

permanente 



380 

100 

i 

a los 2 años, sobre cebada 

460 

121 

iii 

» » 

2 » 

» 

maíz 

1100 

289 

i 

» » 

2 » 

» 

lino . 

780 

205 

V 

» » 

3 » 

» 

lino/avena . 

1000 

263 

i 

» » 

3 » 

» 

maíz 

1150 

303 

IV 

» » 

3 » 

» 

barbecho 

1030 

271 


de fracaso. Como «fracaso» debe calificarse también la cosecha de 
sólo 460 kgs. de trigo obtenido en la parcela: «trigo repetido a los dos 
años sobre cebada» del sistema septenal, sindicándose nuevamente 
la cebada como mala predecesora para el trigo. En el polo opuesto 
figura el maíz como excelente cultivo predecesor para el trigo, con 
un rendimiento absoluto de 1150 kilogramos por hectárea o sea tres 
veces más que lo obtenido del cultivo permanente. Pero también los 
casos: «trigo sembrado sobre barbecho a los tres años», se presentan 
favorables. En esta escala de calificación de aptitud como cultivo 
predecesor sigue luego avena-lino y por fin el lino solo, alcanzando 
éste un resultado más o menos aceptable, con una cosecha que repre¬ 
senta el doble del caso peor «trigo permanente». 

Como información complementaria de los dos cuadros numéri¬ 
cos van a continuación las vistas fotográficas de cultivos trigueros 
de nuestro ensayo de rotaciones tomadas a fines de noviembre de 
1938, poco antes de la cosecha. La figura 3 muestra el aspecto del 
trigal correspondiente a la parcela N 9 9 del ensayo (Véase plano: 
«trigo permanente»), apreciándose fácilmente los síntomas de un ata¬ 
que fuerte del pietín. Llama la atención el aspecto raquítico de las 
plantas con espigas débiles y tallos doblados por la acción del viento 




146 CONFERENCIA VI 


sin que se trate del «encame» corriente. En contraposición a este 
cuadro de trigo enfermo, la figura 4 señala la vegetación lozana 
del trigal adyacente, correspondiente a la parcela 10 del ensayo, sepa¬ 
rados ambos tan sólo por un camino de 2 metros de ancho. Las espi¬ 
gas están desarrolladas normalmente y los tallos, conservando toda 
su elasticidad típica, soportan perfectamente la acción del viento. 
La diferencia entre ambos trigales se debe exclusivamente a los efec¬ 
tos de la rotación, ya que se trata de la misma variedad, sembrada el 
mismo- día, etc., etc., detalles sobreentendidos para los técnicos fami- 



Fig. 3. — Trigal correspondiente a la parcela de trigo «permanente». Ensayos de 

rotaciones 1938/39. 


liarizados con los métodos experimentales. El trigal sano se obtuvo 
con la rotación del sistema III, bien sencillo, alternando trigo con 
maíz en un turno bienal. El pietín se revela así como una enfermedad 
en función directa con la rotación, exigiendo la aplicación de una 
rotación racional, como una medida de defensa eficaz. Aun en el caso 
de su aparición, los perjuicios eventuales quedarían siempre reduci¬ 
dos a mermas económicamente poco importantes. 

Por más atrayentes que pudieran parecer las explicaciones refe¬ 
rentes a la relación de la rotación con problemas de la Fitopatología, 
a los cuales pertenecen también los ya mencionados estudios sobre 
las malezas, esta conferencia tiende ante todo a llamar la atención 





LA ROTACION 


147 


sobre la importancia de la rotación como factor decisivo para esta¬ 
bilizar la producción agrícola. Desde este punto de vista recurro a 
otro de los ensayos en «La Estanzuela» instalados a larga vista: el 
ensayo permanente de abonos. 

El ensayo permanente de abonos, iniciado al igual que el de las 
rotaciones en 1914, fué trasladado ya en 1915 a su sitio definitivo 
en las parcelas K 1-6 del entonces campo experimental N 9 II (Véase 
el plano agregado a «Observaciones sobre Agricultura»). En mi 
reciente publicación, ya indicada, sobre el ensayo permanente de 



Fig. 4. — Trigal correspondiente a la parcela: «trigo alternado con maíz». Ambas 
parcelas están separadas entre sí sólo por un camino de dos metros. 


abonos de «La Estanzuela» (Boerger, 1938), se encuentran resumi¬ 
dos tanto los detalles descriptivos del referido ensayo como también 
los resultados obtenidos en los 3 turnos de rotación completos de 
6 años cada uno, abarcados por la referida exposición. En este orden 
de ideas nos interesa solamente la comparación global del factor 
«abono» con el de la «rotación» durante el largo período de experi¬ 
mentación abarcado por ambos ensayos. Partiendo del hecho de ser 
considerado el factor «abono» generalmente decisivo para la conser¬ 
vación y aun el aumento de la capacidad productora del suelo, indico 
expresamente, a los efectos de la comparación entre los resultados 






148 


CONFERENCIA VI 


obtenidos a través de ambos ensayos, algunos detalles importantes 
para la interpretación de los resultados. 

La parcela «sin abono» del ensayo de abonos pudo conservar un 
nivel de producción superior al de las parcelas de las mismas espe- 



Fig. 5.— Efecto de la aplicación continuada de substancias nutritivas en el ensayo perma- 

nente de abonos de «La Estanzuela*. 

Referencias: 100 = sin abono. — NKP — abono completo, marcando la línea gruesa las 
cifras promediadas de los 3 turnos de rotación completos. 

cies sembradas en «monocultura» del ensayo de rotaciones, precisa¬ 
mente por la acción tonificante de una rotación de 6 años aplicada 
en el ensayo de abonos. Entre los cultivos de esta rotación figuran 
tres, o sea la mitad, que deben calificarse de «mejoradores»: legu- 









LA ROTACION 


149 


miñosas, boniatos y maíz. Se trata de un detalle importante, ya que 
así se explica, a lo menos parcialmente, el efecto poco pronunciado 
de los abonos en el caso del trigo, cultivo que en el Río de la Plata 
siempre interesa en primer término. Teniendo presente estas circuns¬ 
tancias, llegué en los párrafos finales del referido trabajo a la conclu¬ 
sión de que para el trigo el factor «rotación» por sí solo supera al 
factor «abono», desde luego siempre dentro de las condiciones de la 
monocultura aquí estudiadas. Entre los tres cultivos abarcados por el 
diagrama subsiguiente (Fig. 5) sólo el lino muestra nítidamente el 
efecto del abono, reaccionando con rendimientos crecientes (12, 18 y 
24 % respectivamente en los tres turnos sucesivos) sobre la aplicación 
del «abono completo». 

Desde luego, todos estos resultados quedan circunscriptos al 
caso especial estudiado, no admitiendo su generalización para 
las condiciones tan variables de tierra, clima y métodos de tra¬ 
bajo del Río de la Plata. Asimismo y concretándonos al caso pre¬ 
sentado, siempre resulta altamente sugestivo el hecho de hallarse 
una reacción más pronunciada de varias plantas agrícolas del gran 
cultivo sobre el factor «rotación» que sobre el factor «abono». Con 
el objeto de hacer más comprensible estas breves referencias a nues¬ 
tro ensayo de abonos, juzgué conveniente reproducir la gráfica. 
Suministra ella inmediatamente una idea sobre el efecto de la apli¬ 
cación continuada de sustancias nutritivas a los tres cultivos estu¬ 
diados: trigo, maíz y lino. Admite también comparaciones fáciles con 
la anterior sobre el efecto de la rotación, no requiriendo, por lo tanto, 
comentarios de detalle. 

Sería una equivocación lamentable, si a raíz de la presentación 
resumida de los resultados globales de estos ensayos permanentes de 
«La Estanzuela», surgiera la duda en la eficacia del abono en el Río de 
la Plata como auxiliar para mejorar las condiciones productivas de la 
tierra según las circunstancias del caso. En distintas ocasiones ya dejé 
sentada mi opinión sobre el particular, calificando la aplicación del 
abono, en principio aconsejable para determinados cultivos y según 
las circunstancias. Tales casos fueron estudiados por Fischer y 
colaboradores, cabiendo citar expresamente su trabajo de 1938 
«Experiencias recientes de abonado en el Uruguay» yelde Aznarez 
(1937): «Ensayos de abonos con papas». Otro trabajo de Aznarez: 
«Ensayos de abonos con alfalfa», se encuentra listo para ser publicado. 
En esta contribución, su autor arriba a resultados realmente intere¬ 
santes acerca del empleo económico del superfosfato. 

Admitiendo, pues, una aplicación creciente del abonado para 
determinados cultivos de la agricultura más o menos intensiva inclu¬ 
sive la horticultura y fruticultura, su generalización en la práctica 
de la agricultura extensiva tardará en producirse ante todo por razo¬ 
nes económicas. Los precios bajos que en general se obtienen por 



CONFERENCIA VI 


150 


los productos de la agricultura extensiva, frecuentemente no recom¬ 
pensarán los gastos del abonado. En tales circunstancias se prefiere 
recurrir a tierras vírgenes o «descansadas» a raíz de su transforma¬ 
ción en praderas, para volver a tener cosechas abundantes, otro 
aspecto de la rotación, que me propongo abordar a continuación. 

Los beneficios más acentuados de la rotación se registran en los 
casos en que se combinan la explotación agrícola con una ganadería 
intermitente a través de los distintos sistemas de utilización de las 
superficies empastadas. En ambos ensayos de «La Estanzuela» presen¬ 
tados en los párrafos anteriores se trata de rotaciones netamente 
agrícolas. Con su aplicación la tierra no encuentra «descanso», salvo 
el caso del barbecho en una rotación trienal. Sin embargo, los hom¬ 
bres familiarizados con la producción agropecuaria conocen perfec¬ 
tamente el efecto regenerador que produce la transformación tem¬ 
poraria de tierras agotadas por la explotación agrícola, en campos 
empastados, convenientemente utilizados. En las praderas artificia¬ 
les con una composición heterogénea de su flora, no deben faltar 
las leguminosas cuyo efecto benéfico sobre el enriquecimiento del 
suelo en substancia nitrogenada es conocido, siendo por otra parte 
estas mismas pasturas la gran fuente natural de proteína para los 
animales. Desde este punto de vista el Río de la Plata, con su clima 
benigno que permite el pastoreo durante todo el año, y especialmente 
la Argentina con sus posibilidades de instalar alfalfares en vastas 
extensiones de tierra, singularmente aptas para este cultivo regene¬ 
rador, ofrecen perspectivas bien halagadoras para la conservación y 
aun el mejoramiento de la capacidad productora del suelo con la sola 
aplicación de una rotación bien estudiada. 

Stapledon (1937) en el discurso inaugural del 4 9 Congreso 
Internacional de Herbazales, realizado en julio de 1937 en Aberyst- 
wyth (Inglaterra), deja sentado con todo acierto, que en una inmensa 
parte de la superficie terrestre el pasto es la base de la agricultura. 
«El pasto, debidamente utilizado» — apunta — «asegura la fertilidad 
del terreno; el pasto sirve de unión entre el suelo y el animal, y el 
cimiento más firme de la agricultura es el enlace del animal con el 
suelo. Vale decir humus. Mientras que además, el pasto conveniente¬ 
mente empleado contrarresta la influencia devastadora de la erosión». 
El referido discurso de Stapledon merece ser estudiado por los 
interesados, también desde el punto de vista de su relación con el 
problema de la rotación, especialmente en cuanto a sus instructivas 
explicaciones respecto a la rotación en el tiempo y en el espacio. Den¬ 
tro del margen reducido de esta conferencia el tema de Stapledon, 
autoridad reconocida en materia de pasturas, nos interesa tan sólo 
en su vinculación con el aspecto más importante de nuestro tema 
o sea la estabilización de la agricultura por la rotación. 



LA ROTACION 


151 


Desde este punto de vista, se registra en la Argentina una expe¬ 
riencia empírica de singular valor primordialmente en lo referente a 
la utilización de los alfalfares como método de regeneración de tie¬ 
rras dedicadas durante algún tiempo a la agricultura. El cultivo de 
esta leguminosa, la reina de las forrajeras, con su raíz pivotante, 
capaz de buscar su alimento en las capas inferiores de la tierra, es uno 
de los mejores métodos restauradores de la capacidad productora del 
suelo. La siembra de la alfalfa representa, por lo tanto, una excelente 
medida de rotación cuyos efectos benéficos sobre la fertilidad se 
acentúan aún más al ser sometido el alfalfar al pastoreo, una prác¬ 
tica ya definitivamente arraigada en vastas regiones de la Argentina. 
No digo novedad a mi distinguido auditorio argentino, al citar la 
influencia excepcionalmente favorable de un alfalfar destinado al 
pastoreo durante varios años, sobre la producción agrícola posterior, 
siendo conocidos los rendimientos elevados tanto de los maizales como 
también de los trigales instalados en el rastrojo de alfalfa. 

En el Uruguay con sus suelos compactos y un subsuelo impermea¬ 
ble, el cultivo de la alfalfa ofrece ciertas dificultades. Resultan, por 
lo tanto, doblemente meritorios los esfuerzos de labradores progresis¬ 
tas en el Departamento de Canelones, región donde abundan las tie¬ 
rras exhaustas por la monocultura cerealera de larga duración, en la 
cual están haciendo una verdadera obra de recuperación agrícola, res¬ 
taurando la capacidad productora del suelo por intermedio de la ins¬ 
talación de alfalfares. Para dar el resultado anhelado, estos requieren 
no sólo un trabajo esmerado de la tierra, sino también la aplicación de 
abonos fosfatados, uno de los casos en que la aplicación de abonos 
resulta doblemente beneficiosa, como lo explica A z n a r e z en su ya 
mencionado trabajo con la presentación de numerosos puntos de 
detalle. 

En cuanto a la Argentina, cabe citar expresamente también la 
práctica de rotación establecida con buenos resultados en la región 
papera del Sudeste de la Provincia de Buenos Aires: Balcarce, Mar 
del Plata, Necochea. A fin de asegurar la base productora del cultivo 
papero de la referida zona especializada en la producción de tubércu¬ 
los aptos para semilla, se recurre a una rotación de cuyos resultados 
positivos pude informarme personalmente con motivo de una jira 
por la referida comarca, realizada en febrero de 1937. Después del 
cultivo de la papa, seguido por una agricultura cerealera, se deja 
«descansar» la tierra sometiéndola al pastoreo, por lo general como 
avenales, que poco a poco se transforman en tierra empastada con 
la propagación espontánea de las especies de fácil reproducción en la 
referida región. Con este sistema de rotación se consigue disponer de 
terrenos fértiles y especialmente aptos para la producción de la papa. 
La rotación con la inclusión de tierras sometidas al pastoreo, cons¬ 
tituye pues, una medida de resultados halagadores para vastas super- 



152 


CONFERENCIA VI 


ficies de la República Argentina, sometidas a la explotación agro¬ 
pecuaria. 

Señores: 

Creo que basta con lo expresado para dirigir la atención de mi 
distinguido auditorio sobre la rotación como instrumento capaz de 
conservar y aún de mejorar la fertilidad del suelo, contribuyendo a 
la vez, con los métodos de una aplicación racional del cambio de cul¬ 
tivos, a contrarrestar los efectos de la erosión, problema serio de nues¬ 
tro siglo y cada vez más alarmante en regiones sometidas a la agri¬ 
cultura extensiva en forma de monoculturas, como viene sucediendo 
también en el Río de la Plata. Señalé brevemente la importan¬ 
cia de la vinculación estrecha de la ganadería y la agricultura desde 
los puntos de vista de la rotación. Con todo, la ganadería, desti¬ 
nada a alimentar cierta cantidad de animales en la superficie del 
suelo ofrece tan sólo una parte del aspecto, realmente fascinante 
de la ecología biológica que preside las influencias mutuas entre el 
suelo, la planta y el animal. La fertilidad de la tierra está en fun¬ 
ción directa con su biología, sector cada vez más importante de la 
ciencia del suelo. El factor decisivo para la fertilidad de algún suelo 
es su riqueza edafológica, asunto tratado con singular competencia por 
Francé (1921) en su monografía sobre el edafón. Resulta sugestivo 
reflexionar sobre el hecho de que un suelo de alta fertilidad natural, 
capaz de alimentar uno o dos vacunos, o sea aproximadamente una 
tonelada de substancia animal, según cálculos efectuados por L 6 h n i s 
(ver Francé, 1921), contiene otro tanto de peso como substancia 
animal integrante del edafón bajo la superficie terrestre. 

En una tierra fértil y rica en geobiontes, existe pues, tanta can¬ 
tidad de materia viva bajo la superficie como sobre ella. La presencia 
abundante de esta vida animal subterránea (bacterias, hongos, algas, 
protozoarios, gusanos, lombrices y vertebrados), es índice seguro de la 
fertilidad del suelo para la producción agrícola, fertilidad que alcanza 
su nivel máximo en los suelos ricos en humus que se encuentran «en 
sazón», para expresarme con este término de la técnica agrológica. 
Al destruir el aludido equilibrio edafológico por una agricultura 
cerealera, en la cual predominan las monoculturas, se destruye la 
base de la producción. Para la reconstrucción de esta base, sin per¬ 
juicio de los muchos recursos auxiliares utilizables como paliativos 
a fin de aumentar temporariamente la producción, no existe ningún 
instrumento técnico más eficaz que la rotación manejada en conso¬ 
nancia con las exigencias técnicas supeditadas siempre al ambiente 
especial del caso, su ecología. Desde este punto de vista son defec¬ 
tuosos algunos métodos de la agricultura extensiva, típica para vastas 
regiones de los países nuevos de los continentes americanos y el 
australiano. La agricultura mecanizada, basada en el uso del tractor 



LA ROTACION 


153 


y de la cosechadora permitió someter allí extensiones cada vez más 
vastas a una labranza extensiva. Estos métodos, al no ser ejecuta¬ 
dos con una vigilancia severa para conservar la fuerza productiva 
del suelo y ante todo defenderlo contra los efectos lamentables de 
la erosión, llevan infaliblemente a la destrucción del patrimonio 
más valioso de los pueblos, la tierra como substrato de la producción 
agropecuaria. 

Contrariamente a estos procedimientos contraproducentes en 
muchos países nuevos, tenemos en la agricultura más antigua de 
la tierra, la del lejano Oriente, un grandioso ejemplo para la conser¬ 
vación de la capacidad productora de la tierra, sometida a una agri¬ 
cultura intensiva desde períodos prehistóricos hasta nuestros días. 
Me refiero a los métodos practicados por los agricultores de China, 
Corea y el Japón, verdaderos maestros en la utilización intensiva 
y permanente del suelo sin destruirlo. Resulta instructivo dentro 
del margen trazado para esta conferencia, citar la obra reciente de 
King (1933): «Farmers of forty centuries or permanent agricul- 
ture in China, Korea and Japan». En el referido libro, un experto 
norteamericano de notoria competencia en ciencias del suelo, rinde 
pleitesía a los métodos de trabajo de aquellas lejanas naciones que 
han resuelto, a su manera, el problema de la conservación de la capa¬ 
cidad productora del suelo a través de los tiempos. Podríamos apli¬ 
car también a estos países nuevos de la América del Sur las palabras 
vertidas por Bailey en el preámbulo del referido libro: «En rea¬ 
lidad hemos apenas empezado a hacer agricultura en debida forma. 
El primer problema de la labranza es conservar la fertilidad. Con 
este problema toparon los pueblos del lejano Oriente alcanzando 
a resolverlo a su manera. Aunque sería difícil adoptar sus métodos 
particulares, podemos sacar un amplio provecho de su experiencia». 

Terminando, señores, séame permitido expresar que en cuanto a 
la «rotación», tema de nuestra conferencia, lo mismo estamos en los 
comienzos. Habrá que aprender aún mucho a través de la experi¬ 
mentación metódica y también por intermedio de la experiencia prác¬ 
tica, para poder decir, que el problema de la rotación, básico para 
conservar la fertilidad del suelo, esté resuelto en bien de las genera¬ 
ciones futuras de estos prósperos países rioplatenses. 



BIBLIOGRAFIA 


Aznarez, M. 

1937. Ensayos de abonos con papas. Arch. Fitot. Urug. 2:455-468. 

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580 págs., 67 fotog., 31 diagramas y cuadros. Edit. por el Min. de Industrias. 
Montevideo. Depositado en «La Estanzuela». 

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1933. Raubbau und Fruchtwechsel am La Plata. (Cultivo esquilmante y rotaciones en 
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& Forsten. 78 (4): 577-635. 

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1936. Research-the yeast in the loaf of agriculture. Scientific Monthly 42: 5-29. Versión 
castellana ver Brumana, J. F. 

Wallace, H. A. 

1938. Soils and men. Foreword. United States Department of Agriculture. Yearbook. 
página V. 



CONFERENCIA VII 

LA ENERGIA DE LAS PLANTAS. LA VIDA 
DE LAS HORMIGAS 




(Asociación Cultural Uruguayo-Germana, 
el 28 de setiembre de 1939, con motivo 
de la exhibición de películas biológicas.) 


Con verdadero placer respondo a la honrosa invitación del 
Prof. Dr. Juan PouOrfila, prestigioso Presidente de la Asociación 
Cultural Uruguayo-Germana, cuya Directiva desea me encargue de 
pronunciar algunas palabras preambulares relacionadas con las pelícu¬ 
las que serán presentadas a continuación. Se trata de exhibiciones 
de divulgación científica, en cuya confección han debido unirse el 
dominio absoluto de las respectivas materias y un tecnicismo no me¬ 
nos perfecto del arte de la filmación, para poder ofrecer a un público 
exigente y acostumbrado a disfrutar de las producciones cinemato¬ 
gráficas tan impresionantes y bien confeccionadas de los más varia¬ 
dos tópicos, una distracción espiritual de alto valor. Sólo así fue 
posible la preparación de una película, la cual, al enseñar deleitando, 
ofrece simultáneamente distracción amena e instrucción científica, 
tanto para los familiarizados con problemas de la Fisiología y Biolo¬ 
gía, como también para el público en general. 

La primera de las películas representa vistas relacionadas con 
la energía realmente asombrosa que desenvuelven los vegetales en 
las distintas manifestaciones de su vida. Tendremos oportunidad de 
conocer fuerzas vivas de distinta índole: energías estáticas de los 
tallos que interesarán a personas vinculadas con la construcción y 
ante todo a los señores ingenieros y arquitectos que operan con ele¬ 
mentos constructivos similares. Sabrán apreciar, por lo tanto, la obra 
maravillosa de la Naturaleza como constructora de tallos y troncos 
capaces de sostener pesos enormes. Deben éstos no sólo soportar las 
pesadas cargas de los respectivos frutos botánicos como verbigracia las 
espigas de los cereales y el capítulo del girasol, el ramaje formidable 
de la copa de árboles gigantescos, sino también resistir a la fuerza del 
viento. La Naturaleza logra estos objetivos a través de una maravi¬ 
llosa combinación de los respectivos elementos constructivos, agre¬ 
gando flexibilidad a la potencia estática, capaz de soportar pesos 
elevados. 

Con mayor nitidez, sin embargo, observamos la energía poten¬ 
cial de la planta, en el proceso de la germinación. Parece que la 
Naturaleza ha querido dotar a cada planta individual con un exceso 
de energías, precisamente «in statu nascendi»; me refiero al mo¬ 
mento crítico cuando un ser recién nacido debe obedecer, con sus 
fuerzas débiles, al mandato máximo que preside todos los fenómenos 



158 


CONFERENCIA VII 


biológicos del Universo: conservar la vida de la especie a través de 
los tiempos, aunque los componentes individuales de las generacio¬ 
nes sucesivas invariablemente tengan que pagar su tributo a la vida, 
pereciendo individualmente para que pueda perdurar la especie. Es 
asombroso comprobar la energía desplegada por los gérmenes de la 
planta, para cumplir con el aludido mandato categórico de la Natu¬ 
raleza. Un cónjunto de células organizadas como un tejido expresa¬ 
mente adaptado a la finalidad establecida, buscando la luz vivificante, 
rompe la costra de la tierra venciendo todos los obstáculos en su 
camino hacia la luz, levantando pequeños terroncitos y aun piedritas 
que quisieran obstruir su paso a la vida. Al encontrar por fin el sol, 
el pequeño germen transformado ya en plantita, vence nuevos obs¬ 
táculos que pudieran originarse. Veremos así, como las plántulas 
perforan capas densas de hojas caídas y hasta finas hojuelas metᬠ
licas, material aparentemente bien hostil a cualquier proceso vege¬ 
tativo. El conjunto de las pequeñas plántulas, finalmente, uniendo 
todas sus energías, se revela capaz de levantar un disco de cristal 
que los cubre, peso «prima facie» muy superior para los hombros 
de seres tan diminutos y débiles. Sin embargo, la energía concentrada 
de tantas plantitas unidas, logran su finalidad como el auditorio lo 
apreciará a través de las exhibiciones fascinantes de la pantalla. 

Séame permitido apartarme del ambiente con el objeto de hacer 
referencia a otro caso de esta índole, que me produjo una honda 
impresión por haberlo observado en pleno bullicio de una gran ciu¬ 
dad como Hannover en la lejana Alemania. Allí, en uno de los vie¬ 
jos cementerios, cercados ya totalmente por la vida de actividad 
urbana contemporánea, existe el «sepulcro abierto», uno de los atrac¬ 
tivos para los turistas. Según la leyenda, su ocupante, en su testa¬ 
mento, había dispuesto expresamente, construir y cerrar su última 
morada con tanta precaución, que nunca pudiese llegar a abrirse. 
Contrariamente a ese deseo testamentario, la raicilla de una pequeña 
semilla, caída accidentalmente en las cercanías, penetró por una ren¬ 
dija diminuta. Una vez arraigada, pudo levantar, con raíz fuerte y 
robusta, la pesada lápida en forma análoga a lo que tendremos opor¬ 
tunidad de observar en la película respecto al disco de cristal, levan¬ 
tado y sostenido por un conjunto de plántulas «in statu nascendi». 

La energía invisible, depositada por las plantas madres en los 
gérmenes para asegurar la continuación de la especie, no se pierde, 
como nada se pierde en el Universo. Bajo condiciones adecuadas se 
regeneran, en eterna renovación proteica, las fuerzas físicas y psíqui¬ 
cas. Es nuestra vida una constante renovación, como con palabra 
magistral lo expresara el inmortal José Enrique Rodó en sus «Moti¬ 
vos de Proteo». Esta verdad filosófica fué elevada a la categoría de 
una ley fundamental de las ciencias naturales, por el médico Julio 
Roberto Mayer, de Heilbronn. Una circunstancia insignificante, un 



PLANTAS Y HORMIGAS 


159 


detalle baladí, o sea el hecho de aparecer la sangre venosa del hom¬ 
bre en los casos observados por Mayer en Batavia (Indias Holan¬ 
desas), más clara que en las latitudes europeas, fué el punto de par¬ 
tida de sus deducciones generales de vasto alcance científico. Los 
relevantes resultados de sus reflexiones y conclusiones le consagra¬ 
ron como uno de los más grandes naturalistas, siendo considerado 
como el «Galileo» del siglo XIX. La equivalencia de las energías 
y su conservación, se constituyó así en uno de los puntos básicos del 
saber en ciencias naturales. Ante este hecho, traído a consideración 
en su vinculación con las energías siempre resucitadas de los gérme¬ 
nes, se me ocurre citar el dicho alemán: «Nichts ist verloren auf der 
Welt, alies wirkt unsichtbar weiter». (Nada en el Cosmos se pierde, 
todo sigue actuando eternamente, aunque invisible). 

La otra película trata de la vida de las hormigas, exhibiendo 
detalladamente la organización interna de un hormiguero, conocido 
como una de las organizaciones sociales más perfectas en Biología. 
También en este caso la Naturaleza nos ofrece sabias enseñanzas res¬ 
pecto a la orientación de las energías hacia la conservación de la espe¬ 
cie. Todas las actividades de una colonia de hormigas obedecen a la 
finalidad aludida; es decir conservar, a través de perpetua renovación, 
la vida de la especie. Servir a este mandato de la Naturaleza en unión 
armoniosa de toda la colectividad de una colonia, representa aparen¬ 
temente la finalidad de esta organización «estadual». Ha de encon¬ 
trar pues, el más vivo interés de la distinguida concurrencia, la película 
donde se exhibirán los detalles pertinentes. El cuidado con que 
son atendidas las larvas y crisálidas, la higiene interna de la colonia, 
la subdivisión del trabajo, la vigilancia y defensa contra los enemi¬ 
gos externos, representan aspectos dignos de especial atención. 

No ha de ser objeto de mi palabra preambular, explicar detalla¬ 
damente las películas, ya que ellas por sí solas hablarán mejor que 
un intérprete, superando en mucho lo que el más capacitado y elo¬ 
cuente pudiese expresar en largas conferencias. En nuestro caso, 
resultará, sin duda alguna, sugestivo, el vínculo de ambas películas 
con el ambiente, es decir: con el hombre habitante de esta hospita¬ 
laria tierra. Me refiero a Vds., integrantes del distinguido auditorio 
que se congrega en torno a la exhibición cinematográfica, a fin de 
documentar, con su sola presencia, su inclinación hacia el culto de lo 
bello y bueno, que esta vez toma cuerpo en base al interés por mate¬ 
rias científicas, abordadas por las figuras de la pantalla. Los concu¬ 
rrentes a este acto pisan así el terreno, donde las relaciones uruguayo- 
germanas, siempre fueron especialmente estrechas y por ende fecun¬ 
das en beneficio del acervo cultural. 

Efectivamente, la R. O. del Uruguay, una de las «grandes patrias 
chicas», como acertadamente la llamara Manuel Bernárdez, tiene 




160 


CONFERENCIA VII 


en su haber méritos singulares en todo lo referente a las investigacio¬ 
nes en materia botánica y afines, a las cuales pertenece también el 
saber referente a las hormigas como rama científica de la Entomo¬ 
logía. Ya en los albores de la historia del país nos encontramos con 
el Presbítero Dr. José Manuel Pérez Castellano como asiduo 
investigador en todo lo relacionado con la Botánica aplicada, espe¬ 
cialmente a la agricultura. Tan es así, que me vi impulsado a rendir 
homenaje a este «pionner» de las ciencias pertinentes, verdadero 
«procer» en materia agrícola, dedicando a su memoria mi libro de 
1928, fruto de mis investigaciones en materia agrícola. Le sigue don 
Dámaso Antonio Larrañaga, cuyo prestigio en el ambiente cien¬ 
tífico internacional se refleja a través de sus importantes obras, ree¬ 
ditadas hace poco por el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay. 

Más tarde surge como botánico perteneciente al final del siglo 
próximo pasado y principios del actual, el Prof. José Arechava- 
leta, reconocido como autoridad en Botánica Sistemática, especial¬ 
mente en gramíneas. Su obra sobre las gramíneas uruguayas consti¬ 
tuye el punto de partida de todas las investigaciones pertinentes de 
períodos posteriores. Cabe señalar expresamente la vinculación es¬ 
trecha del Prof. Arechavaleta con los grandes botánicos alemanes de 
aquella época, punto acerca del cual fui informado personalmente 
por uno de los muchos discípulos del maestro, el Dr. Susviela 
G u a r c h, durante mucho tiempo representante diplomático del Uru¬ 
guay en Berlín y por ende bien al tanto de estos detalles. 

En cuanto al aporte directo de botánicos alemanes a la investiga¬ 
ción en el ambiente uruguayo, quisiera concretarme al período con¬ 
temporáneo. Cabe citar, pues, a los Dres. Gassner, Rimbach, 
Cornelio Osten y Herter como exponentes de las aludidas acti¬ 
vidades, acerca de cuya importancia expondré brevemente lo 
siguiente. 

Cornelio Osten, representante de la Botánica Sistemática, logró, 
en el transcurso de su larga actuación en el país, formar uno de los 
herbarios más importantes de la región por el número y acondicio¬ 
namiento de sus ejemplares. Resulta doblemente meritorio este tra¬ 
bajo, al tener presente que Osten, que había estudiado Botánica 
durante su juventud, se dedicó aquí a la vez al comercio en lanas, 
fundando la gran barraca conocida bajo su nombre. Asimismo nunca 
perdió su interés por la Botánica, intensificando sus estudios en 
forma tal, que es reconocido en todos los emporios científicos perti¬ 
nentes. Fué, pues, un acto de estricta justicia, que la Universidad de 
Góttingen, en 1934, le otorgara el título de Doctor «honoris causa». 

A los Dres. Gassner y Rimbach, Profesores ambos de la 
Facultad de Agronomía, además de sus investigaciones en el campo 
de la Botánica, les corresponde el mérito de haber preparado un 
número apreciable de discípulos, cuyas actividades en materias de 



PLANTAS Y HORMIGAS 


161 


la Botánica Aplicada vienen rindiendo sus frutos prácticos en mu¬ 
chos aspectos del progreso del país. Sin restar importancia a las 
pacientes investigaciones del Dr. H e r t e r, tendientes a la confección 
de una Flora Uruguaya, corresponde recalcar en este acto la merito¬ 
ria labor del Dr. Rimbach, por su vinculación directa con la pe¬ 
lícula botánica que se exhibirá. 

El Dr. Augusto Rimbach es uno de los pocos discípulos aun 
sobrevivientes del gran botánico Sachs, figura consagrada de la 
Fisiología Vegetal. Rimbach, orientado en los métodos de inves¬ 
tigación del precitado maestro clásico de la Fisiología, durante su 
permanencia en el Uruguay se dedicó preferentemente a esta clase 
de investigaciones en la raíz y otros órganos subterráneos de las 
plantas. Ejecutó también muchos trabajos similares a los que serán 
presentados en la pantalla, lo que indudablemente no dejará de ser 
interesante para mi auditorio. Radicado desde hace 20 años en el 
Ecuador, sigue aún en el presente, publicando los resultados de las 
investigaciones realizadas en aquellos años con especies uruguayas. 

Cornelio O s t e n legó sus valiosísimas colecciones al Estado 
uruguayo, encontrándose así accesibles en el Museo de Historia 
Natural al cuidado de su asiduo colaborador y discípulo, Diego 
Legrand. Un discípulo de Gassner y Rimbach, el Ing. Agr. 
Montoro Guareh, actúa desde hace muchos años como Catedrᬠ
tico de Botánica en la Facultad de Agronomía. Tenemos así una 
cadena ininterrumpida en torno a lo relacionado con la enseñanza 
e investigación botánica desde el período clásico de Sachs hasta 
las actividades contemporáneas en el país. Esta continuidad, fácil¬ 
mente palpable, me hace pronunciar nuevamente la frase tan signi¬ 
ficativa acerca de la conservación integral de la suma de las ener¬ 
gías y la eterna renovación de la vida: «Nichts ist verloren auf der 
Welt; alies wirkt unsichtbar weiter» (Nada en el Cosmos se pierde, 
todo sigue actuando eternamente, aunque invisible). 

Surge por fin, señoras y señores, la pregunta por la esencia de 
la aludida energía o sea su origen, que sería el origen de la vida 
misma, problema eterno de distintas ramas de la ciencia. Considero 
oportuno terminar mis explicaciones sintéticas con la mención de este 
tópico, teniendo presente que muchos de mis oyentes, después de 
conocer el contenido de las películas de hoy, se interesarán por el 
origen de todas estas energías asombrosas que despliegan las plan¬ 
tas en su lucha por la vida para continuar las especies. ¿Cuál es el 
origen de la vida de una asociación de seres tan perfectamente 
organizada como una colonia de hormigas? Un film biológico como 
éste, lógicamente despierta la inquietud por conocer el comienzo 
de la vida. 

La Biología moderna viene dedicando especial atención a la 
dilucidación de este misterio de los misterios. Hace poco el 



162 


CONFERENCIA VII 


Prof. Gilberto Rahm, biólogo conocido también en el Continente 
Sudamericano por su actuación en el Brasil y Chile, en el Instituto 
Rockefeller de Pekín pronunció una conferencia de alto vuelo sobre 
el concepto de la vida y muerte en la Biología moderna. A través de 
su disertación llega a la conclusión, que continúa sin solución este 
problema en su faz biológica, correspondiéndole pues, la palabra, a 
los filósofos. Es bien significativo, sin embargo, que Rahm, comen¬ 
tando la conocida frase de Du Bois Reymond: «Ignoramus et igno- 
rabimus» (no sabemos ni nunca llegaremos a saber) hace notar 
expresamente el gran progreso experimentado desde la exclamación 
resignada del referido naturalista, hace apenas medio siglo. Si bien 
los biólogos contemporáneos aun no han podido establecer una defi¬ 
nición satisfactoria acerca de lo que es la vida, persistiendo así el 
precitado «ignoramus», no se justifica en el presente, agregar la 
resignación definitiva «et ignorabimus». Ese vocablo no existe en el 
diccionario de la Biología moderna. Se está progresando en la dilu¬ 
cidación de este problema fundamental de las ciencias biológicas. 
Pero ya no es la Biología del siglo pasado, la cual trata de resolver 
problemas de esta índole o sea una Biología supeditada al predomi¬ 
nio de las ciencias físicas. Empezó el siglo de la «metabiología» exac¬ 
tamente como en la antigüedad surgió el período de la «metafísica». 
Nuevamente aparecen los problemas antiguos que nunca se perdieron 
durante la historia de la civilización humana, cabiendo exclamar 
así nuevamente: «Nichts ist verloren auf der Welt; alies wirkt 
unsichtbar weiter». 

Esta verdad axiomática implica para todos nosotros un com¬ 
promiso, un mandato categórico en bien del progreso cultural de la 
Humanidad. La generación actual, descansando sobre los hombros 
de los que se fueron, representa sólo un eslabón en la cadena ininte¬ 
rrumpida de la vida que de generación a generación se renueva. 
A cada una de ellas le corresponde pues, cumplir con el mandato 
aludido, procurando entregar a la subsiguiente todo el caudal de 
las investigaciones realizadas en el pasado, haciendo llegar de esta 
manera, al futuro, un acervo científico cada vez más voluminoso y 
substancioso. Hecho consolador ante reflexiones sobre la ley inexo¬ 
rable de no poder aumentarse la suma de las energías que presiden 
nuestro sistema cósmico. Es factible, sin embargo, perfeccionar más 
y más el engranaje del campo energético espiritual, en consonancia 
con la palabra de Goethe: «Wir bekennen uns zu dem Geschlecht, 
das vom Dunklen ins Helle strebt» (Nos confesamos integrantes del 
género que tiende desde las tinieblas hacia la luz). El velo que cubre 
lo desconocido se corre lentamente, pero... progresamos. 



CONFERENCIA VIII 

LAS PERSPECTIVAS DEL CULTIVO TRIGUERO 

EN EL BRASIL 




(II Congreso Riograndense de Agronomía 
realizado en mayo de 1940 en Porto 
Alegre.) 


Consideraciones previas. — El tema sobre las perspectivas del 
cultivo triguero en el Brasil, de palpitante actualidad para nuestro 
gran vecino norteño, interesa aún más en estos momentos al tener 
presente el revés sufrido por toda la producción triguera del este 
sudamericano en el reciente año agrícola de 1939/40. En la Argentina, 
uno de los grandes graneros mundiales, las mermas promediadas de 
la producción alcanzan al 60 % de lo esperado. En el Uruguay se 
calcula la pérdida en 40 %, siendo análogas las cifras correspondien¬ 
tes a la región lindera de Rio Grande do Sul. En algunas Provincias 
de la Argentina, como Santa Fe, Córdoba, el norte de la Prov. de 
Buenos Aires, las pérdidas llegaron al 90 %, ofreciendo así el aspecto 
de un verdadero desastre. 

Sin duda, un suceso como éste, no representa un estímulo 
para las recientes iniciativas de aumentar el cultivo triguero en el 
Brasil. La campaña triguera emprendida por el Gobierno Federal y 
varios Gobiernos Estaduales, con la finalidad de corregir la balanza 
económica que soporta un drenaje considerable, a raíz de la impor¬ 
tación de aproximadamente un millón de toneladas de trigo por año, 
requiere cosechas de aliento. Podría sufrir un golpe serio, si a raíz de 
un resultado deficiente como el de 1939/40, cundiera el pesimismo 
entre los hombres de iniciativa que deben formar la vanguardia en 
la batalla del trigo que el Brasil se propone librar, imitando el ejem¬ 
plo de otras naciones, entre las cuales cito a Italia como el caso más 
conocido. 

Felizmente, años tan adversos a la producción triguera como 
el próximo pasado, representan excepciones aun para el ambiente 
sudamericano cuyas condiciones de producción extensiva, supedita¬ 
das a las influencias de un clima caprichoso, no representan una 
base tan sólida para la producción triguera como las de otros Continen¬ 
tes, aunque la amenaza de malas cosechas es general para nuestro 
globo terráqueo. Por encima del esfuerzo perseverante de la Huma¬ 
nidad, tendiente a vencer a la Naturaleza a través de la aplicación 
cada vez más generalizada de los resultados de la investigación me¬ 
tódica en cuestiones de la producción agropecuaria, están las gran¬ 
des energías cósmicas que originan el desequilibrio de los esfuerzos 
productivos del hombre. 

La historia del cultivo triguero de estos países sudamericanos 



166 


CONFERENCIA VIII 


ofrece ejemplos interesantes para documentar el alcance de mis pala¬ 
bras, ejemplos que me propongo citar como punto de partida de esta 
disertación. Su contenido substancial ha de despertar una fe cre¬ 
ciente en el resultado final de la lucha eterna del hombre por la 
ampliación de su base alimenticia, resultado surgido a raíz de las 
conquistas positivas en el terreno de la investigación agronómica. 
La aludida historia agrícola de América del Sur nos informa, que 
en Rio Grande do Sul, una vez implantado el cultivo triguero por 
laboriosos colonos oriundos de las islas Azores, este se ha venido 
desarrollando en forma altamente satisfactoria a partir de 1737. En 
efecto, aun para el período de 1805 a 1810, cuando ya la exportación 
había empezado a declinar, se señala todavía la cifra considerable 
de 500.000 alqueires, aproximadamente 15.000 toneladas, como pro¬ 
medio anual de trigo exportado, cantidad realmente importante para 
aquel período. 

Mariano B. Berro (1914, pág. 43) informa, que el referido incre¬ 
mento notable del cultivo del trigo existente en Rio Grande do Sul 
«fué paralizado en gran parte por la aparición del polvillo (ferrugem) 
que principió, a partir de 1814, por destruir los trigales o deteriorar 
malamente los granos. El mal se ha ido acentuando» — continúa — 
«imponiendo finalmente el abandono del cultivo triguero en el refe¬ 
rido Estado». Aunque no sabemos, cual de las Puccinias que mien¬ 
tras tanto hemos aprendido a conocer como los hongos causantes 
del mal, llamado polvillo o roya, pueda haber originado la referida 
epifitia y por consiguiente el retroceso del cultivo de trigo, éste siguió 
acentuándose al punto tal, que ya en 1835 se da por definitivamente 
desaparecido un cultivo con anterioridad tan floreciente en estas 
regiones. 

Juan R. Baez (1939, pág. 209), informa sobre un suceso análogo 
observado en el cultivo triguero de la Argentina, donde en aquella 
época estas plantaciones tenían poca importancia en comparación 
con Rio Grande do Sul. Hace referencia a la aparición catastrófica del 
«polvillo» por los años 1820 y subsiguientes, en Santa Fe y Paraná, 
con el agregado de indicaciones sobre «graves ataques» de la misma 
enfermedad comprobados en 1821 por Saint Hilaire en Rio 
Grande do Sul. Aunque hasta el momento no encontrara referencias 
similares para el Uruguay, correspondientes a aquella época poco 
propicia para la agricultura, debido a las luchas prolongadas por la 
independencia política, es probable que la epifitia haya afectado 
también a los pocos cultivos trigueros uruguayos de aquellos años, en 
virtud de lo cual tendríamos una difusión generalizada del polvillo 
en todos los puntos de cultivo triguero existentes en aquel entonces 
en estos países. 

Y bien, en 1930, se registra nuevamente para toda la región tri¬ 
guera del Río de la Plata la aparición del «polvillo», cuya causa esta 



CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


167 


vez se determina como difusión generalizada del hongo Puccinia glu- 
marum, que provoca la roya amarilla. En este caso caen vencidas 
variedades trigueras, que habían conquistado fama en el decenio 
anterior, entre ellas también nuestro trigo «Artigas». Aunque nunca 
llegaremos a identificar con seguridad al hongo atacante de los 
años aludidos del siglo XIX, ante acontecimientos fitopatológicos de 
contornos catastróficos como éstos, cabe reflexionar sobre cierto 
paralelismo entre los períodos climáticos y las aludidas epifitias. 
Quienes conocemos los mencionados períodos climáticos relaciona¬ 
dos con perturbaciones de las energías cósmicas de nuestro sistema 
solar, ante el paralelismo análogo de las epifitias trigueras causadas 
por una u otra de las especies de la Puccinia con sus muchas sub¬ 
razas fisiológicas, nos inclinamos a relacionar tales ciclos meteoro¬ 
lógicos con la producción vegetal. Aunque la meteorología no haya 
podido dilucidar todavía los detalles pertinentes, tales relaciones 
entre causa y efecto merecen ser tenidas en cuenta. 

Los períodos rítmicos que se caracterizan por el aumento y la 
disminución respectivamente de las manchas solares y su influencia 
en la climatología terrestre, representan hechos bien conocidos hasta 
por los legos en la materia. Cabe admitir, pues, la repercusión de los 
aludidos desequilibrios cósmicos, a través del clima terrestre, en la 
producción vegetal. Sin tener que recurrir al calendario secular de 
los anillos anuales de vegetación verificados en árboles milenarios, 
síntomas que informan sobre el ritmo entre años lluviosos y secos 
respectivamente, se me ocurre citar como observación propia los 
años críticos para la producción de la papa en Europa Central, recor¬ 
dando los de 1893, 1904 y 1916 como realmente catastróficos para el 
referido cultivo. Teniendo en cuenta el conocido ciclo meteorológico 
de 11 años, no podría extrañar la existencia de una correlación directa 
entre ambos ciclos, como tampoco sería inverosímil que generaciones 
futuras, en posesión de datos exactos sobre la climatología de largos 
períodos, encuentren explicación al problema de la interdependencia 
de epifitias trigueras con los disturbios cósmicos o el ritmo climᬠ
tico causante de la meteorología terrestre. 

Sean como sean, en realidad, las supuestas relaciones e inter¬ 
ferencias entre los aludidos períodos climáticos y la repetición perió¬ 
dica de años catastróficos para uno u otro cultivo agrícola, no cabe 
la menor duda, que las pérdidas trigueras de 1939/40 en estos países 
fueron la consecuencia de anormalidades meteorológicas que feliz¬ 
mente no son frecuentes. La humedad excesiva y permanente durante 
la primavera, que llegó a su punto culminante en el mes de octubre, 
causó la difusión inusitada de hongos normalmente benignos, la 
Septoria tritici y la S. nodorum. Sus pústulas, cubriendo totalmente 
las hojas, tallos y aun las glumas del trigo, interrumpieron las fun¬ 
ciones normales de la asimilación, causando una esterilización más o 



168 


CONFERENCIA VIII 


menos acentuada o la formación de granos chuzos. La merma de ren¬ 
dimientos en casos extremos revistió caracteres de un verdadero de¬ 
sastre para la producción triguera. Ante todo las siembras tempra¬ 
nas y las variedades precoces tuvieron que pagar tributo a las leyes 
supremas de la Naturaleza que en 1939/40 nos proporcionara toda 
clase de anormalidades climáticas. 

Felizmente, años tan adversos a la producción triguera no se repi¬ 
ten con tanta frecuencia como para transformar en aventura arries¬ 
gada la noble tarea del sembrador de trigo que espera, al entregar la 
simiente a la tierra, recoger también el fruto de su ruda labor. Si la 
epifitia del polvillo registrada para 1820 en los cultivos trigueros 
de la época, aparejó como consecuencia fatal la desaparición de este 
cultivo en Rio Grande do Sul, felizmente, el mal análogo compro¬ 
bado 110 años más tarde, pudo ser vencido fácilmente gracias al 
progreso de la ciencia. Desde ya fueron identificadas para el Río de 
la Plata cuatro razas fisiológicas de la Puccinia glumarum, supo¬ 
niéndose la existencia de otra aun no determinada exactamente. La 
ciencia enseñó también a asegurar la continuación del cultivo tri¬ 
guero con la aplicación de la Genética de la Inmunidad, lo que per¬ 
mitió encontrar las variedades resistentes a las aludidas razas fisio¬ 
lógicas de la Puccinia glumarum. 

El desconocimiento de hechos científicos como estos, condenó al 
agricultor sulriograndense de hace más de un siglo, a una resigna¬ 
ción pasiva ante la fatalidad de sucesos que, debidamente dirigidos 
y contrarrestados por la ciencia agronómica, hoy en día no repre¬ 
sentan un impedimento invencible para la continuación y aun la 
extensión creciente del cultivo triguero, aún en regiones ecológica¬ 
mente «difíciles» como las sudbrasileñas. De manera que, también 
la reciente epifitia de la Septoria, una vez conocida como tal e 
identificados los hongos causantes, podrá ser vencida, si las circuns¬ 
tancias así lo exigiesen, por la Genética Aplicada que permite encon¬ 
trar y formar expresamente, variedades resistentes. 

Juzgué oportuno ofrecer a los señores Congresales estas consi¬ 
deraciones previas, surgidas de una reflexión sobre el revés experi¬ 
mentado en 1939/40 por la producción triguera rioplatense. Permiten 
ellas hacer nuestra composición de lugar, al abordar un asunto tan 
importante, como indudablemente lo es el problema de la produc¬ 
ción triguera para los Estados Unidos del Brasil. Hay que encarar 
con serenidad y sin exageraciones en uno u otro sentido, situaciones 
de esta magnitud. Es decir, debemos colocarnos en una posición 
acorde a la realidad del momento. Teniendo presente, en primer tér¬ 
mino, la labor ya realizada en este Estado, apreciaremos a la vez las 
posibilidades que la Genética Aplicada ofrece respecto a la evolución 
futura. 

No está demás señalar, que precisamente la Genética Aplicada, 



CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


169 


permitió ampliar considerablemente el área triguera del mundo en 
el transcurso de los últimos decenios. Es reconfortante comprobar, 
como la ciencia ofrece una base sólida para llevar la siembra del 
trigo en el hemisferio norte hacia regiones más cercanas al polo, 
anteriormente vedadas a este cultivo, tanto en la lejana Siberia y 
Rusia (Pissarev 1931, 32 y 35), luego en Suecia y ante todo en el 
Canadá. Al Brasil le incumbe la misión aún más difícil de extender 
la zona triguera en dirección inversa, es decir desde la región polar 
hacia el ecuador. La tarea es ardua, pero no imposible. Las diversi¬ 
dades ecológicas del vasto territorio brasileño ofrecen una gran varia¬ 
ción de suelos y climas, encontrándose regiones en principio aptas 
para la producción triguera aun en plena zona tropical, como lo prue¬ 
ban los casos del Ecuador, Colombia y Venezuela. En cuanto al Bra¬ 
sil, el punto de partida y por ende la base de todo el progreso futuro 
debe ser indudablemente este Estado de Rio Grande do Sul, conside¬ 
rado a tal efecto como parte integrante y continuación inmediata de 
la cuenca rioplatense. 

Desde luego, en esta comunicación sintética me concreto a expo¬ 
ner tan sólo aspectos técnicos de las perspectivas del cultivo triguero 
en el Brasil, prescindiendo de las distintas medidas de fomento que 
tanto el Gobierno Federal como lo mismo algunos Gobiernos Esta- 
duales, entre ellos el de Rio Grande do Sul, han considerado conve¬ 
niente adoptar con la finalidad de acelerar la implantación definitiva 
y difusión rápida de las siembras de trigo en el vasto territorio 
brasileño. 

Aspectos inmediatos del problema. — La precitada vinculación 
ecológica de la llanura sulriograndense con el Río de la Plata, que 
geobotánicamente se refleja a través de la vegetación espontánea: 
campos abiertos como en el Uruguay y en la Argentina, automáti¬ 
camente señala la ruta a seguir. El ya mencionado ejemplo del 
avance paulatino del área triguera en el hemisferio norte hacia la 
región polar y, ante todo la implantación definitiva de este cultivo 
en el vasto territorio canadiense, resultan para nosotros muy ins¬ 
tructivos. La Genética Vegetal, método eficacísimo a fin de crear 
variedades adaptadas a regiones ecológicamente difíciles para la 
producción triguera, dió resultados altamente satisfactorios tanto en 
Rusia y más aún en Suecia. En cuanto a este país, me refiero al 
triunfo obtenido por Nilsson Elhe (1911, 1913), en el cruzamiento 
de trigos resistentes al frío con variedades de alta potencialidad 
productora. 

En el Canadá, sin perjuicio de los trabajos de Genética triguera 
implantados con todo éxito, hubo que recurrir a la vez a la introduc¬ 
ción previa de variedades precoces y en principio adaptables al am¬ 
biente. Sobre ellas se ha venido construyendo, en el transcurso 



170 


CONFERENCIA VIII 


de pocos decenios, una producción triguera realmente asombrosa y 
tan enorme, que actualmente el Canadá figura entre los grandes 
graneros del mundo. Justamente sobre las variedades precoces del 
norte de Rusia, a través del proceso de la selección natural adaptadas 
a condiciones de vegetación análogas a las del Canadá, se construyó 
toda esta imponente producción triguera canadiense. Considero inte¬ 
resante, pues, exponer mis puntos de vista tanto respecto a la impor¬ 
tación de variedades eventualmente apropiadas para el sur del Brasil, 
como lo mismo acerca de la obra de Genética Vegetal, felizmente ya 
implantada con tan halagadores resultados en distintos Estados del 
Brasil y, ante todo, en Rio Grande do Sul. 

En mis «Observaciones sobre Agricultura» (1928) dediqué sendos 
capítulos a la «importancia fundamental de la adaptación» y a las 
correspondientes «explicaciones teóricas basadas en la fisiología vege¬ 
tal». Al tener que traer semillas de otros ambientes, por lo general se 
adaptan más fácilmente las que se formaron en regiones ecológica¬ 
mente semejantes. El precitado caso del Canadá constituye una nueva 
confirmación de los tantos ejemplos señalados y documentados deta¬ 
lladamente en los distintos capítulos de mi libro, en cuyas páginas 
«los estudios de adaptación» de las plantas agrícolas efectuados en 
«La Estanzuela» figuran como punto de partida de las demás reali¬ 
zaciones fitotécnicas. 

También Iwar B e c k m a n (1926), compenetrado de la importan¬ 
cia fundamental del problema de la adaptación, desde el comienzo de 
sus actividades profesionales en el Brasil dedicó preferente atención 
a los aspectos del problema relacionados con la Genética, conden¬ 
sando en los párrafos finales de su precitada publicación los «puntos 
de vista prácticos» de la aclimatación de las plantas. 

Teniendo en cuenta el efecto de la selección natural debida a 
la rigurosa eliminación de todas las formas que no se adaptan a las 
condiciones ambientales de vegetación, efecto especialmente acen¬ 
tuado en regiones poco propicias a las respectivas especies, las varie¬ 
dades o razas autóctonas representan, desde el punto de vista de la 
adaptación, indudablemente un material de singular valor. Desde 
luego, lo que nos interesa, es el valor genético en potencia, ya que en 
producción y calidad, tales «razas locales» frecuentemente serán infe¬ 
riores a las formadas por rigurosa selección metódica. 

La trascendencia del problema abordado se refleja en las teorías 
contemporáneas de Vavilov (1927) sobre los centros de genes, 
teorías no sólo altamente sugestivas para especulaciones acerca del 
origen de las plantas agrícolas, sino también prácticamente impor¬ 
tantes para trabajos en fitogenética. En los aludidos centros de genes 
de las respectivas plantas cultivadas se encuentra reunida la totalidad 
(o casi totalidad) de las variaciones de formas, prácticamente reali¬ 
zables, tanto a través de cruzamientos, como por intermedio de la 



CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


171 


mutación. Se trata, pues, de puntos donde existe una verdadera 
acumulación de genes, lo que permitió a Vavilov (1935) establecer 
su teoría sobre las series homologas. Esta teoría, desde luego de gran 
interés teórico como complemento de la taxonomía, resulta más 
importante aún para la Genética Aplicada. En efecto, basándose en 
ella, se llegó a establecer el grado de parentesco entre las distintas 
especies en base a su estructura genética o sea el número de cromo¬ 
somas correspondientes a las distintas especies. Esta cifra constituye 
una característica específica y hereditaria correspondiente por ejem¬ 
plo, en el caso del trigo 14, 28 y 42 cromosomas a las respectivas espe¬ 
cies Triticum monococcum, dicoccum y vulgare. 

No dejo de agregar, que las referidas teorías de Vavilov fue¬ 
ron explicadas por Campos Góes (1927) en la Sesión Inaugural 
del Primer Congreso de la Asociación de Agrónomos del Nordeste 
realizado en junio de 1924 en Recife, siendo así inmediatamente acce¬ 
sibles también en portugués. 

La estructura somática, cuyos distintos aspectos quedaron diluci¬ 
dados desde los puntos de vista de la Genética Teórica ante todo a 
través de los conocidos estudios de la mosca del vinagre (Drosophila 
melanogaster), representa la base substancial de la herencia. En otras 
palabras: los cromosomas como «encarnación» del proceso heredita¬ 
rio teórico, son los «soportes» genotípicos de los caracteres fenotípi- 
cos. Estos nos interesan en la práctica agrícola, ya que en la selec¬ 
ción triguera ellos se presentan desde los distintos puntos de vista 
morfológico y fisiológico o también de la producción cuantitativa y 
cualitativa, expresándome en el lenguaje corriente de los agricultores. 

Sin entrar en detalles de la Genética Teórica, cuyo conocimiento 
constituye la premisa para la ejecución de un plan de «combinación 
factorial» por la genética aplicada, he querido llamar la atención 
sobre la importancia de las razas locales como receptáculo conserva¬ 
dor de los precitados cromosomas, la substancia esencial para los tra¬ 
bajos en Genética Aplicada. Tanta importancia se atribuye, en los 
círculos científicos, al problema de la conservación de las razas loca¬ 
les, que son frecuentes las informaciones sobre este punto en la biblio¬ 
grafía contemporánea. En 1927 fué tratado detalladamente en la Sec¬ 
ción Genética del Consejo Científico Internacional del Instituto 
Internacional de Agricultura de Roma, organismo a 
cuyas sesiones me cupo el honor de asistir. Los distintos aspectos que 
motivaron la discusión de este asunto de relieve internacional, por 
una Comisión de tan alta jerarquía científica, se reflejan en mi publi¬ 
cación sobre el particular (B o e r g e r, 1927). 

Encarando desde este punto de vista el problema planteado o 
sea la investigación acerca de lugares que pudieran ofrecer materia] 
genético apropiado para llevarnos adelante en la tarea árdua de con¬ 
tribuir a la solución del problema triguero del Brasil, debemos atri- 



172 


CONFERENCIA VIII 


buir importancia preponderante a las razas autóctonas, las cuales 
se han ido formando, a través del aludido proceso de la selección 
natural, en varios Estados del vasto territorio brasileño. Los genetis¬ 
tas que actualmente se ocupan del trigo en el Brasil, como Iwar 
Beckman (1926a) Benedicto de Oliveira Paiva y Juvenal J. 
Pintos, en el Estado Rio Grande do Sul, César Pereira Cardozo 
(1937) en Ponta Grossa, C. A. Krug y C.P.Viégas (1938) en Cam¬ 
piñas, y también los que anteriormente han venido dedicando aten¬ 
ción a estos problemas como Paulo da Silva Leitáo (1925), Carlos 
Gayer (1926), Carlos T. Méndez (1928) y Gil Stein Ferreira 
(1931) supieron apreciar en debida forma el valor genético de las 
«razas locales». En las referidas publicaciones topamos con frecuen¬ 
cia con nombres como «Montes Claros», «Polyssú», «Alfredo Cha¬ 
ves» y «Ponta Grossa», designaciones para trigos genuinamente brasi¬ 
leños. He de insistir sobre este punto en el capítulo subsiguiente, des¬ 
tinado a informar sobre «iniciativas ulteriores». 

La conveniencia y aun necesidad, según las circunstancias, de recu¬ 
rrir a las «razas locales» para trabajos genéticos en trigo, se revelan 
con especial nitidez en la historia fitogenética rioplatense, inclu¬ 
sive la parte austral del Brasil. No existe tal vez en estos países 
una variedad triguera, que haya sido utilizada tantas veces para hibri¬ 
daciones como nuestro primitivo trigo «Pelón 33c» y sus descendientes. 
En cuanto a esta intervención, en infinidad de cruzamientos que die¬ 
ron origen a numerosas variedades que llegaron a difundirse en estos 
países, Dellazoppa (1937) cita tan sólo para la Argentina, entre 
las principales, las siguientes: General San Martín, Triunfo, Fénix o 
XIII t, Sola 20, Sola 50, La Previsión 3, La Previsión 34, Rafaela 6 
M. A., General Urquiza, Mamouth, Klein H 51, Klein 31, Klein 40, 
Klein Pirámide, Klein Granadero y Klein Amalia Klein, en total 16. 
Pero también en Rio Grande do Sul se continúa reproduciendo la 
substancia genética de la referida variedad a través de los cruzamien¬ 
tos efectuados por Iwar Beckman en los cuales intervinieron tri¬ 
gos descendientes de nuestro «Pelón 33c». La reciente publicación de 
Beckman (1940) sobre el problema del trigo en el Brasil contiene 
una indicación detallada de resultados obtenidos con líneas descendien¬ 
tes de cruzamientos de los trigos «Fronteira» y «Surpresa» (brasileños) 
con el «Centenario», éste a su vez descendiente del «Pelón 33c». 

En cuanto al Uruguay, la substancia genética del «Pelón 33c» 
intervino en hibridaciones que originaron los trigos, cuyos nombres 
figurarán para siempre en la historia inicial de la fitogenética rio¬ 
platense. Tanto el trigo «Larrañaga», como luego el «Porvenir» y 
«Centenario», y por fin los representantes del grupo «Litoral», todos 
ellos descienden del «Pelón 33c». A través de las respectivas «combi¬ 
naciones factoriales» continúa así la substancia cromosómica aislada 



CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


173 


por Boerger en 1912 al elegir la planta individual portadora de 
tan preciosa materia genética. 

Con la finalidad de dejar señalada claramente la composición 
somática del «Pelón 33c» como el aspecto decisivo en lo referente 
a la conservación de las razas locales, en un trabajo retrospectivo 
sobre la orientación en la selección triguera en «La Estanzuela» (1937) 
establecí la noción «patrimonio genético de singular valor». Destaqué 
así la importancia que desde el punto de vista de la genética triguera 
debemos atribuir a las líneas puras de aquella época inicial, todas 
oriundas de «razas locales». La genética triguera sudamericana reci¬ 
bió, de esta manera, una cimentación segura, en cuyos beneficios 
felizmente han podido participar los tres países de la cuenca platense 
que recurrieron al aludido acervo genético del Uruguay para traba¬ 
jos ulteriores. 

Además de esta «substancia genética» depositada en variedades 
autóctonas formadas por la selección natural, puede haber — y feliz¬ 
mente las hay — variedades ya seleccionadas y por ende disponibles 
en mayor cantidad, de trigos cuya introducción podría contribuir, 
según las circunstancias, a acelerar la difusión de este cultivo en 
territorio brasileño, especialmente en la región lindera con el Uru¬ 
guay. Cabe preguntar pues, en segundo término: ¿Cuáles son las 
variedades, cuya importación en mayor escala desde ya podría reco¬ 
mendarse? Nuevamente el aludido «patrimonio genético» del Uru¬ 
guay nos ofrece una guía de orientación general, aunque en cada 
caso pueden haber diferencias más o menos pronunciadas según el 
ambiente local, en función siempre con el suelo y clima, factores de 
vegetación tan variables en estos países. 

Iwar Beckman, en base a rigurosos ensayos comparativos, 
conducidos durante varios años, llega a la conclusión de destacarse 
actualmente en el Sur del Estado Rio Grande do Sul, los trigos 
«Centenario» y «Porvenir» de origen uruguayo y «Klein-Amalia 
Klein» procedente de la Argentina. Los tres, como ya lo dejé señalado 
en párrafos anteriores, conservan la substancia genética del «Pelón 
33c», siendo explicable por lo tanto, la facilidad de su adaptación 
que fué una de las características que Backhouse y Brunini 
(1925, pág. 18) señalaron expresamente como «otra calidad que ha 
contribuido a cimentar el prestigio logrado por esta variedad», refi¬ 
riéndose al trigo argentino «Favorito», genéticamente idéntico con 
el «Pelón 33c» uruguayo. Los referidos autores dejaron al respecto 
indicado, que «el Favorito posee un área de difusión tan grande que 
puede decirse abarca toda la región triguera del Plata, pues en cual¬ 
quiera de sus partes se comporta como un trigo superior a los indíge¬ 
nas locales, aun a costa de tener que vencer la manifiesta suscepti¬ 
bilidad a las heladas de que adolece». 

La aludida facilidad de adaptación de este trigo a las condiciones 



174 


CONFERENCIA VIII 


de cultivo más variadas del Río de la Plata se refleja en una marcada 
«seguridad de cosecha», aun en ambientes ecológicamente difíciles, 
factor al cual como finalidad de selección siempre le dimos preferen¬ 
cia ante una eventual «potencialidad» productora máxima en condi¬ 
ciones favorables. Esta seguridad de cosecha debe haber sido la 
causa, para que en la Argentina el primitivo trigo «Favorito» (nues¬ 
tro «Pelón 33c»), a pesar de sus defectos cualitativos que motivaron 
ya en 1925 la eliminación definitiva del «Pelón 33c», de los cultivos 
uruguayos, siguió conservando un área de cultivo relativamente im¬ 
portante. Aun 10 años más tarde, o sea en 1935, según lo documenta 
D’Andró (1936), la superficie cultivada en la Argentina con «Favo¬ 
rito» llega a 88.000 hectáreas. Se trata de un detalle sugestivo en su 
relación con nuestro tema, ya que habla bien alto sobre el valor 
excepcional de la masa genética reunida en el referido trigo, la «ma¬ 
teria prima», con la cual se construyeron todas las creaciones ulterio¬ 
res derivadas del «Pelón 33c» que figuran tanto en la Argentina como 
en el Brasil y desde luego en el Uruguay. Los elementos biológicos 
depositados en la masa hereditaria del conjunto de todos estos trigos 
es la «perpetuización», a través de los tiempos, del precitado «patri¬ 
monio genético». Por intermedio de los trabajos fitogenéticos de 
Beckman y otros distinguidos genetistas y experimentadores bra¬ 
sileños, la referida substancia genética quedó puesta al alcance tam¬ 
bién del agricultor brasileño y en primer término desde luego, del 
sulriograndense. 

Por supuesto, existen diferencias ambientales más o menos pro¬ 
nunciadas entre las distintas regiones trigueras, diferencias que 
deben ser tenidas en cuenta antes de proceder a la difusión de una 
u otra de las aludidas variedades. Sería absurdo pretender, que las 
variedades que figuran como las más rendidoras en la principal zona 
agrícola del Uruguay, situada en la parte austral del país, sean indis¬ 
tintamente las más productivas también en Rio Grande do Sul. Aun 
en el propio Uruguay, con su superficie territorial tan reducida, 
existen diferencias ecológicas nítidamente palpables para el trigo, 
las del sur y las del norte del Río Negro, cabiendo señalar también 
el este, o sea la región sobre el Atlántico, como ambiente ecológico 
a su vez distinto de los precitados. 

En la Argentina las aludidas diferencias ecológicas son tenidas 
muy en cuenta, no sólo al efecto de la siembra, sino también en la 
comercialización del trigo. Los «standards» de los respectivos puntos 
de embarque, se integran, en proporción fluctuante, con variedades 
a su vez también diferentes dentro de los tres tipos: duro, semiduro 
y blando. Para la siembra del año 1940/41, toda la superficie triguera 
de la Argentina se subdivide en seis «regiones», indicándose para 
cada una de ellas, variedades «recomendadas» y «mencionadas», las 
primeras de preferencia. El Tribunal de Fiscalización 



CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


175 


de Semillas del Ministerio de Agricultura de la 
Nación (1940), en el referido «Consejo de Siembra» subdivide aún 
más estas regiones, señalando las diferencias entre el norte y sur 
de la región II (Buenos Aires y Santa Fe) como dignas de ser tenidas 
en cuenta no sólo respecto a las fechas de siembra, sino ante todo 
para la elección de variedades. 

En cuanto a Rio Grande do Sul, Ataliba de F. Paz (1939) en 
su reciente publicación sobre el problema del trigo en ese Estado, 
señala para su territorio ocho regiones climáticas con equivalen¬ 
tes meteorológicos diferentes. Existen, por lo tanto, también en 
esta comarca, claras diferencias ecológicas que de antemano fue¬ 
ron tenidas en cuenta al crearse expresamente una Estación Fito- 
técnica para la región fronteriza en Bagé y la otra para la sierra en 
Alfredo Chaves. La Secretaría de Agricultura, Indus¬ 
tria e Comercio, con gran acierto contempla estas diferen¬ 
cias también a través de su plan de acción de conjunto. Además de 
las dos Estaciones Fitotécnicas, figuran en el referido plan, cuatro 
Campos de Multiplicación (Vacaría, Dom Pedrito, Encruzilhada y 
Julio de Castilhos) y muchos «Campos de Cooperación», distribui¬ 
dos sobre todo el territorio del Estado. Esta amplia organización 
permitió para el año 1937/38, llegar a valiosas conclusiones sobre el 
comportamiento de los trigos «Fronteira», «Centenario», «Porvenir», 
«Trintacinco», «Riosulino» y «Farrapo» en las siete regiones: Valle del 
Uruguay, Misiones, Planalta, Sierra del Nordeste, Depresión Cen¬ 
tral, Campaña y Sierra del Sudeste. 

Iwar Beckman (1940), en base a sus observaciones experi¬ 
mentales en Santo Antonio llega a comprobar la superioridad de 
nuestros trigos «Centenario» y «Porvenir» sobre los del grupo «Lito¬ 
ral». Este dato queda confirmado por observaciones análogas en el 
Uruguay, según las cuales el «Centenario» suele superar al «Litoral» 
en la región norteña, comportamiento nuevamente verificado en el 
reciente año crítico de 1939/40. Desde luego, también para el resto 
de la región agrícola del Uruguay se registran diferencias a favor 
de una u otra de las variedades ya consagradas de «La Estanzuela» 
inclusive las de la Argentina, estudiadas en los ensayos metódicos 
pertinentes. 

Es objeto de una experimentación continuada el llegar a 
dilucidar, dentro de lo posible, los detalles referentes al com¬ 
portamiento de las mejores variedades rioplatenses en distintos pun¬ 
tos de la región agrícola. Prescindiendo de los ensayos comparati¬ 
vos de «La Estanzuela», cuyos resultados no admiten generali¬ 
zación sin la verificación correspondiente en otras partes del país, 
indico la experimentación realizada por el Servicio Oficial de 
Distribución de Semillas en cooperación con el Instituto 
Fitotécnico y Semillero Nacional «La Estanzuela», como valiosa 



176 


CONFERENCIA VIII 


fuente informativa sobre el particular. Gustavo J. Fischer y cola¬ 
boradores <1939), a raíz de los ensayos realizados en 1938/39 en seis 
Departamentos de la República, establecen nítidamente la escala de 
rendimientos de ocho trigos de «La Estanzuela» en comparación 
con catorce argentinos, elegidos a propósito por técnicos competen¬ 
tes de ambos países. En estos ensayos nuevamente los trigos uru¬ 
guayos, en nuestro ambiente se mostraron superiores a los de la 
Argentina, aunque algunos de estos alcanzaron posiciones elevadas. 
Jorge Spangenb erg (1940), en su comunicación al II Congreso 
Riograndense de Agronomía informa sobre el comportamiento de 
variedades argentinas y uruguayas en el transcurso de varios años. 
Los interesados han de recurrir, pues, al trabajo original en procura 
de los detalles pertinentes. 

En forma anóloga la experimentación triguera sulriograndense, 
valiéndose de una red experimental distribuida sobre las distintas 
regiones ecológicas del Estado, llegará a esclarecer cada vez más el 
problema inmediato de las variedades a elegirse para cada una de 
las aludidas regiones. Sean como sean las diferencias de detalle que 
así se establecerán, es halagador y promisorio para la evolución del 
problema triguero del Brasil, que el «patrimonio genético» del Uru¬ 
guay se mostró de gran utilidad inmediata para la producción tri¬ 
guera en Rio Grande do Sul. Tanto Lopes da Silva (1938) como 
Iwar Beckman (1937, 1940, 1940a) coinciden en sus manifestacio¬ 
nes acerca del buen resultado obtenido con los trigos «Centenario» 
y «Porvenir», variedades uruguayas que tuvieron su influencia di¬ 
recta en el desarrollo del cultivo triguero en Rio Grande do Sul. 
Sea, pues, con la siembra de estas variedades, a las cuales para algu¬ 
nos casos podría ser agregado también uno u otro de los represen¬ 
tantes del grupo «Litoral», o sea también por la siembra de la varie¬ 
dad argentina «Klein-Amalia Klein», en todos estos casos la produc¬ 
ción triguera sulriograndense descansa sobre el precitado acervo 
genético del Uruguay. Ante todo a través de las variedades brasile¬ 
ñas en cuya formación intervinieron las aludidas variedades u otras 
descendencias de las primeras líneas genéticas de «La Estanzuela», 
existe un aporte valioso a la solución del problema triguero brasi¬ 
leño. Llegó a construirse, de esta manera, una base sólida para los 
trabajos ulteriores tendientes a la implantación definitiva y en gran 
escala del cultivo triguero en el sur del Brasil. Se trata, de un proceso 
lento, en cuya evolución le corresponderá al Estado de Rio Grande do 
Sul asumir el puesto de vanguardia, llegando así nuevamente a lo que 
fué hace un siglo, la región triguera por excelencia del Brasil. 

En todos los aludidos casos fué de gran importancia práctica para 
la producción, el hecho de tratarse de variedades aptas para un pe¬ 
ríodo de siembra dilatado. Tanto en Rio Grande do Sul como en el 
Uruguay, los inviernos lluviosos obligan con harta frecuencia a pos- 



CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


177 


tergar la fecha de siembra hasta julio y agosto. En tales circuns¬ 
tancias, variedades como las precitadas, llegarán a dar cosechas satis¬ 
factorias, aunque no tan altas como en la «siembra normal» de junio. 
El territorio lindero de Rio Grande do Sul pudo participar, en esta 
forma, inmediatamente en el resultado de la obra de selección uru¬ 
guaya orientada hacia la finalidad enunciada. Los detalles pertinen¬ 
tes se encuentran en la comunicación de Boerger (1938) a la 
l 9 Reunión Sudamericana de Botánica en Río de Janeiro, sobre la 
adaptación de trigos uruguayos a las exigencias ecológicas de un 
período prolongado de siembra. 

Agotadas las posibilidades de producción, inmediatamente apro¬ 
vechables por una parte de Rio Grande do Sul, a raíz del bien amplio 
radio ecológico o sea la plasticidad biológica de las mencionadas va¬ 
riedades trigueras del Uruguay, habrá que contemplar las exigen¬ 
cias específicas de puntos más distantes, situados en la región serrana. 
Con todo acierto Iwar B e c k m a n señala la importancia del factor 
«precocidad» para las variedades destinadas a sostener la producción 
triguera en los aludidos predios agrícolas, en su mayoría pequeñas 
explotaciones de colonos progresistas diseminados en la inmensidad 
de la selva subtropical. 

Felizmente las autoridades competentes tuvieron de antemano 
en cuenta también tales exigencias, creando la Estacáo Experimental 
Phytotechnica das Colonias «Alfredo Chaves» con el cometido de 
contemplar los aspectos específicos del problema triguero en la sie¬ 
rra. Llegaron a distribuirse hasta la fecha los ya aludidos trigos 
«Riosulino», «Trintacinco» y «Farrapo», destacándose el primero de 
ellos por un elevado peso específico lo que motivó su preferencia por 
parte de los agricultores. 

Una importancia aun mayor atribuyo, sin embargo, a las mencio¬ 
nadas «razas locales», por ofrecer al genetista una substancia gené¬ 
tica singularmente valiosa para hibridaciones tendientes a la forma¬ 
ción de variedades precoces. Ataliba de F. Paz (1939, pág. 8) en su 
ya mencionado trabajo reproduce algunos datos obtenidos con varie¬ 
dades precoces «perfectamente adaptadas» a las condiciones ambien¬ 
tales sulriograndenses, cifras que le fueron suministradas por Iwar 
B e c k m a n. Los rendimientos promediados de seis trigos precoces, 
estudiados en el campo experimental de Santo Antonio, oscilaron 
entre 1510 a 1695 kgs. por hectárea en la siembra del 4 de julio y 
entre 590 a 790 en la del 25 de agosto. Tales cifras, obtenidas en la 
cosecha del año 1938/39, indudablemente significan rendimientos 
satisfactorios para las referidas condiciones ambientales y muy alen¬ 
tadores para las perspectivas ulteriores, que ya se vislumbran en 
informaciones más recientes de Iwar B e c k m a n. 

Este investigador (1940, pág. 33), al informar en la conferencia 
pronunciada en la Facultad de Agronomía de Monte- 



178 


CONFERENCIA VIII 


video sobre sus trabajos tendientes a obtener precocidad triguera, 
comienza por manifestar, que las variedades precoces del extranjero 
como «Florence» de Australia, «Ardito» y «Mentana» de Italia y 
«Palantelen» de la Argentina, en Santo Antonio, dieron rendimien¬ 
tos muy bajos, por no adaptarse a las condiciones mesológicas. En 
vista de los resultados insuficientes, que frecuentemente tomaron el 
aspecto de verdaderos fracasos, Iwar B e c k m a n empezó ya en 1929 
a realizar cruzamientos entre trigos precoces y otros de producción 
segura, obteniendo primeramente el trigo «Floresta», utilizado a su 
vez para cruzarlo con el «Mentana» dando origen al trigo «Flores- 
tana» muy precoz y de grano oscuro. 

Cruzando el «Florence» con el «Mentana», se obtuvo el híbrido 
«Floreana», interesante debido a una precocidad tan extrema, al 
punto de que en el transcurso de casi 30 años de observaciones, no 
hemos tenido en «La Estanzuela» otro que le igualara en este 
aspecto. Fácilmente se comprende la importancia de tales varieda¬ 
des precoces formadas en el Brasil mismo, para la extensión del cul¬ 
tivo triguero aún más hacia regiones norteñas en otros Estados, 
donde la precocidad significa «conditio sine qua non», a fin de im¬ 
plantar el cultivo triguero. Un tercer grupo de trigos precoces, actual¬ 
mente en estudio en Bagá, procede del cruzamiento entre «Fron- 
teira» y «Mentana», híbrido a cuyas descendencias Iwar Beck- 
man atribuye un singular valor, no sólo por su alta capacidad pro¬ 
ductora, sino también por soportar, mejor que cualquier otro trigo 
precoz, las siembras tardías. 

En el reciente año agrícola 1939/40, con las grandes pérdidas oca¬ 
sionadas por la Septoria tritici y la S. nodorum en función con las 
adversidades climáticas, Beckman ha tenido la satisfacción de 
encontrar entre las descendencias de sus hibridaciones varias líneas 
genéticas que soportaron perfectamente una prueba tan severa, con¬ 
solidando así aún más el cimiento genético sobre el cual descansa 
la evolución ulterior del problema triguero. Con fecha enero 29 de 
1940 me comunica al respecto textualmente lo siguiente: «Todos los 
trigos precoces de la Argentina fracasaron por completo contraria¬ 
mente a lo sucedido con nuestros trigos precoces que tanto en las 
experiencias de aquí (Bagé) como en las de la sierra, dieron excelen¬ 
tes resultados. «Centenario», «Porvenir» y «Litoral 2» se portaron 
bien, siendo apenas superados por algunas variedades de aquí, des¬ 
cendientes del «finado» trigo «Polyssú», del cual descienden también 
mis mencionados trigos precoces.» 

Estas importantes observaciones fueron dadas a conocer también 
públicamente por Iwar Beckman (1940a) a través de comunica¬ 
ciones de la prensa sulriograndense, resumidas en el artículo apa¬ 
recido en «Revista Agronómica» al cual alude la cita. La hibrida¬ 
ción entre trigos autóctonos del Brasil con variedades precoces del 



CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


179 


extranjero, con la expresa finalidad de formar variedades adapta¬ 
das a las respectivas condiciones ecológicas de las distintas regiones 
de Rio Grande do Sul, figura así, felizmente, ya entre las más avan¬ 
zadas realizaciones técnicas «inmediatas». Tienen ellas, sin embargo, 
mayor importancia aún en su relación con las «iniciativas ulteriores», 
objeto de una consideración aparte en el capítulo subsiguiente. 

Iniciativas ulteriores. — Marcondes de Franca (1937), en 
su reciente contribución al estudio ecológico del trigo en el Brasil, 
ofrece un cuadro numérico con datos globales sobre el área aue 
supone aprovechable para el cultivo triguero en los distintos Esta¬ 
dos. El subsiguiente extracto informa inmediatamente acerca de las 
posibilidades trigueras en principio realizables. 


ESTADO 

Latitud geo¬ 
gráfica grado 
Sud 

Altura en 
metros sobre 
NN. 

Area triguera 
estimada en 
hectáreas 

Pernambuco . . 

7 — 9° 

805 — 1.000 

354.000 

Bahía . . . 

9 — 15° 

950 — 1.180 

2.103.000 

Río de Janeiro 

o 

Tí< 

C'l 

1 

CM 

C'J 

813 — 910 

265.000 

Minas Geraes 

o 

eo 

CM 

1 

m 

i-H 

800 — 1.260 

28.448.000 

Goyaz 

5 — 20° 

800 — 1.000 

8.402.000 

Sao Paulo 

20 — 24° 

750 — 1.030 

2.931.000 

Paraná .... 

23 — 27° 

730 — 1.160 

12.138.000 

Santa Catharina 

27 — 29° 

700 — 930 

2.909.000 

Rio Grande do Sul 

27 — 33° 

500 — 1.000 

6.634.000 

Total 

— 

— 

63.484.000 


Partiendo de esta cifra global, el referido autor, aún reduciendo 
de antemano las aludidas «posibilidades en principio» al 10 %, o sea 
aproximadamente 6.300.000 hectáreas, y suponiendo un rendimiento 
triguero de 600 kgs. por hectárea, llega a la conclusión de alcanzar 
la tercera parte de la mencionada cifra para cubrir las necesidades 
anuales del consumo triguero en el Brasil, que actualmente asciende 
a 1.200.000 toneladas. Tales cifras involucran, desde luego, muchos 
casos de cultivo actualmente dudosos o difícilmente realizables, aun 
por circunstancias ajenas a las cuestiones biológicas aquí en el tapete, 
como por ejemplo transporte, población y disponibilidad de mano de 
obra en terrenos alejados, etc. Con todo y aun concretándonos al 
aspecto biológico del tema, las dificultades en los Estados septen¬ 
trionales son mayores, requiriendo su solución, por lo tanto, más 
tiempo. Considero conveniente, pues, tratarlas aparte bajo el con¬ 
cepto de «iniciativas ulteriores». 

Para establecer cifras como las comunicadas por Marcondes 
de Franca, hay que recurrir al estudio ecológico de los respecti- 




180 


CONFERENCIA VIII 


vos ambientes, figurando en la precitada publicación indicaciones 
detalladas sobre las condiciones ecológicas de la Estagao Experi¬ 
mental de Cereaes e Leguminosas de Ponta Grossa (Estado Paraná). 
A los efectos del caso no deja de ser interesante, que Girolamo Azzi, 
en época reciente pudo realizar amplios estudios ecológicos en todo 
el vasto territorio del Brasil, investigaciones cuyos resultados resu¬ 
midos, son accesibles en el folleto (1937): «Aspecto ecológico do trigo 
no Brasil». 

Azzi, en sus conclusiones finales anota nuevamente la cono¬ 
cida interdependencia de los factores clima, suelo y planta, como 
«alfa y omega» del problema triguero del Brasil. Lógicamente, si no 
podemos cambiar el clima, siendo lo mismo el factor suelo accesible 
tan sólo hasta cierto punto a nuestra intervención y desde luego, 
siempre que se trate de ambientes en principio aptos para el trigo, 
no queda otro camino que recurrir al vegetal, en nuestro caso repre¬ 
sentantes del género «Triticum». No deja de ser sugestivo, que tam¬ 
bién Azzi señala los «trigos locales» como punto de partida para 
llegar a la meta anhelada, coincidiendo en esta forma no sólo con mis 
propias ideas ya expresadas anteriormente, sino confirmando a la 
vez, con sus especulaciones teóricas, las realizaciones prácticas de 
los meritorios investigadores brasileños que hasta la fecha trabaja¬ 
ron en la solución de tan arduo problema. 

Queda trazada, pues, con toda claridad, la ruta a seguir. En la 
misma forma que lo hicieran los ya mencionados genetistas de Rio 
Grande do Sul, Paraná y Sao Paulo, así debe recurrirse en el centro y 
norte del vasto territorio brasileño a la substancia genética existente. 
Montes Claros y Patos en Minas Geraes, Chapada de Veadeiros en 
Goyaz, como también puntos apartados en las alturas de Parahyba, Per- 
nambuco, Bahía y mismo en Ceará (Azzi, 1937, pág. 11) conservan aún 
sus tesoros genéticos, cuyos aportes contribuirían a formar un patri¬ 
monio genético brasileño, que para el norte tal vez llegará a ser tan 
valioso como el precitado patrimonio genético del Uruguay para el 
sur. A lo mejor habrá que ir aún más lejos, recurriendo a otros paí¬ 
ses sudamericanos en plena zona tropical, de cuyas razas locales 
tenemos informaciones recientes en los trabajos de Schelotto 
(1938) y Amaya (1940), relacionados con el cultivo triguero en 
Venezuela y Colombia respectivamente. 

Las aludidas «razas locales», material genético traído desde 
Europa hace siglos ya por los primeros colonos y conservado a tra¬ 
vés del tiempo hasta nuestros días, ofrecen al genetista contempo¬ 
ráneo una materia prima singularmente preciosa para construir con 
estos minúsculos «elementos» biológicos llamados «genes», nuevas 
«combinaciones factoriales» de trigo, en consonancia con las exigencias 
del ambiente, conocidas en el presente mejor que en aquellos tiempos 
pasados, debido a la investigación ecológica contemporánea. 



CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


181 


Desde este punto de vista cabe señalar como uno de los proble¬ 
mas ecológicos más importantes para la producción triguera, el de la 
época de siembra. Si bien esta tarea fué contemplada en el sur con 
la formación de trigos aptos para siembras dilatadas, hay que tener 
presente que las fechas pertenecen invariablemente a los meses de 
otoño o invierno. Este ciclo vegetativo del trigo, con su maduración 
en la primavera, rige, aunque con alguna variación, para toda la parte 
austral del Brasil, desde Rio Grande do Sul hasta Paraná. En el 
Estado de Paraná ya no prosperan los trigos de un ciclo vegetativo 
largo, requiriéndose variedades precoces. Entre ellas, conjuntamente 
con las formadas con razas locales vienen adquiriendo creciente im¬ 
portancia las nuevas creaciones de Iwar Beckman. En 1938 tuve 
oportunidad de observar «de visu» en Ponta Grossa un hermoso cul¬ 
tivo de 40 hectáreas de «Fronteira», trigo que según comunicaciones 
verbales del Director de la Estación Experimental doctor Per eirá 
C a r d o s o, encuentra creciente difusión, no sólo en Paraná sino aún 
más lejos hacia el norte. 

Asimismo, avanzando en dirección a la línea ecuatorial, encontra¬ 
mos ya en el Estado de Sao Paulo condiciones ecológicas marcada¬ 
mente distintas. Krug y Viégas (1938), teniendo presente la esca¬ 
sez de lluvias en el invierno, indican el mes de abril como la mejor 
época de siembra, insistiendo en la precocidad de los trigos como fac¬ 
tor decisivo para poder obtener cosechas medianamente satisfacto¬ 
rias. Para el Estado de Minas Geraes se acentúan aún más las exi¬ 
gencias ecológicas de una siembra temprana, señalando Azzi (1937, 
pág. 9) para la región de Patos la tercera década del mes de febrero, 
como la mejor fecha de siembra. Entre las variedades que en estas 
condiciones ecológicas dieron resultados satisfactorios en Campiñas, 
se citan, al lado de trigos precoces de Rio Grande do Sul y líneas de 
«Montes Claros» obtenidas en Campiñas mismo, también algunas 
variedades extranjeras como «Pusa» de la India y «Montana» e «Ita¬ 
liano A» de Italia. Azzi informa sobre resultados solamente «me¬ 
diocres» obtenidos con las variedades «Ponta Grossa 142» y el trigo 
australiano «Florence» en Minas Geraes, recomendando recurrir a 
las «razas locales», sometiéndolas a la selección biológica para aislar 
tipos deseables. 

Sobre los primeros trabajos experimentales con trigo en el Estado 
Goyaz informa Cordeiro (1937), tratándose de observaciones de 
orientación en Anápolis y Veadeiros. El mencionado autor señala 
como factible la obtención de 700 a 1.000 kgs. por hectárea, rendimien¬ 
tos bastante elevados que abrirían halagadoras perspectivas para el 
cultivo triguero, al ser confirmados estos datos en ensayos futuros. 
Cordeiro indica las variedades «Pusa», «Ponta Grossa-1» (142), 
«Montes Claros» y «Agronómico» como los trigos más indicados. Pres¬ 
cinde de un análisis del aspecto económico y las dificultades de trans- 



182 


CONFERENCIA VIII 


porte ya mencionadas en párrafos anteriores, factores adversos a una 
difusión realmente apreciable del trigo en aquellas tierras tan apar¬ 
tadas de los centros de consumo. 

Además de las posibilidades netamente genéticas que ofrecen no 
sólo la selección de las razas locales y la adaptación de variedades 
extranjeras, sino especialmente las hibridaciones, la técnica agrícola 
contemporánea cuenta también con el recurso fisiológico de la «iaro- 
vización» o «vernalización». Esta práctica no carece de importancia 
efectiva para ambientes trigueros como los referidos. Can el (1937 y 
1938) informa sobre los resultados de la aplicación experimental de 
la «iarovización» en la obra genética de «La Estanzuela», tratán¬ 
dose probablemente de las primeras investigaciones de esta índole 
en nuestro Continente. Dada la facilidad de una aplicación práctica 
en la Genética, de tales métodos, es posible ahora corregir el ciclo 
vegetativo de variedades que de otra manera tendrían dificultades 
en la terminación de las sucesivas fases o estados de desarrollo, que 
deben ser terminados uno tras otro para llegar a la formación per¬ 
fecta del grano. 

Se vislumbran así posibilidades para la producción triguera tam¬ 
bién en las regiones septentrionales del vasto territorio brasileño con 
las consiguientes perspectivas de llevar su siembra cada vez más 
hacia el ecuador. Se trata, sin embargo, de un proceso lento, que 
llevará tiempo exigiendo simultáneamente la solución de otros 
problemas. La mayor o menor rapidez en el progreso de las iniciati¬ 
vas pertinentes dependerá en gran parte de la evolución futura que 
experimentará la misma estructura económica del Brasil. Actual¬ 
mente — no me cabe la menor duda al respecto — el punto de gra¬ 
vitación se encuentra en los Estados del sur, correspondiendo a Rio 
Grande do Sul la noble misión de asumir el puesto de avanzada, 
aprovechando cada vez más las posibilidades, que la Genética con¬ 
temporánea pone a disposición de los progresistas labradores de estas 
tierras feraces de la región periférica de la cuenca platense. 

Cuestiones complementarias. — Como ya lo dejé indicado en la 
parte preambular de esta conferencia, me propuse tratar solamente 
aspectos técnicos del tema, ya que el problema triguero del Brasil 
es tan vasto, que una consideración detallada saldría del margen de 
nuestra exposición sintética. Lourengo Mario Prunes (1939), en 
un libro bien reciente, analiza el problema desde los aludidos pun¬ 
tos de vista más amplios, ofreciendo entre otras consideraciones 
generales, también una información detallada sobre la acción de los 
Poderes Públicos del Brasil en este importante asunto. Por más inte¬ 
resante que pudiera resultar una discusión de estos aspectos y otros, 
que directamente afectan a la economía nacional, como verbigracia 
datos sobre el consumo, los precios, etc., me limito en este capítulo 




CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


183 


de «cuestiones complementarias», estrictamente a consideraciones de 
orden técnico. 

Cabe preguntar por ejemplo, si a los métodos de labranza podría 
corresponderles una influencia decisiva en la implantación y difu¬ 
sión del cultivo triguero en el Brasil, ante todo en el aumento de los 
rendimientos, haciendo más remuneradora la siembra de este cereal. 
Desde luego, el trigo requiere tierras adecuadas y también una agri¬ 
cultura esmerada, lo que en algunos países implica hasta la aplica¬ 
ción de carpidas, con toda su influencia benéfica sobre los ren¬ 
dimientos. Aun así, la cuestión «labranza» en estos países de una agri¬ 
cultura extensiva todavía no ha llegado a ocupar una posición deci¬ 
siva como en otros continentes, donde la escasez del suelo cultivable 
obliga a extremar la intensificación agrícola. En cuanto al trigo, 
basta citar el caso conocido de Italia donde con la aplicación del cono¬ 
cido método «integral» se llegaron a ampliar considerablemente los 
resultados auspiciosos de la batalla del trigo. En estos países sud¬ 
americanos, felizmente aún abunda la tierra, escaseando más bien 
la mano de obra. Con tal de poner el suelo en buenas condiciones, 
conservándolo limpio de malezas y aplicando un sistema de rota¬ 
ción adecuado a las distintas regiones, el factor «labranza», por el 
momento queda contemplado en forma satisfactoria. Esto cambiará, 
cuando empiece una intensificación general de la agricultura cerea- 
lera, intensificación que a su vez supone una mayor seguridad de 
las cosechas y precios remuneradores, a fin de evitar pérdidas más o 
menos considerables en años adversos al trigo. Otro tanto cabe decir 
de la aplicación de abonos, que en muchas partes del Brasil, con tie¬ 
rras livianas y parcialmente ya agotadas, puede ser necesaria de 
antemano, quedando asimismo el éxito supeditado siempre a la 
solución previa del problema biológico de la adaptación y selección. 

Una importancia más acentuada atribuyo a la aplicación metó¬ 
dica de los recursos que la Fitopatología contemporánea pone a nues¬ 
tra disposición. No sólo la genética de la inmunidad que desde luego 
debe ser tenida en cuenta por el genetista mismo (Puccinias, etc.), 
sino también la organización de la defensa contra afecciones parasi¬ 
tarias, ofrece sendos aportes a la solución del problema triguero. 
No bien se llegara a conocer la etiología de los respectivos hongos 
causantes del mal, se desarrolló también la práctica de defensa. Me 
refiero primordialmente a la lucha contra el carbón hediondo (Tilletia 
tritici) y el carbón volador (Ustilago tritici) existiendo para ambas 
plagas, métodos de defensa eficaces. Tanto la aplicación de especí¬ 
ficos curativos en el caso de la Tilletia, como la curación con agua 
caliente en el de Ustilago, representan procedimientos de defensa 
aplicables con relativa facilidad, aunque en el caso de Ustilago es 
requerida más atención. Por suerte, el conocimiento de todo lo rela¬ 
cionado con estas cuestiones puede considerarse bastante generali- 



184 


CONFERENCIA VIII 


zado en el ambiente sulriograndense, debido a las publicacio¬ 
nes de von Par se val (1937, 1937a, 1937b y 1938), ampliamente 
difundidas como folletos de la Sección Investigaciones, Infor¬ 
maciones y Publicidad de la Secretaría de Agricultura, Industria y 
Comercio de Porto Alegre. El fallecimiento prematuro, en 1939, de 
von Parseval, felizmente no entorpece la marcha ulterior de las 
investigaciones pertinentes, ya que ellas son continuadas por sus dis¬ 
cípulos colaboradores, entre los cuales cabe citar ante todo a I. P. da 
Costa Neto. Se sobreentiende, que en ambientes propicios a la 
difusión de afecciones criptogámicas como las regiones húmedas de 
la sierra, la genética de la inmunidad como tal supera en importancia 
a las referidas medidas curativas, las cuales por esta misma razón 
figuran aquí entre «cuestiones complementarias». 

A ellas pertenece también el problema de la calidad, asunto que 
por su vinculación directa con la industrialización y el consumo, 
gravita más bien hacia el terreno de la economía, comercialización y 
tecnología, aunque al genetista le corresponde tener en cuenta el 
problema. La gran importancia de todo lo relacionado con la calidad 
triguera se refleja en la bibliografía de especialización sobre las 
investigaciones pertinentes, que también en los países rioplatenses 
han surgido. En la Argentina, cuyo sistema de «standardización» 
recientemente implantado descansa sobre prolongados estudios cua¬ 
litativos de especialistas como D’André, Albizzatti, Klein y 
otros, se trata de una cuestión ampliamente documentada. 

Por más importancia que se atribuya al problema cualitativo, 
en ambientes ecológicamente difíciles, los cuales en el Brasil son 
frecuentes, ello no constituye un aspecto decisivo para la implan¬ 
tación y definición del cultivo triguero. En tales circunstancias debe 
resolverse primeramente el problema fundamental, el de la adapta¬ 
ción y luego el de la selección y del mejoramiento, en el cual auto¬ 
máticamente queda involucrado también el problema de la calidad. 

Conclusiones. — Los argumentos vertidos en los distintos capítu¬ 
los de nuestra disertación, señalan con toda nitidez a la Genética Vege¬ 
tal como el recurso más valioso de cuantas medidas técnicas quisie¬ 
ran aplicarse para llegar a resolver el problema triguero del Brasil. 
En la parte austral la producción descansa sobre creaciones fitogenéti- 
cas de Santo Antonio y trigos seleccionados de Alfredo Chaves, descen¬ 
dientes del material autóctono, conjunto varietal complementado a su 
vez por variedades traídas del Uruguay y de la Argentina, que mostra¬ 
ron ser adaptables al ambiente sulriograndense. Más al norte se impo¬ 
nen los trigos precoces, líneas genéticas e hibridaciones derivadas de 
razas locales y también variedades seleccionadas del extranjero. Sean 
como sean los detalles siempre variables en las distintas regiones pro¬ 
ductivas, la solución previa del problema biológico involucrado en la 



CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


185 


noción «variedad», figura indistintamente como punto de partida para 
cualquier tentativa de implantar el cultivo triguero. 

Constitúyese así la Genética Aplicada en el factor decisivo. Este 
hecho debe ser tenido en cuenta, al pretenderse aumentar el área 
triguera del Brasil hasta llegar a satisfacer el consumo interno, aspi¬ 
ración establecida como finalidad máxima, hacia la cual convergen 
indistintamente tanto las medidas gubernamentales de fomento y pro¬ 
tección, como las iniciativas técnicas de toda índole. Se impone, pues, 
intensificar la obra genética ya establecida con tan halagadores resul¬ 
tados iniciales y extenderla según las circunstancias. Por no corres¬ 
ponderme dar indicaciones de detalle, basta señalar la ruta a seguir. 
A través de una cooperación armónica entre los genetistas investi¬ 
gadores y los técnicos encargados de la producción y distribución, 
debe desenvolverse un plan amplio, para poder contemplar las exi¬ 
gencias ambientales tan variables de los distintos Estados del Brasil. 

Desde este punto de vista considero alentador el ejemplo que 
ofrece la colaboración prestada por los técnicos de Rio Grande do Sul, 
al nuevo organismo experimental instalado recientemente en Río de 
Janeiro con la creación del «Centro Nacional de Ensino e Pesquisas 
Agronómicas». Los resultados de la experimentación conducida así 
por primera vez sobre una base más amplia, proporcionó resultados 
bien nítidos acerca del comportamiento de las distintas nuevas crea¬ 
ciones brasileñas y variedades extranjeras en estudio, figurando en pri¬ 
mer término el trigo «Río Negro» de Santo Antonio. Se trata de resul¬ 
tados doblemente alentadores, en vista de las adversidades climáticas 
que sometieron el material estudiado a una prueba extremadamente 
severa. 

Sin perjuicio de la posición decisiva que, por lo tanto, asigno a 
la intensificación y extensión de la obra genética, no debe descui¬ 
darse tampoco ninguna de las demás iniciativas tendientes a la misma 
finalidad. Las amplias medidas de protección y fomento tomadas por 
los Poderes Públicos Federales y Estaduales, están llamadas a des¬ 
pertar el interés de hombres de empresa cuya experiencia y volun¬ 
tad férrea de triunfar, pese a todas las dificultades en la acción prác¬ 
tica, son tan imprescindibles como la tutela protectora prestada por 
el Gobierno y la orientación surgida de la investigación. 

Teniendo a la vista tan lisonjeros hechos en todos los aspectos 
del complejo problema triguero del Brasil, comparto con Iwar 
Beckman la fe en el resultado definitivo de la jornada. A través 
de las palabras finales de su ya referido comentario sobre la cosecha 
de 1939/40, el mencionado investigador deja establecido que, a pesar 
de las muchas adversidades de este año, podemos encarar el futuro 
con optimismo, confiando en los éxitos progresivos de la nueva ofen¬ 
siva que en la gran «batalla del trigo» brasileño, debe desencade¬ 
narse en los años próximos. La victoria final, resultado de la armo- 



186 


CONFERENCIA VIII 


niosa colaboración de todos, contribuiría no sólo a aumentar el bien¬ 
estar individual de los trabajadores de la tierra, sino ha de dar, tarde 
o temprano, su pedazo de pan elaborado con trigo brasileño, a todos 
los habitantes del Brasil. Quedará de esta manera, resuelto el magno 
problema triguero, por el cual se vienen interesando en forma cada 
vez más acentuada tanto el Gobierno Federal como varios Gobiernos 
Estaduales, entre los cuales, por los resultados ya alcanzados, se 
destaca el de Rio Grande do Sul. 

Para terminar, señores, la visión lejana del cuadro lúgubre, que 
en estos momentos de una lucha gigantesca en Europa enluta a toda 
la familia humana, señala para este Continente sudamericano la misión 
futura de contribuir a mitigar los efectos dolorosos de esta destruc¬ 
ción de energías productoras, siempre deplorables. Hace apenas un 
siglo que M a 11 h u s hiciera cundir para la Humanidad el pesimismo, 
consecuencia inevitable de sus especulaciones acerca de la despro¬ 
porción entre el crecimiento rápido de la población de nuestro globo 
terráqueo y el aumento muy lento de la base de subsistencias. 
Edward M. East (1926), el conocido genetista norteamericano, es 
más pesimista aún que Malthus. En su aludido ensayo reciente: 
«La humanidad en la encrucijada», llega a la conclusión, de encon¬ 
trarse el mundo desde ya en uno u otro ambiente, ante la realidad 
cruel del cumplimiento de las profecías fatídicas de Malthus. 

Si esto realmente fuese así, sobrarían los motivos de duda en 
el porvenir de la familia humana. Se abrirían perspectivas desalen¬ 
tadoras respecto al progreso futuro de la colectividad y sobre todo la 
felicidad y el bienestar de las grandes masas, que anhelan en primer 
término asegurarse el pan de todos los días para los suyos, obede¬ 
ciendo así al mandato de la Naturaleza que obliga a atender inexo¬ 
rablemente las exigencias de las llamadas «primeras necesidades». 

El «pedazo de pan», señores, considerando el concepto desde los 
puntos de vista de la Sociología, es la base de la existencia para cada 
hombre individual, representando por lo consiguiente, algo impres¬ 
cindible para cada ser humano. Es algo fundamental, casi compara¬ 
ble a los derechos de la luz, del aire o al de estar y habitar, todos 
ellos «derechos naturales» que en principio no se discuten. Este 
mismo concepto, si bien ha servido ya frecuentemente como punto 
de partida para discusiones doctrinarias en otros dominios científi¬ 
cos, en nuestra conferencia presenta el corolario de corroboración 
respecto al derecho individual en el aludido «pedazo de pan» que a 
un precio razonable debe ser obtenible por cada habitante del globo. 

Este «pedazo de pan» que equivale a la base de la existencia 
individual, fué objeto de un agudo estudio económico por parte del 
Ingeniero Agrónomo Emilio A. Coni (1933) en su carácter de Pro¬ 
fesor de las Facultades de Agronomía y Ciencias Económicas de la 
Universidad de Buenos Aires. En este Congreso Agronómico, el refe- 



CULTIVO TRIGUERO EN EL BRASIL 


187 


rido investigador que en la actualidad ocupa el alto cargo de Presi¬ 
dente del Directorio de la Comisión Nacional de Granos 
y Elevadores de la República Argentina, preside con 
singular brillo a la distinguida delegación argentina, doble motivo 
por lo tanto para referirme al mencionado trabajo con su subtítulo 
tan sugestivo: «¿Qué hay en un pedazo de pan?». 

El pesimismo que fluye de las precitadas doctrinas de M a 11 h u s, 
acentuado aún más por las perspectivas de miseria a raíz de la des¬ 
trucción más o menos amplia del actual sistema económico europeo, 
debe encontrar a su paso nuestro optimismo, nuestra fe segura en un 
porvenir más halagador que el destino depara a la Humanidad. En 
todos los rincones del globo terrestre, en principio aptos para la pro¬ 
ducción agropecuaria, hay que ir poco a poco a la realización virtual 
de las respectivas posibilidades productivas. No debe surgir nueva¬ 
mente el espanto de la superproducción que en realidad no tendría 
razón de existir, si métodos más perfeccionados de la distribución 
permitiesen satisfacer ampliamente las aspiraciones del hombre en 
cuanto a su «pedazo de pan» de todos los días. Al vasto territorio de 
los Estados Unidos del Brasil, en su mayoría aún virgen y por ende 
una verdadera «tierra de promisión», le corresponde la misión de 
contribuir, dentro de lo posible, a satisfacer las aludidas aspiraciones 
de las masas. 

Desde luego, sería despertar expectativas tal vez excesivas, si 
quisiera afirmar, que el Brasil, hace un siglo país exportador de trigo, 
tendría que recuperar nuevamente una posición análoga, pese a las 
dificultades que se oponen al cultivo triguero en comparación con 
otros ambientes. Con todo, ante la necesidad imperiosa de tener que 
intensificarse la producción agropecuaria en el mundo entero, aun ven¬ 
ciendo dificultades ecológicas en determinados ambientes, queda 
ampliamente justificada la aspiración de que por lo menos el refe¬ 
rido «pedazo de pan», reclamado por la población brasileña, sea pro¬ 
ducido en la superabundancia de tierras disponibles. 

Los Gobernantes de un país, donde la solución del problema de 
la redención social es encarada seriamente, como pude verificarlo en 
muchos detalles sociológicos de los Estados brasileños por mí visita¬ 
dos, sabrán atender eficazmente también el problema aquí planteado 
del «pedazo de pan» producido en el propio suelo nacional. 

¡Que dentro de un período prudencial de uno o varios decenios, 
«un momento» en la vida secular de las naciones, la aspiración de 
hoy, tendiente a proporcionar a todos los habitantes del Brasil su 
pedazo de pan elaborado con trigo brasileño, sea una realidad lison¬ 
jera, es el deseo sincero de vuestro conferenciante! 



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CONFERENCIA IX 

ASPECTOS CONTEMPORANEOS DE PROBLEMAS 
FUNDAMENTALES DE LA BIOLOGIA 


ORIGEN DE LA VIDA. HERENCIA Y EVOLUCION 



194 


CONFERENCIA IX 


desarrollándose luego los mamíferos. Desde la misma época geoló¬ 
gica se perfilan los síntomas iniciales de la vida actual, surgiendo 
la especie Homo sapiens, cuyos primeros representantes se registran 
en el cuaternario primitivo. 

Este ideario respecto a los sucesivos períodos geológicos involu¬ 
cra no sólo el hecho de un espacio de tiempo muy prolongado, sin 
que haya existido vida alguna en nuestro globo terráqueo, sino tam¬ 
bién el concepto de la evolución paulatina, desde los organismos 
vivos unicelulares hasta el surgimiento del género humano, punto 
culminante del ascenso sucesivo de todo el reino orgánico hacia pla¬ 
nos superiores, objeto informativo de la parte final de nuestra diser¬ 
tación. En este orden de ideas corresponde referirme sólo a la nom¬ 
brada primera aparición, en períodos geológicos remotos, de la vida 
en nuestra tierra. Prescindiendo, de acuerdo con lo enunciado al 
principio, de la idea religiosa de la creación del mundo por el Su¬ 
premo Hacedor, o sea «Dios» en el lenguaje de los creyentes o el 
«Absoluto» incognoscible de los filósofos, sólo quedarían dos posibi¬ 
lidades explicativas respecto a la aparición de la vida en nuestro 
globo: O ella ha venido de afuera por el transporte de materia viva, 
desde algún otro planeta del sistema solar hacia la tierra, o se ori¬ 
ginó en el mismo globo terrestre. 

La posibilidad del engendro primitivo de la vida por el trans¬ 
porte de esporos o gérmenes microscópicos a través del éter, fué una 
hipótesis expresada a fines del siglo pasado por el conocido químico 
sueco Svante Arrhenius y otros investigadores. Se trata, sin 
embargo, de un raciocinio utópico, insostenible ante reflexiones sobre 
las distancias que en tal caso tendrían que ser vencidas por la mate¬ 
ria viva. Los esporos gérmenes no pueden quedar con vida durante 
el lapso requerido para arribar a la tierra. 

Respecto a la aparición, en nuestro globo, del primer organismo 
unicelular con vida, como punto de partida de todas las formas y 
especies actualmente existentes, tampoco conocemos hechos concre¬ 
tos. Los conceptos de la fauna «sponte nascens» de Aristóteles, 
el de la «generatio aequivoca» medioeval y finalmente el de la gene¬ 
ración espontánea de Haeckel, pierden consistencia a la luz de 
la ley inexorable de la causalidad. Sólo vida engendra vida. «Cellula 
ex cellula». 

Con todo, justamente en los últimos tiempos se registran tenta¬ 
tivas de explicar el origen espontáneo de la vida terrestre en el 
campo limítrofe de la Física y de la Química, cuyas fronteras, como 
es sabido, se vienen borrando de una manera no imaginable en época 
anterior. Hay quienes creen factible algo así como una generación 
espontánea de la vida a través del movimiento de los electrones 
positivos y negativos del átomo considerado como un sistema solar en 
miniatura, movimientos éstos que en determinadas circunstancias 
serían capaces de engendrar vida. Esta se presentaría, por lo mismo, 



PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA BIOLOGÍA 


195 


como un «estado de organización de la materia». Desde luego, todo lo 
referente a este tópico no ha salido todavía del terreno de la especu¬ 
lación hipotética. Hechos reales no fueron verificados aún, en virtud 
de lo cual el problema, en su aspecto cardinal, sigue sin solución. 

Las indagaciones sobre el origen de la vida lógicamente tienden 
también hacia los distintos aspectos de su renovación y continuación a 
través de los diferentes procesos de la reproducción sexual y asexual 
como objeto de investigación de la Genética. Sin perjuicio de lo que 
más adelante me propongo exponer sobre el particular bajo el con¬ 
cepto «Herencia», considero oportuno mencionar, en este orden de 
ideas, las investigaciones sobre el maravilloso poder autorresucitador 
de la fauna anabiótica. Me refiero a los casos de renovación de la 
vida después de períodos más o menos prolongados de un estado 
letárgico, aparentemente sin vida alguna, que se conoce en varios 
géneros, siendo los más representativos los del grupo de los protozoa- 
rios: infusorios y rizópodos. Después de la cesación completa, durante 
espacios de tiempo de duración variable, del metabolismo, los aludi¬ 
dos animales vuelven a reanudar sus funciones vitales. Pero tampoco 
en estos casos se han podido esclarecer satisfactoriamente las cuestio¬ 
nes en torno a la cesación prácticamente completa de la vida, equiva¬ 
lente a una muerte aparente y el poder resucitador de los referidos 
organismos en cuanto al punto cardinal del problema, o sea la causa 
de la reanimación. 

En cambio, existe claridad absoluta respecto al proceso de la 
partenogénesis o sea la renovación continua de la vida, a veces du¬ 
rante períodos muy prolongados de miles de años, sin el recurso de 
la fecundación del huevo femenino por el esperma masculino. Co¬ 
rresponde a Dzierzon, apicultor inteligente de Silesia, el mérito 
de haber dilucidado, en 1845, el fenómeno de la partenogénesis. 
Desde aquella fecha la investigación metódica sobre esta forma de 
reproducción tomó un incremento extraordinario, conociéndose hasta 
la fecha centenares de especies que se caracterizan por una estricta 
regeneración partenogénica. Con relativa frecuencia se registra este 
fenómeno biológico en la familia de los insectos. Como caso intere¬ 
sante para mi auditorio señalo la partenogénesis en el pulgón verde 
(Toxoptera graminum Rond), plaga temible de los cereales forrajeros. 

Otro aspecto interesante de la regeneración de la vida es la fre¬ 
cuencia de la autofecundación como hecho corriente en muchas espe¬ 
cies de plantas cultivadas. Justamente especies agrícolas tan difun¬ 
didas como el trigo, la avena, el lino y otras, se reproducen normal¬ 
mente por autofecundación sexual. Este hecho, por demás conocido 
conjuntamente con el procedimiento de la reproducción asexual por 
estacas, retoños, esquejes y otros órganos vegetales como método repro¬ 
ductivo tan difundido en la fruticultura inclusive la agricultura propia¬ 
mente dicha, al reproducirse las respectivas especies por la plantación 



196 


CONFERENCIA IX 


de tubérculos (papas, topinambur, etc.), guías (boniatos) o mudas esta¬ 
cas (cañas de azúcar, mandioca, etc.), interesa aquí en su relación 
con las ideas sobre la renovación de la vida. Tanto la partenogénesis 
como los referidos procesos reproductivos de la autofecundación y 
de la reproducción asexual por estacas, durante períodos a veces mile¬ 
narios, están en discrepancia con el postulado de la amfimixis, con¬ 
signado por Weismann como un procedimiento reproductivo 
fundamental y hasta imprescindible para lograr la continuación de 
la vida a través de la fusión de la substancia hereditaria paterna y 
materna, evitándose de esta manera la degeneración. 

Resumiendo lo brevemente expresado sobre el origen de la vida 
y sin perjuicio de los progresos indiscutibles que la ciencia ha expe¬ 
rimentado en la dilucidación de algunos detalles relacionados con la 
renovación de la vida, es preciso confesar, que el problema en su 
aspecto cardinal sigue sin solución. En efecto, respecto a la primera 
aparición de la vida en nuestro globo terráqueo y por ende su origen, 
persiste la situación involucrada en la palabra frecuentemente citada 
del gran naturalista Emilio Du Bois Reymond: «ignoramos». 
Nada sabemos en torno del engendro primitivo de la vida en nues¬ 
tra tierra. 

Herencia. — La herencia, en el terreno de la Biología significa 
transmisión de los caracteres hereditarios de la generación paterna 
a la generación filial. Sin embargo, sólo en determinados casos, como 
verbigracia en la reproducción asexual de los vegetales por estacas 
y otros órganos vegetativos, o si se tratase de la reproducción sexual, 
en los casos del homocigotismo (unión de dos células sexuales idén¬ 
ticas), se registra una semejanza tan marcada entre padres e hijos, 
que la transmisión de los caracteres está inmediatamente a la vista. 
En cuanto a la reproducción sexual que supone la ya mencionada 
fecundación del óvulo femenino por el esperma masculino, la trans¬ 
misión de los caracteres hereditarios ofrece el aspecto de una varia¬ 
bilidad más o menos pronunciada. Esta variación obedece a determi¬ 
nadas reglas: las leyes de la herencia, descubiertas por Mendel. 
La dilucidación de los detalles pertinentes, no sólo en los casos sen¬ 
cillos del mendelismo primitivo, sino también en los más complica¬ 
dos del supermendelismo, inclusive aquellos cuya herencia obedece 
a reglas no mendelianas, constituye el objeto de investigación de la 
Genética. Esta rama de la Biología adquirió una importancia extra¬ 
ordinaria en el período corto transcurrido desde el redescubrimiento 
simultáneo, en 1900, de las referidas leyes mendelianas, por De 
Vries, Correns y von Tschermak. 

La circunstancia de tratarse de una materia de estudio no sólo 
universitaria, sino hasta de las respectivas instituciones de enseñanza 
secundaria, me permite dar por conocidos los aspectos cardinales de 
la herencia. Me limito, pues, a recalcar los puntos de vista que tienen 



PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA BIOLOGIA 


197 


atinencia con la parte final de nuestra disertación, o sea la evolu¬ 
ción, tema biológico que desde la aparición, en 1859, del «Origen de 
las Especies» de Darwin, ha venido y continúa captando la aten¬ 
ción no sólo de los naturalistas, sino también de cualquier per¬ 
sona culta. 

En tiempos anteriores a Darwin y prescindiendo de sus pre¬ 
cursores como Lamarck, Goethe y otros, predominaba el 
concepto de la constancia de las especies que encontrara su más 
clara expresión en el sistema de clasificación de L i n n e o. Sólo 
sobre el principio de la variabilidad hay posibilidades de la evo¬ 
lución. Existe, pues, un contrasentido bien palpable entre los hechos 
de la variación, documentados por las mencionadas leyes de herencia 
y el hecho no menos real de la constancia de la materia hereditaria; 
me refiero a la modalidad de la constancia involucrada en las 
enseñanzas clásicas de Johannsen sobre las líneas puras. El 
dilema encontró su solución a través de la diferenciación entre 
el genotipo y el fenotipo, conceptos y definiciones que debemos 
igualmente a Johannsen. Sólo la variación de la substancia here¬ 
ditaria del genotipo, alteración que se pone de manifiesto en el feno¬ 
tipo, origina variaciones hereditarias, creando la premisa para la 
evolución. 

La herencia se presenta, pues, como el resultado de la combina¬ 
ción y recombinación de unidades biológicas conocidas bajo la deno- 
miración «genes». El esclarecimiento del problema de la materiali¬ 
zación de los genes o sea la prueba de su existencia real como partes 
integrantes de los cromosomas inclusive todo lo relacionado con las 
bases físicas de la herencia, se debe a Morgan y su escuela. A raíz 
de estas verificaciones resulta plausible, comparar el aludido proceso 
de la conjugación cromosómica con el de la construcción y recons¬ 
trucción de los innumerables compuestos químicos a través de la 
agrupación metódica de los átomos. Tanto los átomos de la Química 
como los genes de la Biología, representan unidades básicas inmuta¬ 
bles o constantes para la combinación y recombinación factorial. 

La estabilidad de los genes como hecho equivalente a la constan¬ 
cia de las especies en el sentido linneano, encontró su expresión clᬠ
sica en el concepto de la línea pura establecida por Johannsen. 
Su obra sobre los elementos de la herencia exacta representa, por lo 
tanto, un complemento valioso del mendelismo, estructurándose de 
esta manera, en los comienzos de nuestro siglo, cimientos seguros del 
grandioso sistema doctrinario de la Genética Teórica o sea la ciencia 
de la herencia. 

Fué posible reunir datos concretos sobre la referida estabilidad 
de los genes. Los trabajos de Genética Teórica con Drosophila mela- 
nogaster, la conocida mosca del vinagre, permitieron seguir hasta 
más de 300 generaciones, equivalentes a 6000 años de nuestra vida, 



198 


CONFERENCIA IX 


sin registrarse cambios. Una «constancia » de la materia viva, pues, 
difícilmente imaginable durante la era del darwinismo. 

Desde luego, sería exagerado hablar de una constancia eterna 
de la materia viva, ya que los hechos de la variación muestran cla¬ 
ramente el cambio habido que se pone de manifiesto en el fenotipo. 
Desde este punto de vista vuelvo a insistir sobre la importancia de la 
ya aludida diferenciación, por parte de Johannsen, entre el geno¬ 
tipo como portador intrínseco de la substancia hereditaria y el feno¬ 
tipo, representado por el aspecto exterior del individuo correspon¬ 
diente. La herencia, o sea la transmisión de los caracteres que im plica 
constancia, se produce en el genotipo; pero ella se pone de mani¬ 
fiesto, siempre en consonancia con las respectivas leyes de herencia, 
en el fenotipo. 

Por intermedio de estas y otras investigaciones cuya enumeración 
rebasaría el margen de esta disertación, fué posible comprobar hechos 
y esclarecer cuestiones complicadas en torno al problema de la 
herencia, sobre las cuales en épocas anteriores sólo existían teorías 
y suposiciones hipotéticas. Estos hechos a su vez son de gran alcance 
respecto al tema de la evolución, punto culminante de nuestro 
tema. En efecto, el darwinismo primitivo, de tanta importancia como 
teoría sobre la evolución, resulta actualmente inadmisible en las cues¬ 
tiones fundamentales de su estructuración. D a r w i n, al desenvolver 
sus explicaciones teóricas, no supo discernir todavía entre lo que es 
una variación hereditaria o una simple modificación debida a factores 
ambientales y por ende no hereditaria. Con toda la sinceridad y 
honestidad científica que caracteriza a este gran naturalista, figura 
cumbre del siglo XIX, deja sentado en su libro clásico sobre el ori¬ 
gen de las especies, que el 99 % de su raciocinio representan suposi¬ 
ciones hipotéticas y sólo el 1 % podría considerarse como hechos 
científicos inapelables. Estas suposiciones hipotéticas de entonces, 
han cedido terreno al saber seguro, en virtud de lo cual la misma 
teoría de la evolución debe ser puesta al diapasón con los cono¬ 
cimientos actuales en la materia. Es fácilmente comprensible, pues, 
el cambio de frente producido, respecto al alcance de las especula¬ 
ciones teóricas de D a r w i n sobre la evolución. El darwinismo pri¬ 
mitivo representa una teoría anticuada, superada por los hechos des¬ 
cubiertos en este siglo. 

En vista de lo brevemente expresado no deja de sorprender, que 
a partir de 1935, la escuela genética fundada en la Unión Soviética 
por Lysenko y Prezent, en su argumentación teórica no sólo 
se apoya sobre las ideas del darwinismo primitivo, sino combate en 
forma agresiva y con desprecio de los hombres sobresalientes en la 
investigación de la herencia, a la Genética moderna, que a raíz de la 
claridad y exactitud de su documentación debe ser calificada de clᬠ
sica. Ante todo M en del, el descubridor de las leyes de herencia y 



PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA BIOLOGÍA 


199 


luego Morgan como descubridor de la base física de la herencia 
en la substancia cromosómica, constituyen el objeto de crítica de 
Lysenko y su escuela. 

Lysenko y sus discípulos, exponentes de la llamada «nueva» 
genética soviética, interpretan la herencia como un proceso evolu¬ 
tivo sobre la base de la alimentación según las condiciones ambien¬ 
tales. Los organismos son considerados no como entidades de dura¬ 
ción, sino como una sucesión de etapas de desorrollo. Cada una de 
estas etapas se origina de la anterior a través de la absorción (asi¬ 
milación) de los elementos ambientales (alimentos). Sobre la base 
de una asimilación selectiva se formaría, pues, una substancia nueva 
o sea la siguiente etapa del desarrollo. 

Las ideas de Lysenko y sus partidarios no son compartidas 
por los representantes de la Genética clásica, inclusive el grupo de 
investigadores de la Unión Soviética cuyos trabajos se orientan en 
los hechos del mendelismo y del morganismo. Las discusiones sobre 
la «nueva» Genética soviética fueron conducidas con gran apasio¬ 
namiento por parte de varios de los investigadores sobresalientes en 
la Genética contemporánea. Entre ellos señalo a Dobzhanski, 
Polanyi, Darlington, Hudson y Richens. Destaco expre¬ 
samente la reciente monografía (88 págs.) de Hudson y Richens 
sobre la nueva Genética en la Unión Soviética, publicada por el Im¬ 
perial Bureau of Plant Breeding and Genetics de Cambridge (Ingla¬ 
terra). Recurriendo a una amplia documentación, especialmente de 
la bibliografía rusa, los nombrados autores defienden con argumen¬ 
tos de peso la posición de la Genética clásica frente a las tendencias 
perseguidas por Lysenko. Estas, debido a la protección oficial de 
los Soviets, constituyen actualmente el método de trabajo predomi¬ 
nante en la Genética Vegetal contemporánea de Rusia. Personalmente 
tomé la palabra en el asunto, escribiendo una información resumida 
acerca del tema en debate bajo el título: «Las discusiones contemporᬠ
neas sobre la ‘nueva’ genética vegetal soviética», trabajo accesible en 
la revista argentina «Ciencia e Investigación», correspondiente al mes 
de octubre del año en curso. 

Como punto substancial de las discusiones en torno de la nueva 
Genética de los Soviets, los opositores de Lysenko señalan su afán 
tendiente a hacernos creer, aunque no lo diga abiertamente, que los 
caracteres adquiridos se heredan y más aún, que la herencia de los 
caracteres adquiridos es la base de toda la Genética. Esta tesis está 
en pugna con la opinión consagrada al respecto. En efecto, hasta la 
fecha no se logró comprobar, en ninguno de los casos corrientes de 
la herencia, la transmisión hereditaria de los caracteres adquiridos. 

En cuanto a la herencia humana, constituye una de las cuestio¬ 
nes que desde épocas remotas dieron origen a meditaciones profun¬ 
das por parte de hombres interesados en el progreso de la humanidad, 



200 


CONFERENCIA IX 


por la educación y el ejercicio metódico de determinada facultad 
intelectual. La convicción del aniquilamiento irreparable, con la 
muerte, de todo el esfuerzo individual para llegar a planos superio¬ 
res, fué motivo de frecuentes suspiros de Goethe y de las mani¬ 
festaciones de desesperación de Ostwald en su obra «Grandes 
Hombres». En realidad se trata de la quintaesencia, el punto medu¬ 
lar de nuestro tema. 

Con todo, las ideas de la herencia están actualmente en plena 
evolución. Al hablar en el capítulo VIII de mis «Investigaciones Agro¬ 
nómicas», aparecidas en 1943, sobre la Genética Teórica como base de 
la Fitotecnia, dejé sentado, que el núcleo no es el único portador de 
la herencia, señalando que el plasma y los plástidos constituyen a su 
vez sustratos de la misma. El proceso hereditario, originado por estas 
substancias celulares, obedece a reglas que difieren de las del men- 
delismo. Por otra parte, es innegable también la acción recíproca e 
inseparable de las fuerzas hereditarias inherentes al germen inclu¬ 
sive los otros órganos reproductivos y las influencias ambientales. 
Se trata de la posición solidaria que los investigadores en herencia 
humana dan a los problemas eugénicos y euténicos, justamente los 
que atañen al germen y al ambiente. 

Todos estos problemas constituyen objetos de investigación metó¬ 
dica por parte de los especialistas en Genética Teórica. Al mismo 
tiempo se trata de dilucidar así, a través de minuciosas indagaciones 
citológicas, puntos cardinales de la microevolución y por añadidura 
saber algo, por vía deductiva, sobre la macroevolución. 

Los problemas de la microevolución abarcan cuestiones de una 
especialización muy refinada. En forma semejante a lo que se regis¬ 
tra en cualquier otro terreno científico muy ramificado, tienen su ter¬ 
minología propia, difícil de comprender por personas ajenas a la ma¬ 
teria. En consecuencia, me limito aquí a una simple mención de esta 
clase de trabajos que dieron margen a publicaciones interesantes 
también sobre el problema de la evolución. Investigadores de fama 
mundial como Morgan, Goldschmidt, Dobzhansky y Ju¬ 
lián Huxley tomaron la palabra en sendos libros. No menos meri¬ 
torios resultan los trabajos monográficos sobre uno u otro aspecto 
de detalle del tema, tratándose, sin embargo, de cuestiones cuya 
explicación rebasaría el marco de una visión panorámica como la de 
esta conferencia. Los especialistas en Genética Teórica que pudieran 
estar presentes, seguramente conocerán una buena parte de la alu¬ 
dida literatura de alta especialización. Pero también los legos en la 
materia, que a raíz de esta disertación pudieran sentirse impulsados 
a profundizar el estudio de estas cuestiones de detalle, sabrán encon¬ 
trar acceso a las publicaciones pertinentes. Recurriendo a los aludi¬ 
dos libros de autores consagrados, dispondrán de las referencias biblio¬ 
gráficas que eventualmente les interesan. 



PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA BIOLOGIA 


201 


Evolución. — En párrafos anteriores ya hice referencia a los 
aspectos de la evolución conocidos como micro y macroevolución res¬ 
pectivamente. Señalé asimismo que la microevolución constituye un 
objeto de investigacióñ de la Genética Teórica en torno a los sucesos 
en la substancia hereditaria, destinados a dilucidar el nexo causal de 
las variaciones intrínsecas y mutaciones del genotipo y las consiguien¬ 
tes manifestaciones exteriores en el fenotipo. La macroevolución a su 
vez recurre a las distintas ramas de especialización de la Paleontolo¬ 
gía, a fin de reconstruir, en forma retrospectiva, el proceso presumi¬ 
ble de los sucesos evolutivos habidos. Sobre ambos sectores del vasto 
campo de la evolución he de pronunciarme a continuación. 

En cuanto a la microevolución, resulta indudablemente intere¬ 
sante, que autores competentes como Dobzhansky y Gold- 
s c h m i d t, la consideran insuficiente para explicar en forma satisfac¬ 
toria los sucesos de la macroevolución. El primero de los autores 
nombrados, al final de sus explicaciones sobre la microevolución 
llega a la conclusión, que las subespecies no son en realidad ni espe¬ 
cies incipientes, ni modelos representantivos del origen de las especies. 
Las califica de algo así como «callejones sin salida» diversificados 
dentro de la especie. Deja sentado finalmente, que el primer paso 
hacia la macroevolución como punto decisivo de las transformaciones 
que llevan de una especie a otra, «requiere otro método evoluciona- 
rio que el de la simple acumulación de micromutaciones». Explica 
la evolución como un proceso de preadaptación. Los hechos aporta¬ 
dos por la embriología experimental muestran, que la mecánica del 
desarrollo puede determinar grandes cambios en una sola etapa. 

Goldschmidt por su parte, en la obra: «La base material 
de la evolución», expresa ideas análogas sobre la posición del dar- 
winismo primitivo respecto a la realidad ocurrida en torno de la 
evolución. Los hechos de la Genética fisiológica y su explicación en 
términos de velocidades de procesos de diferenciación coordinada, 
nos permiten entrever las posibilidades de la macroevolución que se 
efectúa mediante grandes etapas. Afirma finalmente, que «de aquí en 
adelante no será posible mantener la teoría neodarwiniana de los 
genetistas». 

A título de ejemplo respecto a las ideas de Goldschmidt, 
contrarias al darwinismo, reproduzco textualmente los párrafos con¬ 
cernientes al caso: «Es un hecho bien conocido» — dice — «que los 
biólogos y los paleontólogos frecuentemente han discrepado sobre los 
métodos de la evolución. Uno de los principales puntos de esta dife¬ 
rencia ya ha sido mencionado: la actitud lamarckiana de casi todos 
los paleontólogos quienes creen, que la evolución, tal cual ellos la ven 
en su material, no puede explicarse de ninguna otra manera. Ade¬ 
más, las series ortogenéticas en la evolución de numerosos grupos 
de animales siempre han impresionado mucho a los paleontólogos. 



202 


CONFERENCIA IX 


Estos, con frecuencia han demostrado ser partidarios de una expli¬ 
cación basada en algún principio trascendental de mejora. La situa¬ 
ción ha cambiado considerablemente. La generación más joven de 
los paleontólogos ha tratado de poner su razonamiento a tono con 
los hechos de la Genética y del desarrollo. Sólo necesito citar a 
Schindewolf, el investigador más progresista que conozco, el 
cual demostró que el material presentado por la Paleontología con¬ 
duce exactamente a las mismas conclusiones que las que se derivan 
de mis publicaciones a las cuales, por otra parte, hace referencia. 
Formula la tesis de que la macroevolución en un nivel alto, tiene 
lugar de una manera repentina en un tiempo geológico breve, se¬ 
guida por una serie más lenta de perfecciones ortogenéticas, tales 
como las que se ejemplifican en las series evolucionarías a menudo 
citadas. Se da cuenta de que la concepción de la preadaptación 
explica perfectamente este tipo de evolución. Demuestra, mediante 
ejemplos tomados de materiales fósiles, que los principales adelan¬ 
tos evolucionarios deben haber tenido lugar mediante grandes eta¬ 
pas que afectaron a las fases tempranas embrionarias con la conse¬ 
cuencia automática de la reconstrucción de las fases posteriores del 
desarrollo. Muestra que los muchos eslabones que faltan en el regis¬ 
tro paleontológico se buscan en vano, ya que nunca han existido: 
el primer pájaro nació del huevo del reptil. Schindewolf y algu¬ 
nos más, también se dan cuenta de que los hechos e ideas genéti¬ 
cos y fenogenéticos de los cuales se deriva mi tesis, suministran la 
base para comprender ese progreso de la evolución. Por lo tanto, 
vemos que los resultados de la paleontología — véase Schindewolf 
para referencias a otros autores que han arribado a conclusiones pare¬ 
cidas — vindican la tesis que hemos desarrollado aquí. Resulta grato 
comprobar, que todas las disciplinas que aportan material para com¬ 
prender la evolución — la taxonomía, la morfología, la embriología 
descriptiva y experimental, la genética estática y dinámica (fisiolo¬ 
gía), la anatomía comparada y la paleontología — aportan una evi¬ 
dencia amplia y paralela a favor de una teoría de la evolución que 
resulta más plausible que la teoría neodarwiniana». 

Aun sin entrar en detalles de la argumentación de G o 1 d- 
s c h m i d t, resulta evidente, que este autor se opone a las ideas de la 
evolución darwiniana. Contrariamente a una acumulación sucesiva de 
pequeñas variaciones que pudiera conducir, en línea ascendente, desde 
formas sencillas de épocas anteriores hacia las organizaciones más 
complicadas de hoy, los principales adelantos evolucionarios deben 
haber tenido lugar mediante grandes etapas, las cuales afectaron 
más bien a las fases tempranas embrionarias de los organismos corres¬ 
pondientes a las sucesivas eras geológicas. La flora y fauna surgi¬ 
das «de golpe» al principio del nuevo período geológico como con¬ 
secuencia de algún cataclismo, quedarían capacitadas para desen- 



PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA BIOLOGIA 


203 


volver su potencial evolutivo a través de la combinación y recom¬ 
binación de las unidades biológicas, los llamados «genes», en forma 
análoga a lo que conocemos respecto a los átomos de la Química. 
Tanto los átomos de la Química como los genes de la Biología, repre¬ 
sentarían pues, unidades básicas «inmutables» para la combinación 
y recombinación factorial. 

Tales conclusiones, surgidas como resultado final de indaga¬ 
ciones metódicas en torno al problema de la microevolución, en¬ 
cuentran un complemento no menos sugestivo a través de las ideas 
sobre la macroevolución desarrolladas por Heribert N i 1 s s o n, en 
una conferencia pronunciada en diciembre de 1937, ante la Sociedad 
Fisiográfica de Lund (Suecia). La aludida conferencia interesa aquí 
desde dos puntos de vista cardinales. 

Recordando lo expresado al principio de nuestra disertación, al 
hablar de los sucesivos períodos geológicos y las manifestaciones de 
vida en ellos, resulta comprensible la difusión tan generalizada de 
la opinión de un ascenso paulatino e ininterrumpido del reino orgᬠ
nico desde los primitivos organismos sencillos hacia organizaciones 
cada vez más complicadas, sistemáticamente superiores y por ende 
«más perfectas» en el lenguaje corriente. En oposición a estas ideas, 
Nilsson sostiene la tesis de la constancia de las especies en el 
sentido estricto de las doctrinas de Linneo. 

El otro aspecto interesante de la conferencia de Nilsson con¬ 
siste en la afirmación, de que a cada período geológico le corres¬ 
ponde algo así como la realización de su potencial evolutivo en las 
llamadas «esferas de evolución». La macroevolución se produciría, 
pues, más bien en forma brusca sobre el principio de la discontinui¬ 
dad, ajustándose a la teoría de los cataclismos desarrollada por 
Cuvier a principios del siglo próximo pasado. A cada uno de los 
períodos geológicos corresponderían su fauna y flora típicas con 
todas las posibilidades de variación involucradas en el potencial 
biológico, surgido a raíz del cataclismo en el período inicial de la 
nueva época geológica. 

En consonancia con los resultados de las investigaciones contem¬ 
poráneas sobre la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster) y la 
flor del «conejito» (Antirrhinum majus) respecto a la frecuencia de las 
variaciones intrínsecas, Heribert Nilsson afirma, que las especies 
contemporáneas parecen ser más variables de lo que en otros tiempos 
era creencia general. Señala igualmente una constancia más acentuada 
de la que anteriormente se suponía a raíz de la teoría de la evolución. 
Las indagaciones botánicas sobre la flora de los Angiospermas ense¬ 
ñan, que sus familias y géneros, en su primera aparición en el globo, 
no se presentan entrelazados entre sí, ni en forma inconsistente, ni 
tampoco estrechamente ligados. En base a lo apuntado Nilsson 
sostiene, que estos grupos sistemáticos superiores parecen represen- 



204 


CONFERENCIA IX 


tar «esferas de variación de una circunscripción constante». Es una 
modalidad de expresarse respecto a la conciliación entre hechos con¬ 
tradictorios, como la constancia de las especies y la variación, con la 
«evolución», conciliación que tendría lugar en las por él llamadas 
«esferas de variación». 

En otra parte de su conferencia, el nombrado autor sostiene, que 
en cada una de las eras geológicas se originan con la misma facilidad 
los productos finales como los iniciales más sencillos. Arguye, que 
en la totalidad de los sucesivos grandes períodos geológicos, tanto 
las formas sencillas como las más diferenciadas, constituyen el resul¬ 
tado de un proceso sintético que debe haber tenido lugar al comienzo 
del respectivo período geológico. Esta argumentación estaría de 
acuerdo con otras experiencias de las ciencias naturales. 

En cuanto a la alternativa entre la constancia linneana y la evo¬ 
lución darwiniana aquí en debate, las declaraciones de Ñ i 1 s s o n 
Ehle sobre la formación «de golpe» a través de una grandiosa sín¬ 
tesis, de la totalidad de la flora de cada uno de los grandes períodos 
geológicos, representan algo así como la resurrección de la ya men¬ 
cionada teoría de los cataclismos establecida por Cuvier a prin¬ 
cipios del siglo pasado. Este gran naturalista francés, quien, recu¬ 
rriendo a la teoría de los sucesivos cataclismos seguidos por otras 
tantas nuevas creaciones del globo terráqueo, trató de explicar cien¬ 
tíficamente la historia bíblica de la creación y del diluvio seguido 
por una nueva evolución «ab ovo» como podríamos calificar el relato 
sobre el Arca de Noé. Nilsson por su parte, aún reconociendo 
abiertamente, en otros párrafos de su conferencia, que ignoramos 
los hechos reales en torno a las varias veces repetidas «grandiosas 
síntesis» de las floras correspondientes a los respectivos períodos geo¬ 
lógicos, es bien categórico en sus manifestaciones sobre los aludidos 
cataclismos como hechos concurrentes a las síntesis sucesivas. 

Señores: Llegamos así al punto culminante de esta exposición 
sintética, parte final destinada a señalar brevemente algunos hechos 
de la microevolución, los cuales en realidad no constituyen novedad 
para ninguno de mis oyentes, siendo suficiente, por lo mismo, una 
simple mención para traerlos a la memoria. Efectivamente, sin nece¬ 
sidad de recurrir al concepto de la entelequia, establecido por 
Driesch como fuerza directriz o principio organizador del proceso 
de la evolución, no cabe la menor duda de la eficacia de la acción 
del hombre mismo, para conducir la microevolución del reino vege¬ 
tal y animal, llevando las especies útiles o deseables a un mayor 
grado de perfección. Me refiero a la importante obra de selección 
realizada por el hombre, para mejorar las plantas cultivadas a través 
de los procedimientos de la Fitotecnia y los progresos no menos impre¬ 
sionantes, alcanzados en el mejoramiento de los animales domésticos, 



PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA BIOLOGIA 


205 


por los métodos de Zootecnia. En pocas palabras he de aludir bre¬ 
vemente también a la Eugenesia, destinada a mejorar y perfeccionar 
nuestra propia especie, la del Homo sapiens. 

Los fitogenetistas que por todas partes del mundo actúan en las 
instituciones oficiales o en establecimientos privados dedicados a esta 
clase de trabajos de Genética son directores, pues, de procesos de la 
microevolución vegetal singularmente importantes para el progreso 
de la producción y por ende el bienestar de las masas. En estos mo¬ 
mentos de la post-guerra con una crisis alimenticia sin precedentes 
en la historia moderna de la Humanidad entera, con situaciones de 
infraconsumo en todas las naciones civilizadas y hambre verdadera 
en muchas regiones del globo, las aludidas actividades resultan sin¬ 
gularmente importantes. Su significado y alcance acrecientan más 
aún al tener presente, que toda la producción animal descansa sobre 
la producción vegetal. Es comprensible, por lo tanto, la creciente 
atención que por todas partes se viene dedicando al mejoramiento 
de los herbazales, destinados a la alimentación del ganado, produc¬ 
tor a su vez de substancias especialmente valiosas para el hombre, 
como carne, leche, grasa, etc. 

Felizmente, las realizaciones fitotécnicas de esta parte del Con¬ 
tinente constituyen conquistas positivas en el terreno de la Genética 
Aplicada, por tratarse de resultados de gran importancia práctica 
para la producción y muy significativos desde los puntos de vista 
de la ciencia. No hay necesidad de abundar en detalles, en virtud de 
haber destinado el segundo tomo de mi obra «Investigaciones Agronó¬ 
micas», aparecido en 1943, a informaciones detalladas sobre lo reali¬ 
zado al respecto en la Argentina, Rio Grande do Sul y el Uruguay. 
Lectores interesados en el asunto disponen así de una fuente informa¬ 
tiva amplia y completa, por lo menos respecto a las plantas del gran 
cultivo, acerca de la Fitotecnia rioplatense durante su período inicial. 

Sin perjuicio de lo expresado en los diferentes capítulos del men¬ 
cionado libro sobre la obra fitogenética realizada en Rio Grande do 
Sul hasta 1943, tomo expresamente motivo para recalcar la impor¬ 
tancia de algunas de las realizaciones pertinentes. Señalo en primer 
término, las conquistas del Dr. Iwar B e c k m a n, prestigioso gene¬ 
tista de la Estación Fitotécnica de la Frontera en Bagé. Basta recordar 
tan sólo el significado y alcance económico de la creación de su 
trigo «Río Negro» que por su buen comportamiento ante ataques 
parasitarios y altos rendimientos, encontró gran difusión no sólo en 
distintos Estados del vasto territorio brasileño, sino también en la 
vecina República del Uruguay. No menos importante son las con¬ 
quistas del Dr. Bonifacio C. Bernardes en el mejoramiento de la 
producción arrocera, logrado a través de sus realizaciones fitogenéticas 
en la Estación Experimental de Arroz de Gravataí; y finalmente no 
dejo de mencionar la obra fecunda, cumplida por el dignísimo Sr. Pre- 



206 


CONFERENCIA 


X 


sidente de vuestra Sociedad de Biología, el Prof. Dr. José Grossmann, 
en el mejoramiento del lino textil y de la mandioca. 

A todo esto habría que agregar los importantes trabajos de Gené¬ 
tica Vegetal, en parte ya realizados y otros en auspicioso desarrollo, 
que tienen a su cargo los distinguidos especialistas en los respectivos 
cultivos agrícolas, hortícolas y frutales que trabajan en las institucio¬ 
nes estaduales y las del Gobierno Federal, instaladas en ese próspero 
y progresista Estado de Rio Grande do Sul. 

Igualmente halagadoras se presentan los resultados obtenidos a 
través de la dirección acertada del proceso de la selección de los 
animales domésticos. En los «países ganaderos por excelencia» del 
Río de la Plata, inclusive la parte austral del Brasil, esta intervención 
deliberada del hombre en la microevolución animal condujo a con¬ 
quistas muy alentadoras en el mejoramiento de las razas bovina y 
ovina, al punto de tratarse de una cuestión familiar hasta para el 
público general, ajeno a conocimientos técnicos en la materia. 

Justamente el Río de la Plata ofrece un ejemplo muy instruc¬ 
tivo para documentar, en base a la comparación restrospectiva, una 
situación que se asemeja en mucho al estado de cosas bajo el impe¬ 
rio de la selección natural. Me refiero al estancamiento y hasta 
retroceso parcial en la domesticación y el perfeccionamiento de los 
ganados criollos, mejor dicho una nivelación generalizada de las 
especies pobladoras de las Pampas, después de su introducción y difu¬ 
sión rápida durante el siglo XVI. Según las informaciones de los 
expedicionarios que visitaron estos países al final del coloniaje y 
principios de la independencia, entre ellos Félix de Azara y 
Darwin, los vacunos, a través del proceso de su adaptación al 
ambiente sin la intervención del hombre se habían convertido en 
cimarrones semisalvajes. Justamente por no registrarse, durante 
un período de aproximadamente tres siglos, progreso alguno en la 
microevolución de lá raza bovina, resulta significativa la «microevo¬ 
lución» nítidamente palpable durante apenas un siglo, debido al cui¬ 
dado con que fuera dirigido el proceso de evolución por la selección 
metódica de las razas Durham, Hereford y otras, por parte de los 
cabañeros progresistas de estos países. Sin restar mérito a la obra 
inicial de los Colling y Tomkins de Inglaterra en la formación 
primitiva de las mencionadas razas vacunas, no cabe la menor duda, 
que los países rioplatenses inclusive Rio Grande do Sul, gracias a 
una intervención consciente en el proceso de la variación, lo que sig¬ 
nifica «evolución dirigida», ocupan posiciones de avanzada en todo 
lo relacionado con el perfeccionamiento de las razas bovinas pro¬ 
ductoras de carne. Es evidente, pues, que también en el terreno 
de la Zootecnia se registran contribuciones apreciables a la «mi¬ 
croevolución» ganadera debido a la aplicación de la selección 
metódica, o sea la dirección del proceso evolutivo por el hombre. 



PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA BIOLOGÍA 


207 


A la inversa de lo que acabo de señalar como hechos incontro¬ 
vertibles de una microevolución auspiciosa, debido a la dirección del 
proceso evolutivo por parte del hombre, de representantes de los 
reinos vegetal y animal, pongo en duda el progreso físico y moral del 
género humano. Tengo para mí, que en el terreno de los valores mo¬ 
rales, bajo la influencia de las conquistas materiales de la era del 
maqumismo, el Homo sapiens ha ido a pura pérdida. Basta reflexio¬ 
nar sobre la intensidad de los sentimientos afectivos del hombre en 
períodos anteriores, la profundidad de las sensaciones del alma ante 
la contemplación de los espectáculos de la Naturaleza, como la salida 
del sol y el cielo estrellado, fenómenos celestiales que suelen ser 
indiferentes a las masas urbanas de hoy, aglomeradas en los grandes 
centros industriales, para tener una prueba evidente de mi aserto. 

El progreso y la evolución del Homo sapiens hacia planos supe¬ 
riores, resulta pues dudoso. Más bien al contrario, aumentan las vo¬ 
ces que preconizan un retroceso de la especie humana, mejor dicho 
su decadencia, precisamente debido al progreso constante de la Huma¬ 
nidad en conquistas materiales y la mecanización de la vida con 
todas las comodidades del «confort» contemporáneo, lo que en el 
polo opuesto significa disminución de la lucha por la vida desde los 
puntos de vista de la Biología. 

La aparición de la conocida obra de Spengler sobre el ocaso de 
Occidente originó toda una serie de publicaciones destinadas a dilu¬ 
cidar el problema en una forma netamente biológica. Señalo en pri¬ 
mer término a Erwin Baur, autoridad indiscutida en cuestiones de 
la Genética Teórica, quien expuso sus ideas sobre el particular en una 
publicación que lleva el título sugestivo «El ocaso de los pueblos 
civilizados como problema biológico». Menciono de paso también 
el libro de Gina Lombroso «La Tragedia del Progreso», volumen 
en el cual se encuentra una confirmación amplia de las ideas de 
Baur. En este sentido considero interesante ofrecer algunas refe¬ 
rencias al conocido libro «La incógnita del hombre», obra del gran 
sabio francés Alexis Car reí, laureado con el Premio Nobel. 

Por el profundo significado y gran alcance de las ideas pesimistas 
de Car reí, en cuanto a la evolución ulterior de nuestra especie, 
transcribo textualmente algunos de los párrafos más sugestivos al 
respecto: «Nos damos cuenta de que, a pesar de las inmensas espe¬ 
ranzas que la humanidad había cifrado en la civilización moderna» 
— apunta — «esta civilización no ha sabido desarrollar hombres de 
suficiente inteligencia y audacia para guiarla a lo largo de la senda 
peligrosa en que va dando traspiés. Los seres humanos no han cre¬ 
cido tan rápidamente como las instituciones nacidas de sus cerebros. 
Las deficiencias intelectuales y morales de los jefes políticos y su 
ignorancia son, sobre todo, las que ponen en peligro a las naciones 
modernas». 



208 


CONFERENCIA IX 


«Debemos por último averiguar» — continúa — «de qué modo 
influirá la nueva forma de vida en el futuro de la raza. La respuesta 
de las mujeres a las modificaciones llevadas a cabo en las costum¬ 
bres ancestrales por la civilización industrial, ha sido inmediata y 
decisiva: la natalidad ha disminuido en el acto. Este acontecimiento 
se ha sentido más grave y precozmente en las clases sociales y en las 
naciones que fueron las primeras en disfrutar del progreso engen¬ 
drado, directa o indirectamente, por la aplicación de los descu¬ 
brimientos científicos. La esterilidad voluntaria no es cosa nueva en 
la historia del mundo. Ha sido ya observada en un cierto período de 
las civilizaciones pasadas. Es un síntoma clásico. Conocemos su signi¬ 
ficado. Es evidente, pues, que los cambios producidos en nuestro me¬ 
dio ambiente por la tecnología han influido profundamente en nos¬ 
otros. Sus efectos adoptan un carácter inesperado. Diferenciándose 
notablemente de aquellos que esperábamos, que podían legítima¬ 
mente esperarse, de las mejoras de todo orden introducidas en la 
vivienda, en el modo de vida, en la alimentación, en la educación y 
en la atmósfera intelectual de los seres humanos. ¿Cómo se ha obte¬ 
nido un resultado tan paradógico?». 

A esta pregunta sugestiva, Car reí responde expresando que 
la civilización moderna se encuentra en una postura difícil, en vir¬ 
tud de no estar hecha a nuestra medida. «Ha sido construida» — 
dice — «sin ningún conocimiento de nuestra verdadera naturaleza. 
Nació de la fantasía de los descubrimientos científicos, de los ape¬ 
titos del hombre, de sus teorías, y de sus deseos. Aunque la civiliza¬ 
ción moderna ha sido construida con nuestro esfuerzo, no se ajusta 
ni a nuestro tamaño ni a nuestra forma... Degeneramos moral y 
mentalmente. Los grupos y las naciones en los cuales la civilización 
industrial ha alcanzado su más alto desarrollo, son precisamente 
aquellos que se están debilitando antes y cuya vuelta a la barbarie 
es la más rápida. Pero no se dan cuenta de ello. Se encuentran sin 
defensa contra el ambiente hostil de que las Ciencias les han rodeado. 
En verdad, nuestra civilización, como aquellas que la han precedido, 
ha creado ciertas condiciones de existencia que por razones todavía 
oscuras, hacen imposible la vida misma. La intranquilidad y las mi¬ 
serias de los habitantes de las ciudades modernas provienen de sus 
instituciones políticas, económicas y sociales, pero, sobre todo, de su 
propia debilidad. Somos las víctimas del retraso de las ciencias de 
la vida en comparación con las de la materia». 

El balance biológico y sociológico de la existencia humana bajo 
el mandato del industrialismo desenfrenado de Occidente nos pre¬ 
senta un cuadro tétrico y lúgubre en extremo. La vida agitada y 
febril de las grandes ciudades, la cual desgraciadamente se viene 
extendiendo también a la campaña, significa en primer término una 



PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA BIOLOGIA 


209 


gran tensión nerviosa para el hombre moderno, con el consiguiente 
agotamiento de sus energías mentales. Sin perderme en detalles so¬ 
bre el particular, es un hecho indiscutido que la aludida degeneración 
afecta a numerosos pueblos de Occidente inclusive los de estos paí¬ 
ses nuevos. Pese a los progresos de la Medicina, en la eliminación de 
muchas enfermedades y la prolongación de la vida, no cabe duda que 
la degeneración de la especie humana avanza. Debido al aludido 
industrialismo y la vida agitada de hoy, se extienden preferentemente 
las enfermedades nerviosas y mentales. Según los datos de autores 
competentes, las enfermedades mentales son más numerosas que 
todas las demás enfermedades juntas, desde luego enfermedades 
mentales en general con inclusión de los casos de débiles mentales, 
y los de un desequilibrio menos acentuado que no requieren reclusión. 

Antes de poner punto final, séame permitido resumir en pocas 
palabras mi opinión personal respecto al problema de la evolución 
de la especie humana. En primer término declaro con toda franqueza, 
que no creo en la aparición del superhombre de Nietzsche. Luego 
ratifico mi posición frente a las ideas expresadas por Julián H u x 1 e y 
respecto a la importancia extraordinaria de la técnica del contralor 
de los nacimientos y más aún de la inseminación artificial para fines 
eugenésicos o sea el mejoramiento de la especie humana. Opina 
Huxley que especialmente la técnica de inseminación artificial 
ha abierto nuevos horizontes para la eugenesia «haciendo posible 
el suministro de diferentes objetos para las dos funciones. Es ahora 
asequible» — dice — «al hombre y a la mujer, el consumar la fun¬ 
ción sexual con los que aman y el cumplir la función reproductiva 
con los que admiran, tal vez por motivos completamente distintos. 
Esta consecuencia es la oportunidad de la eugenesia.» 

Estas ideas expresadas por Huxley por primera vez hace algu¬ 
nos años en su «Ensayo sobre la eugenesia y la sociedad», figuran nue¬ 
vamente en su reciente libro acerca de la evolución, aludido ya en 
párrafos anteriores. Aunque quisiéramos admitir su validez desde los 
puntos de vista netamente teóricos de la eugenesia, la aplicación 
práctica y generalizada de la inseminación artificial en la sociedad 
humana tendría sin duda alguna consecuencias funestas. Teniendo 
presente la bien comprensible inclinación del hombre hacia los pla¬ 
ceres vulgares, aun sin llegar al extremo de las frivolidades, tan 
frecuentes justamente bajo el imperio de la colectivización que viene 
difundiéndose por todas partes del mundo, la divulgación de tales 
procedimientos, en vez de conducir al hombre a planos superiores, 
traería fatalmente consecuencias desastrosas. 

No vacilo pues, en manifestar, que pese al respeto que me me¬ 
rece Huxley como figura sobresaliente en el campo de las cien¬ 
cias naturales, discrepo con él en lo referente a sus ideas sobre la 
importancia de los procedimientos anticoncepcionales y especial- 



210 


CONFERENCIA IX 


mente la inseminación artificial, como factores capaces de mejorar 
el género humano, y propender así al progreso, en un futuro más 
lejano, o sea después de haberse logrado vencer la acerba oposición 
que se le hace a esta clase de eugenesia práctica por razones dogmᬠ
ticas, teológicas, morales, y el difundido recelo popular basado en 
sentimientos vagos, pero poderosos, por la creencia que «no es natu¬ 
ral». Aun sin tener que recurrir a tales argumentos ideológicos, 
resulta innegable el efecto disolvente del cumplimiento eventual de 
esta «posibilidad de un progreso humano verdadero», en todo lo 
relacionado con la constitución de la familia como base inmutable 
de la sociedad. La desaparición de muchos de los conflictos inheren¬ 
tes al matrimonio actual y aún el sacrificio comprendido en una 
«paternidad consumada en el altar de la raza», no recompensan la 
pérdida de los grandes valores morales y fuerzas constructivas que 
ayer, hoy y siempre se concentran en torno a una familia bien cons¬ 
tituida como base eternamente inconmovible de todas las demás 
agrupaciones humanas que descansan en ella. 

Ante ideas tan avanzadas respecto a las posibilidades de un me¬ 
joramiento eventual del género humano por intermedio de la insemi¬ 
nación artificial, opino que las pérdidas irreparables en valores mora¬ 
les y sentimentales, la destrucción progresiva de sentimientos de 
afecto y cariño, en fin, pérdidas irreparables en la parte anímica del 
Homo sapiens, nunca serían recompensadas por el simple mejo¬ 
ramiento físico del hombre que eventualmente pudiera surgir de la 
aplicación de las prácticas eugenésicas aconsejadas por Huxley. 

Ante este dilema respecto al futuro de nuestra especie, sólo me 
queda el recurso más bien filosófico, de recordar a mi ilustre audi¬ 
torio el profundo significado de la palabra bíblica de San Mar¬ 
cos, 8, con la cual pongo punto final a mi exposición: ¿Qué apro¬ 
vechará al hombre, si granjeare todo el mundo y pierde su alma? 



CONFERENCIA X 

ORGANIZACION DE LA LABOR CIENTIFICA Y 
COOPERACION INTERNACIONAL EN MATERIAS 

AGRONOMICAS 




(Escola de Agronomía «Eliseu Maciel» 
de Pelotas, setiembre de 1947.) 


Cuando llegué, en el día de ayer, a esta próspera y simpática 
ciudad de Pelotas, centro de grandes actividades industriales y agrí¬ 
colas de arraigo por su ubicación privilegiada, en la rica llanura aus¬ 
tral del vasto territorio brasileño con sus magníficas vías fluviales, 
terrestres, ferroviarias y últimamente aéreas, un emporio comercial 
e industrial de primer orden, quedé asombrado del progreso extra¬ 
ordinario, que lógicamente debe llamar la atención a un visitante 
que desde 1923 no llegó hasta aquí. Pero lo que más me impresionó 
— y es comprensible que así sea — es la evolución halagadora que 
se registra en el ambiente pelotense como centro agronómico de gran 
importancia para toda la parte meridional de los Estados Unidos del 
Brasil. En efecto, después de haber inspeccionado las instalaciones y 
laboratorios de esta benemérita y prestigiosa Escola de Agronomía 
«Eliseu Maciel», cubierta con la pátina de un glorioso pasado, visita 
completada luego por una recorrida de los campos y construcciones, 
en plena marcha, del flamante Instituto Agronómico do Sul y final¬ 
mente también la Estación Experimental de Pelotas en Cascatas, 
empotrada en un risueño paisaje serrano y transformada en un gran¬ 
dioso campo experimental y de demostración bajo la dirección com¬ 
petente del Dr. Joaquim I. Silveira da Mota, me siento aquí 
doblemente a gusto. El ambiente que a uno le rodea, resulta grato y 
agronómicamente reconfortante, ya que por todas partes se aspira 
el hálito de la madre tierra, productora de riquezas agropecuarias 
a través del trabajo del hombre bajo la dirección de universitarios 
agrónomos capacitados para orientar las actividades rurales. Me en¬ 
contré, pues, en un escenario agronómico por excelencia. 

Estoy muy satisfecho de haber podido hacer esta recorrida de 
las instituciones agronómicas de Pelotas, antes de dirigirme a este 
ilustre auditorio, compuesto preferentemente de profesionales y estu¬ 
diantes de Agronomía. En efecto, ayer de tarde, después de haber 
establecido contacto con el profesorado y alumnado a raíz de la pre¬ 
sentación por parte del Prof. Dr. José Alvares de Souza Soares, 
estaba en la duda todavía, si tenía que tomar la palabra sobre un 
tema general de las ciencias naturales (como en Porto Alegre), o 
acerca de un tema especializado para el ambiente agronómico, con¬ 
sultando el caso en conversación con el Dr. Rouget Pérez, 
gestor de ésta, mi visita. 

Ahora, sin embargo, a raíz de mi recorrida de las instalaciones 



214 


CONFERENCIA X 


de vuestra Escuela y las dependencias del Instituto Agronómico do Sul 
parcialmente ya funcionando y otras en formación, no me cabe la 
menor duda, que aquí, en este gran centro agronómico de Pelotas, 
sólo podría hablar sobre un tema agronómico. Resulta realmente 
sugestivo que, en esta próspera ciudad, con su rica zona de influen¬ 
cia, un «hinterland» único «sui generis», por combinarse la produc¬ 
ción arrocera y otros cultivos propios de la llanura, inclusive papas, 
cebollas y verduras en general, con la no menos importante de la 
cercana sierra, rica en frutas, leña, etcétera, se haya llegado a la for¬ 
mación de un centro de cultura universitaria sobre la base de la ense¬ 
ñanza agronómica. 

La obra de vuestro benemérito Patriarca Eliseu M a c i e 1, 
cuya memoria como protector inicial de este centro de enseñanza 
agronómica queda perpetuizada en el nombre que lleva, se revela 
a través de resultados fecundos, como una bendición eterna, no 
sólo para la ciudad, sino también para toda la región austral del 
Brasil. Por tanto, tomo expresamente motivo para felicitar no sólo 
al Municipio de Pelotas que durante tantos años, a veces con verda¬ 
deros sacrificios, supo sostener al funcionamiento de la Escuela, sino 
también el Gobierno Federal que, interpretando la importancia de 
este centro universitario de Agronomía, lo incorporó a las Institu¬ 
ciones Federales. Finalmente no dejo de felicitar a los habitantes de 
esta ciudad progresista y a todos los vecinos rurales de la campaña 
productora del Municipio de Pelotas y otros adyacentes, por dispo¬ 
ner, en la forma actual, de una institución de enseñanza agronómica 
de primer orden. Sus éxitos conjuntamente con los de los orga¬ 
nismos de investigación y experimentación aquí ubicados, han de 
beneficiar cada vez más a esta ya rica y privilegiada región austral 
del Brasil. 

Señores: no digo novedad para ninguno de los integrantes de 
este ilustre auditorio, si llamo vuestra atención acerca de la crisis ali¬ 
menticia que en este período de la post-guerra castiga a la Humanidad 
entera. La Conferencia de Alimentación y Agricultura de las Nacio¬ 
nes Unidas realizada en Hot Springs en mayo de 1943, luego las 
sucesivas Conferencias Interamericanas de Agricultura, cuya última 
se realizó en julio de 1945 en Caracas y finalmente las diferentes 
reuniones de la «FAO» o sea la Organización de las Naciones Unidas 
para Alimentación y Agricultura, constituyen un exponente bien pal¬ 
pable de la preocupación de los hombres dirigentes de la causa pú¬ 
blica, por la aludida situación crítica de la Humanidad respecto al 
problema de la alimentación. En todos los países del mundo, inclu¬ 
sive los más ricos, como EE. UU. de Norteamérica, se registra, por lo 
menos un infraconsumo parcial de las clases más humildes. Pero 
desgraciadamente muchos pueblos del mundo sufren penurias, que 
con harta frecuencia toman los caracteres graves de hambre verda- 



LABOR CIENTÍFICA Y COOPERACION INTERNACIONAL 


215 


dera, como flagelo inadmisible a esta altura de la civilización, en 
pleno siglo XX. 

Es evidente, pues, que la Agronomía como ciencia destinada a 
dirigir y perfeccionar la producción agropecuaria, viene adquiriendo 
creciente importancia. Mientras que no sea resuelto en definitivo el 
problema de la fabricación de productos sintéticos oriundos del reino 
inorgánico, lo que equivaldría a transformar piedras en pan, la Huma¬ 
nidad precisa del agricultor para satisfacer necesidades elementales 
de alimento y abrigo, inclusive el «confort» complementario del hom¬ 
bre civilizado con un nivel de vida cada vez más elevado. Por lo 
mismo, la Agricultura como arte conserva todo su prestigio secular 
que coloca a los labradores, según se expresa Emerson, con relación 
a los demás hombres, más próximos al Creador. Por parte mía comple¬ 
mento este hermoso concepto, agregando, que una buena parte de los 
ingenieros agrónomos se dedican al mejoramiento de la producción 
vegetal por intermedio de la Genética. A través de la combinación y 
recombinación factorial de los genes como elementos constructivos 
unitarios de la Biología, comparables al átomo de la Química, ellos 
«crean» novedades. Es corriente hablar, en Fitotecnia, de tales «crea¬ 
ciones», expresión que conserva su validez también para la Zootecnia, 
aunque en ningún caso se trata de una «creatio ex nihilo» como acto 
reservado al Supremo Hacedor. De cualquier manera resulta suges¬ 
tiva la expresión y justificada dentro de los límites establecidos. Se 
encuentran, pues, tales ingenieros agrónomos, más cerca aún al 
Creador que los agricultores aludidos por Emerson. 

A fin de no excederme en esta parte inicial destinada a señalar 
la importancia de la Agronomía como ciencia que debe dirigir el 
proceso de la producción agropecuaria, indico a continuación las exi¬ 
gencias que Fumas, en su conocida obra: «The next hundred 
years» (Los próximos cien años), establece respecto a la preparación 
del universitario agrónomo en los tiempos venideros: Para la pro¬ 
ducción agropecuaria del futuro, Fumas exige la creación de la 
granja «industrial» como explotación agrícola destinada a producir 
en gran escala, materias primas para la manufactura química y mecᬠ
nica. Se trataría de un establecimiento rural análogo a una de las 
grandes empresas fabriles, para cuyo manejo se necesitarían hom¬ 
bres dirigentes de un temple y de una preparación especial. 

«Cuando las granjas se conviertan en grandes unidades indus¬ 
triales» — apunta — «se creará la demanda para un número de 
expertos que ahora no se encuentran, ingenieros agrícolas a falta de 
un nombre mejor. Deberán poseer mayores conocimientos fundamen¬ 
tales de la ciencia biológica y química que el promedio de los gra¬ 
duados en Agronomía. Deberán conocer algo de los problemas perso¬ 
nales, pues tendrán que manejar hombres. También deberán cono¬ 
cer principios económicos y comerciales, pues tendrán que interve¬ 
nir en empresas cambiantes e inciertas. Bajo la faz técnica, deberán 



216 


CONFERENCIA X 


conocer entomología y todo lo referente a las plagas de los insectos. 
Deberán conocer las enfermedades producidas por los hongos y lo 
que se debe hacer y cuándo. Deberán conocer la química de los abo¬ 
nos y la física del suelo, y finalmente deberán saber lo suficiente 
como para escuchar la voz de la experiencia de los viejos agriculto¬ 
res, pero tomando su testimonio con un grano de escepticismo y tra¬ 
tando de explicarlo razonablemente. Aun cuando no debe esperarse 
que sean veterinarios expertos, deberán conocer, entre otras cosas, 
todo lo referente al manejo del ganado, si han de dirigir una granja 
que se dedique a la cría de animales. Deberán estudiar el mercado 
y las tendencias; saber cuáles son las siembras que deben efectuarse 
y cuándo será la época oportuna de hacerlas. Deberán estudiar el 
suelo y ajustar su estructura química y física a sus necesidades. Debe¬ 
rán conocer lo suficiente de la ingeniería mecánica para mantener en 
buen estado y reparar debidamente las numerosas piezas de maqui¬ 
naria. Deberán poseer fortaleza de ánimo.para soportar los caprichos 
del tiempo, los insectos, las sequías, las inundaciones y los problemas 
de la mano de obra. Deberán ser directores expertos de grandes y 
complicadas fábricas que funcionarán durante las 24 horas del día y 
durante todos los días del año. Dudo que puedan encontrarse muchos 
hombres que reúnan esas condiciones, pero habrá necesidad de ellos». 

Un programa de acción, por cierto muy amplio, que el referido 
autor norteamericano deja trazado para la labor del profesional agró¬ 
nomo llamado a actuar en los tiempos venideros, caracterizados por 
una intensificación cada vez más generalizada del maquinismo en 
grandes centros industriales, con el consiguiente aumento del sector 
urbano de la Humanidad. Justamente la extensión cada vez más acen¬ 
tuada de este grupo de seres humanos alejados del agro, implica una 
intensificación de las actividades del otro sector. El agricultor debe 
producir no sólo alimentos y otros productos imprescindibles para su 
propio sustento, sino también para las enormes masas de consumido¬ 
res aglomerados en las ciudades. La juventud estudiantil que me escu¬ 
cha inclusive los profesionales recién formados, se encuentran, pues, 
ante un programa de acción agronómico singularmente amplio y al 
mismo tiempo auspicioso. Considero, sin embargo, muy difícil, que 
se llegue a la formación del tipo de profesionales en Agronomía al 
cual aspira Fumas, algo así como el «super agrónomo», a quien en 
el cuadro de las actividades técnicas del futuro cercano, le incumbi¬ 
ría el papel de atender las exigencias de la práctica productiva. 

Organización. — Tareas como las aludidas rebasan en mucho a 
la capacidad de trabajo de un solo hombre, aunque el respectivo 
profesional agrónomo posea en grado sumo, la totalidad de la prepa¬ 
ración científico técnica correspondiente, para poder asumir la direc¬ 
ción de una empresa fabril de tal magnitud. Se impone la colabora¬ 
ción mutua, o sea la distribución adecuada a las respectivas tareas 




LABOR CIENTÍFICA Y COOPERACION INTERNACIONAL 


217 


agronómicas entre varios profesionales. Una armoniosa acción en 
conjunto conducirá a la meta anhelada también en este terreno de 
la aplicación práctica del bagaje cada vez más abultado de sóli¬ 
dos conocimientos teóricos en las distintas ramas de la Agronomía 
disciplinada. 

La conveniencia y hasta necesidad imperiosa de la cooperación 
se acentúa más aún en el campo de las actividades científicas, nues¬ 
tro tema. Aunque los profesionales agrónomos, estudiantes e igual¬ 
mente las personas vinculadas con los problemas del agro que 
me escuchan, conocen perfectamente la creciente ramificación de 
la Agronomía en las más variadas materias de una especializa- 
ción cada vez más refinada, juzgo oportuno documentarla con la 
palabra autorizada del eminente agrónomo norteamericano Henry 
A. Wallace, a la sazón Ministro de Agricultura y posteriormente 
Vicepresidente de los Estados Unidos de Norteamérica. En 1938, o sea 
durante el período ministerial de Wallace, conocido también por sus 
relevantes trabajos realizados en colaboración con Shull, respecto a 
la formación y difusión de los híbridos industriales de maíz, expuso 
ideas acertadas sobre la importancia de la investigación como fermento 
de la agricultura. Limitándose a presentar, en la aludida publicación 
tan sólo referencias a las investigaciones básicas, consigna una lista 
de ciencias auxiliares de la Agronomía, cuya enumeración abarca 
varias páginas de texto. Con restricción a las por Wallace llama¬ 
das «ramas principales», tenemos como tales las siguientes: Estudios 
genéticos de plantas y animales; Fisiología humana y animal; Fisio¬ 
logía vegetal; Patología vegetal y animal; Estudio de vitaminas; Es¬ 
tudio de las enzimas; Estudio de las grasas; Estudio de elementos 
raros (vestigios); Farmacología y Quimioterapia; Estudio de las ma¬ 
deras; Economía Agrícola; Estudios climatológicos. Cada una de las 
aludidas materias cardinales se subdivide a su vez en un número 
variable de ramificaciones, abarcando así la lista presentada unas 
cuarenta materias consideradas «básicas» por hombres de ciencia 
norteamericanos, competentes en este asunto, los cuales suministra¬ 
ron los elementos de juicio correspondientes al entonces Ministro de 
Agricultura de Estados Unidos de Norteamérica, autor de tan ins¬ 
tructiva información. 

Ante este cuadro de una subdivisión tan vasta y refinada de 
la ciencia agronómica contemporánea, se impone, pues, como man¬ 
dato imperioso de la hora, la colaboración mutua. El caso más sen¬ 
cillo y también más corriente de esta clase de cooperación se pre¬ 
senta a través de las realizaciones del maestro y sus discípulos en 
el mismo ambiente universitario. 

El Profesor que llega a tener «escuela», reuniendo en torno suyo 
un conjunto de discípulos que le siguen, forma de esta manera algo 
así como una familia espiritual, llamada a resolver sobre la base de una 
estrecha colaboración, los problemas más arduos. Como ejemplo clá- 



218 


CONFERENCIA X 


sico al respecto cito el caso de Sócrates, uno de los padres de la 
antigua filosofía griega. Las ideas ñlosóficas del maestro que per¬ 
duran a través de los tiempos, llegaron, sin embargo, a conocimiento 
de la posteridad tan sólo por intermedio de los apuntes de sus dis¬ 
cípulos colaboradores, entre ellos en primer término Platón. Casos 
similares se han repetido con frecuencia también en otros terrenos 
científicos cuando el respectivo maestro sobresaliente, tal vez dema¬ 
siado absorbido por sus actividades espirituales de toda índole, no 
encontrara el tiempo necesario para verter al papel resultados con¬ 
cretos de sus reflexiones e indagaciones. 

En el ambiente universitario contemporáneo, la formación de 
tales escuelas es una cuestión corriente. Surge de esta manera el 
trabajo en equipo, o sea los «teams» del lenguaje inglés. El semina¬ 
rio de la Universidad moderna constituye no sólo una forma de cola¬ 
boración, singularmente fecunda, entre el maestro y sus discípulos, 
sino también el procedimiento aconsejable para dilucidar problemas 
científicos cuyo esclarecimiento rebasaría la capacidad de trabajo 
de una sola persona. En mi último libro: «Agronomía. Consejos Meto¬ 
dológicos» se encuentran ejemplos que documentan directamente el 
resultado de esta clase de cooperación científica para muchas cien¬ 
cias y hasta una materia tan ardua como la Filología antigua. En 
todos estos casos el maestro, contando con la cooperación de varios de 
sus discípulos colaboradores y agregando la idea fecundante de sus 
propias reflexiones y estudios, llega a resolver problemas arduos y 
complejos, los cuales de otra manera quizás habrían quedado sin 
abordar y hasta sin esclarecer en detalles sublimados. - 

Con todo, la cooperación entre profesores y estudiantes encuen¬ 
tra su expresión máxima en el terreno de las llamadas «ciencias apli¬ 
cadas». En los laboratorios físicos, químicos, biológicos y fisiológicos, 
luego en las clínicas médicas, los gabinetes de experimentación de 
las escuelas politécnicas y «last not least» en los laboratorios y cam¬ 
pos experimentales de las Escuelas y Facultades de Agronomía, ha 
venido surgiendo una cooperación científica cada vez más amplia, 
intensa y fecunda. Los equipos frecuentemente se presentan como 
verdaderas «cooperativas de investigación». 

En cuanto a las investigaciones agronómicas, cabe destacar tam¬ 
bién el postulado de su continuidad, la cual a veces abarca varias 
generaciones. Durante la Edad Media, esta clase de colaboración 
habría sido un campo de acción muy apropiado para los monasterios, 
aumentando de esta manera aún más los ya grandes méritos de 
congregaciones como la de los PP. Benedictinos, a los cuales se debe 
la difusión de métodos agrícolas perfeccionados en los países de Occi¬ 
dente. Actualmente, sin embargo, le corresponde más bien al Estado 
moderno como representante de las respectivas colectividades étni¬ 
cas, asumir el papel de organizador de esta clase de colaboración, 
sobre todo en el terreno de las ciencias agronómicas de tanta impor- 



LABOR CIENTÍFICA Y COOPERACION INTERNACIONAL 


219 


tancia para la alimentación de las masas y por ende el bienestar de 
los pueblos. 

La organización de la labor científica en materias agronómicas, 
descansa, pues, cada vez más sobre el trabajo en equipo, sea que se 
trate de institutos universitarios o sea también, y tal vez más aún, 
que las actividades pertinentes estén a cargo de grandes centros de 
investigación libres de la docencia. Por lo general surgen entonces 
organismos muy amplios, con toda una red de estaciones experimen¬ 
tales, dependientes de un gran Instituto Central, el caso precisa¬ 
mente también del Brasil. El Gobierno Federal cuenta con la por¬ 
tentosa organización del Centro Nacional de Ensino e Pesquisas Agro¬ 
nómicas con sede en Río, subdividido a su vez en sectores con gran 
autonomía administrativa y de investigación. A título de ejemplo, 
consigno el Instituto Agronómico do Sul ubicado cerca de Pelotas. 

Igualmente importantes resultan las actividades de experimen¬ 
tación agrícola sostenidas por varios de los Gobiernos Estaduales del 
vasto territorio brasileño. Sin restar mérito a la obra ya cumplida 
o en plena evolución en otros Estados, me limito aquí, por razones 
obvias, a señalar expresamente la organización del trabajo científico 
en materias agronómicas por parte de este progresista Estado de Rio 
Grande do Sul. Proyectada a partir de 1938, por el entonces Secretario 
de Agricultura Dr. Ataliba de F. P a z, esta vasta obra, orientada a 
larga vista, encontró el apoyo más decidido también por parte de los 
sucesores de su precitado iniciador, los Secretarios de Estado Dres. 
Finamor y Mascarenhas. No titubeo, pues, en presentar 
este caso de Rio Grande do Sul como un ejemplo muy instructivo 
de lo que un Gobierno, bien inspirado respecto a la causa agronó¬ 
mica, ha sido capaz de realizar en el lapso reducido de apenas un 
decenio. Sobre la base de esta organización la economía sulriogran- 
dense se vió beneficiada con creces, en forma análoga de lo que se 
conoce como hecho inapelable respecto a las conquistas positivas del 
Instituto de Campiñas para el Estado de Sao Paulo. 

Sin perderme en detalles, con los cuales mi auditorio estará fami¬ 
liarizado a raíz de su contacto directo con este importante centro 
agronómico de Pelotas, llamado a orientar la producción de toda la 
parte austral del Brasil, me limito a destacar aquí algunos aspectos 
generales de la colaboración científica en materias agronómicas para 
que el trabajo en equipo llegue a dar los resultados anhelados en 
beneficio de la colectividad. 

Un organismo de investigación en materias agronómicas y muy 
especialmente una Estación Experimental ubicada en pleno campo, 
lejos de los centros urbanos, constituye algo así como una gran fami¬ 
lia espiritual dirigida por el Jefe Director, quien, por lo mismo debe 
tener condiciones especiales para su misión. El compañerismo y la 
solidaridad profesional, en tales Estaciones Experimentales, más aún 
que en una clínica médica, a veces quedan sometidos a pruebas seve- 



220 


CONFERENCIA X 


ras. Es harto conocido el hecho de que una estación experimental, 
situada en la soledad del campo, constituye — por lo menos durante 
los años iniciales — algo así como un campamento provisional de 
expedicionarios científicos con miras a estabilizarse. Suele originarse, 
en tales circunstancias, fácilmente también esta clase de irritabilidad 
nerviosa que dificulta la vida armoniosa de los integrantes de expe¬ 
diciones científicas a regiones semidesiertas. El Jefe debe poseer, 
pues, un espíritu de ecuanimidad muy acentuado. Aplicando inva¬ 
riablemente un criterio de benevolencia, perseguirá la finalidad 
común de acuerdo con el adagio latino: «Fortiter in re, suaviter in 
modo», equivalente al refrán español: «No quita lo cortés a lo valiente». 
Siempre dispuesto a limar asperezas, tendrá por norte de su actitud 
directriz el aunar voluntades. Por una conducta de equidistancia 
debe tratar de evitar la formación de pequeños grupos, consecuencia 
frecuente de las confidencias, preferencias y, desgraciadamente tam¬ 
bién «chismes», que indisponen a unos con otros. En vez de la armo¬ 
nía general imprescindible para el éxito de cualquier trabajo en 
equipo, surgiría de esta manera la discordia. También en este caso 
tiene validez la palabra bíblica del Maestro: «Todo reino dividido 
contra sí mismo es desolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí 
misma, no permanecerá». Faltando la concordia y unión entre los 
integrantes de la aludida «familia espiritual», es difícil que se logre 
un trabajo fecundo y provechoso del equipo. 

La palabra clásica del poeta Horatius Flaccus: «Integer vitae, 
scelerisque purus, etc.», tiene validez también respecto a la integri¬ 
dad de un equipo de trabajo científico y experimental en materias 
agronómicas. Cualquiera de los investigadores agrónomos que actúan 
en un instituto de investigación o en alguna de las aludidas esta¬ 
ciones experimentales, debe tener buena voluntad para tratar de con¬ 
tribuir, por encima de todo, a la obra común. Sea que se trate del 
propio Jefe de la aludida familia espiritual, quien desempeñará sus 
funciones directrices más bien como «princeps ínter pares», buscando 
la cooperación de todos preferentemente a través de la exposición 
persuasiva en vez de limitarse a dar órdenes sin explicación, o sea 
también que se trate de los demás integrantes del «team», siempre 
debe primar el interés colectivo sobre las aspiraciones individuales 
que pudieran existir. 

El trabajo individual del investigador aislado tiene que ceder 
lugar a las actividades en conjunto de todo el respectivo cuerpo téc¬ 
nico como entidad investigadora. Significa esto, que en los aludidos 
ambientes de trabajo de las estaciones experimentales, laboratorios 
e institutos, debe aspirarse a la formación de un espíritu de cuerpo, 
para lograr de esta manera el triunfo anhelado de la empresa científica. 

En el polo opuesto a esta acción armónica de conjunto, de algún 
equipo dedicado al trabajo científico en Agronomía, figura el caso 
de una actitud discordante de uno o varios de sus integrantes, que 



LABOR CIENTÍFICA Y COOPERACION INTERNACIONAL 


221 


eventualmente pudieran estar poseídos del afán de la prepotencia. 
Esta modalidad, inspirada por lo general en los sentimientos de 
egoísmo, que en casos extremos toma los caracteres de una verda¬ 
dera egolatría, suele levantar resistencia por parte de los restantes 
integrantes del equipo, con su consiguiente distorsión. Sólo un orga¬ 
nismo equilibrado y debidamente orientado por el Jefe hacia la fina¬ 
lidad común, ha de rendir los resultados anhelados. La formación del 
«frente único», basado en el sentimiento sincero de la solidaridad 
profesional, constituye, por lo tanto una verdadera «conditio sine 
qua non» para el éxito de las actividades científicas y técnicas en 
general, en algún instituto o estación experimental de Agronomía. 

Finalmente no dejo de mencionar la misión especial de las espo¬ 
sas de los agrónomos que actúan en cualquier estación experimen¬ 
tal. La posición de la mujer, verdadera «colaboradora anónima» del 
esposo, como universitario dedicado a actividades científicas que se 
desarrollan lejos de los centros urbanos con sus distracciones de toda 
índole, resulta de gran importancia. Por lo mismo tomé expresamente 
motivo de dirigir la atención sobre este punto tan delicado en la 
parte final del capítulo XII de .mis «Consejos Metodológicos», cir¬ 
cunstancia ésta que me permite desistir aquí de la indicación de 
detalles fácilmente accesibles en el referido libro. Me limito a seña¬ 
lar el hecho como tal, recordando al mismo tiempo la importancia 
que Ramón y Cajal en sus «Reglas y Consejos» le asigna al 
acierto en la elección de la compañera del hombre de ciencia, cual¬ 
quiera que sea el terreno de las actividades científicas, en el cual 
éste pudiera actuar. Todo lo expresado por el gran maestro español 
resulta doblemente significativo para el trabajo científico del agró¬ 
nomo destacado en una estación experimental. 

En resumen, para lograr éxito en el trabajo de equipo a cargo 
de una estación experimental o un instituto de Agronomía dotados 
de un cuerpo más o menos numeroso de colaboradores, debe llegarse a 
algo similar a la armonía de una orquesta dirigida por un buen 
músico. De otra manera tendríamos una situación que se refleja en 
la expresión tan gráfica del refrán portugués: «Todos sao muito 
bons músicos, porém tocam mui desafinados». En efecto, por más 
capacitados que individualmente pudieran ser todos y cada uno de 
los integrantes de algún equipo llamado a estudiar y resolver deter¬ 
minados problemas agronómicos, es imprescindible que todos ellos 
al unísono acompañen al Jefe-Director, ajustándose en sus activida¬ 
des a la idea directriz, como sucede también con la respectiva com¬ 
posición musical, siguiendo pues, en el caso de la ciencia, al ritmo de 
la investigación emprendida. De otra manera, o sea faltando una coo¬ 
peración armónica en consonancia con la oírientación establecida 
desde puntos de vista elevados de los intereses colectivos por el Jefe, 
colaboración que requiere se proceda con buena fe y con sentimien¬ 
tos de solidaridad y ecuanimidad, tendríamos discordia en vez de con- 



222 


CONFERENCIA X 


cordia. Una cacofonía hiriente en lugar de una sinfonía sonora y 
armoniosa, ejecutada con devoción en el templo sagrado de la ciencia 
agronómica, sea que se trate de un gran instituto agronómico o de 
una estación experimental modesta. 

En el caso concreto del Instituto Agronómico do Sul con sus 
distintas dependencias, opino que estamos frente a una de estas 
obras bien organizadas. A través de la visita, que en estos días he 
podido realizar a esta Escuela de Agronomía «Eliseu Maciel», luego 
a la Estación Experimental ubicada en Cascatas y finalmente a las 
nuevas instalaciones en formación que surgen en la futura sede defi¬ 
nitiva del Instituto, recogí la impresión, de que la unificación del 
trabajo ha sido lograda ampliamente. Los integrantes de los respec¬ 
tivos equipos, interpretando las ideas directrices impartidas por el 
Dr. Rouget Pérez como «Jefe de ruta», haciendo primar invaria¬ 
blemente las finalidades comunes sobre intereses individuales, ofrecen 
una base sólida de un éxito completo. Este no tardará en presen¬ 
tarse como lisonjera realidad, a medida que se desenvuelven las acti¬ 
vidades en consonancia con el plan preestablecido. Se ofrecen, pues, 
perspectivas muy auspiciosas respecto a la evolución ulterior del tra¬ 
bajo científico en este ambiente agronómico que se formó tanto en 
la ciudad como en los alrededores de Pelotas, inclusive también la 
vasta red experimental, la cual, como dependencia del Instituto Agro¬ 
nómico do Sul, se extiende sobre varios Estados de la gran confede¬ 
ración brasileña. 

Antes de pasar a la segunda parte de mi disertación, juzgo con¬ 
veniente llamar expresamente la atención de mis oyentes sobre el 
significado de esta vasta organización para la juventud estudiantil 
contemporánea, que concurre a la escuela «Eliseu Maciel». Esta, for¬ 
mando parte integrante del Instituto Agronómico do Sul como orga¬ 
nismo de enseñanza, ofrece a los estudiantes, acceso a las investiga¬ 
ciones. A través del contacto diario con sus profesores, los cuales a 
su vez actúan como investigadores, siguen de cerca las actividades 
científicas y experimentales que se desarrollan en los laboratorios y 
campos experimentales. Se les brinda de esta manera, a los estudian¬ 
tes, una oportunidad de instrucción singularmente valiosa y poco 
común. Por otra parte se levanta así aún más el nivel ya alto del 
prestigio científico conquistado por esta Escuela, cubierta con los 
laureles de un pasado glorioso. El centro universitario de Pelotas 
queda colocado, pues, a la altura de sus similares que se encuentran 
en las grandes universidades del vasto territorio brasileño y en otras 
partes del mundo. 

Cooperación Internacional. — Al abordar el aspecto de la coo¬ 
peración internacional en materias agronómicas, señalo un problema 
familiar a una buena parte de mis oyentes, debido a la circunstancia 



LABOR CIENTÍFICA Y COOPERACION INTERNACIONAL 


223 


de haberse logrado ya una colaboración internacional muy intensa 
entre Rio Grande do Sul y nuestro pequeño Uruguay. La circuns¬ 
tancia de haber tomado la palabra sobre el particular en varias pu¬ 
blicaciones anteriores, me permite ser breve en esta ocasión. 

Sin dejar de señalar a «grosso modo» algunos aspectos de índole 
general, me propongo destacar cuestiones de la aludida cooperación 
entre ios dos países vecinos, inclusive la Argentina, o sea toda esta 
vasta región rioplatense con sus problemas específicos en el terreno 
de la investigación agronómica. 

En cuanto a mis informaciones anteriores sobre el tópico, ade¬ 
más de lo expresado en el ya mencionado libro: «Agronomía. Conse¬ 
jos Metodológicos», tuve motivo de escribir un pequeño trabajo mo¬ 
nográfico sobre el tema a ruego del Consejo Interamericano 
de Comercio y Producción con sede en Montevideo. Sur¬ 
gió así el pequeño folleto que tengo aquí a mano, poniéndolo a dis¬ 
posición de los interesados, titulado «Sugestiones acerca de la coo¬ 
peración interamericana en la producción agraria». El mismo título 
indica, que se trata de informaciones más bien sobre aspectos prác¬ 
ticos relacionados con la producción. El folleto interesa, sin embargo, 
también a círculos agronómicos desde el punto de vista científico. 
Dejé establecido, en él, el concepto de los «espacios ecológicos» inte¬ 
grados a veces por varias economías nacionales, caracterizadas por 
la identidad y semejanza de las respectivas condiciones ambientales: 
Suelo, clima, fauna, flora y todo lo que represente el «habitat» de 
alguna región agrícola, inclusive el propio Homo sapiens como soporte 
del proceso productivo. 

Refiriéndome brevemente a los aludidos aspectos de índole gene¬ 
ral del trabajo internacional en cuestiones científicas de la Agrono¬ 
mía, señalo algunos casos apropiados para documentar la importancia 
en principio de esta cooperación. Empiezo con citar el caso ya men¬ 
cionado en otras oportunidades, que fué objeto de una información 
monográfica por parte del genetista holandés C. Broekema, quien, 
en 1933, tomó la palabra sobre la conveniencia de la cooperación 
internacional en el terreno de la Genética Vegetal aplicada. Expone 
el referido especialista el hecho de la pérdida de ingentes sumas para 
la agricultura europea, debido a la falta de una cooperación ade¬ 
cuada en la experimentación agrícola. A pesar de haberse logrado 
ya a principios de nuestro siglo, la formación, en Inglaterra, de una 
variedad de papas sobresaliente en precocidad y alta capacidad pro¬ 
ductiva y por ende de gran importancia para el consumo durante 
los meses de verano, la difusión generalizada de esta creación tardó 
mucho en producirse. La aludida variedad, conocida en Inglaterra 
bajo su denominación primitiva: «Duke of York», empezó a difun¬ 
dirse en los países del continente europeo bajo la denominación holan¬ 
desa «Eersteling», recién después de haber transcurrido 25 años desde 



224 


CONFERENCIA X 


su obtención como «novedad» en Inglaterra. Las economías nacio¬ 
nales de varios países europeos dejaron de beneficiarse así con cifras 
millonarias durante cada uno de los años transcurridos, hasta que 
por fin, debido a la difusión generalizada de la variedad, todos ellos 
pudieran valerse de sus grandes ventajas. Si hubiese habido una 
cooperación internacional basada sobre una experimentación agrí¬ 
cola debidamente orientada, tarea precisamente de las actividades 
agronómicas, el problema habría sido resuelto ya poco después de la 
terminación del trabajo genético de la creación de la nueva papa. 

Casos como éste se registran también en torno a la cooperación 
internacional y en el estudio comparativo y luego la difusión de plan¬ 
tas cultivadas del ambiente rioplatense, según lo dejé ejemplificado 
en el segundo tomo de mis «Investigaciones Agronómicas». Igual¬ 
mente conocida resulta para mi auditorio la importancia de la coope¬ 
ración internacional en la lucha contra plagas, bastando señalar la 
defensa contra la langosta y contra la aftosa como amenaza de la 
riqueza ganadera. 

En cuanto a la lucha contra la langosta, sin perjuicio de lo que 
acontece al respecto en otros continentes, tuve oportunidad de cono¬ 
cer el trabajo de cooperación entre algunos Estados del norte del 
Continente, donde el mal había tomado caracteres graves, a princi¬ 
pios del año, cuando llegué a visitarlos en una gira rápida. Me refiero 
a la coordinación de las actividades de lucha entre el Perú, Ecuador 
y Colombia, a fin de lograr de esta manera una mayor eficiencia del 
trabajo en las regiones limítrofes de los referidos Estados en plena 
región tropical. En forma análoga se ha venido intensificando tam¬ 
bién la cooperación internacional entre el Brasil, la Argentina y el 
Uruguay en la campaña actual contra las invasiones enormes de la 
langosta que actualmente azotan estos países. 

Es corriente la colaboración científica en ciencias agronómicas 
respecto al intercambio del material de estudio para cierta clase de 
trabajos. Basta mencionar al respecto el canje de pequeñas muestras 
de semillas y otros órganos vegetativos de interés para fines experi¬ 
mentales, inclusive trabajos de genética. En este punto llamo la aten¬ 
ción también, sobre la importancia de las expediciones científicas 
destinadas a recolectar material en los llamados «centros de genes». 
Este material, recogido por expediciones científicas organizadas con 
desembolsos a veces abultados por parte de naciones interesadas en 
la cuestión, tendrían que beneficiar también a otras. Desde luego, 
siempre se respetaría la prioridad del respectivo estado organizador 
de la expedición y también de las actividades científicas del grupo 
expedicionario. Pero desde el punto de vista de la solidaridad humana, 
en problemas que interesan en la lucha colectiva contra el hambre, 
es lógico que también otros países aprovechen, a través del canje de 



LABOR CIENTIFICA Y COOPERACION INTERNACIONAL 


225 


material, lo más pronto posible, de alguna substancia hereditaria 
valiosa sobre la base de la cooperación internacional. 

Un aspecto no menos interesante de la colaboración científica 
internacional consiste en la consulta sinóptica acerca de colecciones 
de biotipos o razas de alguna especie parasitaria, entre ellas las dis¬ 
tintas clases o subrazas de las diferentes clases de la roya cerealera 
(Puccinia sp. sp.). Se trata de un tópico de gran actualidad en estos 
momentos, en que, debido a las facilidades crecientes del trans¬ 
porte, las plagas aumentan y se difunden cada vez más. Especial¬ 
mente el desarrollo de la aviación que vence las distancias, haciendo 
llegar material vivo de nuevas plagas a otros continentes y ambien¬ 
tes no defendidos por los enemigos del enemigo que se vienen ori¬ 
ginando en el correr de los años, ha sido de consecuencias funestas 
en este aspecto. Sería lógico, pues, que también en la lucha contra 
esta clase de afecciones parasitarias se tengan presentes los intereses 
colectivos sobre la base de una cooperación internacional. A título 
de ejemplo cito la cooperación entre agrónomos franceses y alemanes 
para llegar a resultados positivos en la lucha contra la amenaza de los 
cultivos de papa en Europa por el coleóptero Leptinotarsa decem- 
lineata (Doryphora). Bajo la dirección de Trouvelot cooperaron 
así, hace más de 10 años, varios investigadores de las referidas nacio¬ 
nes en regiones invadidas por este enemigo de uno de los alimentos 
básicos no sólo de la población europea sino del mundo entero, insta¬ 
lando laboratorios ambulantes en la región invadida por el coleóptero, 
en diversas regiones de Francia. 

Considerando suficiente lo brevemente expresado para dejar docu¬ 
mentada la importancia en principio de la cooperación internacional 
en el estudio de problemas agronómicos de vasto alcance, paso a 
señalar a grandes rasgos aspectos de la colaboración entre los orga¬ 
nismos agronómicos brasileños, preferentemente los de este próspero 
Estado de Rio Grande do Sul y los de nuestro pequeño Uruguay. En 
virtud de tratarse de un asunto familiar no sólo a los técnicos agró¬ 
nomos que tuvieron intervención directa en el estudio de uno u otro 
de los problemas de interés común, sino también a la juventud estu¬ 
diantil y — a través de la prensa — también al público en general, 
seré breve igualmente en esta parte informativa. 

Empiezo con señalar la cooperación internacional tan fecunda 
surgida a raíz de la difusión alarmante de una enfermedad de etiolo¬ 
gía desconocida, en los cultivos de citrus, especialmente los naranjos, 
originando primeramente mermas en la producción y luego la mor¬ 
tandad de los árboles afectados. Cabe indicar los viajes de estudio 
realizados por un grupo de fitopatólogos competentes del Brasil, bajo 
la dirección del Dr. A. A. Bitancourt, Subdirector del Instituto 
Biológico de Sao Paulo, con el objeto de estudiar el problema alu¬ 
dido en las respectivas modalidades sintomáticas y la difusión del 



226 


CONFERENCIA X 


mal, tanto 6n la Argentina como en el Uruguay. Este viaje dió origen 
a una publicación monográfica sobre las enfermedades de los citrus 
en el Uruguay, escrita por Bitancourt en colaboración con 
H. S. Fawcett. Doy por sabido, que finalmente, a raíz de investi¬ 
gaciones minuciosas de un grupo de técnicos competentes durante 
varios años, se lograron esclarecer los detalles etiológicos del caso, 
tratándose de una virosis, comprobación ésta, que ofrece la base tam¬ 
bién para organizar la lucha contra el mal sobre principios técnicos. 

En segundo término consigno el Ensayo Internacional de Trigo, 
como valioso instrumento de cooperación entre técnicos brasileños' 
argentinos y uruguayos, destinado a dilucidar el problema triguero 
de estos países en aspectos de interés internacional. Este ensayo, ini¬ 
ciado en 1942 a raíz de un cambio de ideas entre el Dr. Edgar Fer- 
nándes Teixeira, a la sazón Director de la Estación Experi¬ 
mental de Pelotas y nuestro Subdirector Ing. Agr. Gustavo J. Fis- 
cher, fué continuado sin interrupción hasta la fecha de hoy. Se 
estructuró así una cooperacción internacional llamada a provocar 
un acercamiento cada vez más pronunciado de los técnicos que tie¬ 
nen a su cargo la ejecución práctica del Ensayo Internacional. De 
suerte que se registra también el surgimiento de nuevos problemas, 
que sólo sobre la base de la cooperación internacional pueden ser 
dilucidados en todas sus ramificaciones. 

Desde este punto de vista indico expresamente las indagaciones 
recientes sobre el «crestamento» del trigo, un raquitismo del sistema 
radicular que en el Brasil suele originar mermas considerables y 
hasta la pérdida.total de cultivos trigueros. A raíz de las discusiones 
sobre el tópico en la reunión de experimentadores pertenecientes a 
los tres países interesados, realizada en febrero del año corriente en 
Passo Fundo, surgió, durante los últimos meses, una corresponden¬ 
cia científica muy instructiva entre varios investigadores que cola¬ 
boran en la dilucidación del problema en los respectivos terrenos de 
su especialización. Traigo conmigo informaciones pertenecientes a 
la más reciente fase de este cambio de ideas: cartas del Dr. Rubens 
Benatar de Passo Fundo, del Dr. Arturo Burkart, Director del 
Instituto Botánico «Darwinion» de San Isidro, Buenos Aires, y final¬ 
mente del Dr. Petronio N. Capparelli. Este distinguido técnico 
integrante del Laboratorio de Biología Agrícola de la Secretaría de 
Agricultura de Porto Alegre envió a «La Estanzuela» una colección 
muy instructiva de fotografías, que señalan con toda nitidez diferen¬ 
cias varietales respecto a la resistencia de los trigos del Ensayo Inter¬ 
nacional contra el «crestamento», registrado en las parcelas instala¬ 
das en Encruzilhada. Estas fotografías están a disposición de los inte¬ 
resados que tengan el deseo de examinarlas con calma después de 
la disertación conjuntamente con la aludida correspondencia. 

Como dato de interés general indico, en este momento, tan sólo 



LABOR CIENTIFICA Y COOPERACION INTERNACIONAL 


227 


el resultado de las indagaciones realizadas por el precitado Director 
del Instituto de Botánica «Darwinion», Dr. Burkart. Esta comu¬ 
nicación resulta doblemente valiosa, por tratarse de manifestaciones 
de un especialista en problemas de las distintas clases de anguilosis. 
El Dr. Burkart, en los estudios realizados con el material que le 
fuera remitido, no encontró ni nemátodos ni hongos. Consultado a su 
vez al especialista argentino Grodsins ky, éste manifestó que podría 
tratarse de hongos de los grupos Aphanomyces o Sclerosporo (Pero- 
nosporales) o de Pitiáceas o Saprolegnáceas, que producirían seme¬ 
jantes deformaciones en las raíces. También pudiera ser, según el 
último de los técnicos indicados, una aguda enfermedad fisiológica. 
Burkartasu vez se inclina a creerlo así, en virtud de haberse pre¬ 
sentado el mal en suelos recién rozados, en cuyo caso no sería dable 
suponer una nemática generalizada, ya que los nemátodes consti¬ 
tuyen organismos parasitarios altamente especializados. Termina 
Burkart su información diciendo, que en el caso de haber altera¬ 
ciones foliares características de ciertas carencias minerales, puede 
haberlas en las raíces. 

Si bien a esta altura del desarrollo de las indagaciones encami¬ 
nadas sobre la base de una amplia cooperación internacional, no se 
llegó todavía a ninguna conclusión definitiva, es de esperar que la 
continuación de los trabajos por parte de especialistas competentes 
de estos países, bien pronto conduzcan a un esclarecimiento satisfac¬ 
torio del problema. 

Igualmente fecunda fué la cooperación internacional en la expe¬ 
rimentación con lino, registrándose hechos interesantes en torno a la 
disminución del poder germinativo de la semilla del lino cosechada 
en condiciones ambientales adversas, caso relativamente frecuente en 
la región serrana de Rio Grande do Sul con humedad excesiva du¬ 
rante la cosecha. 

Entre los problemas de interés común para el anteriormente men¬ 
cionado «espacio ecológico» constituido por la vasta llanura que se 
extiende frente a la Laguna de los Patos en Rio Grande do Sul y la 
Merín en el Uruguay, figura en primer término todo lo relacionado 
con la producción arrocera. Y bien, los resultados de la labor fito- 
genética y de experimentación general obtenidos por el Dr. Bonifacio 
C. Bernardes y colaboradores en la Estación Experimental de 
Arroz en Gravataí, constituyen, desde este punto de vista, un factor 
de cooperación internacional muy significativo. Tuve ocasión de visi¬ 
tar en estos días este importante centro de investigación en proble¬ 
mas del arroz, fundado en 1939 con el aporte financiero del Insti¬ 
tuto del Arroz, por parte del entonces Secretario de Agricul¬ 
tura, Dr. Ataliba de F. Paz. El significado de los trabajos ejecuta¬ 
dos y su alcance internacional, precisamente para las condiciones anᬠ
logas de la vecina región arrocera del Uruguay, constituyen una 



228 


CONFERENCIA X 


nueva prueba práctica de la importancia de la cooperación interna¬ 
cional en materias agronómicas. 

Finalmente debo llamar la atención también sobre el «espacio 
ecológico» de la producción ganadera que abarca, sin respetar la 
línea fronteriza, todo el territorio uruguayo y la parte lindera adya¬ 
cente de Rio Grande do Sul, hasta la región serrana. Son, pues, prác¬ 
ticamente idénticos los problemas de la producción forrajera en am¬ 
bos Estados. Con esta cuestión me siento familiarizado no sólo como 
Director de «La Estanzuela», donde contamos con la Sección Plantas 
Industriales y Forrajeras a cargo del Ing. Agr. T. Henry, destinada 
expresamente a atender las cuestiones pertinentes, sino también en 
mi carácter de Presidente de la Comisión Nacional de 
Estudio del Problema Forrajero del Uruguay. Debido 
a esta feliz circunstancia poseo una visión panorámica del problema 
forrajero del Uruguay, siéndome fácil así comprobar, a través de 
mis viajes ocasionales por la llanura sulriograndense, la gran seme¬ 
janza, para no decir identidad absoluta, del problema pastoril en 
ambas regiones. Por lo mismo son idénticos o semejantes también 
ciertos aspectos de la producción forrajera en base a procedimien¬ 
tos modernos de la agricultura forrajera. Las exigencias crecientes 
de la ganadería semi-intensiva respecto al mejoramiento cuantitativo 
y cualitativo de la producción forrajera, inclusive las cuestiones de 
previsión forrajera (silos, henificación, etc.), ofrecen un vasto campo 
para la cooperación internacional, actividades estas que felizmente 
ya están encaminadas con perspectivas halagadoras para su amplia¬ 
ción futura. 

Señores: Al terminar mi breve exposición de hoy, sobre un tema 
de palpitante actualidad para este pletórico ambiente agronómico, un 
centro realmente grandioso de enseñanza y de investigación de alta 
jerarquía, según lo dejé señalado en párrafos anteriores, agradezco 
en primer término a todos y cada uno de los integrantes de mi ilustre 
auditorio la atención con que siguieron el desarrollo de nuestro tema. 
Luego me dirijo expresamente a la juventud estudiantil, esta falange 
promisoria que me está escuchando de pie, formando así un marco 
bien expresivo, una silueta de relieves propios en torno al auditorio 
sentado, marco que acentúa aún más la impresión alentadora de una 
ilustre reunión de devotos que se dieron cita en este templo de la 
ciencia agronómica, para rendir culto a la noble causa universitaria 
lugareña. 

La juventud está de pie. Un detalle, señores, que interpreto como 
una señal de alerta, una manifestación, tácita sí, pero no por eso me¬ 
nos significativa de su aprontamiento, su buena disposición para 
entrar en acción sin demora. En efecto, está preparada esta juven¬ 
tud pelotense para marchar hacia nuevos horizontes, verdadera tie- 



LABOR CIENTIFICA Y COOPERACION INTERNACIONAL 


229 


rra de promisión en el vasto e inconmensurable terreno de la noble 
causa agronómica, campo de batalla contra el hambre, en el cual 
mucho, para no decir casi todo, está por hacerse todavía sobre la base 
de una amplia, en todos los detalles bien meditada y por ende efi¬ 
ciente, organización del trabajo científico, nuestro tema. 

Más de una vez expresé públicamente mi sincera convicción de 
que la Era de Oro de la Ciencia Agronómica pertenece al futuro. 
El porvenir es de la juventud de hoy, científicamente bien pre¬ 
parada y moralmente lista para tomar en sus manos con todo el 
brío y entusiasmo que le son peculiares, la bandera que les hemos 
de entregar a nuestros sucesores, quienes estamos cerca ya del final 
de la jornada. Jóvenes llamados a alcanzar la meta, debido a encon¬ 
trarse en posesión de nuevas armas de lucha y estar hechos para el 
trabajo científico en equipo. Tengo para mí, que los integrantes de 
las generaciones anteriores, inclusive la nuestra, fuimos sólo van¬ 
guardia de este enorme ejército de soldados del arado, que en noble 
lid pacífica ha de intensificar cada vez más la lucha contra el ene¬ 
migo eterno e implacable de la Humanidad, el hambre. No sólo infra- 
consumo, escasez y penurias, sino hambre verdadera registramos en 
pleno siglo XX con toda su secuela de tribulaciones, sufrimientos 
morales y zozobras para las grandes masas. Una situación insosteni¬ 
ble para una Humanidad, que en el terreno de la mecanización, la 
conquista de la materia inerte y del espacio por intermedio de porten¬ 
tosos aparatos que laceran el aire en las alturas infinitas, ha logrado 
éxitos no sospechados aún en la generación de nuestros padres. 

Los generales y jefes de este enorme ejército pacífico de soldados 
del arado, su estado mayor y los dirigentes de la acción práctica en 
la futura y cada vez más recia y gigantesca campaña contra el ham¬ 
bre, necesariamente han de surgir entre los egresados de las escue¬ 
las y facultades de Agronomía, las cuales, en número siempre ma¬ 
yor, se están instalando en todos los países civilizados, prueba evi¬ 
dente de su necesidad. En estas escuelas, entre ellas también la de 
Pelotas, se están preparando los ingenieros agrónomos del futuro. 
Aunque ellos, por razones obvias, no responden a las anteriormente 
señaladas exigencias superlativas, a las expectativas hiperbólicas y 
por ende sobrehumanas de Fumas, sabrán bien lo que quieren. 
En consecuencia, queriendo lo que saben, no pueden fracasar. Están 
llamados a triunfar en toda la línea. 

Este triunfo amplio y resonante de su acción como profesionales, 
les deseo sinceramente y de corazón a todos vosotros, estudiantes 
jóvenes que me estáis escuchando. ¡Tomad la bandera y adelante sin 
tregua en esta lucha ardua e incesante del hombre contra el hambre! 
Si sabéis ser consecuentes con el programa trazado en la noble lid 
pacífica que les espera, no os faltarán los laureles de la victoria final. 
Una vez más, pues, asigno a la juventud agronómica la meta de su 



230 


CONFERENCIA X 


acción profesional. Cerrando filas y operando sobre la base de una 
organización armoniosa y perfecta del trabajo en equipo, como acabo 
de indicarlo a grandes rasgos, será factible realizar hazañas notables, 
doblemente meritorias por tratarse de un campo de batalla pací¬ 
fico y noble. 

Deseo vivamente, que las conquistas futuras en este importante 
sector del trabajo científico, sean tan significativas, que se justifique, 
en base a hechos inapelables, los cuales se reflejarán en una creciente 
abundancia de alimentos y demás artículos de primera necesidad, la 
aplicación a cada uno y todos los agrónomos del futuro, del título 
de honor que les adjudiqué en mi último libro: ¡Vencedores del 
hambre! 



CONFERENCIA XI 

EL INGENIERO AGRONOMO Y SU FORMACION 

PROFESIONAL 




(Escola de Agronomía «Eliseu Maciel» 
de Pelotas, con motivo de la entrega del 
título de Profesor honoris causa, diciem¬ 
bre de 1947.) 

La aparición, en 1946, de mi libro: «Agronomía. Consejos Meto¬ 
dológicos» dió motivo a que llegasen a mi mesa de trabajo muchas 
manifestaciones de conformidad y hasta de aplauso encomiástico 
respecto a lo expresado. Deduciendo de antemano las exageraciones 
de elogio emanadas de sentimientos de amistad y de aprecio hacia 
el autor, queda la parte substancial, en la cual se refleja el valor 
positivo del libro respecto a la finalidad establecida. Recurriendo a 
la experiencia madura de una larga vida de actuación en el vasto 
campo de las ciencias agronómicas, me había propuesto ofrecer, a 
las generaciones nuevas de estudiantes y profesionales, instrucciones 
sobre los métodos de trabajo para poder alcanzar planos superiores. 
Descansando sobre los hombros de quienes nos acercamos al fin de 
la jornada, nuestros reemplazantes y continuadores han de llegar, 
sin duda alguna, más lejos, al contar con indicaciones precisas acerca 
del camino a seguir. Conociendo la ruta, se evitan recorridos equi¬ 
vocados, en forma de realizaciones superfluas y hasta inútiles, tanto 
en el campo cada vez más extenso de las actividades prácticas de la 
Ingeniería Agronómica en general, como también en los sectores re¬ 
servados a la investigación científica y experimentación metódica. 

Y bien, no deja de ser altamente sugestivo, que entre los aludi¬ 
dos juicios críticos sobre mi libro, no falten referencias a su utilidad 
para orientar a la juventud respecto a su actuación profesional. El 
Ing. Agr. M. E1 g u e t a G., durante mucho tiempo Jefe del 
Departamento de Genética y Fitotecnia del Ministerio de Agricultura 
de Chile, perteneciente en la actualidad al cuerpo técnico del Instituto 
Internacional de Ciencias Agrícolas en Turrialba (Costa Rica), se 
expresa textualmente como sigue: «Aborda Vd. en su libro proble¬ 
mas que nos interesan profundamente, como el de la formación pro¬ 
fesional y la eterna pregunta acerca de la necesidad de la especializa- 
ción. Son éstos, problemas que están en el tapete y que necesitarán 
resolverse a corto plazo. Su larga experiencia le permite verter en su 
trabajo detalles de gran valor para todos los que nos dedicamos a 
estas disciplinas». 

Los lazos culturales y sobre todo los idiomáticos, que invaria¬ 
blemente unen a esta gran tierra brasileña con su madre patria Por¬ 
tugal, me hacen recurrir también a uno de los representantes sobre- 



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CONFERENCIA XI 


salientes de la Agronomía Lusitana, para señalar el gran significado 
y la actualidad de nuestro tema. En efecto, el Prof. Antonio 
Cámara, Director de la Estagáo Agronómica Nacional de, Por¬ 
tugal, en Quinta da Aldeia (Sacavem), bajo el título sugestivo: «Mis- 
sáo do Agrónomo», dedicó al problema todo un brillante «relatorio», 
presentado en la Sesión Plenaria del Primer Congreso Nacional de 
Ciencias Agrarias, realizado en diciembre de 1943 en Lisboa. 

«A missáo do agrónomo» — así resumió su exposición — «desem- 
penhar-se-á nos vários sectores em que pode repartir-se a sua acti- 
vidade: no ensino, na investigagáo científica, na assisténcia técnica, 
no fomento, ñas empresas agrarias — metropolitanas ou coloniais — 
na orientagáo imediata de exploragóes agrícolas, na participagáo ou 
comando de obras de engenharia agrícola, na assisténcia dos orga¬ 
nismos associativos, e nos cargos políticos, relacionados á economía, 
que porventura a sua orientagáo profissional obrigue a desempenhar». 

Continúa, el referido autor, como sigue: «O agrónomo, para 
cumprir cabalmente muitas das suas fungóes, tem de especializar-se. 
Considera mesmo que da profissáo de generalizadores que era, em 
tempos passados, se tornou um campo de actividade de especialistas. 
Tem consciencia que poucos problemas haverá no presente que pos- 
sam resolver-se sem recorrer a variadas especializagóes. Mas sabe, 
que dada a extensáo e complexidade do campo em que é chamado 
e intervir, além dessa espeeializagáo, o agrónomo tem de trabalhar 
tenazmente, sem desfalecimentos, o sem diminuigáo do valor da sua 
especialidade, para obter a maior cultura geral possível, pois só assim 
poderá estar em permanente contacto com as realidades da vida e da 
economía, e manter o indispensável sentido humanitário da profissáo». 

Insiste, el nombrado investigador, sobre el punto en su libro 
metodológico: «No caminho. Guiando urna empresa científica» (Lis¬ 
boa, 1943). La importancia que atribuye al asunto, se refleja en el 
hecho de haber dedicado, sobre un total de 215 págs. que abarca su 
opúsculo, una parte proporcionalmente elevada, o sea la que corre 
de pág. 21 a pág. 31, sólo a este tópico. Señalando con palabra con¬ 
vincente la necesidad de la especialización, Cámara no deja de des¬ 
tacar al mismo tiempo el postulado de una gran cultura general del 
hombre de ciencia. Sólo a través de una síntesis armoniosa de ambas 
características de un científico, cualquiera que sea el sector de la 
ciencia en que actúa, sería factible salir airoso en una empresa tan 
ardua como la que incumbe al universitario maestro e investigador. 

«Especializar-se» — apunta en pág. 22 del referido libro — «é 
urna necessidade vital, tanto para o progresso das ciéncias como para 
o propio homem que pretenda entregar-se ao seu trabalho. Se nao 
houver essa aspiragáo, e se náo tornar realidade, encaminhar-se-á com 
certeza para o vago enciclopedismo, para a ciéncia de lombada que 
poderá servir ocasionalmente como fogo de vistas á mesa de café, 



FORMACION PROFESIONAL 


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ou em centros animados de cavaco, más que para nada servirá na 
produgáo científica...» 

Luego, respecto a la necesidad del complemento mutuo d'e la 
especialización y de la cultura general, A. Cámara presenta sími¬ 
les tan sugestivos como éste: «Se desejassemos já urna imagem que 
traduzisse a indispensabilidade da cultura geral, na vida dos labora¬ 
torios, eu diria imediatamente que se a especializado é a luz que 
revela as coisas, a «cultura geral» é a sombra que as valoriza e lhes 
dá relevo, volume, realidade. No ámbito das ciéncias — torno a decla¬ 
rar — a cultura geral e complemento indispensável na especializado». 

Finalmente, insistiendo sobre el punto, enuncia la siguiente com¬ 
paración, la cual, en nuestro caso, resulta especialmente atractiva 
por la alusión a las actividades agrícolas en general: «A falta de cul¬ 
tura geral, nos cientistas, que durante anos fóssem avessos aos seus 
beneficios, seria semelhante á situado dum agricultor que posuisse 
urna magnífica térra, á beira dum ribeiro e que nao aproveitasse a 
riqueza que ela continha, por nao a saber trabalhar, espedregando-a, 
mobilizando-a e regando-a». 

Prescindiendo de tales referencias al ideario ajeno, en las cuales 
se contempla sobre todo la actuación del ingeniero agrónomo en el 
terreno científico, ya sea como Profesor de las juventudes o como 
investigador «sensu stricto», corresponde encarar nuestro tema desde 
los puntos de vista más amplios aún, involucrados en la formulación 
del epígrafe. Según A. T h a e r, padre de la Agronomía como ciencia 
disciplinada, el Ingeniero Agrónomo en su carácter de universitario 
preparado expresamente para el ejercicio de una profesión al servi¬ 
cio de la producción agropecuaria, debe estar capacitado para dirigir 
las actividades destinadas a obtener el mayor rendimiento posible del 
proceso productivo en beneficio de la colectividad, desde luego sin 
descuidar al mismo tiempo bien justificados intereses personales. 

En el plano superior de su posición como profesional familiari¬ 
zado con el método del razonamiento científico, el ingeniero agró¬ 
nomo debe estar en condiciones de desenvolver, por sí solo y para 
cada caso que pudiera presentársele en la realidad práctica de las 
industrias agropecuarias, las razones que han de regir el engranaje 
de la explotación. En otras palabras, la Agricultura como arte ejecuta 
una ley o regla ya establecida y aceptada, como algo de validez con¬ 
sagrada para determinado ambiente. En cambio, la Agronomía como 
ciencia deduce por sí misma la respectiva ley o regla, en base a obser¬ 
vaciones o reflexiones sobre causa y efecto de los sucesos y las medi¬ 
das administrativas pertinentes. 

Desde los puntos de vista amplios de una posición más elevada, 
la ciencia agronómica debe difundir luz acerca de las aludidas deci¬ 
siones administrativas en relación con el tecnicismo productivo. Le 
corresponde a ella asimismo, esclarecer la razón o sinrazón de opi- 



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CONFERENCIA XI 


niones arraigadas y prácticas rutinarias. En cada caso concreto el 
Jefe dirigente de una explotación agropecuaria de cierta importan¬ 
cia, en posesión del caudal de los conocimientos técnicos pertinen¬ 
tes, debe encontrarse posibilitado para hacer su composición de lugar. 
Con un dominio soberano de todos los detalles en torno a los facto¬ 
res que deciden el resultado final del funcionamiento de un sistema 
factorial complejo como el de la producción agropecuaria, debe saber 
jalonar claramente la ruta a seguir. Su razonamiento se complica aun 
más, en virtud de tratarse, en el aludido sistema factorial, en primer 
término de factores ajenos a su intervención directa, como suelo y 
clima, resultando por lo mismo, el proceso productivo de las indus¬ 
trias rurales más aleatorio y caprichoso que el de una industria fabril. 
Aun así, los conocimientos universitarios adquiridos han de permi¬ 
tirle, recurriendo a un razonamiento lógico, y siempre dentro de lo 
humanamente posible, anticipar el resultado a esperarse en un pro¬ 
ceso productivo inspirado en sus meditaciones y disposiciones direc¬ 
trices, basadas en una apreciación anticipada respecto a los resulta¬ 
dos presumibles del juego factorial correspondiente. 

Tales ideas básicas sobre la misión del ingeniero agrónomo como 
Jefe dirigente de la producción rural a través de una acertada actua¬ 
ción práctica integral, toman, sin embargo, todos los contornos de 
algo irrealizable, en el postulado hiperbólico del «súper agrónomo», 
establecido por C. C. Fumas en su conocido libro: «Los próxi¬ 
mos 100 años. Lo que la ciencia aún debe realizar». En efecto, el nom¬ 
brado autor norteamericano, como ingeniero químico ajeno a las alu¬ 
didas reglas y leyes que presiden y deciden en última instancia el 
resultado final del proceso productivo en los sucesivos años agrícolas, 
con sus exigencias desmedidas pretende demasiado. Exige lo sobre¬ 
humano no asequible en la realidad del trabajo rural. 

Sea como sea la evolución futura de las actividades prácticas del 
ingeniero agrónomo, en primer término los egresados de las faculta¬ 
des y escuelas de Agronomía tendrían que ser Jefes Directores de 
la producción agropecuaria. En forma semejante a lo que se registra 
también en otros campos científicos, especialmente en los de la cien¬ 
cia aplicada como la Medicina, Química, Ingeniería, etc., es menester, 
pues, adquirir conocimientos básicos en todas las ramas científicas 
relacionadas con la Agronomía. 

Sería este el programa mínimo de la anteriormente mencionada 
«cultura general», requisito imprescindible para que el futuro profe¬ 
sional pueda desempeñar el papel que la misma colectividad le 
asigna al incorporarle, con el otorgamiento de su título universitario, 
al grupo de los amparados por los privilegios derivados de las leyes 
del Estado sobre el ejercicio de esta clase de profesiones libres. Sería 
contraproducente, por lo tanto, dar comienzo a estudios de especia- 
lización antes de haberse terminado el cimiento básico del saber 
cada vez más amplio y ramificado tan sólo ya en las materias agro- 



FORMACION PROFESIONAL 


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nómicas propiamente dichas. Dependerá de las condiciones intelec¬ 
tuales y demás circunstancias de cada caso individual, el aumentar 
aun más esta estructuración básica de la carrera agronómica. Una 
cultura general amplia y sólida será para el respectivo profesional 
una gran ayuda, a fin de emprender, con perspectivas de éxito, tanto 
las distintas actividades de índole práctica que se le ofrecen al novel 
egresado de las aulas, como también las tareas científicas en la ense¬ 
ñanza e investigación, donde la especialización constituye, sin duda 
alguna, un mandato ineludible. 

La actuación práctica como técnico dirigente de la producción 
vegetal y animal, inclusive la industrialización y comercialización de 
los productos reclamados por el sector urbano de la Humanidad, cada 
vez más numeroso, no ha de limitarse al manejo de propiedades rura¬ 
les suficientemente extensas e importantes, al grado de exigir y 
soportar los gastos requeridos por la contratación de un Ingeniero 
Agrónomo. El Estado como fideicomisario de la colectividad, intere¬ 
sado y hasta obligado a fomentar la producción rural, grandes empre¬ 
sas industriales que elaboran productos agropecuarios como materia 
prima, corporaciones y sociedades rurales, etc., suelen recurrir con 
frecuencia al asesoramiento y dirección técnica de la producción por 
intermedio del ingeniero agrónomo, a fin de lograr así una mayor 
eficacia del proceso productivo. En tales casos y, sobre todo, al 
tratarse del asesoramiento del pequeño labrador y criador, por 
técnicos del Estado, verbigracia los Agrónomos Regionales, o instruc¬ 
tores ambulantes encargados de suministrar enseñanza práctica en 
determinada cuestión de actualidad, prevalece la exigencia de una 
preparación amplia, que ha de capacitar al respectivo profesional a 
prestar sus servicios técnicos en los numerosos y siempre variados 
problemas que suelen ocurrir en los ambientes rurales. 

Se presenta en tales circunstancias, una situación comparable 
hasta cierto punto, con la del médico radicado en distritos rurales, a 
quien se le reclama asistencia en toda clase de enfermedades y acci¬ 
dentes. Frecuentemente, esta primera etapa de ayuda médica ha de 
requerir el complemento de una consulta al especialista y aún la 
intervención quirúrgica y los tratamientos curativos muy delicados 
asequibles sólo en centros urbanos, dotados del vasto aparato clínico 
de la Medicina moderna. Contando con todos los recursos de una espe¬ 
cialización cada vez más refinada, los aludidos sanatorios y clínicas 
desempeñan una función similar a la de los grandes centros de inves¬ 
tigación agronómica. 

Con todo, la especialización agronómica no se limita a las cues¬ 
tiones que requieren una preparación excepcional más o menos 
amplia e intensa en las respectivas materias, tanto de la Agronomía 
propiamente dicha, como también de sus ciencias auxiliares. La depen¬ 
dencia tan marcada de la producción agropecuaria, del factor «Natu¬ 
raleza», implica una gran variación del proceso productivo supeditado 



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CONFERENCIA XI 


siempre a las condiciones ambientales de suelo y clima. Si a un 
médico se le presenta un caso de bronquitis, pulmonía, apendicitis o 
lo que sea, el tratamiento curativo a seguir, en principio será igual 
en cualquier parte del mundo. En cambio, para el ingeniero agró¬ 
nomo no será lo mismo dirigir la producción triguera en condiciones 
extensivas o intensivas, en tierras de secano o en suelos húmedos y 
compactos, en las vastas llanuras de estos países o en lugares mon¬ 
tañosos con predios pequeños, subdivididos hasta llegar al minifun¬ 
dio, como sucede en comarcas densamente pobladas de Asia y Europa. 
Debido a las aludidas exigencias ecológicas señaladas brevemente a 
título de ejemplo, surgen modificaciones del trabajo, algo así como 
una «especialización» tan sólo ya respecto al cultivo adecuado de una 
de las tantas plantas agrícolas. 

Las aludidas variaciones de suelo y clima lógicamente originan 
diferencias de explotación igualmente en lo referente a los cultivos 
preferidos en las distintas regiones, con el consiguiente cambio tam¬ 
bién en las funciones directrices que obligan a dedicarse, con mar¬ 
cada atención, a determinados cultivos, o sea «especializarse». Ejem¬ 
plificando lo expresado en algunos casos típicos de la agricultura de 
la parte austral del Brasil, resulta evidente que la extensión e impor¬ 
tancia de la explotación arrocera en las llanuras sulriograndenses 
originan una verdadera especialización de numerosos ingenieros 
agrónomos en la explotación de este valioso cereal. Esta misma Escola 
de Agronomia «Eliseu Maciel» tuvo en cuenta la referida situación 
de hecho, procurando suministrar al estudiantado una preparación 
esmerada en topografía, riego y otras cuestiones de interés para 
la siembra del arroz. Las explotaciones de horticultura, fruticultura y 
viticultura en otras partes del floreciente Estado de Rio Grande do 
Sul, luego más al norte las vastas monoculturas de tabaco, de algo¬ 
dón, de la caña de azúcar, de la mandioca, del café y de muchas 
otras plantas de la región subtropical, implican tácitamente cierta 
especialización del ingeniero agrónomo, llamado a desempeñar fun¬ 
ciones directrices en la práctica productiva. 

Esta forma de especialización en el ejercicio práctico de las 
actividades profesionales, tanto en establecimientos ganaderos, como 
también en explotaciones agrícolas, será fácil de obtener aun después 
de haber terminado ya los cursos corrientes de la Agronomía. Salvo 
casos excepcionales, como verbigracia la dedicación a trabajos zoo¬ 
técnicos en cabañas y establecimientos análogos, la actuación fito- 
técnica como director de algún criadero o semillero de plantas agrí¬ 
colas, las actividades más bien químicas como enólogo en la indus¬ 
tria vinícola y otras ramas de la tecnología, que requieren una pre¬ 
paración especializada a fondo, bastará la enseñanza ofrecida en los 
cursos generales. 

Sin entrar en detalles, no cabe duda de la necesidad imperiosa de 



FORMACION PROFESIONAL 


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la especialización, cuando se trata de realizaciones científicas desti¬ 
nadas a descubrir algún hecho nuevo o esclarecer determinado pro¬ 
blema complejo dilucidado sólo en parte. La extensión inconmen¬ 
surable de los conocimientos solamente en un sector limitado del 
saber humano, exige imperiosamente la especialización. Ante el 
mandato inexorable de ajustarse a lo que las energías físicas y el 
tiempo disponible durante las 24 horas del día para las actividades 
científicas le permitan realizar al investigador individual, surge la 
obligación ineludible de subdividir el trabajo para poder dominarlo, 
en vez de llegar a ser su esclavo. Desde este punto de vista, el cono¬ 
cido aforismo romano: «Divide et impera!» conserva toda su validez 
también para las tareas, primero de adquirir el saber, luego de tras¬ 
mitirlo a las nuevas generaciones a través de la enseñanza y final¬ 
mente dedicarse a su ampliación por intermedio de la investigación 
propia. Tan sólo a fin de llegar al dominio de conocimientos sólidos 
y detallados en determinada cuestión, hay que dedicarse a ella dete¬ 
nidamente, estudiándola a fondo. 

La verdad involucrada en otra de las sentencias eternas de la 
antigua Roma: «Non multa, sed multum!», equivalente en castellano 
a la verdad refranera: «Quien mucho abarca poco aprieta», conserva 
toda su validez también para las actividades científicas de hoy. En 
vez de distraer sus energías en muchas cuestiones distintas, el hom¬ 
bre de ciencia debe concentrarse más bien a una sola, especializán¬ 
dose en la materia hacia la cual pudiera sentirse atraído, a fin de 
dedicarle el referido «multum», o sea un trabajo intenso, consecuente 
y tenaz. En párrafos iniciales del capítulo XIII de mis «Consejos 
Metodológicos» señalé, desde el mismo punto de vista, el símil del 
soplete, establecido por Bernardo A. H o u s s a y, conquistador, en 
1947, del Premio Nobel, por sus relevantes descubrimientos en fisio¬ 
logía médica. La llama del soplete, aplicada en un solo punto, perfora 
el metal más duro, pero paseada incesantemente de un lado para otro, 
no alcanza ni siquiera a entibiarlo. Una variante moderna, por cierto 
muy sugestiva, del refrán romano: «Gutta cavat lapidem, non vi, sed 
saepe cadendo» (La gota es blanda, y la piedra es dura, pero cayendo, 
hace cavadura). 

El cultivo intenso de determinada rama de especialización no 
excluye la ocupación, aunque sea en forma más superficial, con los 
sucesos y el progreso de la investigación en otros sectores de la 
Agronomía, sobre todo en los terrenos lindantes con el de la especia¬ 
lización elegida por el respectivo hombre de ciencia. Cuanto más per¬ 
fecta sea la síntesis armoniosa entre la anteriormente señalada cul¬ 
tura general de algún científico y su especialización, tanto más profi¬ 
cuo resultará su trabajo. Es éste el significado de la investigación 
integral, a la cual atribuyo singular importancia, precisamente en el 
terreno de las ciencias agronómicas. A fin de ejemplificarlo con un 
caso de actualidad que atañe directamente a la Agronomía, elijo el 



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CONFERENCIA XI 


siguiente. Es evidente que la producción de alimentos a través del 
cultivo de cereales y otras especies, tendría que estar orientada desde 
los puntos de vista de una visión de conjunto de las cuestiones de 
detalle pertinentes. Efectivamente, teniendo presente que la planta 
absorbe desde el suelo como substrato productivo del cultivo alimen¬ 
ticio, cuya calidad a su vez es la base de la salud física y hasta men¬ 
tal del hombre, no debieran faltar investigadores capacitados para 
unir en un solo armonioso conjunto los resultados de la investiga¬ 
ción de detalle. Esto, en la mayoría de los casos, ha de requerir el 
trabajo de un equipo integrado por especialistas en las distintas 
ramas atinentes al problema. 

Las realizaciones a cargo de especialistas en suelos, en nutrición 
vegetal, en genética aplicada, luego los trabajos realizados por los 
versados en la química de los cereales y otras especies vegetales, y 
hasta en nutrición humana como sector de la Medicina, deben con¬ 
verger, por lo tanto, a una interpretación sintética por científicos 
capacitados para ello. Sólo así será factible resolver íntegramente este 
problema fundamental de una Humanidad en constante aumento, en 
consonancia con las exigencias de un mayor «confort», adecuado a la 
civilización contemporánea. 

La ya anteriormente mencionada fórmula tan sencilla y tal vez 
excesivamente simple, respecto a la tendencia impuesta al hombre 
moderno por las circunstancias en el sentido de tratar de aprender 
cada vez más y más acerca de cada vez menos y menos, no basta 
para llegar a soluciones satisfactorias en cuestiones como la aludida. 
Los especialistas dedicados a sus investigaciones de detalle en com¬ 
partimientos aislados y cada vez más reducidos, de nuestro sector 
científico del majestuoso templo del saber general, al trabajar sin 
contacto mutuo en las respectivas actividades, se ven expuestos a 
provocar desorientación. En casos extremos, que felizmente no son 
frecuentes, llegaríamos entonces a algo así como una situación caó¬ 
tica en vez de la equilibrada armonía que invariablemente debe pre¬ 
sidir las actividades científicas. 

En virtud de ser muy raros los casos en que un solo científico 
domine todas las materias aludidas, habrá que recurrir, ante un pro¬ 
blema como el referido, a la cooperación. La ciencia agronómica 
cuenta, precisamente a tal efecto, con estaciones experimentales y 
centros de investigación dotados a veces de toda una red de estacio¬ 
nes experimentales, para abordar el estudio de problemas como el 
señalado a guisa de ejemplo. 

Sin extenderme en este aspecto del tópico que fué expuesto ante 
este mismo auditorio en mi disertación de setiembre próximo pasado 
sobre la organización de la labor científica en materias agronómicas, 
he querido señalar el hecho como tal en su vinculación con el punto 
en el tapete, o sea la necesidad de la especialización. Aumentan los 
conocimientos de detalle a expensas de la visión de conjunto y por 



FORMACION PROFESIONAL 


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ende la comprensión e interpretación adecuada de algún problema 
complejo, desde el punto de vista de su contacto con otras cuestio¬ 
nes. Se impone, pues, un estudio integral de muchos detalles, siem¬ 
pre con la aplicación de un verdadero «criterio agronómico», ya sea 
a través de un solo investigador capacitado para ello o bajo la direc¬ 
ción del jefe dirigente de un equipo orientado armoniosamente hacia 
la finalidad común. 

Ante esta importancia indiscutible de la especialización, es lógico 
que también los gobiernos, por intermedio de las autoridades encarga¬ 
das de la enseñanza e investigación de los respectivos países, se preocu¬ 
pen por esta modalidad de la enseñanza universitaria facilitando la 
formación de especialistas. Son bien conocidas las llamadas becas de 
perfeccionamiento que permiten tanto al estudiante avanzado como 
al profesional ya recibido, lograr el desiderátum de una especiali¬ 
zación esmerada en determinada materia, por cursos o viajes de per¬ 
feccionamiento. Justamente en el Brasil existen posibilidades amplias 
para ambos procedimientos de propender al perfeccionamiento pro¬ 
fesional en determinadas ramas de la Agronomía. 

Abundan, por lo mismo, los ejemplos en que se cuenta, desde ya, 
con especialistas sobresalientes en distintos sectores de la ciencia 
agronómica, tanto en las de la Agronomía propiamente dicha como 
también en ciencias auxiliares. Partiendo de la base común de la 
enseñanza general en Agronomía, se han venido formando botánicos 
de fuste, químicos sobresalientes en edafología, como vuestro gran 
Theodureto de C a m a r g o, genetistas descollantes tanto en Genética 
Vegetal y Animal y hasta Genética Teórica y especialistas de primer 
orden en muchos otros sectores del campo agronómico. 

El hecho de que eventualmente un novel investigador especia¬ 
lista no encuentre en seguida la comprensión por parte de colegas 
orientados preferentemente hacia la actuación práctica general, no 
debe dar motivo al desaliento. Hago expresamente referencia al caso 
mencionado también en mi libro sobre metodología agronómica, del 
ingeniero agrónomo argentino A. P. Cercos, quien, en su carácter de 
«drosophilista» se vió constantemente condenado a oír preguntas 
como ésta: «¿Y para qué sirve haber encontrado moscas que no vue¬ 
lan?» El tiempo dirá lo que valdrán descubrimientos netamente cien¬ 
tíficos como éstos a través de su utilización por hombres dotados de 
la visión integral de los problemas. En este sentido resulta sugestiva 
la palabra del gran Ramón y Cajal enunciada en su obra 
«Reglas y Consejos» al expresar respecto a la labor científica, muchas 
veces superflua para el profano: «No hay cuestiones pequeñas; las 
que lo parecen son cuestiones grandes no comprendidas». 

Por otra parte, el agrónomo no especializado tampoco debe care¬ 
cer de conocimientos acerca de hechos ya definitivamente consagra¬ 
dos en determinadas ramas de alta especialización. Trayendo a cola- 



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CONFERENCIA XI 


ción nuevamente un ejemplo instructivo de la Genética Teórica, 
resulta imprescindible que también el agrónomo corriente conozca 
sucesos fundamentales en torno de la substancia hereditaria, estu¬ 
diada en detalle por especialistas en Citología, sobre su base física 
en los cromosomas. Tendría que conocer, por lo tanto, la diferencia 
entre lo que es una mitosis y una meiosis. En cuanto a la Citología 
propiamente dicha, tampoco debe carecer de un concepto claro de lo 
que son, por ejemplo, tejidos meristémicos, de tanta importancia para 
la Genética Teórica y para la Fitopatología. Ejemplificando lo que 
acabo de expresar, respecto al terreno fitopatológico, señalo el papel 
tan importante que desempeña el tejido meristémico en cualquier 
clase de injertos. Respecto al problema siempre actual del uso de 
injertos de la vid en la lucha contra la filoxera, cualquier agrónomo 
que tenga que ver con viticultura, debería saber, verbigracia, que la 
falta de segregación de tejidos meristémicos en el punto de contacto 
de los aludidos injertos, constituye un factor adverso para lograr éxito 
en la defensa de los viñedos contra tan temible plaga. El descono¬ 
cimiento de esta clase de detalles, dejaría sin explicación los fre¬ 
cuentes casos de un fracaso de la aludida medida defensiva contra 
la filoxera por este procedimiento de la utilización de injertos resis¬ 
tentes a ella. 

No cabiendo en el margen estrecho de una disertación sintética 
como ésta, el extenderme en detalles acerca de las distintas cuestiones 
abordadas, doy por suficientemente documentados sus aspectos esen¬ 
ciales. Aconsejo, sin embargo, no perder nunca la vinculación con la 
realidad productiva. En recompensa de esta conducta, o sea la conser¬ 
vación del contacto con la Madre Tierra, ella retribuye como en el 
caso de la figura mitológica de Anteo, este cariño de su hijo pre¬ 
dilecto, el Homo sapiens, a través de la constante renovación de las 
energías físicas y agilidad espiritual, consumidas, hoy más que nunca, 
por nuestra vida agitada y carente de posibilidades de concentración, 
debido a la exagerada mecanización que caracteriza la era del super- 
industrialismo. De esta manera le será más fácil, justamente al agró¬ 
nomo dedicado a tareas de gabinete, conservar su entusiasmo por el 
trabajo, venciendo el obstáculo involucrado en el cansancio espiritual. 

La alternación entre las actividades de gabinete y la labor prác¬ 
tica en las faenas agropecuarias de toda índole, o sea la síntesis 
fecunda entre la actuación integral y la especialización, en el terreno 
de la Agronomía contribuye, sin duda alguna, a elevar el nivel de la 
actuación profesional. Justamente entre los agrónomos capacitados 
para una actuación integral como la aludida, surgirán los triunfa¬ 
dores. Triunfarán no sólo en el sentido de llegar a la cumbre, aspi¬ 
ración que los especialistas suelen alcanzar con relativa facilidad en 
los respectivos terrenos de especialización, sino se levantarán a 
mayor altura aún, alcanzando las estrellas, al ser inscrito su nombre 



FORMACIÓN PROFESIONAL 


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como científicos, en el firmamento agronómico de las Ciencias 
Naturales. 

Es mi deseo vehemente que entre éste, mi auditorio de hoy, sur¬ 
jan triunfadores en la más elevada acepción del concepto. ¡Formulo 
sinceros votos para que muchos de los profesionales que me escu¬ 
chan, inclusive los jóvenes que pudieran sentirse inclinados hacia 
la investigación científica, lleguen a inscribir sus nombres en sendas 
estrellas del firmamento sudamericano de las Ciencias Naturales, a 
fin de quedar así inmortalizados para siempre: «per saecula 
saeculorum»! 




CONFERENCIA XII 

PRACTICA GENERAL Y ESPECIALIZACION 
EN LA CARRERA AGRONOMICA 




(Buenos Aires, Instituto Agrario 
Argentino, abril de 1948.) 


Aspectos generales del tema. — Cuando T h a e r, el padre de 
la Agronomía, al comienzo del siglo XIX estableció los principios 
básicos de la agricultura «racional», no podía imaginarse una evolu¬ 
ción, de la magnitud que actualmente presenta la Agronomía, rama 
vigorosa de las ciencias naturales aplicadas. Calificando las activida¬ 
des agropecuarias, como una industria destinada a obtener el mayor 
rendimiento posible de un establecimiento rural racionalmente diri¬ 
gido en beneficio, tanto de la economía privada, como de la riqueza 
colectiva, señala en las páginas de su obra clásica sobre la agricultura 
racional, el método apropiado al efecto de lograr la finalidad anhelada. 

En cuanto al conjunto de la preparación del hombre para el noble 
oficio de agricultor — en el sentido amplio del concepto — Thaer 
enuncia tres formas de enseñanza, marcando con toda claridad la 
posición sobresaliente de la Agronomía como ciencia, con actividades 
dirigentes frente a las tareas ejecutivas que incumben a la Agri¬ 
cultura como arte. Las tres categorías o formas de enseñanza esta¬ 
blecidas así por el maestro son éstas: 

l 9 La simplemente mecánica o empírica, consistiendo en el ejer¬ 
cicio imitador de manipulaciones, de la percepción del compás rít¬ 
mico, etc. Es más bien una enseñanza de adiestramiento. 

2 9 La enseñanza del arte que consiste, según Thaer, en pro¬ 
yectar una idea hacia el terreno de la realidad. El agricultor que 
ejecuta su profesión como un «arte», acepta la idea o regla de su 
procedimiento como emanación de un razonamiento ajeno, que le 
merece confianza. El aprendizaje del arte consiste, pues, en la com¬ 
prensión de ideas establecidas por otros o en el estudio de reglas ya 
definidas y el ejercicio de su aplicación. 

3 9 La enseñanza científica, finalmente, desenvuelve más bien las 
razones que permiten encontrar, por sí solas, el procedimiento más 
adecuado para cada caso especial que pudiera presentarse y que la 
ciencia misma enseña a discernir con toda sutileza. El arte ejecuta 
una ley o regla ya establecida y aceptada debido a su validez gene¬ 
ral. La ciencia, en cambio, a través del razonamiento, deduce la ley, 
estableciéndola por sí misma como tal. Tampoco la ciencia debe 
carecer del conocimiento de los resultados recogidos en la expe¬ 
riencia y la reflexión ajena. Apreciándolos en su justo alcance, le 
incumbe la tarea de tratar de dilucidarlos, profundizando cada vez 
más el estudio del detalle por intermedio de los distintos métodos 



248 


CONFERENCIA XII 


de investigación. Debe difundir luz acerca de todas las decisiones 
técnicas y las operaciones manuales, tratar de encontrar la razón o 
sinrazón de opiniones arraigadas y en cada caso concreto conducir al 
descubrimiento de la ruta a seguir, anticipando el hecho a esperarse 
en la práctica productiva a raíz de su razonamiento teórico. 

Estas ideas de Thaer, destinadas a cimentar la ciencia agronó¬ 
mica con elementos tomados de los distintos sectores del saber de 
aquella época, interesan aquí en su vinculación con el tema del epí¬ 
grafe. En efecto, aun la enseñanza universitaria como finalidad de 
la entonces «nueva» ciencia agronómica, según Thaer debe estar 
orientada hacia la práctica productiva. Desde los comienzos de la 
Agronomía como ciencia universitaria, fué éste el motivo y la fina¬ 
lidad del estudio agronómico por parte de los llamados a dirigir la 
producción rural en establecimientos de cierta importancia y por 
ende, meta también de las actividades docentes. 

Como síntoma elocuente del aludido período, basta señalar la 
práctica muy difundida de exigirle al estudiantado del último curso, 
la presentación de un «plan de explotación» como tesis para optar al 
título de Ingeniero Agrónomo. En otras palabras, la integridad de la 
enseñanza, orientada invariablemente hacia la preparación de uni¬ 
versitarios capacitados para dirigir «racionalmente» explotaciones 
agropecuarias, fué, durante mucho tiempo, una característica general 
de la enseñanza universitaria en Agronomía. 

El estudio disciplinado de las diferentes materias agronómicas 
tenía que capacitar al futuro profesional a discernir, con criterio pro¬ 
pio, entre las medidas prácticas a elegirse, según las circunstancias 
del caso, para lograr el más alto coeficiente posible del rendimiento 
productivo y financiero. Sólo la gran variabilidad del factor «Natu¬ 
raleza» {suelo y clima), luego la diferencia más bien circunstancial 
respecto al capital y la mano de obra disponibles en cada caso, que¬ 
dando la orientación del engranaje en conjunto siempre supeditado 
también a la ubicación del establecimiento en relación al mercado, 
obligaron a un razonamiento metódico. Suministrar los elementos de 
juicio básicos y capacitar a los futuros dirigentes de la producción 
agropecuaria a razonar en base a los conocimientos teóricos adquiridos 
a través del estudio universitario, fué la misión inicial de la Agro¬ 
nomía como ciencia. 

Resulta, pues, que la enseñanza universitaria en Agronomía, 
salvo los casos de tener que preparar también profesores maestros 
para la enseñanza media y técnicos capacitados para determinadas 
finalidades de asesoramiento y fomento, que pudieran interesar a las 
respectivas Administraciones Públicas, en primer término quedó 
orientada hacia la «práctica general». Fué una situación comparable 
con la de la Medicina en períodos anteriores, cuando el «especialista» 
constituía la excepción. Los médicos actuaban preferentemente sobre 



PRÁCTICA GENERAL Y ESPECIALIZACION 


249 


la base de conocimientos amplios en Medicina General. En el pre¬ 
sente, sin embargo, esta misma «Medicina General», dentro del pano¬ 
rama tan vasto de las respectivas actividades profesionales, consti¬ 
tuye a su vez, paradójicamente, algo así como un sector «especial» 
al lado de las numerosísimas ramas de especialización cada vez más 
refinadas en que se subdivide la ciencia médica moderna. El Inge¬ 
niero Agrónomo preparado para actuar en Agronomía General, fué 
el representante típico de los pofesionales de antaño, formados en las 
respectivas Escuelas Superiores o Facultades de Agronomía. 

Esa situación, en consonancia con la evolución vertiginosa que 
se registra en todas las actividades del hombre civilizado en esta era 
del industrialismo desenfrenado, ha venido cambiando rápidamente 
en todas partes del mundo. El problema de la formación profesional 
del Ingeniero Agrónomo para su actuación en la práctica general, 
en la actualidad deja de constituir la única o principal finalidad de la 
enseñanza. A medida que el campo total de la ciencia agronómica 
se haya venido subdividiendo en sectores de especialización cada 
vez más reducidos, se acentúa la necesidad de ajustarse a la situa¬ 
ción así creada. Hay que tenerla en cuenta no sólo en la enseñanza 
universitaria, sino más aún, respecto a su repercusión sobre la misma 
actuación profesional. La disyuntiva entre la práctica general y la 
especialización del Ingeniero Agrónomo, deja de constituir una cues¬ 
tión teórica, más bien de meras controversias académicas. 

Por estar en juego el resultado de las actividades profesionales, 
se trata de un tópico que rebasa los límites del claustro, interesando, 
grandemente a este distinguido auditorio que me escucha bajo los 
auspicios del Instituto Agrario Argentino. En el plano superior de su 
posición como profesional familiarizado con el método del razo¬ 
namiento científico, el Ingeniero Agrónomo debe estar en condicio¬ 
nes — insisto sobre el punto — de poder desenvolver, por sí solo y 
para cada caso que pudiera presentársele en la realidad práctica de 
las industrias agropecuarias, las razones que han de regir el engra¬ 
naje de la explotación. En posesión del caudal de los conocimientos 
técnicos pertinentes, estará capacitado para efectuar su composición 
de lugar frente a los más variados casos de la práctica productiva. 
Con un dominio soberano de todos los detalles en torno a los facto¬ 
res que deciden el resultado final del funcionamiento de un sistema 
factorial complejo como el de la producción agropecuaria, el Inge¬ 
niero Agrónomo debe saber jalonar claramente la ruta a seguir. 

Su razonamiento se complica aún más, en virtud de intervenir 
en el complejo juego de fuerzas pertinentes, factores importantes, 
ajenos en absoluto a su intervención directa, como suelo y clima. El 
proceso productivo de las industrias rurales resulta, por lo mismo, 
más aleatorio y caprichoso que el de una industria fabril corriente. 
Aun así, los conocimientos universitarios adquiridos, han de permi¬ 
tirle al agrónomo que actúa en la práctica, recurriendo a un razo- 



250 


CONFERENCIA XII 


namiento lógico, anticipar el resultado a esperarse en un proceso 
productivo. Su razonamiento en base a sus conocimientos teóricos le 
permitirá — así lo establece Thaer — juzgar anticipadamente los 
resultados presumibles del juego factorial correspondiente. 

Tales ideas básicas sobre la misión del Ingeniero Agrónomo, lla¬ 
mado a dirigir, a través de una acertada actuación práctica integral, 
la producción agropecuaria, requieren sin embargo, en la época pre¬ 
sente y más aún en fechas futuras, el complemento de una actuación 
especializada. Lógicamente, este postulado respecto a las actividades 
profesionales, implica al mismo tiempo una preparación especiali¬ 
zada, sea en las aulas o sea por cursos de perfeccionamiento, inclu¬ 
sive la subdivisión de la carrera en sectores de especialización, sub¬ 
división doblemente necesaria, al tratarse de trabajos de gabinete 
y hasta imprescindible para la actuación del Ingeniero Agrónomo 
como investigador y maestro profesor de juventudes. 

Entre ambas tendencias o finalidades de la carrera agronómica 
surgen así rivalidades, las cuales bien merecen ser establecidas en 
el objeto informativo de una disertación como ésta, destinada a disi¬ 
par dudas en beneficio de la causa profesional y por encima de todo, 
del progreso agropecuario, singularmente importante para el mundo 
entero, en este período de una crisis alimenticia sin precedentes. Jus¬ 
tamente debido a la creciente importancia de la producción rural en 
el engranaje complicado de la economía mundial, el problema plan¬ 
teado encuentra creciente atención. 

A los productos alimenticios de toda índole y una buena parte 
de las exigencias humanas en abrigo y «confort», debemos agregar, 
como consecuencia del industrialismo en constante avance, las nece¬ 
sidades de poderosas industrias que descansan, en cuanto a materia 
prima, sobre productos del reino orgánico, sea substancia vegetal 
o animal. La celulosa de madera, borra de algodón, substancias pro- 
téicas de la soja, caseína animal y vegetal son requeridas por la 
industria de las fibras sintéticas. La fabricación de materias plás¬ 
ticas (baquelita, galactita, etc.) origina una creciente demanda, ade¬ 
más de la ya mencionada celulosa, de aceites, grasas, aserrín, recor¬ 
tes de papel, alcoholes y proteínas, productos todos éstos oriundos 
del reino vegetal. A ellos debe agregarse todavía substancias anima¬ 
les como urea, caseína y glicerina. 

En resumen: la demanda por productos orgánicos de origen vege¬ 
tal o animal, está en constante aumento. Tan sólo ya el consumo de 
la madera destinada a ser transformada en celulosa, durante los últi¬ 
mos decenios tomó proporciones gigantescas (papel de prensa, explo¬ 
sivos, etc.), originando la destrucción de vastas superficies selváticas 
en todas partes del mundo, con la repercusión desfavorable, a su vez, 
sobre la producción agrícola (erosión del suelo, desecamiento de las 
tierras, descenso de la fertilidad y otros aspectos del problema.) 

Se explica que una profesión como la del Ingeniero Agrónomo, 



PRÁCTICA GENERAL Y ESPECIALIZACION 


251 


llamada a dirigir la producción agropecuaria en sus aludidas rami¬ 
ficaciones de toda índole, a medida que el mencionado ritmo de un 
industrialismo desenfrenado se acentúa, aumenta en importancia. 
Tanto en el vasto campo de la práctica productiva en general, como 
también en los sectores de la especialización y sobre todo en las acti¬ 
vidades científicas, se presentan horizontes amplios para los Inge¬ 
nieros Agrónomos en su aspecto de profesionales llamados a dilu¬ 
cidar y resolver los múltiples problemas involucrados en la creciente 
demanda por productos agropecuarios de toda clase. 

Con el objeto de ejemplificar el caso, hago mención de dos auto¬ 
res norteamericanos, bien conocidos también en estos países. El nom¬ 
bre de uno de ellos, C. C. Fumas, resulta familiar a raíz de su 
libro: «Los próximos 100 años». En cuanto al otro, Henry A. Wal¬ 
ia c e, se le conoce tal vez no tanto como profesional agrónomo espe¬ 
cializado en maíces, sino por su actuación de estadista contemporᬠ
neo de la Unión Americana, donde ocupara primeramente el elevado 
cargo de Secretario de Estado en el Depto. de Agricultura, para lle¬ 
gar luego a ser Vicepresidente de los Estados Unidos, bajo la Presi¬ 
dencia de Roosevelt. 

A Fumas le debemos ideas o exigencias realmente impresio¬ 
nantes respecto a la preparación profesional del Ingeniero Agrónomo 
del futuro, para que sea capaz, a través de su actuación práctica, de 
dirigir la producción agrícola organizada en grandes unidades pro¬ 
ductivas, ampliamente mecanizadas. 

W a 11 a c e, en cambio, en un trabajo sobre la investigación como 
fermento de la agricultura, revestido de su autoridad como Titular 
de la Cartera del ramo, expone puntos de vista muy instructivos 
sobre la necesidad de una especialización cada vez más acentuada en 
el vasto campo de la investigación agronómica. Podemos considerar 
las aludidas manifestaciones como polo y polo opuesto de una gama 
de opiniones contemporáneas en torno a nuestro tema. 

En cuanto a mi criterio personal acerca del problema planteado, 
he de exponer en primer término los argumentos sobre la actuación 
práctica en general. En párrafos posteriores me propongo considerar 
el tópico de la especialización. 

Actuación práctica en general. — Al abordar el punto de refe¬ 
rencia en su aspecto medular, no titubeo en declarar con toda fran¬ 
queza, que discrepo con Fumas respecto a su exigencia excesiva, 
para no decir exorbitante, relativa a la preparación técnica y capa¬ 
cidad de trabajo del Ingeniero Agrónomo del futuro. A Fumas 
como Ingeniero Químico carente de la preparación profesional en 
Agronomía, lógicamente tiene que faltarle el «criterio agronómico» 
tan necesario para opinar y juzgar en cuestiones de esta índole con 
ajuste al marco infranqueable establecido por la misma Naturaleza. 
De ahí sus pretensiones excesivas, expresadas con la despreocupa- 



252 


CONFERENCIA XII 


ción de quien ignora muchos detalles de una industria tan intrincada 
y aleatoria como lo es la agricultura en muchas partes del Mundo. 
Aspiraciones de superación como las que inspiraron a Fumas en 
la redacción de su libro, nunca deben perder el contacto con la vida 
real, so pena de correrse el riesgo de caer en la categoría de los 
escritores utópicos en cuyas producciones literarias la realidad cede 
terreno a la fantasía imaginativa, encendida y nutrida por el men¬ 
cionado anhelo de superación. También para este caso tiene validez la 
verdad conocida, de que el anhelo es el padre de la idea y por ende 
de su expresión escrita con palabra hiperbólica, como lo hizo Fumas. 

Por parte mía, no creo en el surgimiento de este tipo de «Super 
Agrónomo», como habría que calificar a un profesional capaz de 
manejar, en consonancia con las pretensiones de Fumas, «las 
grandes y complicadas fábricas de la producción agropecuaria». Por 
más capacitados, en base a sus estudios y mejor intencionados para 
el trabajo intenso, que puedan presentarse los profesionales agró¬ 
nomos del futuro, nunca llegarán a lo que pretende el nombrado autor 
norteamericano. Una «actuación práctica general» como la indicada 
por Fumas, rebasaría indudablemente el marco trazado de ante¬ 
mano a la capacidad de trabajo y resistencia física de un ser humano, 
aun en el caso de que realmente el respectivo «Super Agrónomo» haya 
podido reunir, en una mente privilegiada, — lo que siempre será un 
caso excepcional — un saber muy vasto en todos los renglones tan 
ramificados de la Agronomía contemporánea, los cuales están desti¬ 
nados a aumentar constantemente en los tiempos futuros. Cabe apli¬ 
car, pues, también en este caso, el bien significativo adagio romano: 
«Ultra posse nemo obligatur». Nadie puede rendir más de lo que 
humanamente es capaz de realizar, con la aplicación tenaz, asidua y 
sincera de todas sus energías durante las largas jornadas que carac¬ 
terizan el trabajo rural. 

Con todo, la evolución paulatina cada vez más acentuada del 
engranaje económico de las naciones y del mundo entero, con la 
consiguiente intervención frecuente de técnicos especialistas en las 
distintas actividades industriales, ha creado nuevas y por cierto muy 
importantes posibilidades también para la actuación práctica del 
Ingeniero Agrónomo, sea al servicio de las grandes empresas indus¬ 
triales y comerciales de diversa índole, o sea también del Estado 
mismo como exponente de las respectivas economías nacionales. Con 
el objeto de lograr una mayor eficiencia del proceso productivo, se 
reclama, en muchos sectores de este complicado engranaje económico 
e industrial, el asesoramiento por parte del profesional universitario, 
técnicos especializados en los más variados renglones de la producción. 

En cuanto a la Agronomía, el Estado como fideicomisario de la 
colectividad, interesado y hasta obligado a fomentar la producción 
rural, poderosas industrias que elaboran productos agropecuarios 
como materia prima, compañías colonizadoras y otros organismos 



PRÁCTICA GENERAL Y ESPECIALIZAClÓN 


253 


vinculados con el agro, recurren pues, al asesoramiento y a la direc¬ 
ción técnica de la producción por intermedio del Ingeniero Agró¬ 
nomo. En estos casos, y sobre todo al tratarse del asesoramiento 
del pequeño labrador y criador, por técnicos del Estado, como verbi¬ 
gracia los Agrónomos Regionales de estos países o instructores ambu¬ 
lantes encargados de suministrar enseñanza práctica en determinada 
cuestión de actualidad, prevalece la exigencia de una preparación 
amplia. Esta ha de capacitar al respectivo profesional a prestar sus 
servicios técnicos en todos los numerosos y siempre variados proble¬ 
mas que suelen ocurrir en los ambientes rurales. 

Aun así y reconociendo en todo su alcance los méritos de la 
actuación de un Ingeniero Agrónomo no especializado, en el vasto 
terreno de la práctica general, surgen muchos casos de una especia- 
lización impuesta por las mismas circunstancias. En efecto, y recu¬ 
rriendo a un ejemplo tan a mano como el de la producción triguera, 
para el Ingeniero Agrónomo no será lo mismo dirigirla en condicio¬ 
nes extensivas o intensivas, en tierras de secano o en suelos húme¬ 
dos y compactos, en las vastas llanuras de estos países o en lugares 
montañosos. Las aludidas exigencias ecológicas originan modificacio¬ 
nes del trabajo, algo así como una «especialización» tan sólo ya res¬ 
pecto al cultivo adecuado del trigo. Lo dicho respecto a este cereal 
tiene validez también para muchas otras plantas agrícolas, como se 
desprende de lo expresado en los párrafos subsiguientes, destinados 
a explicar el raciocinio en ejemplos por demás conocidos del am¬ 
biente rioplatense. 

Las vastas monoculturas que constituyen una característica in¬ 
confundible para determinadas comarcas de la cuenca rioplatense, 
conocidas como regiones trigueras, lineras, maiceras, arroceras, etc., 
lógicamente implican la conveniencia y aun necesidad de una espe¬ 
cialización en los respectivos cultivos por parte de los agrónomos 
dirigentes de grandes explotaciones rurales. Surgen así en la misma 
práctica productiva, verdaderos especialistas respecto a una o varias 
plantas agrícolas. Hasta un cultivo aparentemente tan sencillo como 
el del maíz, cereal autóctono de las Américas y como tal difundido 
en todas las latitudes y alturas con calorías suficientes, al ser efec¬ 
tuado en gran escala sobre la base de la agricultura mecanizada de 
hoy, requiere agrónomos especializados. 

A guisa de ejemplo cito el caso de la Administración 
Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland 
(ANCAP) del Uruguay, poderosa empresa industrial interesada en 
disponer de grandes cantidades de maíz como materia prima para 
la fabricación de alcohol. Tan sólo ya la introducción y eventual 
adaptación de variedades norteamericanas del tipo blanco «Diente 
de Caballo», (dent), en contraposición a la difusión actualmente pre¬ 
dominante en toda la región maicera de la llanura platense de los tipos 
duros (flint), requiere una actuación especializada en Fitotecnia y 



254 


CONFERENCIA XII 


hasta sólidos conocimientos teóricos en Genética Vegetal. Pero tam¬ 
bién la mecanización de la labranza, desde la roturación y siembra 
hasta la cosecha y el desgrane, significa una alteración profunda de 
los procedimientos culturales anteriores. La referida empresa 9 e vió 
obligada, pues, a recurrir a todo un equipo de Ingenieros Agrónomos 
especializados en este cultivo. 

Otro tanto cabe decir respecto al cultivo de la remolacha azu¬ 
carera en el Uruguay. Limitándome a una empresa de arraigo, o sea 
la «RAUSA» (Remolacheras y Azucareras del Uruguay, S. A.), 
corresponde señalar, en relación con nuestro tema, que también en 
este caso la inicial actuación práctica de varios Ingenieros Agróno¬ 
mos al servicio de ella, lógicamente tuvo que orientarse hacia acti¬ 
vidades de especialización. 

En la Argentina, desde luego, abundan ejemplos de esta índole. 
El desarrollo tan auspicioso del cultivo de la cebada cervecera dió 
origen a la actuación especializada de todo un equipo de Ingenieros 
Agrónomos al servicio de las grandes empresas cerveceras, inclusive 
las malterías, uno de los aspectos técnicos coadyuvantes al amplio 
éxito logrado. Otro tanto cabe manifestar respecto al arroz, cultivo 
en cuyo caso la especialización, partiendo siempre de una actuación 
práctica general, necesariamente tuvo que extenderse también hacia 
problemas de la irrigación. Una cuestión singularmente instructiva 
al respecto, se presenta actualmente ante la tendencia de transformar 
el cultivo del lino, ejecutado anteriormente sólo en su aspecto de 
oleaginoso, en su siembra como planta textil. Si bien el asunto es 
práctica común, en otros continentes, se trata de algo novedoso en 
estos países, en virtud de lo cual se recurre al ingeniero agrónomo, a 
quien se le reclama especialización tanto en la técnica del cultivo 
como también, y tal vez más aún, en la del enriado y demás detalles 
para la obtención de la fibra. 

La fruticultura, la horticultura y otros renglones de la agri¬ 
cultura propiamente dicha, ofrecen ejemplos instructivos respecto a 
la especialización requerida al técnico en lo concerniente a las dife¬ 
rentes especies cultivadas en distintas partes de la Argentina, según 
las condiciones ambientales. Basta recordar algunas de las comarcas 
bien definidas, como la del Delta, la región citrícola de Concordia, 
la de Fruticultura y Viticultura del Río Negro y por último las de 
Cuyo, cada una de ellas con exigencias específicas respecto a la actua¬ 
ción práctica del agrónomo dirigente. Cultivos subtropicales como la 
caña de azúcar, el algodón, el tabaco y otros, necesariamente exigen 
a su vez especialización, siempre dentro del vasto marco de la actua¬ 
ción práctica como tal, nuestro tema. 

Hay más aún. En un terreno aparentemente tan sencillo 
para la actuación práctica del profesional agrónomo, como el de la 
producción ganadera extensiva de las llanuras platenses, se registra 
nítidamente la tendencia hacia la especialización. Justamente en la 



PRÁCTICA GENERAL Y ESPECIALIZACION 


255 


explotación pastoril de estos «países ganaderos por excelencia» se ori¬ 
ginaron modalidades que constituyen actividades de especialización 
dentro del marco amplio abarcado por el concepto: «Industrias pecua¬ 
rias». En efecto, existen estancias especializadas en la producción de 
lana, de carne, de leche y otros renglones. Las hay también, que se 
dedican preferentemente a la explotación de una sola de las especies 
animales: equinos, vacunos, lanares, suinos y aves, con especializa¬ 
ción, al mismo tiempo, en las diversas razas de la respectiva especie 
explotada. En lo que atañe a los vacunos, se conocen establecimien¬ 
tos que se ocupan del simple procreo, otros que se dedican más bien 
al engorde y finalmente se vienen difundiendo cada vez más los 
especializados en la producción lechera y su industrialización. Como 
renglón aparte consigno las cabañas, establecimientos especiali¬ 
zados en la aplicación de los métodos zootécnicos, lo que supone 
conocimientos profundos en las modalidades de cría de cada una 
de las razas de animales domésticos explotadas. Según la finali¬ 
dad perseguida, surgen, pues, los más variados renglones de especia¬ 
lización en la práctica productiva, con la consiguiente necesidad de 
especializarse, también para el respectivo ingeniero agrónomo, lla¬ 
mado a orientar y dirigir a una u otra de estas explotaciones rurales. 

Esta forma de especialización en el ejercicio práctico de las acti¬ 
vidades profesionales, tanto en la ganadería pastoril de estos países, 
como también en la industria agrícola señalada anteriormente, será 
fácil obtenerla, aun después de haber terminado los cursos corrientes 
de la Agronomía. Salvo casos excepcionales, bastará la enseñanza 
ofrecida en la enseñanza general de las respectivas materias. 

El asunto cambia de aspecto cuando el joven estudiante pudiera 
sentirse inclinado hacia la carrera científica. Tanto la dedicación a 
la enseñanza, especialmente la universitaria, como también y en 
primer término el trabajo científico como investigador, y finalmente 
ciertas actividades de asesoramiento, exigen imperiosamente una 
especialización metódica en las numerosas ramas, en que el vasto 
campo de las ciencias agronómicas está subdividido, con miras a 
ramificarse cada vez más aún en los tiempos venideros. 

La especialización como investigador, profesor y técnico de con¬ 
sulta y asistencia práctica. — Sin perjuicio de la conveniencia y aun 
necesidad de no descuidar la cultura general y la preparación básica 
como punto de partida de cualquier especialización, ésta constituye 
no sólo la aspiración individual de muchos profesionales, artesanos y 
aun obreros, sino se impone como mandato de la hora en casi todas 
las actividades del hombre contemporáneo. Sobre todo en el terreno 
de la ciencia e investigación, el científico debe especializarse, cuando 
pretende realizar algún trabajo de mérito, una contribución «original» 
al acervo del saber. 

En el ambiente universitario, la especialización empieza necesa- 



256 


CONFERENCIA XII 


riamente toda vez que algún estudiante se encuentre ante la tarea 
de presentar un trabajo escrito. Aun dentro de determinada mate¬ 
ria, en que se pudiera originar el aludido propósito de escribir «algo», 
se impone la realización de estudios especiales, a fin de familiari¬ 
zarse con los detalles del caso. Es el comienzo de la especialización, 
la cual, según la inclinación del estudiante, favorecida tal vez por el 
calor contagioso del entusiasmo con que el respectivo profesor tras¬ 
mite conocimientos generales e ideas nuevas sobre su materia, fácil¬ 
mente llevará a una especialización cada vez más intensa. Es inevi¬ 
table que así suceda, cuando el joven se sienta poseído por el fuego 
sagrado de la vocación y encuentra a cada instante la ayuda ani¬ 
madora de su maestro, dentro de un ambiente general propicio al 
trabajo científico, aun en este su estado incipiente, el por mí llamado 
«clima espiritual» favorable a su inclinación. Se trata de un suceso 
tan frecuente, que no hay necesidad de insistir sobre el punto. 

Este comienzo, digamos más o menos espontáneo de la especiali¬ 
zación, bien pronto puede transformarse en una conveniencia y final¬ 
mente una verdadera obligación moral para proseguir de esta ma¬ 
nera. Si bien este último caso se presenta corrientemente en el 
terreno científico, tanto con el objeto de adquirir conocimientos 
«especiales», sea para la enseñanza o sea para su aplicación en la 
práctica y máxime como punto de partida para la investigación pro¬ 
pia, la adquisición de conocimientos básicos conduce casi automática¬ 
mente a su estudio detallado o sea la especialización, siempre que 
exista y perdure el deseo sincero de conocer a fondo determinada 
cuestión. 

Nos encontramos frente a la situación predominante en la cultura 
contemporánea de Occidente, consistiendo en el hecho de tener que 
estudiarse cada vez más, en cada vez menos materias. La especializa¬ 
ción, y por añadidura también la ordenación y finalmente la coope¬ 
ración mutua, como cuestiones que en este orden de ideas no intere¬ 
san, constituyen por lo tanto, el «santo y seña» que abre paso en 
este laberinto, casi inextricable, del saber contemporáneo. Concen¬ 
tración y especialización se imponen como contramedida ante el 
alud de sucesos múltiples que absorben la atención del hombre en 
esta era de la mecanización, con la marea de noticias de toda índole 
inclusive las de divulgación científica, que día a día inundan el gabi¬ 
nete de trabajo de cualquier persona instruida y más aún de quienes 
rinden culto a la investigación en el templo sagrado de la ciencia. 

La elección de las respectivas materias de especialización, desde 
luego, constituye una cuestión netamente privativa del estudiante y 
novel científico. Han de proceder en consonancia con la voz interna 
de la vocación, problema delicado, al cual en el segundo capítulo de 
mi último libro: «Consejos Metodológicos», dediqué una exposición 
sintética. La misma obra orienta también sobre la amplitud incon¬ 
mensurable que desde la época de T h a e r ha venido adquiriendo 



PRÁCTICA GENERAL Y ESPECIALIZACION 


257 


la ciencia agronómica, con todas sus materias auxiliares en cons¬ 
tante aumento. 

El grado de sutileza ya alcanzado en la actualidad por la subdi¬ 
visión de la Agronomía, no sólo en sus ramas básicas, sino también 
en las materias auxiliares de. los campos afines, resulta impresio¬ 
nante. Quienes deseen seguir de cerca esta ramificación cada vez 
más detallada de las materias agronómicas, cuyo estado contempo¬ 
ráneo dejé indicado en el capítulo X de mis precitados «Consejos 
Metodológicos», encuentran un reflejo en las recopilaciones biblio¬ 
gráficas modernas que suelen llegar a la mesa de trabajo de muchos 
estudiosos, siendo en todo caso accesibles en las bibliotecas del ramo. 

Por supuesto, el grado máximo de sutileza en este proceso de 
incesante subdivisión de las materias básicas y auxiliares de la Agro¬ 
nomía, se registra en el terreno de la investigación. Sobre todo el 
científico deseoso de enriquecer el vasto campo de las ciencias agro¬ 
nómicas con el descubrimiento de algún hecho nuevo o con el escla¬ 
recimiento de situaciones todavía sin dilucidar en torno a proble¬ 
mas complejos, debe seguir la ruta de la especialización hacia el 
extremo. Es éste el camino consagrado para llegar al éxito final, por 
intermedio del trabajo persistente e invariablemente orientado hacia 
determinado objeto, no sólo en las distintas materias de la Agrono¬ 
mía, sino en todo el inconmensurable terreno del saber. 

Una situación análoga, aunque quizás menos acentuada, se pre¬ 
senta respecto a las actividades de enseñanza a cargo del profesorado. 
Especialmente la docencia universitaria destinada a suministrar al 
estudiante un reflejo fiel de los más recientes conocimientos en 
torno al temario de la respectiva cátedra, no puede prescindir de la 
especialización. En las facultades y escuelas superiores de Agrono¬ 
mía, que, no conformes con la simple trasmisión del saber acumu¬ 
lado paulatinamente en otros ambientes, pretenden contribuir, a tra¬ 
vés de la investigación propia, a enriquecer el acervo científico en 
las distintas materias, el grado de especialización ya alcanzado cons¬ 
tituye un índice seguro respecto a su nivel científico. Desde este 
punto de vista señalo la importancia de las cátedras dotadas de 
institutos o gabinetes de estudio, laboratorios o campos experimen¬ 
tales, o sea de las instalaciones requeridas para complementar la 
actividad docente a través del trabajo de investigación en uno u otro 
problema de interés «especial». Surgen así actividades de especia¬ 
lización, no sólo para los respectivos profesores titulares, sino tam¬ 
bién para los adscriptos y el cuerpo de ayudantes y discípulos avan¬ 
zados, deseosos de profundizar sus conocimientos de detalle en 
algún tópico. 

A esta clase de especialistas pertenecen, en legión siempre más 
numerosa, muchos de los llamados a actuar más tarde en la práctica 
productiva. Respondiendo a la voz interna de la vocación como mejor 
consejero en cuestión tan delicada, no han de faltar quienes desean. 



258 


CONFERENCIA XII 


en ampliación de los conocimientos reglamentarios establecidos como 
programa general de la carrera, perfeccionarse en ramas importan¬ 
tísimas de la técnica productiva, como la Fitopatología, Entomología 
y otras, a fin de poder atender mejor las explotaciones a su cargo o 
cumplir con su misión de asesoramientó y asistencia práctica, según 
las circunstancias. Desde este punto de vista resulta sugestivo, que 
en países agronómicamente avanzados existe ya la especialidad de 
verdaderos «médicos de plantas» como complemento de los médicos 
veterinarios. Pero sólo una especialización bien profunda, aunque 
ella en este caso de una proyectada actuación práctica debiera exten¬ 
derse a varias ramas de la Fitopatología, ha de conducir al éxito 
anhelado. Otro tanto corresponde manifestar respecto a la especia¬ 
lización en materias ganaderas, en la de la economía rural y otros 
sectores básicos de la Agronomía. 

Guiándome en las experiencias de una larga vida de actuación 
científico práctica, ofrezco a continuación algunos consejos de utili¬ 
dad para quienes pudieran sentirse inclinados hacia esta clase de 
actividades. En primer término opino, que la especialización no debe 
iniciarse sin antes haber adquirido sólidos conocimientos básicos, in¬ 
clusive una cultura general bien vasta, según lo dejé sentado en los 
capítulos iniciales de mis ya mencionados «Consejos Metodológicos». 
Al acercarse el momento de pensar seriamente en la especialización, 
no conviene tampoco tomar una decisión precipitada. Buscando con¬ 
tacto directo con el profesorado e investigadores adscriptos a las 
respectivas cátedras, el estudiante interesado en especializarse, ten¬ 
dría aue hacer algo así como un «tanteo», asistiendo a trabajos de 
investigación y experimentación en varias materias de su facultad 
o escuela. A través de este contacto con la investigación y recurriendo 
al asesoramiento por parte del profesor encargado de guiar a la 
juventud, será fácil encontrar el camino definitivo, que ha de llevar 
al éxito y quizás, en el correr de los años, a la cumbre. 

A la inversa, el estudiante y más aún el profesional recibido, 
deben tener mucho cuidado en cambiar de orientación. Quien no 
piensa seguir con firmeza y asiduidad el objeto de su especialización, 
una vez que se haya decidido definitivamente por una materia, corre 
el peligro de perderse, no sólo ya como investigador, sino a veces 
hasta como profesional. Engrosará, pues, las filas de los eternamente 
descontentos y amargados. Un especialista quien, ante el aliciente de 
una mejor remuneración fácilmente se dispone a cambiar de. posición 
y trabajo, corre el peligro de perder lo mejor que posee, justamente 
su «personalidad» de especialista que domina los problemas de «su» 
materia. Quien, por mucho que gane y se le aumenten los ingresos, 
debido al anhelo de ganar cada vez más, salta de una actividad en 
otra y, peor aún, al tratarse de especialistas ya formados, de una espe¬ 
cialidad en otra, difícilmente llegará a la cumbre. Más bien al con¬ 
trario, las posibilidades del triunfo final disminuyen. El especialista 



PRÁCTICA GENERAL Y ESPECIALIZACION 


259 


debe ser consecuente con su labor y no impacientarse ante los fraca¬ 
sos y reveses que no suelen faltar nunca, ya que cualquier fruto 
sazonado requiere tiempo para madurar. 

No se crea, que con este consejo me dirija sólo al investigador 
propiamente dicho. Cada profesional especializado y también los no 
especializados pueden enfrentarse, aun en su trabajo profesional de 
todos los días, con incógnitas cuya solución requiere estudio o sea 
constantes indagaciones, a fin de poder salir airoso del trance. Quien 
carezca de esta condición fundamental de la asiduidad y constancia 
en su tarea profesional, difícilmente llegará a realizar una obra im¬ 
portante, ni siquiera dentro del marco de la práctica general. En 
cambio, fácilmente pasará al gran ejército de los constantemente des¬ 
conformes, los cuales, en vez de realizar «algo», aunque con el error 
inherente a toda obra humana, prefieren criticar. Frecuentemente se 
trata de una crítica infecunda y hasta disolvente, toda vez que se 
logre hacer mella en la fuerza moral de quienes se tienen fe. 

El tercer consejo es de importancia máxima justamente para la 
profesión agronómica. Bajo ningún concepto el agrónomo debe per¬ 
der el contacto con el ambiente rural. Ese consejo es doblemente 
significativo para los especialistas que suelen trabajar en laborato¬ 
rios y gabinetes de estudio. La labor escrupulosa, metódica y asidua 
en la mesa de trabajo de los gabinetes, debe encontrar su comple¬ 
mento en el estudio de todo lo que sucede en la Naturaleza. Insisto 
nuevamente en lo repetido casi hasta el cansancio, en oportunidades 
anteriores, declarando que el verdadero laboratorio del ingeniero 
agrónomo es el campo experimental y en sentido más amplio, la 
tierra, la Naturaleza. Sobre esta base procedieron el gran P a s t eu r, 
en el terreno de la Medicina Veterinaria y Darwin en las cien¬ 
cias naturales en general, trayendo estos dos ejemplos bien convin¬ 
centes. Casos análogos en la Agronomía propiamente dicha son muy 
frecuentes. Casi todos los hombres que ahora figuran como estrellas 
de primera magnitud en el firmamento de las ciencias agronómicas: 
T h a e r, Y o u n g, el Conde de Gasparin, von T h ü n e n, 
y centenares de otros agrónomos investigadores definitivamente 
consagrados, tenían la costumbre de proceder de esta manera. 

A través del contacto con la realidad de la práctica productiva 
y el ambiente rural, el hombre de gabinete agregará a los resultados 
de sus atisbos de detalle, el «criterio agronómico», tan importante 
para no equivocar el camino en la interpretación del hecho aislado 
que pudiera haber comprobado. Llegará así a la síntesis entre la 
actuación general y actividades de especialización, cuestión que por 
su importancia me propongo abordar como punto aparte. 

Función integral. — Reconociendo sin reservas la importancia 
de la especialización, nunca debe perderse de vista el hecho, de que 
ella constituya una actividad más bien «complementaria» de la inda- 



260 


CONFERENCIA XII 


gación básica. El objeto final del trabajo científico consiste en llegar 
a una visión de conjunto, no ya referente a determinado problema en 
alguna rama o sector de la respectiva ciencia o materia, sino también 
en su conexión con campos afines y por ende el saber general. Surge 
así la «función integral», no sólo en el terreno científico, sino tam¬ 
bién en todo lo atinente a su aplicación práctica. 

En efecto, y concretándome al campo de la Agronomía, cabe 
tener presente siempre, que el cultivo intenso de determinada rama 
de especialización no excluye la ocupación, aunque sea en forma más 
superficial, con los sucesos y el progreso de la investigación en otros 
sectores, especialmente en los terrenos lindantes con el de la espe¬ 
cialización elegida por el respectivo hombre de ciencia. Cuanto más 
perfecta sea la síntesis armoniosa entre la cultura general de algún 
científico y su especialización, tanto más proficuo resultará su tra¬ 
bajo. Es éste el significado de la «función integral», a la cual atribuyo 
singular importancia, precisamente en el terreno de la investigación. 

En virtud de ser muy raros los casos en que un solo científico 
domine todas las materias de especialización requeridas para dilucidar 
problemas complejos, habrá que recurrir al trabajo en equipo. La 
ciencia agronómica cuenta, a tal efecto, con organismos de coopera¬ 
ción de toda índole capacitados para abordar el estudio de problemas 
como el señalado a guisa de ejemplo. Me refiero a las instituciones 
de investigación, fomento y enseñanza práctica creadas por casi todos 
los gobiernos como fideicomisarios de las respectivas colectividades, 
justamente con la finalidad de solucionar los grandes problemas 
agropecuarios del presente, que afectan al bienestar general. 

La estructuración y el funcionamiento de tales organismos que 
abarcan o tendrían que abarcar la totalidad de las actividades admi¬ 
nistrativas, científicas y prácticas del funcionariado correspondiente, 
lógicamente serán variables según las circunstancias. Estados con 
vastas superficies territoriales,.como verbigracia EE. UU. de Norte¬ 
américa y la Unión Soviética, dispondrán de una organizac’ón más 
amplia y más compleja, con las consiguientes dificultades adicionales 
respecto al ordenamiento y la supervisión del conjunto funcional 
desde el puesto de comando en las correspondientes administraciones 
centrales. En cambio, países chicos como Bélgica, Holanda y Dina¬ 
marca en Europa y nuestro pequeño Uruguay en el Continente Sud¬ 
americano, se ven favorecidos en este punto. Por supuesto tiene que 
ser así, no sólo en virtud de que los resortes del engranaje funcional 
quedan más a mano para quien ocupa la posición cumbre del mando, 
sino también debido a la más acentuada uniformidad de suelo y 
clima que se registra en superficies territoriales menos dilatadas, 
factor de gran importancia precisamente para las actividades agro¬ 
pecuarias. Es éste, sin duda alguna, uno de los factores que han 
contribuido a levantar el nivel de la producción por unidad de super- 



PRÁCTICA GENERAL Y ESPECIALIZACION 


261 


ficie territorial aun en las condiciones climáticas menos favorables 
de los referidos países europeos. 

Señores: Las aludidas situaciones en países exóticos, por razones 
obvias no interesan tanto como lo nuestro, lo rioplatense y en este 
caso concreto lo que atañe a la República Argentina. No hay nece¬ 
sidad de extenderme en detalles del caso, por tratarse de cuestiones 
con las cuales mi distinguido auditorio está familiarizado a través 
del contacto directo. Más aún, la benevolencia de las circunstancias 
me permite recurrir a la palabra autorizada del actual Jefe dirigente 
de todo e$te enorme y complicado engranaje funcional de los asun¬ 
tos agropecuarios en vuestra patria, la gran República Argentina; me 
refiero al Sr. Ministro de Agricultura de la Nación, en su carácter 
de Secretario del Departamento de Estado al servicio de la causa 
rural. Hombre competente en la materia, como profesional egresado 
de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires, el actual 
Titular de la Cartera de Agricultura, Ing. Agr. Carlos A. E m e r y, 
se expresa, sobre el aludido engranaje funcional, en cuanto al punto 
que aquí interesa, o sea la actuación del investigador en su vincu¬ 
lación con las actividades prácticas de los técnicos de la referida 
Secretaría de Estado, en un artículo aparecido en el número de 
IDIA (Informativo de Investigaciones Agrícolas), correspondiente al 
mes en curso. 

«Un gran sector de la economía nacional» — apunta — «se halla 
vinculado, industrial y comercialmente al campo, y a ello se agrega 
la responsabilidad que hemos asumido como pueblo, que posee un 
hondo sentido social, de acudir con nuestros recursos agrícolas a solu¬ 
cionar los problemas que la falta de alimentos y materias primas ha 
planteado al Viejo Mundo». 

Destaca luego el Sr. Ministro la posición sobresaliente de la 
investigación, sin restar por ello importancia a las actividades com¬ 
plementarias de «fomento y fiscalización», o sea las tareas de actua¬ 
ción general a cargo del ingeniero agrónomo en posición oficial, 
expresándose sobre el particular como sigue: «La investigación — re¬ 
curriendo a un símil — es el cerebro de la acción departamental. Su 
labor es de vanguardia, atenta a las nuevas corrientes científicas na¬ 
cionales y extranjeras, dedicándose al análisis y solución de los pro¬ 
blemas de la producción agrícola. Tiene la misión de crear mejores 
métodos de cultivo y aprovechamiento de los productos para obtener 
mayores rendimientos y más eficiencia en el trabajo campesino. Los 
resultados de las investigaciones son llevados entonces a la práctica 
por los otros organismos del Departamento cuya gestión es de fomento 
y de fiscalización. Estos, sin la especulación científica que se tra¬ 
duce en progreso, no podrían liberarse de las prácticas rutinarias, 
que algunas veces constituyen un obstáculo en nuestra marcha for¬ 
zada a grandes destinos». 



262 


CONFERENCIA XII 


Modificando en algo el referido símil del Sr. Ministro y dándole 
un alcance aún más amplio, me resulta sugestivo comparar el vasto 
organismo técnico administrativo del Ministerio de Agricultura de la 
Nación con el de una enorme orquesta filarmónica confiada a la 
mano dirigente de un gran maestro, preparado expresamente para 
su delicada misión directriz por el estudio metódico. Para que una 
orquesta, respondiendo en acción armoniosa a la inspiración del 
cerebro dirigente, pueda llegar al grado máximo de perfección, todos 
sus integrantes deben sentirse guiados, en perfecta solidaridad de 
equipo, por el maestro, respondiendo en cada momento a la más leve 
insinuación no sólo ya de la mano indicadora del compás y ritmo, 
sino hasta a la fuerza misteriosa del fluido espiritual que emana 
del cerebro dirigente. 

Séame permitido dirigirme en estas palabras finales expresa¬ 
mente a los profesionales ingenieros agrónomos y también a los 
demás integrantes del cuerpo técnico administrativo del Ministerio 
de Agricultura de la Nación, tanto a los que estén presentes como 
también a los que por algún motivo no hayan podido concurrir al 
acto, recordándoles a todos y cada uno su responsabilidad moral para 
contribuir, cada cual en el puesto que ocupa, al triunfo de la impor¬ 
tante causa confiada a la dirección del Sr. Ministro. 

En relación con este punto fundamental me viene a la memoria 
un adagio portugués, pronunciado por un amigo brasileño ante el 
espectáculo desalentador de la acción disolvente por parte de algún 
cuerpo de técnicos contrarios a su jefe, diciendo: «Todos sao muito 
bons músicos, porém tocan mui desafinados». 

Ampliando este aforismo tan sugestivo con referencias especia¬ 
les al caso, cabe decir, que para lograr el triunfo de la acción minis¬ 
terial inspirada en el deseo vehemente de servir al progreso de la 
nación argentina en un sector tan importante de la economía nacio¬ 
nal como la agricultura, todo el funcionariado y con preferencia los 
técnicos, ya se trate de investigadores especialistas o de hombres 
de actuación práctica en cuestiones de «fomento y fiscalización», 
deben estar poseídos por ese espíritu de cuerpo que conduce al éxito 
en conjunto. La coordinación del esfuerzo común bajo la dirección 
acertada del cerebro dirigente, en este caso un profesional compe¬ 
tente en las materias de su cartera, constituye la «conditio sine qua 
non» del éxito final. 

Esta acción armoniosa implica tácitamente también la confor¬ 
midad con una posición de menor jerarquía, en la cual el respectivo 
integrante del equipo debe actuar con el mismo sentimiento de res¬ 
ponsabilidad y buena voluntad como si ocupara una posición des¬ 
tacada. Desde este punto de vista y siguiendo el símil de la orquesta, 
la colaboración armoniosa del platillero será tan necesaria e impor¬ 
tante para el éxito general como la del primer violín. Cada cual en 



PRÁCTICA GENERAL Y ESPECIALIZACION 


263 


el puesto que ocupa, desde el más humilde funcionario obrero hasta 
los encumbrados Directores Generales de los grandes sectores o sea 
las Divisiones Ministeriales, deben cumplir con sus respectivos come¬ 
tidos bajo el impulso espontáneo de la buena voluntad, contribuyendo 
de esta manera, cada cual dentro de una esfera de acción peculiar y 
determinada, al triunfo de la causa común. 

Esta «causa común», o sea el progreso ininterrumpido de la pro¬ 
ducción agropecuaria en sus aspectos cuantitativos y cualitativos, 
constituye, sin duda alguna, no sólo uno de los puntos más sugesti¬ 
vos del Plan de Gobierno, actualmente en vías de realización, sino 
también el anhelo ferviente de toda la colectividad argentina. Se 
trata de la lucha pacífica contra el más cruel e implacable enemigo 
del hombre, la lucha contra la escasez y la miseria, sea en la forma 
benigna del infraconsumo, o sea en su aspecto trágico de hambre ver¬ 
dadera, que en pleno siglo XX viene castigando, no sólo a las nacio¬ 
nes europeas devastadas por la guerra, sino también otras regio¬ 
nes del globo. 

Nuestro símil de una modesta «orquesta filarmónica» tiene que 
ceder terreno, pues, en la realidad de los hechos, al de un gran ejér¬ 
cito llamado a luchar contra este eterno enemigo implacable de la 
Humanidad. Felizmente, en este caso, un ejército pacífico, inspirado 
en los elevados postulados humanitarios involucrados en los claros 
y nobles derroteros de los soldados del arado. 

En cuanto a la Argentina, con su enorme potencial productivo 
de toda clase de artículos agropecuarios, la organización del aludido 
«ejército pacífico» ha alcanzado un alto grado de perfección. Res¬ 
pecto a la dirección de esta campaña pacífica, se cuenta, en la per¬ 
sona del Sr. Ministro de Agricultura, Ing. Emery, con un oficial 
de alta escuela y por lo mismo especialmente capacitado para el 
cargo de General en Jefe. Cuenta al mismo tiempo con la oficialidad 
competente para la ejecución de sus planes, precisamente un cuerpo 
de ingenieros agrónomos y demás funcionarios llamados a ocupar 
posiciones de responsabilidad en el desenvolvimiento del plan de 
acción gubernamental. 

A medida que se cumplan las etapas de marcha a través de una 
acción armoniosa de conjunto de todas las unidades, sea que ellas 
pertenezcan al sector de la investigación, al del fomento o al de la 
fiscalización, no puede faltar el triunfo final en toda la línea. Triunfo 
final palpable en el progreso agropecuario ininterrumpido de la 
República Argentina, en beneficio de la prosperidad nacional y el 
bienestar individual de todos y cada uno de los habitantes de este 
privilegiado país, una verdadera tierra de promisión, a la cual el des¬ 
tino le depara un porvenir cada vez más halagüeño dentro del con¬ 
cierto mundial de los pueblos civilizados de Occidente. Que así sea, es 
el vehemente y sincero deseo de vuestro conferenciante. 




CONFERENCIA XIII 

LA DESMINERALIZACION DE LOS CONTINENTES, 
CRECIENTE DESEQUILIBRIO PRODUCTIVO Y 

NUTRITIVO 




(Buenos Aires, Sociedad Científica 
Argentina, mayo de 1948.) 


El equilibrio como principio de estabilidad en la Naturaleza 

constituye sin duda alguna, un fenómeno conocido para mi ilustre 
auditorio. Partiendo, pues, de las ideas filosóficas que sobre el par¬ 
ticular dejara sentadas Heráclito, el oscuro de Efeso, en los 
comienzos lejanos de nuestra civilización de Occidente, me limito a 
ejemplificar el tópico con referencias a algunos de los sistemas ener¬ 
géticos del reino natural fácilmente palpables y por demás sugestivos. 

El nombrado filósofo griego, reflexionando sobre el eterno fluir 
V devenir de las cosas, el «nema peí» (todo fluye y cambia sin cesar) 
desenvuelve las ideas de la enantiodromía o sea el cambio sucesivo 
de los opuestos, lo que en el terreno de las energías dinámicas, ori¬ 
gina el equilibrio. Sin limitarse a las cuestiones espirituales como 
bien y mal, suave y vehemente, generoso y avaro, etcétera, variando 
su concepto cardinal o «leitmotiv» del fuego como elemento cam¬ 
biante sin cesar que, sin embargo, conserva invariablemente su as¬ 
pecto de fuego cual proceso uniforme, señala y comenta antagonis¬ 
mos de toda índole, con inclusión también de cuestiones vulgares de 
la vida diaria. Todo es perpetua fluencia y lucha, un eterno mo¬ 
vimiento y devenir interminable como premisa del equilibrio, sea 
en el correr del agua, en el movimiento de los astros y otros sistemas 
energéticos que se nos presentan. 

En el mundo infinito e inconmensurable de la Astronomía obser¬ 
vamos a nuestro sistema solar como ejemplo de un equilibrio gran¬ 
dioso, dilucidado como tal a través del descubrimiento de la Ley de 
Gravitación por N e w t o n, familiar a cualquier hombre instruido. 
El microcosmos a su vez, en un polo opuesto nos ofrece el caso del 
átomo, que según el concepto moderno representa un sistema solar 
en miniatura, en el cual el movimiento incesante de los electrones 
positivos y negativos sostiene un campo energético equilibrado, ubi¬ 
cado sobre los límites indecisos y fluctuantes de la Física y de la 
Química. 

El principio de la equivalencia entre el calor y el trabajo mecᬠ
nico establecido por primera vez por Julio Roberto Mayer en base 
a sus observaciones en la sangre humana en un viaje a la región tro¬ 
pical de la isla Batavia y luego dilucidado por otros, para ser final¬ 
mente transformado en la Ley de la conservación de la energía por el 
gran físico M. Planck, constituye otro ejemplo respecto a la pre¬ 
sencia de sistemas equilibrados en el reino natural. En este caso se 



CONFERENCIA XIII 


268 


trata de un sistema energético especialmente interesante, en virtud 
de encontrarse afectadas energías físicas y biológicas al mismo tiempo, 
resultando, pues, a raíz de la equivalencia entre el calor, tanto externó 
como interno, y el trabajo mecánico, al cual están sometidos todos 
los procesos vitales, un valioso ejemplo respecto a la tendencia de la 
Naturaleza de llegar hacia sistemas equilibrados. 

A los equilibrios del reino inorgánico corresponden engranajes 
dinámicos y conjuntos estáticos semejantes en el mundo de la Biolo¬ 
gía. Los atisbos microscópicos en Citología nos enseñan un proceso 
maravilloso de la combinación y recombinación factorial de la subs¬ 
tancia hereditaria de los cromosomas. Son bien conocidas las figuras 
bipolares que se originan en torno al proceso de la separación y 
unión de la substancia hereditaria femenina y masculina en el núcleo 
celular, expresión de fuerzas de repulsión y atracción que invaria¬ 
blemente tienden al equilibrio, originando en este caso la continuidad 
y por ende la estabilidad, en renovación eterna, de la vida. 

Al mismo terreno de la Biología pertenecen los conjuntos de 
vegetación equilibrada que constituyen la regla en todas las asocia¬ 
ciones de la flora y fauna en su estado prístino. Tanto la flora de las 
selvas vírgenes como también la asociación botánica de los herba¬ 
zales naturales, constituyen el resultado de la acción de las fuerzas 
antagónicas integrantes del sistema energético «suelo-clima-planta», 
concepto establecido como tal y dilucidado en los sucesivos capítulos 
del primer tomo de mis «Investigaciones Agronómicas». 

Como resultante de este juego complejo del engranaje factorial 
que rige el proceso vegetativo, se registran por todas partes las aso¬ 
ciaciones vegetales o sea sinecias, las cuales, conjuntamente con la 
fauna del caso, constituyen el ambiente biológico de los «habitats». 
Registramos así, valiéndome de los conceptos de la ecología moderna, 
«espacios ecológicos» como resultado del juego de fuerzas antagóni¬ 
cas, causantes a su vez de un conjunto equilibrado de la flora y fauna 
ajustado a las respectivas condiciones ambientales. 

También en las cuestiones orográficas de la Geología que intere¬ 
san directamente en relación con nuestro tema, comprobamos la pre¬ 
sencia del mismo principio. Las elevaciones montañosas del globo, 
desde el comienzo de su formación por las grandes fuerzas orogéni- 
cas del volcanismo y sucesos sísmicos con inclusión de los grandes 
cataclismos transformadores de la faz de los continentes, desde el 
momento de su nacimiento tienden, a través de los distintos proce¬ 
sos del desmoronamiento y transporte de la materia suelta, a la nive¬ 
lación o sea al equilibrio estático. Como fase final del aludido pro¬ 
ceso tenemos a nuestra vista las vastas llanuras rioplatenses forma¬ 
das por sedimentos fluviales o eólicos. Las superficies levemente ondu¬ 
ladas que registramos como característica del paisaje uruguayo, y el 
de la adyacente Provincia Argentina de Entre Ríos, constituyen una 



DKSMINERALIZACIÓN DE LOS CONTINENTES 269 


fase predecesora al equilibrio final. En el lenguaje geológico se suele 
hablar de formaciones seniles, lo que en nuestro caso equivale al 
hecho ya consumado o por producirse pronto, del equilibrio estático 
que se refleja en el aspecto de la nivelación paulatina de la super¬ 
ficie terrestre. 

Desde este mismo punto de vista orográfico de la Geología que 
suele contemplar el tremendo proceso de la erosión en su aspecto 
destructivo, nuevamente se nos presenta la tendencia hacia el equi¬ 
librio. En efecto, las partículas arenosas originadas en largos espa¬ 
cios de tiempo como producto final de la descomposición de las íocas, 
inclusive las más consistentes, materias depositadas finalmente en 
otros lugares por las grandes fuerzas de las aguas pluviales o del 
viento, dan origen a nuevas formaciones. Este proceso de destruc¬ 
ción y construcción, si bien invariablemente tuvo lugar durante los 
largos espacios de los períodos geológicos anteriores, cuyo total se 
estima en más de dos mil millones de años solares, está a la vista 
con toda nitidez también en el período actual del cuaternario con 
sus formaciones aluviales y eólicas de reciente data. En nuestro 
orden de ideas sobre la resultante de fuerzas antagónicas en eterno 
movimiento, tenemos de nuevo un sistema equilibrado. 

Finalmente registramos el mismo principio del equilibrio tam¬ 
bién en el terreno de la insuficiencia mineral para los animales, inclu¬ 
sive el hombre, nuestro tema. El concepto de los «espacios ecológicos» 
expresado líneas arriba, tiene validez también para esta clase de suce¬ 
sos en el reino natural. En épocas anteriores, cuando la aglomera¬ 
ción de seres humanos en los distintos continentes con las consiguien¬ 
tes necesidades de sustento eran menos abultadas, el libre juego de 
las fuerzas naturales condujo al equilibrio. Regiones con escasez de 
determinada clase de minerales requeridos por alguna especie ani¬ 
mal, sólo soportaban lo adecuado o sea lo que realmente podían. La 
escasez de alimentos y deficiencias minerales que pudieran origi¬ 
narse después de algún tiempo, especialmente a raíz de cambios 
climáticos, originaron, a través de la lucha por la vida, la sobrevi¬ 
vencia de las especies perfectamente adaptadas, en número no supe¬ 
rior al potencial productivo de los respectivos espacios ecológicos. 
Las migraciones condujeron una parte de los integrantes de la fauna 
silvestre inclusive los predecesores de los animales domésticos de hoy, 
a regiones más propicias. Otros habrán perecido bajo la ley inexora¬ 
ble de la lucha por la vida, al no encontrar los elementos necesarios 
para la formación, durante las generaciones sucesivas, de sus esque¬ 
letos y el mantenimiento normal de los procesos vitales en con¬ 
junto. Se estableció, pues, el equilibrio por la misma fuerza de las 
circunstancias. 

A medida que la población humana del Globo Terráqueo ha 
venido aumentando, con el agravante de mayores exigencias tam- 




270 


CONFERENCIA XIII 


bién respecto al nivel de vida, faltando al mismo tiempo la lucha por 
la vida como principio biológico regulador de la densidad de la pobla¬ 
ción en los respectivos espacios ecológicos, el antiguo equilibrio 
desapareció, dando paso a un desequilibrio progresivo. Justamente en 
nuestro período de la superindustrialización debido a factores inexis¬ 
tentes anteriormente, el referido desequilibrio viene tomando carac¬ 
teres graves, según lo veremos en partes posteriores de la disertación. 

La desmineralización como proceso geológico corriente consti¬ 
tuya un fenómeno involucrado en el ya mencionado proceso de la 
desintegración de las cordilleras y de toda clase de elevaciones terres¬ 
tres. Con la primera lluvia que después de algún proceso orogénico 
caiga sobre alguna de ellas que pudiera carecer de la consistencia 
extrema de rocas basálticas, graníticas y otras de formación ígnea, 
o sea con aguaceros que se precipiten sobre cenizas, arenas, concre¬ 
ciones salinas, etc., se originan, conjuntamente con los arrastres flu¬ 
viales, también procesos de desmineralización. Se trata de la erosión 
en el sentido amplio que corresponde al concepto en el lenguaje 
científico de la Geología. Los fenómenos de los arrastres pluviales y 
del transporte eólico de arenas movedizas inclusive nubes de polvo, 
en virtud de ser fácilmente accesibles también a los profanos, han 
desviado la atención del público general hacia estos aspectos par¬ 
ciales de la erosión. 

Pese al alcance más restringido que debido a la circunstancia 
anotada se suele dar al concepto de referencia, el proceso de la ero¬ 
sión abarca invariablemente también la modalidad de la desminera¬ 
lización. Oriunda de la voz latina «erosio» equivalente a roedura, la 
palabra castellana «erosión» significa en el lenguaje vulgar la depre¬ 
sión o rebajamiento producido en la superficie de un cuerpo por el 
roce de otro. En la terminología geológica tiene el sentido de un 
desgaste lento de alguna cosa que se consume como si fuese roída. 
En esta acción consumidora queda involucrada también la del derru¬ 
bio que implica la conducción de materias a través del agua pluvial, 
en nuestro caso, pues, también de substancias minerales. Este pro¬ 
ceso empero no queda limitado al movimiento superficial de las 
aguas, sino se produce igualmente bajo la tierra, la cual queda así 
«lavada», o sea despojada de partículas finitas, arenas formadas 
por la desintegración de la roca inclusive las substancias minerales 
en parte diluidas químicamente y conducidas luego por el agua. 

Las formaciones salinas, fácilmente solubles por el agua, quedan 
inmediatamente accesibles a la acción erosiva de las precipitaciones 
con la consiguiente desmineralización. El agua de las lluvias, prácti¬ 
camente libres de sales y otros ingredientes, posee un gran poder 
disolvente. Si bien al principio absorberá sólo sales minerales fácil- 



DESMINERALIZACIÓN DE LOS CONTINENTES 


271 


mente solubles en agua, como las aludidas aglomeraciones y ya¬ 
cimientos salinos (potasa, sal común, salitre de Chile como cuestión 
que interesa especialmente en nuestro Continente), bien pronto las 
lluvias y aguas subterráneas se llevarán también sales y otras subs¬ 
tancias minerales que pudieran resultar más difíciles de disolver. 
Estas, al no ser solubles directamente en agua, deben haber pasado 
por procesos disolventes químicos, los cuales, en combinación con 
la ya referida desintegración física de la roca, dejan libradas las 
substancias minerales a la acción de las aguas pluviales. 

En cuanto a la desmineralización del suelo como substrato de la 
producción vegetal y de ahí la nutrición animal y humana, es inne¬ 
gable que los procesos erosivos afectan también directamente a la 
capa vegetal respecto a su contenido en materias minerales impres¬ 
cindibles para las plantas y por ende la nutrición animal. Señalo 
especialmente las materias fosfatadas y calcáreas y también los ele¬ 
mentos de vestigio (trazas), los cuales, en muchos casos son tan im¬ 
prescindibles, aunque en cantidades mínimas, como los elementos 
básicos requeridos en mayor cantidad. Respecto a la substancia cal¬ 
cárea interesa, a título de ejemplo, el hecho de que el carbonato de 
calcio, prácticamente insoluble en agua destilada, queda disuelto 
con la presencia de ácido carbónico libre, precipitándose al perderlo. 
En las rocas calcáreas de la marga, las cuales contienen conjunta¬ 
mente con carbonato de calcio también arena y arcilla, la substan¬ 
cia calcárea queda supeditada en primer término a la acción de 
procesos químicos, los cuales dejan desintegrados la contextura mine¬ 
ral, abriendo camino así a la erosión física. Uno de los anteriormente 
aludidos casos de la acción química y física combinada, como cau¬ 
sal de la desintegración mineral y el transporte de la substancia 
por la erosión pluvial. 

Con todo, a esta forma de desmineralización de la tierra firme 
no atribuyo mucha importancia en su vinculación con la idea direc¬ 
triz de nuestro tema, o sea la provocación de desequilibrios inquie¬ 
tantes para la producción y la nutrición. Salvo casos excepcionales, 
los cuales han de quedar limitados a superficies más o menos redu¬ 
cidas en relación con las vastas extensiones destinadas a la produc¬ 
ción agropecuaria, esta modalidad de desmineralización natural no 
ofrece aspectos alarmantes. Más bien al contrario, la misma vegeta¬ 
ción se encarga, por la acción física, química y biológica del sistema 
radicular en conjunto, de abrir acceso a substancias minerales del 
subsuelo, llegando a veces a profundidades considerables y contribu¬ 
yendo de esta manera a atenuar y conjurar por completo el peligro 
de la desmineralización, a lo menos en las condiciones de la flora y 
fauna silvestre, libres aún de la intervención utilitaria del hombre. 

El asunto cambia de aspecto al considerar períodos prolongados 
supeditados a la acción de cambios climáticos de importancia, como 



272 


CONFERENCIA XIII 


por ejemplo los que originaron la transformación de vastas superfi¬ 
cies terrestres, otrora fértiles y cubiertas de vegetación exuberante, 
en regiones semidesiertas o completamente estériles. En nuestro orden 
de ideas, la escasez o falta absoluta de agua interesa respecto a su 
función como agente de la erosión pluvial y líquido requerido para 
las referidas reacciones químicas. Los desiertos de Africa septentrio¬ 
nal, por ejemplo, inclusive el Sahara, durante el período glacial 
habrán sido una región sometida a precipitaciones por la acción tor¬ 
mentosa de los meteoros. A medida que el hielo se retirara hacia el 
norte, el clima se modificó, cambiando totalmente al «habitat» vege¬ 
tal y animal de las aludidas regiones, con la consiguiente repercu¬ 
sión también sobre la población humana de aquellos períodos pre¬ 
históricos. Sucesos análogos se registran para todos los continentes. 

Sin extenderme en detalles, me limito a señalar el efecto de estos 
sucesos sobre la desmineralización como proceso geológico corriente 
que aquí nos interesa. Los cambios de clima, o mejor dicho los dese¬ 
camientos de regiones más o menos extensas, con sus consecuencias 
funestas para la flora y fauna por el solo hecho de la merma y, en 
casos extremos, la ausencia total de las precipitaciones, repercuten 
al mismo tiempo en forma intensa sobre el contenido de la capa vege¬ 
tal en sales solubles. Se trata de un fenómeno fácilmente palpable 
también en el presente. La osteomalacia de los animales de pastoreo, 
como mal causado por la escasez de substancias fósforo-calcáreas en 
las pasturas, acrecienta en períodos de sequía. Las plantas encuen¬ 
tran dificultades para la obtención, en cantidad suficiente, de la subs¬ 
tancia fosfatada desde el suelo, lo que repercute, desde luego, sobre 
el organismo animal. 

En los aludidos casos del desecamiento de regiones cubiertas con 
vegetación exuberante, especialmente herbazales, se originaron pues, 
además de la merma de producción debida a la escasez o ausencia 
total del agua, perjuicios adicionales causados por la mineralización 
insuficiente de los vegetales y de ahí de los animales. Se trata de 
algo así como una desmineralización indirecta del respectivo am¬ 
biente productivo. Declinó la disponibilidad de los minerales fácil¬ 
mente accesibles a las plantas a raíz de una menor solubilidad, acen¬ 
tuada aún más por la mayor dificultad en recurrir a las reservas del 
subsuelo, de por sí menos solubles, debido al menor vigor de las raí¬ 
ces, especialmente de las plantas anuales. 

En las condiciones del juego libre de las fuerzas antagónicas de 
la Naturaleza que reinaba en los aludidos períodos prehistóricos, 
esta forma de una desmineralización indirecta no provocó, sin em¬ 
bargo, un desequilibrio productivo y nutritivo generalizado y menos 
aún los aspectos inquietantes que registramos actualmente y los cua¬ 
les me propongo señalar, como punto culminante de esta disertación, 
en párrafos posteriores. La lucha por la vida en tales ambientes pro- 



DESMINERALIZACIÓN de los continentes 273 

ductivos de la prehistoria, transformados de repente en forma radi¬ 
cal por el desecamiento, habrá ocasionado, sin duda alguna, la mor¬ 
tandad en gran escala de animales de mayor volumen y aún muchos 
de los de tamaño menor. Surgió, en cambio, una nueva fauna, menos 
exigente y también menos numerosa, capaz de satisfacer sus necesi¬ 
dades alimenticias con arreglo a las nuevas condiciones de vida, a la 
vez respecto a la substancia mineral. 

Pudo salvarse asimismo una buena parte de la fauna existente 
del pretérito, por las migraciones, recurso usado en aquellos tiem- 
por corrientemente también por el hombre primitivo. Tanto los 
animales como las tribus nómades prehistóricas, acostumbradas de 
por sí a cambiar constantemente de comarca, según sus necesidades 
y conveniencias alimenticias, iban ante sucesos catastróficos como 
los aludidos, en busca de regiones más propicias. En los referidos pe¬ 
ríodos prehistóricos esto resinaba relativamente fácil, debido a la me¬ 
nor densidad de la población, diezmada incesantemente por la lucha 
por la vida, guerras, migraciones y epidemias. En sus migraciones en 
pos del sustento, el hombre primitivo cambió de comarca. En ningún 
caso, pues, a lo menos anterior a la iniciación de la agricultura, forzó a 
la tierra como substrato productivo, a darle más de lo que natural¬ 
mente podía ofrecerle. 

Posteriormente, en cambio, bajo la presión de una densidad de 
habitantes en constante aumento, el hombre se vió obligado a romper 
el cerco trazado a sus posibilidades alimenticias, recurriendo a la 
explotación utilitaria del suelo en forma cada vez más generalizada e 
intensa, con la consiguiente desmineralización agotadora de tierras 
pobres en una u otra clase de minerales importantes o imprescindibles 
para la nutrición equilibrada, tanto de plantas y animales, como del 
género humano. 

La desmineralización bajo la acción utilitaria del hombre, con¬ 
trariamente a lo expresado en el capítulo anterior respecto al estado 
de las cosas bajo el imperio de la desmineralización como proceso 
geológico corriente, suele involucrar consecuencias serias y hasta 
funestas en casos graves. Si bien el agotamiento, en fecha más o me¬ 
nos cercana, de determinados yacimientos minerales requeridos para 
fines industriales como zinc, cobre, etc., significa un aspecto de des¬ 
mineralización digno de tenerse en cuenta, prescindo en absoluto de 
este punto. Otros yacimientos minerales que interesan directamente 
en su relación con la agricultura como los fosfatos, la potasa y el sali¬ 
tre de Chile, inclusive también algunos elementos de vestigio, en su 
vinculación con la explotación agropecuaria, representan recursos 
de reservas. A ellos ha de recurrirse pues, no sólo ya con el objeto 
de conservar la capacidad productora de tierras pobres, sino tam¬ 
bién para poner remedio a los casos graves de una desmineraliza- 



274 


CONFERENCIA XIII 


ción alarmante con su repercusión sobre el desarrollo normal y la 
salud de los animales y por ende el hombre. 

Limitándome en principio, a la consideración de nuestro pro¬ 
blema en las vastas superficies destinadas a la explotación agrope¬ 
cuaria inclusive la forestal, he de dedicar preferente atención a la 
desmineralización de los suelos agrícolas en substancias fosfo-cálci- 
cas, cuestión ésta que ofrece aspectos alarmantes fácilmente palpa¬ 
bles también en estos países rioplatenses. No por eso dejo de apre¬ 
ciar igualmente, en todo su alcance, la necesidad de la presencia, 
en cantidades suficientes, de otros elementos. Cito además de los ya 
mencionados, o sea el fósforo y calcio, también el nitrógeno, potasio, 
magnesio, hierro y azufre como elementos principales imprescindi¬ 
bles, los cuales son necesarios en cantidades relativamente elevadas. 
A ellos cabe agregar aún los llamados elementos «de utilidad»: sodio, 
cloro, silicio, aluminio y manganeso, y los «de vestigio» (trazas): 
cobre, cobalto, boro, yodo, bromo, molibdeno y zinc. Estos últimos 
para algunos cultivos son tan imprescindibles como los del primer 
grupo, aunque sea en cantidades mínimas. 

La desmineralización de las tierras sometidas a la explotación 
rural constituye un problema viejo. Los animales de pastoreo extraen 
substancias minerales del suelo. Estas, al ser destinadas a la alimen¬ 
tación humana serán devueltas sólo en parte y frecuentemente para 
nada al terreno del cual fueron extraídas, originándose el proceso 
de la desmineralización. El pastoreo de tierras ricas, por lo general, 
deja de aparejar consecuencias graves, ya que las plantas suelen en¬ 
contrar en el subsuelo reservas suficientes para seguir produciendo 
año tras año, una vegetación pastoril abundante, en la cual no faltan 
tampoco las substancias minerales requeridas por el organismo ani¬ 
mal para su desarrollo y funcionamiento normal. 

El problema cambia de aspecto al extenderse la explotación pas¬ 
toril a tierras mediocres o pobres. A éstas deben agregarse también 
los suelos, cuyas reservas minerales son difícilmente accesibles a las 
pasturas, sea que los minerales se encuentren en forma insoluble o 
sea también, que la solubilidad disminuya temporariamente, debido 
a la ausencia o escasez de precipitaciones, según lo dejé señalado en 
el capítulo anterior. Lógicamente el problema se agrava toda vez que 
tales tierras sean recargadas de animales, lo que significa pretender 
extraer de ellas más de lo que pueden dar. 

De cualquier manera, cada vacuno de 500 kilogramos de peso vivo, 
extrae del suelo para la formación de su esqueleto aproximadamente 
19 kilogramos de substancia fosfatada y 25 de materia calcárea. 
Este drenaje sin cesar, a la larga no deja de repercutir sobre la pro¬ 
ducción animal en países ganaderos como los rioplatenses, donde 
durante casi cuatro siglos se viene registrando el hecho apuntado. 
Circunstancias especiales, como el desarrollo cada vez más auspicioso 



DESMINERALIZACIÓN DE LOS CONTINENTES 


275 


de la industria frigorífica y otros factores que señalaré en párrafos 
posteriores, se sumaron para acentuar aún más este drenaje ininte¬ 
rrumpido de valiosa substancia mineral. Proporcionalmente partici¬ 
pan también en él los demás animales domésticos inclusive la fauna 
silvestre. Por supuesto, en condiciones normales y más aún en tierras 
ricas como las de vastas superficies de algunas provincias argentinas, 
especialmente en las regiones donde prospera la alfalfa que procura 
obtener sus elementos nutritivos en grandes profundidades del sub¬ 
suelo, esta desmineralización de hecho no constituye un proceso alar¬ 
mante. La substancia extraída de la tierra será repuesta desde las 
reservas del subsuelo. 

En el capítulo anterior dejé expresado ya, que el creciente au¬ 
mento de la población del globo terráqueo obliga al hombre, res¬ 
pecto a sus animales domésticos, a criarlos también en tierras pobres, 
carentes frecuentemente de uno u otro de los minerales requeridos 
para la formación del esqueleto o el funcionamiento normal del orga¬ 
nismo. Hay más aún, la creciente demanda por productos animales 
de toda clase, especialmente la carne y la leche, originó un proceso 
de marcada intensificación productiva, que repercute sobre la des¬ 
mineralización. No sólo se pretende criar un mayor número de ani¬ 
males por unidad de superficie, sino también lograr una más frecuente 
renovación de las «existencias». Es decir, cuando en épocas anteriores, 
bajo el régimen de la cría de los animales criollos, el vacuno tenía 
cinco y más años para completar la formación total de su esqueleto, 
carne y cuero, como artículos destinados a la exportación, se pretende 
actualmente reducir cada vez más la duración del proceso nutritivo. 
Como caso extremo señalo el de la cría forzada de los animales tiernos 
destinados a la obtención del «baby beef». 

El mismo fenómeno se registra respecto a la reducción del pro¬ 
ceso de la reproducción. Tanto los toros, como las hembras, inician 
sus funciones reproductivas a una edad más corta. Es este un aspecto 
de la domesticación, que se registra como tal en toda su historia, con 
la consiguiente influencia sobre la formación de los esqueletos. Los 
animales silvestres no eran tan precoces como sus congéneres des¬ 
pués de la domesticación. Disponían así de un mayor número de años 
para la extracción de lo necesario desde el suelo. Al mismo tiempo 
el ya mencionado recurso de la «migración», actuó como factor de 
alivio para suelos pobres. El consumo de minerales bajo el régimen 
de una más elevada precocidad, es mayor. Por las razones fisiológi¬ 
cas se originan finalmente, bajo el imperio de la precocidad, necesi¬ 
dades adicionales de la hembra tanto para la formación del feto, 
como para la cría del recién nacido durante el período de la lactancia. 

Desde el punto de vista más amplio de la desmineralización de 
los continentes, la situación en regiones netamente ganaderas viene 
empeorando más aún debido al pastoreo abusivo, ya sea motivado por 



CONFERENCIA XIII 


276 


el afán del lucro o por la dura necesidad, como en vastas superficies 
de Africa, donde los nativos se han visto reducidos considerablemente 
en la disponibilidad de sus tierras de pastoreo. El pastoreo exagerado 
favorece la erosión no sólo por la destrucción de la capa vegetal pro¬ 
tectora del suelo, inclusive arbustos como alimentos de los caprinos, 
muy difundidos en las aludidas regiones, sino también por la forma¬ 
ción de senderos, tan temibles como punto de partida de la erosión 
pluvial en terrenos pendientes. De suerte que, además del ya señalado 
acrecentamiento de la extracción de minerales, éstos son arrastrados 
por la erosión, tanto como partículas de arena fina o lo mismo en 
forma diluida por las aguas superficiales y subterráneas. 

Con todo, los efectos de la erosión y por ende los de la desmine- 
ralización en sí, son mucho más pronunciados en la explotación del 
suelo, siempre que no se tomen contramedidas. Conocemos el ago¬ 
tamiento más o menos rápido en substancias minerales y desde luego 
también en materia orgánica, de cualquier terreno sometido durante 
algún período a la agricultura. En épocas anteriores, cuando abun¬ 
daba la tierra, se trató de remediar este desgaste, dando descansos 
periódicos al suelo cultivado a través del barbecho, la transforma¬ 
ción de la tierra agotada en campos de pastoreo y predios forestales. 
Fué éste el procedimiento usado durante miles de años en la agri¬ 
cultura de Occidente. Pero aún así y también con el agregado del 
estiércol reunido en establecimientos ganaderos con estabulación y 
otros abonos orgánicos como el «compost», el efecto de la desminerali- 
zación se hacía sentir cada vez más. Cosechas por lo general pobres, 
años de penuria y periódicamente de hambre verdadera, fueron los 
síntomas de esta desmineralización. El agotamiento acrecentó a me¬ 
dida que la densidad de la población obligaba a recurrir a tierras 
pobres y reducir la superficie destinada al descanso periódico. 

El mérito de los investigadores en la fisiología de la nutrición 
vegetal de principios del siglo XIX como de Saussure, Bous- 
singault y sobre todo von Liebig, investigaciones que culmina¬ 
ron con la aparición, en 1840, de la obra clásica de Liebig sobre 
la química en sus aplicaciones a la agricultura y a la fisiología, consiste 
en haber demostrado, que los vegetales, además de las materias orgᬠ
nicas y las substancias gaseosas del carbono y oxígeno oriundas del 
aire, necesitan también de minerales para el proceso de la asimilación. 
Surgió así la práctica del abonado químico, la cual, difundiéndose 
rápidamente en los países europeos, fué el factor decisivo no sólo 
para llegar a los rendimientos elevados que se registran en la agri¬ 
cultura intensiva de aquellos países, sino también para estabilizar 
la producción debido a una mayor seguridad de la cosecha. 

En los países nuevos, en cambio, con su agricultura esquilmante 
sin empleo de abono alguno en la labranza extensiva, la desmine¬ 
ralización sigue siendo uno de los factores decisivos respecto al des- 



DESMINERALIZACIÓN DE LOS CONTINENTES 


277 


• 

censo más o menos rápido de los rendimientos, según las circuns¬ 
tancias. Es la consecuencia del agotamiento del suelo en sales mine¬ 
rales conjuntamente con la destrucción rápida de la materia orgᬠ
nica, no menos importante que la alimentación mineral de las plan¬ 
tas, para lograr así la producción exuberante que fué la caracterís¬ 
tica de las tierras vírgenes. Respecto a este punto existe criterio 
formado. Salvo los casos excepcionales de una abundancia práctica¬ 
mente inagotable de minerales solubles, el empobrecimiento de las 
tierras agrícolas en elementos minerales viene tomando aspectos 
graves y hasta alarmantes en muchas comarcas de los países nuevos. 
En cuanto a su repercución sobre la producción y nutrición animal, 
con síntomas bien palpables por todas partes, tomaré motivo de seña¬ 
larlos en el capítulo subsiguiente. 

Con el objeto de documentar esta amenaza de un cercano ago¬ 
tamiento prácticamente total de suelos mediocres y más bien pobres 
en substancia fosfatada, recurro al caso del Uruguay explicado deta¬ 
lladamente en el primer tomo de mis «Investigaciones Agronómicas». 
Aproximadamente el 80 % de los suelos uruguayos, en la capa super¬ 
ficial de 25 cms., que es la principal para la nutrición de las plantas 
anuales y las de pastoreo, contienen sólo 2438 kilogramos de P 2 0 5 por 
hectárea. Suponiendo rendimientos constantes en una rotación 
agrícola continuada, el «recurso natural» de esta capa alcanzaría, pues, 
solamente para 195 años. Aunque en la realidad del proceso produc¬ 
tivo no han de faltar casos, en que los vegetales puedan recurrir fácil¬ 
mente a las reservas más profundas u otras, en que por cualquier 
circunstancia el agotamiento sea menos rápido, no por eso el pro¬ 
blema cambia en su aspecto esencial. Es decir, el Uruguay sería 
amenazado por un agotamiento desde ya inminente de sus tierras en 
substancias fosfatadas, ya que un período de sólo dos siglos en la 
historia agrícola representa un lapso insignificante. 

Situaciones análogas se encuentran también en otras regiones del 
Continente con una capa vegetal frecuentemente aún más finita que 
la precitada, especialmente en las pendientes rocosas. Y aun en tie¬ 
rras notoriamente feraces de la región subtropical, la desmineraliza- 
ción ha tomado caracteres graves, como lo prueba una publicación de 
Theodureto de C a m a r g o, a la sazón Director del Instituto Agronó¬ 
mico de Campiñas, en la cual habla de las tierras paulistas «cansadas, 
agotadas por una agricultura irracional, durante algunas decenas de 
años». F. Rawitscher a su vez, en un trabajo reciente sobre el ago¬ 
tamiento de suelos tropicales debido a la desforestación, aparecido en 
1946 en «Acta Trópica» de Basilea, presenta un ejemplo muy instruc¬ 
tivo. En las tierras notoriamente más fértiles del Estado de Sao 
Paulo situadas cerca de Riberáo Preto, se ejecutaron determinacio¬ 
nes de las principales substancias minerales y también humus, pri¬ 
meramente en el momento de iniciarse en ellas la plantación del 



278 


CONFERENCIA XIII 


café y luego después de 22 años de su cultura continuada. Limitán¬ 
dome a la capa vegetal de 30 cms. y a datos sobre el fósforo, la potasa 
y calcio como sales imprescindibles, registramos descensos que equi¬ 
valen a una merma de 53, 77, y 93 % respectivamente de las canti¬ 
dades iniciales de las mencionadas substancias. Si bien en el caso del 
fósforo hay que tener presente, que una parte del mismo queda depo¬ 
sitado luego en forma insoluble en capas inferiores y por ende no 
definitivamente perdido, se trata, sin duda alguna, de un ejemplo 
impresionante de la desmineralización, documentado en base a la 
investigación metódica. 

En forma semejante se registra una desmineralización más o me¬ 
nos pronunciada en todos los países del Continente, según se des¬ 
prende con toda claridad de las publicaciones técnicas aparecidas 
tanto en los países situados sobre el Atlántico y el Mar Caribe, como 
también en las naciones cuyos sistemas fluviales convergen hacia el 
Pacífico. Pero igualmente en los otros continentes, salvo el caso de la 
agricultura milenaria de algunos estados asiáticos, como China y 
Japón, sobre todo en los nuevos, la desmineralización avanza. Sus 
síntomas son palpables a través del desequilibrio productivo y nutri¬ 
tivo que se registra, aunque con diferencias de grado, en todos los 
continentes. 

El desequilibrio productivo y nutritivo constituye la consecuen¬ 
cia inevitable de la escasez, o, en casos graves, de la ausencia total de 
substancias minerales «imprescindibles» para llegar a un desarrollo 
«equilibrado» de las plantas y de ahí de los animales y el hombre que 
ingieren productos vegetales carentes de elementos vitales para la 
constitución y el funcionamiento normal del organismo. 

En cuanto a la producción vegetal, dejé anotado ya en el capítulo 
anterior, que el descenso paulatino de los rendimientos unitarios, fre¬ 
cuentemente será un síntoma inconfundible de la insuficiencia de 
minerales indispensables. Se trata de la manifestación práctica de la 
conocida ley del mínimum de L i e b i g, refinada por B a u 1 e, M i t- 
scherlich y otros. El resultado de la producción vegetal depende 
del factor que se halla en cantidad menor. Al escasear uno de los 
minerales que la planta requiere para su desarrollo pletórico y por 
ende un rendimiento elevado, éste no será alcanzado. La producción 
se ajusta a las posibilidades involucradas en la presencia insuficiente 
de un solo constituyente indispensable para el funcionamiento equi¬ 
librado del engranaje asimilador. La cosecha resultará pobre. A me¬ 
dida que se acentúa la escasez, aunque de uno solo de los minerales 
imprescindibles, los rendimientos siguen bajando. Se trata de una 
cuestión actualmente tan difundida, que su simple enunciado bastará 
para traer a la memoria estas cuestiones en torno al desequilibrio 



DESMINERALIZACIÓN DE LOS CONTINENTES 


279 


cuantitativo de la producción vegetal, efecto, en buena parte, de la 
desmineralización del suelo. 

Como problema menos conocido entre el público general, pese a 
su importancia, se presentan las consecuencias de una mineralización 
insuficiente de las plantas en el aspecto cualitativo de la producción 
vegetal. La ausencia de algunos minerales provoca en ellas descolo¬ 
raciones de distinta índole, clorosis, madurez prematura y deforma¬ 
ciones de las hojas y de otros órganos vegetales inclusive sus frutos. 
Estos defectos de la producción ofrecen un problema especialmente 
serio en la fruticultura y horticultura, motivo para que los especia¬ 
listas le vengan dedicando creciente atención. No por eso tales sínto¬ 
mas pasaron desapercibidos en fechas anteriores, conociéndose per¬ 
fectamente las manifestaciones de la insuficiencia del potasio en la 
remolacha azucarera y la papa y del calcio en la colza, para señalar 
tan sólo algunos de los casos bien esclarecidos de las plantas del gran 
cultivo. En la actualidad, las investigaciones pertinentes son orienta¬ 
das preferentemente hacia la dilucidación de los detalles respecto a la 
insuficiencia de elementos de vestigio, cuya presencia, aunque en 
cantidades mínimas, según ya lo dejé enunciado antes, es indispen¬ 
sable para producir productos «equilibrados», en este caso inapela¬ 
bles referente a su calidad. Existe al respecto una literatura muy 
copiosa, en la cual suelen encontrarse también fotograbados en colo¬ 
res de casos típicos de esta clase de deficiencia mineral, ilustraciones 
que no dejan de impresionar profundamente a cualquier persona 
capaz de interpretarlas en su verdadero alcance como documentación 
gráfica de tales desequilibrios. 

No menos importantes que los aludidos desequilibrios de la pro¬ 
ducción vegetal, resultan las deficiencias minerales para el organismo 
animal y por ende humano, aspecto del problema que cae bajo el con¬ 
cepto: desequilibrio nutritivo. Se trata de una cuestión seria, conocida 
en todos los continentes. Por razones que he de presentar en el capí¬ 
tulo subsiguiente, el problema se viene agravando rápidamente en 
los países de explotación esquilmante, entre ellos también los de 
nuestro Continente, motivo adicional para atraer la atención de mi 
ilustre auditorio hacia estas cuestiones. 

Los síntomas de tales desequilibrios nutritivos son bien claros y 
familiares a los hombres de campo que trabajan en comarcas afec¬ 
tadas por una u otra clase del mal. La susceptibilidad de las distintas 
especies animales difiere según la exigencia típica de ella. Algunas 
reaccionan con mayor intensidad ante la escasez de substancias fosfo- 
cálcicas, otras sufren más bien la escasez del hierro, del yodo y otros 
minerales, inclusive los de vestigio. El fósforo y el calcio, o ambos a 
la vez, constituyen sin duda los elementos que con mayor frecuencia 
escasean en muchas partes del globo, encontrándose en todos los con- 



280 


CONFERENCIA XIII 


tinentes superficies más o menos extensas, pobres en estos minerales. 

En virtud de que las substancias calcáreo-fosfóricas constituyen 
ingredientes indispensables para la formación del esqueleto animal, 
la escasez de cualquiera de éstos, impide el crecimiento normal de 
los huesos. Ambos minerales son necesarios igualmente para los pro¬ 
cesos del metabolismo. Sin extenderme en detalles, señalo la aparición 
frecuente de la osteomalacia, osteoporosis, hipocalcemia y otras enfer¬ 
medades originadas por la insuficiencia de los referidos elementos. 
En cuanto al grado de intensidad, con que su escasez se pone de mani¬ 
fiesto en las principales especies de los animales domésticos, las con¬ 
secuencias siguen disminuyendo desde los bovinos que la sufren más 
intensamente, al grupo de ovinos y caprinos en los cuales ya son me¬ 
nos acentuadas, luego a los suinos y finalmente los equinos. 

También en la última de las especies nombradas se registran las 
consecuencias de la insuficiencia fosfo-cálcica, como lo evidencia la 
degeneración de los caballos de raza traídos desde Inglaterra hasta 
las Islas Malvinas, en donde sus descendientes no alcanzan un tamaño 
mayor que el de los llamados «poneys». En cuanto a los suinos, señalo 
casos registrados en las colonias instaladas en las regiones montaño¬ 
sas del Estado de Santa Catharina, Brasil, documentados en la lite¬ 
ratura; me refiero a la gran debilidad morbosa de los huesos que son 
tan blandos, que hasta las canillas de los jamones curados se cortan 
fácilmente con el cuchillo. En una gran parte del oeste de Escocia, 
con una escasez notoria del suelo en calcio y en fósforo, el ganado 
lanar sufre de hipocalcemia, registrándose un índice elevado de mor¬ 
tandad entre los corderitos debido a ella. En las regiones más áridas 
de Africa y Australia, la escasez de substancias calcáreo-fosfóricas 
origina la osteomalacia de los bovinos, problema al cual, debido a su 
importancia también en estos países sudamericanos, me propongo 
dedicar algunas consideraciones aparte en párrafos posteriores. 

La falta de hierro que se registra en algunas partes de Nueva 
Zelandia, origina la anemia progresiva de los animales de pastoreo. 
Estos se tornan cada vez más flacos para perder finalmente el domi¬ 
nio de sus miembros. Al escasear el yodo, como sucede en los llanos 
del Canadá y de EE. UU., los animales domésticos sufren la dilata¬ 
ción de la tiroides originando el llamado bocio, nexo causal éste que 
pese a opiniones contrarias, debido a la dilucidación aún incompleta 
de la etiología del mal, sigue siendo aceptado como el más plausible. 
La escasez de yodo repercute marcadamente también en la especie 
suina, registrándose casos en que los lechones recién nacidos pierden 
todo su pelo y apenas sobrevive alguno de ellos. Indudablemente 
ejemplos bien instructivos respecto al desequilibrio nutritivo como 
consecuencia de la desmineralización. 

Volviendo al punto de la osteomalacia, señalo brevemente algu¬ 
nos de los síntomas. En casos típicos los huesos de los animales enfer- 



DESMINERALIZACIÓN DE LOS CONTINENTES 


281 


mos se ablandan, hinchándose las articulaciones. Luego las reses 
enfermas adelgazan, quedando débiles y con dificultad para moverse, 
caminando torpemente. Las pezuñas se alargan, siendo frecuente la 
esterilidad y el aborto, ya que la hembra no dispone de reservas sufi¬ 
cientes para el feto y luego para la cría del recién nacido, siendo las 
vacas generalmente las más seriamente afectadas por el mal. Los ani¬ 
males enfermos suelen devorar con avidez osamentas de reses muer¬ 
tas desparramadas en los campos de pastoreo. Síntomas todos estos 
bien conocidos a los campesinos. 

Teniendo presente la relativa frecuencia del mal en algunas tie¬ 
rras más bien pobres y especialmente durante períodos secos, el 
problema ha sido objeto de estudios metódicos por parte de técnicos 
competentes en estos países. Una visión de conjunto de las aludidas 
indagaciones, con indicaciones bibliográficas complementarias, ofrecí 
en la parte final del capítulo XIV de mis «Investigaciones Agro¬ 
nómicas». Me resulta pues, muy grato citar, empezando con la 
Argentina, a los doctores Celestino M. P o z z i y Carlos A. L e r e n a, 
que estudiaron la enfermedad desde los puntos de vista del médico 
veterinario. Respecto a Rio Grande do Sul, señalo las investigacio¬ 
nes singularmente instructivas del Dr. Fernando Chaltein y del 
Ing. Agr. Joáo Rouget Pérez, dignas de ser tenidas en cuenta, 
también por la exposición de ideas contrarias a la opinión corriente 
sobre causa y efecto del mal. En cuanto al Uruguay finalmente, nom¬ 
bro en primer término a los médicos veterinarios Miguel C. Ru- 
bino, Antonio Cassamagnaghi, Luis C. Murguía y Lucas 
Rodríguez Blanco como investigadores que dedicaron su aten¬ 
ción al problema. 

Una mención aparte merecen las realmente amplias investigacio¬ 
nes ejecutadas por los técnicos de la Comisión Nacional de 
Estudio del Problema Forrajero del Uruguay, de la 
cual me honro en ser Presidente, indagaciones realizadas bajo la 
dirección inmediata del Ing. Agr. Gustavo E. Spangenberg. En 
las «Jornadas Agronómicas» de 1939 de Buenos Aires, el nombrado 
técnico presentó un instructivo tema sobre el particular, disertando 
acerca de las características pratenses correlativas con déficit fosfo- 
cálcicas en el Uruguay. En años posteriores, estos trabajos se exten¬ 
dieron hacia la dilucidación del nexo causal entre la vegetación 
pastoril y la escasez o ausencia de elementos de vestigio (trazas). 

Lógicamente, la insuficiencia mineral en los alimentos afectó 
también al hombre mismo, registrándose sus consecuencias especial¬ 
mente en los casos en que ellos proceden de tierras pobres en mine¬ 
rales indispensables para el esqueleto y el funcionamiento normal 
del organismo. Prescindiendo de detalles aún dudosos en uno u otro 
aspecto de los nexos causales pertinentes, indico en primer término 
las consecuencias bien claras, que la escasez de materias fosfocálcicas 



282 


CONFERENCIA XIII 


en los alimentos ha tenido sobre las enfermedades de la dentadura. 
Resulta impresionante comprobar, que los descendientes de colonos 
europeos con dentadura sana y fuerte hasta el final de su vida, sufran 
en forma tan alarmante los efectos de la desmineralización de sus 
dientes. En la literatura pertinente encontré documentado el hecho 
de que las tres cuartas partes de los descendientes de colonos inmi¬ 
grados, todos éstos con dentadura totalmente sana, ya en la segunda 
generación se vieron obligados, a partir de sus 20 años de edad, a 
recurrir a dentaduras postizas. 

El raquitismo constituye un mal harto frecuente entre los niños 
que se vienen criando en ambientes de esta índole, o sea con tierras 
pobres en minerales. Sus padres, sin recursos para adquirir alimentos 
protectores, se ven obligados a alimentarlos exclusivamente con los 
productos extraídos de suelos pobres en substancias fosfocálcicas. 
El bocio, mencionado ya líneas arriba como enfermedad de los sui- 
nos provocada por la escasez de yodo, pese a detalles aún dudosos de 
la etiología del mal, es considerado también respecto al género 
humano como consecuencia de la insuficiencia del referido mineral. 
Entre las regiones afectadas, figuran igualmente comarcas apartadas 
de las provincias andinas de la Argentina. 

La repercusión desfavorable de la escasez mineral sobre la for¬ 
mación del feto y la cría del recién nacido durante la lactancia, signi¬ 
fica en forma análoga, un problema de desequilibrio nutritivo de gran 
importancia en las regiones apartadas, sin posibilidades y frecuente¬ 
mente carentes, debido a la pobreza de sus moradores, de dinero para 
poder recurrir a los remedios de la medicina moderna. Otro ejemplo 
pues, por cierto apropiado para mostrar el nexo causal de la des¬ 
mineralización de la tierra y el desequilibrio nutritivo del hombre. 

El avance alarmante de la desmineralización en este siglo cons¬ 
tituye, sin lugar a dudas, un aspecto de nuestro problema, digno no 
sólo de creciente interés teórico, sino también de la mayor atención 
por parte de los dirigentes de la causa pública en los respectivos paí¬ 
ses, a fin de tomar contramedidas prácticas, según las circunstancias 
del caso. En efecto, durante el siglo en curso se agregaron a los fac¬ 
tores causantes del agotamiento de la tierra agrícola, señalados ante¬ 
riormente, otros dos de singular gravedad. Me refiero a la generali¬ 
zación de la agricultura mecanizada, especialmente en los países nue¬ 
vos, y a la canalización urbana en todas las naciones civilizadas de 
Occidente. Si bien los comienzos de ambos procesos acelerados de 
la desmineralización pertenecen a los últimos decenios del siglo XIX, 
es innegable, que su generalización, como punto decisivo, tuvo lugar 
recién en el correr de nuestra centuria. 

El invento de la segadora-atadora primero, seguido luego por el 
de la cosechadora, trajo de repente una expansión extraordinaria de 



DESMINERALIZACIÓN DE LOS CONTINENTES 


283 


la agricultura cerealera en todos los países nuevos del mundo, tomán¬ 
dose bajo cultivo vastas superficies de tierras vírgenes. El invento y 
el veloz perfeccionamiento del tractor a gasolina y su rápida difusión 
que coincidió con la de la cosechadora, abrió a la labranza en gran 
escala, posibilidades no sospechadas en períodos anteriores. Justa¬ 
mente en los países nuevos, la mecanización agrícola se extendió a 
paso de gigante. Ante la demanda siempre creciente de la Humani¬ 
dad por alimentos y otros productos agropecuarios, los labradores, 
respondiendo a veces también al afán del lucro momentáneo, sin tener 
en cuenta la repercusión de su actitud sobre la conservación de la 
fertilidad y recurriendo a los elementos potentes de la labranza 
mecanizada, se excedieron en el uso de la tierra como substrato 
inmutable de la producción rural. Con frecuencia se habrá llegado 
al abuso. 

No sólo se pretendió extraer del suelo más de lo que normal¬ 
mente este podía dar sin desmedro de su producción futura, sino en 
pocos decenios se le expolió, tanto de su riqueza acumulada en mile¬ 
nios, como también del potencial productivo del futuro. Son bien 
conocidos los aludidos abusos de la tierra que se registran en forma 
de la agricultura esquilmante e inconsulta en tierras no apropiadas 
para la labranza, luego como pastoreo excesivo de terrenos pobres 
y finalmente como explotación abusiva de las selvas. 

El balance trágico de este proceso destructivo está a la vista en 
forma de tierras agobiadas y cansadas, frecuentemente arruinadas 
del todo por los arrastres de la erosión acelerada, al punto de no ser 
ya posible su recuperación. A raíz de la copiosa literatura sobre el 
problema y los comentarios aparecidos también en revistas de divul¬ 
gación y la prensa diaria, el problema resulta por demás conocido, 
aun en círculos ajenos a los problemas del agro. 

En relación con el tema del epígrafe, el asunto interesa con pre¬ 
ferencia desde el punto de vista de la desmineralización. Trayendo a 
la memoria lo expresado anteriormente sobre su avance, aun en las 
condiciones corrientes de la agricultura y ganadería de antaño, es 
lógico que esta explotación abusiva de la tierra, sobre todo la gene¬ 
ralización de la labranza mecanizada en la agricultura extensiva, 
tuvo que acelerar considerablemente todos los procesos de la desmi¬ 
neralización con el consiguiente acrecentamiento también del preci¬ 
tado desequilibrio productivo y nutritivo. 

Este tremendo proceso de una destrucción sin cesar, que se regis¬ 
tra preferentemente en los países nuevos con sus sistemas de explo¬ 
tación tan despiadados desde el punto de vista de la necesidad de 
conservar el potencial productivo del suelo, toma aspectos más gra¬ 
ves aún, con contornos realmente sombríos y tétricos, debido a la 
actitud del sector urbano de los habitantes de Occidente. El resul¬ 
tado de la explotación agropecuaria del suelo, o sea productos agríco- 



CONFERENCIA XIII 


284 


las y ganaderos de toda clase, quedan vertidos en una corriente 
incesante, sobre las ciudades consumidoras. Y bien, todos estos cen¬ 
tros urbanos dejan de retribuir al campo las substancias extraídas 
del suelo, entre ellas también las minerales que aquí interesan. Hay 
más aún, las ciudades, en recompensa de lo que dejan de aprovechar, 
mandan los residuos de los alimentos a través de los modernos siste¬ 
mas de canalización, a los ríos y finalmente al océano. Los conti¬ 
nentes pierden así para siempre todas las aludidas cantidades real¬ 
mente apreciables de minerales. La desmineralización se torna cada 
vez más amenazante para la continuación de una agricultura esta¬ 
ble, basada sobre el principio del equilibrio, como punto de partida 
de nuestra disertación. 

Es algo así como el golpe de gracia para uno de los aludidos 
equilibrios del reino natural, equilibrio importante no sólo a fin de 
conservar la capacidad productora de la tierra, sino de ahí también 
para la misma nutrición humana. Este desequilibrio empero, bajo la 
presión del aumento constante de la población humana de nuestro 
globo, se acentúa cada vez más. Pese a las guerras, la difusión de pro¬ 
cedimientos anticoncepcionales y otros factores limitantes, todos los 
años se agregan 20 millones de bocas nuevas, a las ya existentes que 
sobrepasan largamente los 2000 millones. El consumo aumenta más 
aún, debido también a las exigencias siempre crecientes por un más 
elevado nivel de vida. Si bien los vaticinios tétricos de Malthus, 
en su aspecto fundamental, dejaron de cumplirse, por razones múlti¬ 
ples, durante el siglo y medio transcurrido desde que fueran enun¬ 
ciados, la amenaza en principio existe. Palpable en las situaciones de 
infraconsumo y hasta hambre verdadera en muchas partes hasta del 
mundo civilizado de hoy, la tragedia se viene cerniendo paulatina¬ 
mente sobre los habitantes del globo considerados en conjunto. 

Una situación como ésta, no habrá podido imaginarse Thaer, 
el padre de la Agronomía como ciencia, en su exposición respecto al 
aumento paulatino de la fertilidad, en proporción a la densidad de la 
población humana. Al escribir su libro clásico sobre la agricultura 
racional, se ignoraba aún por completo la importancia de los mine¬ 
rales, no menos significativa que la del humus, para la conservación 
de la fertilidad. El problema quedó dilucidado poco después debido 
a las ya mencionadas investigaciones clásicas sobre la fisiología 
de la nutrición vegetal, ejecutadas por de Saussure, Boussin- 
gault y von Liebig. Pero aún así, es decir, sin tener en cuenta 
el desequilibrio productivo por la desmineralización de los continen¬ 
tes, Thaer, al anunciar el aumento de la fertilidad en proporción 
al aumento de la población (la cual conjuntamente con los animales 
produce el humus que debe ser devuelto a la tierra conjuntamente 
con residuos de la materia vegetal en descomposición, al efecto de 
conservar y hasta aumentar su fertilidad), hace expresamente la sal- 



DESMINERALIZACIÓN DE LOS CONTINENTES 


285 


vedad: «siempre bajo la condición de saberse evitar el arrastre flu¬ 
vial de tan preciosa materia, hacia el océano o su destrucción por el 
fuego.» Actualmente, sin embargo, no sólo el humus, sino también, 
lo que es mucho peor aún, las substancias minerales, al efecto del 
caso, tan «preciosas» como aquel, son arrastrados en cantidades cada 
vez más abultadas hacia el océano. El desequilibrio productivo toma 
caracteres graves. 

Los remedios, lógicamente deben contemplar ambos aspectos del 
desequilibrio, el productivo y el nutritivo. En cuanto a éste, existe el 
recurso de los paliativos, suministrándose sales tónicas, especialmente 
las calcáreo-fosfóricas, tanto a los animales domésticos estabulados 
como a los de pastoreo. En forma análoga se trata de subsanar 
el desequilibrio nutritivo del hombre. Se recurre a toda clase de 
sales, y en este caso especial también a la vitamina «D», destinada a 
corregir deficiencias del balance fosfocálcico del esqueleto, para reme¬ 
diar algún desequilibrio nutritivo. Sin restar importancia a tales tra¬ 
tamientos terapéuticos, es innegable, que éllos, aun en el mejor de 
los casos, sólo resuelven una parte del problema, dejando de contem¬ 
plar en absoluto todo lo atinente a la corrección del desequilibrio 
productivo. Con el objeto de corregir el mal a fondo, hay que atacarlo 
de raíz, o sea tratar de lograr el equilibrio productivo, con el cual el 
otro desaparecerá por sí solo, obteniéndose al mismo tiempo la recu¬ 
peración de la fertilidad, siempre que ésta dependa de la escasez de 
determinada substancia mineral. 

Estos objetivos se alcanzarán, como fácilmente se comprende, 
sólo devolviendo a la tierra las substancias minerales que le son 
extraídas. Un ejemplo singularmente instructivo respecto a lo que 
se puede lograr con la incorporación de grandes cantidades de sales 
minerales en un erial completamente estéril, es el del Dominio de 
Rengen, tierras yermas situadas en los páramos de las montañas 
de la Eifel (Alemania). La recuperación de estas tierras y su trans¬ 
formación en un predio de alta capacidad productora fué la obra 
maestra, punto culminante de la actuación tan fecunda de mi maes¬ 
tro Remy de la Universidad de Bonn (Río Rhin), en este sector de 
las investigaciones agronómicas. Limitándome aquí a esta breve men¬ 
ción del caso, que no pasó desapercibido en varios países europeos, ni 
en otros continentes, remito al segundo tomo de mis «Investigaciones 
Agronómicas» en cuya página 1003 se encuentra su descripción 
resumida. 

Seré breve también en mis referencias a diversos tópicos ins¬ 
tructivos relacionados con el asunto. Richardson calculó, que 
desde 1870 la exportación de animales sólo de los terrenos pastoriles 
de Victoria (Australia) ha extraído de su suelo un equivalente superior 
a dos millones de toneladas de superfosfato. Su reposición constituye 



286 


CONFERENCIA XIII 


un problema difícil de resolver, no sólo respecto a su financiación, 
sino también en lo que se relaciona con el transporte y la aplicación 
de tan abultada cantidad de fertilizantes. Stapledon, autoridad 
mundial en herbazales, considera como medida más urgente para 
detener el derrumbe agrícola de Inglaterra, una encaladura anual 
de sus campos de pastoreo con más de un millón de toneladas. Por 
otra parte, por razones imperiosas de economía, es menos exigente res¬ 
pecto al programa de la aplicación en mayor escala de abonos fosfóri¬ 
cos. Aun así establece el postulado de tener que esparcirse anualmente 
algo menos de medio millón de toneladas de éstos, a fin de recuperar la 
fertilidad de una parte de las tierras afectadas por el mal de la 
desmineralización. 

En comparación con cifras tan abultadas para una superficie 
relativamente reducida como la de las tierras de pastoreo de Ingla¬ 
terra, llegaríamos a guarismos realmente impresionantes al calcular, 
en forma análoga, cantidades totales de los abonos fosfatados reque¬ 
ridos tan sólo para la restitución de lo que en el correr de los siglos 
fué llevado de terrenos pobres de estos países, con el agravante de la 
pérdida adicional por la erosión acelerada, debida a la explotación 
agrícola esquilmante de los últimos tiempos. 

El Uruguay, además de los ya aludidos datos concisos sobre la 
pobreza de la mayoría de sus tierras en fósforo, dispone también de 
una copiosa y bien respaldada documentación respecto a los resulta¬ 
dos obtenidos en la aplicación experimental de abonos minerales. 
Me refiero a los datos reunidos a través de la vasta obra experimen¬ 
tal sobre el problema, iniciada en 1906 poco después de la fundación 
de la Facultad de Agronomía de Montevideo, e inten¬ 
sificada luego considerablemente por la experimentación metódica, 
cumplida por «La Estánzuela» en colaboración con el Insti¬ 
tuto de Química Industrial de Montevideo. En su 
vinculación con nuestro tópico, se trata tal vez de la documentación 
técnica más amplia y, debido a su larga duración, también más sólida, 
que hasta la fecha haya sido reunido en país alguno del Continente. 

Los Poderes Públicos del Uruguay, sacando las consecuencias de 
los resultados inequívocos de todo este copioso acervo experimental, 
están empeñados en intensificar el empleo de los abonos minerales 
en la práctica agrícola. Es uno de los puntos del programa de 
gobierno del actual Sr. Presidente, don Luis Batlle Berres. 
A una fecha anterior pertenece el Decreto del Poder Ejecutivo de 
jumo 22 de 1943, incorporando los abonos o productos fertilizantes 
dentro de los artículos de primera necesidad y destinando hasta la 
cantidad de cien mil pesos para el abaratamiento de los abonos, 
decreto éste que responde a una iniciativa del entonces Ministro 
de Ganadería y Agricultura Ing. Agr. Arturo González Vidart. 
En diciembre de 1947, la Cámara de Diputados dió su aprobación a 



DESMINERALIZACIÓN DE LOS CONTINENTES 


287 


un Proyecto de Ley presentado por el Representante Nacional, 
Dr. Salvador García Pintos, prohibiendo la exportación de 
abonos fosfatados orgánicos (guanos animales), así como de pro¬ 
ductos y materias primas aptas para su elaboración, tales como 
huesos comunes, harinas de huesos y cenizas de huesos, cuya expor¬ 
tación pagará un impuesto del 15 % «ad valorem». El producido de 
este impuesto será destinado a la importación de fosforita o cualquier 
materia prima apropiada para la preparación de abonos fosfatados, 
propendiéndose así a intensificar la elaboración de esta clase de abo¬ 
nos en el país. Con la votación favorable de este proyecto por parte 
del Senado, la cual hay que dar por descontada, el Uruguay dispondrá, 
pues, de mayor cantidad de abonos fosfatados y probablemente tam¬ 
bién a menor precio. 

Ante la presión de la evolución habida en los últimos años, el 
problema de la aplicación de abonos químicos en la agricultura de 
estos países nuevos, considerado hasta hace poco como «cuestión exó¬ 
tica», no sólo cobró actualidad, sino en algunos casos resulta de ver¬ 
dadera importancia inmediata. 

Señores: Ignoramos el giro futuro de las cosas respecto a varias 
cuestiones íntimamente vinculadas con un problema como el que 
acabo de exponer, de proyecciones tan vastas para la Humanidad. 
Por lo pronto seguimos dependiendo, respecto a nuestros alimentos, 
de la producción agropecuaria. Los productos sintéticos hasta la fecha 
no trajeron alivio, ya que casi todos los que se conocen actualmente, 
requieren para su fabricación substancias orgánicas oriundas del tra¬ 
bajo fotosintético de las plantas. La celulosa de plantas de toda clase, 
especialmente los árboles forestales, proteínas y grasas vegetales y 
animales y otros productos oriundos del reino orgánico, constituyen 
materia prima para la fabricación de los aludidos productos sintéticos 
y de otros, a través de gigantescos procesos Industriales. De suerte 
que, los productos sintéticos, lejos de traer alivio referente a la pro¬ 
ducción agropecuaria, al acrecentar la demanda por productos orgᬠ
nicos oriundos del suelo, contribuyeron a agravar aún más el pro¬ 
blema de la desmineralización. 

Investigaciones recientes sobre la fotosíntesis indican que los 
océanos, en vez de constituir vacíos estériles de la superficie del 
globo respecto a la acaparación de la energía solar por el trabajo 
fotosintético de las células productoras de la materia orgánica que 
tanto nos interesa, participan activamente en los aludidos procesos 
tan complicados. Más aún, según indicaciones de Eugenio I. Rabi- 
nowitch en su importante obra monográfica sobre la fotosíntesis, 
aparecida en 1945, una hectárea de tierra firme sería capaz de fijar 
anualmente 1,3 toneladas de ácido carbónico, en contraposición a 
3,75 como cifra correspondiente a igual superficie de los océanos. 



288 


CONFERENCIA XIII 


Resulta, pues, que en lo atinente a este punto fundamental para la for¬ 
mación de materia orgánica, los mares superan en una cifra tres veces 
mayor el poder acumulador de la tierra firme. En qué forma las gene¬ 
raciones futuras, recurriendo, ante la presión de necesidades siempre 
más apremiantes, a la flora y fauna océanica, sabrán sacar provecho 
de esta situación, significa otra de las aludidas incógnitas. 

Por lo pronto hay que atenerse a los hechos que rigen en la actua¬ 
lidad. La desmineralización sin cesar de los continentes como ame¬ 
naza para el futuro, constituye una realidad incontrovertible. No se 
conoce ninguna civilización que, aun recurriendo a la aplicación de 
fertilizantes, haya podido perdurar sobre la base exclusiva de abonos 
orgánicos. En el caso de las civilizaciones milenarias del Lejano 
Oriente se comprueba este aserto. Aquellas aglomeraciones de gente 
en las llanuras fértiles de Asia han podido perdurar, por incorporarse, 
conjuntamente con las deyecciones animales y humanas, todo lo 
extraído de la tierra también en forma de minerales, con el agregado 
de lo contenido en residuos vegetales utilizados para la fabricación 
de sus valiosos abonos compuestos. 

En contraposición a este ejemplo clásico respecto a la duración 
de civilizaciones basadas sobre una agricultura que recurre a la devo¬ 
lución casi total de lo extraído del suelo, al mismo predio de donde 
fue sacado, tenemos el procedimiento actual de estos países nuevos. 
El drenaje incesante de su fertilidad y especialmente las subs¬ 
tancias f osf o-cálcicas que aquí interesan en primer término, origina¬ 
ron un desequilibrio productivo que se viene acentuando cada vez 
más. El desequilibrio nutritivo en su interdependencia con el otro, 
significa una amenaza no sólo respecto a la alimentación en sí, sino 
también en lo que atañe al trabajo intelectual. Sin cal no hay esque¬ 
leto; pero sin fósforo no hay trabajo cerebral, ya que las grasas y las 
proteínas en este punto poco valen. 

Pongo punto final* a mi exposición, confirmando una vez más 
lo ya expresado en otras oportunidades con una frase vertida por 
Russell en su obra clásica sobre las condiciones del suelo y el 
crecimiento de las plantas: los yacimientos de fosfato pueden ser 
todavía el factor que determine el curso de la historia. Formulo sin¬ 
ceros votos por que el Continente Sudamericano, cuyo problema de 
desmineralización lógicamente interesa aquí en primer término, salga 
airoso de una prueba eventual respecto a su porvenir, involucrado 
en las referidas palabras. 



CONFERENCIA XIV 

EL ENLACE ENTRE LA INVESTIGACION AGRONOMICA 
Y EL AMBIENTE PRODUCTIVO RURAL 




(Buenos Aires, Centro Argentino de 
Ingenieros Agrónomos, junio de 1948.) 


El tema del epígrafe constituye el complemento de la conferencia 
que el 21 de abril próximo pasado tuve el honor de pronunciar en el 
Instituto Agrario Argentino, versando sobre: «Práctica general y 
especialización en la carrera agronómica». En aquella oportunidad 
me encontré frente a un auditorio más bien heterogéneo, en el cual, 
además de numerosos profesionales, figuraba igualmente una ele¬ 
vada concurrencia de otros interesados en los problemas del agro, sín¬ 
toma del interés reinante por estas cuestiones. Interés bien compren¬ 
sible, por cierto, en una nación como la Argentina, donde la econo¬ 
mía nacional gira tan preponderantemente en torno a la producción 
rural. En tales circunstancias juzgué oportuno abordar el tópico seña¬ 
lando la posición e importancia cada vez más acentuada de la profe¬ 
sión agronómica en el engranaje de la economía nacional de todas las 
naciones civilizadas y lógicamente, con preferencia en estos países 
nuevos tan marcadamente agropecuarios. 

Esta vez me dirijo expresamente a los profesionales colegas, 
agremiados en este prestigioso Centro, circunstancia que, además de 
resultarme singularmente grata, no deja de otorgar un sello especial 
a mi disertación. Agradezco, pues, a vuestro Sr. Presidente, Ing. Agr. 
Carlos A. M o r a n d i, la deferencia de haberme ofrecido esta tri¬ 
buna para desenvolver un tema de gran actualidad y de interés espe¬ 
cial para la profesión agronómica. 

Me propongo hablar sobre el enlace entre la investigación agro¬ 
nómica y el ambiente productivo rural, cuestión abordada, aunque 
en forma diferente, en el capítulo final de mi último libro: «Consejos 
Metodológicos», como parte destinada a exponer las relaciones entre 
la Agronomía como ciencia y la agricultura como arte. En párrafos 
iniciales del aludido capítulo dejé sentada mi convicción, de resultar 
insuficiente el rendimiento de la investigación agronómica en la prác¬ 
tica productiva. Pese a las conquistas innegables de la investigación 
en los más variados sectores integrantes de la Agronomía, persiste la 
impresión de una utilidad práctica relativamente escasa de tan nobles 
esfuerzos científicos, en el ambiente productivo rural y por ende el 
engranaje de la economía nacional, cuestiones que afectan el bienes¬ 
tar general, interesando por lo mismo a todos los habitantes de las 
respectivas naciones. 

Si examinamos la actuación integral del ingeniero agrónomo, o 
s : reflexionamos sobre la repercusión y por ende el uso real que los 



292 


CONFERENCIA XIV 


resultados finales de pacientes investigaciones del especialista, ejecu¬ 
tadas en equipos debidamente organizados, suelen encontrar entre la 
mayor parte de los campesinos, resulta fácil comprobar, que en este 
punto existen fallas en detrimento de la producción. Desde el técnico 
en posición responsable hasta el mismo hombre de campo que eje¬ 
cuta, en su ruda labor diaria, el noble oficio de creador de subs¬ 
tancias alimenticias, todos y cada uno compenetrados del sentimiento 
de la responsabilidad colectiva común, deben unirse, para formar un 
solo haz armonioso de denodados luchadores contra la penuria inclu¬ 
sive la amenaza de situaciones peores del futuro, inevitables al 
desatenderse las leyes que presiden una producción agropecuaria 
orientada a larga vista. 

Será indudablemente más fácil y desde luego más cómodo dedi¬ 
carse a la simple «explotación» de las riquezas del suelo en el sentido 
verdadero del concepto, es decir, sacar utilidad de ella en pro¬ 
vecho personal, llegando hasta el abuso, al valerse de la fertilidad 
del suelo acumulada a través de milenios, sólo en beneficio propio 
sin pensar en el futuro. El pastoreo excesivo, el desmonte despiadado 
de las selvas vírgenes y sobre todo la agricultura esquilmante en tie¬ 
rras expuestas al peligro de su pérdida parcial o total por la acción 
destructora del arado, constituyen aspectos conocidos del aludido 
abuso. El sentimiento de solidaridad entre las generaciones sucesivas, 
impone la obligación de respetar ciertos convenios tácitos y sagrados 
atinentes a la fertilidad del suelo y la estabilidad de la agricultura. 
En casos extremos, al desaparecer con la destrucción total del suelo 
el substrato del proceso vegetativo, llegaríamos hasta la imposibilidad 
absoluta de su continuación. 

A estos aspectos negativos corresponden, en el polo opuesto, los 
postulados no menos imperativos de tratar de alcanzar mayores ren¬ 
dimientos por unidad de superficie, aumentando el potencial pro¬ 
ductivo del suelo y defendiendo la producción contra toda clase de 
pérdidas. Tales cuestiones, conjuntamente con los múltiples proble¬ 
mas de la Economía y Sociología Rural, inclusive los muchos que 
en mi disertación anterior indiqué como materias de especialización, 
representan el objeto de la enseñanza universitaria e investigación 
agronómicas. Ponerlas a través de la agricultura práctica, al servicio 
de la sociedad, buscando al mismo tiempo el más alto coeficiente de 
rendimiento de todo este engranaje científico en beneficio colectivo, 
es el mandato de la hora. Sólo de esta manera quedarían justificadas 
las erogaciones cada vez más abultadas, que la misma colectividad, 
por intermedio de las instituciones del Estado, invierte tanto en el 
sostenimiento de la referida enseñanza agronómica como también 
en el de la investigación y todo el engranaje administrativo al ser¬ 
vicio de la causa rural. 

Entrando en materia, señalo en primer término la posición fun- 



INVESTIGACIÓN V AMBIENTE PRODUCTIVO 


293 


damentalmente diferente que la Agronomía como enseñanza univer¬ 
sitaria y por ende la profesión del ingeniero agrónomo, ocupan en 
comparación con otras ciencias disciplinadas y las consiguientes carre¬ 
ras profesionales. Desde luego, como sucede respecto a todos los estu¬ 
dios superiores, los cursantes de las ciencias agronómicas, una vez 
recibidos gozan de los privilegios involucrados en el título otorgado 
por la Universidad, quedando respaldados de esta manera por las 
leyes del Estado. Pero la Agronomía lleva al mismo tiempo la finali¬ 
dad de propender al perfeccionamiento de la producción agropecua¬ 
ria con la aplicación práctica de los conocimientos adquiridos en 
el manejo de establecimientos de cierta importancia, etc., actividad 
ésta que por razones obvias, se sustrae a los privilegios otorgados 
por el referido título. En este aspecto del ejercicio de la profesión 
agronómica, ella carece en absoluto de las características de una 
ciencia esotérica. Por el contrario, el más modesto labrador o pastor, 
al dedicarse a las respectivas actividades de labranza o cría de 
ganado, ejecuta trabajos de índole agronómica. 

Aun careciendo en absoluto de conocimientos teóricos en las 
respectivas materias de Agricultura o Zootecnia, las cuales, como 
asignaturas de las ciencias agronómicas, forman parte integrante de 
cualquier programa de enseñanza y, por añadidura, de la investi¬ 
gación científica pertinente, en principio se trata de las mismas acti¬ 
vidades prácticas a cargo de un ingeniero agrónomo al dirigir la 
producción de determinado establecimiento rural. Sin perjuicio del 
perfeccionamiento sucesivo de los conocimientos teóricos y de los 
métodos de trabajo basados en ellos, las aludidas actividades rurales 
en principio se conservan como tales y con la misma finalidad desde 
los períodos más remotos de la prehistoria. Desde el momento en que 
se diera comienzo al reemplazo de la simple recolección de frutas sil¬ 
vestres, o de la caza y pesca, por el cultivo de plantas y el cuidado de 
animales domesticados, las actividades agropecuarias no sufrieron 
cambios fundamentales. Ayer como hoy siguen siendo las mismas en 
principio, constituyendo la tarea diaria de una gran parte de los 
habitantes del globo. 

En cambio, tanto los representantes de las ciencias puras, a saber: 
jurisconsultos, teólogos, filósofos, filólogos, físico-matemáticos y otros, 
como también los naturalistas: geólogos, botánicos, zoólogos, quími¬ 
cos, y finalmente los médicos y médicos veterinarios, odontólo¬ 
gos, ingenieros, arquitectos, etc., constituyen núcleos profesionales 
«esotéricos» respecto al ejercicio de sus respectivas profesiones. Aun 
sin que exista una legislación defensora de los pertinentes foros pro¬ 
fesionales, los conocimientos científicos les otorgan de por sí a los 
integrantes de los aludidos grupos, ciertas prerrogativas de exclusi¬ 
vidad. Existe para ellos un esoterismo de hecho. 

Hay más aún. La ley suele proteger expresamente a los titula- 



294 


CONFERENCIA XIV 


dos en las respectivas ciencias, reprimiendo verbigracia al curande¬ 
rismo en defensa de la profesión médica, respaldando por disposi¬ 
ciones de privilegio la actuación profesional del abogado, escribano, 
agrimensor, químico farmacéutico, médico veterinario y otros. Si bien 
sucede lo mismo con el agrónomo en lo que atañe a ciertas tareas 
profesionales, como la enseñanza, tasaciones, ocupación de cargos 
administrativos, dictámenes periciales y otras cuestiones, queda siem¬ 
pre el ya referido aspecto de la actuación profesional del ingeniero 
agrónomo en la práctica agropecuaria. En efecto, la utilización de sus 
conocimientos en el ambiente productivo rural, ya sea en provecho 
propio o en beneficio del mejoramiento de la producción agraria en 
general, significa en todo caso divulgación, lo que equivale a la apli¬ 
cación de principios exotéricos. 

A tal extremo llega el así señalado exoterismo, que los mismos 
representantes de carreras universitarias, tan celosos en la defensa 
de sus foros profesionales, suelen dedicarse corrientemente a acti¬ 
vidades agropecuarias. Mientras que a ningún agrónomo profesional 
se le ocurriría jamás inmiscuirse en asuntos reservados a las demás 
profesiones universitarias, es muy frecuente y perfectamente justi¬ 
ficado, que integrantes de éstas e igualmente industriales, comer¬ 
ciantes, artesanos, o sea personas ajenas en absoluto a la «profesión 
agronómica», se dediquen a la explotación de establecimientos rura¬ 
les. Aun prescindiendo de los casos en que el hombre de ciudad, 
agobiado y enervado por la vida agitada y absorbente del ambiente 
febril de los centros urbanos, busque en el campo una renovación 
de sus energías físicas y especialmente mentales, procedimiento por 
cierto muy apropiado para conservar y hasta restablecer el equili¬ 
brio de su potencial energético, registramos muchos otros, en que el 
mismo actúa, aunque con intensidad variable, directamente en los 
procesos productivos del agro. 

Basta que a alguien le «guste el campo», para que invierta 
dinero y energías en su predio o fundo, atendiéndolo hasta con sacri¬ 
ficios pecuniarios y a veces también en detrimento de la sociedad, 
algo inevitable en los casos en que no se llega a sacar de la tierra 
todos los resultados deseables en forma de los productos agropecua¬ 
rios requeridos por el consumo. 

Es éste el nunto neurálgico del asunto. Las necesidades cada vez 
más acentuadas de los habitantes del globo en alimentos y otras subs¬ 
tancias oriundas del agro, no justifican mermas de rendimiento atribui- 
bles al desconocimiento de las leyes de la producción y por ende proce¬ 
dimientos productivos discordantes con ellas, originándose de esta 
manera pérdidas no admisibles, desde el punto de vista de la colec¬ 
tividad. Ni que hablar del aspecto moral de la cuestión en el sentido 
de sustraerse de esta manera, superficies más o menos considerables, 
a veces las mejores tierras de las respectivas zonas de influencia de 



INVESTIGACIÓN Y AMBIENTE PRODUCTIVO 


295 


los grandes centros urbanos, al proceso productivo, al transformarlas 
en algo así como un «hobby» de la gente adinerada, meros objetos de 
distracción de fin de semana. Ante la situación de evidente escasez 
de alimentos y otros artículos de primera necesidad, en muchas 
partes del mundo, es inadmisible la negligencia en lo referente al 
aprovechamiento adecuado de todos los recursos productivos al 
alcance del hombre. 

Razones de solidaridad imponen la intensificación de la produc¬ 
ción agropecuaria en cualquier rincón del globo que ofrezca a los 
productos salida fácil y económicamente recompensada, hacia los 
grandes centros de consumo. De manera alguna, a esta altura de la 
evolución, es perdonable un abuso de la tierra que pudiera conducir 
al agotamiento de su fertilidad, por métodos equivocados de una 
explotación esquilmante, la cual, buscando sólo el beneficio máximo 
del presente, significa un robo a las generaciones futuras. Hasta que 
no se resuelva el problema de la fabricación de productos sintéticos 
sobre la base de materias primas oriundas del reino inorgánico, lo que 
equivaldría a «transformar piedras en pan», la amenaza de escasez 
y hambre se acrecienta por todas partes. De ahí, no sólo la impor¬ 
tancia siempre más acentuada de las ciencias agronómicas, llamadas 
a enseñar las posibilidades de aumentar la producción y especial¬ 
mente lograr rendimientos más elevados por unidad de superficie, 
sino también la necesidad de encontrar soluciones al problema de 
su enlace con el ambiente productivo rural, en el cual deben ser apli¬ 
cados prácticamente los aludidos conocimientos teóricos. 

En consecuencia, la carrera agronómica no sólo ha de conservar 
invariablemente la precitada característica de una profesión exoté¬ 
rica, sino también y, tal vez más aún, a cada uno de sus integrantes 
le incumbe la obligación individual y colectiva, de tratar de difundir 
lo más rápidamente posible entre las masas rurales, cualquier cono¬ 
cimiento apropiado para aumentar y mejorar la producción. Es éste 
precisamente, el punto culminante de la misión de la Agronomía 
como ciencia y del ingeniero agrónomo como profesional, al conside¬ 
rar el asunto desde los puntos de vista de los intereses colectivos. 
Y aun en los casos en que un ingeniero agrónomo profesional dedi¬ 
que sus conocimientos generales y especiales en las respectivas ma¬ 
terias, a la explotación de tierras propias o de un establecimiento 
arrendado inclusive el manejo de grandes empresas rurales, no por 
eso el problema cambia de aspecto en este punto. 

Es evidente, que el estudio de la Agronomía y en forma más 
acentuada aún la actuación del investigador en materias agronómi¬ 
cas, deben propender en su faz práctica a lograr el más alto grado de 
eficiencia en el ambiente productivo rural. De esta manera los inte¬ 
grantes de la profesión cumplen con el deber ético de retribuir a la 
colectividad lo que les fuera proporcionado no sólo por la circuns- 



296 


CONFERENCIA XIV 


tancia de vivir en una sociedad civilizada, sino al ofrecerles también 
todas las ventajas implicadas en la educación y enseñanza superior 
inclusive la preparación para la investigación científica. Surge así 
en un plano elevado de la Deontología el compromiso no ya de 
devolver lo que se recibió en la forma aludida, sino de retribuirlo 
«con creces». 

En cuanto a la obligación moral de propender, con todos los 
medios al alcance de la ciencia agronómica, a lograr el más alto 
grado de eficacia de la producción agropecuaria, nos enfrentamos 
con el problema de la lucha eterna del hombre contra el hambre. 
En efecto, se trata de una lucha verdadera, a fin de vencer la esca¬ 
sez de alimentos y otros productos del agro, requeridos en propor¬ 
ción cada vez más creciente por la humanidad. En este sentido la 
posición de la profesión en conjunto es comparable con la de un 
ejército en acción. El símil resulta doblemente significativo al rela¬ 
cionarlo con la parte de mi ya aludida conferencia anterior, desti¬ 
nada a ejemplificar las condiciones deseables para conseguir el fun¬ 
cionamiento satisfactorio de un equipo de especialistas en la investi¬ 
gación agronómica. Me referí al gran ejército pacífico formado por 
los soldados del arado, llamado a luchar contra el aludido enemigo 
implacable: el hambre, actualmente presente por todas partes en 
forma de infraconsumo y desgraciadamente, también hambre verda¬ 
dera en algunas comarcas del globo. En este gran ejército pacífico de 
soldados del arado, los ingenieros agrónomos constituyen la oficia¬ 
lidad. Una parte de ésta, haciendo las veces de un «Estado Mayor» 
militar, ha de proyectar pues, el pían de acción. Su ejecución que¬ 
dará luego a cargo de la tropa, integrada por una inconmensurable 
legión, los trabajadores de la tierra del mundo entero, dirigidos a su 
vez por oficiales competentes o sea, los ingenieros agrónomos. Lla¬ 
mados a ocupar posiciones de responsabilidad, les corresponde a ellos 
transformar un plan bien preparado en lisonjera realidad, a cuyo 
efecto sabrán valerse hábilmente de todo el potencial a su alcance. 
La divulgación más amplia de sus conocimientos científicos en bene¬ 
ficio de la práctica productiva, es una de las condiciones primordiales 
para llegar al triunfo en toda la línea. 

Desde este punto de vista resulta indudablemente muy instruc¬ 
tivo, tener presente también las posibilidades máximas involucradas 
en la utilización eficaz y cada vez más amplia de la investigación 
científica para «fines operativos», según se desprende de las expe¬ 
riencias reunidas al respecto en la segunda guerra mundial. Tanto 
en la lucha aérea como en la guerra submarina y otras acciones béli¬ 
cas que tornaron las ventajas iniciales de las potencias del Eje, a 
favor de las armas de Inglaterra, se llegó a resultados sorprendentes 
en el aprovechamiento del potencial bélico por una colaboración bien 
planeada y ejecutada a la perfección entre toda clase de investigación 




INVESTIGACION Y AMBIENTE PRODUCTIVO 


297 


científica y los altos jefes militares, dirigentes de las respectivas accio¬ 
nes operativas. 

Hago referencia a lo que en inglés se conoce bajo el concepto: 
«Operational Research», término que yo vertiría al castellano más bien 
como «investigación operativa», en vez de decir «operacional», en 
analogía con la aludida palabra inglesa. El término se hizo usual 
durante la última guerra, para calificar un nuevo tipo de proceso 
mental, aplicado para llegar a contestaciones concretas y bien claras 
en problemas que surgieron respecto a la ejecución de los planes ope¬ 
rativos. Entre diversas definiciones se suele preferir la de Kittel, 
según la cual la «investigación operativa» constituye un método cien¬ 
tífico a fin de suministrar a los departamentos ejecutivos una base 
cuantitativa para decisiones respecto a las operaciones y su supervisión. 

La investigación operativa ofrece una contribución valiosísima 
para encontrarle solución al importante problema de tener que esta¬ 
blecerse un enlace eficaz entre las aludidas determinaciones «cuanti¬ 
tativas», interpretadas a través de los métodos modernos del cálculo 
estadístico, y el cuerpo dirigente de alguna empresa ardua, cuyos 
integrantes por lo general sólo poseen los conocimientos técnicos 
corrientes de su ramo. De esta manera se llega a la realización prác¬ 
tica del potencial operativo latente, involucrado en la alta investiga¬ 
ción refinada en las más diversas ramas del saber, pero dominado 
sólo por especialistas ajenos a estas cuestiones de la acción ejecutiva. 

Los Estados Mayores de los grandes ejércitos en pie de guerra, 
al preparar alguna operación táctica, o, en períodos de paz, entre 
otros centros ejecutivos, los ministerios de agricultura de las nacio¬ 
nes, constituyen tales engranajes que deben sacar provecho inme¬ 
diato también de las actividades de alta especialización científica. 
En muchas ciencias se llegó a una sutileza tan acentuada en la 
dilucidación de problemas intrincados, con el consiguiente refi¬ 
namiento de los resultados, que estos constituyen un arma dema¬ 
siado sutil para su aplicación inmediata en la acción ejecutiva. 
Es un instrumento comparable a una filigrana y por ende no apto 
para el uso poco delicado que suele ser frecuente en tales operacio¬ 
nes de lucha recia. 

Sin embargo, los aludidos organismos técnico-administrativos, 
dirigentes del engranaje complicado de acciones bélicas o de la lucha 
pacífica por nuevas conquistas en la agricultura, no pueden prescin¬ 
dir de tales elementos auxiliares de sutileza extrema. En el precitado 
caso de Inglaterra, al presentarse la necesidad imperiosa de tratar de 
lograr una mayor eficiencia de la defensa contra los ataques aéreos 
y submarinos, fué posible, en base a cálculos estadísticos, determi¬ 
nar el grado de probabilidad de éxito respecto al resultado presumi¬ 
ble de las contramedidas aconsejadas para contrarrestar los triunfos 
iniciales de la acción enemiga. 



298 


CONFERENCIA XIV 


Ha de interesar a los técnicos colegas que trabajan en el refe¬ 
rido sector de especialización, que también el Dr. F. Yates, colabo¬ 
rador de R. A. Fisher en las conocidas tablas estadísticas’para la 
investigación biológica, agrícola y médica, tomó la palabra en uno 
de los referidos artículos sobre la investigación operativa, en el 
número del 17 de abril pasado de «Nature». Expresa el nombrado 
autor, que pese al alto grado ya alcanzado en el desarrollo paulatino 
de los métodos del cálculo estadístico, perfección señalada expresa¬ 
mente por G o o d e v e en un artículo amplio de la misma revista, 
córrespondiente al 13 de marzo de 1948, se vislumbran posibilidades 
de un refinamiento más acentuado aún. Esto se hace necesario, entre 
otros casos, para el análisis multifactorial y el desarrollo de una 
técnica analítica utilizable para su aplicación en datos extensivos. 

Sin perderme en detalles de todas las realizaciones cumplidas 
en el transcurso de la guerra y la aludida documentación literaria 
sobre la eficacia de esta cooperación tan hábilmente organizada 
entre la investigación científica y un Estado Mayor encargado de la 
preparación y dirección de acciones bélicas, he juzgado oportuno 
referirme al tópico, con el objeto de dirigir la atención de mi audito¬ 
rio hacia la copiosa literatura sobre el asunto. Más importante, sin 
embargo, será la información en cuanto a la intención de utilizar, 
también para problemas de la paz, las experiencias tan halagadoras 
acumuladas en la guerra, con esta forma de enlace entre la investi¬ 
gación científica e instituciones ejecutivas. 

En cuanto al aprovechamiento de los atisbos de alta especiali¬ 
zación en las distintas ramas de la Agronomía, es indudable, que se 
imprimirá de esta manera, una mayor eficiencia práctica también a la 
meritoria labor científica de los equipos de investigación, a los cua¬ 
les me referí en mi conferencia de abril próximo pasado. 

A título de ejemplo consigno los éxitos desde ya obtenidos a 
través de una coordinación adecuada de la investigación y el «plan 
operativo» correspondiente, en la lucha contra la langosta, como 
terreno de la Entomología Aplicada uno de los sectores del vasto 
campo de la actuación científica y al mismo tiempo práctica en 
Agronomía. En efecto, los éxitos registrados en el continente afri¬ 
cano y el Medio Oriente durante los últimos años en el combate con¬ 
tra esta plaga, se deben a la aplicación de un plan operativo, en cuya 
preparación se recurrió preferentemente a los hombres de ciencia 
especializados en la materia. Estos, en posesión de los datos sobre la 
migración y otros elementos de juicio, estaban en condiciones de sumi¬ 
nistrar eficientemente toda la información científica requerida para 
la acción práctica, en forma similar a lo anotado respecto a las ope¬ 
raciones bélicas en la segunda guerra mundial. 

En este orden de ideas no deja de ser instructivo, que los éxitos 
señalados fueron logrados justamente a raíz del examen detenido de 



INVESTIGACIÓN Y AMBIENTE PRODUCTIVO 


299 


la eficiencia del instrumental de lucha moderno. En forma análoga a 
lo registrado respecto a la poca eficacia inicial de los aviones y otros 
elementos de lucha contra submarinos, se comprobó la necesidad de 
perfeccionar considerablemente la técnica del vuelo, a fin de poder 
combatir la langosta también desde el aire. No digo novedad si agrego, 
que se considera factible el exterminio más o menos total del acridio 
en determinada campaña de lucha. Y más aún, su erradicación defi¬ 
nitiva, es considerada igualmente como problema soluble inclusive en 
estos países sudamericanos. En efecto, entomólogos competentes en 
el asunto, entre otros, los colegas Carlos A. Lizer y Trelles, 
A. J. Goytía, e igualmente especialistas de fama mundial, como el 
ruso Uvarov y el norteamericano Parker, coinciden en su opinión 
favorable sobre el particular. La labor científica cumplida anterior¬ 
mente a través de las expediciones destinadas a descubrir los focos per¬ 
manentes y estudiar la migración, complementada luego por minuciosas 
investigaciones de gabinete en los insectarios, permitieron, con el agre¬ 
gado de los poderosos preparados insecticidas modernos, especial¬ 
mente el gammexane, organizar la lucha sobre un «plan operativo» 
análogo a los que se conocen en las acciones militares de la guerra. 

Sea dicho de paso, que a tal objeto se impone la cooperación in¬ 
ternacional, siendo sin duda interesante agregar el detalle de que 
justamente en estos momentos, en que una nueva invasión se cierne 
sobre las llanuras platenses, vuestro Sr. Ministro de Agricultura, 
Ing. Agr. Carlos A. Emery, tomó la iniciativa para lograr una 
colaboración internacional más estrecha en el plan operativo. A tal 
objeto visitó personalmente hace poco, a su colega uruguayo, 
Dr. Luis Alberto B r a u s e, quien, a su vez, se puso en comunicación 
telegráfica con el Ministro de Agricultura del Brasil, Dr. Daniel de 
Carvalho, con el objeto de organizar la lucha de común acuerdo 
entre los tres países interesados en el asunto. Indudablemente un 
ejemplo instructivo respecto a lo que la «investigación operativa», 
que en este caso actuó más bien para descubrir fallas en los proce¬ 
dimientos modernos de la lucha, fué capaz de lograr en una cues¬ 
tión, que tan profundamente afecta la producción agrícola también 
de estas fértiles comarcas del nuevo mundo. 

No tan fácil ni relativamente sencilla será la solución del pro¬ 
blema en debate en otros sectores del vasto terreno de las actividades 
agronómicas. Las aludidas dificultades, desde luego, llegan al mᬠ
ximo cuando se pretende organizar, para países enteros, una amal¬ 
gama eficiente que armonice las realizaciones entre la investigación 
agronómica y el vasto engranaje tan ramificado de las actividades 
productivas del agro. Sin embargo, también en este punto se regis¬ 
tran iniciativas interesantes en los distintos países del mundo, inclu¬ 
sive los de nuestro Continente. 



300 


CONFERENCIA XIV 


Con todo, es bien sabido, que en los problemas de la producción 
rural, las cuestiones científicas, técnicas y finalmente también aspec¬ 
tos del engranaje económico y sociológico, deben ser contempladas 
invariablemente en su vinculación con el medio ambiente. Lo que 
puede ser útil y provechoso para países avanzados en su evolución 
industrial, con una población densa y un alto grado de cultura gene¬ 
ral de las grandes masas, será menos eficaz y hasta contraproducente 
en otros, con una densidad menor y una estructura económica rela¬ 
tivamente sencilla. Sería entregarse a una ilusión no justificada por 
la realidad de los hechos, si quisiéramos tratar de resolver el pro¬ 
blema, copiando ciegamente los ejemplos, que en este punto ofrecen 
países exóticos con ambientes productivos rurales bien distintos de 
los de estas repúblicas sudamericanas. Aun así los ejemplos serán 
instructivos, ofreciendo por lo menos una guía de orientación para 
iniciativas en uno u otro sentido para conducir finalmente, aplicando 
una severa autocrítica, a soluciones apropiadas también en lo que 
respecta a los ambientes nuevos de Sudamérica. 

Como punto de partida de mis referencias concisas a ejemplos 
extranjeros de la fusión eficiente entre la investigación agronómica y 
la práctica productiva, elijo el caso de EE. UU. de Norteamérica, cuyos 
progresos extraordinarios en el terreno de las actividades industria¬ 
les no fueron óbice para ostentar al mismo tiempo una posición 
destacada en el terreno de la producción agraria. La situación per¬ 
tinente resulta doblemente instructiva, en virtud de tratarse, como 
en estas regiones sudamericanas, de un país nuevo con una labranza 
ampliamente mecanizada, cuyas iniciativas y realizaciones en mate¬ 
ria rural, suelen ser tenidas muy en cuenta por los campesinos pro¬ 
gres'stas de esta parte del Continente. La importancia que allí se 
atribuye a una cooperación armoniosa entre el cerebro dirigente y 
el brazo ejecutor de la producción agropecuaria, se refleja nítida¬ 
mente en una pequeña publicación del entonces titular de la Secre¬ 
taría de Agricultura, H. A. Wall a ce, sobre la «investigación, fer¬ 
mento de la agricultura», trabajo accesible en la traducción castellana 
de Brumana, de 1938. Sin embargo, Wallace se limita más bien 
a establecer escuetamente el postulado de que la ciencia penetre, cual 
«fermento», en todas las actividades prácticas del campo. La investi¬ 
gación científica no sólo tendría que ponerse al servicio de las reali¬ 
dades del trabajo rural, sino recíprocamente éste debería estar tam¬ 
bién al diapasón con la ciencia. En otras palabras, las tareas diarias 
del campesino tendrían que quedar leudadas con la levadura de la 
ciencia. 

En cuanto a los detalles del caso aludido, habrá que recurrir a 
la copiosa literatura norteamericana sobre los distintos aspectos de la 
fusión mutua entre la investigación agronómica y la práctica produc¬ 
tiva. A título de ejemplo consigno la información de N. P. Neal 



INVESTIGACIÓN Y AMBIENTE PRODUCTIVO 


301 


acerca de la organización de las actividades de investigación, ense¬ 
ñanza y el servicio de extensión agrícola del Estado de Wisconsin, la 
cual se encuentra como parte integrante de un trabajo sobre el cul¬ 
tivo del maíz en el Uruguay, publicado en 1943 por la Administra¬ 
ción Nacional de Combustibles, Alcohol y Port- 
1 a n d (ANCAP), de Montevideo. En virtud de tratarse, según el nom¬ 
brado autor, de datos válidos no sólo respecto a Wisconsin, sino 
también para los demás Estados de la Unión, lo tomo de modelo 
transcribiendo a continuación algunos de los párrafos que aquí 
interesan. 

«El estado de Wisconsin» — apunta — «está dividido en 71 con¬ 
dados. Cada condado tiene por lo menos un Agente de Propaganda 
Agrícola, y en muchos condados un Agente Auxiliar. Los «Agentes 
de Condado», como se les llama a estos propagandistas, tienen sus 
hogares y oficinas en la comunidad en que actúan y pasan gran parte 
de su vida visitando las granjas y aconsejando a los agricultores. 
Ellos realizan demostraciones sencillas en diversas granjas en varias 
partes del condado y celebran reuniones sobre el terreno, relativas 
a dichas demostraciones. También fomentan los concursos de ganado 
lechero con el fin de mantener una elevada producción de leche en 
los rodeos de su condado. El Agente de Condado eficaz conoce a 
todos los agricultores de su zona. Coopera con el maestro local de 
agricultura de la Escuela Superior para desarrollar el interés en la 
enseñanza no solamente en que a la juventud respecta, sino también 
en lo relativo a los adultos. Combina reuniones periódicas de la comu¬ 
nidad. En síntesis, el Agente de Condado es el amigo y consejero de 
la población rural a quien sirve. Es el eslabón vital entre los agri¬ 
cultores y el Colegio de Agricultura y su Estación Experimental 
Agrícola, pues es el Agente de Condado quien traduce en la granja, 
en prácticas mejoradas, los descubrimientos resultantes de las últi¬ 
mas investigaciones». 

«Estas organizaciones» — continúa — «pueden ser o bien la ‘Los 
Futuros Agricultores de América ’ o los clubes de las ‘ Cuatro H ’. Estos 
últimos se llaman así, porque la H es la letra inicial, en inglés, de las 
palabras Cabeza, Manos, Corazón y Salud (Head, Hands, Heart and 
Health, respectivamente), para utilizar sus actividades físicas y poten¬ 
cia mental con corazón generoso para contribuir al bienestar de la 
Comunidad. El apoyo financiero para estos servicios de extensión 
agrícola, proviene, en parte, de fuentes federales y del Gobierno del 
Estado, pero también en parte, la más considerable, de las Unidades 
locales de Gobierno de los Condados que se benefician con este ser¬ 
vicio. Estas Unidades locales de Gobierno tienen voz en la determi¬ 
nación de las funciones y servicios de los agentes de propaganda». 

Haciendo referencia luego al Colegio de Agricultura de la Uni¬ 
versidad de Wisconsin como institución que cumple con su finalidad, 



302 


CONFERENCIA XIV 


no permaneciendo en el aislamiento de su tradición académica del 
claustro, sino entrando plena y totalmente en una asociación activa con 
la población a la cual ayuda, destaca el hecho de que el cuerpo docente 
y la plana mayor del referido colegio son integrados por gente nacida 
y criada en las granjas y en el campo. Conocen y aprecian por lo 
tanto los problemas de la tierra. Saben lo que es trabajo duro. Saben 
que si la agricultura no prospera, tampoco prosperará la Nación. 
Saben que la base de esta prosperidad sólo puede hallarse en una 
población rural fuerte, vigorosa, libre, independiente, educada e ilus¬ 
trada. Termina finalmente N e a 1 la parte informativa que aquí inte¬ 
resa, con estas palabras: «El elemento básico en el programa modelo 
de enseñanza, investigación y fomento agrícola de Wisconsin es la 
importancia que se da a la tarea de facilitar oportunidades de mejo¬ 
ramiento de la población en general, ya que analizando bien las cosas, 
es el pueblo — el individuo corriente — el que constituirá la base de 
una industria rural mejor y más vigorosa. Una dirección inspirada 
y de amplias miras, y un servicio abnegado y generoso por su parte, 
serán esenciales para el logro de esta alta finalidad». 

En contraposición a lo expresado respecto a la organización de 
estas cuestiones en los EE. UU. de Norteamérica, A. H o w a r d, en su 
conocido «Testamento Agrícola», aparecido en 1940, sostiene que no 
debieran existir intermediarios entre el investigador y el labrador. 
Opina que el investigador tendría que trabajar directamente al lado 
del agricultor, diferenciándose del grueso de los campesinos tan sólo 
por la circunstancia de encontrarse en posesión de un implemento 
adicional que le habilita para la lucha eficaz contra el hambre: su 
preparación científica y una experiencia más amplia adquirida en 
sus viajes de estudio y por ende el conocimiento también de otros 
ambientes, etc. La reputación y sobre todo los méritos positivos que 
un científico pudiera conquistar, dependerían pues, de su éxito en el 
afán de mostrar a los campesinos, a través de realizaciones prácticas, 
como una labranza ya buena puede ser perfeccionada aún más. 

Estipula H o w a r d el postulado de que la vasta y complicada 
estructura funcional, demasiado pesada en su engranaje superior 
(«top-heavy»), de la administración de las actividades que en el Impe¬ 
rio Británico se ha venido formando a raíz del crecimiento paula¬ 
tino de ella, tendría que ser barrida. Habría que abolir a los «comi¬ 
tés» deliberantes, los cuales, siendo de poco rendimiento, desperdi¬ 
cian mucho tiempo inútilmente. El volumen tan enorme de impresos 
debiera quedar reducido a lo más estrictamente necesario. De acuerdo 
con lo ya señalado en el sentido de considerar la fertilidad del suelo 
como idea directriz de su obra, Howard indica la necesidad de 
que cualquier investigación agronómica tendría que partir de este 
punto. En consecuencia, brega por una intensificación del trabajo 
científico en el campo mismo, es decir en las tierras sometidas al 



INVESTIGACION Y AMBIENTE PRODUCTIVO 


303 


cultivo agrícola. Los laboratorios y gabinetes de estudio serían reem¬ 
plazados por la observación minuciosa y sutil del comportamiento de 
las plantas en las condiciones ambientales siempre variables. Coincide 
H o w a r d, en este punto con mis repetidas manifestaciones sobre el 
campo experimental que viene a constituir algo así como el «labora¬ 
torio agronómico» por excelencia del investigador. 

Es bien conocido el grado de adelanto alcanzado en las Islas Neo¬ 
zelandesas en todo lo relacionado con los problemas del agro. Tam¬ 
bién en este caso ha intervenido decididamente la investigación, la 
cual se supo aplicar en las condiciones ambientales por intermedio 
de un engranaje de instrucción destinado a transformar sin demora 
cualquier novedad científica en prácticas más perfeccionadas del 
trabajo rural. Una importancia extraordinaria se atribuye a la edu¬ 
cación de la juventud, orientándola a través de la escuela primaria, 
hacia los problemas del campo, inculcando de esta manera a los futu¬ 
ros campesinos, desde su niñez, verdadero amor por la vida y el tra¬ 
bajo rural. Para quienes pudieran interesarse en detalles sobre el 
particular, indico una publicación del ingeniero agrónomo uruguayo 
R. Mañé Nin, aparecida en 1941, como folleto de la Facultad de 
Agronomía de Montevideo, conteniendo las impresiones recibidas a 
raíz de un viaje de estudio por las referidas islas. 

En los países europeos, donde pese a la creciente subdivisión 
de la propiedad rural se conservan todavía explotaciones de tamaño 
regular, cuya dirección suele estar a cargo de técnicos universita¬ 
rios, la aplicación de los resultados de la investigación agronómica 
constituye, en tales circunstancias, una realidad bastante generali¬ 
zada. Los progresos más acentuados, en la intensificación de la pro¬ 
ducción agraria, se registran, sin embargo, por razones obvias, en 
países chicos donde predomina el minifundio, como Dinamarca, 
Holanda y Bélgica, inclusive regiones densamente pobladas de otras 
naciones. En todos estos casos el trabajo intenso de la tierra está 
orientado ampliamente por las enseñanzas de la ciencia agronómica. 
La difusión realmente extraordinaria de la producción de hortalizas y 
de cultivos afines, en invernáculos que cubren extensiones de impor¬ 
tancia, donde puede entrarse hasta con el arado y demás elementos de 
la labranza mecanizada, lográndose elevados rendimientos por unidad 
de superficie en la agricultura general, constituyen indicios de un ade¬ 
lanto extraordinario de la explotación del agro, orientada invariable¬ 
mente por la investigación agronómica pertinente. Otro tanto cabe 
decir sobre la intensificación de la producción ganadera (leche, cerdos, 
aves, conejos, etc.) como renglones desarrollados con grandes resul¬ 
tados en los aludidos ambientes de producción intensiva y muy 
intensiva. 

Respecto a la impregnación de las prácticas productivas corres¬ 
pondientes con conocimientos científicos, inclusive los últimos descu- 



304 


CONFERENCIA XIV 


brimientos y adelantos derivados de la investigación agronómica 
— asunto que aquí interesa — consigno como caso modelo el de 
Dinamarca. Destaco expresamente, el mérito de las llamadas «Uni¬ 
versidades del pueblo», destinadas a ofrecer a la población rural una 
instrucción esmerada también en cuestiones técnicas y la creación de 
un ambiente favorable al cooperativismo. No por eso faltó la asisten¬ 
cia adecuada del campesino por parte de la ciencia, también en otros 
países europeos con resultados altamente satisfactorios que se refle¬ 
jan en los rendimientos elevados y el general estado floreciente de 
la campaña en las respectivas comarcas. 

En cuanto a Alemania, antes de la segunda guerra mundial, todo 
lo referente al asesoramiento directo de las masas rurales por inge¬ 
nieros agrónomos familiarizados con los ambientes de su actuación, 
había alcanzado un grado singularmente elevado de perfección. Al 
respecto destaco expresamente la importancia de los por Th. R o e m e r 
ideados «Versuchsringe» (círculos de experimentación). Estos orga¬ 
nismos tuvieron al mismo tiempo la virtud de fecundar, a la recí¬ 
proca, con sugestiones e ideas nuevas, el trabajo científico en los 
grandes centros universitarios, tanto en lo que atañe a la enseñanza 
como a la investigación. 

Los aludidos círculos de experimentación abarcaron preferen¬ 
temente establecimientos de la mediana y pequeña propiedad (gran¬ 
jas y cortijos), cuyos recursos no permitían el debido estudio experi¬ 
mental de los respectivos problemas de actualidad. Fácilmente se 
interpretará en todo su alcance la enorme utilidad del contacto 
directo de tantos técnicos, integrantes todos ellos de los equipos de 
investigación dirigidos desde los aludidos centros universitarios u 
otros, con los trabajadores rurales. El cambio de ideas logrado de 
esta manera en el mismo ambiente productivo rural, dió impulsos 
nuevos no sólo a las actividades experimentales y de ahí a la inves¬ 
tigación en general, sino también al trabajo práctico de los campe¬ 
sinos, beneficiando a ambas partes. Encontrando acceso a las expe¬ 
riencias empíricas acumuladas en el correr de los tiempos por una 
población rural de arraigo y transformadas así en tradición, el hom¬ 
bre de ciencia se vió ampliamente recompensado por la atención 
dedicada directamente al campo. La reciprocidad entre la investiga¬ 
ción agronómica y el ambiente productivo rural, sobre la base de 
esta organización, nada dejaba de desear pues, con el consiguiente 
beneficio para el progreso general. 

También la Unión Soviética, con sus vastos territorios someti¬ 
dos a la producción agropecuaria, uno de los países agrarios más 
importantes del globo, ha sabido desenvolver procedimientos ade¬ 
cuados con ei objeto de intensificar y perfeccionar el enlace entre 
el ambiente productivo rural y la investigación agronómica, cuya alta 



INVESTIGACIÓN Y AMBIENTE PRODUCTIVO 


305 


posición, especialmente en Genética y Edafología, resulta bien cono¬ 
cida a los especialistas rioplatenses en estas materias. 

El gran genetista N. Va vi 1 o v, a la sazón Director del Insti¬ 
tuto de Producción Vegetal de Leningrado y por ende jefe dirigente 
de una de las organizaciones agronómicas más importantes del mundo 
entero, trató de estructurar la aplicación práctica de conocimientos 
científicos por intermedio de las estaciones experimentales ubicadas 
estratégicamente en aquel vasto territorio. El Ing. Agr. T. Henry, 
en una conferencia titulada «Enseñanza de la investigación europea 
contemporánea para nuestro ambiente agronómico», pronunciada en 
1932 en la Asociación de Ingenieros Agrónomos de Montevideo, con¬ 
signa algunos datos interesantes al respecto. En aquellos años, la 
aludida red experimental abarcó 14 grandes institutos ubicados en 
distintas y lejanas regiones, centros de distrito a su vez de unas 300 
estaciones experimentales de segunda categoría. 

El sistema de colectivización del trabajo rural en unión con el 
régimen imperante de la economía dirigida, lógicamente ofrece gran¬ 
des facilidades para organizar, sobre la base del anteriormente indi¬ 
cado símil de un gran ejército de soldados del arado en plena acción, 
las relaciones mutuas entre la investigación y la práctica productiva. 
Es de suponer, que los sucesos bélicos que afectaron durante años las 
más valiosas comarcas agrícolas de la Unión Soviética, hayan origi¬ 
nado cambios también en la referida estructuración. De cualquier 
manera, el caso de Rusia no deja de interesar en forma especial desde 
el punto de vista de una organización encuadrada dentro del marco 
mayor de una economía nacional dirigida, con las consiguientes faci¬ 
lidades para imponer nuevos sistemas de funcionamiento y relación 
en cualquiera de los sectores de la sociedad. La reciprocidad entre 
la investigación y la práctica productiva tendrá de esta manera 
necesariamente aspectos marcadamente diferentes de cuantos se re¬ 
gistran en el resto del mundo, aun bajo las más variadas condiciones 
ambientales de los distintos países donde suele haber una mayor 
elasticidad respecto a la decisión individual en tales cuestiones. 

También en Alemania e Italia, existieron anteriormente posibi¬ 
lidades de organizaciones análogas bajo el imperio de sus respec¬ 
tivas economías dirigidas, sistema económico que por la interdepen¬ 
dencia internacional de las relaciones comerciales, se hizo sentir en 
la forma de intervencionismos y economías planificadas también en 
muchas otras naciones durante el período anterior a la guerra. Lógi¬ 
camente los países en guerra impusieron a sus actividades rurales, 
como factor integrante del potencial de lucha, una organización cir¬ 
cunstancial. La dirección de las mismas por parte de técnicos compe¬ 
tentes constituye una característica sobresaliente de ella. En tales 
circunstancias, el contacto entre la ciencia y la producción a veces 
habrá sido inspirado también en ideas de la «investigación operativa» 



306 


CONFERENCIA XIV 


señalada como instrumento de lucha bélica en párrafos anteriores. 

En cuanto al continente sudamericano, el problema del enlace 
entre la investigación agronómica y el ambiente productivo rural, 
ofrece igualmente muchas variantes en función con las condiciones 
ambientales predominantes, no sólo de los diferentes países, sino fre¬ 
cuentemente de los respectivos espacios ecológicos bien definidos, los 
cuales, sin respetar fronteras, registramos en ellos. Son innegables 
las ventajas ofrecidas al respecto por centros de enseñanza e investi¬ 
gación estratégicamente instalados en florecientes comarcas agrope¬ 
cuarias como verbigracia el Instituto Agronómico do Sul y la Escuela 
de Agronomía de Pelotas, ambos situados en la región arrocera de Rio 
Grande do Sul. Otro tanto corresponde decir respecto a Campiñas y 
Piracicaba, ubicados en la región de café y algodón de Sao Paulo. 
Finalmente señalo los grandes organismos de enseñanza e investiga¬ 
ción de la Capital Federal, en contacto inmediato con las regiones 
agrícolas y ganaderas de la Provincia de Buenos Aires. Los estudian¬ 
tes y luego investigadores, especialmente los que proceden del campo, 
tienen así grandes facilidades y oportunidades para una gestión 
fecunda basada en la fusión mutua de las respectivas actividades de 
investigación y la práctica productiva. 

La divulgación de los conocimientos y la enseñanza práctica de 
procedimientos nuevos, inclusive la supervisión sanitaria de plan¬ 
tas y animales y por ende la lucha contra plagas y pestes, requiere 
sin embargo la organización adecuada de todo lo referente al «fomento 
y la fiscalización», como el Sr. Ministro Emery se expresó hace 
poco en IDIA, al hablar sobre el plan de gobierno en lo atinente a 
las gestiones relativas al Ministerio de Agricultura de la Nación. 
La finalidad está bien clara, resultando virtualmente idéntica en el 
aspecto cardinal para todas las administraciones públicas de las nacio¬ 
nes civilizadas del mundo. Asimismo puede haber diferencias de opi¬ 
nión sobre los métodos más adecuados para llegar a la meta, diferen¬ 
cias explicables y justificadas por las circunstancias del caso. 

En cuanto a los detalles de la organización y el engranaje fun¬ 
cional del referido instrumento de «fomento y fiscalización» y todo 
lo referente a los procedimientos de lograr la impregnación de la 
campaña productora con los resultados de la investigación agronó¬ 
mica y conocimientos científicos prácticos de toda clase, no pretendo 
abusar de la paciencia de mi ilustre auditorio extendiéndome en 
detalles. Son cosas vuestras, harto conocidas por los profesiona¬ 
les que me escuchan. Sería absurdo el pretender enseñarles datos 
archisabidos por todos Vds. en torno a las cuestiones pertinen¬ 
tes en la Argentina, respecto a las cuales más bien el confe¬ 
renciante tendría que aprender de Vds. La situación correspondiente 
del Uruguay se refleja en la parte final del ya mencionado capí¬ 
tulo XVII de mis «Consejos Metodológicos», destinada a ofrecer, bajo 



INVESTIGACION Y AMBIENTE PRODUCTIVO 


307 


el epígrafe «a título de ejemplo», un visión panorámica de las inicia¬ 
tivas tendientes a propender a una mayor difusión de conocimientos 
agronómicos entre los campesinos uruguayos. Salvo algunas noveda¬ 
des, entre las cuales consigno la organización del «Movimiento de la 
Juventud Agraria» y la creación de «Escuelas Granjas», estas últimas 
dependientes del Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal, 
no se registran novedades de importancia en torno a los puntos abor¬ 
dados en 1946, en el lugar indicado. 

En vez de distraer su atención con referencias a tales cues¬ 
tiones, las cuales, por no haber salido todavía de su período inicial, 
están supeditadas a la fluctuación de iniciativas tendientes a su per¬ 
feccionamiento, prefiero destinar los párrafos finales de mi diserta¬ 
ción a ofrecerles mi opinión personal respecto al asunto planteado, 
pronunciándome en forma concisa sobre un punto cardinal de todos 
estos problemas de organización. Su gran importancia y posición fre¬ 
cuentemente decisiva para el resultado de iniciativas gubernamentales 
y el interés inmediato de los dirigentes de equipos en tales asuntos, 
justifican la ampliación de mi conferencia en este punto. 

Entro a considerar, pues, el aspecto fundamental de las relaciones 
entre dirigentes y dirigidos al efecto de lograr la mayor eficiencia 
posible de cualquier organización más o menos compleja de activida¬ 
des colectivas orientadas hacia determinada finalidad común. En 
este caso concreto pienso tanto en el vasto engranaje funcional de 
los ministerios de agricultura, con todas sus dependencias técnicas y 
administrativas, como también en la ordenación adecuada de las tareas 
a cargo de los distintos equipos del trabajo intelectual y manual, inclu¬ 
sive los de una fusión entre ambos, que constituyen el tipo corriente 
en los más variados sectores de la industria y de la agricultura. El 
tópico abordado reviste pues, una importancia fundamental también 
para los equipos de investigación agronómica. Abordado ya en mi 
conferencia de abril, el punto será redondeado, de esta manera, a 
través de manifestaciones dirigidas más bien a un auditorio integrado 
por técnicos directamente interesados en el problema. 

Queda planteada la eterna cuestión de la alternativa entre el 
rigor más o menos severo, de hacer funcionar las más diversas orga¬ 
nizaciones colectivas por órdenes rigurosas que se cumplen sin dar 
participación alguna a los subordinados en el proceso psicológico 
de la apreciación previa del nexo causal pertinente y el proce¬ 
dimiento más elástico, de tratar de llegar a la meta anhelada por 
intermedio de la buena voluntad. Esta suele surgir casi siempre como 
resultado de la comprensión mutua — frecuentemente tácita — entre 
dirigentes y dirigidos, respecto al objeto final del trabajo común. 

No dejo de destacar expresamente la bien marcada aversión de los 
habitantes de los países sudamericanos a la imposición de la voluntad 
ajena por el simple mandato. Si bien para el manejo de la causa pública, 



308 


CONFERENCIA XIV 


desde épocas remotas fueron necesarios y lo siguen siendo, leyes y de¬ 
cretos que suelen interferir en el foro de los intereses privados, la ciu¬ 
dadanía de estas tierras las acepta con desgano extremo, al presen¬ 
tarse este retaceo de su esfera de actuación libre en la forma de 
órdenes dictatoriales, emanadas de gobiernos no respaldados por la 
mayoría de los votos. A la inversa es fácil lograr el cumplimiento de 
disposiciones que afectan la colectividad, al recurrirse a la persua¬ 
sión del consejo, en vez de la ordenanza categórica. Con el objeto de 
documentar el aserto con un ejemplo instructivo del campo agronó¬ 
mico, señalo la gran eficacia de los llamados «consejos» oficiales de 
siembra que año tras año suelen difundirse, tanto en la Argentina 
como en el Uruguay, al efecto de asesorar a la campaña productora 
respecto a las variedades trigueras más convenientes para ser sem¬ 
bradas en las distintas regiones, con ajuste también a diferentes épo¬ 
cas de siembra. 

Estos consejos son atendidos de una manera altamente satisfac¬ 
toria, según lo documenta el estudio varietal del producto cosechado, 
realizado por la Comisión Nacional de Granos y Elevadores. Se ha 
podido progresar de esta manera, considerablemente en todo lo refe¬ 
rente a la standardización cerealera, tan importante al efecto de 
la comercialización. Al mismo tiempo, el caso referido constituye un 
ejemplo instructivo en su vinculación con la idea directriz de nues¬ 
tra disertación. En efecto, el cumplimiento de estos consejos de siem¬ 
bra por parte de los labradores, significa una realización casi ideal del 
desiderátum de tener que llegarse a un enlace estrecho entre la 
investigación agronómica y la práctica productiva, a fin de mejorar la 
producción en beneficio de la colectividad. La siembra de las dife¬ 
rentes variedades trigueras, en consonancia con su aptitud para los 
distintos sectores de la vasta región agrícola argentina, permite lograr 
el más alto grado de eficiencia de los brillantes éxitos que se regis¬ 
tran en la Genética Vegetal. Si bien la difusión en principio de los 
trigos de pedigree, debido a sus indiscutibles ventajas sobre los 
anteriormente comunes, no tardó en producirse lo mismo sin los alu¬ 
didos «consejos», éstos constituyen la culminación de la aludida 
obra de mejoramiento productivo, ya que en cada región se siembran 
las variedades «más aconsejables» para poder transformar así todo 
su potencial productivo, con máximas probabilidades de éxito, en 
realidad lisonjera. El aumento paulatino de las cifras promediadas de 
los rendimientos por unidad de superficie, palpable en la estadística, 
constituye una prueba concluyente de lo expresado. 

Retornando, después de esta excursión hacia el terreno de cues¬ 
tiones más bien técnicas, al punto substancial de la última parte de 
nuestra disertación, juzgo oportuno ofrecer algunas consideraciones 
de índole teórica sobre el particular. En todas las actividades huma¬ 
nas basadas en la cooperación mutua, lo que implica la presencia de 



INVESTIGACION Y AMBIENTE PRODUCTIVO 


309 


dirigentes y dirigidos, se registran con facilidad condiciones especia¬ 
les de los hombres para una u otra forma del ordenamiento jerár¬ 
quico pertinente. En otras palabras, hay personas que prefieren más 
bien ser dirigidas que actuar como dirigentes. Las hay también caren¬ 
tes en absoluto de tales facultades directrices, siendo en cambio de 
suma utilidad, al ejecutar instrucciones u órdenes impartidas por 
algún superior. Esto no significa quitar méritos a los servicios pres¬ 
tados a la colectividad por los dirigidos, tan imprescindibles y valiosos 
en cualquier acción de conjunto, como los de los dirigentes. 

La dificultad de dirigir y, en consecuencia, de la posibilidad de 
ascender a puestos de más alta jerarquía, lo que por el otro lado 
significa mayor responsabilidad, es dable observar casi a diario jus¬ 
tamente en establecimientos rurales de cierta importancia. No es tan 
fácil encontrar, aun entre un número elevado de peones y jornaleros, 
hombres apropiados para asumir tan solo las funciones relativamente 
sencillas de dirigir núcleos reducidos de operarios, como los que sue¬ 
len estar supeditados a la vigilancia del capataz o ayudante de capa¬ 
taz. Otro tanto sucede en las industrias y empresas de toda índole 
que rebasen el marco reducido de una organización manejable por 
una o pocas personas como los talleres de los artesanos indepen¬ 
dientes, los establecimientos del pequeño agricultor, etcétera. 

Las complicaciones para llegar a una cooperación armoniosa y 
por ende eficiente entre ambos sectores de algún equipo de trabajo, 
empiezan, pues, en los bien modestos núcleos de agrupación como 
los aludidos. Lógicamente ellas han de aumentar, a medida que el 
equipo crezca, alcanzando finalmente aspectos extremos en las 
grandes colectividades de la ciudadanía total de una nación; esto, 
desde luego, preferentemente en lo político y económico. Para llegar 
a la mayor eficacia posible del funcionamiento de una organización 
humana cualquiera, destinada a lograr finalidades de interés colec¬ 
tivo, todas las complicaciones suelen aumentar más aún bajo el im¬ 
perio del rigor. Esto no excluye lo ya dicho líneas arriba en el sen¬ 
tido de que muchos de los operarios modestos, esperan más bien la 
palabra de orden de algún dirigente para actuar en consecuencia, pero 
cumpliendo sólo estrictamente lo ordenado, sin interesarse en nada 
más. Nos encontramos, por lo tanto, frente a la ausencia del sen¬ 
timiento carente de una responsabilidad solidaria, desde el punto de 
vista de los intereses de la colectividad, aspecto doblemente negativo 
cuando esta predisposición asocial se pone de manifiesto en huelgas 
no justificadas y otros excesos vituperables de la lucha de clases. 

Aparece de esta manera, la importancia creciente de otra moda¬ 
lidad de llegar a una mayor eficiencia de cualquier trabajo en equipo 
y por ende también en las aludidas colectividades. Me refiero a la apli¬ 
cación de la fuerza persuasiva que estimula la actuación individual 
despertando interés por la causa común, la cual, desde luego, debe 



310 


CONFERENCIA XIV 


ser comprendida por todos los integrantes de las aludidas agrupacio¬ 
nes como algo conveniente y hasta beneficioso para cada uno de ellos. 
Surge así (o por lo menos tendría que surgir), el sentimiento de soli¬ 
daridad colectiva, primeramente en determinado equipo o empresa 
y luego en un plano superior de la sociedad. Este estímulo adicional 
para aumentar el rendimiento del trabajo en conjunto, lógicamente 
resultará de una gran importancia para el entendimiento entre diri¬ 
gentes y dirigidos, también en lo político y económico, cuestiones que 
en este orden de ideas no interesan. 

No cabe la menor duda, que en instituciones colectivas de un 
engranaje complicado, donde mucho depende de la contribución bien 
intencionada de todos y cada uno de sus integrantes, el régimen de 
fuerza suele levantar resistencias. Bajo el mandato de un riguroso 
poder dictatorial que en las condiciones contemporáneas de la civi¬ 
lización implica la sumisión del subalterno, no sólo por razones de 
conveniencia, sino a veces también por la fuerza invencible de cues¬ 
tiones vitales respecto a la mera existencia individual y la de los 
familiares, la aludida resistencia, por lo general, no suele ponerse de 
manifiesto. Pero aún así existe en forma latente, para tomar vida 
como la llamada «resistencia pasiva». Esta a su vez, debidamente 
organizada y conducida hacia determinada finalidad, logra a veces 
triunfos insospechados hasta en lo político, según tuvimos oportuni¬ 
dad de comprobarlo en fecha bien reciente, en el caso de la India 
asiática que obtuvo su independencia como resultado final de la 
resistencia pasiva predicada y practicada por el Ghandi y sus 
partidarios. 

Cualquiera que sea el grado de la aludida resistencia pasiva y la 
forma de su aplicación, siempre se trata, en el otro plano, de una 
disminución de la energía colectiva requerida para llegar al triunfo 
máximo en cualquier empresa ardua. Por lo mismo es un arma real¬ 
mente temible cuando están en juego intereses vitales de naciones 
enteras. Lo que se registra en tales ambientes vastos de la colectivi¬ 
dad, tiene validez «mutatis mutandis» también para equipos de tra¬ 
bajo de menor volumen. Al encontrarse en uno de ellos, uno o varios 
individuos desconformes, sea por una u otra causa, con la modalidad 
directriz del jefe responsable que inspira y dirige la acción de con¬ 
junto, queda comprometido el éxito del trabajo en equipo, aunque 
siempre el respectivo técnico individualmente pueda realizar obra, 
pero por lo general, de menor jerarquía. 

Justamente en los grupos del trabajo intelectual como los equi¬ 
pos de investigadores científicos, se trata de una cuestión de singu¬ 
lar importancia. La falta de buena voluntad y por ende de una coope¬ 
ración decidida de uno o varios integrantes de algún equipo, suele 
reducir, según lo dejé anotado ya, la eficiencia del conjunto, condu¬ 
ciendo desgraciadamente al fracaso completo en casos extremos. Las 



INVESTIGACIÓN Y AMBIENTE PRODUCTIVO 


311 


aludidas dificultades se acentúan toda vez que se trate de reunir, 
desde puntos de vista más amplios, varios de tales equipos, agregando 
al mismo tiempo otros de estructura más bien técnico administrativa. 
Es este el caso precisamente de las administraciones públicas, inte¬ 
resando aquí más bien las instituciones llamadas a propender al 
mejoramiento de la producción agropecuaria, como cuyo punto cul¬ 
minante figuran los ministerios de agricultura. No cuesta mucho 
comprender, que a la larga se suele andar mejor sin la tarea pesada 
de la aludida resistencia pasiva, cualquiera que sea su grado y aun 
sin llegar hasta el extremo de registrarse abiertamente «mala volun¬ 
tad» respecto a la cooperación mutua. 

De ahí la importancia frecuentemente decisiva de fuerzas psico¬ 
lógicas que nada tienen que ver con la posición individual de diri¬ 
gentes y dirigidos en las respectivas organizaciones colectivas. Una 
dirección más bien persuasiva y mejor aún, si queda respaldada por la 
emanación constante de las energías anímicas del ejemplo vivido, 
suele aunar voluntades con el consiguiente aumento de la eficacia 
real de cualquier equipo y por ende también algún conjunto de ellos. 
La presencia y la movilización de tales energías anímicas, cons¬ 
tituye sin embargo una cuestión más bien del carácter y del alma, 
en vez del simple intelecto frío. Pero de cualquier manera se trata 
de un factor esencialísimo para llegar al triunfo final en la realiza¬ 
ción de un programa de investigación y acción práctica que sobre¬ 
pasa las energías limitadas del hombre individual. Es este frecuen¬ 
temente el punto neurálgico respecto a la buena marcha de grandes 
empresas, habiendo sido la llave de éxito de los triunfadores, sea que 
se trate de conductores de las masas en lo político, de los magnates 
de la industria y del comercio en lo económico, y «last not least», de 
muchos sabios en el terreno científico al verse enfrentados ellos con 
problemas, cuya solución rebasó el marco reducido trazado por los 
límites de sus energías físicas e intelectuales. 

Como regla general respecto al procedimiento más adecuado para 
conciliar antagonismos de la índole de los aludidos, considero que el 
conductor responsable de la marcha eficiente de un equipo más o 
menos complejo, debe saber encontrar una síntesis armoniosa entre 
el rigor extremo y la benevolencia tolerante. Desgraciadamente esta 
suele degenerar con harta frecuencia en falta de voluntad, tan con¬ 
traproducente como la firmeza inflexible. La conducta del jefe diri¬ 
gente tendría que ajustarse, pues, al consejo involucrado en la ver¬ 
dad eternamente consagrada de la sentencia romana «Fortiter in re, 
suaviter in modo», equivalente al no menos expresivo refrán espa¬ 
ñol: «Lo cortés no quita a lo valiente». Es la ruta que Ovidio en 
sus Metamorfosis indica como la más segura para llegar al éxito 
anhelado en empresas arduas: «Medio tutissimos ibis». La vía del me¬ 
dio ofrece máxima seguridad. 




312 


CONFERENCIA XIV 


Cada caso, desde luego, ha de requerir un procedimiento espe¬ 
cial ajustado a las circunstancias. El saber encontrarlo, es una de las 
premisas del triunfo para el trabajo científico en equipos. La cues¬ 
tión adquiere importancia mayor aún en casos como el planteado en 
esta disertación, cuando se trata de llegar a un enlace armonioso entre 
la investigación agronómica y el ambiente productivo rural. Inves¬ 
tigadores que no saben establecer relaciones fecundas con el ambiente 
productivo rural, difícilmente triunfarán en este aspecto de sus come¬ 
tidos. Así lo enseña el ejemplo de Darwin y Pasteur quien, 
siendo hombre de laboratorio por excelencia, tenía un verdadero res¬ 
peto por la experiencia acumulada de los campesinos. Igualmente las 
grandes figuras de la Agronomía propiamente dicha: Thaer, 
Y oung, el Conde de Gasparin y últimamente Stapledon, 
Russell, Aeroboey otros, supieron ajustarse a este postulado, 
debiendo a ello buena parte de los éxitos que hacen perdurar sus 
nombres. 

Proyectando tales ideas directrices respecto a la conducta perso¬ 
nal del investigador en materias agronómicas hacia el terreno de las 
actividades mucho más amplias y de máxima responsabilidad, incum- 
bentes a quienes pudieran encontrarse al frente de una Cartera de 
Agricultura, el problema de un enlace eficaz entre la teoría y prác¬ 
tica adquiere mayor importancia aun. Las decisiones gubernamenta¬ 
les de un Ministro de Agricultura, suelen repercutir hasta en los 
rincones más remotos de los respectivos países. A la inversa el mismo 
Ministro de Agricultura, en posesión ya de los datos recogidos a tra¬ 
vés del asesoramiento de los jefes responsables de sus dependencias 
técnicas y administrativas, que sepa auscultar también, las pulsacio¬ 
nes de más difícil acceso del organismo vivo de la campaña produc¬ 
tora, estableciendo de esta manera un enlace íntimo con el ambiente 
productivo rural, para tomar finalmente sus decisiones con criterio 
soberano, tendría, según mi opinión, las mayores probabilidades de 
éxito, a lo menos en los aspectos de su acción vinculados con el tema 
tratado en mi disertación. 

Entre los titulares de las respectivas carteras de los países sud¬ 
americanos no faltan ya ingenieros agrónomos como representantes 
de la profesión. Sin desmedro de mis mejores deseos para el éxito 
de cualquiera de los aludidos titulares de Agricultura en su afán de 
propender al progreso de la causa rural confiada a su dirección, es 
lógico, que con especial complacencia vería un triunfo completo de 
los aludidos profesionales justamente en este aspecto de sus múlti¬ 
ples actividades. Harían honor de esta manera, no sólo a las respec¬ 
tivas casas de estudio, de las cuales egresaron, sino también a la 
profesión agronómica en general. Formulo sinceros votos, pues, para 
que estas aspiraciones frecuentemente se transformen en lisonjera 
realidad. 



CONFERENCIA XV 

RESEÑA METODOLOGICA DE LA ECONOMIA RURAL 




(Universidad de Montevideo. Ciclo de 
Conferencias de Cultura Económica, orga¬ 
nizado por la Facultad de Agronomía. 
Octubre de 1948.) 


Ordenación y meiodización en general. — Considero oportuno 
iniciar nuestro tema de hoy con una referencia a Santiago Ramón 
y Cajal, el gran sabio español fallecido en 1934. Si bien el nom¬ 
brado especialista en Histología del sistema nervioso, nada tuvo que 
ver directamente con problemas de la Economía Rural, le debemos, 
además de sus publicaciones de especialización, la importante obra 
metodológica: «Reglas y Consejos sobre Investigación Científica». 
Este pequeño libro conservará para siempre una posición sobresa¬ 
liente en la literatura metodológica general, no sólo en los países de 
habla castellana, sino en todo el mundo, debido a su modo de encarar 
los problemas del método como cuestión de principio. En efecto, 
Ramón y Cajal supo poner de relieve rasgos generales, comu¬ 
nes a la labor científica en cualquiera de los sectores de la ciencia 
con sus ramificaciones cada vez más diversificadas y refinadas. Des¬ 
taca la importancia de las condiciones morales del científico, espe¬ 
cialmente la necesidad de un trabajo asiduo y ordenado con arreglo 
a un plan a larga vista, consignando la fuerza de la voluntad como 
factor básico para tener éxito en la jornada. En este sentido resulta 
bien significativo, que a su mencionado libro le diera el subtítulo 
«Los tónicos de la voluntad». 

En el prólogo de su obra casi postuma: «El mundo visto a los 80 
años», el mismo autor deja sentado, que en los últimos 40 años, la 
Humanidad civilizada ha progresado más, sobre todo en el terreno de 
las ciencias biológicas, que en todos los milenios transcurridos desde 
los comienzos remotos de la civilización. Pero no sólo en Ciencias 
Naturales, sino también en cualquier otro terreno científico, inclu¬ 
sive la técnica y las actividades industriales, el volumen de los cono¬ 
cimientos requeridos para orientarse en el laberinto de tantos hechos 
fundamentales y detalles complementarios de nuestro acervo cultu¬ 
ral, es tan enorme que, sin la debida orientación y metodización, 
sería difícil llegar a la meta anhelada. Es tanta la acumulación de 
descubrimientos, inclusive cuestiones de detalle en el esclarecimiento 
de aspectos derivados de los hechos básicos, que ningún científico, 
por mejor dotado que sea respecto al intelecto y las energías físicas 
imprescindibles para soportar un trabajo espiritual intenso, será 
capaz de abarcar la totalidad del saber contemporáneo de la Huma- 



316 


CONFERENCIA XV 


nidad. Más que nunca se impone pues, la aplicación del método. Sólo 
a través de la ordenación disciplinada de nuestros conocimientos y 
de las actividades prácticas de la industria, técnica, el comercio, etc., 
el hombre contemporáneo puede llegar al dominio de uno u otro de 
los sectores del intrincado laberinto de la vida supermecanizada de 
hoy, sobre todo respecto al conocimiento científico. 

Proceder con método constituye el mandato de la hora. Enseñan¬ 
zas metodológicas adquieren por ende, creciente importancia en las 
actividades de nuestra era superindustrializada y necesariamente 
también en el engranaje cada vez más complicado de la investigación 
científica. El indicar algunos procedimientos de investigación en Eco¬ 
nomía Rural, desde luego en forma concisa, representa la finalidad 
de nuestro tema de hoy. 


Posición de la Economía Rural y su vinculación con la Sociología. 

— Entrando en materia, destaco la posición importante de la Econo¬ 
mía Rural en comparación con los demás sectores básicos en que se 
subdivide la Agronomía. En mi libro de 1946: «Agronomía. Consejos 
Metodológicos» me referí en pág. 253 a un proyecto de clasificación 
de las materias agronómicas, presentado por H. Bernhard en 1915. 
En el aludido esquema, que no salió del marco inicial de un simple 
proyecto, la Economía Rural ocuparía una posición equivalente a la 
del grupo en conjunto de las ramas de la técnica productiva, integrada 
por Agro y Fitotecnia, Zootecnia, Industrias derivadas y Tecnología. 
En cambio, Bernhard considera los sectores de la Historia Agraria 
y de la Geografía Agraria como ramas independientes o sea desvincu¬ 
ladas de la Economía Rural. Sin perderme en detalles al respecto, 
opino que en virtud de la estrecha vinculación entre Economía y Socio¬ 
logía Rurales, las precitadas asignaturas entran también en la órbita 
de éstas. 

La Sociología Rural constituye a su vez una rama de la Sociolo¬ 
gía en general, ciencia que en el orden jerárquico de una clasificación 
del conocimiento general de la Humanidad, ocupa la posición cumbre 
de la pirámide de las ciencias. A este tópico dediqué mi atención en 
un pequeño trabajo que bajo el título «La Matética, ciencia de la 
ordenación», acaba de aparecer en el número de octubre de la revista 
argentina «Ciencia e Investigación». En el referido orden de ideas 
dejé sentado, que la Sociología como sector superior del grupo de las 
ciencias biológicas que figuran bajo el concepto principal: «Vida», o 
sea la Fisiología, Psicología y finalmente Sociología, ésta daría cabida 
a lo más variado de la producción del espíritu humano, desde luego 
siempre en función con las ciencias básicas que aquí no interesan. 

La idea de la ordenación de las ciencias en forma de una pirámide, 
en cuya base figuran las ciencias de la ordenación (Matética y Lógica, 
Matemática, Geometría y Cinemática) fué expuesta por el gran quí- 



RESENA METODOLOGICA DE LA ECONOMIA RURAL 


317 


mico y filósofo natural Guillermo O s t w a 1 d, en un pequeño trabajo 
de 1909 titulado «El sistema de las ciencias». H. E. Bliss, especia¬ 
lista norteamericano en la ciencia de la ordenación, en su libro de 
1929 sobre la organización de nuestro conocimiento y el sistema de 
las ciencias, reconoce sin reservas el acierto de Ostwald en la 
agrupación de las ciencias en forma de una pirámide, en la cual se 
conserva la posición jerárquica de las ciencias desde las llamadas 
básicas, siguiendo en orden ascendente por el grupo de las energé¬ 
ticas hasta las biológicas, en cuyo plano superior figura precisamente 
la Sociología. Critica Bliss los defectos de los anteriores sistemas 
de clasificación, descalificándolos como inapropiados para organizar 
el saber humano. Recalcando el hecho de que los aludidos sistemas, 
entre ellos el decimal, surgieron en la era del análisis y de la espe- 
cialización, los tilda de imperfectos y deficientes para nuestra época, 
en la cual se requiere cada vez más síntesis y ordenación. Cualquier 
sistema de clasificación tendría que ajustarse al esquema de la orde¬ 
nación de las ciencias en el aludido sentido del orden ascendente de 
una pirámide, para poder cumplir de esta manera satisfactoriamente 
con su misión ordenadora. 

Partiendo pues, de la posición de la Sociología en la cumbre de 
la pirámide de las ciencias, destaco la importancia que a su vez le 
corresponde a la Economía Rural como sector de la Sociología gene¬ 
ral. En relación con los demás sectores básicos en que se subdivide la 
Agronomía disciplinada, la Sociología Rural viene tomando cuerpo 
en contacto directo con la Economía Rural, nuestro tema. Queda cla¬ 
ramente establecida, de esta manera, su elevada posición como parte 
integrante de las ciencias agronómicas. 

Como texto moderno de la materia aparecido en el Río de la 
Plata, consigno el «Tratado de Economía Rural» del Dr. Domingo 
Bórea, publicado en 1946 por la Facultad de Agronomía y Vete¬ 
rinaria de Buenos Aires. Después de analizar una serie de definiciones 
establecidas a partir de 1868 por autores extranjeros, Bórea da a 
conocer la suya en estos términos: «La economía rural o agraria» 
— dice — «es la rama de las ciencias agrarias que, ateniéndose a 
los fundamentos de la economía, estudia las funciones de todos los 
factores directos e indirectos de la producción agraria y el coordi¬ 
namiento de los mismos, vale decir, la organización anterior de las 
explotaciones rurales y las relaciones de estas con el mundo econó¬ 
mico, político y social; considera industria el cultivo del suelo y la 
cría de animales, por consecuencia, determina en cada caso, el sis¬ 
tema de explotación provechoso, y, con ventajas individuales y socia¬ 
les, trata de conseguir en forma económica, esto es, en tiempo mí¬ 
nimo, con el mínimo esfuerzo y con el mínimo gasto, la producción 
máxima que en determinadas condiciones es dable obtener; siendo 
así que reduciendo en todo lo posible las cantidades con que gravitan 



318 


CONFERENCIA XV 


sobre el costo de la producción, los factores y elementos que consti¬ 
tuyen los gastos de producción, las amortizaciones y los intereses del 
capital agrario, el propósito fundamental de la economía rural se 
concrete en la obtención de la mayor utilidad líquida o ganancia 
admisible excediendo el costo de producción». 

Infiere de esta definición con toda nitidez, que corresponde a la 
Economía Rural la organización interna de las explotaciones rurales 
en su relación con el mundo económico, político y social. El sistema 
de explotación elegido para cada caso de los respectivos estable¬ 
cimientos agrarios, debe contemplar las «ventajas individuales y so¬ 
ciales». En una palabra, la Economía Rural, si bien debe guiar al 
hombre de campo respecto a la estructuración interna y el manejo 
provechoso de su empresa, no debe (o por lo menos no debería) des¬ 
cuidar de manera alguna los intereses superiores de la colectividad. 
La vinculación de la Economía Rural con la Economía Política y la 
Sociología resulta evidente desde los puntos de vista de esta defini¬ 
ción. En consecuencia, también en lo atinente al trabajo científico en 
la materia, debe recurrirse a los procedimientos de indagación apro¬ 
piados para la dilucidación de los problemas en los terrenos afines 
correspondientes. De ahí precisamente el ordenamiento de mis indi¬ 
caciones acerca de los métodos aconsejables para el estudio de cues¬ 
tiones de la Economía Rural en el sentido lato del concepto. 

Investigación metódica en Economía Rural. — Existe la Econo¬ 
mía Rural de hecho desde los comienzos de la agricultura. Sin em¬ 
bargo, como rama científica de la Agronomía disciplinada quedó 
estructurada recién durante el siglo XIX. A. T h a e r, el padre de 
la Agronomía como ciencia, en su obra clásica sobre los fundamentos 
de la agricultura racional aparecida en 1812, dedica unas 300 pági¬ 
nas a diferentes problemas de la Economía Rural, algo más que la 
cuarta parte de su texto, que totaliza 1100 páginas. Con todo, en sus 
breves referencias iniciales a cuestiones metodológicas, apenas indica 
en las pocas líneas del § 32, las necesidades de conocimientos políticos, 
económicos, jurídicos y la presencia de conceptos claros respecto a 
las materias correspondientes, como requisito imprescindible para 
dedicarse al manejo práctico de empresas rurales sobre la base del 
estudio universitario de las respectivas asignaturas técnicas. 

Bastaría recordar las situaciones de la producción agropecuaria 
en los siglos anteriores a T h a e r, para disponer de pruebas inequí¬ 
vocas sobre la presencia real tanto de la Sociología Rural como de 
la Economía Rural y su repercusión en los procesos productivos. La 
Sociología Rural comienza desde el momento de la constitución de 
las familias integrantes de las tribus nómadas y del hombre cazador 
y recolector, acentuándose la organización de las economías domés¬ 
ticas con el surgimiento de la vida sedentaria de los labradores pri- 



RESEÑA METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA RURAL 


319 


mitivos. Entre los documentos más antiguos respecto a las cuestiones 
de la Sociología y Economía Rural figura la Biblia. A guisa de ejem¬ 
plo consigno la legislación de Moisés sobre el año del jubileo, rela¬ 
tada en el capítulo 25 del Levítico: «El año de los cincuenta años os 
será jubileo»... «Y volveréis cada uno a su posesión, y cada uno vol¬ 
verá a su familia». Referencias de Moisés a sistemas de rotación 
y el descanso de la tierra en su aspecto de medidas de organización 
interna y lo mismo colectiva del proceso productivo, al efecto de 
conservar la fertilidad del suelo, igualmente caben en la órbita de 
medidas administrativas de índole económica. Reinaban pues, princi¬ 
pios de la Economía Rural respecto al uso de la tierra y su explota¬ 
ción, tratándose de contemplar conveniencias individuales y colecti¬ 
vas, con arreglo a la experiencia empírica. 

Desde el comienzo de las actividades rurales hasta el siglo XIX 
predominaban, en todas partes del globo, las economías domésticas. 
Hay más aún, los documentos literarios anteriores al período de la 
Agronomía disciplinada contemplaron, respecto a la finalidad de las 
actividades agropecuarias, los tópicos técnicos de la labranza, inclu¬ 
sive cuestiones «caseras» del manejo de la casa rural. Hasta tal 
punto ocurrió así, que el nombre «Economía» tiene su origen en la 
palabra griega «oikos», equivalente en castellano a «casa». La lite¬ 
ratura agrícola durante los siglos XVII y XVIII, o sea con anteriori¬ 
dad al surgimiento de la Agronomía disciplinada, es conocida bajo 
el concepto francés de la literatura «Maisons rustiques», destinada a 
contemplar todo lo atinente a la economía doméstica. A este género 
literario pertenecen también las «Observaciones sobre Agricultura» 
del Dr. José Manuel Pérez Castellano, Procer Agrónomo del 
Uruguay, según fácilmente se comprueba en sus explicaciones res¬ 
pecto a los menesteres de la habitación, alimento y demás requisitos 
de una propiedad rural como las de la época. 

Asimismo las referidas economías domésticas tuvieron que aten¬ 
der las necesidades de los centros urbanos diseminados en la cam¬ 
paña, originando así las Economías Regionales, las cuales en su con¬ 
junto llegaron a formar las Economías Nacionales de los respectivos 
países. Hubo pues, mercados, precios, oscilaciones en la valorización 
de la tierra según la demanda por los productos en períodos de abun¬ 
dancia o de carestía. Labradores progresistas habrán hecho anota¬ 
ciones sobre los rendimientos, la remuneración a su personal, y otros 
factores relacionados con el costo de la producción, cuestiones que en 
la actualidad forman parte integrante de la Economía Rural. 

La aludida documentación, llevada con frecuencia en forma de 
simples apuntes o anotaciones finales de los sucesivos años agrícolas, 
invariablemente ofrece contribuciones tanto a la Sociología como a 
la Economía Rurales de épocas anteriores. Esta vinculación estrecha 
entre ambas ramas de las ciencias agronómicas constituye una sitúa- 



320 


CONFERENCIA XV 


ción de hecho que suele ser de interés también para los tratadistas. 
El tópico importa en relación con nuestro tema, en virtud de tener 
que incluirse en lo referente a los métodos de investigación, los proce¬ 
dimientos usuales para el estudio de problemas sociológicos. 

En ambos casos, lógicamente se presenta la conveniencia y aun 
necesidad de establecer comparaciones. Las cuestiones del presente 
son comparadas desde el punto de vista retrospectivo con anteriores. 
Situaciones típicas de regiones más o menos extensas son estudiadas 
en relación con las comarcas vecinas de determinado país o del 
extranjero. En virtud de tratarse del estudio comparativo en el tiempo 
y en el espacio hay que recurrir, pues, a la Historia Agraria y a la 
Geografía Agraria con sus métodos de investigación peculiares. Con 
ajuste a este delineamiento previo de la ruta a seguir, me propongo 
incluir en la subsiguiente parte informativa referencias también a 
estos importantes sectores de la Agronomía, considerados general¬ 
mente ramas de especialización independientes de la Economía Rural. 

El empirismo, como modalidad de adquirir conocimientos, inte¬ 
resa en este orden de ideas en primer término. Desde los puntos 
de vista de la epistemología se trata del sistema filosófico que recurre 
a la experiencia en el sentido de advertimiento o enseñanza que se 
adquiere con el uso, la práctica o sólo con el vivir, como base del 
saber en torno de algún problema. Las experiencias equivalen, pues, 
a las vivencias personales que vamos acumulando en el curso de la 
vida. No coincide por lo tanto, el término «experiencia» con la voz 
«experimento» en el sentido de experimentación. La confusión origi¬ 
nada por el empleo equivocado de la palabra «experiencia» dió mo¬ 
tivo a que en pág. 74 de mis «Consejos Metodológicos» de 1946 le 
dedicara algunos párrafos explicativos. 

La observación empírica constituye, sin lugar a dudas, uno de los 
procedimientos básicos para adquirir conocimientos en Economía 
Rural. Es innegable, que la estructuración de las primeras reglas 
para la organización interna de una explotación rural se inspiró en 
la experiencia empírica de hombres dotados con capacidad intelec¬ 
tual para interpretar acertadamente las relaciones entre causa y 
efecto de su actuación directriz. El manejo de una empresa rural de 
relativa importancia, cuyo resultado económico depende en gran 
parte de las medidas administrativas orientadas a su vez en cono¬ 
cimientos técnicos del proceso productivo, requiere la apreciación 
acertada de los factores determinantes del éxito: inversión de capi¬ 
tal, remuneración del personal, precios a obtenerse en la comercia¬ 
lización del producto y muchos otros detalles, según las circunstan¬ 
cias del caso. En períodos anteriores al surgimiento de la Agronomía 
disciplinada, los propietarios o administradores-ecónomos de explo¬ 
taciones rurales tuvieron que valerse invariablemente de su expe- 



RESEÑA METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA RURAL 


321 


riencia personal, orientada a su vez en la tradición lugareña, lo que 
significa experiencia acumulada, a fin de tomar sus decisiones con 
atinencia al manejo del establecimiento a su cargo. 

Tan sólo ya las decisiones importantísimas respecto al grado de 
extensividad o intensividad que en determinadas Condiciones regio¬ 
nales deben conservar las explotaciones rurales para lograr su renta¬ 
bilidad, suelen inspirarse en la tradición regional. Pretender la implan¬ 
tación de métodos intensivos en un establecimiento de campo, situado 
en una región que por su ubicación en relación con los mercados, me¬ 
dios de transporte y otros factores ambientales, se sindica como región 
predestinada para la explotación extensiva, suele conducir al fracaso 
y hasta la ruina económica del respectivo hombre «progresista» que 
cree poder prescindir de la tradición. Prácticas usuales que caracte¬ 
rizan la orientación del trabajo rural en determinadas regiones y 
comsircas, suelen descansar sobre una tradición arraigada, que debe 
su origen a la experiencia acumulada, adquirida con harta frecuen¬ 
cia a raíz de reveses y fracasos de tentativas aisladas para salir de la 
«costumbre» general. 

Justamente la aludida experiencia acumulada y transformada a 
través de la comunicación verbal entre las sucesivas generaciones, 
en tradición regional o local, desempeñó un papel preponderante tam¬ 
bién en la explotación rural de las tierras rioplatenses durante el 
período de la colonia. Las prácticas de la ganadería pastoril en los 
grandes establecimientos de aquellos tiempos, el manejo de fincas 
rurales en las primeras colonias agrícolas tanto de Cuyo como de las 
Misiones Jesuíticas, etc., necesariamente tuvieron que amoldarse a 
las nuevas condiciones ambientales, también en lo atinente a la orga¬ 
nización de los respectivos establecimientos rurales, basada en la im¬ 
plantación definitiva del cultivo de plantas agrícolas del viejo mundo. 
En cuanto a la iniciación y el arraigo definitivo de la vid y la alfalfa 
en la región de Cuyo, encontramos indicaciones instructivas sobre el 
particular en varias publicaciones de Historia Agraria de J. R. B á e z, 
especialmente la más reciente sobre la primera Colonia Agrohispana 
en Cuyo, que ofrece datos muy instructivos respecto a la distribución 
de chacras y solares y el estado agrícola de Mendoza, inclusive referen¬ 
cias a disposiciones dictadas en 1814 por el Gobernador de San Luis, 
acerca del cultivo de alfalfa, como cuestión de interés colectivo, 
tópicos todos estos relacionados con la Economía Rural. 

Noticias dispersas y apuntes. — Teniendo presente, que en perío¬ 
dos anteriores al surgimiento de la Agronomía como ciencia, la lite¬ 
ratura sobre los problemas del agro era escasa y frecuentemente mez¬ 
clada con la información de otras disciplinas, como verbigracia la 
Botánica y Medicina respecto a la descripción y el uso de las plantas, 
y la Historia General en lo referente a cuestiones económicas y socia- 




322 


CONFERENCIA XV 


les, no ha de extrañar, que no dispongamos de una literatura de Eco¬ 
nomía Rural propiamente dicha para aquellos tiempos. Las referen¬ 
cias a la organización y el manejo de establecimientos rurales se 
encuentran mezcladas con otros datos en documentos literarios 
de toda clase. Las ya mencionadas disposiciones relacionadas con el 
tópico que figuran en la Biblia y, respecto a estos países, en los archi¬ 
vos sobre la actuación de gobernantes, usos y costumbres de los habi¬ 
tantes y cuestiones afines, dan fe de mi aserto. De ahí precisamente 
la antes señalada importancia de la investigación histórica en lo 
referente a la Economía Rural del pasado, que no deja de intere¬ 
sar también respecto a su repercusión en la organización del trabajo 
rural contemporáneo. 

En cuanto a los apuntes y anotaciones es comprensible, que a 
medida que los campesinos hayan aprendido a escribir, se intere¬ 
saran en dejar anotadas sus «vivencias» personales en el manejo de 
alguna explotación rural y al mismo tiempo las experiencias colec¬ 
tivas involucradas en la tradición, transmitidas oralmente. A título 
de ejemplo consigno el caso clásico de las ya mencionadas «Obser¬ 
vaciones sobre Agricultura» de nuestro Procer Agrónomo Dr. Pérez 
Castellano, que tenía por costumbre hacer anotaciones y apuntes 
de toda clase, que en el correr de su vida había recogido a través de 
la observación empírica y en parte también por sus estudios asiduos 
inclusive el examen de enciclopedias y libros ajenos a la agricultura 
propiamente dicha. Sobre el punto dice en el Prólogo de la mencio¬ 
nada obra textualmente lo siguiente: «Como me faltaba papel en 
que escrivir, me acordé de un libro de marquilla en que tengo otras 
apuntaciones curiosas, ya propias, ya copiadas: y en las hojas blan¬ 
cas de este libro estoi escriviendo mis rústicas observaciones.» Pero 
hay más aún. Entre los papeles que dejó el meritorio sacerdote y 
primer tratadista del país sobre tópicos agrícolas y temas diversos, 
inclusive los de índole política, económica y social que aquí interesan, 
figura también su llamado «Caxon de sastre». El propio título indica 
que se trató de una colección de apuntes de toda índole destinados a 
fijar por escrito sus «vivencias». 

La finalidad de tales noticias y apuntes era, desde luego, en pri¬ 
mer término utilitaria. Fué una práctica difundida también en los 
países europeos en períodos anteriores al surgimiento del alud de 
publicaciones de divulgación sobre cuestiones agrícolas de toda índole. 
El respectivo recopilador pretendía, de esta manera, transmitir a 
otros labradores y preferentemente a sus descendientes, las expe¬ 
riencias de su vida. Hechos memorables, precios, años de penuria y 
desde luego también cuestiones de organización interna fueron ano¬ 
tados así, por lo general, en forma cronológica. Personalmente he 
tenido oportunidad de conocer esta clase de anotaciones familiares 
en los archivos privados de rurales europeos, siendo lógico, que ellos 



RESEÑA METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA RURAL 


323 


abunden en los archivos oficiales. Difícilmente figurarán bajo algún 
rótulo agronómico o de economía rural propiamente dicha. Los 
archivos administrativos inclusive los de la jurisdicción, como tam¬ 
bién los de los monasterios, iglesias y otras instituciones contendrán 
seguramente también respecto a nuestro Continente, valiosas infor¬ 
maciones sobre la estructuración y el manejo de explotaciones rura¬ 
les durante la colonia y la independencia. 

Consultas bibliográficas. — No menos importante que la bús¬ 
queda de noticias dispersas en los archivos de épocas anteriores 
inclusive los del presente, resulta la consulta bibliográfica. Respecto 
a este punto informé en detalle en el capítulo correspondiente de mis 
«Consejos Metodológicos» de 1946. Sobre todo las bibliografías de espe- 
cialización, en este caso las relacionadas con Economía Rural y mate¬ 
rias afines, resultan de gran importancia para reunir la documentación 
que pudiera interesar desde determinado punto de vista. Las biblio¬ 
grafías modernas son conductoras seguras a través del laberinto trai¬ 
cionero de la copiosa producción literaria contemporánea inclusive la 
de divulgación. Como libro de los libros, una bibliografía debida¬ 
mente confeccionada constituye la fuente básica de cualquiera de 
las ramificaciones, en constante aumento, del árbol de la ciencia. 
En el referido orden de ideas ofrecí una orientación global acerca 
de las bibliografías más conocidas en materias agronómicas y por con¬ 
siguiente las de Economía Rural que aquí interesan. El tópico resulta 
bien familiar no sólo ya a los científicos formados en plena actividad, 
sino también a los principiantes y el estudiantado, en virtud de lo 
cual nada tengo que agregar respecto a este recurso de la labor cien¬ 
tífica de nuestros tiempos. 

La consulta bibliográfica está estrechamente relacionada con el 
uso de la documentación reunida en las bibliotecas. También sobre 
este punto me extendí en el libro mencionado líneas arriba. Las 
grandes obras de consulta, difícilmente disponibles en la biblioteca 
privada de un hombre de ciencia, libros agotados y ediciones raras 
suelen quedar accesibles a través de las grandes bibliotecas centrales. 
En relación con nuestro tema interesarán principalmente las biblio¬ 
tecas especializadas en materias agronómicas, las cuales, en 1937 
como año de referencia, totalizaban la cifra de 857, distribuidas en 
proporciones variables en los diferentes continentes. Los biblioteca¬ 
rios de hoy, familiarizados con el manejo de ficheros, bibliografías y 
obras de consulta, resuelven con facilidad el problema de encontrar 
acceso a la fuente informativa que pudiera interesar, aunque el res¬ 
pectivo impreso se encuentre en un país lejano. El servicio moderno 
de las copias de libros enteros o pasajes de ellos en forma de pequeñas 
películas fotocopiadas, permite disponer, en un plazo relativamente 
corto, de informaciones literarias que de otra manera difícilmente 




324 


CONFERENCIA XV 


le habría sido posible obtener a algún interesado instalado lejos de 
los grandes centros bibliográficos de contornos mundiales. 

No digo novedad al manifestar, que justamente para el estudio 
de problemas económicos y sociológicos, la lectura de libros y otras 
fuentes informativas ocupa una posición sobresaliente, sobre todo 
en comparación con los sectores de la Agronomía que recurren a la 
experimentación y la investigación de laboratorio. En vista de esta 
posición especial de la Economía Rural, no dejo de destacar la gran 
importancia de las bibliotecas y bibliografías, justamente para el 
investigador en estas materias. A fin de sacar el mayor provecho posi¬ 
ble de la lectura, señalo la conveniencia de dedicarse a ella con papel 
y lápiz a mano, al efecto de hacer anotaciones de interés que han de 
servir finalmente para la documentación de la labor científica propia. 

El método histórico. — En líneas precedentes ya me referí a la 
importancia que en ciertos aspectos de la Economía Rural y espe¬ 
cialmente en cuestiones sociológicas, le asiste a su estudio retrospec¬ 
tivo. Indiqué las posibilidades de su aplicación como método de com¬ 
paración en el tiempo, que permite apreciar las situaciones del pre¬ 
sente en relación con las del pasado. Las noticias dispersas que suelen 
encontrarse en las obras de Historia Universal, los apuntes y anota¬ 
ciones de índole privada y oficial, sepultados en los archivos fami¬ 
liares y públicos, reflejan muchas veces luces insospechadas tanto 
respecto a cuestiones económicas como también sobre usos y costum¬ 
bres típicas para determinada comarca. Problemas de toponimia, como 
verbigracia el origen y significación de los nombres de alguna región, 
detalles folklóricos relacionados con la denominación de aperos, herra¬ 
mientas y útiles caseros, también requieren el estudio de los archivos. 
A título de ejemplo indico la reciente publicación del Dr. Buenaven¬ 
tura C a v i g 1 i a, sobre la «Cantramilla», instrumento de uso corriente 
en el período gauchesco. El referido libro folklórico resulta instruc¬ 
tivo igualmente en ciertos detalles atinentes a la Economía Rural. 

Cifras relacionadas con el costo de la producción (arrendamien¬ 
tos, jornales, precios obtenidos en la venta de los productos, etc.), 
datos estos accesibles generalmente sólo a través de la consulta de 
archivos, suelen ser de gran interés para la labor científica en Eco¬ 
nomía Rural. Respecto a la estructuración de los establecimientos 
ganaderos del Río de la Plata, ella resulta difícilmente comprensible 
sin recurrir al método histórico. Si bien la presencia de los alambra¬ 
dos en las llanuras pastoriles de estos países constituye para las gene¬ 
raciones contemporáneas algo tan familiar y sobreentendido, que 
nadie reflexiona sobre su origen y las consecuencias para la Econo¬ 
mía Rural, cabe recordar que este sistema de explotación no tiene 
todavía un siglo de existencia. Los primeros alambrados fueron ins¬ 
talados alrededor de 1870. La influencia de esta innovación de enton- 



RESEÑA METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA RURAL 


325 


ces, no se limita, empero, sólo a la modificación fundamental de la 
organización interna de las estancias que desde aquella fecha traba¬ 
jan con menos número de pastores, sino repercutió hondamente tam¬ 
bién en toda la estructura social de la campaña. El problema candente 
del éxodo hacia la ciudad, el de los rancheríos y otros, tienen su 
arraigo, a lo menos en buena parte, en el aludido proceso de la difu¬ 
sión rápida de los alambrados. La transformación de la vida rural, 
desde aquella fecha, ignorada por el mismo campesino de hoy, inte¬ 
resa, no obstante, al investigador en Economía Rural como una de las 
tantas relaciones entre causa y efecto que el científico debe dilucidar. 

Considero suficiente lo brevemente expresado a fin de orien¬ 
tar a quienes se dedican al trabajo científico en Economía Rural y 
Sociología Agraria, sobre la importancia del método histórico para 
sus estudios. No sólo el método histórico como procedimiento apro¬ 
piado para dilucidar situaciones del pasado en las referidas materias 
de especialización, sino también la Historia Agraria como sector inde¬ 
pendiente, merecen, por lo tanto, ser tenidos en cuenta como recuerdo 
metodológico de las indagaciones en Economía Rural. 

La Geografía Agraria está estrechamente vinculada con la Histo¬ 
ria Agraria, ya que los rasgos típicos de la organización de las explo¬ 
taciones agrícolas del presente descansan sobre el pasado, quedando 
sujetos a nuevas alteraciones en el devenir del tiempo. Hay uná evo¬ 
lución orgánica en los sucesivos métodos de explotación, en virtud de 
lo cual la Geografía e Historia Agrarias conservan entre sí vínculos 
estrechos de causalidad. La descripción de establecimientos rurales 
contemporáneos será su historia del futuro. Desde este punto de vista 
menciono, a título de ejemplo, la información sobre el método de 
explotación de un modesto establecimiento rural que el conocido natu¬ 
ralista Guillermo Burmeister poseía en 1858/59 cerca de la ciudad 
de Paraná y sus referencias a métodos de trabajo en Mendoza y otras 
regiones de Cuyo. La descripción del ambiente rural argentino, por 
parte de Burmeister, de por sí muy valiosa, gana aún más en 
interés debido a la circunstancia de haber recorrido el país justa¬ 
mente en las postrimerías del precitado período sin alambrados. Su 
implantación significa el cambio radical de la fisonomía económica 
de estos países. Adquieren, por lo mismo, singular interés histórico 
las referencias de Geografía Agraria que se encuentran diseminadas 
entre la información del nombrado naturalista sobre los tópicos de su 
especialización. Sin restar mérito a los apuntes análogos de otros expe¬ 
dicionarios, que en diferentes épocas recorrieron estos países, elijo el 
caso de Burmeister precisamente por la circunstancia apuntada. 
Su descripción de la vida rural coincide con el período final de la gana¬ 
dería pastoril sin alambrados, típica para la colonia y los comienzos 
de la independencia. 



326 


CONFERENCIA XV 


El surgimiento de centros de producción intensiva como los de 
la horticultura y algunas ramas granjeras, queda supeditado a la 
presencia de mercados consumidores cercanos, facilidades de trans¬ 
porte y otros factores ambientales relacionados con la Economía 
Rural y Sociología. La Geografía Agraria, al dedicarse a la descrip¬ 
ción de las diferentes regiones ecológicas, no puede prescindir, pues, en 
sus referencias a los aspectos naturales, de cuestiones de índole eco¬ 
nómica. Abundancia o escasez de la mano de obra, gastos de trans¬ 
porte y cuestiones similares, son aspectos complementarios de 
gran importancia, ya que la agricultura contemporánea suele estar 
orientada más que nunca sobre los principios de la oferta y demanda 
en los mercados nacionales y mundiales. En consecuencia, cada vez se 
acentúa más la influencia recíproca de los factores «sociales y econó¬ 
micos» en función con la densidad de la población y el nivel de vida 
en las respectivas comarcas, y los de índole «fisiológica» (factor «Natu¬ 
raleza»). Suministran ellos en conjunto el material básico para las 
indagaciones en Geografía Agraria. 

La descripción minuciosa de los aspectos característicos y repre¬ 
sentativos de la agricultura de alguna comarca, resulta singular¬ 
mente difícil cuando se trata de establecer «comparaciones en el es¬ 
pacio» respecto a la explotación agropecuaria típica de vastas regiones 
o países enteros. En tales circunstancias sería deseable, que la investi¬ 
gación esté inspirada por un solo cerebro dirigente, aunque se tenga 
que echar mano tal vez a la cooperación más o menos amplia de un 
equipo en lo referente a la ejecución de los estudios de detalle. Recu¬ 
rriendo a las distintas asignaturas que en nuestro caso se presentan 
como «materias auxiliares», surgen diversos sectores de esta rama de 
las ciencias agronómicas. Además de la ya mencionada subdivisión 
histórica, tendríamos la ecológica, fitotécnica, zootécnica, económica, 
estadística, etc., secciones éstas que a su vez recurren a los aportes 
de sus respectivas materias afines. Ante este carácter enciclopédico de 
la Geografía Agraria, resulta difícil, llegar a una síntesis armoniosa 
de los rasgos salientes y al mismo tiempo «representativos» para las 
condiciones ambientales de alguna comarca o país entero. 

Lo característico en el sentido del promedio representativo no 
coincide con lo mejor o lo bueno, que con harta frecuencia, aunque 
tal vez en forma inconsciente, suele quedar establecido en modelo o 
valor ideal para el objeto sometido a la indagación. Sin embargo, ni 
lo que se acerca en sentido positivo al ideal anhelado, ni tampoco lo 
que a la inversa, se aleja de él, constituye el verdadero promedio 
«representativo» para determinada región. El resultado de la investi¬ 
gación debe brindar un reflejo fiel de lo que realmente caracteriza a 
la agricultura local o regional. Sobre esta base se establecen las «com¬ 
paraciones» en el espacio, las cuales, en nuestro caso interesan sólo 
respecto a los problemas de la Economía Rural. 



RESEÑA METODOLÓGICA DE LA ECONOMIA RURAL 


327 


Viajes de estudio. — En relación con la Geografía Agraria juzgo 
oportuno mencionar los Viajes de Estudio, cuya importancia para 
cualquier clase de indagaciones geográficas y también para muchas 
ramas de las Ciencias Naturales doy por sobreentendida. Sobre su uti¬ 
lidad como recurso del trabajo científico en Agronomía, me extendí 
en mi ya varias veces citado libro de 1946. En este orden de ideas me 
limito a destacar su significado para la Economía y Sociología Rurales 
con sus múltiples problemas, cuya dilucidación frecuentemente hace 
deseable y aun imprescindible su estudio en el ambiente rural, tanto 
de determinado país como del extranjero. A tal efecto bastará ejem¬ 
plificar lo expresado con referencias a dos viajes de estudio, los cuales, 
sin haber tenido por objeto primordial la dilucidación de cuestiones 
de la Economía Rural, se revelaron como singularmente fecundos en 
este aspecto. 

Cito en primer término el viaje de estudio realizado por A. Y o u n g 
durante el siglo XVIII, recorriendo Francia montado en una yegua 
ciega. «Su viaje por Francia» — apunta al respecto el Conde de Gas¬ 
par in en sus ‘Cours d’Agriculture’ — «nos pinta vivamente su situa¬ 
ción agrícola antes de la revolución». Alude expresamente a la des¬ 
cripción de situaciones de la vida rural en lo económico y social, 
expresando su sorpresa ante el alto grado de exactitud de descrip¬ 
ciones tan llenas de vida y concordantes con la realidad habida antes 
de la aludida revolución de 1789. 

Los viajes de estudio «clásicos» de Alejandro von Humboldt 
al comienzo del siglo XIX, por varios países de Iberoamérica, con¬ 
servarán para siempre su posición como expediciones modelo en 
Ciencias Naturales. Considero por lo mismo, digno de ser destacado 
aquí, el mérito adicional de sus observaciones realizadas en México 
sobre cuestiones económicas, recopilando durante su permanencia en 
la entonces «Nueva España» datos estadísticos difícilmente accesibles 
en aquellos tiempos. «Cuantos han estado encargados del gobierno 
de las colonias» — se lee en el Prefacio del editor de la tercera edi¬ 
ción del «Ensayo Político sobre la Nueva España» dev. Humboldt 
— «se han visto precisados a recurrir a los escritos del señor Hum¬ 
boldt; y el mismo gobierno español ha tomado de ellos muchas no¬ 
ticias acerca del aumento progresivo de la población, del consumo 
interior y de la balanza de comercio». 

Con toda nitidez se refleja en estas palabras la importancia de 
este viaje de estudios «clásicos» también respecto a tópicos económi¬ 
cos, perteneciendo en aquellos años preferentemente a la Economía 
Rural, dada la estructura económica relativamente sencilla de las 
colonias españolas y luego Repúblicas independientes de Iberoamérica. 

Estadística informativa. — Hasta aquí indiqué métodos preferen¬ 
temente descriptivos, cuyo valor como procedimiento metodológico, 



328 


CONFERENCIA XV 


siempre que se trate de descripciones bien terminadas, no es inferior 
al del método experimental, que en Ciencias Naturales, con toda 
razón suele ser cotizado muy alto. Al abordar, pues, el tópico dé la 
«Estadística informativa», inicio una parte de mi disertación, rela¬ 
cionada con el acopio de datos numéricos, cuestión tan importante y 
frecuentemente imprescindible en los estudios de la Economía Rural. 
Me propongo ofrecer, en sendos incisos, además de las indicaciones 
sobre el tópico señalado que van a continuación, referencias también 
a las Encuestas y los Procedimientos Contables, aspectos complemen¬ 
tarios del punto abordado, igualmente eficaces, a fin de reunir datos 
numéricos en torno de problemas económicos. 

Prescindiendo de consideraciones sobre la historia de la Estadís¬ 
tica y los distintos métodos destinados para reunir el material origi¬ 
nal, de las series básicas de la información buscada, destaco la impor¬ 
tancia de la simple Estadística Informativa como tal para llegar al 
conocimiento de «hechos», finalidad común de todos los métodos de 
investigación que encuentran aplicación en las distintas ramas de la 
ciencia. Cabe destacar la posición sobresaliente de la Estadística In¬ 
formativa en el campo de la Economía Rural. Las cifras relaciona¬ 
das con la producción y el consumo de productos agropecuarios, la 
comercialización y otros aspectos de la materia, representan la base 
de investigaciones metódicas en este terreno de la Agronomía 
disciplinada. 

En cuanto a la utilización de datos estadísticos con la finalidad 
de informar acerca de cuestiones atinentes a la Economía Rural, hay 
que proceder, sin embargo, con cautela. La importancia de la Esta¬ 
dística Informativa como recurso metodológico consiste en el acierto 
de su utilización para fines deductivos. Los números se prestan no 
sólo para el uso, sino también para el abuso. Según la agrupación de 
las cifras, una misma serie numérica de la estadística conduce a 
deducciones a veces diametralmente opuestas. Se suele decir, con 
razón, que la estadística permite comprobar «todo», lo que equival¬ 
dría, pues, a quitarle por completo su valor científico. El hombre de 
ciencia necesita arribar a conclusiones claras, inapelables que no den 
pábulo a ambigüedades. 

Desde este punto de vista señalo brevemente el enorme progreso 
que se registra respecto a la interpretación de series informativas 
reunidas a través de la acumulación de determinaciones aisladas, 
inclusive las de la Economía Rural; me refiero a la Estadística Inves- 
tigativa, terreno en el cual existen progresos extraordinarios a raíz 
de los trabajos del especialista inglés R. A. Fisher, autor de la cono¬ 
cida obra «Métodos estadísticos para hombres de investigación». La 
importancia de esta obra se refleja en la difusión extraordinaria del 
uso práctico de los referidos métodos. El libro de Fisher, cuya pri¬ 
mera edición pertenece al año 1925, fué reeditado hasta la fecha ya 



RESEÑA METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA RURAL 


329 


6 veces. Su significado para la interpretación de series estadísticas 
que pudieran haberse reunido en los más variados terrenos científi¬ 
cos, consiste en haber indicado procedimientos para esclarecer la 
influencia mutua de los factores integrantes de algún sistema facto¬ 
rial complejo. La aplicación de tales procedimientos de interpreta¬ 
ción de series estadísticas de toda clase, permite depurar de errores 
las cifras reunidas en las series informativas y establecer la signifi¬ 
cancia y el alcance real de los estudios pertinentes como verdad 
científica inapelable. 

Las encuestas. — En vez de recurrir a procedimientos de una 
recopilación detallada de datos científicos como los que suelen 
reunirse en los censos o en la experimentación agrícola, biológica, etc., 
se busca a veces arribar a una orientación global en determinado pro¬ 
blema a través de la encuesta. Es comparable ella, hasta cierto punto, 
a lo que en algunos países se conoce como la Estadística Informativa 
basada en determinaciones o estimaciones representativas, o sea 
«muestras» típicas (en inglés «samples») de la información buscada 
acerca de la situación general del caso investigado. 

Encuestas bien preparadas sobre la base de preguntas con¬ 
cisas, fáciles de contestar con respuestas claras, suelen arrojar bue¬ 
nos resultados también en el estudio de problemas de la Econo¬ 
mía Rural. En virtud de no poder extenderme, dentro del marco de 
esta exposición, en detalles sobre el particular, me limito a con¬ 
signar el resultado altamente satisfactorio obtenido en varias en¬ 
cuestas en torno a diversos problemas agronómicos indicados en 
mi libro metodológico de 1946. Entre los casos aludidos figura una 
referencia especial a la Encuesta sobre el consumo de productos ali¬ 
menticios, vestidos y la vivienda popular, organizada en 1945 por el 
Consejo Interamericano de Comercio y Produc¬ 
ción, cuya Comisión Ejecutiva tiene su sede en Montevideo. La con¬ 
testación a las preguntas pertenecientes al terreno de la Economía 
Rural, estuvo a cargo del Ing. Agr. Roberto Graña, técnico espe¬ 
cializado en esta materia, quien a su vez, por falta de datos estadís¬ 
ticos, tuvo que valerse de «estimaciones personales», justamente el 
procedimiento usual en las encuestas, cuya aplicación en este caso 
condujo al resultado anhelado. 

Los procedimientos contables, o sea la acumulación de toda clase 
de cifras reunidas en el movimiento interno de alguna explotación 
rural, especialmente los datos de la Contabilidad, son de gran impor¬ 
tancia para el estudio de numerosos problemas atinentes a la Eco¬ 
nomía Rural. La organización y el funcionamiento de los estable¬ 
cimientos rurales se ajustan a los resultados obtenidos con la aplica¬ 
ción de procedimientos contables. De ellos se desprende la ganancia 



330 


CONFERENCIA XV 


neta general y especialmente la rentabilidad de las diferentes ramas 
de la explotación que integran el engranaje funcional del organismo 
en conjunto. Las variaciones que suelen haber respecto al costo de la 
producción (renta, jornales, maquinaria, animales y útiles), y todo 
lo que significa egresos de cualquier índole deben ser respondidas 
por variaciones análogas por concepto de «ingresos». 

Los ingresos y por ende la ganancia neta de una explotación 
rural, dependen fundamentalmente de los precios pagados por los 
productos agropecuarios. En este punto, la organización interna de la 
empresa está supeditada pues, a factores ajenos, como la oscilación 
de los precios en los mercados locales, pendientes, a su vez, de los 
del mercado mundial, siempre que estén en juego las fuerzas libres 
de la demanda y oferta. Bajo los sistemas de las economías dirigidas 
y más aún bajo el imperio de circunstancias de una demanda extra¬ 
ordinaria por determinados productos rurales — el caso de las últi¬ 
mas guerras mundiales — la Economía Rural encuentra en los datos 
recogidos a raíz de la Contabilidad, valiosos elementos de juicio 
para resolver situaciones de emergencia. Bastarán estas referencias 
concisas, a fin de documentar la importancia principalísima de una 
contabilidad debidamente llevada, para todo lo relativo a la organi¬ 
zación interna y el manejo de las empresas rurales. 

El valor y la utilidad de las cifras acumuladas por los proce¬ 
dimientos contables acrecientan aún más al concentrarse, en una Con¬ 
taduría Central, los datos reunidos en varios establecimientos rurales, 
sea estancias, ingenios o colonias agrícolas. Desde el mismo punto de 
vista indico la creciente difusión de las llamadas «Oficinas de Conta¬ 
bilidad Agraria», encargadas de asesorar a los hombres de campo, 
para que puedan resolver sus problemas de administración y funcio¬ 
namiento. Sobre este tópico se encuentran indicaciones instructivas 
en la primera parte del segundo tomo del ya mencionado «Tratado de 
Economía Rural» del Dr. Domingo B ó r e a, con cuya mención pongo 
punto final a estas breves indicaciones sobre los procedimientos con¬ 
tables, tema vasto y digno de atención especial como cuestión meto¬ 
dológica de la Economía Rural. 

El método especulativo — Un examen retrospectivo de los distin¬ 
tos procedimientos señalados en forma concisa a través del desarrollo 
de nuestro tema, permite calificarlos en conjunto como procedimien¬ 
tos deductivos. En efecto, la Economía Rural opera preferentemente 
sobre la base del método de la deducción. El material informativo y 
los elementos de juicio reunidos por las distintas modalidades de 
investigación, ofrecen a los hombres de ciencia dedicados al estudio 
de la Economía Rural un copioso y muy variado conjunto de infor¬ 
maciones. El saber utilizarlo hábilmente con la aplicación del mé¬ 
todo deductivo, significa realizar labor fecunda en este importante 



RESEÑA METODOLÓGICA DE LA ECONOMIA RURAL 


331 


terreno de la Agronomía, en beneficio de todos y cada uno de los 
establecimientos rurales, y por encima de ello, para servir a la causa 
pública de las respectivas colectividades nacionales. 

No bastará en muchas ocasiones la simple recolección de un co¬ 
pioso material informativo básico, y su interpretación desde los pun¬ 
tos de vista de los problemas, que en constante fluctuación se pre¬ 
sentan en función con las situaciones cambiantes de la Economía 
Mundial, y otros factores inaccesibles a la intervención del hombre 
individual y aun de los respectivos gobiernos de Estado y otros orga¬ 
nismos administrativos. Quedará pues, un margen amplio para el pro¬ 
cedimiento especulativo. En esta clase de procesos mentales suele 
surgir, generalmente debido a meditaciones profundas y con menor 
frecuencia en forma de una repentina idea luminosa, la chispa fecun¬ 
dante para encontrar soluciones felices a los respectivos problemas, 
ya sea en cuestiones de detalle o en los aspectos fundamentales. 

Pertenece a los comienzos de la Economía Rural como rama de 
la Agronomía disciplinada, uno de los aludidos casos en que el mé¬ 
todo especulativo dejó esclarecidas las cuestiones complejas de la 
organización de los establecimientos de acuerdo a la comercialización 
de los productos. Me refiero a las especulaciones de J. H. von T h ü n e n 
sobre el «Estado aislado» y la teoría desarrollada sobre el particular 
por el nombrado autor en su libro de tres tomos «El Estado aislado 
en relación a la agricultura y economía nacional». No cabe duda de 
tratarse de una de las obras más valiosas de la Economía Rural apa¬ 
recidas hasta la fecha, que ha de conservar para siempre su posición 
sobresaliente como guía orientadora en estas cuestiones. 

Un tal «Estado aislado», en la realidad de la vida económica, 
desde luego, no existe. Sin embargo, el razonamiento de v. T h ü n e n 
fué singularmente fecundo para toda la Economía Rural, inclusive 
problemas netamente técnicos. El concepto de los «círculos de inten¬ 
sidad» que se agrupan en escala decreciente en torno al mercado 
céntrico del Estado aislado, esclareció aspectos intrincados del pro¬ 
blema de la comercialización. Cuestiones técnicas, como por ejemplo 
la relación entre las regiones de la ganadería pastoril y las de la 
industria lechera, la posición de comarcas intensivas (horticultura) 
en comparación con las extensivas (cerealicultura), el problema de la 
rotación y otros, recibieron nuevos impulsos bajo la luz de una teoría 
tan acertadamente cimentada y desarrollada en todos sus detalles. 
Si bien, nunca fué posible comprobar su veracidad en un «Estado 
aislado» real, ella encontró su confirmación, a través de la aplicación 
generalizada al ambiente rural en su vinculación con los respectivos 
mercados regionales, nacionales, y finalmente hasta en el mercado 
mundial, al surgir, en el transcurso del siglo XIX, la economía mun¬ 
dial. Esta a su vez representa un sistema de «círculos de Thünen» 



332 


CONFERENCIA XV 


de contornos mundiales con el mercado mundial por centro de 
comercio. 

El Seminario. — En párrafos anteriores ya me referí brevemente a 
la característica saliente de los procedimientos metodológicos usados en 
Economía Rural, ubicándolos en el terreno de la deducción. Contraria¬ 
mente a la inducción, los procedimientos deductivos de índole mar¬ 
cadamente sintética, suelen recorrer el camino de lo general a lo 
particular. En otras palabras, partiendo de un caudal más o menos 
copioso de hechos registrados con la aplicación de los métodos apro¬ 
piados, de los cuales indiqué los más importantes en el desenvol¬ 
vimiento del tema, la deducción conduce a establecer rasgos comu¬ 
nes, que permiten finalmente sintetizar conclusiones concisas. La 
inducción, en cambio, sigue a la inversa la ruta de lo particular a lo 
general, procedimiento corriente precisamente en muchas ramas de 
las Ciencias Naturales, inclusive los sectores técnicos de la Agrono¬ 
mía. En todos estos casos se suele recurrir a la experimentación 
metódica, uno de los recursos más fecundos para el progreso del 
conocimiento en Física, Química y Biología y sus múltiples deriva¬ 
ciones a las cuales pertenecen también las referidas ramas técnicas 
de la Agronomía disciplinada. 

Mientras que en la labor científica de las aludidas materias 
técnicas predomina la experimentación, procedimiento metodológico 
que por lo mismo ni siquiera lo mencioné en esta disertación, las 
ciencias económicas, entre ellas la Economía Rural, recurren a la 
labor metódica en el Seminario. Es el procedimiento indicado para 
dilucidar, a través del trabajo en equipo, problemas complejos, cuyo 
estudio a fondo rebasaría el margen trazado a las posibilidades de 
investigación de una sola persona. Sin extenderme en detalles sobre 
la creciente importancia del aludido tópico que me tocó exponer en 
sendas conferencias pronunciadas hace poco en Buenos Aires y Pelo¬ 
tas, tomo motivo para destacar la importancia de esta forma de tra¬ 
bajo en todo lo atinente a la dilucidación de problemas de la Eco¬ 
nomía Rural. 

Felizmente, tanto en la Facultad de Ciencias Económicas y Admi¬ 
nistración, como también en la de Agronomía, se ha tenido en cuenta 
la extraordinaria importancia que a este recurso moderno le incumbe 
indirectamente para la enseñanza y para la investigación en las res¬ 
pectivas materias inclusive la Sociología. Termino recomendando 
a los jóvenes universitarios que me escuchan, la concurrencia asi¬ 
dua a los Seminarios. El de Economía Rural que funciona bajo la 
dirección del Ing. Agr. Arturo González Vidart, como Jefe, y el 
Ing. Agr. Alfredo L. W e i s s como Ayudante Técnico está llamado 
pues, a estudiar los múltiples problemas de Economía Rural, que en 
el mundo rápidamente cambiante se presentan en todas partes del 



RESENA METODOLOGICA DE LA ECONOMIA RURAL 


333 


globo, debido a la interdependencia factorial del complicado engra¬ 
naje de la Economía Mundial. Es mi ferviente deseo, que el Ing. 
Agr. Francisco Gómez Haedo, titular de la Cátedra de Economía 
Rural de nuestra Facultad de Agronomía, a cuya iniciativa debemos 
la organización de este interesante ciclo de Conferencias de Cultura 
Económica, experimente la íntima satisfacción de ver salir del Semi¬ 
nario anexado a su Cátedra, trabajos científicos que hagan honor a 
la casa de estudios y sean al mismo tiempo fecundos en lo atinente a 
su repercusión en la Economía Nacional. 




CONFERENCIA XVI 

LA UNIVERSALIDAD DE GOETHE EN RELACION CON 

AMERICA LATINA 




(En la Asociación Cultural Uruguayo-Ger¬ 
mana de Montevideo con motivo del 
bicentenario del nacimiento de Goethe, 
acontecido el 28 de agosto de 1749.) (*) 

Cualquier persona que haya estudiado algo más que solo super¬ 
ficialmente a Goethe, conocerá su universalidad, o sea la amplitud 
y profundidad de su saber como hombre polifaceta, versado en mu¬ 
chas ciencias, resultado de su inquietud y preocupación no sólo por 
él aumento constante de sus conocimientos, sino también del perfec¬ 
cionamiento de su idiosincrasia moral. En efecto, además de poseer 
un sólido e inmenso saber en los más variados sectores filosóficos, 
artísticos y científicos de la cultura humana, Goethe fué también 
el prototipo del hombre fáustico, buscador de la luz y de la verdad. 
Descontentadizo siempre ante el afán de alcanzar, en superación cons¬ 
tante, planos más elevados, estaba poseído de la inquietud del alma 
que se refleja en el verso de Fausto: 

«Y sé que no podemos saber náda! 

Ello me tiene el alma requemada» 

Considerándose pues, integrante del género que tiende desde las 
tinieblas hacia la luz, perseveró durante toda una vida en la búsqueda 
de la misma. Ansioso siempre de ampliar el radio de sus conocimien¬ 
tos en torno a las más variadas cuestiones humanas, llegó a la uni¬ 
versalidad del saber que asombra a quienes estudian sus obras. 

Sin extenderme en referencias generales sobre el particular, me 
propongo, en consonancia con nuestro tema, señalar algunos aspectos 
de la referida universalidad en relación con América Latina, tópico 
que indudablemente ha de despertar especial interés para mi distin¬ 
guido auditorio. 

Un hecho tan singular en la historia humana como el descu¬ 
brimiento de un Nuevo Mundo, en el período de Goethe estuvo 
indudablemente rodeado todavía de la aureola de un acontecimiento 
inaudito, de algo maravilloso. Lógicamente, un hombre de intereses 
tan imiversales como el genio de Weimar, habrá seguido con máxima 
atención las informaciones que desde las lejanas tierras americanas 
llegaban en aquellos tiempos a Europa. Hay más aún. Su cultura latina, 
inclusive la inclinación hacia el clasicismo helénico, Con el consi- 


V) Debido a una casualidad benévola, me tocó pronunciar esta conferencia sobre 
Goethe cuando aun se encontraba en imprenta este volumen, circunstancia que me 
permite agregarla, complementando así la sostenida en 1932 sobre «La cultura latina 
de Goethe en la formación de su personalidad», la cual también figura en el presente libro. 



338 


CONFERENCIA XVI 


guíente conocimiento de las civilizaciones del Mediterráneo, implican 
asimismo una atención adicional para el vasto territorio ultramarino 
de España y Portugal, convertidas en las principales naciones colo¬ 
nizadoras. Sus expedicionarios, ademas de conquistadores, fueron 
también portadores de la cultura de Occidente en su modalidad ibé¬ 
rica, extendiéndose, de esta manera, conjuntamente con el habla de 
los respectivos idiomas español y portugués, las costumbres y todo 
lo atinente a las modalidades culturales de los peninsulares. 

El concepto de universalidad implica conocimiento e interés para 
muchas ramas del saber y de los sucesos en el mundo. Generalmente 
se le conoce a Goethe, en primer término como el gran poeta y 
escritor clásico del idioma alemán. Sin embargo, se destaca también 
en otros terrenos de las actividades espirituales. Basta señalar aquí 
sus condiciones de filósofo, artista, estadista-político interesado en los 
problemas económicos de la época y, sobre todo, naturalista, ávido de 
saber a través del estudio metódico de las respectivas disciplinas: 
Mineralogía, Zoología, Botánica, etc. Ajustándome al tema del epí¬ 
grafe, me propongo pues, como una primera parte de la exposición, 
presentar la personalidad de Goethe en su vinculación con nuestro 
Continente, en lo relacionado con su vasta cultura latina, luego en lo 
político y económico y finalmente como naturalista. 

I 

El tema de «La cultura latina de Goethe en la formación de su 
personalidad» fué expuesto en una disertación que me tocó desarro¬ 
llar en 1932, con motivo del primer centenario de su fallecimiento, 
en el Servicio Oficial de Difusión Radio Eléctrica (SODRE) de Mon¬ 
tevideo. En aquella oportunidad dejé indicado, que Goethe había 
recibido durante su infancia, tanto en su casa paterna como por 
sus estudios escolares, una cultura latina muy sólida. Esta circuns¬ 
tancia le permitió, en años posteriores, llegar a una síntesis armoniosa 
entre su germanidad fáustica heredada de sus ascendientes y los ele¬ 
mentos culturales del Mediodía adquiridos poco a poco a través del 
cultivo de la latinidad. Esta, debido a su ocupación constante con la 
cultura latina, le resultó finalmente tan familiar, que en ella se sintió 
«como en su propia casa». Fausto, el hombre nórdico, hijo de las 
tierras de los Nibelungen, llega finalmente a satisfacer sus ansias 
hacia el cielo azul y sereno del Mediterráneo a través de sus nupcias 
con Helena. Este grandioso concepto poético, representa una de las 
escenas más bellas y significativas de la segunda parte de Fausto, la 
obra maestra de Goethe. Constituye ella la expresión simbólica, 
de haberse cumplido las aspiraciones vehementes de Goethe ten¬ 
dientes a la unión entre su esencia fáustica del norte y la serena 
alegría helénica del sur. Sus ideas sublimadas en la figura de Fausto, 



UNIVERSALIDAD DE GOETHE Y AMERICA LATINA 


339 


cimentaron de esta manera para siempre la admiración del mundo 
entero hacia Goethe. Fué tan perfecta la amalgama entre los 
elementos básicos de su germanidad, heredada de sus ascendien¬ 
tes y los adquiridos a través de su vasta cultura latina, que 
Goethe, en lo más íntimo de su vida sentimental fué germano y 
latino al mismo tiempo. La síntesis entre ambas modalidades de la 
civilización milenaria de Occidente fué perfecta. Dando expresión a 
este «leitmotiv» de su existencia, en la segunda parte de Fausto, 
obra esta en la cual trabajó durante toda su vida, creó un monu¬ 
mento literario llamado a perdurar los tiempos. 

Un hombre tan ansioso de familiarizarse con las manifestacio¬ 
nes literarias de las sucesivas civilizaciones de Occidente, conocedor 
a fondo del mundo homérico y de las obras clásicas de los romanos, 
sin por ello descuidar la literatura nórdica, inclusive la europea en 
general, ha sido lector también de los escritores ibéricos: Cervan¬ 
tes, Calderón de la Barca, Lope de Vega y otros. 

En su autobiografía: «Dichtung und Wahrheit» (Ficción y Ver¬ 
dad), el mismo Goethe relata, cómo durante su juventud llegó a 
ponerse en contacto con las más variadas obras literarias y demás 
manifestaciones culturales y artísticas de Grecia y Roma, inclusive 
sus ramificaciones en otros ambientes del Mediterráneo. Sin exten¬ 
derme en detalles, consigno especialmente la influencia que ha tenido 
sobre Goethe su frecuente lectura de las obras de don Pedro Cal¬ 
derón de la Barca, de quien fué un verdadero admirador. La 
lectura de «El Príncipe Constante» le provocó una emoción anímica 
tan fuerte, que las lágrimas le corrían sin cesar, obligándole a inte¬ 
rrumpir la lectura. La escena es frecuentemente citada, conociéndose 
también el juicio de Goethe sobre esta obra por su corres¬ 
pondencia con Schiller. «Si la poesía desapareciese totalmente 
del mundo» — dice — «sería factible volver a reconstruirla a raíz 
de esta sola pieza». De modo que entre los muchos elementos cultu¬ 
rales del Mediterráneo utilizados por Goethe para estructurar su 
obra más íntimamente personal o sea el Fausto, no faltaron tampoco 
los oriundos del ambiente ibérico. Con toda claridad se refiere al 
caso en la escena del bodegón de Auerbach, al decir: «Acabamos de 
regresar de España, la hermosa tierra de los cantos y de los vinos». 
Resulta, pues, que Goethe estaba familiarizado con las cosas de 
la Península. 

En cuanto a la literatura incipiente de los territorios integrantes 
de los vastos imperios coloniales de Portugal y de España, poco exis¬ 
tía en el período de Goethe. Basta recordar al respecto, que hasta 
en lo atinente a datos históricos sobre el Río de la Plata, suele recu- 
rrirse a relatos como los de Ulrico Schmidl, participante de la 
expedición de don Pedro de Mendoza y por ende testigo ocular de 
la fundación, en 1536, de la ciudad de Buenos Aires. Los archivos 



340 


CONFERENCIA XVI 


oficiales de España y Portugal, inclusive los de las Misiones Jesuíti¬ 
cas probablemente no fueron accesibles a Goethe, salvo a través 
de referencias por parte de otros. 

La información científica sobre las cosas de nuestro Continente 
empezó con las grandes obras de los expedicionarios-naturalistas, por 
las cuales Goethe ha tenido el más vivo interés, según lo veremos en 
párrafos posteriores. De suerte que, seguramente habrá conocido, aun¬ 
que sea por referencias, las publicaciones de Félix de Azara y 
de algunos expedicionarios ingleses (C o o k) y franceses (B o n p 1 a n d, 
D’Orbigny) del siglo XVIII, limitándome a señalar tan sólo publi¬ 
cistas contemporáneos de G o e t h e-naturalista. 

En cuanto a lo político-económico, cuestiones que para Goethe 
revestían no sólo interés teórico, sino también importancia práctica a 
raíz de su actuación, durante muchos años, como Ministro integrante 
del gabinete del Gran Duque de Weimar, Goethe habrá poseído 
un conocimiento detallado de las cosas iberoamericanas a raíz de la 
información de Alejandro von Humboldt, el primer expediciona¬ 
rio naturalista del Continente. Si bien a von Humboldt le habrán 
interesado primordialmente los más variados problemas de las cien¬ 
cias naturales, no descuidó tampoco otros aspectos de los países 
visitados. Basta traer a la memoria la publicación en francés, al 
comienzo del siglo XIX, de su «Ensayo Político sobre la Nueva España». 
Teniendo en cuenta, que en fecha anterior el nombrado expedicionario 
había visitado igualmente Nueva Granada, no le habrán faltado tam¬ 
poco conocimientos acerca de la región del Istmo. En vista de la 
amistad estrecha entre ambos grandes hombres, no cabe duda, que 
Goethe haya poseído informaciones detalladas sobre el estado de 
las cosas en aquellas tierras durante el período final del coloniaje. 
Es de suponer, que habrá estudiado directamente el aludido «Ensayo 
Político sobre la Nueva España» de von Humboldt, libro que encie¬ 
rra mucho más de lo que su título promete. Al lado de datos e infor¬ 
maciones estadísticas sobre México se encuentran referencias de 
esta índole también a otras posesiones españolas de América, exten¬ 
diéndose hacia la Confederación de los EE. UU. y las colonias de 
Gran Bretaña en Asia. Señala su autor también la influencia, que 
la configuración del suelo y clima conjuntamente con la vegetación, 
han tenido sobre la producción y las relaciones comerciales de los 
aludidos países iberoamericanos con las naciones extranjeras. El 
valor informativo de esta obra de von Humboldt se refleja en el 
hecho, de haberse llegado a varias ediciones de la misma. Cultivando 
asiduamente las relaciones con el Gobierno y altas personalidades 
de México, establecidas durante su permanencia en la entonces 
«Nueva España», von Humboldt obtuvo corrientemente datos 
complementarios para las sucesivas ediciones de su libro. Pese a las 
guerras napoleónicas de aquella época, que crearon un clima espiri- 



UNIVERSALIDAD DE GOETHE Y AMÉRICA LATINA 


341 


tual poco propicio para el estudio y la lectura, «El Ensayo Político 
sobre la Nueva España» despertó la mayor atención de personas eru¬ 
ditas, no sólo de Europa sino también de los países iberoamericanos. 

En el caso de Goethe hay que agregar todavía la información 
surgida a través de sus conversaciones con Alejandro von 
Humboldt. El punto interesa en relación con nuestro tema, por 
tratarse de una prueba respecto al origen humboldtiano de muchos 
de los conocimientos de Goethe sobre situaciones y problemas 
de nuestro Continente. 

En consecuencia consigno, en lo económico, la opinión de 
Goethe sobre la gran importancia que atribuyó ya en aquella 
fecha lejana a la construcción de un canal, atravesando el Istmo. 
Desde luego, también otras personas habrán experimentado el deseo 
de ver unidos ambos océanos en esta delgada parte de nuestro Hemis¬ 
ferio. Sin embargo, Goethe, con la enorme fuerza intuitiva de su 
espíritu, que le permitía interpretar el alcance futuro de una cues¬ 
tión como esta, señaló claramente su repercusión en el desenvol¬ 
vimiento económico tanto de los continentes directamente afectados, 
como también de las lejanas tierras asiáticas. De esta manera se 
anticipó en un siglo a la realidad contemporánea, que permite palpar 
fácilmente los efectos halagadores surgidos de la apertura, en 1915, 
de esta importantísima ruta marítima para el intercambio mundial. 

En cuanto a lo político, menciono los versos dirigidos a América 
en sus xenias pacatas (Zahme Xenien). «América, tú estás mejor 
que nuestro Continente el viejo». Me refiero expresamente a la se¬ 
gunda parte de esta «xenia», en la cual alude la ausencia de insti¬ 
tuciones estatales petrificadas, frecuentemente origen de luchas infe¬ 
cundas basadas en recuerdos desabridos y sentimientos arcaicos sin 
importancia práctica para la vida real. Alude Goethe indudable¬ 
mente al soplo de libertades máximas que en los países del hemis¬ 
ferio oeste se vislumbraron ya en aquella época, una vez establecida 
la independencia de las distintas naciones. 

Con todo, la documentación más sugestiva e impresionante res¬ 
pecto a la vinculación espiritual de Goethe con nuestro Continente, 
existe indudablemente en el terreno de las Ciencias Naturales. Me 
refiero a las ideas fitogeográficas que se había formado acerca de las 
regiones septentrionales de Sudamérica a raíz del estudio de la expo¬ 
sición de von Humboldt sobre el particular. Esta vez la impre¬ 
sión recibida por Goethe a través de la palabra descriptiva del gran 
expedicionario sudamericano von Humboldt, fué tan fuerte, que 
se sintió impulsado a confeccionar la composición gráfica de un pai¬ 
saje imaginario, destinado a ilustrar las altitudes relativas del Viejo 
y del Nuevo Mundo, con el agregado de una pintura natural de las 
regiones tropicales visitadas por von Humboldt. La intensa sen¬ 
sación de los relatos de von Humboldt y de ahí la admiración de 



342 


CONFERENCIA XVI 


Goethe ante tamañas hazañas expedicionarias, se reflejan en el 
hecho de haberle dedicado a von Humboldt su aludida pintura 
con palabras grabadas en un bloque de piedra que aparece como parte 
integrante del aludido paisaje tropical, en el referido cuadro. 

Nuevamente estamos frente a una fuerza intuitiva de Goethe 
tan impresionante, que no es exagerado calificarla de maravillosa. 
En efecto, en forma similar a la exactitud de su imaginación del 
mundo clásico del sur de Italia y de Sicilia, sólo debido a sus estudios, 
se comprueba su acierto en la concepción gráfica del paisaje tropical 
de las regiones septentrionales del Continente. Desde este punto de 
vista consigno un suceso de índole más bien personal, relacionado con 
el asunto. Un visitante botánico venezolano, al observar en mi casa 
el referido paisaje imaginario de Goethe, cuadro representativo 
de la región tropical sudamericana, exclamó espontáneamente: «He 
aquí un paisaje típico de las Guayanas». Teniendo presente el detalle 
de haber desembarcado Alejandro von Humboldt en el Puerto de 
Cumaná (Venezuela), atravesando luego las llanuras del Orinoco cer¬ 
canas a las Guayanas con las consiguientes impresiones de aquella 
grandiosa naturaleza prístina, resulta comprensible el caso. Se trata 
de motivos del paisaje tal cual lo viera von Humboldt en 1799, 
para fijarlos en obras y publicaciones estudiadas por Goethe. Los 
elementos de juicio ofrecidos a éste por aquél, fueron suficientes 
para la confección del cuadro. Nuevamente pues, comprobamos la faci¬ 
lidad con que la intuición de Goethe supo amoldar sus ideas a la 
realidad de las cosas. Aunque nunca haya estado en contacto directo 
con la naturaleza tropical de nuestro Continente, sabe sugerirnos un 
estado de cosas concordantes con la realidad. El caso interesa en rela¬ 
ción con el tema del epígrafe como ejemplo elocuente del interés con 
que Goethe, en su deseo de extender sus conocimientos del mundo 
entero, se ocupara también de cuestiones sudamericanas, aspecto de 
su universalidad aquí en el tapete. 

II 

A la inversa, la vinculación de Goethe con la cultura contem¬ 
poránea de estos países debe ser palpable en la presencia de retazos 
más o menos importantes y aun de fragmentos finitos de su ideario 
en el acervo cultural de ellos. Es decir, aún teniendo en cuenta, que 
la información acerca de cierto hecho científico inclusive las ideas 
de los pensadores, se diluyen, en el correr de los tiempos, en el enorme 
caudal cada vez más extenso del saber humano general, interesa 
conocer en este caso, lo que persiste como fuerza viva, reconocida 
como tal, de la obra literaria de Goethe entre los contemporáneos 
de nuestro Continente. 



UNIVERSALIDAD DE GOETHE Y AMÉRICA LATINA 


343 


En otras palabras, está planteada la pregunta, si Goethe tiene 
que decir algo todavía a las generaciones de hoy, saturadas de cono¬ 
cimientos técnicos de toda índole debido a la creciente mecanización 
de la vida en nuestra era del superindustrialismo. Interesa saber pues, 
si ante un cambio tan fundamental de la ideología literaria, el idea¬ 
rio goetheano perdió esta característica de algo individualmente 
vivo en el campo espiritual de la Humanidad, o si conserva su fuerza 
atractiva también para el hombre moderno de nuestro Continente. 

Sobre este punto me propongo informar a raíz de mis cono¬ 
cimientos del ambiente en tres aspectos instructivos. He de referirme 
brevemente pues, a lo que Goethe significa para la generación ac¬ 
tual de los estudiantes liceales, luego los universitarios y finalmente 
los hombres de alto vuelo, capaces de juzgar en todo su alcance la 
singularidad de un hombre genial tan extraordinario como el inmor¬ 
tal de Weimar. 

En los programas de enseñanza de los liceos, no sólo del Uruguay 
sino también de otros países sudamericanos, no suele faltar la lectura 
de algunas obras de Goethe. En nuestro país por ejemplo, la juven¬ 
tud liceal, además de recibir una orientación acerca de rasgos culmi¬ 
nantes de su biografía, lee en consonancia con el programa pertinente, 
la obra sentimental «Werther», luego la canción «Hermann und Doro- 
thea», modelo de un idilio bucólico y finalmente se aluden y comentan 
partes del primer «Fausto». Sin embargo, no por encontrarse incluida 
en los programas escolares, una obra literaria persiste con fuerza 
viva en los corazones de la juventud y por ende de las colectividades. 
Es imprescindible, que el contenido substancial de las respectivas poe¬ 
sías y obras en prosa sea absorbido y asimilado, a fin de formar parte 
integrante del acervo cultural de la Humanidad. 

En cuanto a las aludidas producciones literarias de Goethe, 
leídas en los establecimientos secundarios del país, tuve oportunidad 
de comprobar cierta preferencia juvenil, tal vez debido al efecto emo¬ 
cional, por «Werther». Efectivamente, jóvenes con inclinación hacia 
cuestiones literarias me hablaron, en cuanto a Goethe, con harta 
frecuencia, sólo de Werther. Fué pues más bien el «poeta» que les 
había merecido atención. La ausencia de experiencias propias en 
torno a las cosas humanas o sea la falta de vivencias personales, 
no les permitió encontrar acceso a la esencia medular de otras pro¬ 
ducciones, substancia guarecida misteriosamente detrás de la mam¬ 
para resplandéciente de la poesía goetheana. Menos aún llegaron a 
interpretar en todo su alcance la universalidad genial de su ideario, 
su saber positivo en los más variados campos del intelecto y final¬ 
mente la plétora variada y enorme de su producción, ya sea poética, 
filosófica o científica en general. 

Respecto a este punto indudablemente registramos una situación 
diferente entre los universitarios u otras personas de cierta cultura, 



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CONFERENCIA XVI 


que hayan llegado a captar la esencia anímica, la profunda humani¬ 
dad y luego la estupenda abundancia de conceptos originales y el 
gran dominio del verbo con que el genio de Goethe se revela en 
el drama fáustico. Aun sin poseer el idioma en que se expresara, 
imprescindible para poder saborear toda la excelsa belleza de los 
versos, descubren, además del poeta, el aludido pensador y hombre 
universal que hay en él. Conocedor a fondo de las cosas de la vida, 
corresponde aplicarle como al que más, el concepto de universalidad 
involucrado en el dicho latino de Terencio: «Homo sum; humani 
nihil a me alienum puto». (Soy hombre; nada de lo que es humano, 
me es extraño.) 

En virtud de constituir el Fausto un poema «vivido» por su crea¬ 
dor en lo más íntimo del alma, se trata de una obra viva y llamada a 
perdurar los tiempos. En incesante cambio de las escenas registramos 
un desarrollo animado de la acción en torno a la idea directriz reía* 
cionada con el hombre buscador de la felicidad siempre anhelada y 
nunca lograda. 

«Si a un instante dijera: 

Eres tan bello! Queda todavía! 

Podrás tomarme el alma prisionera 

Y acepto hundirme en el abismo incierto! 

Que doble entonces la campana a muerto». 

Substancialmente el «Fausto» significa una canción de la vida for¬ 
jada en base a las propias vivencias más íntimas del poeta durante 
el espacio de su larga existencia. Representa Goethe mismo, el 
«ejemplo vivido» del suspiro de Fausto, insaciable a pesar de haber 
llegado a las cumbres más elevadas accesibles a los mortales. Conce¬ 
bida en los años de su mocedad, la obra, con inclusión de la segunda 
parte, quedó terminada recién en 1831, un año antes de su muerte. 
Por tratarse de una de estas obras escritas con la propia sangre, o sea 
con las «vivencias» del autor, contiene fragmentos y partículas vivas 
que dan a la exposición el colorido de una actualidad siempre renovada, 
eternidad. De suerte que cada nueva generación encuentra en tales 
cuestiones «vividas» algo de lo suyo. Lo esencialmente humano sigue 
siendo humano ayer, hoy y siempre. 

De lo brevemente expresado infiere, que estamos, en cuanto a 
Fausto, ante una obra perdurable que sigue viviendo y creciendo con 
la Humanidad. Fausto «cazador del Más Allá», tambaleando entre los 
momentos fugaces del feraz disfrute de su voluptuosidad y siempre 
tomando nuevos impulsos hacia el heroísmo del trabajo diario, 
refleja a través de una larga vida, de un afanoso buscar de la felicidad 
infinita que le permita medir y valorizar el contenido, el significado 
y sentido supremo de la vida, la finalidad de una existencia insacia¬ 
ble en procura incesante de la luz. Aun sin poseer el alemán, lectores 



UNIVERSALIDAD DE GOETHE Y AMERICA LATINA 


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que han pasado por situaciones análogas en las alturas y profundida¬ 
des dé su vida íntima, encuentran al «Fausto» no sólo digno de ser 
leído, sino «adquieren» su ideario substancial para poseerlo, identifi¬ 
cándose así con el alma fáustica de Goethe. El primer Fausto pues, 
sigue vivo en el sentir de los hombres cultos del Continente. Forma 
parte del acervo cultural de las naciones iberoamericanas en la misma 
forma e intensidad como sucede en las demás civilizaciones de Occi¬ 
dente. Partículas del alma fáustica, esparcidas por el Olímpico de 
Weimar en su poema cumbre se han difundido, ya sea identificadas o 
diluidas, entre la masa del patrimonio cultural de estos países. 

En este sentido resulta realmente sugestiva la frecuencia, con 
que se ha hecho la tentativa de verter al castellano y también al 
portugués el poema inmortal del primer «Fausto», síntoma precisa¬ 
mente de su actualidad e inmortalidad. Las librerías del Río de la 
Plata ofrecen numerosas versiones de traducciones al español, ya 
sea en prosa o en verso. Teniendo presente, que para la exacta inter¬ 
pretación de una obra poética escrita en idioma extranjero y la 
trasmisión de su fluido substancial más íntimo, se requiere verterla 
también en la forma de un poema, consigno las versiones rimadas 
de Teodoro Llórente (aparecida en España a fines del siglo pasado) 
y la de Augusto B u n g e (Buenos Aires en 1926) como dignas de aten¬ 
ción. No por eso dejo de reconocer igualmente los méritos de otras tra¬ 
ducciones, yá sea en verso o en prosa. Su número elevado significa un 
índice palpitante de lo expresado líneas arriba, en el sentido de 
tratarse de una obra viviente, llamada a perdurar en los tiempos 
futuros. 

Con todo, para interpretar y apreciar en todo su significado y 
alcance el valor intrínseco de un gigante del espíritu como Goethe, 
es preciso poseer personalmente también una vasta cultura general. 
Sólo quienes respecto a la interpretación del macro y microcosmos, 
el volumen del saber, la variación productiva y otros aspectos de la 
«universalidad», se acerquen a este prototipo de grande hombre, ten¬ 
drán capacidad y jerarquía espiritual suficiente para comprenderle e 
interpretarle. 

Desde este punto de vista resulta indudablemente sugestivo, 
que entre los universitarios contemporáneos del Continente perdura 
una verdadera inquietud para comprender, interpretar y asimilar las 
enseñanzas universales de Goethe. Como índice significativo de lo 
expresado consigno el hecho, de haberse fundado el 28 de diciembre 
de 1948, la Academia Goetheana de Sao Paulo como filial de la anti¬ 
gua y prestigiosa Sociedad Goetheana de Alemania. El Instituto de 
Sao Paulo, por su parte, cuenta entre nosotros con una sucursal en 
Montevideo, integrada por Miembros Corresponsales, entre los cuales 
figuran personas que se destacan por la amplitud de su cultura como 
verbigracia Carlos Vaz Ferreira, Maestro de Conferencias de la 



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CONFERENCIA XVI 


Universidad, Emilio Oribe, Clemente Estable, José Pedro Se¬ 
gundo, Luis Giordano, Carlos Sabat Ercasty y otros. 

Con todo, sin restar mérito y brillo a ninguno de los menciona¬ 
dos hombres de letras de nuestro ambiente cultural contemporáneo, 
la posición singular de Goethe en el Parnaso de los héroes del 
espíritu, implica tácitamente el compromiso de recurrir al testimonio 
de pensadores superiores, capacitados a comprender al autor genial 
de Fausto e interpretarlo en todo su significado y alcance. Me refiero 
a los realmente grandes hombres de las diferentes naciones, vates y 
jueces competentes a su vez de la grandeza moral de otros. Son los 
gigantes del espíritu, hombres seculares, quienes sólo en intervalos 
más o menos prolongados suelen surgir como cerebros culminantes 
de su tiempo. 

En relación con nuestro tema consigno el caso de Ralph Waldo 
Emerson, el gran filósofo y fecundo literato-esteta de Estados Uni¬ 
dos de Norteamérica, a quien le debemos probablemente el más su¬ 
blime estudio crítico sobre Goethe que haya aparecido en idioma 
inglés. En el ambiente cultural de Iberoamérica, aspecto que en este 
orden de ideas merece preferente atención, surgió, cual gigante del 
espíritu comparable hasta cierto punto con Goethe y por ende 
comentarista crítico equivalente, digno de un Goethe universal, 
nuestro gran autor de los «Motivos de Proteo», José Enrique Rodó. 
Justamente la obra referida se caracteriza también por la universa¬ 
lidad de los conceptos, en este caso doblemente significativa. El nom¬ 
brado gran filósofo literato del país concibió, sin duda alguna, el más 
elevado y bello panegírico que jamás haya sido escrito en idioma cas¬ 
tellano sobre la singular personalidad de Goethe. Una verdadera 
apoteosis del Olímpico de Weimar. 

En efecto, en sus «Motivos de Proteo», Rodó se expresa sobre 
el autor del «Fausto» en palabras tan sublimes, que difícilmente sean 
superadas por otro maestro del verbo en el idioma de Cervantes. 
Es un himno por excelencia, un cantar de los cantares, realmente 
digno de un Rodó, en torno a la universalidad de Goethe. Aun 
en los casos, en que el respectivo lector de Rodó no haya tenido 
oportunidad de estudiar obras de Goethe, la palabra magistral 
del gran literato filósofo uruguayo presenta al autor genial de 
«Fausto» en todo el esplendor de su universalidad. La perpetua inquie¬ 
tud que caracteriza — según Rodó — el alma de Goethe «vasta 
como el mar y como él libérrima e incoercible», es el síntoma más 
expresivo de su afán de llegar a la cumbre, a través de un esfuerzo 
gigantesco en que todos los días no sólo busca, sino logra también 
una nueva etapa hacia el pináculo. 

«El hercúleo trabajo de engrandecimiento y perfección, de una 
naturaleza dotada, en mayor grado que otra alguna, de la aptitud del 
cultivo propio», según se expresa Rodó, lógicamente tuvo que con- 



UNIVERSALIDAD DE GOETHE Y AMERICA LATINA 


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ducir al grado máximo de universalidad. Surge así la pirámide de la 
existencia de Goethe, exhibida en toda su majestuosa y estupenda 
magnitud, por nuestro gran Rodó, debido a su capacidad de inter¬ 
pretar la idiosincracia moral del otro. También esta vez, pues, la 
personalidad de Goethe está viva, con todo el fulgor y esplendor 
de un hombre inmortal, en el ambiente cultural iberoamericano. 

El poeta de «Werther» y el autor de «Fausto» y finalmente la 
personalidad universal del gigante del espíritu que fuera Goethe, 
pueden ser considerados también como exponentes de los sucesivos 
períodos de su vida: la juventud, la madurez y la gloriosa ancianidad. 
Esta interpretación de un proceso ascendente, común a todos los hom¬ 
bres afanosos de progresar, me induce a resumir, en forma poética, 
tales etapas evolutivas, de la personalidad de Goethe recurriendo 
a los hermosos versos de A. M. von Schlegel, que van a con¬ 
tinuación: 

«Die Poesie, die Liebe ziemt der Jugend 
Vom Alter fordert Weisheit man und Tugend. 

Die Zeit verwandelt Neigung, Sinn, Gestalt; 

Nur was unsterblich ist, wird niemals alt». 

Los cuales traduzco al castellano como sigue: 

Poesía y amor — privilegios de la juventud 
A la madurez — sabiduría y virtud 
Con el tiempo varían — opinión y figura 
Lo eterno empero —para siempre perdura. 

Lo eterno... para siempre perdura. Es el caso justamente de 
Goethe, creador de obras inmortales, debido a su universalidad, 
la cual le permitió captar y asimilar los elementos de la vida con todos 
sus matices de grandeza y miseria, alegrías y congojas, sonrisas y 
lágrimas; vida real transformada en verbo vivo, que pese al cambio 
incesante de todas las cosas, resulta inmortal, eterno. 

Nada, absolutamente nada se pierde en lo espiritual y con más 
razón de la rica vida espiritual del Olímpico de Weimar. Una vida 
orientada hacia la perfección y la verdad, contribuyendo al enrique¬ 
cimiento del acervo cultural de la Humanidad con las más variadas 
producciones de su cerebro formidable. Se cumple pues, en esta 
forma, su propia palabra profética: «Es kann die Spur von meinen 
Erdentagen - nicht in Áonen untergehn» (La huella de mi paso por 
la Tierra, jamás se borrará). 

La universalidad de Goethe, encendiéndose siempre de nuevo en 
el alma de las personas capaces de interpretar toda la esencia única 
de su gigantesco espíritu, perdurará: 

Eternidad — 
a través de 
Universalidad! 




ALGUNOS PROBLEMAS FUNDAMENTALES 
DE LA BIOLOGIA Y CUESTIONES DE LA 
GENETICA VEGETAL 




(Cursillo de ocho conferencias, dictado en 
agosto-setiembre de 1948 en la Facultad de 
Humanidades y Ciencias de Montevideo.) 


Tema 1. ORIGEN Y CONSERVACION DE LA VIDA 

Según lo anunciado, me propongo desenvolver ante este audito¬ 
rio un temario sobre ciencias biológicas. En virtud de dirigirme a 
una juventud estudiantil algo heterogénea, es lógico, que no presuma 
mayormente conocimientos en la materia, contando pues, sólo con el 
interés de mis oyentes y por ende su buena voluntad de comprender 
lo que en dicción sencilla trataré de exponer. Teniendo presente la 
amplitud extraordinaria de las ciencias biológicas en conjunto, y su 
rápido avance en la dilucidación de detalles, considero una tarea 
ardua, versar en forma concisa tan solo respecto a generalidades del 
tema. Más difícil aún resulta, sin embargo, exponer, dentro del 
marco reducido de estas disertaciones, aspectos de detalle acerca de 
algunas cuestiones de la Genética Vegetal, sector de mis actividades 
científico-técnicas. Haré lo posible, también en este sentido, de respon¬ 
der a las exigencias impuestas por las circunstancias, resistiendo sobre 
todo a la tentación eventual de extenderme en minuciosidades de la 
especialización, carentes de interés para mi auditorio. Trataré de elu¬ 
dir los escollos que al respecto pudieran surgir en la ruta. 

Concepto e importancia de la Biología. — El término «Biología», 
que se deriva del griego «bios» (vida), fué aplicado por primera vez 
en 1802 por Treviranus, encontrando aceptación luego por La- 
marck, Spencer y otros científicos del siglo pasado que actuaron 
en tales materias. Tardaron éstas, sin embargo, hasta nuestra centu¬ 
ria, en constituirse en ciencia disciplinada, ya que durante la anterior 
predominaba la subdivisión de las ciencias naturales en los tres rei¬ 
nos: el animal, el vegetal y el mineral. Las ciencias biológicas abarcan 
pues, todo lo referente a la vida, inclusive sus relaciones con el am¬ 
biente. Incumbe a la Biología General el estudio de toda clase de 
problemas atinentes a las funciones vitales de los organismos. Desde 
este punto de vista la Botánica y Zoología, inclusive la Ecología como 
ciencia moderna en plena evolución, representan más bien ramas de 
la Biología Especial. A ella pertenece igualmente todo lo referente 
a la vida del hombre, en virtud de lo cual la Antropología y Medicina 
en el sentido lato, también forman partes integrantes de la Biología. 

Sin restar importancia a las actividades científicas en otros terre- 



352 


ORIGEN Y CONSERVACIÓN DE LA VIDA 


nos de las ciencias naturales como la Física y Química, es evidente, 
que el estudio de la vida bajo los distintos aspectos palpables en la 
misma existencia diaria, resulta singularmente atractivo para cual¬ 
quier persona deseosa de saber. En consecuencia, viene aumentando 
el interés por todos los problemas de la Biología General, especial¬ 
mente respecto a los arcanos de la vida, su engendro primitivo y su 
regeneración, cuestiones envueltas anteriormente en el misterio de 
lo ignorado. Más fascinantes aún se presentan las indagaciones y atis¬ 
bos microscópicos de los sucesos vitales en las células que constituyen 
los organismos vivos del reino vegetal y animal inclusive el hombre. 
Las cuestiones de la herencia finalmente, sin dejar de constituir obje¬ 
tos de máximo interés teórico, revisten una enorme importancia prác¬ 
tica para el hombre individual y la colectividad. Como seres vivos 
afectados directamente por los problemas atinentes no sólo a su mera 
existencia, sino también a las manifestaciones del intelecto y del 
alma, lógicamente anhelamos conocer las intrincadas cuestiones en 
torno a la vida. 

La agrupación de representantes individuales de las distintas 
especies del reino vegetal y animal en relación con el medio 
ambiente, constituye la característica de los respectivos «habitats» 
o sea las llamadas «sinecias» de la Ecología. En éste su aspecto 
de un equilibrio de fuerzas antagónicas en acción, tan frecuentes en 
el juego libre de las energías macro y microcósmicas, interesa tam¬ 
bién el antagonismo entre la salud y la enfermedad. Los respectivos 
individuos integrantes de tales agrupaciones ecológicas, inclusive el 
hombre, al encontrarse en perfecto estado de salud y vigor, constitu¬ 
yen organizaciones equilibradas. Los estados patológicos como obje¬ 
tos de investigación de la Medicina, Medicina Veterinaria y Fitopa¬ 
tología, representan desde este punto de vista de la Biología, situa¬ 
ciones de desequilibrio. La circunstancia de ubicarse, justamente 
durante nuestro siglo, los procesos pertinentes bajo el denominador 
común de la Biología, contribuye a dar mayor volumen aún a todo lo 
referente al estudio de las distintas manifestaciones de la vida. La 
Fisiología, Anatomía, Geografía e Historia de los vegetales y animales 
con todas sus derivaciones y la terminología técnica ya consagrada 
de la ciencia disciplinada, no dejan de entrar igualmente en la órbita 
de la Biología. 

Su importancia aumenta aún más a través de su aplicación prác¬ 
tica, a fin de conservar la salud del hombre, de los animales y 
vegetales, y tratar de mejorar las especies por los métodos moder¬ 
nos de la Genética: Eugenesia, Zootecnia y Fitotecnia. Justamente la 
Genética Vegetal, aplicada a las plantas agrícolas, en primer término 
las del gran cultivo, representa uno de los procedimientos más eficien¬ 
tes para aumentar la base alimenticia, tanto de los animales como tam¬ 
bién del hombre. Es evidente el significado de este hecho en el período 



DEFINICIÓN Y ORIGEN DE LA VIDA 


353 


actual, en que por todas partes del Mundo registramos situaciones de 
infraconsumo y hasta hambre verdadera en las naciones más afecta¬ 
das por los sucesos históricos de reciente data. Entre las medidas 
tendientes al aumento cuantitativo de la producción, inclusive su 
mejoramiento cualitativo, la Genética Vegetal ocupa una posición de 
gran importancia. Por lo mismo, las cuestiones correspondientes serán 
objeto de explicaciones aparte en disertaciones posteriores de este 
cursillo. 

Definición y origen de la vida. — Después de habernos referido 
brevemente al concepto y la importancia de la ciencia de la vida, 
debemos preguntarnos, ¿en qué consiste la vida? Pregunta capital 
y hoy más que nunca motivo de profundas indagaciones en el campo 
limítrofe de la Química y Física y por ende de discusiones en los 
emporios científicos del mundo entero. ¿Cómo definir, pues, la vida? 
Según B i c h a t, padre de la Anatomía moderna, la vida sería el con¬ 
junto de fuerzas que resisten a la muerte. Tanto ésta, como otra ten¬ 
tativa de explicación que define la vida como el conjunto de los 
fenómenos comunes a todos los organismos con vida, no alcanzan el 
fondo de la cuestión. En ambos casos sólo se trataría de reunir datos 
sobre las fuerzas o características comunes a los seres vivientes, que 
los separan del estado de su desintegración: la muerte. 

Pero tampoco respecto a ésta, nada sabemos de su verdadera esen¬ 
cia. El gran sabio español don Santiago Ramón y Cajal, en su 
opúsculo casi postumo «El Mundo visto a los 80 años», analiza una 
por una las teorías de la decadencia senil y la muerte como final de 
ésta, sin encontrar una solución satisfactoria sobre el particular. 
El hombre y los animales superiores de organización compleja se 
ven obligados, desde el primer momento de su existencia hasta el 
fin, a luchar sin tregua para conservar en equilibrio el proceso vital, 
cuyo origen es desconocido. Tan solo ya para acrecentar la longe¬ 
vidad, la Medicina tendría que resolver, según Ramón y Cajal, 
cuatro magnos problemas: origen de la vida, causas de la senectud, 
aniquilamiento de los microbios patógenos y eliminación de las cau¬ 
sas físico-químicas nocivas. «Ahí es nada!»... agrega con cierto amago 
de desesperación... «El programa de dos o tres mil años de estudios 
biológicos». 

Nuestro problema se complica todavía más, al incluir al mismo 
tiempo las manifestaciones anímicas de la vida, desarrolladas en tan 
alto grado en el hombre como coronación del reino animal. Es inne¬ 
gable, que todos los seres vivos muestran signos inequívocos de 
cierto afán de adaptación al medio, comportándose como si fuesen 
capacitados, por una fuerza interna o externa, a orientar sus funciones 
vitales en determinado sentido. Sobre este punto se expresa el maes¬ 
tro Claude Bernard, indicando, que todo lo que no pertenezca a 


12 



354 


ORIGEN Y CONSERVACIÓN DE LA VIDA 


la Física ni a la Química, ni a ninguna otra cosa, o sea lo que es 
cuestión incumbente exclusivamente al dominio de la vida, es la idea 
directriz de la evolución vital. Es el principio de la entelequia des¬ 
arrollado posteriormente por el filósofo Driesch. Como tentativa 
de explicar la vida, ambas definiciones no satisfacen. 

Los fenómenos de la vida en la célula y sus agrupaciones como 
organismos vivos, se presentan cual movimientos o sucesos en estados 
coloidales de la materia orgánica. A título de ejemplo consigno la 
combinación y recombinación de la substancia cromosómica del 
núcleo celular, la circulación de la sangre y de la savia, la formación 
de la leche y de todos los humores de los animales, etcétera. Surgie¬ 
ron, sobre esta base, las tentativas de explicar la vida como un pro¬ 
ceso energético en la substancia microscópica y aún ultramicroscó- 
pica de la materia. En este sentido, también desde el punto de vista 
del investigador en ciencias naturales, se admiten fuerzas «superma- 
teriales», las cuales quedan diferenciadas, así, de las «supernatura- 
les», como concepto usual en Metafísica. Aún admitiendo la existen¬ 
cia de tales energías y procesos «supermateriales» a los cuales hasta 
hace poco pertenecían también los virus y enzimas ultramiscroscópi- 
cos, actualmente accesibles a los atisbos del ojo munido con el ins¬ 
trumental moderno, siempre faltaría traspasar el límite entre la 
materia inerte y la animada. Respecto a este punto crítico, conti¬ 
núa reinando la situación que se refleja en la exclamación desespe¬ 
rada de Emilio Du Bois Reymond: «Ignoramus et ignorabimus». 
El saber contemporáneo en ciencias naturales no alcanza para expli¬ 
car la animación de la materia inerte. En párrafos posteriores he de 
insistir sobre el punto con referencias a la investigación más reciente 
en este campo limítrofe entre la Química y la Física. 

Por lo pronto podemos afirmar, que procesos vitales son posibles 
sólo en ciertas condiciones de la organización de los cuerpos biológi¬ 
cos o sea unidades funcionales u organismos individuales. Depende 
la vida fundamentalmente del estado coloidal de la materia y de 
la temperatura, cuestión esta de gran importancia también respecto 
a su origen primitivo. Salvo casos excepcionales, en que ciertos 
representantes de la fauna anabiótica, inclusive bacterias, resis¬ 
tan temperaturas superiores a 100° C y fríos muy intensos, sabemos 
con seguridad, que las funciones vitales de los seres vivos quedan 
supeditadas a los ambientes con temperaturas que oscilan entre 
0 y 80°C. El calor excesivo mata la vida como lo hace igualmente 
el frío, aunque respecto a este punto registramos los casos de una 
paralización temporaria, o sea la cesación del metabolismo que tiene 
lugar precisamente en los aludidos procesos anabióticos, motivo de 
una explicación aparte en párrafos posteriores. Resulta, pues, que 
funciones vitales se registran sólo al haber temperaturas análogas a 
la del agua líquida. El protoplasma en su aspecto de coloide acuoso, 



DEFINICION Y ORIGEN DE LA VIDA 


355 


requiere agua líquida para poder existir. Este punto tiene importan¬ 
cia respecto a la cuestión del comienzo de la vida en nuestro globo. 
La vida no pudo existir durante los primeros períodos geológicos de 
la tierra, en los cuales ésta se encontraba en un estado ígneo. Recién 
cuando la temperatura de la superficie fué lo suficiente baja, al punto 
de permitir que el agua se conserve en estado líquido, se presentaron 
las condiciones imprescindibles para la existencia de los seres vivos. 

Esta cuestión tiene importancia fundamental respecto al hecho, 
comprobado a través de la investigación geológica, que en el período 
de aproximadamente 2000 millones de años, aceptados actualmente 
para la edad de nuestra tierra, más de la mitad corresponde a la era 
abiótica, o sea inmensos espacios de tiempo sin vida alguna. Recién 
durante el lapso igualmente inconmensurable del precámbrico 
habrían aparecido las primeras formas vivas: bacterias, hongos, algas 
primitivas y protozoarios, todos ellos organismos unicelulares. Estos 
a su vez, según opiniones basadas en la investigación paleontológica, 
habrían dado origen a la evolución hacia formas superiores del reino 
vegetal y animal. Cabe preguntar, pues, si estas primitivas organiza¬ 
ciones de la vida se originaron por algún proceso comparable a la 
generación espontánea, o si fueron traídas hacia nuestro globo, a 
través del espacio, desde otro cuerpo celeste. 

El físico inglés Lord K e 1 v i n anunció la hipótesis de que alguna 
célula viviente hubiera podido arribar a la tierra en un bólido. Ideas 
análogas fueron expresadas luego por K. E. Richter y Spencer. 
A principios de este siglo, el gran químico sueco Svante Arrhenius 
desarrolló su hipótesis según la cual, gérmenes pequeñísimos del espa¬ 
cio interplanetario de nuestro sistema solar, los llamados «corpúscu¬ 
los interplanetarios», hayan atravesado, bajo la presión de rayos cós¬ 
micos, las diferentes esferas gaseosas que rodean a la tierra, para 
llegar finalmente hasta la superficie consolidada de nuestro planeta. 
Aun sin tener que recurrir al argumento de que los otros cuerpos 
astronómicos con vida, probablemente habrán pasado por una evolu¬ 
ción geológica análoga a la de nuestra tierra, un «regressus ad infini- 
tum» que sólo complica las cosas en vez de explicar, esta teoría queda 
desechada como algo imposible ante reflexiones sobre el tiempo y el 
espacio. La materia orgánica, con vida, aun en su estado eventual de 
vida latente semejante al de los infusorios desecados, necesitaría para 
llegar finalmente hasta la superficie consolidada de nuestro planeta, 
vencer distancias interestelares tan enormes, que todas estas suposi¬ 
ciones hipotéticas fueron abandonadas como virtualmente irrealizables. 

Queda, pues, respecto al engendro primitivo de la vida en nuestro 
globo terráqueo, sólo la suposición de su formación espontánea bajo 
condiciones adecuadas. El paleontólogo americano H. F. Osborn, 
sostiene la hipótesis de que la vida haya aparecido sobre los conti¬ 
nentes, ya sea en las grietas húmedas de las rocas y de la tierra, ya 



356 


ORIGEN Y CONSERVACIÓN DE LA VIDA 


sea en las aguas dulces de los estanques, o en las orillas de los mares 
primitivos. Supone, que en tales condiciones los elementos requeridos 
para la constitución de la substancia viva, los llamados «bioelemen- 
tos», se han podido reunir en el precitado estado coloidal, originando 
células vivientes. Desde el punto de vista del investigador en Bio¬ 
logía, estas suposiciones carecen de consistencia. Se trataría de una 
generación espontánea, la cual a raíz de los descubrimientos del 
gran P a s t e u r quedó desterrada para siempre del escenario de las 
ciencias naturales. «Omne vivum ex vivo». Cada organismo debe 
su origen a otro organismo vivo. Una de las tesis fundamentales de 
la Biología moderna, considerada inapelable. 

Estas consideraciones cobran actualidad ante las tentativas de 
la Química moderna, de llegar a la solución del problema a través 
de las investigaciones bioquímicas en la sustancia celular. G. H. G r a y, 
en un artículo que lleva el epígrafe sugestivo: «Dónde empieza la 
vida?», publicado en Harpers Magazine, de febrero de 1937, describe 
los diferentes procesos transformadores de la substancia ultramicros- 
cópica, haciendo expresa referencia a los enzimas y virus, atribu¬ 
yendo a las primeras gran importancia en los procesos iniciales de 
la vida. Partiendo de la idea de que electrones, protones y neutrones 
se juntan para formar átomos y luego moléculas de compuestos sim¬ 
ples, agua, sales, óxido de carbono, considera los catalizadores primi¬ 
tivos, como materia útil para fabricar los primeros aminoácidos. Estos 
a su vez darían origen a las primeras proteínas simples y así sucesi¬ 
vamente. Con la «presencia selectiva, constructora y organizadora de 
la enzima», surgiría un equilibrio dinámico de substancias y fuerzas 
en continuo movimiento: vida. Se trataría, pues, de una tentativa de 
explicar la vida como «un estado de organización de la materia». 
Nada en definitivo queda expresado, sin embargo, sobre la anima¬ 
ción de ella, el punto crítico que separa precisamente la materia 
inerte de un organismo animado. 

En el mismo orden de ideas consigno el trabajo presentado por 
el médico veterinario uruguayo, Dr. L. J. Bregante, en el IV Con¬ 
greso Sudamericano de Química, realizado en marzo del año en curso 
en Santiago de Chile. Bajo el título «Ensayos sobre el conocimiento 
biológico», el nombrado autor versa en torno de las bases físico-quí¬ 
micas de la vida. En apretada síntesis del conocimiento actual de los 
hechos en Físico-Química, se propone planear la forma conceptual 
de la Materia Viviente (m. v.), expresada en forma energética. Par¬ 
tiendo de una referencia a los modernos trabajos sobre la estructura 
geométrica de los microcristales, los cálculos de las distancias y fuer¬ 
zas interatómicas, señala luego investigaciones recientes acerca de 
los virus o seres cristalizados vivientes: agrupaciones moleculares 
numéricamente pequeños en relación a lo que acontece con la (m. v.) 
de los seres superiores, incluida en la doctrina celular. Respecto a 



DEFINICION Y ORIGEN DE LA VIDA 


357 


este punto termina manifestando lo siguiente: «día a día ingresan a 
la categoría de substancias cristalizables, enorme cantidad de origen 
orgánico: proteínas especialmente; hecho este que derrumba la doc¬ 
trina coloidal, tan en boga en los principios de nuestro siglo y apli¬ 
cada en extensión a toda (m. v.)». 

Presentando a continuación un ejemplo de los estudios más ade¬ 
lantados sobre la arquitectura molecular de la celulosa y otro de las 
enzimas, Bregante expresa que con este último ejemplo se había 
propuesto demostrar, «que la ‘energía vital’ de la antigüedad y tam¬ 
bién para muchos hombres de la actualidad, tiene como expresión 
básica, la ‘energía electrónica’». «Dicho de manera diferente» — con¬ 
tinúa — «aquella no es otra cosa que la misma energía física que 
existe en el Universo; pero modificada en forma distinta y sobre 
todas las cosas, bajo un manto de complejidad inhibitoria para la 
concepción humana, razón y esencia de toda doctrina vitalista». 

Como punto final de esta parte expositiva del trabajo de Bre¬ 
gante figuran referencias a los genes que interesan especialmente 
en su vinculación con nuestra disertación posterior sobre la Genética. 
Calificando el gene como una cosa «atómica» y mejor dicho: «un 
conglomerado electrónico definido y perdurable dentro de marcos 
circunstanciales», indica, que tales conglomerados «electrónicos» son 
cuantitativamente «vitales», no en el sentido dado por la generaliza¬ 
ción doctrinaria, sino como la resultante armoniosa o modalidad o 
expresión físico-química diferente a la que dominan las ciencias de 
la actualidad. «La posibilidad casi infinita» — sigue expresando — 
«(en el sentido práctico) de acciones energéticas recíprocas de las 
biomoléculas o «moléculas vitales» hacen que los acontecimientos se 
repiten sucesivamente y perduran casi invariablemente a través de 
los seres organizados; de igual modo que las moléculas del agua que 
forman un caudaloso río, cuando se precipitan en cascada, siempre 
produzcan iguales efectos, sean las de ayer, las de hoy, las de mañana 
y las del futuro remoto»... 

La parte conceptual del trabajo, destinada a ofrecer ejemplos 
que permiten estudiar y testimoniar el modo de pensar sobre la 
íntima composición y función de la (m. v.) interesa especialmente en 
lo atinente al punto cardinal del problema. Bregante se expresa 
al respecto como sigue: «el elemento Carbono, por su abundancia y 
característica reactividad, mejor que cualquier otro, constituye un 
‘algo o cosa’ material — energía (m. e.); capaz de componer incon¬ 
tables arreglos atómicos y correlaciones energéticas. Cierto es que 
existen el Hidrógeno, Oxígeno, Nitrógeno y otros muchos, capaces 
de entrar en juego de reacciones con el primero y aumentar numé¬ 
ricamente, en forma archiastronómica, los ‘algos o cosas’ menciona¬ 
dos. Es que, no sólo tienen representación material (entendamos para 
nuestros sentidos y de acuerdo a nuestra vieja manera de compren- 



358 


ORIGEN Y CONSERVACIÓN DE LA VIDA 


derlos); si no que mejor, forman un conglomerado armónico de fuer¬ 
zas o energías del tipo protón-electrón. Con los materiales energéti¬ 
cos existentes en el Universo, y, las circunstancias especiales y de 
tiempo, hacen en cada oportunidad, aparecer nuevas posibilidades 
de ‘orden matemático’ capaz de existir en lapso concreto». 

«Todo conglomerado viviente» — continúa — «es un agrupamiento 
material y un resultado energético; de igual modo que todo conglo¬ 
merado no viviente o inanimado (usando la acepción vulgar); sólo 
tienen diferencias aparentes, relativas; es cuestión de cantidades: los 
primeros son ‘complejidades’ y los segundos ‘simplicidades’ de órde¬ 
nes de la misma cosa o sea de la materia y energía. Esto es Unisismo 
puro. Además sabemos que ambas cosas, hoy están consideradas ser 
una ‘ única ’ cosa: La Materia es Energía en forma particular, en equi¬ 
librio, en estado latente, etc.; según los diferentes criterios físicos 
actuales. Por otro lado sería muy interesante en estos momentos, 
demostrar lo contrario. Mi confianza es inmensa, ya que sabemos 
desde Demócrito, quien por genial lógica, nos legó su teoría 
atómica». 

Termina finalmente su trabajo dando a conocer su opinión en 
torno a la materia viviente y a la vida: «dos cosas a menudo confun¬ 
dibles, aunque siempre inseparables; una lo objetivo y la otra lo sub¬ 
jetivo». Enuncio seguidamente la formulación del ideario de Bre¬ 
gante basado sobre las argumentaciones ofrecidas en las páginas 
de su trabajo: 

«A. — La Materia Viviente es una diversidad extraordinaria¬ 
mente grande de ordenamientos atómicos, en eterno movimiento subs¬ 
tancial, constituyendo figuras infra-cristalinas, poderosamente unidas 
por fuerzas núcleo-electrónicas. La Materia Viviente se caracteriza 
por tener su orden en forma permanente, dentro de límites tempora¬ 
les, transitoriamente destruibles, pero con la propiedad de reprodu¬ 
cirse infinitamente, en medios ambientales condicionados. 

B. — La reproducción es un proceso Químico-Físico por el cual 
la Materia Viviente persiste igual a sí misma. No es posible dar 
una figura o representación objetiva de la ‘Unidad Material de la 
Vida’, sino que existen tantas organizaciones diferentes como posi¬ 
bilidades. Además existe la oportunidad de crearse nuevas posibi¬ 
lidades, nuevas formas iniciales y conseguir erguirse en entidad o 
ser organizado. 

C. — La vida es la resultancia matemática de las probabilidades 
energéticas en el tiempo, espacio y materia; expresable por ‘cuantos 
de vida’, cuantitativamente iguales al valor de Planck.» 

Constituye, sin duda alguna, el de Bregante un trabajo muy 
atractivo y, en nuestro caso, doblemente interesante en virtud de 
tratarse de un científico uruguayo que, en esta forma, ofrece una 
importante contribución al estudio de los fenómenos vitales y su 



DEFINICION Y ORIGEN DE LA VIDA 


359 


interpretación, habiendo concitado, por consiguiente, gran interés 
en el Congreso Químico de Santiago de Chile, donde fué presen¬ 
tado. No obstante falta la confirmación de lo expresado en base a 
trabajos ajenos, cuya seriedad no se discute, a través de realizaciones 
experimentales del autor, quien, por lo mismo, califica a su exposi¬ 
ción de «ensayo» sobre el conocimiento biológico. 

El reciente VIII Congreso Mundial de Genética realizado en Esto- 
colmo en julio del año en curso, ha tenido como característica espe¬ 
cial acentuar el acercamiento entre la Física y la Genética. Así lo 
expuso en el discurso inaugural su Presidente, H. J. Muíler, 
— figura sobresaliente de la Genética moderna por sus relevantes 
investigaciones y realizaciones en las mutaciones y portador del Pre¬ 
mio Nobel — señalando, que las ciencias físicas han adquirido también 
para la Genética una significación cada vez más profunda. Partiendo 
de referencias a la energía ligada al fósforo en los compuestos esen¬ 
ciales para la vida y destacando la acción de las enzimas a distancia, 
la introspección espectral, extiende Mu 11er sus especulaciones a 
la creación de la vida en cada ambiente. En relación con nuestro 
tema, interesan en forma especial sus argumentos sobre este punto, 
en el sentido de que la vida no resistiría el impacto de la radiación 
al atravesar los espacios interplanetarios. Se trataría pues, de una 
confirmación del desechamiento de las especulaciones ya menciona¬ 
das de Svante Arrhenius, acerca de la posibilidad de haber llegado 
la vida a nuestra tierra desde afuera. Asimismo Muller tampoco 
ofrece aportes definitivos respecto al engendro de la vida en cada 
ambiente. Por el momento el problema está sin resolver. O 


(*) En fecha posterior al desarrollo de este cursillo llegó a mi vista el trabajo de 
S. E. Morales Gorleri de Tribiño: «Las conquistas de la física y su reper¬ 
cusión en la biología. Las teorías de Schrodinger y de Bertalanffy sobre la 
estructura de los cromosomas». (Anales de la Sociedad Científica Argentina CXLVI 
[1]: 27-40). Después de referirse a las tentativas explicativas del origen de la vida por 
parte de los vitalistas que aceptan «un alma no sometida a las leyes naturales que vigila 
el movimiento de los átomos, solución semejante a la de Hans Driesch con su 
entelequia, a la de Reinke con los dominantes o a las correlaciones armónicas de 
von Uexküll», la referida autora anota, «que el principio del equilibrio dinámico 
de Bertalanffy constituye una solución, o por lo menos un camino de solución 
a los múltiples problemas que plantea el organismo vivo». 

«De acuerdo a este principio» — continúa expresando — «el organismo vivo es 
considerado como un sistema químico casi estacionario, puesto que los materiales que se 
destruyen son compensados con los que penetran de afuera y el organismo aprrece 
en su conjunto como un sistema estacionario. El esfuerzo de Bertalanffy se ha 
encaminado a deducir, a partir de este principio, leyes biológicas comprobables expe¬ 
rimentalmente, tal como ha logrado realizar con su teoría del crecimiento, ideada y 
formulada por él mismo, y donde al propio tiempo que se respetan el aspecto teleológico 
de los seres vivos, su tendencia a un fin, su capacidad de regulación, se formulan leyes 
matemáticas exactas para procesos fundamentales de la vida, tales como los de asimilación 
y crecimiento, funciones que logra condensar en fórmulas que se ajustan tanto al aumento 
en longitud y en peso, como así también al crecimiento regenerativo. Es interesante adver¬ 
tir que el camino seguido para la formulación de estas leyes biológicas es semejante al 
que sigue la física teórica, deduciendo las leyes de principios generales, confrontando des¬ 
pués los resultados obtenidos teóricamente con los datos aportados por la experiencia. En 
este caso ha encontrado Bertalanffy que los valores determinados en sus fórmulas 
de asimilación y crecimiento coinciden en las distintas especies de animales con los resul¬ 
tados de las experiencias fisiológicas, demostrándose mediante esta concordancia entre 
teoría y experiencia la exactitud de su principio de la conservación del equilibrio 
dinámico». 



360 


ORIGEN Y CONSERVACIÓN DE LA VIDA 


Con fina ironía y agudo criterio analítico se refiere a estas cues¬ 
tiones Ramón Gómez de la Serna en un ensayo sobre el pro¬ 
blema que bajo el título «El almotrón» apareció en «La Nación» de 
Buenos Aires, agosto 25 de 1948. «Después de electrones» — apunta — 
«fotones, positrones, neutrones y demás rarezas intranucleares, apa¬ 
rece el mesón cemento que mantiene unidos los núcleos atómicos y 
otras derivaciones raras como esos isótopos que tienen nombre de 
submarino — el U-235 —, porque en realidad son la última submari- 
nidad de la realidad». Haciendo alusión a las necesidades metafísicas, 
o sea la inquietud eterna del hombre ante las cuestiones del Más Allá, 
Gómez de la Serna indica, que para conformar esa necesidad, 
ya que «el ser humano no puede vivir sin alma, porque en ella está 
todo el secreto de su vida, tanto del dolor como de la alegría, acabo 
de descubrir» — dice — el «almotrón». Es una hermosa lección para 
los ultraanalíticos, ya que el «almotrón» sería «lo que siempre apa¬ 
recerá quimerizado después de desentrabar todos los trasuranios ima¬ 
ginables» ... «El soplo que comienza en el átomo y acaba en la estre¬ 
lla está en el ‘almotrón’, el único grado impesable e inmedible de la 
pléyade ínfima». Son las fuerzas «supermateriales» a las cuales me 
referí en el inciso sobre la definición y origen de la vida, fuerzas 
estas, admisibles también en el terreno de las ciencias naturales en el 
cual no caben las cosas «supernaturales» de la Metafísica o Meta- 
biología. 

Sin dejar de reconocer los méritos de los trabajos contemporᬠ
neos en Bioquímica y Física, que se registran en las distintas partes 
del Mundo, debemos confesar, que ellos todavía no lograron tender 
un puente sobre el abismo que media entre la materia inerte y el 
mundo anímico. El biólogo ha de aceptar a los organismos vivos 
como realidad dada, punto de partida de sus indagaciones dirigidas 
hacia la dilucidación de los múltiples problemas que se le presentan 
en este vasto campo de las ciencias naturales. Debe conformarse con 
el hecho de la presencia de los seres vivos, resignándose ante la igno¬ 
rancia de las circunstancias causantes del origen de los primeros orga¬ 
nismos vivos, o de la única «célula matriz» que eventualmente pudiera 
haber originado, según los partidarios de esta suposición, todas las 
especies y formas, que registramos, en abundancia pletórica, en los 
diferentes espacios ecológicos de nuestro planeta. 

Regeneración de la vida. — Partiendo de la posición de un agnos¬ 
ticismo bien definido respecto a los comienzos primitivos de la subs¬ 
tancia animada, me propongo señalar, en forma concisa, algunos aspec¬ 
tos interesantes del saber contemporáneo en torno a la renovación y 
conservación de la vida. Abordamos así el terreno de la herencia, en 
el cual durante la primera mitad de nuestro siglo registramos el sur¬ 
gimiento y desenvolvimiento impresionante de toda una nueva cien- 



REGENERACION DE LA VIDA 


361 


ciar la Genética. Los procesos de la regeneración y por ende de la 
renovación de la vida por intermedio de las distintas modalidades 
de la reproducción sexual y asexual, como hechos vulgares de la 
existencia diaria, accesibles al Homo sapiens desde el momento de 
su aparición como ser dotado de inteligencia, tardaron mucho en 
encontrar su explicación. Pertenece al siglo XIX, y más aún a la 
primera mitad del nuestro, debido a las investigaciones intensas en 
Genética, el esclarecimiento de los detalles citológicos pertinentes. 
Dejando para un tema posterior la información sobre las bases teó¬ 
ricas de la Genética, he de limitarme esta vez a consignar algunos 
de los hechos relacionados directamente con esta parte de mi primera 
exposición. 

En cuanto a los períodos anteriores, bien poco registramos res¬ 
pecto al saber sobre la regeneración de la vida en forma de hechos 
científicamente comprobados. El inventor del microscopio A. van 
Leeuwenhoek e independientemente de él, otros dos observa¬ 
dores del mundo microscópico en el período inicial, L. v. Hammen 
y Hartsoeker, descubrieron ya en 1677, minúsculos organismos 
portadores del semen, comparables a los espermatozoides de la Citolo¬ 
gía moderna. Sin embargo, sólo von Leeuwenhoek relacionó la 
presencia de estos elementos masculinos con el núcleo femenino, no 
llegando, asimismo a dilucidar el problema por completo. Al siglo 
XVIII corresponden las investigaciones del gran sabio italiano 
L. Spallanzini, comprobando experimentalmente, en 1785, la 
fecundación del huevo femenino por el esperma masculino, en ranas. 
Su mérito consiste en haber verificado, a través del método riguroso 
de la prueba experimental, la necesidad del esperma masculino para 
el proceso de la fecundación. 

Como punto de partida de los descubrimientos relacionados con 
la regeneración sexual de los vegetales, consigno el trabajo de R. J. 
Camerarius, de 1694 «Epistola de sexu plantarum», trabajo en 
el cual su autor, en base a su propia experimentación, fundamenta la 
teoría de la diferencia sexual de los vegetales. Al botánico J. G. K o e 1- 
reuter se le atribuye la primera hibridación de plantas agrícolas 
efectuada, conjuntamente con otros experimentos de esta índole, du¬ 
rante los años de 1761 a 1765, entre dos especies de tabaco Nicotiana 
paniculata por N. rustica. Pese a la aludida publicación de Came¬ 
rarius y la obtención experimental de un híbrido de tabaco por 
Koelreuter, la idea de la diferencia sexual de los vegetales con¬ 
tinuó discutida por algunos de los botánicos de la época, quedando, 
desde luego, ignorada fuera de los círculos científicos. 

Tampoco la publicación de C. K. Sprengel, aparecida en 1793 
«El secreto revelado de la Naturaleza respecto a la estructura y fecun¬ 
dación de las flores», tuvo mayor resonancia y por ende influencia 
en el saber sobre la regeneración de la vida vegetal. En este opúsculo 



362 


ORIGEN Y CONSERVACIÓN DE LA VIDA 


sobre la biología floral, el nombrado autor expone, por primera vez, 
las relaciones biológicas de los insectos y las flores, al efecto de la 
fecundación de éstas. El aludido estudio sobre la regeneración de los 
vegetales, explicado magistralmente en base a 25 láminas ilustrati¬ 
vas, constituye sin duda, uno de los trabajos iniciales más impor¬ 
tantes sobre el «secreto» de la fecundación sexual de los vege¬ 
tales. Desgraciadamente, como en el caso de M en del, los descu¬ 
brimientos de Sprengel, tampoco despertaron mayor interés, hasta 
que estas informaciones fundamentales sobre la reproducción de las 
plantas, sepultadas en un modesto opúsculo poco difundido, fueron 
sacadas a luz, en 1859, por Darwin en su obra clásica «El origen 
de las especies». Desde esa fecha encontraron la mayor atención y 
el debido reconocimiento por parte de los biólogos. 

A estos descubrimientos anteriores al siglo XIX, sigue, en 1845, 
la dilucidación del problema de la partenogénesis. Dzierzon, obser¬ 
vador y sagaz apicultor de Silesia, reflexionando críticamente sobre 
la distinta coloración del receptáculo de la reina, según si se trataba 
de una virgen o una fecundada por zánganos, llegó a dilucidar por 
completo el referido problema. La partenogénesis es relativamente fre¬ 
cuente en la familia de los insectos, como pudo comprobarse en años 
posteriores. 

Corresponde a N. Pringsheim, el mérito de haber dilucidado, 
durante el decenio subsiguiente, el problema de la fecundación de la 
célula femenina por otra masculina en algas, descubrimiento en prin¬ 
cipio posible a raíz de las comprobaciones anteriores respecto a la 
existencia de la célula ovular femenina y el espermatozoide masculino. 
Este, en el acto de la fecundación, penetra en la substancia nuclear de 
la célula femenina, provocando la mezcla de las substancias heredita¬ 
rias de ambos progenitores, cuestión dilucidada en todos sus detalles 
por la Citología moderna, confirmándose de esta manera sucesos rea¬ 
les en torno al complicado proceso de la herencia, en la substancia 
nuclear. 

Los referidos trabajos de Pringsheim, conjuntamente con los 
de Buetschli en el nemátode Anguillula rigida y las indagaciones 
de F o 1 en el huevo de la estrellamar Asterias glacialis y otros des¬ 
cubrimientos en torno al problema en debate, deben consignarse 
como realizaciones que abrieron camino a la primera verificación, 
en 1875, del proceso de la penetración del espermatozoide masculino 
en el óvulo femenino, observación efectuada por Oscar Hertwig. 
Todavía en 1873 reinaba una gran confusión sobre las cuestiones 
pertinentes que se refleja, con toda nitidez, en las ideas expresadas 
sobre el particular por W. W u n d t en su tratado sobre fisiología. 
Resulta, pues, bien significativa la frase terminal de la publicación 
de Hertwig acerca de sus determinaciones diciendo: «la fecunda- 



PROCESOS ANABIÓTICOS 


363 


ción consiste en la fusión de núcleos celulares sexualmente dife¬ 
renciados». 

Dos importantísimas ramas de la Biología moderna se derivan 
de este hecho memorable de la primera comprobación de la fusión 
nuclear. Una de ellas, destinada a la investigación metódica en torno 
a los sucesos en el núcleo celular antes del acto de la fecundación, 
dió origen a la Citología nuclear tan estrechamente vinculada con la 
Genética teórica. La otra se ocupa de los sucesos posteriores al acto 
de la fecundación consumada, originando, pues, el vasto campo de la 
Embriología moderna. En este terreno, además de Hertwig, llegó 
a destacarse el fisiólogo Guillermo Roux, figuras sobresalientes en 
Biología. En nuestro caso interesan más bien las investigaciones cito- 
lógicas del núcleo celular, anteriores a la fusión, indagaciones que 
conjuntamente con las leyes de la herencia determinadas en 1864 
por M e n d e 1, desde luego recién después de su redescubrimiento 
por de Vries, Correns y von Tschermak, en 1900, cimentaron 
las bases teóricas de la Genética, objeto informativo de una diser¬ 
tación aparte. 

Sin extenderme en detalles sobre las distintas formas de la 
reproducción vegetal y animal, sea por conducto sexual o asexual, 
que han sido objeto de investigaciones metódicas minuciosas, du¬ 
rante el último siglo, contribuyendo a su vez a cimentar la aplicación 
práctica de la Genética teórica, me limito a señalar, de acuerdo con 
el título de esta conferencia, otro aspecto interesante de la «conser¬ 
vación de la vida», o sea los procesos anabióticos. 

Procesos anabióticos. — Abarca este concepto los casos de una 
vida letárgica que se registra en animales del clima templado (mur¬ 
ciélago, lirón y oso) como «letargo invernal». A la inversa, algunos 
representantes de la fauna tropical como verbigracia los caimanes 
y culebras en las ciénagas desecadas, pasan por períodos de «letargo 
estival». En relación con nuestro tema resultan más atrayentes los 
procesos anabióticos de los protozoarios: rizopodarios, infusorios y 
otros. La reviviscencia de infusorios, después de la cesación completa 
del metabolismo, fué observada por primera vez en el siglo XVII 
por el ya mencionado inventor del microscopio, el holandés van 
Leeuwenhoek. 

La cuestión de los procesos anabióticos en los infusorios, a par¬ 
tir de mediados del siglo XIX se constituyó en un problema de agi¬ 
tada discusión entre eminentes hombres de ciencia. No sólo investi¬ 
gadores en Ciencias Naturales de la Sorbona de París, sino también 
representantes de la Filosofía y Teología tomaron parte en la con¬ 
troversia. Desde el punto de vista del biólogo no se admite una ver¬ 
dadera muerte con la consiguiente resurrección, sino únicamente un 
proceso de una reducción extrema de las funciones vitales, la llamada 



364 


ORIGEN Y CONSERVACIÓN DE LA VIDA 


«vita mínima». El fisiólogo Verworn de la Universidad de Bonn, 
deja sentado al respecto, que se trata de una vida latente o pasiva 
la cual es reanudable, lo que sería una cesación de vida «reparable» ¡ 
mientras que la de la muerte es «irreparable». Esta definición, sin 
embargo, no explica nada en torno a la cuestión fundamental, o sea 
la posibilidad de una interrupción completa de la vida durante este 
período más o menos largo de existencia latente. 

He juzgado oportuno abordar el asunto, a fin de referirme bre¬ 
vemente a las indagaciones que investigadores holandeses y alema¬ 
nes realizaron durante los últimos decenios acerca de la influencia 
de temperaturas extremas sobre la reanudación de la vida, en repre¬ 
sentantes de los referidos géneros EIDr. Kamerlingh Onnes de 
la Universidad de Leyden, portador del Premio Nobel, comprobó, que 
los representantes de la referida fauna por él estudiados en el estado 
latente de vida, son extraordinariamente resistentes a temperaturas 
frías en extremo. Colocó los animalitos en gas de helio líquido a tem¬ 
peraturas de 269°C y luego hasta 271°C bajo cero, sin que la vida 
haya sido destruida. Son las temperaturas más bajas que se puedan 
alcanzar en nuestro planeta, acercándose al llamado cero absoluto 
de la temperatura. Luego, estos mismos animales fueron conserva¬ 
dos durante más de cuatro meses en aire líquido a una temperatura 
de 200°C bajo cero, realizándose otras pruebas interesantes. En 
cuanto a las temperaturas elevadas, los nemátodes suelen morir en 
una temperatura superior a 80°. Para los tartigrados, en cambio, el 
biólogo P. Rahm comprobó, que soportaron durante un período 
corto las temperaturas de 150° sobre cero en la estufa eléctrica. Como 
explicación de estos hechos se consigna la facultad de adaptación o 
resistencia del protoplasma, lo que desde luego, nada tiene que ver con 
los procesos del metabolismo. Cabe agregar todavía, que 300 anima¬ 
litos anabióticos oriundos de los Andes chilenos, infusorios que el 
Prof. Piccard hiciera llegar en sus famosos ensayos de vuelo a la 
estratosfera, regresaron a la tierra sin consecuencias para el estado 
latente de la vida. 

Todas estas indagaciones fueron realizadas en primer término 
con el objeto de reunir aportes experimentales respecto a la diluci¬ 
dación de la anteriormente señalada hipótesis de Svante Arrhe- 
nius sobre el transporte interestelar de materia viva, suposición 
hipotética descartada por la Biología contemporánea. En nuestro 
orden de ideas la cuestión interesa como una de las modalidades de 
la «conservación de la vida», o sea la segunda parte de nuestro tema. 
En virtud de no registrarse, en ninguno de los casos estudiados, 
inclusive los más impresionantes, una muerte verdadera, sino una 
vida «latente» debido a la suspensión del metabolismo, esta «renova¬ 
ción» de la vida no entra en el conjunto de los procedimientos de 



LA VIDA EN LA SIMIENTE 


365 


reproducción o regeneración de los organismos vivos que interesan 
como cuestión fundamental de la Genética teórica. 

En cuanto al reino vegetal, la lucha por la conservación de la 
especie, aun en condiciones adversas, originó la formación de «semi¬ 
llas» en el sentido estricto del concepto como «fruto» botánico. Estas 
simientes, comparables tal vez a los huevos animales, llevan la mi¬ 
sión de regenerar la vida luego de períodos carentes de posibilidades 
elementales para las funciones de asimilación y del metabolismo 
en general. Tenemos pues, otra reducción de los procesos vitales a 
la precitada «vita minima», o sea procedimientos de adaptación anᬠ
logos a los del referido letargo del reino animal, con su vida latente. 
También en estos casos las funciones vitales quedan reducidas al 
mínimo. La vida no cesa. Se conserva como «poder germinativo» 
de la simiente, cuestión de gran importancia práctica para la agri¬ 
cultura, arte humana a la cual he de dedicar preferente atención en 
las disertaciones finales de este cursillo. En consecuencia, considero 
oportuno cerrar el tema de hoy, con algunas referencias a la perdu¬ 
ración de la fuerza vital depositada en las semillas como órganos 
reproductivos de tantos vegetales y especialmente numerosas plan¬ 
tas cultivadas. 

La vida en la simiente. — La duración de la vida, guarecida en 
forma latente, en las semillas, es muy variable. Por lo general, el 
poder germinativo suele mermar y luego perderse por completo, aun 
en condiciones favorables a su almacenamiento. Pero aún en tales 
circunstancias especiales, que difieren mucho de las modalidades 
corrientes de conservar la semilla en los depósitos o galpones, la vita¬ 
lidad de las simientes es reducida. 

En los casos más favorables, o sea al tratarse de semillas cubier¬ 
tas con tegumentos protectores del germen, casos que dieron motivo 
a aplicar el término de simientes «impermeables» — cuestión co¬ 
rriente de leguminosas finas como tréboles, alfalfa, etc. — el poder 
germinativo no llega a una centuria. Como ejemplo realmente excep¬ 
cional, la literatura de especialización consigna el dato de que semi¬ 
llas de tales leguminosas finas, conservadas en condiciones favora¬ 
bles, llegaron a germinar todavía después de los 80 años. Los prin¬ 
cipales cereales (trigo, maíz, centeno, avena y cebada), al haber 
sido desecados los granos en condiciones corrientes «a campo» y guar¬ 
dados también en depósitos de uso general en la práctica agrícola y 
del comercio, suelen perder su poder germinativo después de una 
década. Situaciones análogas se registran para la gran mayoría de las 
restantes plantas agrícolas, inclusive semillas de especies hortícolas. 

En cambio, entre las especies de la flora adventicia, o sea las ma¬ 
lezas, suele haber representantes con una duración más prolongada 
del poder germinativo, según se comprobó a través de los estudios 



366 


* ORIGEN Y CONSERVACIÓN DE LA VIDA 


metódicos sobre el particular. Semillas de este grupo de vegetales 
germinaron después de 40 y aún 70 años. En cuanto a las especies de 
utilidad, o sea las usadas en la agricultura, horticultura, etcétera, la 
vitalidad de la simiente generalmente es más reducida, según lo dejé 
señalado ya líneas arriba, dependiendo en definitivo de las condicio¬ 
nes meteorológicas habidas durante el ciclo vegetativo y la cosecha. 
Influye marcadamente también su acondicionamiento en los depósi¬ 
tos y la índole de éstos, detalles que aquí no interesan. 

La cuestión de la longevidad de las semillas, debido a la frecuen¬ 
cia con que aparecen informaciones periodísticas sobre el particular, 
suele despertar curiosidad entre el público como cualquier otra noti¬ 
cia «sensacional». Me refiero a las comunicaciones que de vez en 
cuando se leen en la prensa diaria y revistas de divulgación, sobre la 
germinación de granos, aparentemente de buena conservación exte¬ 
rior, procedentes de las tumbas en las pirámides de Egipto. La cir¬ 
cunstancia de tratarse de un ambiente que por cierto resulta favo¬ 
rable en extremo a la conservación de la materia orgánica durante 
miles de años, contribuye a dar mayor apariencia de veracidad a la 
noticia. Sin embargo, en estos granos, la vida ha cesado. Carecen de 
poder germinativo. La primera vez que uno de estos casos agitó la 
opinión de las naciones europeas, fué a raíz de un artículo periodís¬ 
tico aparecido en 1835. El conde von Sternberg presentó en el 
Congreso de Naturalistas de Stuttgart del año 1833, plantas de trigo, 
manifestando que habían nacido de semillas encontradas en las pirᬠ
mides egipcias. Se trató, sin embargo, de un fraude piadoso por 
parte del jardinero del referido gentilhombre, a quien, por tratarse 
de una persona de edad, su empleado quiso complacer con un resul¬ 
tado tan sensacional de una siembra de semillas milenarias, agregando 
clandestinamente una semilla de la variedad «Talavera» de origen 
español, suceso documentado científicamente por especialistas de la 
época. 

Desde aquella fecha aparecieron periódicamente nuevas noticias 
al respecto dando motivo a que el botánico L. Wittmack dedicara, 
en su libro sobre semillas agrícolas, de 1922, todo un capítulo al tópico 
de la longevidad de las semillas. A tal objeto sometió los más reso¬ 
nantes casos registrados hasta 1922, o sea casi una centuria, a un exa¬ 
men crítico. En su relato figuran observaciones realizadas en Francia, 
Italia y Alemania. Aun en los casos que dieron resultados positivos, al 
comprobarse la presencia de algunos granos germinados, persiste la 
duda. Los felahs, o sea los campesinos egipcios, suelen explotar el pru¬ 
rito de los excursionistas en adquirir semillas de las pirámides, en 
forma análoga a lo que se registra respecto a las antigüedades que se 
ofrecen en puntos frecuentados por turistas. A un puñadito de trigo 
auténtico de las pirámides, agregan otro tanto falsificado con habili¬ 
dad, no sólo con el objeto de aumentar la cantidad, sino también para 



LA VIDA EN LA SIMIENTE 


367 


engañar al interesado respecto al poder germinativo, según en detalle 
lo relata Wittmack en el referido libro. Los ensayos ejecutados con 
toda la precaución requerida para tales casos, inclusive medidas ten¬ 
dientes a establecer una seguridad inapelable sobre la autenticidad de 
la semilla, arrojaron invariablemente resultados negativos, tanto con 
semillas oriundas de las pirámides, como también con maíz prehis¬ 
tórico del Perú. Esto se explica perfectamente, ya que el germen, a 
través del proceso del desecamiento excesivo, que constituye la pre¬ 
misa para la conservación de los granos, pierde el contacto con el 
endosperma, registrándose al mismo tiempo ciertos síntomas de des¬ 
integración general de los tejidos. Hay que dar por definitivamente 
descartada, pues, la posibilidad de una duración tan dilatada de la 
vitalidad en las semillas. 

El misterio de la vida, que motivó consideraciones filosóficas tam¬ 
bién de nuestro gran sabio naturalista, el Padre Dámaso Antonio 
Larrañaga, en su «Tratado sobre Zoología», fué siempre un objeto 
atractivo de reflexiones contemplativas del hombre y especialmente 
de pensadores-filósofos. Justamente la maravilla de la reviviscencia 
de una simiente seca y sin síntoma alguno de vida, transformándose 
luego, bajo la acción de los agentes ambientales del suelo y de la 
atmósfera en una planta vigorosa, ha sido con frecuencia objeto de 
tales meditaciones, según lo documentan los escritores de las civili¬ 
zaciones sucesivas que llegaron hasta nosotros. Doblemente justifi¬ 
cada, pues, mi excursión hacia este sector especial de la renovación 
de la vida, con cuya mención finalizo el tema de hoy. 




Tema 2. INTERPRETACION CONTEMPORANEA DE LA TEORIA 

DE LA EVOLUCION 


El concepto de la «evolución» en el terreno de las ciencias bioló¬ 
gicas significa una serie más o menos prolongada de transformacio¬ 
nes sucesivas de organismos simples y por ende considerados infe¬ 
riores, hacia organizaciones más complicadas y diferenciadas, las cua¬ 
les, por lo mismo, serían superiores. Por descender estas de las otras, 
la teoría de la evolución es llamada también «teoría de la descen¬ 
dencia». Hasta fines del siglo XVIII las ideas de Occidente respecto 
a la existencia de las numerosas especies y formas del reino orgánico 
se ajustaban a la historia bíblica de la creación narrada por Moisés 
en el Génesis. Desde el punto de vista de las ciencias naturales, los 
trabajos del gran sistemático Linneo, que suponen la constancia 
de las especies como algo indiscutible, reflejan claramente la situa¬ 
ción imperante; su gran obra de clasificación de las familias, géneros 
y especies constituyen, en relación con nuestro tema, la consagración 
del relato bíblico por parte de la ciencia. 

El Darwinismo. — Si bien algunos contemporáneos de Linneo 
como Erasmo Darwin, Goethe-naturalista, E. Geoffroy St. Hi- 
laire y posteriormente Lamarck y algunos otros, habían expre¬ 
sado ideas sobre la variación morfológica de las formas vivas, corres¬ 
ponde a Carlos Darwin (nieto del precitado Erasmo), el mérito de 
haber desarrollado sobre este principio de la variabilidad, la teoría 
de la evolución. El concepto «darwinismo», aplicado indistintamente 
a la teoría de la evolución o de la descendencia, hará perdurar para 
siempre el nombre de este gran naturalista del siglo XIX. 

Para el auditorio sudamericano que me escucha, no dejará de 
resultar interesante la circunstancia, que las ideas de su teoría fue¬ 
ron concebidas por Darwin a raíz de sus viajes por estos países 
como expedicionario naturalista durante los años de 1831 a 1836. Cier¬ 
tos hechos observados en la distribución de los seres vivientes que 
habitaban la América del Sur y en las relaciones geológicas existentes 
entre los representantes de la fauna y flora sudamericana y sus ante¬ 
cesores, despertaron en Darwin la idea luminosa para la concep¬ 
ción de su teoría revolucionaria. En el prólogo de su «Origen de las 
Especies», obra básica de nuestro tópico, dice textualmente lo si¬ 
guiente: «Estos hechos, como se verá en los últimos capítulos de 
este volumen, parecían arrojar alguna luz sobre el origen de las 



370 


TEORÍA DE LA EVOLUCION 


especies, misterio de los misterios, como ha sido llamado por uno 
de nuestros más grandes filósofos». Por otra parte, deja sentado en 
su «Autobiografía», que los puntos esenciales de su teoría ya eran 
claros para él en 1839, o sea pocos años después de su regreso del 
viaje a nuestro Continente. Sin embargo, demoró hasta 1859 su publi¬ 
cación, dedicando 20 años a la reunión de las pruebas. Entre ellas 
consignó especialmente el examen riguroso de cualquier opinión con¬ 
traria que llegara a su conocimiento, a cuyo efecto sostenía una am¬ 
plia correspondencia con naturalistas diseminados en todas partes del 
mundo. Se había impuesto «como regla de oro de honradez cientí¬ 
fica», la obligación de anotar fiel e inmediatamente cualquier obje¬ 
ción a una de sus ideas que llegase a su conocimiento. «Fué muy con¬ 
veniente» — apunta en la ya mencionada Autobiografía — «retardar 
la publicación, de 1839, época en que la teoría era clara para mí, a 
1859 en que apareció. Nada perdí con esta demora, porque me impor¬ 
taba poco que se atribuyese más originalidad a Wallace que a mí. 
Y es evidente que su ensayo contribuyó a la buena acogida de mi 
teoría». 

Tan «buena» fué la acogida de su libro, que ya el mismo día de 
la aparición de la obra, su primera edición quedó agotada. En cuanto 
a su contenido substancial, D a r w i n se expresa al final de su prólogo 
en 1859 en estos términos: «Después del estudio más deliberado y del 
más desapasionado juicio de que somos capaces, no dudamos, que la 
opinión hasta ahora sostenida por la mayor parte de los naturalistas 
y antes por nosotros mantenida, al afirmar que cada especie ha sido 
creada independientemente, es errónea. Convencidos estamos de que 
las especies no son inmutables, sino que las pertenecientes a los lla¬ 
mados géneros descienden en línea recta de algunas otras especies 
ya totalmente extinguidas, de análoga manera que las variedades 
reconocidas de cualquier especie son descendientes de esa especie. 
Aún más; no dudamos que la selección ha sido el más importante, 
si no el exclusivo medio de modificación». Lógicamente, esta ideolo¬ 
gía tuvo que provocar una verdadera revolución en el modo de pen¬ 
sar de los naturalistas. 

Las ideas enunciadas por Darwin, y especialmente el «darwi- 
nismo», en el sentido estricto del concepto, constituyen parte inte¬ 
grante del ideario de las ciencias naturales contemporáneas. En su 
forma diluida, la teoría darwiniana resulta familiar a cualquier per¬ 
sona de mediana cultura general. Es comprensible, por lo mismo, que 
sólo excepcionalmente algún interesado recurra a las publicaciones 
originales de Darwin. Sin embargo, respecto a algunos puntos, 
importantes al efecto de la interpretación de nuestro tema, la con¬ 
sulta del «Origen de las especies» es imprescindible. 

Darwin ignoraba en aquella fecha, en que las leyes de la heren¬ 
cia descubiertas por M e n d e 1 y difundidas recién a partir de 1900, 



EL DARWINISMO 


371 


eran desconocidas, la realidad del proceso hereditario. En consecuen¬ 
cia, tampoco pudo discernir entre una variación accidental o ambiental 
y otra realmente hereditaria. La transmisión de las pequeñas varia¬ 
ciones registradas en materiales diversos, constituye, sin embargo, 
una premisa indispensable del darwinismo. Sólo de esta manera la 
«selección natural», conducirá a planos superiores del reino orgᬠ
nico. En cuanto a la opinión de D a r w i n sobre la variación, resulta 
instructiva la opinión expresada al final del primer tomo, como 
sigue: «Profunda es nuestra ignorancia acerca de las leyes de la va¬ 
riación, pues ni en un solo caso entre cientos podemos pretender 
asignar la razón de las variaciones de esta o aquella parte; pero siem¬ 
pre que tenemos medios de establecer la comparación, son idénticas las 
leyes que parecen haber obrado para producir las menores diferen¬ 
cias existentes entre variedades de la misma especie y mayores las 
diferencias que median entre las especies del mismo género.'El cam¬ 
bio de condiciones motiva generalmente una variabilidad que sólo 
merece ser llamada fluctuante, pero algunas veces causa efectos di¬ 
rectos y definidos que pueden llegar con el tiempo a presentarse 
muy marcados, aunque no tengamos pruebas suficientes sobre este 
punto». 

De estas manifestaciones infiere con meridiana claridad, que el 
propio D a r w i n estaba perfectamente convencido del carácter hipo¬ 
tético de sus ideas sobre la variación. Sólo el 1 % constituían para él 
hechos reales perfectamente verificados. No por eso su grandioso 
raciocinio teórico pierde un ápice de su posición jerárquica como 
punto de partida de una nueva era respecto a la interpretación del 
reino orgánico. Un inconmensurable mundo de seres vivientes que 
dentro de los límites impuestos por la transmisión hereditaria de sus 
caracteres intrínsecos, varían continuamente en su manifestación 
exterior, punto que será objeto de algunas consideraciones aparte en 
párrafos posteriores. 

Por otra parte D a r w i n no logró explicar, en base a su teoría, 
la variación pronunciada que se registra repentinamente en la pri¬ 
mera generación filial de algunas especies de insectos que forman 
estados, como verbigracia las abejas, avispas, hormigas y otras, varia¬ 
ción conocida bajo el concepto de polimorfismo. Si bien tenía cono¬ 
cimiento del hecho de la aparición de la reina, zánganos, abejas tra¬ 
bajadoras y otras castas de los aludidos grupos de insectos, todas ellas 
oriundas de los huevos de una sola hembra, las aludidas modificacio¬ 
nes obedecen a otras causas, cuyos detalles en este orden de ideas 
no interesan. 

El mérito sobresaliente de las especulaciones y reflexiones de 
D a r w i n que han hecho inmortal su nombre, diferenciando su posi¬ 
ción de la de sus predecesores y contemporáneos, consiste en la cir¬ 
cunstancia, de haber reunido, en apoyo de su idea, con férrea fuerza 



de voluntad y asiduidad poco común, el inconmensurable material de 
hechos registrados en torno a la variación en las distintas partes del 
globo. Con todo, para interpretar su raciocinio en su amplio signifi¬ 
cado y alcance, debe destacarse en debida forma la presencia de un 
complejo factorial, no señalado como tal en el libro de Darwin, pero 
aceptado y manejado por el gran naturalista pensador como premisa 
tácita de sus deducciones. 

Se trata de un sistema factorial comparable tal vez al que por 
parte mía introdujera en mis «Investigaciones Agronómicas», bajo 
la denominación «Suelo-Clima-Planta», conjunto inseparable para 
explicar las leyes que rigen el resultado de la producción vegetal. 
En forma análoga habría que llamar el sistema factorial del darwi- 
nismo: «Superpoblación-Variación-Lucha por la vida». En efecto, sólo 
la presencia simultánea de estos tres factores y su acción recíproca 
dará como resultante la sobrevivencia del más fuerte y capaz o del 
más adaptado a circunstancias adversas. Es el principio selectivo de 
la por Darwin llamada «selección natural». Esta, empero, según el 
nombrado autor y sus partidarios, sería capaz de llevar el reino natu¬ 
ral a planos superiores. Respecto a este punto se registra actualmente 
un cambio de frente, motivado por nuestro saber seguro acerca de 
los hechos verdaderos de la herencia e investigaciones paleontológi¬ 
cas que he de señalar en párrafos posteriores. Mas, no por eso el racio¬ 
cinio en sí pierde su validez como uno de los grandes triunfos del 
intelecto. Conquista del método deductivo a través de reflexiones 
agudas sobre el nexo causal entre innumerables hechos reales com¬ 
probados en el reino natural. 

Con el objeto de hacer más comprensible este punto importante 
insisto sobre el tópico, explicando brevemente la acción mutua de 
los factores integrantes del referido sistema energético, puntualizando 
las relaciones entre causa y efecto. 

I 9 ) Es un hecho indiscutido y por lo mismo tomado también 
como punto de partida de M a 11 h u s en las deducciones de su racio¬ 
cinio sobre la superpoblación humana, que las especies vegetales y 
animales se reproducen a través de una superabundancia de sus res¬ 
pectivos espacios vitales. 

2 9 ) Igualmente real resulta el cambio de las formas, ya se trate 
de alteraciones hereditarias o de modificaciones ambientales fluc- 
tuantes, aspectos de la variabilidad que hemos aprendido a distinguir 
claramente después del descubrimiento de las leyes de la herencia, 
desconocidas todavía a Darwin, circunstancia esta que explica su 
precitada incertidumbre respecto a las causas de la variación. 

3 9 ) La referida superabundancia de formas provoca la lucha por 
la vida, en la cual sáldrán airosos los individuos más fuertes o los más 
capacitados para adaptarse a las adversidades ambientales. Estos 



EL DARWINISMO 


373 


sobrevivientes llegarán así a reproducirse nuevamente, lo que según 
Darwin y su escuela constituiría el factor operante de la «selección 
natural» tendiente a planos superiores. 

Sería, pues, contraproducente y hasta motivo de conclusiones 
erróneas, si quisiéramos deshacer este conjunto factorial para con¬ 
templar uno solo de sus puntos integrantes en forma crítica, a fin 
de juzgar el raciocinio de Darwin. Su acogida entusiasta por la 
mayoría de los naturalistas de la época, quedó apenas atenuada por 
las opiniones contrarias de algunos. En las agitadas y apasionadas 
discusiones en torno a un ideario tan revolucionario, intervinieron 
también, por razones ideológicas, representantes de la Filosofía y 
Teología, sin que por ello se haya detenido la difusión de las nuevas 
ideas entre los naturalistas. 

En cambio, las exageraciones de Haeckel, uno de los partida¬ 
rios y divulgadores más decididos del darwinismo, provocaron más 
bien efectos contraproducentes. Rebasando en mucho el marco de los 
hechos verificables en el cual se había movido Darwin, Haeckel, 
en su afán de aplicar la teoría de la descendencia en todo el saber 
biológico, sostuvo numerosas ideas inaccesibles a la comprobación por 
los métodos de la investigación rigurosa y en pugna con los resul¬ 
tados de la indagación especializada en las respectivas ramas de la 
Biología. Entre ellas consigno, además de la afirmación de un pro¬ 
ceso evolutivo filogenético que sería una repetición de la formación 
ontogenética del individuo a través de los procesos embrionarios per¬ 
tinentes, la de la descendencia de todos los seres vivos de una sola 
célula matriz. Un retorno pues, a las ideas anteriores sobre el engen¬ 
dro espontáneo de la vida, poco después de su destrucción definitiva, 
por los trabajos clásicos del gran Pasteur. 

Con todo, y pese a las objeciones de sus adversarios, el darwi¬ 
nismo se difundió a paso firme, llegando a formar parte integrante 
de las ciencias biológicas en sus aspectos cardinales, aceptados como 
tales por la gran mayoría de los naturalistas. En los comienzos de nues¬ 
tro siglo se registra la aparición de la obra de Driesch sobre la filo¬ 
sofía de lo orgánico, la cual, conjuntamente con la publicación, en 
1906, de los «Elementos de la ciencia exacta» por parte de Johann- 
sen, inicia un período de decaimiento de la teoría de la evolución, 
al punto de haberse registrado una marcada aversión a la teoría en 
general. Si bien en años posteriores se volvió a admitir la validez de 
muchos detalles del raciocinio de Darwin, continúan las discusio¬ 
nes, reanimadas por hechos comprobados de la Genética moderna y 
al mismo tiempo reflexiones en torno a sucesos paleontológicos. Cons¬ 
tituye, precisamente este, el motivo para ocuparme del asunto, dando 
a conocer en forma sintética, la interpretación contemporánea del 
darwinismo. Quizá la posición de nuestra época frente a la teoría 



374 


TEORÍA DE I.A EVOLUCION 


de la evolución tampoco será la definitiva, cuestión esta que depen¬ 
derá del desarrollo ulterior de las investigaciones pertinentes. 

La macroevolución. — Bajo el concepto de «macroevolución» se 
suelen entender los procesos de la evolución que abarcan varios pe¬ 
ríodos geológicos sucesivos, accesibles a la investigación retrospec¬ 
tiva por el estudio de las llamadas «facies» (aspectos o semblan¬ 
zas) de las formaciones geológicas. Al efecto de estudiar detalles 
petrográficos inclusive los de fósiles petrificados, habrá que recurrir, 
desde luego, al microscopio. Los procesos de la microevolución, en 
cambio, abarcan lapsos más reducidos de nuestro período geológico 
de hoy. Su estudio requiere, además de realizaciones experimentales, 
determinaciones comparativas semejantes a las ejecutadas por Dar- 
win y el concurso de la Genética teórica, inclusive la Citología. 
A título de ejemplo consigno las investigaciones refinadas en la mosca 
del vinagre (Drosophila melanogaster) y otros objetos apropiados 
para dilucidar sucesos reales en la substancia hereditaria del núcleo 
celular, atinente a la evolución. 

En la disertación anterior dejé sentado ya, que la vida pudo apa¬ 
recer en nuestro planeta recién después de un enfriamiento suficiente 
de la masa ígnea inicial, al punto de registrarse temperaturas ambien¬ 
tales que pudieran hacer factible en principio los procesos vitales. 
La presencia de agua en estado líquido constituye la premisa para la 
vida en su aspecto de procesos bioquímicos que se registran en la 
substancia celular viviente. Los fósiles suministran los indicios res¬ 
pecto a la fauna y flora de las «formaciones» integrantes de los 
grandes períodos geológicos. Corresponde, pues, a la paleozoología 
y a la paleobotánica, reunir la información sobre los seres vivientes 
que pudieran haber existido, desde la iniciación de la vida en nuestra 
tierra. Por supuesto, estas indagaciones carecen de exactitud en cuanto 
a los datos numéricos. Debemos conformarnos con apreciaciones glo¬ 
bales. Asimismo, la investigación paleontológica fué capaz de estruc¬ 
turar una visión retrospectiva que por lo menos orienta en aspectos 
generales sobre la sucesión de los organismos vivientes en los enor¬ 
mes períodos geológicos en que se subdividen los dos mil millones de 
años en que se estima la existencia de nuestro planeta. 

Más de la mitad del referido inconmensurable espacio de tiempo, 
transcurrió sin vida alguna; es la época abiótica. Recién en el pre¬ 
cámbrico como período proterozoico que se ubica a partir de los 700 
millones de años hasta algo más de 500 millones anteriores a nuestra 
era, o sea el inmenso lapso transcurrido desde el laurentino hasta el 
algonquiano, se supone la presencia de algunas bacterias, hongos y 
algas primitivas y probablemente también algunos protozoarios: infu¬ 
sorios, rizópodos y otros, todos organismos unicelulares. 

En cuanto al cámbrico, como punto de partida del paleozoico 



LA MACROEVOLUCIÓN 


375 


inferior, ya se dispone de pruebas de vida en forma de los fósiles indi¬ 
cadores de las formaciones geológicas correspondientes. Se registra¬ 
ron más de 800 especies del reino animal. Abundan los pequeños 
crustáceos, gusanos marinos y escorpiones, también acuáticos. Algu¬ 
nos artrópodos marinos, pertenecientes al género de los trilobites 
(Paradoxides bohemicus, Sao hirsuta, Conocoryphe Sulzeri, Olenellus 
Kjerulfi y otros) ocupan una posición especial como animalitos de 
una organización ya muy avanzada, comparable a la de los cangrejos 
y langostas marinas de nuestro período. Por lo mismo he de refe¬ 
rirme nuevamente a este grupo en párrafos posteriores. 

En el silúrico y devónico se registran muchos peces, pero tam¬ 
bién ya representantes del reino vegetal de organización avanzada: 
los heléchos y gimnospermas. Tales heléchos precederían a las coni¬ 
feras y éstas a las espermatofitas. La flora al principio también es 
acuática como la fauna, llegando ambas formas de vida a tamaños 
gigantescos en períodos geológicos favorables. Los fósiles correspon¬ 
dientes al carbonífero que se ubica a unos 200 millones de años ante¬ 
riores a nuestra era, constituyen una documentación harto elocuente 
de los hechos anotados. Aparecen animales reptantes, anfibios, can¬ 
grejos, grandes insectos, etcétera, fauna esta, integrada por numero¬ 
sos géneros y especies con un desarrollo gigantesco de los individuos. 
Una flora exuberante y condiciones climáticas adecuadas constituyen 
la premisa para un crecimiento tan vigoroso de los animales y su 
abundancia. 

Después de haberse producido grandes cambios climáticos con 
sequías intensas y períodos glaciales que hicieron desaparecer, en 
muchas partes del globo, la exuberante vegetación anterior y por 
ende la fauna gigantesca y numerosa, la cual quedó reemplazada por 
organismos de tamaño menor, aparece el mesozoico que se caracteriza 
por condiciones climáticas nuevamente más favorables a la vida. 
Recobra ella una lozanía y abundancia comparables a las del carboní¬ 
fero. Reptiles y anfibios de gran tamaño reparten su vida entre el 
mar y la tierra firme, registrándose en el jurásico y cretásico una 
flora igualmente gigantesca, según lo documentan los fósiles de la 
época. Nuevos cambios hacen desaparecer esta exuberancia de vida, 
especialmente debido al descenso de la temperatura durante períodos 
glaciales perdurando sólo las formas resistentes a las temperaturas 
bajas y capaces de amoldarse a las nuevas condiciones de vida más 
difíciles. En el terciario finalmente, que se inicia después de acci¬ 
dentes telúricos y violentas alteraciones climáticas, se consolida la 
biología terrestre apareciendo los mamíferos y finalmente, en el cua¬ 
ternario primitivo, también el hombre. 

Sería éste, a grandes rasgos, el proceso de la macroevolución 
basado en las investigaciones de la paleontología como ciencia lla¬ 
mada a suministrar los elementos de juicio pertinentes. Sin embargo, 



376 


TEORÍA DE LA EVOLUCION 


respecto al punto cardinal de la evolución en el sentido de un ascenso 
de los integrantes del reino animal y vegetal desde formas sencillas 
y por ende inferiores, hacia organizaciones más diferenciadas y refi¬ 
nadas, consideradas superiores, la situación cambia de aspecto. En 
cuanto al reino animal, dejé señalado líneas arriba, que ya en los 
comienzos de la fauna marítima, o sea hace unos 400 o 500 millones 
de años, en el género de los tribolitas había especies de una organiza¬ 
ción tan avanzada como los cangrejos y langostas contemporáneos. No 
se puede hablar, pues, de una evolución desde formas sencillas hacia 
planos superiores. Desde los puntos de vista de la Biología y de la 
Paleontología nada sabemos acerca del ascenso de estos animalitos, 
desde la hipotética célula matriz de Haeckel hacia seres de una 
organización tan avanzada como la del cangrejo. 

En cuanto al reino vegetal, dejé sentado ya, que las petrificacio¬ 
nes del silúrico y devónico que siguen inmediatamente al cámbrico, 
documentan la presencia de peces y vegetales. Entre éstos figuran 
heléchos y gimnospermas de una estructura similar a las de nuestra 
época. Tales y otros hechos análogos, documentados con toda nitidez 
por la paleobotánica, constituyen la piedra de toque de la argumen¬ 
tación de Heribert Nilsson, a la sazón Presidente de la Sociedad 
Fisiográfica de Lund (Suecia), en una conferencia pronunciada en 1937. 

En primer término resulta sugestivo el pronunciamiento tan claro 
y categórico del nombrado conferenciante como opositor a la teoría 
de la evolución en el sentido de nuestro relato, o sea la opinión gene¬ 
ralizada de un ascenso paulatino del reino natural, desde la célula 
primitiva, a través de los sucesivos períodos geológicos, hacia las 
formas tan diferenciadas y por ende «superiores» de hoy. Contraria¬ 
mente a estas ideas, Nilsson sostiene la tesis de la constancia de 
las especies en el sentido estricto de las doctrinas de Linneo. 

El otro aspecto interesante de la referida disertación consiste en 
el aserto, que a cada período geológico le corresponde algo así como 
la realización de su potencial evolutivo en las llamadas «esferas de 
evolución». En vez de una macroevolución paulatina, hubo disconti¬ 
nuidad. Más aun, el nombrado autor hace surgir la teoría de los 
cataclismos desarrollada por Cuvier a principios del siglo XIX. 
A cada uno de los períodos geológicos corresponderían su fauna y 
flora típicas con todas las posibilidades de variación involucradas en 
el potencial biológico surgido a raíz del cataclismo, en el período ini¬ 
cial de la nueva época geológica. 

Consigna Nilsson el resultado de las minuciosas investigacio¬ 
nes realizadas en el correr de nuestro siglo sobre los vegetales fósiles 
del carbonífero. Se comprobó, que los árboles considerados anterior¬ 
mente como heléchos gigantescos, no pertenecen a la categoría de 
los esporóforos, conceptuada desde el punto de vista de la evolución 
el escalón incipiente del ascenso hacia los fanerógamas de núes- 



LA MACROEVOLUCIÓN 


377 


tra era, sino que aquellos son portadores de semillas como éstos. 
Fanerógamas con hojas de helécho: pteridospermas. La simiente está 
perfectamente desarrollada, lo que significa que no se trata de un 
eslabón intermedio. Son ellos tan perfectamente fanegóramas como 
algunos de nuestros gimnospermas. La circunstancia de encontrarse 
ya en el devónico, o sea en el paleozoico inferior, representantes del 
más avanzado grupo de vegetales; los cuales, según el concepto de la 
evolución tendrían que aparecer más bien como coronación final de 
un largo proceso evolutivo de centenares de millones de años, cons¬ 
tituye para N i 1 s s o n una prueba concluyente de que la teoría de 
la evolución en su aceptación anterior, es insostenible. 

En otra parte de su disertación, Heribert Nilsson se ocupa de 
los resultados de la investigación contemporánea en Genética, tam¬ 
bién contrarios a la teoría de la evolución en su sentido primitivo. 
Las especies modernas son más variables de lo que anteriormente era 
creencia general, en virtud de ser muy elevado el número de los 
bíotipos o sea los genes, elementos de combinación y recombinación 
factorial de la genética. Al mismo tiempo estos elementos son cons¬ 
tantes como «esferas de variación», según se expresa. Refiriéndose a 
los angiospermas, señala que las familias y géneros, al surgir la flora 
angiospérmica, no aparecen entrelazados entre sí, ni en forma incon¬ 
sistente ni tampoco estrechamente ligados. En consecuencia deja sen¬ 
tado, que también estos grupos, sistemáticamente superiores, parecen 
representar «esferas de variación» de circunscripción constante. 
Llega finalmente a la conclusión, que el concepto de L i n n e o sobre 
la constancia de las especies no parece ser un simple dogma, sino 
un hecho. 

Abordamos así la cuestión de la constancia de las especies sos¬ 
tenida como hecho biológico, en el período posterior a D a r w i n, por 
primera vez por Johannsen en su ya mencionada obra de 1906: 
«Los elementos de la herencia exacta». Las líneas puras homocigotas 
formadas por dos células iguales por medio de la autofecundación son 
efectivamente, constantes. Sin embargo, en Biología no se puede 
hablar de una constancia inmutable a través de largos lapsos, como 
lo documentan perfectamente los hechos inapelables de la variación. 
Acerca de este dilema me propongo hablar brevemente al final de mi 
disertación. En este orden de ideas me limito a señalar el hecho de la 
constancia de las especies como argumento opositor a la teoría de la 
evolución. 

El referido trabajo de Heribert Nilsson, además de los ya 
mencionados detalles sobre los heléchos, ofrece como aspecto nuevo 
también la afirmación de la «discontinuidad» de la macroevolución. 
Esta interpretación no excluye, pese al principio de la constancia de 
las especies, la posibilidad de alguna evolución para cada uno de los 
sucesivos períodos geológicos. Estos procesos de transformación que 



378 


TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN 


se producirían, según el nombrado autor, en las por él llamadas «esfe¬ 
ras de evolución», constituyen, por lo tanto, modalidades de la micro- 
evolución, o sea procesos evolutivos de menor duración. En cuanto al 
período geológico actual, tendrían que ser accesibles por métodos de 
investigación apropiados. 


La microevolución. — Considerando la microevolución en su as¬ 
pecto de proceso evolutivo de la era geológica en que vivimos, se 
registran hechos debidamente comprobados respecto al parentesco 
de las formas actualmente existentes de plantas y animales. Este 
parentesco interesa como cuestión de la descendencia vertical y el 
enlace horizontal de los respectivos representantes de determinado 
género y especie. Las investigaciones más amplias que desde el punto 
de vista de la Genética moderna se hayan realizado al respecto hasta 
la fecha en algún vegetal, se refieren al género «crepis», que perte¬ 
nece a la tribu Cichoriea de la familia de las compuestas. Este género, 
difundido en todos los continentes, fué estudiado durante varios dece¬ 
nios con extraordinaria asiduidad por el genetista norteamericano 
E. Brown Babcock. Los resultados han sido publicados en 1947 
en una obra de dos tomos. Pero sabemos también, que por ejemplo, 
todas las múltiples razas de coles y repollos actualmente en cultivo, 
descienden de una sola especie silvestre de la crucifera «Brassica». 
Consigno igualmente, a guisa de ejemplo, el caso de las marimoñas, 
tanto las silvestres como las cultivadas. Descienden de una sola forma 
silvestre de Ranunculus. En forma análoga es conocida también la 
descendencia del trigo y los demás cereales, salvo puntos de detalle 
aun dudosos en algunos casos, inclusive la de las otras plantas agrí¬ 
colas. Las formas cultivadas surgieron, bajo la acción inconsciente o 
deliberada del hombre, a través del proceso de la domesticación. 

Otro tanto cabe decir respecto a los animales domésticos, como 
el caballo, los bovinos, ovinos y otros. Esta evolución hacia organi¬ 
zaciones superiores es empíricamente verificable en los representan¬ 
tes de las respectivas especies de nuestra era geológica. Se trata, sin 
embargo, de un ascenso originado o provocado, desde los comienzos 
remotos de la civilización, por la intervención inconsciente o delibe¬ 
rada del hombre, dotado con la fuerza de la inteligencia, utilizada en 
estos casos para ampliar las bases de la subsistencia. La acción del 
hombre considerada desde los puntos de vista de la Biología, origina 
un desequilibrio en el juego libre de las fuerzas de la Naturaleza, las 
cuales invariablemente tienden al equilibrio. 

Con el objeto de documentar mi aserto, basta reflexionar sobre 
los sucesos que se registran, a la inversa, respecto a estas especies, no 
bien se emancipan de la intervención del hombre o sea devolviéndo¬ 
las a la acción de la selección natural darwiniana. El Río de la Plata 
ofrece ejemplos sumamente instructivos al respecto. Los animales 



LA MICROEVOLUCION 


379 


domésticos, como verbigracia los caballares y bovinos, fueron traídos 
a nuestro continente por los conquistadores. Sometidos luego, durante 
varios siglos, a la acción de la Naturaleza, cruzándose libremente, en 
vez de evolucionar hacia planos superiores, se amoldaron a las condi¬ 
ciones ambientales. La raza caballar, pese a su uso por el hombre y 
por ende la «selección» practicada por el jinete interesado en dispo¬ 
ner de buenos animales de silla, condujo a la formación del caballo 
criollo, resistente a las fatigas y poco exigente respecto a su alimento 
y cuidado. Sin embargo, como tipo equino, el caballo criollo es indu¬ 
dablemente inferior a las razas de «sangre» noble, que durante este 
mismo período se desenvolvieron, bajo la acción deliberada del hom¬ 
bre, en los países europeos. 

En cuanto a los bovinos, registramos un proceso de nivelación 
más pronunciado aún. Se originó el tipo del ganado criollo, cuyo 
aspecto poco satisfactorio en comparación con las razas europeas de 
la misma época, fué descripto por el propio Darwin en su «Viaje 
de un naturalista». Pese a condiciones ambientales realmente ópti¬ 
mas para la cría de estos animales en estado libre, la selección natu¬ 
ral no condujo a planos superiores. 

Respecto al proceso aludido de la nivelación hay más aún. En el 
capítulo VIII del referido libro, Darwin informa sobre una «ex¬ 
traña raza de bueyes», llamada «ñata» que surgió en medio de los 
territorios indios al sur del Río de la Plata, agregando, que esta raza 
ha llegado a ser la más común en esas regiones. Estos animales, des¬ 
cendientes de los traídos en el siglo XVI de España, en vez de ascen¬ 
der en su evolución, habían degenerado. «Con su aspecto salvaje» 
— apunta — «prueban que tienen un origen menos civilizado que 
los bovinos ordinarios». 

Señala luego, que el ganado vacuno ordinario, lo mismo que el 
caballar, conseguían sostenerse aun durante las grandes sequías, 
remondando con los belfos, los tallos tiernos de los árboles y de las 
cañas. En cambio, los vacunos de la raza «ñata», argumenta, care¬ 
ciendo de este recurso en virtud de no juntar los labios, «desapare¬ 
cían por completo, si no se cuidase de impedirlo». Considero invero¬ 
símil que se haya podido alimentar y cuidar la raza «ñata» en perío¬ 
dos críticos con el objeto de hacerla sobrevivir, en virtud de haber 
sido según Darwin, «la más común de esas regiones», lo que implica 
la presencia de un elevado número de individuos. La alimentación y 
cuidado de tantos vacunos en períodos de escasez general se habría 
hecho difícil. Aun dejando dudosos los detalles del caso, es probable, 
que la acción seleccionadora de las grandes sequías haya eliminado 
precisamente los animales tan poco aptos para la lucha por la vida, 
como los de la raza «ñata». Bajo el imperio de la selección natural de 
entonces, se arribó pues, a una nivelación de los tipos también en 
este caso. 



380 


TEORÍA DE LA EVOLUCION 


En cuanto al comportamiento de las razas domésticas sometidas 
a la acción de la selección natural, hay criterio formado. Tienden a la 
nivelación. Los individuos integrantes de la respectiva especie ori¬ 
ginaria de las razas domésticas como por ejemplo los conejos, perros 
silvestres, presentan una gran uniformidad de tipo, inclusive el color. 
Las razas de los perros domesticados han tenido su origen en la conser¬ 
vación, ante el cuidado del hombre, de formas que de otra manera, 
bajo el efecto de la selección natural, no habrían podido subsistir. 
Perros como el faldero, el zorrero, doguino y otros, que deben su 
origen a una mutación factorial hereditaria, debido a sus defectos no 
llegarían a sobrevivir en competencia con representantes del perro 
«normal». Sólo debido al cuidado que les dispensa el hombre, inte¬ 
resado en conservar al tipo defectuoso o «anormal», ellos se reprodu¬ 
cen como una raza definida. Si quisiéramos reunir en una isla sendas 
parejas de todas y cada una de las razas caninas del mundo, para 
que allí pudiesen reproducirse libremente y siempre en el supuesto, 
que circunstancias especiales no hubiesen interferido a favor de 
algún sector de los descendientes, nuevamente se llegaría a la nive¬ 
lación. Dentro de un período prudente de unos centenares de años, 
tendríamos como resultado final una población de perros semejantes 
al perro silvestre. Todas las formas menos favorecidas respecto a la 
lucha por la vida, se extinguirían. 

Idéntico proceso se registra en el reino vegetal. Al sembrar por 
ejemplo, diferentes variedades trigueras formadas por la selección 
metódica una cerca de la otra en determinado terreno y dejándolas 
libradas luego a la acción de la fecundación cruzada y otros factores 
tendientes a su «mezcla», llegaríamos, en el correr de los años, a una 
nivelación del tipo. Su aspecto general y el rendimiento, desde luego, 
dependerían de los factores ambientes de suelo y clima. Pero de ma¬ 
nera alguna la selección natural llegaría a planos superiores. Sucesos 
análogos se comprueban también en otros casos del reino animal y 
vegetal, siempre que las condiciones de reproducción no sean modifi¬ 
cadas por algún factor ambiental que favorezca a uno u otro tipo del 
conjunto sometido a la acción eliminadora de la selección natural. Lo 
brevemente expresado documenta, pues, en base a la simple obser¬ 
vación empírica de casos apropiados, que la selección natural no con¬ 
duce a planos superiores de la evolución. La Naturaleza tiende a la 
nivelación, el equilibrio general del respectivo tipo. 

El problema de la microevolución, durante los últimos decenios 
fué estudiado también con todos los recursos de la Genética moderna, 
inclusive las indagaciones en Citología. Autores de gran autoridad, 
entre ellos Dobshansky, Goldschmidt y otros, dieron a cono¬ 
cer los resultados de sus atisbos en sendos libros sobre la evolución. 
En virtud de haberme extendido, en oportunidades anteriores, en 
comentarios de las obras de los autores nombrados, me limito esta 



LA MICROEVOLUCION 


381 


vez a mencionarlos y señalar el escepticismo respecto a la evolución 
darwiniana de varios autores competentes en la materia. 

La circunstancia de haber concurrido nuestro Subdirector, Ing. 
Agr. G. J. Fischer al Congreso Mundial de Genética realizado a 
principios de julio próximo pasado, en Estocolmo, me pone en 
condiciones de referirme brevemente a la exposición de Gold- 
schmidt sobre heterocromatina, tema en cuyo desarrollo dió a 
conocer técnicas citológicas que por tratamiento con álcali ponen de 
manifiesto en los cromosomas las regiones heterocromáticas, las cuales 
el nombrado conferenciante cree, al igual que M a t h e r, aunque por 
distinta razón, sean el asiento de los poligenes. Relata Fischer, que 
Goldschmidt describió una serie de curiosas mutaciones en Dro- 
sophila, que habían pasado desapercibidas para otros investigadores 
y que combinadas genéticamente, se suman y producen los efectos 
extraordinarios transformando las alas en patas. «Los dibujos proyec¬ 
tados» — informa Fischer — «eran impresionantes y, aunque 
Goldschmidt no lo dijo y exponía con la mayor objetividad apa¬ 
rente, se trasluce que cree haber encontrado en este ejemplo el 
‘monstruo auspicioso’ capaz de saltar de una especie a la otra y, qui¬ 
zás más lejos. En vez de afirmaciones dogmáticas formula al termi¬ 
nar tres interrogantes sobre la naturaleza heterocromática y poli- 
génica de los fenómenos investigados y su posible importancia 
para la comprensión de la evolución». Agrega Fischer, que 
Dobzansky atacó acaloradamente las conclusiones de Gold¬ 
schmidt; pero que éste, con calma soberana, rehusó una polémica 
que ya en ocasiones anteriores no había llevado el convencimiento a 
nadie, ya que ella conduciría a aguas demasiado profundas; no pre¬ 
tendía convencer, sino comunicar las experiencias de sus colaborado¬ 
res y dejar planteados claramente las interrogantes a que conducen. 

Estas discrepancias entre dos hombres de autoridad mundial en 
Genética Teórica, que han venido dedicando especial atención al estu¬ 
dio metódico y experimental de la microevolución, constituyen pues, 
un índice bien significativo de que hasta la fecha el problema no 
encontró solución. Por todas partes se registra, sin embargo, un reno¬ 
vado interés por el tema. Entre las publicaciones aparecidas en base 
a trabajos originales realizados en el Río de la Plata, indico el libro 
de de Robertis, Nowinski y Saez «Citología General», cuyo 
capítulo IX, escrito por el Dr. Saez, contiene referencias instructi¬ 
vas al problema desde el punto de vista de la Citogenética. 

Al año 1947 pertenece el trabajo del Ing. Emilio Buceta «El 
esfuerzo de la evolución». Esta pequeña publicación merece ser seña¬ 
lada expresamente no sólo como otra contribución rioplatense al 
estudio del problema, sino también por la circunstancia de haber 
sido desarrollado el tema a la luz de un hecho psicofisiológico que el 
referido autor considera básico: el esfuerzo. Su descripción, intentada 



382 


TEORÍA DE LA EVOLUCION 


por Bu ceta en las páginas de su trabajo, significa, según opina, 
poner de relieve el nexo real que correspondería a varias importan¬ 
tes obras de índole filosófica que cita al final de su ensayo. 

La intervención, por razones ideológicas, de los representantes de 
la Filosofía y la Teología, en las discusiones sobre el darwinismo pri¬ 
mitivo, señalada en párrafos anteriores, controversias que tampoco 
cesaron en fechas posteriores, extienden aún más la órbita de los estu¬ 
dios críticos de nuestro tema. En virtud de limitarme en esta exposi¬ 
ción, a desarrollarlo desde el punto de vista de las ciencias naturales, 
dejé de referirme a este sector importante de la literatura sobre la 
evolución. Cabe destacar, sin embargo, una nueva reanimación de las 
discusiones también en el terreno de la Filosofía. 

Como señal bien elocuente de este renovado interés por nuestro 
tema, consigno el hecho de comenzar a aparecer desde julio de 1947, 
bajo el título «Evolution», una revista que se edita en Chicago (EE. 
UU.), destinada a recoger y comentar todas las informaciones que al 
respecto surjan en los emporios científicos del globo. A ella han de 
recurrir, pues, los interesados en seguir de cerca el desarrollo de las 
discusiones. 

El dilema entre la constancia de las especies y la variación. — 

De acuerdo con lo enunciado en párrafos anteriores, he de ofrecer 
todavía una información concisa sobre el punto abordado. Luego de 
la aparición de la ya mencionada obra de J o h a n n s e n, no faltaron 
autores (cito expresamente al botánico holandés Lotsy), empeña¬ 
dos en acentuar el retorno al concepto de las especies como consecuen¬ 
cia lógica de la definición de la «línea pura», superando en este punto 
a aquél. El primero que ante un auditorio de especialistas competen¬ 
tes llamara la atención sobre la incongruencia entre este hecho y el 
no menos cierto de la variación, fué Wettstein al desenvolver, en 
1927, ante el V Congreso Internacional de Genética de Berlín, el 
tema de la evolución. La constancia inmutable de las formas homoci- 
gotas sería incompatible no sólo con la realidad no menos cierta de la 
variación en principio, sino también con la alteración de la misma 
línea pura, a raíz de la aparición de agentes patógenos u otros facto¬ 
res, inclusive intrínsecos, alteración que se manifiesta periódicamente 
en el fenotipo. 

Una inmutabilidad rigurosa y hasta absoluta de la línea pura, 
integrada por células sexuales homocigotas o sea de constitución here¬ 
ditaria idéntica, supone a su vez la estabilidad inmutable de la unidad 
hereditaria, el gene. La estabilidad del gene, sin embargo, no es abso¬ 
luta, sino sólo relativa, comparable tal vez a la de un equilibrio lábil. 
Esta estabilidad lábil fué objeto de investigaciones minuciosas por 
parte del genetista ruso Timoféeff-Ressovsky, a quien le de¬ 
bemos el concepto de la «inestabilidad estática». Ha querido señalar, 



CONSTANCIA DE LAS ESPECIES Y VARIACION 


383 


el nombrado autor, con este término, que también esta forma de alte¬ 
ración fenotípica constituye un hecho real y tan permanente, que ha 
venido acompañando los procesos vitales del reino orgánico desde los 
comienzos remotos de la vida. La inestabilidad estática es pues, tan 
«constante» como la misma constancia de la especie. 

A esta aparición periódica de la alteración del gene o sea la 
transformación de la substancia hereditaria, se aplica, actualmente, 
con rigurosa exclusividad, el término «mutación». Las mutaciones 
afectan, pues, a la constitución hereditaria de los organismos o sea su 
genotipo, provocando variaciones hereditarias en contraposición a las 
variaciones circunstanciales provocadas por factores ambientales o 
accidentales. La repetición periódica de las mutaciones y su frecuen¬ 
cia, constituyen problemas de investigación de la Genética Teórica, 
objeto informativo de nuestro tema subsiguiente. A través del estu¬ 
dio metódico de especies apropiadas, como v.g. en los vegetales «Anti- 
rrhinum majus», el maíz y recientemente el ya mencionado género 
«crepis» y la mosca del vinagre Drosophila melanogaster como repre¬ 
sentante del reino animal, se logró establecer cifras concretas sobre 
la frecuencia de las mutaciones. Erwin Baur, estudiando durante 
20 años un copioso material de Antirrhinum majus, encontró una 
frecuencia del 10 %. Para Drosophila melanogaster se registró un 
caso de mutación sobre 6000. Diferencias por cierto apreciables, 
sin que por ello quede afectada la validez del raciocinio. 

Por otra parte se realizaron también estudios sobre la duración 
de la constancia genotípica a través de las generaciones sucesivas. 
Respecto a Drosophila melanogaster, la inmutabilidad inalterada 
pudo seguirse durante 300 generaciones. Reemplazando la duración de 
una generación de Drosophila por la del hombre, procedimiento admi¬ 
sible sólo como cuestión hipotética, llegaríamos, de esta manera, a 
6000 años, como lapso durante el cual la constancia de la especie 
sería absoluta. Aun en su aspecto de relatividad, la referida inmuta¬ 
bilidad de la substancia hereditaria de la Drosophila significa una 
«constancia de las especies» por cierto impresionante. 

Al mismo tiempo no falta, en el polo opuesto, la variación en 
forma de una alteración de la substancia hereditaria: la mutación. 
Estas mutaciones provocarían, pues, el origen de nuevas formas feno- 
típicamente fijas, o sea sin disgregaciones fenotípicas. Al tratarse de 
formas de organización más avanzada, o sea «superiores» a sus pro¬ 
genitores, siempre que al mismo tiempo aquellas sean capacitadas 
para sobrevivir bajo el imperio de la lucha por la vida del ambiente, 
se originaría, de esta manera, un ascenso dentro de la respectiva 
especie. Tendríamos así el desarrollo del potencial evolutivo corres¬ 
pondiente a la respectiva «esfera de variación», según Nilsson. 
Bajo el cuidado del hombre, dotado de la inteligencia requerida para 



384 


TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN 


dirigir este proceso evolutivo, se logra conservar también las formas 
que de otra manera no llegarían a sobrevivir. 

Descubrir mutaciones «deseables» y preservarlas, según las cir¬ 
cunstancias, en forma adecuada contra su aniquilamiento, a fin de 
que puedan multiplicarse en cantidad suficiente como para que no 
sucumban en la lucha por la vida, constituye pues, uno de los pro¬ 
cedimientos de gran eficacia en la práctica seleccionista de la Gené¬ 
tica Aplicada. Desde luego, existen otros procedimientos de mejorar 
o perfeccionar las especies, entre ellos en primer término el recurso 
involucrado en el manejo hábil del juego factorial de la combinación 
y recombinación de genes a través de la hibridación de plantas o ani¬ 
males. Todos estos métodos constituyen problemas de la Genética, 
objeto informativo de la próxima conferencia. 



Tema 3. BASES TEORICAS DE LA GENETICA 


Definiciones. — El uso de la palabra «Genética» constituye 
actualmente una práctica tan generalizada, que hasta cualquier per¬ 
sona con sólo una mediana cultura de su intelecto, aun sin poseer 
mayormente conocimientos disciplinados de la materia, sabe perfec¬ 
tamente, que se trata de cuestiones de la herencia. Sin embargo, 
nuestro saber seguro en torno a las leyes que rigen la trasmisión 
hereditaria de las características morfológicas, fisiológicas y, respecto 
al hombre, también las anímicas, sucesos que como hechos tangibles 
de la vida diaria fueron familiares ya al hombre prehistórico, son de 
reciente data. Pertenecen a nuestro siglo. En consecuencia, también 
el concepto de la Genética y su definición, conjuntamente con la ter¬ 
minología científica y nociones de uso generalizado que paulatina¬ 
mente surgieron en este nuevo campo de la ciencia, representan 
expresiones bien novedosas del vocabulario técnico pertinente. 

La voz «Genética» tiene su origen bien documentado, en las deli¬ 
beraciones de la III Conferencia Internacional de Hibridación, reali¬ 
zada en Londres en 1906, congreso en el cual se resolvió sustituir la 
palabra «Hibridación» por el concepto más amplio «Genética». Según 
la definición que se le dió con este motivo a esta nueva rama de las 
ciencias biológicas, la Genética es la fisiología de la descendencia, 
abarcando el estudio de los fenómenos de la herencia y de la varia¬ 
ción, extendiéndose también a las modalidades de la herencia, ajenas 
a las de la hibridación en el sentido estricto de este término. Bajo 
su forma pura y especulativa se trata, pues, de los estudios sobre la 
formación y la transformación de los organismos vivos en el trans¬ 
curso de las generaciones sucesivas. 

Los conocimientos teóricos en Genética encuentran aplicación 
práctica al efecto del mejoramiento de los representantes del reino 
vegetal, animal y finalmente el hombre mismo. Se originan de esta 
manera las ramas de la Genética Aplicada que actualmente son desig¬ 
nadas en castellano con las respectivas denominaciones de Fitotecnia, 
Zootecnia y Eugenesia. La palabra Zootecnia fué usual ya durante el 
siglo anterior, para indicar todo lo referente al elevage de las razas 
domésticas. En cambio, la palabra Fitotecnia, usada también en el 
período anterior a la aparición de la Genética, había surgido más que 
nada desde el punto de vista de la Agronomía, para consignar en un 
sentido muy vasto todo lo relacionado con la técnica del cultivo de 
las plantas en contraposición con la Agrotecnia, término destinado a 

) * 



386 


BASES TEÓRICAS DE LA GENÉTICA 


indicar las cuestiones referentes al manejo del suelo (en griego 
«agros»). Al consolidarse el saber respecto al mejoramiento de las 
plantas, constituyéndose en toda una rama de la Agronomía moderna, 
primó el criterio biológico. Partiendo, pues, del concepto definitiva¬ 
mente arraigado de la Zootecnia (del griego «zoon»), o sea la técnica 
de mejorar los animales, se usó el término Fitotecnia (del griego 
«phyton»), en analogía con el otro, para designar la técnica del me¬ 
joramiento de las plantas. Desde el punto de vista de la Biología el 
concepto resulta bien claro. Por lo mismo encontró difusión genera¬ 
lizada en los países de lengua castellana, como también el correspon¬ 
diente término portugués en Portugal, Brasil, etc., y la palabra fran¬ 
cesa «phytotechnique» en Francia. 

Insisto sobre el punto, en virtud de haber registrado una opinión 
contraria a esta acepción del término en el idioma castellano, opi¬ 
nión expresada por el Ing. Agr. Manuel Elgueta en «Agricultura 
Técnica» de Chile de julio de 1944, pág. 104. Refiriéndose al hecho 
de que en esta parte del continente se generalizó la costumbre de dar 
al término «Fitotecnia» la acepción del vocablo inglés «Plant Bree- 
ding», el nombrado autor sostiene, que será preferible la palabra 
castellana «Fitogenética,» para designar lo abarcado por la referida 
voz inglesa. Habiendo señalado, que la diferencia de interpretación 
se originó más bien debido al uso de la palabra, de acuerdo con el 
punto de vista de los científicos, si fueran representantes de la Agro¬ 
nomía o de la Biología, doy por explicadas estas divergencias termi¬ 
nológicas ajustándome a la práctica generalizada de emplear prefe¬ 
rentemente el término «Fitotecnia». 

En cuanto a la aplicación de los conocimientos modernos en Gené¬ 
tica Teórica al género humano, surgió como una rama poderosa de la 
Genética Aplicada, la ciencia de la Eugenesia, llamada a veces tam¬ 
bién Eugenia, destinada a reunir los elementos de juicio atinentes a 
los distintos factores que pudieran propender al mejoramiento bioló¬ 
gico del hombre. 

No ha de ser objeto de una exposición concisa como la de hoy, 
extenderme en detalles sobre los conceptos y términos científico- 
técnicos de las distintas ramas de la Genética Teórica y Aplicada. 
En consecuencia finalizo esta parte inicial, anunciando tan sólo, que 
en las disertaciones posteriores del cursillo he de ocuparme exclusi¬ 
vamente con una de las tres ramas de la Genética Aplicada, la 
Fitotecnia. 

El Mendelismo. — En vista de la aludida posición sobresaliente 
de los sucesos en torno a la hibridación, o sea los fenómenos here¬ 
ditarios provocados por la fusión de núcleos celulares sexualmente 
diferenciados, señalada en la primera conferencia como descubrimiento 
sensacional de O. H e r t w i g, reúno la información correspondiente 



EL MENDELISMO 


387 


bajo el concepto de Mendelismo, punto de partida de toda la Genética 
moderna. El anteriormente mencionado descubrimiento macroscó¬ 
pico de la fecundación cruzada de los vegetales por Camerarius, 
Sprengel y otros, y de los animales por Pringsheim y Buet- 
schli, descubrimiento complementado en 1875, por la referida veri¬ 
ficación microscópica de la penetración del espermatozoide masculino 
en el óvulo femenino, habían allanado el acceso a cuestiones cubiertas 
por un enigma profundo. Sin embargo, tarde o temprano, siguiendo los 
hechos descubiertos, tendría que aparecer luz también respecto a las 
leyes de la herencia. 

En este orden de ideas corresponde indicar en primer término 
las investigaciones citológicas de Augusto Weismann. Ellas repre¬ 
sentan la base de todo el saber contemporáneo sobre el comportamiento, 
desde el punto de vista de la Genética, de la substancia hereditaria 
después de la fecundación. Estableció, el nombrado autor, con meri¬ 
diana claridad el concepto de los cromosomas, documentando que 
cada uno de los núcleos celulares sexualmente diferenciados, con ante¬ 
rioridad al acto de la fecundación contiene exactamente la mitad de 
la substancia cromosómica normal o típica para la respectiva especie. 
A través de su unión, la célula inicial de un nuevo individuo recibe la 
misma porción cuantitativa y cualitativa de factores hereditarios 
paternos y maternos. Esta verificación citológica fué para Weis¬ 
mann la prueba concluyente, de que los cromosomas constituyen la 
substancia real, que sostiene el proceso hereditario. Con el agregado 
de sus investigaciones y deducciones respecto al significado del 
conexo entre los cromosomas y las demás materias del plasma ger¬ 
minal, el nombrado hombre de ciencia fundamenta la base de toda 
la Citología moderna, parte esencial de la Genética Teórica. 

Preparando el camino a seguir, inclusive en las cuestiones com¬ 
plicadas de los procesos citológicos del núcleo celular, acrecentó 
el interés por esclarecer en detalle las consecuencias de la fusión 
celular, por el estudio crítico del comportamiento de las descen¬ 
dencias. Fácilmente se explica, pues, que en el año 1900 hayan sido 
redescubiertas las Leyes Mendelianas simultáneamente por tres 
investigadores: Correns, De Vries y von Tschermak, dando 
comienzo a la era de la Genética moderna. 

Los aludidos hombres de ciencia, habiendo llegado en forma inde¬ 
pendiente a conclusiones idénticas, no dejaron de reconocer, que resul¬ 
tados iguales fueron registrados ya en 1864 por el entonces Padre de 
los Agustinos en Brünm Gregorio M en del. Estos trabajos, sin em¬ 
bargo, por haber sido dados a conocer en una revista poco difundida, 
no habían influenciado en absoluto en el progreso de las ciencias bio¬ 
lógicas. Debido a esta circustancia, la Genética constituye una ciencia 
que como tal pertenece exclusivamente a nuestro siglo. 

Las investigaciones de M en del, realizadas en arvejas, resul- 



388 


BASES TEÓRICAS DE LA GENETICA 


tan un modelo de precisión respecto al planeamiento de sus experi¬ 
mentos, su ejecución minuciosa durante varios años y finalmente la 
interpretación acertada de los resultados. Ganan más aún en mé¬ 
rito, por haber sido efectuadas sin que Men del haya tenido noti¬ 
cias del descubrimiento citológico de Hertwig y de la diluci¬ 
dación posterior de detalles tan importantes, como los estudiados por 
Weismann. Con toda justicia, pues, se denominó el saber en tomo 
a las leyes de la herencia, establecidas por primera vez por M e n d e 1, 
con el nombre de «mendelismo». Las Leyes Mendelianas constituyen, 
por lo tanto, para siempre la piedra angular de la Genética. 

Dando por conocidas las cifras elementales respecto a la disgre¬ 
gación de los factores hereditarios, combinados en el núcleo celular 
a través del acto de la fecundación, he de seguir mi reseña con la 
indicación de los hechos más memorables que vienen jalonando el 
camino recorrido por la nueva ciencia hasta el presente. En su co¬ 
mienzo figura la modesta comunicación de M en del: «Versuche 
über Pflanzenhybriden» (Experimentos sobre híbridos en plantas), 
accesible en la versión castellana confeccionada por Arturo Bur- 
kart, publicada en págs. 3-38 del primer número de la Revista Ar¬ 
gentina de Agronomía de 1934. Un modesto trabajo, que no alcanza 
a medio centenar de páginas, constituye lo único que el Padre de la 
Genética, además de un breve artículo sobre híbridos en Hieracium, 
ha dejado como documentación de su descubrimiento. Asimismo supo 
apreciar todo su significado y alcance para el futuro de las ciencias 
biológicas, según lo comprueban sus manifestaciones en una conver¬ 
sación sostenida con Niessl: «Mi tiempo ha de venir». 

Desde luego, también en época anterior a M e n d e 1 los hombres 
que reflexionaban sobre el hecho maravilloso de la trasmisión here¬ 
ditaria de las características paternas a sus hijos y generaciones sub¬ 
siguientes, habían tratado de explicarlo. Las ideas que se tejieron al 
respecto fueron siempre confusas y carentes de la prueba científica, 
imprescindible para poder proceder metódicamente con el afán de 
evitar la degeneración de plantas y animales, hecho corriente al fal¬ 
tar la mano cuidadosa del hombre. 

Tanto D a r w i n como su continuador y divulgador H a e c k e 1 
tenían sobre el particular ideas poco precisas. Seguían al respecto a 
L a m a r c k, para quien la trasmisión hereditaria de caracteres adqui¬ 
ridos fué algo «sobreentendido», una cuestión axiomática que no le 
mereció mayor atención en el desarrollo de sus ideas sobre la evolu¬ 
ción. No obstante, para abrir opinión en problemas de la herencia, 
es menester saber distinguir entre caracteres hereditarios y los pro¬ 
vocados por factores ambientales, cuestión tratada brevemente ya en 
la disertación anterior. 

En cuanto al comportamiento hereditario de los individuos des¬ 
cendientes de la fecundación del estigma floral femenino por el polen 



EL MENDELISMO 


389 


masculino, señalo los experimentos de D a r w i n, ejecutados en arve¬ 
jas y Taraxacum (diente de león). Si bien llegó a resultados análogos 
a los de Men del, aunque menos claros, no supo interpretarlos, per¬ 
sistiendo la confusión respecto al punto. Tampoco los botánicos fran¬ 
ceses Sageret y Naudin, que experimentaron con diferentes 
plantas, lograron esclarecer el problema, tal vez por la complejidad 
de la disgregación registrada en las descendencias que no permitió 
deducir leyes. M en del triunfó por la claridad del planeamiento de 
sus experimentos y, por haberse limitado al estudio de características 
bien definidas en un objeto que, como la arveja, reúne respecto a la 
constitución cromosómica y las consiguientes manifestaciones fenotípi- 
cas, condiciones favorables para deducir leyes sencillas y claras. Tuvo 
suerte pues, con la elección de la especie para su experimentación. Esta 
circunstancia merece ser destacada, en virtud de los resultados obscu¬ 
ros y hasta cierto punto contradictorios que el mismo investigador 
registró posteriormente en sus experimentos con Hieracium, ejecuta¬ 
dos a raíz de sugestiones de N a e g e 1 i, autoridad en Botánica que 
tuvo a su vista el trabajo de M en del. No llegó Naegeli, sin em¬ 
bargo, a captar e interpretar el verdadero sentido del descubrimiento 
de Mendel y darle así la debida importancia y alcance. Resultó ésta 
una de las circunstancias adversas a la difusión del conocimiento de 
las leyes mendelianas antes de su redescubrimiento y su recono¬ 
cimiento definitivo como piedra angular de la Genética. 

En cambio, el período inicial de la nueva ciencia se vió favore¬ 
cido por un hecho memorable y, en su repercusión sobre la diluci¬ 
dación de los problemas pertinentes, quizás tan importante como el 
descubrimiento de Mendel; me refiero a la aparición, en 1906, de 
la primera edición de los «Elementos de la Herencia Exacta» del 
gran botánico dinamarqués W. J o h a n n s e n. En efecto, esta obra 
complementa magníficamente las leyes mendelianas, por la dilucida¬ 
ción tan perfecta de cuestiones más bien ontogénicas, o sea de la cons¬ 
titución hereditaria individual en los casos de no haber tenido lugar 
una fecundación cruzada. Desarrolló Johannsen conceptos claros 
sobre la línea pura, o sea descendientes de un solo individuo de cons¬ 
titución hereditaria homocigótica, proceso biológico que supone auto¬ 
fecundación de la respectiva planta madre. 

Las definiciones tan precisas de Johannsen sobre el genotipo 
o sea la constitución hereditaria intrínseca de un individuo, y el feno¬ 
tipo como manifestación exterior de los caractéres trasmitidos a tra¬ 
vés de los sucesos en la substancia hereditaria intrínseca, fueron de 
importancia decisiva para esclarecer las cuestiones de la herencia 
también desde los puntos de vista de la Citología. La «línea pura» 
pertenece a los casos en que la trasmisión de los caracteres heredita¬ 
rios de una generación a la otra se presenta más bien como un pro¬ 
ceso de renovación de una sola substancia hereditaria homogénea. El 



390 


BASES TEÓRICAS DE LA GENETICA 


Mendelismo, en cambio, opera con la trasmisión hereditaria de los 
caracteres de dos ascendientes sexualmente diferenciados. Las inda¬ 
gaciones en torno a la «línea pura», constituyen, por lo tanto, el 
complemento del Mendelismo. En ese sentido se expresa el propio 
Johannsen al señalar la vinculación directa entre sus «líneas 
puras» y el «Mendelismo». La «línea pura» y el híbrido sometidos 
al estudio de las respectivas descendencias, representan pues, ins¬ 
trumentos analíticos que mutuamente se complementan al efecto de 
dilucidar las bases teóricas de la herencia. Por lo mismo, el mencio¬ 
nado libro de Johannsen constituye, conjuntamente con la antes 
citada pequeña publicación de M en del sobre híbridos de arve¬ 
jas, una de las columnas básicas del edificio majestuoso de la Gené¬ 
tica Teórica. 

A partir de sus comienzos modestos a principios del siglo, la 
estructuración de la obra monumental de nuestra ciencia acrecienta a 
paso de gigante. Ya en 1915, en un trabajo sobre los fundamentos 
experimentales de la teoría de la descendencia, variación, herencia e 
hibridación, Johannsen comprueba con sorpresa el enorme pro¬ 
greso que se registró en el saber sobre la herencia, en menos de una 
década transcurrida desde la publicación de su libro. Esta acumula¬ 
ción de detalles interesantes respecto a casos sencillos de la herencia 
y las ramificaciones posteriores debido a la aparición de complicacio¬ 
nes no explicables por el Mendelismo primitivo, ha continuado sin 
interrupción hasta la fecha de hoy. 

En cuanto al período inicial, consigno expresamente la publica¬ 
ción del gran genetista sueco H. Nilsson-Elhe sobre el resultado 
de cruzamientos en avena y trigo. La importancia de estas investiga¬ 
ciones consiste en el hecho de haberse comprobado la presencia de 
factores hereditarios polímeros, los cuales, actuando en un solo sen¬ 
tido, modifican la intensidad de determinada característica heredi¬ 
taria en función con su número. A los genetistas ingleses A. W. B a t e- 
son y R. C. Punnet corresponde el mérito de haber contribuido 
a la dilucidación del complicado problema de la unión de los factores, 
evidenciando un interés especial por los mencionados casos compli¬ 
cados, que no estaban en consonancia con las reglas simples del Men¬ 
delismo inicial. Progresos más notables aún, en gran parte debido a 
la intensificación de los atisbos citológicos, debemos a investigado¬ 
res que, como Erwin Baur, Morgan, Muller y otros, hicie¬ 
ron surgir la era del Supermendelismo. Así se ha dado en llamar 
el período que se puede dar por definitivamente constituido tal vez a 
partir de 1920, o sea luego de la aparición, en 1919, de la obra de 
Morgan sobre la base física de la herencia. 

En cuanto a la referida investigación citológica durante este 
primer período de la Genética moderna, indagaciones importantísi¬ 
mas destinadas a complementar la obra experimental de los genetis- 



EL SUPERMENDELISMO 


391 


tas, registramos el cuadro panorámico siguiente. Se logró comprobar 
la integridad de los cromosomas y su continuidad de una generación 
celular a la otra, su presencia en cantidad numérica invariable y 
por ende típica para las respectivas especies y subespecies y final¬ 
mente la ausencia de mezclas desordenadas de la substancia heredi¬ 
taria en la combinación y recombinación factorial. Un conjunto muy 
valioso de descubrimientos que pertenecen, todos ellos, a los años 
posteriores a 1900. En vez de una substancia hereditaria hipotética 
como tuvo que suponerla Weismann respecto a la estructuración 
cromosómica, se comprobó una realidad física, portadora de los pro¬ 
cesos hereditarios del genotipo. El «gene» de la Biología constituye 
algo tan real como el átomo de la Química. Largos años de investigacio¬ 
nes citológicas realizadas por Morgan y colaboradores en la mosca 
del vinagre (Drosophila melanogaster) habían conducido a un resul¬ 
tado tan auspicioso para nuevos progresos en todo lo atinente al 
Mendelismo superior o Supermendelismo, término este usado corrien¬ 
temente en aquellos años y por ende elegido también para consignar, 
en apretada síntesis, hechos memorables de la Genética Teórica en 
años posteriores. 

El Supermendelismo. — Las réferidas investigaciones dadas a 
conocer por primera vez en el ya mencionado libro de Morgan 
acerca de la base física de la herencia, fueron luego presentadas en 
forma más amplia en la obra de Morgan, Sturtevant, Muller 
y Bridges sobre el mecanismo de la herencia mendeliana (1922). 
Hubo claridad en las nociones del ligamento de los factores (linkage), 
el intercambio factorial entre los cromosomas (Crossing over), dis¬ 
posición lineal de los genes, interferencia y limitación de los grupos 
de ligamentos y otras cuestiones citológicas de gran importancia. La 
investigación relacionada con el intercambio y la topografía de los 
factores hereditarios había conducido a la conclusión, que cada cro¬ 
mosoma posee una estructura determinada. En ella están ordenados 
los factores hereditarios del genotipo que luego se ponen de mani¬ 
fiesto en el fenotipo. Su aparición fenotípica está en función, pues, 
con estas situaciones substanciadas en el mundo microscópico de los 
cromosomas. La distribución genotípica de la minúscula substancia 
causante de la aparición de los caracteres fenotípicos correspondien¬ 
tes, en determinados sitios de los cromosomas, permitió trazar los ma¬ 
pas topográficos, familiares a cualquier persona que se ocupa de 
Genética Teórica. Figuran ellos no sólo en los textos de la materia, 
sino también en las explicaciones de detalle que suelen aparecer 
corrientemente en las revistas de especialización. 

Estas indagaciones citológicas informan también respecto a mu¬ 
chos otros aspectos del comportamiento de los cromosomas, relacio¬ 
nados con las teorías e hipótesis actuales sobre los procesos heredi- 



392 


BASES TEÓRICAS DE LA GENETICA 


tarios: división reductora, cambios en la forma y conjugación de los 
cromosomas y quiasmas, etcétera. El fenómeno más interesante es 
indudablemente la poliploidía que luego se reveló de gran utilidad 
para realizaciones prácticas en la Genética Vegetal. Me refiero a la 
posibilidad de provocarla intencionalmente. De esta manera se ori¬ 
ginan nuevas formas de interés práctico para la floricultura, forra¬ 
jeras de más abundante producción foliar y también otras 
«novedades». 

La poliploidía interesa también respecto al punto de la diluci¬ 
dación del parentesco vertical de las especies integrantes de los res¬ 
pectivos géneros. Dejé dicho ya antes, que el número de cromosomas 
contenido en el núcleo celular de determinada especie vegetal es 
típica para ella y al mismo tiempo constante. En el caso del trigo, 
por ejemplo, les corresponden 14, 28 y 42 cromosomas a las respec¬ 
tivas especies de Triticum monococcum, T. dicoccum y T. vulgare. 
Resulta pues, que la evolución sucesiva del trigo desde las formas 
primitivas de T. monococcum hasta llegar a nuestras variedades mo¬ 
dernas que pertenecen a T. vulgare, experimentó los efectos de la 
autopoliploidía. Por simple adición de los genomes diferentes, pro¬ 
ceso conocido como alopoliploidía, en los cruzamientos de distintas 
especies y géneros, se llega a la formación de biotipos nuevos. 

Las investigaciones sobre la autopoliploidía como elementos de 
juicio para dilucidar cuestiones del parentesco entre las especies de 
algún género y otros puntos de la vinculación vertical y horizontal, 
encuentran su complemento en el terreno de la alopoliploidía. Mor¬ 
fológicamente las plantas alopoliploides ocupan una posición inter¬ 
media entre sus respectivas especies originarias. En el fenotipo suelen 
predominar los caracteres de aquella especie que respecto a sus geno- 
mes (la dotación completa de genes que se hereda «en bloque» de 
cada uno de los padres), tiene una representación cuantitativamente 
más intensa en el híbrido poliploide. A guisa de ejemplo consigno el 
caso del nuevo cereal «Triticale», palabra artificial formada por 
contracción de Triticum y Secale. Por su constitución genotípica 
(6n Triticum + 2n Secale) se asemeja más bien al trigo y no al 
centeno. En virtud de tratarse de un caso directamente vinculado 
con las realizaciones contemporáneas en la genética triguera, consi¬ 
dero oportuno indicar los detalles de los sucesos genotípicos, provoca¬ 
dos a raíz de esta hibridación entre dos géneros. 

Corresponden al trigo 42 y al centeno 14 cromosomas, tratándose 
pues, de una alopoliploidía bien marcada. Entre las descendencias del 
cruzamiento figura un porcentaje mínimo de híbridos que contienen 
18 cromosomas. Son prácticamente estériles, comportándose en la for¬ 
mación de las células sexuales como una planta haploide, conteniendo 
el conjunto cromosómico una sola vez y no por duplicado. En casos 
muy raros, uno de estos híbridos con 18 cromosomas puede llegar a 



EL SUPERMENDELISMO 


393 


formar, sin embargo, células sexuales que contengan esta misma can¬ 
tidad de cromosomas. Uniéndose dos de estas células, se origina una 
planta que por simple adición de los cromosomas llega a tener 56, 
resultando fértil y constante en cuanto a la trasmisión de los carac¬ 
teres fenotípicos. Es esta la explicación citológica del nuevo cereal: 
Triticale. 

La investigación sobre la poliploidía se extendió también al escla¬ 
recimiento de cuestiones citológicas en las semillas mellizas, asunto 
de interés especial para la Genética Vegetal y por ende motivo de 
esta mención. La producción de semillas gemelas es un fenómeno 
empíricamente conocido desde períodos remotos, para muchas espe¬ 
cies vegetales. Las indagaciones modernas acerca de su constitu¬ 
ción cromosómica permitieron comprobar la presencia de números dife¬ 
rentes de cromosomas. Por regla general las plantas que difieren 
de las nacidas de sus semillas hermanas, son triploides. Es decir, su 
número de cromosomas resulta un 50 % más elevado que la cifra 
normal de la especie. En algunas ocasiones las semillas gemelas son 
haploides, conteniendo sólo la mitad del número normal. Son raros 
los casos en que ellas sean tetraploides, lo que significaría la dupli¬ 
cación de la cifra normal. 

Si bien los casos de plantas triploides que constituyen la mayoría, 
carecen de importancia inmediata a los efectos de su aplicación prác¬ 
tica en la Genética Vegetal, en virtud de resultar citológicamente 
desequilibradas y por ende generalmente estériles, se sigue traba¬ 
jando activamente en la dilucidación de detalles que pudieran con¬ 
ducir a la eliminación de este escollo. A título de ejemplo consigno 
el estudio de tres clases de semillas gemelas de la forrajera Phleum 
pratense, realizado en 1937 en Svalóf (Suecia). Sobre las tres plantas 
oriundas de semillas gemelas, una de ellas, en la primera parte ge¬ 
mela, tenía el número normal de cromosomas, o sea 42, determinán¬ 
dose para la otra 63. Estas se revelaron tan fértiles como sus herma¬ 
nas con 42. Las descendencias de las plantas triploides resultaron 
extraordinariamente vigorosas y a la vez uniformes. Datos alentado¬ 
res, pues, respecto a la posibilidad de nuevos progresos en Genética 
Vegetal, motivo de su mención. 

Las realizaciones más fascinantes y en el futuro tal vez también 
de importancia práctica, se registran respecto a las tentativas de 
actuar directamente sobre la substancia hereditaria. El trabajo del 
genetista norteamericano H. J. Muller (colaborador de Morgan 
en las ya mencionadas investigaciones sobre Drosophila melánogas- 
ter y, como éste portador del Premio Nobel) sobre la posibilidad de 
aplicar agentes externos a los cromosomas, provocando modificacio¬ 
nes en la substancia hereditaria de los genes, fué la nota sensacional 
del V Congreso Internacional de Genética de Berlín, realizado en 
1927. En años posteriores se ha progresado considerablemente en 



394 


BASES TEÓRICAS DE LA GENETICA 


la dilucidación de los detalles pertinentes. Se conoce la eficacia de los 
rayos X en la elevación extraordinaria del número de las mutaciones 
de genes, cuyo efecto se acentúa en proporción con el dosaje de los 
rayos. La variación de la temperatura, los estímulos mecánicos del 
centrifugado, la aplicación de rayos ultravioletas y de radio, como 
asimismo de ciertas substancias químicas, constituyen los proce¬ 
dimientos actualmente más usuales para actuar sobre los cromosomas. 

En relación con el tópico en debate, considero interesante hacer 
una referencia especial a los trabajos del Dr. F. A. Sáez realiza¬ 
dos primeramente en la Argentina y luego en el Uruguay, con la 
aplicación de tales métodos. Sobre sus resultados, el nombrado inves¬ 
tigador da cuenta a través de numerosas publicaciones y en forma 
resumida en el libro ya mencionado de 1946, escrito en colaboración 
con E. D. P. de R o b e r t i s y W. W. N o w i n s k i. En este orden 
de ideas no dejo de indicar también la intensificación de las indaga¬ 
ciones sobre la determinación del sexo, el equilibrio de los genes y 
de su desequilibrio, dando origen a las aberraciones celulares, cues¬ 
tiones todas estas de gran interés para la Genética Teórica. 

Como agentes singularmente activos para obrar sobre la subs¬ 
tancia cromosómica señalo, por último, los narcóticos y los alcaloi¬ 
des: cloroformo, éter, nicotina, etcétera. Una mención aparte merece la 
colchicina, alcaloide que se origina en el bulbo del Colchicum autum- 
nale. El producto es frecuentemente usado, sea para provocar la poli- 
ploidía o sea al efecto de actuar en los brotes adventicios que se for¬ 
man sobre el callus traumático. Aplicada en soluciones acuáticas, la 
colchicina, difundiéndose en los tejidos vegetales activos, provoca mo¬ 
dificaciones internas en el meristema o sea el tejido embrionario. 
Actuando sobre células en división, impide la formación de la figura 
metódica del huso y el desarrollo de la pared celular. Los cromosomas, 
si bien se dividen, permanecen aglomerados, originando un núcleo 
nuevo. Se explica así el origen de células gigantes con dos o más nú¬ 
cleos, la aparición de dos metafases dentro de una célula y también 
la presencia de núcleos gigantes con un número de cromosomas 4,8 y 
hasta 32 veces mayor que el normal. 

En relación con nuestro tema interesan primordialmente las posi¬ 
bilidades de la aplicación práctica de la colchicina en la Genética 
Vegetal, que durante los últimos años se viene difundiendo. La provo¬ 
cación de la poliploidía ofrece posibilidades para la obtención de 
híbridos fértiles en cruzamientos entre plantas con diferentes núme¬ 
ros de cromosomas pertenecientes a distintas especies y aun a géne¬ 
ros afines. La duplicación del número de cromosomas conduce a la 
obtención de formas llamadas «gigas». Es evidente su importancia 
para la selección de hortalizas o forrajeras que suelen ser cultivadas 
en primer término con el objeto de producir materia verde. En vir¬ 
tud de tratarse de un tema de especialización, en cuya dilucidación 



EL SUPERMENDELISMO 


395 


todavía se está trabajando activamente, bastará con estas indicaciones 
generales. 

Las investigaciones citológicas difundieron luz también sobre la 
unión estrecha de los cromosomas y demás substancias del núcleo celu¬ 
lar al efecto de la trasmisión hereditaria, punto abordado ya en pᬠ
rrafos anteriores. Los cromosomas no son los únicos portadores de la 
herencia, ya que está sostenido por el núcleo, el plasma y los plás- 
tidos. El proceso hereditario originado por estas últimas substancias 
celulares sigue reglas que difieren de las del Mendelismo, tópico 
desarrollado detalladamente por C. Correns en una obra monogrᬠ
fica sobre el tema de la herencia no mendeliana, aparecida en 1937. En 
virtud de registrarse también interferencias de los mencionados por¬ 
tadores de la herencia, se presentan situaciones complejas, cuyo anᬠ
lisis por lo mismo, ofrece grandes dificultades en comparación con la 
sencillez de los casos clásicos de la herencia mendeliana. 

Sin perjuicio de lo expresado al respecto en publicaciones ante¬ 
riores, ya sea en el capítulo VIII de mis «Investigaciones Agronó¬ 
micas» de 1943, luego en un pequeño trabajo «Las discusiones con¬ 
temporáneas sobre la ‘Nueva’ Genética Vegetal soviética», aparecido 
en «Ciencia e Investigación» de 1947 y finalmente en la conferencia 
sobre problemas biológicos pronunciada en setiembre de 1947 en la 
Universidad de Porto Alegre, considero oportuno dirigir expresa¬ 
mente la atención de mis oyentes hacia el trabajo de S. de Toledo 
Piza Júnior (1941): «O citoplasma e o núcleo no desenvolvimento 
e na hereditariedade». Sostiene el nombrado autor, que el compli¬ 
cado fenómeno de la herencia, no puede ser explicado, en todos sus 
detalles, sobre la base del «gene-partícula», o sea la substancia mate¬ 
rial del Mendelismo, establecido como tal por Morganysu escuela. 
Poniendo en duda hasta la existencia real del gene como materia 
física, S. de Toledo Piza desenvuelve, en base al concepto mo¬ 
derno del cromosoma y del gene, la tesis, que el cromosoma fun¬ 
ciona como un todo y que el citoplasma desempeña, en las manifes¬ 
taciones de la herencia, un papel más importante que el núcleo. Es 
evidente, pues, que siguen existiendo puntos discutidos en torno 
a los sucesos citológicos. Por lo mismo resulta bien comprensible 
la intensificación de las indagaciones, que por todas partes se regis¬ 
tra en los gabinetes de Citología, atisbos tendientes a esclarecer tales 
cuestiones dudosas de fundamental importancia para la interpreta¬ 
ción de los sucesos hereditarios. 

Una visión de conjunto acerca de la evolución de los sistemas 
genéticos ofrece C. D. Darlington en una publicación de 150 pᬠ
ginas (1938). Agregando las ideas expresadas por el mismo autor en 
un trabajo posterior sobre herencia, desarrollo e infección, publi¬ 
cado en 1944, disponemos de un ideario, puesto al día, de la Genética 
Teórica, en el cual se sintetiza el saber en torno a los procesos here- 



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BASES TEÓRICAS DE LA GENETICA 


ditarios. La subsiguiente síntesis, confeccionada en base a las referi¬ 
das publicaciones de Darlington, suministra, pues, un reflejo del 
saber actual sobre las bases teórica